AP2769-2015(44751)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada Ponente  

AP2769-2015  

Radicación No. 44751  

Aprobado Acta No. 184  

Bogotá D.C., veinticinco (25) de mayo de dos  mil quince (2015)   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de apelación  interpuesto  por  el  apoderado  de  víctimas  contra la providencia de la Sala  Penal  del Tribunal Superior de Manizales proferida el 15 de septiembre de 2014,  por  cuyo  medio  precluyó  la  investigación  adelantada en contra del doctor  LUIS    ALBERTO    TIBAQUIRÁ    BAHENA,  ex juez Séptimo Penal del Circuito de esa ciudad, respecto de los  delitos de prevaricato por acción y por omisión.   

HECHOS  

El   apoderado   de  CAJANAL  E.I.C.E.,  en  liquidación,                denunció1       a      LUIS  ALBERTO  TIBAQUIRÁ  BAHENA, ex Juez  Séptimo  Penal  del Circuito de Manizales, por la presunta comisión del delito  de  prevaricato  por  acción  con  ocasión  del  fallo del 21 de abril de 2006  emitido  dentro  del  proceso  de  tutela  No. 2006-00042-00, a través del cual  amparó  los  derechos  al  debido  proceso  y  a  la  igualdad  de Jesús   Antonio  Pineda  Moreno,  Salvadora  Rodríguez  Valderrama  y     María     Elda  Morales,  dejó sin valor los actos administrativos de  reconocimiento  de  la  pensión  gracia  y  dispuso  la  reliquidación  y pago  indexado,  pues,  según  el  denunciante,  los  accionantes  contaban con otros  mecanismos  de defensa judicial y, por ende, el juez de tutela no era competente  para   decidir  asuntos  propios  de  la  justicia  ordinaria.      

Adicionalmente,   en   desarrollo   de   la  indagación   preliminar  orientada  a  verificar  los  hechos  denunciados,  la  Fiscalía  descubrió que TIBAQUIRÁ BAHENA  no dio trámite ni se pronunció respecto de la apelación incoada  por la entidad accionada contra la citada sentencia.   

ANTECEDENTES RELEVANTES  

El  14  de  julio  de  2014 el Fiscal Tercero  Delegado   ante   el   Tribunal  Superior  de  Manizales  radicó  solicitud  de  preclusión  de  la  investigación  con fundamento en la causal 4 del artículo  332  de  la  Ley  906  de  2004,  bajo  el  argumento  de  que  en las conductas  denunciadas son atípicas.    

En audiencia del 15 de septiembre de 2014, el  Tribunal    escuchó   la  sustentación  de  la  solicitud,  corrió  traslado  de  la misma al Ministerio  Público,  a  la  defensa  y al apoderado de la entidad denunciante, luego de lo  cual  decretó  la  preclusión  investigativa por la causal invocada, decisión  que  fue apelada exclusivamente por el representante de la víctima. El delegado  del   ente   acusador   pidió   declarar  desierto  el  recurso  por  falta  de  sustentación,  tesis no aceptada por la magistratura que lo concedió en efecto  suspensivo.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

El Tribunal Superior de Manizales decretó la  preclusión  de  investigación  incoada  por  la  Fiscalía en favor del doctor  LUIS    ALBERTO   TIBAQUIRÁ   BAHENA   al  encontrar  configurada  la  causal  de  atipicidad postulada por  cuanto  el  fallo se fundó en normas y jurisprudencia que le permitían adoptar  la  determinación,  pues  aunque  la  reliquidación  de  pensiones,  por regla  general,  está  reservada  a la jurisdicción ordinaria, en casos excepcionales  es  posible  incoar  su protección vía tutela, esto es, cuando se advierte una  vía  de  hecho  o  cuando  se  utiliza como herramienta transitoria para evitar  perjuicios irremediables.   

En  ese orden, afirma, el funcionario estaba  legitimado  para  actuar  en tanto la entidad accionada había incurrido en vía  de  hecho al inaplicar la regulación propia del magisterio y fijar una pensión  inferior  a la que correspondía porque conforme con las Leyes 33 de 1985 y 4 de  1966,  la  mesada  pensional  de  los  docentes  corresponde al 75% del promedio  mensual  devengado  en el último año de servicio y no al salario básico, como  liquidó la accionada.   

Considera   que   la   decisión   no   es  manifiestamente  contraria  a  la ley sino fruto del quehacer interpretativo del  funcionario  judicial  como  juez  constitucional,  en  cuyo ejercicio dejó sin  efecto  actos  administrativos contrarios al ordenamiento jurídico y dispuso la  reliquidación acorde con los criterios legales.    

Frente  a  la  posibilidad  de  ordenar  la  indexación  de  las  mesadas  pensionales  en  los fallos de tutela    reconoce   que   existen   posturas  encontradas,  situación  que  elimina  la ilegalidad de la decisión, con mayor  razón  cuando  no  fue  producto  del  capricho  o de la arbitrariedad sino del  convencimiento de actuar acorde con el ordenamiento jurídico.   

De   otra  parte,  el  Tribunal  encuentra  configurado  el tipo objetivo del prevaricato por omisión en tanto TIBAQUIRÁ   BAHENA  incumplió  el  deber  funcional  de pronunciarse sobre la apelación incoada por CAJANAL; sin embargo,  observa   que  el  tipo  subjetivo  no  se  concreta  porque  aunque  tenía  la  obligación  de  vigilar  el  óptimo funcionamiento de su dependencia judicial,  tratándose  de  un equipo de trabajo opera el principio de confianza acorde con  el  cual  cada  empleado  debe  desarrollar  las  funciones encomendadas. En ese  orden,  la Secretaría incumplió la obligación de informar al titular sobre la  presentación  del  recurso  y  por  ello  el  juez  no  se  pronunció sobre el  mismo.    

LA IMPUGNACIÓN  

          El  apoderado  de  la  Unidad  Administrativa  Especial  de Gestión  Pensional  y  Contribuciones  Parafiscales de la Protección Social –UGPP-  ,  entidad encargada del pasivo  pensional  de  CAJANAL EICE, en liquidación, apela la determinación en procura  de   que   se   revoque   como   quiera   que,   en  su  opinión,  TIBAQUIRÁ  BAHENA  no  solo  emitió  una  decisión  manifiestamente contraria a la ley sino que actuó con conocimiento e  intención  de  apartarse del texto legal, pues la jurisprudencia constitucional  ha    decantado   que   la   reliquidación   pensional   no   es   un   derecho  fundamental.   Así  mismo,  por  cuanto  omitió  un  acto  propio  de sus  funciones  al  no  tramitar  el recurso de apelación incoado contra el fallo de  tutela cuestionado.   

          Considera  que  el  investigado debió inadmitir la demanda desde su  presentación  por  el  factor  competencia, pues quien debía resolverla era la  jurisdicción   contencioso   administrativa.  De  igual  forma,  porque  no  se  acreditó  que  la vulneración de los derechos se produjera en esa ciudad, pues  fue   en  Bogotá  donde  se  emitieron  las  resoluciones  cuestionadas  y  los  accionantes   provenían   de   diferentes   ciudades   del   país   y   no  de  Manizales.   

          Además,   afirma,   el   funcionario   sabía  que  desbordaba  los  principios  de  residualidad  y  subsidiariedad  de  la tutela, con mayor razón  cuando  los  accionantes  no se encontraban en situación de indefensión porque  contaban con otros medios de defensa judicial.   

          También  se  extralimitó  al ordenar la indexación de las mesadas  pensionales  porque  la  jurisprudencia prohíbe a los jueces de tutela conceder  esa  prerrogativa, con mayor razón cuando los interesados ocasionaron la demora  en  la  reliquidación  porque  dejaron  pasar  varios  años  para  efectuar la  reclamación.  En ese orden,  opina,      TIBAQUIRÁ     BAHENA     lesionó  en  forma  efectiva y sin justa causa el bien jurídico de  la  administración  de  justicia  al  suplantar  a  la  jurisdicción ordinaria  encargada  de  resolver  esa clase de litigios. Ese comportamiento, así como el  de  no  tramitar  la  impugnación,  es  eminente  doloso  dada su gravedad y el  número  superior  a  cien  tutelas  que  resolvió  en  similares  condiciones.   

LOS NO RECURRENTES  

La           Fiscalía  solicita confirmar la decisión  impugnada  por  cuanto  la  víctima no debatió los argumentos expuestos por el  Tribunal.  Con  todo,  si se concede el recurso pide considerar que TIBAQUIRÁ  BAHENA  sí tenía competencia  para  conocer  y  decidir  la tutela en razón a la vía de hecho concretada por  CAJANAL   al  liquidar  erradamente  la  pensión  gracia  de  los  accionantes.   

En  ese  contexto,  opina,  el  juez  no  se  extralimitó  en  sus funciones porque en materia de competencia para conocer el  amparo  constitucional  opera  el  principio de flexibilidad, según el cual las  reglas  de  reparto  no  son  rígidas, salvo en los temas asignados a las altas  Cortes y las referidas a los medios de comunicación.   

El  amparo  constitucional  concedido  por  TIBAQUIRÁ   BAHENA   era  procedente  por  cuanto  la  vulneración  del  debido proceso administrativo se  configura  cuando  se  liquida  la  pensión  sin  incluir  todos  los  factores  salariales,  como  lo  han  determinado  la Corte Constitucional y el Consejo de  Estado.   

Como  existen  posturas  jurisprudenciales  discordantes  en torno a la  posibilidad  de  ordenar la indexación de las mesadas pensionales, ello elimina  la  connotación delictiva de la determinación o por lo menos impone aplicar el  principio    de   in   dubio   pro   reo,   como   efectivamente   lo  empleó  la  Colegiatura  a quo.   

La    defensa  adhiere  a  los argumentos esbozados por la Fiscalía,  así como a la petición de confirmar el proveído impugnado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  Corte  es  competente  para conocer este  asunto,  de conformidad con lo establecido en el numeral 3º del artículo 32 de  la  Ley  906 de 2004, por tratarse de un auto proferido en primera instancia por  un Tribunal Superior.   

En  procura  de  definir  la  impugnación  propuesta,  la Sala abordará el estudio de los siguientes tópicos derivados de  los   argumentos  expuestos  por  las  partes  e  intervinientes:  i)  Sobre  la  preclusión de la investigación y ii) Del caso concreto.   

i)  La  Preclusión  de  la  investigación   

Los  artículos  250  de  la  Constitución  Política  y  200  de la Ley 906 de 2004, atribuyen a la Fiscalía General de la  Nación  el  ejercicio  de la acción penal en virtud de la cual debe investigar  los  hechos  de  connotaciones punibles, siempre que obtenga elementos de juicio  sobre su probable configuración.   

Así  mismo,  la  Ley 906 de 2004 prevé que  cuando  la  Fiscalía  no  encuentre mérito para acusar, debe acudir al juez de  conocimiento  para  solicitar  la  preclusión  de  la investigación según las  causales previstas en la ley.   

En  ese  orden,  dicho  instituto  procesal  comporta  la terminación de la actuación penal sin agotar todas las etapas del  proceso  ante  la  ausencia  de  mérito  para  formular  cargos  en  contra del  indiciado  o  imputado.  Se trata, por tanto, de una determinación de carácter  definitivo  adoptada  por  el juez con funciones de conocimiento, por cuyo medio  se  ordena  cesar  la  persecución  penal  respecto  de  los  hechos materia de  investigación.  De  esta  manera,  la definición del proceso está adscrita al  juez  mediante  el  control  de  la aplicación del principio de oportunidad, la  declaratoria de la preclusión del proceso, o la sentencia.   

Los artículos 331 a 335 del citado estatuto  regulan  la  preclusión  de  la  investigación  estableciendo  que  puede  ser  decretada  por el juez de conocimiento en cualquier etapa procesal, a instancias  de  la  Fiscalía,  incluso  antes  de la formulación de la imputación, cuando  encuentre  acreditada  una  de  las  situaciones  contempladas  en el canon 332:   

“1.  Imposibilidad de iniciar o continuar  el ejercicio de la acción penal.   

2.  Existencia de una causal que excluya la  responsabilidad, de acuerdo con el Código Penal.   

3.     Inexistencia     del     hecho  investigado.   

4.   Atipicidad  del  hecho  investigado.   

5. Ausencia de intervención del imputado en  el hecho investigado.   

6.   Imposibilidad   de   desvirtuar   la  presunción de inocencia.   

7. Vencimiento del término máximo previsto  en el inciso segundo del artículo 294 de este Código”.   

También  procede  en  cualquier  etapa  del  trámite  cuando  se verifique la configuración de los motivos de extinción de  la  acción  penal  del  artículo  77  del  Código  Penal, a saber: muerte del  imputado  o  acusado,  prescripción,  amnistía,  oblación,  caducidad  de  la  querella  y  desistimiento.  Y  en  los eventos previstos en el artículo 82 del  Código   Penal   que,   adicional   a   los  anteriores,  prevé  el  pago,  la  indemnización  integral  y  la  retractación  en  los  casos  previstos  en la  ley.    

Las causales 1 y 3 del canon 332, relativas a  la  imposibilidad  de  continuar  con  el  ejercicio  de  la  acción penal y la  inexistencia  del  hecho  investigado,  también  pueden  ser solicitadas por el  Ministerio Público o por la defensa en la etapa de juzgamiento.   

Adicionalmente, según decisión de la Corte  Constitucional2,  es  posible, una vez incoada la preclusión por la Fiscalía, que  la  defensa coadyuve la petición, invoque una causal no esbozada y controvierta  los  argumentos  de  los demás intervinientes, con lo cual el juez tendrá más  elementos  de  juicio  al  momento  de  decidir  acerca  de la procedencia de la  solicitud.   

         

En ese contexto, constituye carga ineludible  de  la  Fiscalía  demostrar  la causal de preclusión invocada, lo cual implica  entregar  a  la  judicatura  elementos  de  juicio  que comporten certeza, plena  prueba   o   conocimiento   más   allá   de   toda  duda  razonable  sobre  la  estructuración de la misma.   

Excepcionalmente  se puede llegar a ella por  aplicación   del   principio   in   dubio   pro  reo  previsto  en los artículos 29 de la Carta Política y  7º     de     la     Ley     906     de     20043, siempre y cuando se demuestre  el  despliegue  de  un trabajo investigativo integral sobre todas las hipótesis  delictivas  derivadas  de  la  noticia  criminal  y  se evidencie que agotado el  acopio  de  los  medios de convicción racionalmente recaudables, no fue posible  despejar la incertidumbre en torno a los elementos del delito.   

ii) Del caso concreto  

La  Sala debe revocar la decisión del a quo  en  razón  a  que  el  Fiscal  en  esta  actuación no cumplió con el deber de  suministrar  los  evidencias  necesarias  para ofrecer certeza al juzgador sobre  los   supuestos   con   base   en  los  cuales  demanda  la  preclusión  de  la  investigación en favor de LUIS ALBERTO TIBAQUIRÀ BAENA.   

Asi  por  ejemplo  se  echa  de  menos  la  información  necesaria  para  descartar  o confirmar las consideraciones de los  accionantes  de  si  eran  de la tercera edad, ofreciendo para tales efectos los  datos  del  porqué  resultaban  aplicables  o  no  en  el asunto sub judice los  decretos  1251  de  2008  y  1276  de 2009, tal y como lo ha venido exigiendo la  jurisprudencia  en  providencia  de  esta Sala del 11 de junio de 2014, radicado  43174.   

Tampoco   se   encuentran   explicaciones  relacionadas  con  la  legalidad  o ilegalidad que pueda atribuirse al procesado  por  el  no  trámite  de  la impugnación, dado que ha debido especificarse los  motivos  que  dieron lugar a esa situación y la intervención en los mismos por  parte de TIBAQUIRÁ BAENA.   

No se explica la Sala que no se haya indagado  en  esta  investigación  por  el criterio jurisprudencial que sobre el problema  jurídico  en  ciernes  se  tenía  entre  las autoridades del Distrito Judicial  donde  ocurrieron  los  hechos,  tanto  en el Tribunal Administrativo como en el  Tribunal de Jurisdicción Ordinaria y los correspondientes jueces.   

Indispensable  para decidir la continuación  del   proceso   era  para  la  fiscalía  registrar  si  existía  para  Cajanal  posibilidades  de  atender  la  respuesta a las peticiones de los demandantes en  tiempos  que  no significaran para ellos vulneración de derechos fundamentales,  además  de  apoyar con elementos de prueba la capacidad económica de aquéllos  para  determinar  si  existía  inmediatez  en  la  acción  pública, dados sus  compromisos  por  razones  de educación, salud, alimentos y manutención de sus  familias.   

El  expediente  no arroja conocimiento de si  quienes  reclamaron por vía de tutela lo hicieron ante Cajanal previamente o no  y si tenían derecho a lo pretendido.   

No  se  explica  en  la  actuación  cómo  funcionaba  el  despacho  judicial en particular, a quien se había encargado la  labor  de informar sobre los recursos, de elaborar proyectos, qué mecanismos de  control  había  implementado  el titular del despacho, entre otros aspectos. Lo  anterior  con mayor razón cuando la decisión impugnada no consideró el estado  de   desorganización  del  Despacho  puesto  de  presente  por  el  sucesor  de  TIBAQUIRÁ     BAHENA4.   

Como  viene  de  verse,  la  fiscalía  ha  presentado  una  solicitud  de  preclusión sin agotar la instrucción requerida  para  soportar probatoriamente esa decisión, por lo que al no estar demostrados  los  presupuestos  de la atipicidad de los punibles de prevaricato por acción y  por  omisión  por  los que se investiga al doctor LUIS  ALBERTO   TIBAQUIRÁ  BAHENA,  la  Sala  revocará  la  decisión  proferida  por el Tribunal Superior de Manizales, para que prosiga la  investigación conforme a derecho.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1º.  REVOCAR  el  proveído  del  15  de  septiembre de 2014 proferido por el Tribunal Superior de  Manizales,  conforme  a  las  razones expuestas en la parte considerativa de esa  decisión.   

2º.  Informar que  esta  determinación  queda  notificada  en  estrados  y  contra ella no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y Cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

ACLARACIÓN DE VOTO  

Al resolver el recurso de apelación incoado  por  el  apoderado  de  víctimas  contra  la  providencia  de la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Manizales  del  15 de septiembre de 2014, por cuyo medio  precluyó  la  investigación  respecto del doctor LUIS  ALBERTO  TIBAQUIRÁ  BAHENA, ex juez Séptimo Penal del  Circuito  de  esa  ciudad, la Corporación la revocó por encontrar ausentes los  presupuestos de orden legal para adoptar esa determinación.   

Comparto   la   decisión  de  revocar  la  preclusión    ordenada    por   la   Colegiatura   a  quo.   Sin  embargo,  difiero  de  la  argumentación  consignada  en  el  proveído,  pues,  en  mi sentir, las razones que imponen la  revocatoria son las siguientes:    

1. Considera el Tribunal, siguiendo la tesis  de  la  Fiscalía,  que  la sentencia de tutela del 21 de abril de 2006 por cuyo  medio    el    doctor    LUIS   ALBERTO   TIBAQUIRÁ  BAHENA  amparó  los  derechos fundamentales al debido  proceso  y  a  la  igualdad  de  los accionantes, ordenó reliquidar la pensión  gracia  e  indexar  sus valores, no es contraria a la ley. Por el contrario, que  es   atípica  y,  por  ello,  procede  la  preclusión  deprecada.  En  sentido  contrario,  el  apoderado  de  víctimas insiste en la connotación delictiva de  los comportamientos atribuidos al funcionario investigado.   

2. Pues bien, dado el carácter esencialmente  residual  de  la  acción constitucional, la tutela invocada por los pensionados  Jesús  Antonio  Pineda  Moreno,  Salvadora Rodríguez  Valderrama   y  María  Elda  Morales resultaba improcedente por i) la existencia de  otros  medios  de defensa judicial, ii) no estar demostrada la configuración de  un  perjuicio  irremediable  que impusiera acudir de urgencia al amparo; iii) la  ausencia  del  requisito  de inmediatez que habilitara la intervención del juez  constitucional.     

Acorde  con los fundamentos señalados en la  demanda,  TIBAQUIRÁ BAHENA no  estaba  habilitado  para  desplazar a la autoridad judicial designada legalmente  para  resolver  la controversia relativa a la correcta o incorrecta liquidación  pensional  de  los  accionantes,  con mayor razón cuando el amparo concedido no  fue provisional sino definitivo.   

La fecha de los actos administrativos dejados  sin  vigor  por  el  funcionario  indicaba,  no  sólo  la  ausencia  de peligro  inminente  e  irremediable  para  los derechos de los accionantes, sino la falta  del requisito de inmediatez propio del amparo constitucional.   

Ello  porque CAJANAL efectuó reconocimiento  de  la  pensión  de  gracia  a  los  docentes  mediante  los  siguientes  actos  administrativos:      Jesús     Antonio     Pineda  Moreno,  Resolución  No.  001224  del 1 de febrero de  2001;   Salvadora  Rodríguez  Valderrama,  Resolución No. 038176 de 1991; y María  Elda  Monsalve Morales, Resolución No. 007686 del 7 de  mayo de 1997.    

Los  peticionarios  venían  recibiendo  su  pensión  desde  5,  9  y  15  años  atrás, respectivamente, sin que, además,  hubiesen  solicitado la reliquidación a CAJANAL ni hubiesen agotado previamente  la  vía  administrativa,  pues  de  esa  situación  no  hay  constancia  en el  expediente ni se mencionó en la demanda.   

De lo anterior se deduce el claro propósito  de  los  accionantes  y de su apoderado, avalado por el funcionario investigado,  de  pretermitir  las  instancias administrativas y judiciales establecidas en el  ordenamiento  jurídico  nacional  para  obtener  el  aludido reconocimiento sin  agotar los procedimientos señalados en la ley.   

Con  ello, además, se evitó que la entidad  accionada  expresara  su  punto  de  vista  sobre  el tema y se opusiera a dicha  pretensión,  con  mayor  razón  si  se  observa que no se le dio trámite a la  apelación  incoada  por  ese  organismo  contra  el  fallo  de tutela. Sobre el  principio de inmediatez la Corte Constitucional ha establecido:   

“2.5.   Inmediatez:   Interpretando  el  artículo  86  de  la  Carta  Política,  la  jurisprudencia  constitucional  ha  estimado  que  si  bien,  la  acción  de  tutela  no  cuenta con un término de  caducidad,  dentro del cual deba ser ejercida, de tal manera que su rechazó, en  principio,  no  es  procedente  por  la  sola circunstancia del paso del tiempo,  la  solicitud  de  amparo  no  puede ser deprecada en  cualquier  momento,  sin  atender  la  época  en  la  que ocurrió la acción u  omisión  que  origina  la violación o amenaza de los derechos fundamentales de  que  se  trate.  Lo que significa que la acción se debe promover oportunamente,  esto  es,  en un término razonable, después de la ocurrencia de los hechos que  motivaron  el  agravio  de  los derechos, pues de otra forma se desvirtuaría el  propósito  mismo  de  la  acción  de tutela, cual es, proporcionar protección  urgente  o inmediata, a los derechos fundamentales cuando quiera que se amenacen  o vulneren.   

2.5.1. En este sentido, esta Corporación ha  señalado  que  para  establecer  la  procedencia  de  la  acción  de tutela en  relación  con  el  requisito  de  inmediatez,  entre  otros  elementos, el juez  constitucional  debe  evaluar  “…  si  existe  un  motivo  válido  para  la  inactividad  de  los accionantes…, es decir, si es predicable la existencia de  una   justa   causa   por   la   cual   no   ejercitó   la  acción  de  manera  oportuna…”.   

2.5.2.  Analizada  la  documentación  del  expediente,  la  Sala  advierte  que  el  accionante,  solicitó al Instituto de  Seguros   Sociales  el  reconocimiento  de  la  pensión  de  vejez,  a  la  que  consideraba  tenía  derecho,  por  estimar  que  cumplía  con  los  requisitos  previstos en la Ley 71 de 1988.   

2.5.3.  En  respuesta  a  la  solicitud, el  Instituto  de  Seguros  Sociales  negó  el  reconocimiento  de  la  prestación  solicitada  indicándole  al accionante los motivos por los cuales no accedía a  su  pretensión,  siendo  el  último  de  ellos  la  Resolución  908  de junio  30/09.   El  21  de  septiembre de 2011, el interesado presentó acción de  tutela   para   la  protección  de  sus  derechos  fundamentales  presuntamente  vulnerados,  dos (2) años y tres (3) meses después del acto administrativo del  cual se deriva la presunta vulneración.   

2.5.4.   Por  lo  expuesto,  en  la  medida  en que trascurrió un periodo considerable entre el  momento  en  el  que  produjo  el  acto  administrativo  del  que  el accionante  considera  se  deriva  la  vulneración  de  sus  derechos  y el ejercicio de la  acción  de  amparo constitucional, sin que exista una explicación razonable de  su  inactividad, la Sala concluye que en el caso concreto, no se cumplió con el  requisito  de inmediatez de la acción de tutela, razón por la cual la urgencia  en   la   protección   de   sus   garantías   resulta  desvirtuada.  (subrayas  fuera del texto original).  Sentencia T-410 del 31 de mayo de 2012.   

Si   el  juez  hubiese  cumplido  con  las  exigencias   mínimas   de   la   acción   de   tutela  otra  habría  sido  la  determinación,  dada  la  ausencia  de  peligro  inminente  de  afectación  de  derechos  y  garantías  fundamentales,  la  existencia  de  otros mecanismos de  defensa judicial y la falta del requisito de inmediatez.   

Y   aunque  la  acción  de  tutela  puede  instaurarse  ante  cualquier  juez  de  la República5   

,  debe  respetarse  el criterio relativo al  lugar  donde  se  produce la afectación o se corre el riesgo de la misma, regla  que  excepcionalmente  puede  alterarse  cuando  se evidencien circunstancias de  peligro  inminente  que  hagan  imperativo  acudir  al  juez  más  próximo  al  accionante.   

En  el  caso  de  la  especie,  la  presunta  vulneración  de derechos se habría concretado en Bogotá, sitio de expedición  de  los  actos  administrativos y en el que, además, recibía notificaciones el  apoderado  de  los  accionantes. De igual forma, los peticionarios prestaron sus  servicios  y  residían en los departamentos de Córdoba, Valle y Antioquia. Por  tanto,  ningún  criterio  objetivo explica la presentación de la demanda en la  ciudad  de  Manizales  y  en  particular,  en el juzgado del doctor TIBAQUIRÁ   BAHENA,  situación  que  la  Fiscalía  debe  investigar  a profundidad, dado que fueron más de cien tutelas  concedidas en similares condiciones por ese despacho judicial .   

En  ese  orden,  con  independencia  de  la  legitimidad  del  derecho  de  los  peticionarios  a  obtener  la reliquidación  pensional,  no  estaban dados los requisitos para que la judicatura accediera al  amparo  invocado  por  Jesús  Antonio  Pineda Moreno,  Salvadora   Rodríguez   Valderrama   y  María  Elda  Monsalve  Morales, menos aun  cuando  no  se  trataba  de personas de edad avanzada, pues tenían, 55, 65 y 61  años,  respectivamente.  Nótese  lo  expuesto  por  la Corte Constitucional al  respecto:     

Como  se  advirtió inicialmente, la regla  general  que  domina  las peticiones de reliquidación de una pensión es que la  acción  de  tutela  no  es el mecanismo judicial apropiado para lograr tal fin,  básicamente  por  cuanto  dicha  reclamación  se  limita  en  principio  a una  exigencia  de  carácter  netamente  económico.  Sin embargo, de verificarse la  ocurrencia  de  excepcionales  circunstancias,  el  juez  constitucional  podrá  ordenar  el  reconocimiento  o reajuste de las mesadas pensionales. Para ello se  deberá cumplir con los siguientes requisitos:   

1.  “Que  la  persona  interesada  haya  adquirido  el  status  de jubilado, o lo que es igual, que se le haya reconocido  su pensión.   

2.  Que  el  jubilado haya actuado en sede  administrativa;  es decir, que haya interpuesto los recursos de vía gubernativa  contra  el  acto  que  reconoció  la  pensión, haya presentado la solicitud de  reliquidación  ante  el  respectivo  fondo  de  pensiones  o,  en igual medida,  requerido  a  la  respectiva entidad para que certifique su salario real y ésta  se hubiere negado.   

3. Que el jubilado haya acudido a las vías  judiciales  ordinarias  para satisfacer sus pretensiones, se encuentre en tiempo  de  hacerlo o, en su defecto, demuestre que ello es imposible por razones ajenas  a su voluntad.   

4. Que el jubilado acredite las condiciones  materiales  que  justifican  la  protección  por  vía  de  tutela, esto es, su  condición  de  persona de la tercera edad, que la actuación resulta violatoria  de  sus  derechos  fundamentales  como  la  dignidad humana, la subsistencia, el  mínimo  vital  y  la  salud  en  conexidad  con  la  vida  u  otras  garantías  superiores,  y  que  el  hecho  de someterla al trámite de un proceso ordinario  hace     más     gravosa     su     situación     personal.”    (Sentencia T-456 del 15 de julio de 2013).   

3.  El  delito  de  prevaricato  por acción  demanda  la emisión de una resolución o dictamen manifiestamente contario a la  ley,  connotación  no desvirtuada por la Fiscalía respecto del fallo de tutela  del  21  de  abril  de  2006  que  soslayó  principios  basilares  como  el  de  inmediatez,  existencia de medios de defensa judicial para obtener la pretendida  reliquidación y ausencia de perjuicio irremediable.     

Además,   para  considerar  la  decisión  administrativa  como  una  verdadera  vía de hecho era necesario que el tema no  revistiera  polémica  y  que  se  demostrara  que  se trataba de personas de la  tercera  edad,  pues sólo de esa forma se autorizaba conceder la protección en  forma  definitiva,  hipótesis  que  no  encaja en la fallada por el funcionario  investigado,   lo   cual   corrobora   que  el  comportamiento  de  TIBAQUIRÁ      BAHENA      no      es  atípico.   

4.  Igual  situación  se  presenta  en  lo  relativo   a   la  indexación  ordenada  en  tanto  un  reconocimiento  de  esa  naturaleza,   de   carácter   definitivo,   le   compete  exclusivamente  a  la  jurisdicción  contencioso  administrativa,  sin  que  sea  dable  aducir que la  demora  en  el  trámite  del  proceso  ordinario  justifique  pretermitir dicha  instancia,  por  cuanto  al interior del mismo se puede solicitar la suspensión  provisional  del  acto  administrativo  atacado,  demostrándose  su  manifiesta  ilegalidad.   

5.  Según  el canon 414 del Código Penal,  incurre  en  prevaricato  por  omisión  “el servidor  público  que  omita,  retarde,  rehúse  o  deniegue  un  acto  propio  de  sus  funciones”,  por  manera  que  ese  tipo  penal  se  configura  cuando  se  conjuga  alguno  de los verbos rectores reseñados con el  deliberado propósito de apartarse de la ley.   

Resulta  claro  que  tramitar  los  recursos  incoados  por  las  partes  constituye  pilar  fundamental  del  debido  proceso  estipulado  en  el  artículo 29 Superior, por cuanto las actuaciones judiciales  deben  adelantarse “con observancia de la plenitud de  las formas propias de cada juicio”.   

En  ese  contexto, el comportamiento punible  omisivo  hasta  este  estadio  procesal  no  se  observa atípico ni objetiva ni  subjetivamente.  En  primer  lugar,  porque  está  demostrada  la  ausencia  de  trámite  del  recurso  de  apelación  y  en  segundo  orden  por  cuanto  para  desestimar  el  dolo  de  la  conducta del investigado no basta con trasladar la  responsabilidad  a  la Secretaría del Juzgado sin acopiar medios de convicción  que respalden esa afirmación.   

Siendo ello así, la delegación de funciones  esbozada  para precluir la investigación constituye una razón ligera y carente  de  soporte  en  tanto  no  explica  cómo  funcionaba  ese despacho judicial en  particular,  a  quien  se  había  encargado  la  labor  de  informar  sobre los  recursos,  de elaborar proyectos, qué mecanismos de control había implementado  el  titular  del  despacho,  entre  otros aspectos. Lo anterior con mayor razón  cuando  la  decisión  impugnada no consideró el estado de desorganización del  Despacho    puesto    de    presente    por    el    sucesor   de   TIBAQUIRÁ             BAHENA6.   

En  otras  palabras, en la indagación no se  ahondó  en  las  circunstancias  y condiciones por las cuales no se tramitó la  impugnación  ni  se  analizó  el  contexto  dentro del cual se pretermitió el  trámite del recurso.   

Los  anteriores  argumentos  evidencian  la  ausencia  de  los  presupuestos de la causal de preclusión alegada y, por ello,  debieron  quedar  consignados  en  la  decisión  de  la  Sala.  Como  no fueron  considerados, es mi deber ponerlos de presente.   

En los anteriores términos dejo sentada mi  aclaración de voto.   

Con toda atención,  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada  

Fecha    ut  supra.   

    

1  Denuncia presentada el 18 de julio de 2012.   

2  Sentencia  C-648  del  24  de  agosto  de  2010,  por  cuyo  medio  se  declaró  inexequible  la  expresión  “en  el  evento en que  quisieren  oponerse  a la petición del fiscal”, del  artículo 333 de la Ley 906 de 2004.   

3  En  este  sentido  se ha pronunciado la Sala en anteriores ocasiones, por ejemplo en  el proveído del 14 de noviembre de 2012, Rad. No. 40128.   

4  Cfr.   Folio   233   de   la  carpeta,  informe  del  Dr. César Augusto Castillo Taborda.   

5  La  competencia en materia de tutela está reglada en  el   artículo   86   de  la  Constitución  Política,  según  el  cual  puede  interponerse  ante  cualquier  juez,  y  en  el canon 37 de Decreto 2591 de 1991  donde  se  precisa  que  la demanda debe presentarse en el lugar donde ocurre la  vulneración o amenaza del derecho fundamental.   

6 Ver  folio  232,  informe  del juez César Augusto Castillo  Taborda.     

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