AP2220-2015(44033)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP2220-2015  

Radicación N° 44033  

(Aprobado acta Nº 148)   

Bogotá,  D.C.,  veintinueve  (29) de abril de dos mil quince (2015).   

La  Sala  se  pronuncia  respecto  de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación  presentada  por el defensor de JOFREY FERNANDO COLLANTE  BURITICA.   

H E C H O S  

Fueron   expuestos   por  el  ad quem en estos términos:   

“[…] Se circunscriben básicamente a los  denunciados  por  la  Jefe del Grupo Unidad Penal de la Administración Local de  Impuestos   Nacionales   de  esta  ciudad,  quien  manifestó  que  JOFREY  FERNANDO COLLANTE BURITICA, en su  calidad  de  representante  legal  de  la  Sociedad  Proveedora  de  Drogas  y  Productos  Farmacéuticos La  Economía  Ltda., según certificado expedido por la Cámara de Comercio de esta  capital,   presentó,   sin   pago,   ante   las   entidades  recaudadoras,  las  declaraciones  del  impuesto  de  retención en la fuente correspondientes a los  años  gravables 2000, periodo 12; 2001, periodos 1 a 12; 2002, periodos 1 a 5 y  10  a  12,  y  2003,  periodos  1  a  8,  por  un valor total de $36.367.000”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Culminado  el  ciclo  instructivo  la  Fiscalía  19  Seccional  de  la  Unidad  de  Delitos  contra la Administración  Pública  de  Ibagué  (Tolima) calificó el mérito del sumario, el 14 de abril  de   2008,   con   resolución   de   acusación   en   contra  de  JOFREY  FERNANDO  COLLANTE  BURITICA como  autor  responsable  del  delito  de  omisión  del agente retenedor o recaudador  cometido   en   concurso   homogéneo   (artículos   31   y   402  del  Código  Penal)1,  determinación impugnada y modificada, el 6 de mayo de 2009, por  la  Fiscalía Cuarta Delegada ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  esa  ciudad que decretó la preclusión, por prescripción, de la investigación  adelantada  por  la no consignación de los tributos correspondientes al periodo  12   del   año   2000  hasta  el  periodo  1  de  2003,  confirmándola  en  lo  demás.2   

         2.  Correspondieron  las  diligencias  al Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  Ibagué que realizó la audiencia preparatoria y luego al Sexto de  la  misma especialidad que, una vez celebrada la vista pública, por medio de su  despacho  adjunto  emitió  sentencia  el  20 de junio de 2012, imponiéndole al  acusado  las penas principales de prisión por treinta y cinco (35) meses, multa  de  $11.351.667  y la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por el término de la sanción privativa de la libertad  al  hallarlo  responsable  del  ilícito  objeto  de  acusación.  En  la  misma  decisión,  lo  condenó  al  pago  de perjuicios materiales a favor de la DIAN,  concediéndole   la   suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la  pena.3   

             3.  Apelada   esta   providencia  por  la  defensa,  fue  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Ibagué -Sala  Penal-     el    29    de    enero    de    2014.4   

LA  DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  del  procesado  aludiendo  la  necesidad  de que la Corte por vía discrecional admita la demanda, entre otros,  ante  la  violación de los derechos fundamentales de su prohijado a quien se le  impuso  sanción  pese a inconsistencias en el cobro tributario reportado por la  DIAN,  entidad que guardó silencio frente a una serie de inquietudes que en ese  aspecto  se  le  efectuaron mediante derecho de petición, y desconociéndose la  crisis  económica  de  la  firma  que  representaba,  lo  que lo colocó en una  situación  de  debilidad manifiesta a las voces del artículo 5º de la Ley 600  de   2000,   presenta   siete   cargos  en  contra  del  fallo  de  segunda  instancia, cuyos argumentos se  sintetizan de la siguiente manera:   

En   el  cargo  primero,  al  amparo  de  la  causal consagrada en el  artículo  207,  numeral  3º,  de  la  Ley  600  de 2000, pide la nulidad de la  actuación  aduciendo  que  en  este asunto la DIAN adelantó acción civil ante  dos  jurisdicciones,  “el proceso de cobranza […]  de   acuerdo   con  las  múltiples  pruebas  que  obran  en  el  proceso  y  la  constitución   de   parte  civil  dentro  del  proceso  penal”,  trayendo  a  colación  lo  plasmado  en la demanda correspondiente  allegada  a  la  Fiscalía  para  asegurar  que  en  las diligencias se cometió  “una  falsedad  en concurso con fraude procesal”.   

De  esta  forma,  estima,  como el presente  trámite  es  consecuencia  de  un  proceder  delictivo,  el  mismo se encuentra  viciado  y  en  particular  los recursos que interpuso la parte civil contra las  decisiones  que, en su momento, dispusieron la preclusión de la investigación.   

En   el  cargo  segundo,  invocando  la causal prevista en el numeral  1º  del canon en cita, denuncia la violación directa de los artículos 817 del  Estatuto  Tributario, 8º de la Ley 1066 de 2006, 99 del Código Penal, 55 de la  Ley   600  de  2000  y  1625  del  Código  Civil,  por  falta  de  aplicación.   

Lo  anterior,  al  condenarse  al  pago  de  perjuicios  materiales  sin  tenerse en cuenta que las obligaciones que soportan  esa   determinación  se  encuentran  prescritas,  obviándose  que  las  normas  mencionadas  disponen  cómo  ante  la  configuración  de  este  fenómeno debe  decretarse  su  reconocimiento, aun de oficio, a lo que procedió la DIAN según  consta  en los oficios remitidos durante el trámite de la apelación. Entonces,  dice,  el  pago ordenado no tiene cabida porque se incurriría en un cobro de lo  no  debido, “por lo tanto la sentencia está creando  una obligación de imposible cumplimiento”.   

El    cargo  tercero,  presentado  por conducto de la misma causal  señalada  en  precedencia,  aduce  un falso juicio de existencia que recayó en  los  siguientes documentos: i) oficio dirigido por la jefe del grupo coactivo de  la  DIAN  a  la  Fiscalía General de la Nación, el 29 de agosto de 2007, en el  que  reporta  el  remate  de  un  inmueble,  ii) informe de gestión respecto de  establecimientos  de comercio secuestrados suscrito el 17 de septiembre de 2002,  donde  se  refiere  un abono de $994.000 a la DIAN y iii) oficio del funcionario  ejecutor  de  esa  entidad,  de  21  de  junio  de  2002, en el que hace constar  “el  abono  considerable  a  la deuda por parte del  contribuyente”.   

El     a  quo  omitió  la  apreciación  de estos elementos de  juicio,  al  limitarse  a  cotejar  la  información  enviada  por  la  DIAN  el  12  de junio de 2012, sin  considerar  la  aplicación de saldos a la deuda pendiente por cuenta del remate  y  el abono efectuado por el secuestre, exclusión en la cual también incurrió  el   Tribunal.  En  estas  condiciones,  dice,  la  incertidumbre  sobre  el  monto  de  lo  adeudado  debe  resolverse a favor del procesado.   

El    cargo  cuarto,   invocando   la   causal  segunda  contemplada  en  el  precepto  en  cuestión,  alude a una presunta incongruencia, pues la acusación elevó cargos  por  la  no  consignación de los tributos correspondientes a los periodos 2 a 8  del  año  2003,  “por valor de $6.811.000, más los  intereses  previstos  en  el  Estatuto  Tributario y costos causados del proceso  coactivo”,  mientras  que  la  sentencia  de primer  grado  menciona  que, en el mismo interregno, la suma asciende a $8.109.000 más  los  intereses,  sin incluir los costos del “proceso  ejecutivo”,   registrándose  ulteriormente  en  la  parte   resolutiva   una   condena   por   $9.567.000.  Por  ende,  “la  discrepancia de las cifras es evidente y queda demostrado el  cargo,    con    el    solo    cotejo   de   los   diferentes   pronunciamientos  […]”.   

El    cargo  quinto,  presentado  bajo  la  égida  de  la  causal  primera  ya  citada,  refiere  la  presencia de un falso juicio de existencia al  omitirse  el  análisis  de  la  prueba  documental relacionada con antelación,  reiterándose  la  presencia  de  inconsistencias  que  impiden  establecer  con  precisión  el  monto  exacto  de las obligaciones tributarias. Esta situación,  sostiene,  llevó a la defensa a radicar en el mes de mayo de 2012 un derecho de  petición  ante  la  DIAN  encaminado a dilucidar el particular, pero este nunca  tuvo  respuesta,  en consecuencia, estima, en virtud de la concurrencia de dudas  sobre  el  punto,  es  decir,  respecto  de  abonos  a  la  deuda,  aunado a las  divergencias  que  surgen de los guarismos plasmados en los fallos de instancia,  lo  procedente,  en  su  sentir, es la aplicación del principio de in dubio pro reo.   

El    cargo  sexto,  también  postulado por vía del falso juicio  de  existencia,  denuncia  la  omisión  de  prueba  documental  referente  a la  incapacidad  económica  de  la  empresa  representada por su prohijado donde se  reporta  las  pérdidas  que  afrontaba  y  que para enero de 2003, ascendían a  $166.136.013.   

Este  contexto  devela,  en  criterio  del  recurrente,  la  configuración de circunstancias de debilidad manifiesta en las  que  estaba  inmerso  su  asistido  y  por  lo  tanto era deber de la judicatura  “protegerlo    especialmente”,    según  lo dispone el artículo 5º de la Ley 600 de 2000, en lugar  de imponérsele el pago de una suma de dinero fuera de su alcance.   

Por   último,   en   el   cargo   séptimo  invoca  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  del artículo 32,  numerales  1º,  3º  y  4º,  del  Código  Penal,  pues  no  se  advirtió  la  concurrencia  de  diversos embargos y secuestros ni la orden dada a COLLANTE  BURITICA para que se abstuviera  de   realizar   cualquier   clase   de   operaciones  que  pudieran  comprometer  financieramente  a  la empresa que representaba. Se trata de una coyuntura ajena  a  su  voluntad  que, en su concepto, se ajusta a una hipótesis de fuerza mayor  que  impidió  la  consignación  cuya  omisión  se  reprocha,  ya  que,  de lo  contrario,  se habría materializado la conducta punible de fraude a resolución  judicial.  Lo  anterior,  aunado  a  que  un  secuestre era el responsable de la  actividad  a  cargo de la firma permite establecer, desde su punto de vista, que  se  incurrió en una irregularidad trascendente que de no haber acaecido hubiese  conducido a la emisión de fallo absolutorio.   

De  esta  manera,  solicita se invaliden las  diligencias  de  acuerdo  con  lo  expuesto en el cargo  primero   y,   en  su  defecto,  casar  la  sentencia  “en mérito de los cargos restantes”.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  La  casación, según lo ha decantado la  jurisprudencia,  no  es una tercera instancia del proceso penal ni constituye un  escenario  propicio  para  disentir  de  cualquier  modo  de  la interpretación  normativa  o  de  la  valoración  probatoria efectuada por el juzgador, tampoco  para  detectar  cualquier  clase  de  irregularidad  en  el trámite surtido. El  recurso  extraordinario  y la intervención de la Corte conforme el principio de  limitación,  por  regla  general,  se  restringe  a  verificar  si  la  demanda  contentiva   de  la  impugnación  acredita  errores  trascendentes  que  pueden  cometerse  en  las  diligencias,  sintetizados de forma taxativa en las causales  legales  que  lo  hacen procedente, para el presente asunto, las previstas en el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000.   

El casacionista no ha de perder de vista que  la  lógica  de la actuación se refleja en dichas causales y que los deberes de  una  correcta postulación y adecuada fundamentación tienen su razón de ser en  que  el  recurso  es de naturaleza rogada, de ahí la exigencia de un mínimo de  claridad  y  precisión  en la presentación del caso al tenor del artículo 212  ibídem.  Por  ende,  no  tiene  cabida  el  sustento  argumentativo  fundado en  vaguedades,  la  mera  discrepancia  de  criterios  o  encaminado  a que la Sala  analice  las  pruebas  como  juez de instancia, pues no se trata de prolongar la  controversia  que  feneció  con  la emisión de una providencia amparada con la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  (Cfr.  CSJ  AP, 18 Ago 2010, Rad.  33559).     

2. Bajo esta perspectiva, es palmario que ni  la  lógica ni la teleología de la casación fue considerada por el recurrente,  ya  que aun cuando evoca en su libelo la presunta infracción de garantías y la  necesidad  de  un  pronunciamiento  de  la  Corte  con la expectativa de que sea  admitido  por  vía  de la modalidad discrecional, solo plasmó en la demanda su  llana  inconformidad  con  la  decisión  de segundo grado, lo que explica, a la  postre, las falencias de la misma:   

2.1. La nulidad es  un  instituto  que, en desarrollo de la garantía fundamental al debido proceso,  tiene  cabida  si  en  la actuación penal se vulneran los postulados de validez  que  sustentan  el  ejercicio de la facultad sancionatoria del Estado, bien sea,  para  los  fines  del  recurso extraordinario, al desconocerse la estructura del  trámite  o  por  conculcarse  los  derechos  que  les  asisten  a quienes en el  intervienen,  siempre  que  la  irregularidad  genere  una  afectación  de  tal  magnitud  que  haga imperioso dejar sin efectos la actividad que la ocasionó, y  aquellas  que  se  deriven  o  dependan  de  ella. Así, tradicionalmente, se ha  escindido  esta figura en los denominados vicios de procedimiento y de garantía  que  dan  paso  a  rescindir  los  actos judiciales agotados sin el lleno de los  presupuestos  normativos  pertinentes  de  colmarse  los  principios  para  ello  (taxatividad,  protección,  trascendencia,  convalidación,  instrumentalidad y  residualidad).   

         

De esta manera, las premisas elucubradas por  el    censor   en   el   cargo   primero  no  guardan  relación con esta figura procesal ni con el alcance  de  la  causal  de  casación en que ampara su reclamo, toda vez que al poner en  entredicho  la  legalidad de lo actuado a partir de la visión particular que le  merece  la  naturaleza  de  la conducta punible por la cual se adelantó acción  penal,  lo  que  hace  es plasmar un entendimiento equívoco del injusto que dio  lugar a juicio de reproche.   

En   este   orden   de   ideas,   ninguna  irregularidad  sustancial y mucho menos algún delito se aprecia por el hecho de  que  la  DIAN  hubiese  presentado  demanda de constitución de parte civil para  obtener  el  resarcimiento  de  los  perjuicios  económicos  derivados de la no  consignación  de  los  tributos  a  cargo de COLLANTE  BURITICA,   a  la  vez  que  adelantaba proceso de jurisdicción coactiva en su  contra,  en  la  medida  que  este  último procedimiento obedecía a una fuente  diferente  e independiente, pese a provenir del mismo suceso. Es decir, teniendo  en  cuenta  que  el poder sancionatorio del Estado se traduce en el ejercicio de  distintas  clases  de  acciones  que  pueden  repercutir  en  el  ámbito penal,  disciplinario,  administrativo  y  fiscal,  por mencionar algunos, su despliegue  simultáneo  es  válido  sin  que  ello  automáticamente vulnere, verbi    gratia,   el   principio   del  non  bis  ibídem y tampoco  el  que  en  esos  escenarios  se  haya  absuelto o liberado de responsabilidad,  conlleva    a    que    idéntica   determinación   deba   adoptarse   en   los  demás.    

Por  estas  razones,  el reproche carece de  sustento  conceptual  y, además, no consulta la foliatura, atendiendo que no es  cierto   que   la  existencia  de  aquel  trámite  se  hubiese  ocultado  a  la  jurisdicción  penal, pábulo a partir del cual se sugiere de forma temeraria la  comisión  de  delitos,  pues  en  la demanda de constitución de parte civil se  consignó  expresamente  por  la  profesional  del  derecho que la presentó que  “bajo juramento declaro no haber promovido procesos  ante  la  jurisdicción civil encaminados a obtener la reparación de los daños  y  perjuicios ocasionados con el hecho punible que en este proceso se investiga,  pero  si  se adelanta proceso administrativo de cobro  por  parte  de  la  División  de  Cobranzas  de esta  administración”.5   

Por ende, se reitera, el cargo es infundado  al  no  compaginarse  con  un  hipotético  yerro  que  vicie la legalidad de lo  actuado  y  tampoco  permite  vislumbrar  un  posible quebranto a las garantías  fundamentales del procesado.   

2.2.  Igual  confusión  se  denota  en  el  cargo  segundo, como quiera  que  las  normas atinentes a la prescripción operan de modo diverso conforme el  régimen  sancionatorio  en  el  que se despliegue la acción estatal a que haya  lugar  por  el acto transgresor del ordenamiento jurídico, entendido este no en  un sentido genérico, sino especial.   

En  esa  secuencia,  la prescripción de la  acción  civil cuando se ejerce dentro del proceso penal, al tenor del artículo  98  del  Estatuto  Punitivo,  se verifica “en tiempo  igual al de la prescripción de la respectiva acción penal”.   

Así  las  cosas, teniendo en cuenta que la  resolución  de  acusación de segunda instancia, de 6 de mayo de 2009, decretó  la  extinción  de  la acción penal derivada de varias obligaciones tributarias  dejadas  de  cumplir  que  dieron  paso a la tipificación de esa omisión en el  artículo  402  de  aquella  normatividad,  surge  que  la convocatoria a juicio  recayó  en los periodos 2 a 8 del año 2003, más los  intereses  previstos  en  el  Estatuto  Tributario y costos causados del proceso  coactivo”6.  De esta forma, al quedar ejecutoriada  esa    decisión    el    11    del    mismo   mes7,    se    interrumpió   la  prescripción,  al  tenor del artículo 86 ibídem, comenzando a correr de nuevo  por  un tiempo igual a la mitad del máximo de la pena (seis (6) años), sin que  pueda  ser  inferior  a  cinco  (5)  años, más el aumento de una tercera parte  aplicable  a  los  servidores  públicos tratándose de este injusto (CSJ SP, 11  Dic  2013,  Rad.  33468) lo que arroja que la acción penal se encuentra vigente  hasta el 11 de enero de 2016.   

En  estas  condiciones, no puede predicarse  que  en  este asunto ha operado la prescripción debiendo recalcarse que si bien  pudo  acaecer el fenómeno extintivo en otras jurisdicciones, no ocurre lo mismo  en  las  presentes  diligencias  cuyo  alcance  y finalidades difieren de las de  aquellas,  según  lo ha indicado la Corte Constitucional, toda vez que mientras  el  derecho  penal  “protege  el  orden  social  en  abstracto   y   su   ejercicio   persigue   fines  retributivos,  preventivos  y  resocializadores”,     en    dichos    regímenes  “la potestad sancionatoria de la administración se  orienta    más    a    la    propia   protección   de   su   organización   y  funcionamiento”.8   

2.3  En  lo  atinente  a  los  cargos      tercero,     quinto        y       sexto,  en   los   que  se  aduce  el  presunto  desconocimiento  de  algunos  medios de  convicción  relativos a hipotéticos abonos a la obligación tributaria que dio  paso  a  este  trámite y otros referentes a la calamitosa situación financiera  de    la    firma    representada    por    COLLANTE  BURITICA,  tal  señalamiento no se acompaña con una  argumentación  idónea  que  evidencie  cómo  en la valoración probatoria los  juzgadores  excluyeron  los aludidos elementos de juicio y tampoco se explica su  eventual   relevancia   para   infirmar   los  razonamientos  plasmados  en  sus  providencias.   Contrario  sensu,  se  tiene  que las  inquietudes  elevadas  en  ese  sentido fueron estudiadas explícitamente por el  Tribunal:   

“Ahora,  contrario  a lo señalado por la  defensa,  si bien es cierto hubo embargos y secuestros que recayeron sobre dicha  empresa,   también   lo   es   que  el  encausado  siguió  fungiendo  como  su  representante  legal,  condición  que en manera alguna resulta incompatible con  la  existencia  de  este  tipo  de  medidas  cautelares.  Es que, obsérvese, la  renuncia  que  presentó  a su cargo quedó registrada en el acta Nº 24, adiada  31  de  diciembre  de  2000,  de  la  asamblea  de socios, empero, la misma y su  aceptación  nunca  se inscribieron en la Cámara de Comercio, lo cual, al tenor  de  lo  preceptuado por el ordinal 9º del artículo 28 del Código de Comercio,  es  una  obligación  y,  en  consecuencia, para todos los efectos comerciales y  jurídicos,    continuó    siendo    el   representante   de   dicha   sociedad  […].   

[…] Lo sostenido por la defensa en cuanto  a  que  la  empresa  no percibió dinero debido a las cuentas por cobrar y a las  pérdidas  acumuladas,  carece  de  objeto  para  el  propósito perseguido, por  cuanto  también  afirma  que  ello  se prueba con el balance presentado el cual  arrojó  a  31  de  enero  de  2003,  pérdidas  superiores  a los $150.000.000,  olvidando  que su procurado fue juzgado por hechos que acontecieron a partir del  segundo  periodo  de ese año, pues, como se precisara ab initio, por el no pago  de  la  retención  en  la  fuente causada en los periodos 12 de 2000; 1 a 12 de  2001;  1,  2,  3,  4,  5,  10,  11,  y  12 de 2002, y 1 de 2003, se precluyó la  investigación”.9   

Por  consiguiente,  en  el  sub  examine  de  ninguna forma podrían  tener  asidero los yerros propuestos, debiéndose anotar que la demostración de  los  mismos  no  se suple, según lo asume el libelista, con el mero antagonismo  de  posturas  en  cuanto  al  mérito  que  desde  su perspectiva subjetiva debe  asignársele  a  las  pruebas, toda vez que de cotejarse su posición con la del  sentenciador  el  resultado  por supuesto será disímil, pero ello no significa  per se la configuración de  un  error  susceptible  de  enmendarse  a  través  del  recurso extraordinario.   

Aunado   a   lo  anterior,  se  avizoran  impropiedades   insalvables   que   enervan  la  consistencia  de  los  ataques,  verbi  gratia,  se sostiene  con  el cometido de plantear una hipotética duda en el monto de lo adeudado que  no  se  tuvo  en  cuenta  un  abono a la deuda tributaria por valor de $994.000,  realizado  por  el secuestre a cargo de establecimientos de comercio embargados,  no  obstante,  este  guarismo obedece al pago de retención de la fuente durante  el      mes      de      agosto      de     200210,  por  lo  que  no puede ser  considerado para los efectos pretendidos por el recurrente.   

De  igual  modo, tampoco puede hablarse de  incertidumbre  en  punto  del monto de lo adeudado a partir de la eventual falta  de  respuesta  a  un  derecho  de  petición  elevado  en  este aspecto, pues la  División  de Gestión de Recaudo y Cobranzas de la DIAN, Seccional Ibagué, con  oficio  de  12 de junio de 2012, reportó de manera tal que no puede prestarse a  confusiones     que     “el    señor     JOFREY     FERNANDO     COLLANTE     BURITICÁ    […]  en calidad de representante legal de “Proveedora de drogas  y  productos  farmacéuticos  La  Economía  Ltda.”, a la fecha no ha suscrito  acuerdo  de  pago  ni  ha cancelado las obligaciones fiscales por las cuales fue  denunciado  penalmente  […]  a  saber:  […] son en total $8.109.000 más los  intereses   generados   al   momento   del  pago”11,        suma  correspondiente  a  los  periodos  1 a 8 del año 2003. Y era  este  documento  al  que necesariamente debían referirse los sentenciadores, al  provenir  de  la  entidad  llamada a definir lo pertinente de cara a los sucesos  materia de investigación y juzgamiento.   

2.4.  Las anteriores observaciones aplican  para      el      cargo      séptimo,  presentado  por  vía  de  la  violación directa de la ley sustancial, ya que, conforme las  consideraciones  trascritas,  el  implicado  continuó con el deber de consignar  las  sumas recaudadas por concepto de retención en la fuente a favor de la DIAN  independientemente  de  la existencia de embargos y secuestros, al punto que fue  él,  nadie  más,  quien  suscribió  los  respectivos  formatos  recibidos sin  pago12.  Además, las dificultades económicas a las que alude la demanda  no  justifican  el actuar omisivo en el que recayó el juicio de reproche, en la  medida  que  dichos  dineros  no hacían parte del patrimonio de la empresa a su  cargo  al constituir emolumentos obtenidos en la función delegada de recaudo de  impuestos  y que, por imperativo legal, se tienen que entregar dentro de los dos  (2)  meses siguientes, so pena de incurrir en la conducta punible por la cual se  dictó  sentencia,  sin que aparezca o se evidencie en la foliatura que la firma  “Drogas  La  Economía” hubiese entrado en un proceso de reestructuración o  se  hubiere  declarado en insolvencia, como para admitir la eventual confluencia  de   una   causal   de   improcedencia   de   la  acción  penal  (Cfr.  CSJ  SP  3001-2015).   

Ello  sin  contar  con  que el cargo acusa  falencias  lógicas  de cara a la causal invocada, pues, en lugar de someterse a  una  discusión  estrictamente  jurídica, se involucra en cuestionamientos a la  valoración  probatoria  agotada  por  la  judicatura  según  se  vislumbra del  recuento  agotado  con antelación, con críticas que están vedadas tratándose  de  la  denuncia  de  esta  clase  de  infracción  (CSJ  AP,  30 Nov 1999, Rad.  14535).   

2.5.  Por  último,  en  lo concerniente al  cargo   cuarto,  la incongruencia que se esgrime tan solo  es  aparente, porque el casacionista descontextualiza el alcance de las condenas  liquidadas  por  el a quo. En  efecto,  ya  se  ha  mencionado  que  la  acusación  delimitó los cargos a los  periodos  2  a  8  del  año  2003,  en  el  equivalente  a  $6.811.000 más los  correspondientes  intereses y costos del proceso coactivo. La sentencia precisó  la  suma,  descartando los costos provenientes del cobro coactivo, toda vez que,  ya  se  anotó,  estos corresponden a obligaciones diferentes a las que podrían  surgir  con  ocasión  del proceso penal, determinando en su parte motiva que el  monto  en  cuestión  equivalía a $8.109.000 más intereses, compaginándose en  este  sentido  con  el  oficio  de  12  de  junio de 2012, remitido por la DIAN,  también citado en precedencia.   

Ahora  bien,  no  obstante  lo anterior, el  a   quo,   al  momento  de  establecer  la  suma  definitiva  a cancelar la fijó en $9.567.000, siendo este  monto  correspondiente  a  capital e intereses de los periodos 2 a 8 de 2003, de  acuerdo  con  la demanda de parte civil incoada por la DIAN, donde se liquidaron  los           siguientes           valores13:   

PERIODO             

IMPUESTO             

INTERÉS  

2003-02             

1.009.000             

473.000  

2003-03             

770.000             

344.000  

2003-04             

1.072.000             

457.000  

2003-05             

1.093.000             

444.000  

2003-06             

947.000             

363.000  

2003-07             

820.000             

298.000  

2003-08             

1.100.000             

377.000  

TOTAL             

6.811.000             

2.756.000  

     

En  ese  orden,  el  reparo  no cuenta con  ningún  soporte,  ya  que,  en  similares  condiciones  a  las de los cargos ya  analizados,  se  funda  en  la  apreciación  subjetiva elucubrada por el censor  respecto de la valoración probatoria acometida.   

Por  consiguiente,  sus  cuestionamientos  únicamente  compendian meras observaciones abstractas orientadas a que la Corte  funja  como  una  tercera  instancia  y  omiten la demostración concreta de los  errores  denunciados,  pues  no  hay  un  razonamiento  inteligible  que permita  avizorar su efectiva presencia.   

3. Recapitulando,  el  libelista se aparta de la dialéctica connatural al recurso extraordinario y  pretende  imponer  su postura a través de un escrito de libre confección en el  que,  sin  ningún  rigor,  cuestiona  erróneamente  las  decisiones judiciales  haciendo   abstracción   deliberada   de   las  reflexiones  plasmadas  por  la  judicatura.  Por  tanto,  al  carecer  la  demanda  del  sustento  conceptual  y  argumentativo      propio      de      esta      sede     será     inadmitida, además porque del análisis  del  expediente no se advierte violación de derechos fundamentales o garantías  de  los sujetos procesales que dé lugar al ejercicio de la facultad oficiosa de  índole  constitucional  y  legal  que  le  asiste  a  la  Sala para asegurar su  protección.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de JOFREY FERNANDO COLLANTE BURITICA   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso   

Cópiese,      comuníquese,     y  cúmplase   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cfr.   Folio   72  y  siguientes  cuaderno  original  2   

2  Cfr. Fl. 110 y s.s ibídem   

3  Cfr. Fl. 276 y s.s c.o 2   

4  Cfr. Fl. 11y s.s cuaderno Tribunal   

5  Fl.   5   cuaderno  parte  civil,  negrillas  en  el  texto   

6  Cfr. Fl. 126 c.o 2   

7  Cfr. Fl. 129 y s.s ibídem   

8  Corte Constitucional, sentencia T-146 de 1993, citada  en la C-948 de 2002   

9  Cfr. Fl. 23 y s.s cuaderno Tribunal   

10  Cfr. Fl. 178 c.o 1   

11  Cfr. Fl. 275 c.o 2   

12  Cfr. Fl. 28 a 34 c.o 1   

13  Cfr. Fl. 3 cuaderno parte civil     

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