AP2185-2015(45429)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP2185-2015  

Radicación     n°     45429   

(Aprobado Acta No.  148)   

          Bogotá, D.C.,  veintinueve   (29)   de  abril  de  dos  mil  quince  (2015).   

V   I   S   T   O  S   

         Decide  la  Sala  sobre la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por el defensor del procesado José Fabián Flórez López, sargento  segundo  del  Ejército  Nacional,  contra  la sentencia dictada por el Tribunal  Superior  Militar,  por cuyo medio se confirmó parcialmente la proferida por el  Juzgado  Noveno  Penal  Militar de Brigada que lo condenó como autor del delito  de   desobediencia,   aunque   le  redujo  la  pena  privativa  de  la  libertad  impuesta.    

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         1.  Los primeros fueron sintetizados por  el ad quem de la siguiente manera:   

El teniente coronel comandante del Batallón  de  Ingenieros  de Construcción número 2, ERNESTO MACÍAS DÍAZ, emitió a las  17:00  horas  en  el  programa operacional del 7 de febrero de 2010, al sargento  segundo  FLÓREZ  LÓPEZ  JOSÉ  [FABIÁN], la orden directa de montar un retén  sobre  la  vía  [San  Juan  de  Arama–Mesetas  (Meta)]  y revisar un camión rojo que iba a pasar con una  caleta  de armas y él, personalmente, debía estar pendiente del mismo; pero el  suboficial  hizo caso omiso de la misma, [pues] montó el retén y se dirigió a  la  zona  urbana  [de  San  Juan  de  Arama]  y  estuvo  ajeno  a sus deberes de  comandante  desde  las  22:00  horas  del  7  de febrero de 2010 hasta las 20:00  [horas] del 8 del mismo mes y año.   

2. Con fundamento  en  los  anteriores  hechos,  el 26 de marzo de 20101,    el    Juzgado   52   de  Instrucción  Penal  Militar  dispuso  la  apertura  de investigación formal en  contra  del  sargento  segundo  del  Ejército  Nacional  José  Fabián Flórez  López,  a  quien  una  vez  vinculado  mediante  indagatoria por los delitos de  desobediencia  –art. 115  Código  Penal  Militar–,  abandono      del      comando     –art.     121    ibídem–     y     abandono    de    comandos    especiales    –art.    123    ejusdem–,  resolvió  su situación jurídica  el  21  de  junio de la misma anualidad imponiéndole medida de aseguramiento de  detención    preventiva    sin    beneficio    de    excarcelación2,  decisión  que,  a  instancia  de  la  defensa,  modificó  mediante  proveído  del  20 de  septiembre  siguiente,  donde  le  concedió la libertad provisional3.   

3. Clausurado el  ciclo  instructivo,  el  13  de  junio  de  2013  la  Fiscalía 18 Penal Militar  calificó  el mérito del sumario profiriendo acusación en contra del procesado  por  el  delito  de  desobediencia,  en  tanto  que  cesó  el procedimiento por  atipicidad   respecto  de  las  conductas  de  abandono  de  comando4;  decisión  que  cobró  ejecutoria  el  día  27 del mismo mes y  año5.   

         4.  Remitida  la  actuación  al Juzgado  Noveno  Penal  Militar  de  Brigada,  y  cumplida  la  audiencia de acusación y  aceptación  de  cargos  donde el procesado Flórez López se declaró inocente,  se  dio  inicio  a  la  corte  marcial.  Concluido  el debate procesal, el 20 de  noviembre  de  2013 se profirió sentencia en la que se condenó al mencionado a  la   pena   principal   de  2  años  de  prisión  como  autor  del  delito  de  desobediencia,  asimismo  se  dispuso la suspensión de funciones y atribuciones  del  sentenciado  como  miembro del Ejército Nacional, se le negó el mecanismo  sustitutivo  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena y nada se  dijo  sobre las penas accesorias de separación absoluta de la Fuerza Pública e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas6.   

         5.  Apelado el fallo por el defensor del  incriminado,  en  sentencia  adiada  7  de octubre de 2014, el Tribunal Superior  Militar  lo confirmó parcialmente, en tanto redujo a 1 año la pena de prisión  que         le         fuera         impuesta7.   

         6.  Contra  la  anterior  decisión,  el  abogado  que  representa  los intereses del acusado José Fabián Flórez López  interpuso recurso de casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         El  demandante  señala  que  en  el  caso  concreto  al recurso de  casación  se accede por vía excepcional, al cual dice acudir a fin de proteger  las  garantías  de  su  defendido  al  debido  proceso,  legalidad,  tipicidad,  «concordancia»    y  presunción  de  inocencia  que  considera  conculcadas  con el fallo impugnado,  amén   que,  agrega,  resulta  necesario  «precisar  jurisprudencialmente» los elementos que tipifican el  delito  de  desobediencia,  máxime  cuando  en  la  actualidad es común que se  adelanten   procesos  por  los  denominados  «falsos  positivos».   

         Con  fundamento  en las causales tercera y primera, cuerpo segundo,  previstas  en  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el demandante formula dos  cargos  contra la sentencia del Tribunal Militar, los cuales se sintetizan de la  siguiente manera:   

         Primer  cargo.  Manifiesta el censor que  la  sentencia confutada se profirió en un juicio viciado de nulidad, por cuanto  a  José  Fabián  Flórez  López  se  le acusó por el delito de desobediencia  previsto  en  el  artículo  115  del  Código Penal Militar, en la modalidad de  modificar  la  orden  del  superior,  y  por  esa  misma conducta se lo declaró  penalmente  responsable  en  el fallo de primer grado, no obstante el ad quem al  confirmar    dicha    decisión    cambió   el   verbo   rector   por   el   de  incumplir.   

         Anota  que  en  la  sentencia  de  segunda  instancia  el  Tribunal  precisó  que  el  procesado  Flórez  López  no  modificó la orden que le fue  impartida,  sino  que  incumplió la misma, porque una vez establecido el retén  dispuesto  por el comandante del Batallón de Ingenieros de Construcción No. 2,  del  cual  era  orgánico,  abandonó  temporalmente al personal militar bajo su  mando  directo,  comprometiendo  de esa manera la disciplina militar y el éxito  de la misión encomendada.   

         Señala  que  por tal razón el juicio de tipicidad que se realizó  en     la     sentencia     de     segunda    instancia    fue    «inadecuado», dado que se consideró que  el  verbo  rector  del ilícito de desobediencia en el cual encajaba la conducta  del      acusado,      era     en     la     modalidad     de     «incumplir»,   que   no  «modificar»,  la  orden  emitida  por el  superior,  con lo cual estima se quebrantaron los principios del debido proceso,  legalidad y congruencia.    

         Acerca  del último principio en mención, el recurrente se refiere  a  su  contenido y alcance, y luego de citar jurisprudencia de esta Corporación  –CSJ  SP,  5  jun. 2003,  rad.  13180–, concluye que  el  Tribunal  Penal Militar lo quebrantó al variar el verbo rector inicialmente  deducido   en   la   acusación   y   acogido   en   la   sentencia   de  primer  nivel.         

         Luego  de  enunciar  los  elementos  constitutivos  del  delito  de  desobediencia  y  de  citar  los  argumentos  del  ad  quem  que  lo  llevaron a  considerar  que  aquellos  concurrían  en  la  conducta del incriminado Flórez  López,  critica  que  el  juzgador  de  segundo  grado hubiera concluido que el  mencionado  incumplió  la  orden  impartida  por  el  superior,  pues  si ésta  consistía  en  establecer  con  el  personal  militar bajo su mando directo, un  retén  sobre  la  carretera  que de San Juan de Arama conduce a Mesetas (Meta),  con  el  objetivo  de  interceptar  un  camión  de color rojo que presuntamente  transportaba  armas  y  dinero  de  la  guerrilla, y en efecto el dispositivo de  control  se  instaló  en  el  lugar  indicado y allí permaneció hasta el día  siguiente  cuando  fue  levantado, porque ya no era necesario para el propósito  que     lo     originó,     es     claro     que     la     orden     sí    se  cumplió.            

         Situación  distinta,  añade,  es  que  su  prohijado  se  hubiera  ausentado  temporalmente  del sitio de facción o de servicio, pues ello podría  constituir  otra  clase  de  delito  militar  o  falta  disciplinaria,  de donde  concluye  la  errada  calificación  jurídica  que  se le dio al hecho juzgado,  puesto     que    la    «prueba    documental    y  testimonial»   permite  inferir  que  el  procesado  «cumplió  la  orden  superior que le fue impartida,  puede  que  con  irregularidades,  pero  la  cumplió  y, por tanto, no se puede  afirmar  válidamente  que no la hubiera cumplido o que la modificó»,  vicio que estima constituye un atentado al debido proceso, por  lo  que  solicita  a  la  Corte casar la sentencia confutada y, en consecuencia,  declarar  la  nulidad  de lo actuado a partir de la resolución de calificación  del  mérito  sumarial,  inclusive,  para  que  se  corrija dicha equivocación.   

         Segundo  cargo  (subsidiario). Expone el  libelista  que  el  ad  quem  incurrió  en  la  violación indirecta de la ley,  concretamente  del  artículo 29 de la Carta y de normas de contenido sustancial  del Código Penal Militar que se encarga de citar.   

         Anota  que  el  Tribunal  tuvo en cuenta el testimonio del teniente  coronel  Ernesto  Macías Díaz, comandante del batallón del cual era orgánico  el  acusado  Flórez López, así como las exposiciones del cabo tercero Rodrigo  Ortiz  Bonilla  y  del  soldado regular Jorge Eliecer Jiménez Castaño, quienes  hacían  parte  de  la  unidad  militar  a  su  cargo,  de  cuyo  contenido, que  trascribe,  considera  que  se  establece: (i) la existencia de la orden directa  impartida  por el superior de su defendido, consistente en instalar un retén en  la    vía    San   Juan   de   Arama–Mesetas  (Meta); (ii) que el dispositivo de control fue establecido  por  el  procesado  con  personal  militar  bajo  su mando directo; (iii) que su  representado  se ausentó del sitio de facción, pero en un horario diferente al  indicado  por  los  testigos  Ortiz  Bonilla  y Jiménez Castaño, porque debía  cumplir  una  cita  odontológica en el municipio de San Juan de Arama; (iv) que  el  cabo  Rodrigo  Ortiz  Bonilla  apareció lesionado el 8 de febrero de 2010 a  consecuencia  de  un  accidente  y,  en  cambio,  el implicado Flórez López no  presentaba  ningún  tipo  de  lesión;  y, (v) que el retén militar se mantuvo  entre  el 7 de febrero de 2010, cuando fue instalado, y el día siguiente que se  levantó               porque               ya               no              era  necesario.                       

         Manifiesta  que  la  versión de su prohijado, según quien durante  la  noche del 7 y la madrugada del 8 de febrero de 2010 no se retiró del retén  militar,  es  corroborada  por  los  testimonios de los soldados regulares David  Morales  Berrio,  Jorge Eliecer Jiménez Castaño, Jhon Jaiber Gómez Paz, Elkin  Fernández  Hernández,  Cristian  Jair  León Albornoz, Ernesto Armengol Angulo  Sandoval,  Yonathan  Alejandro Melo Córdoba y Andrés Felipe Gutiérrez Montes,  cuyo  contenido,  afirma,  desmiente  la  declaración  del  cabo  Rodrigo Ortiz  Bonilla.      

         Considera  que  de  la prueba allegada al proceso se infiere que la  orden  del  comandante  del  batallón  del  cual era orgánico su representado,  consistente  en  establecer  el dispositivo de control, se cumplió, como quiera  que  éste  operó  entre  el  7  y  el  8  de  febrero de 2010; asimismo, tales  elementos  de convicción no evidencian que Flórez López se hubiera sustraído  a   las   obligaciones   militares   y   reglamentarias   relacionadas   con  la  implementación  y  vigilancia  del retén, luego no incurrió en la conducta de  desobediencia por la que se le condenó.   

         Concluye  que  «de una u otra manera, en  la  valoración  probatoria que se hizo… en la sentencia de segunda instancia,  se  violaron,  cuando menos, los principios del debido proceso, de legalidad, de  tipicidad,  de  presunción  de  inocencia  y  del  in dubio pro reo»,  por  lo  cual solicita a la Corte casar la sentencia impugnada  y,     en     su     lugar,     absolver    al    acusado    del    delito    de  desobediencia.           

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Procedibilidad del recurso.  

En  el  caso concreto el hecho juzgado tuvo  ocurrencia  el  7  de febrero de 2010, fecha en la que estaba vigente la Ley 522  de  1999  que,  por  tanto,  es  la norma procesal llamada a regular el presente  trámite,  puesto  que  la  Ley  1407  de 2010 rige únicamente para los sucesos  acaecidos  a  partir  del  17  de agosto de la mencionada anualidad, tal como se  señala  en  su  artículo 628 y según lo determinó la sentencia C-444 de 2011  de la Corte Constitucional.   

En esa medida, la procedencia del recurso de  casación  para  el  presente  asunto  corresponde  ser  analizada acorde con lo  normado  en  los  artículos  368  y  siguientes de la primera de las normativas  citadas.   

El  precepto  en  cuestión  indica  que la  impugnación  extraordinaria procede contra sentencias de segunda instancia, por  delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo sea o  exceda de 6 años.   

         El  delito  de  desobediencia  por  el  que se acusó y condenó al  procesado,  descrito en el artículo 115 de la Ley 599 de 2000, prevé como pena  máxima  privativa  de la libertad 3 años de prisión, luego en el asunto de la  especie,  para  acceder  al  recurso  de  casación,  debe  optarse  por la vía  excepcional,  por  lo  que el demandante tiene la carga de evidenciar a la Corte  la  necesidad  de que admita la demanda y revise la legalidad del fallo atacado,  bien  porque  se  requiere  desarrollar  la jurisprudencia, ora porque lo que se  pretende es la garantía de derechos fundamentales.   

El   criterio   de   autoridad   de   la  Sala8  tiene  dicho  que  cuando se invoca el primero de tales aspectos,  esto  es,  el desarrollo de la jurisprudencia, compete al recurrente señalar si  lo  que  busca  con  la  impugnación del fallo de segundo grado es que la Corte  intervenga  ya  sea  para referirse a un tema jurídico en particular, bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  con  el deber de  precisar  de  qué  manera  la  decisión  solicitada tiene la doble utilidad de  brindar  solución  al  asunto  concreto y simultáneamente servir de guía a la  actividad judicial.   

Y  en  cuanto  al  amparo  de  los derechos  fundamentales,  el  casacionista  tiene  la  carga de demostrar en forma clara y  precisa  la  violación  de  una  garantía por quebrantamiento de la estructura  básica   del  proceso  o  por  trasgresión  de  un  derecho  fundamental,  con  indicación  de  las  normas  constitucionales o legales que protegen el derecho  invocado y cómo el fallo lo conculca.   

Asimismo,  las  razones  aducidas  por  el  impugnante   en   orden   a   revelar   a  la  Corte  la  necesidad  de  admitir  discrecionalmente  la demanda, deben guardar perfecta armonía con los reproches  que  formule contra el fallo, lo que significa que el fundamento de la casación  excepcional  debe  avenirse con los cargos, tanto en su postulación, como en su  desarrollo.   

1.1 En el asunto  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala,  el  actor  no satisface las anteriores  exigencias,  puesto  que,  de  una  parte,  se limita a mencionar que acude a la  casación  excepcional  a  fin  de  proteger  las  garantías de su defendido al  debido  proceso,  legalidad,  tipicidad, congruencia y presunción de inocencia,  pero  nada  más  dice  al respecto, y aun cuando al desarrollar el primer cargo  por  nulidad  hace alusión al hecho de que el ad quem, al confirmar la condena,  precisó  que el verbo rector que actualizó el acusado Flórez López fue el de  «incumplir»  la  orden  impartida     por     su     superior,     y    no    el    de    «modificar»  la  misma, según se había  señalado  en  el  pliego  de  cargos, no expuso de qué manera ello afectó las  garantías  que dice conculcadas, ni cómo dicha circunstancia trascendió en el  fallo    rebatido,   determinando   la   condena   proferida   en   contra   del  supranombrado.        

En  cuanto  a  la  necesidad  de  que  esta  Corporación   admita   la   demanda  de  manera  excepcional  por  considerarlo  importante  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el censor solo atina a  expresar  que  se  requiere precisar con criterio de autoridad los elementos que  tipifican  el  delito de desobediencia, pero no explica, ni el desarrollo de los  reproches  propuestos  lo  revela, cómo el abordar el tema propuesto cumpliría  la  doble función de dar solución al caso particular y orientar a la actividad  judicial en ese puntual aspecto.   

         

         Falencias  que, por sí solas, bastan para inadmitir el libelo, por  cuanto  no se muestra, ni la Corte advierte, la necesidad de que se le admita de  manera    discrecional    en    orden    a    intervenir    como   Tribunal   de  casación.     

2.   Del   recurso   extraordinario   de  casación.   

Conviene  recordar  que  dado  el carácter  extraordinario  del  recurso  de  casación,  al  recurrente compete elaborar la  demanda  bajo  los estrictos parámetros contemplados en la ley y decantados por  la jurisprudencia de la Corte.   

Por  tanto,  no  basta  con  afirmar que se  cometió    un    error   in   iudicando     o    in    procedendo,  pues debe demostrarse la existencia del vicio y su trascendencia  frente al contenido del fallo.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Sala,  es  bien  sabido  que el recurso de casación constituye el medio por el cual se  revisa  la  legalidad  de  la  sentencia. De ahí que el libelo deba cumplir las  formalidades  estatuidas  en  el  artículo 212 de la Ley 600 de 2000, normativa  que  resulta  aplicable a los procesos tramitados ante la Justicia Penal Militar  por  expresa remisión del respectivo código, principalmente enunciar la causal  y  formular  el  cargo  con  el  cual  se  pretende  la  infirmación del fallo,  señalando  de  manera clara y precisa sus fundamentos y las normas infringidas,  igualmente,   evidenciando   cómo   el   vicio   in  iudicando     o    in  procedendo     conduce     a    resquebrajar    la  providencia.   

Ahora bien, sin desconocer la facultad legal  de  la  Corte  para  casar  la  sentencia  cuando  sea  ostensible  que la misma  transgrede   las   garantías   fundamentales   de   las   partes   –art.  216 Ley 600 de 2000–,  la  impugnación extraordinaria no  es un mecanismo carente de rigor.       

Por  ende, el recurso de casación no puede  entenderse  como  una  instancia  adicional  para debatir aspectos que ya fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso, ni  la  demanda  puede  elaborarse utilizando un discurso de libre composición; por  el  contrario,  dado  el  carácter  extraordinario  y rogado del recurso, está  ligado  a  causales  taxativas que tienen contenidos propios, referidas a vicios  sustanciales o procesales.   

Además, en el desarrollo de cada uno de los  reparos  formulados  se  deben  cumplir  unos  requisitos  mínimos de lógica y  adecuada  fundamentación,  cuyo desconocimiento conlleva a la inadmisión de la  demanda,  como  lo establece el artículo 213 del Código de Procedimiento Penal  de 2000.   

Así,  no resulta atinado solo denunciar la  presencia  del  error  que se invoca, sino que al libelista incumbe demostrar su  existencia  y  cómo  el  mismo tiene la trascendencia suficiente para romper la  doble  presunción  que  cobija a la sentencia de segundo grado y, por lo mismo,  la  necesidad  de  que la Corte intervenga como Tribunal de Casación en procura  de  hacer  efectivo  el  derecho  material  y  las  garantías debidas a quienes  intervienen  en  la  actuación  penal,  reparar  los agravios ocasionados a las  partes con la decisión confutada o unificar la jurisprudencia.   

3. De la nulidad.  

         Importa  mencionar  que  si bien la Sala ha dicho que la nulidad es  menos  exigente  en  su  demostración  que  las otras causales de casación, lo  cierto  es  que  impone  al  demandante  proceder  con  precisión  y claridad a  identificar   la   clase   de   irregularidad   sustancial   que   determina  la  invalidación;  señalar  si  se  trata  de  un vicio de estructura o garantía;  plantear   sus  fundamentos  fácticos;  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados;  expresar  la  razón de su quebranto; y, especificar el momento de  la actuación a partir de la cual se produjo el vicio.   

         Asimismo,   compete  al  libelista  informar  la  cobertura  de  la  invalidez,  evidenciar que procesalmente no existe manera diversa de restablecer  el   derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  comprobar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración  de  justicia   contenida    en    el    fallo    impugnado   –principio     de  trascendencia–, dado que  el  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

         Además,  exige  tener  en  cuenta  los  principios  que  rigen esa  materia,  por  lo  cual debe quedar claro que: i) se trate de uno de los motivos  expresamente  contemplados  en  la ley –taxatividad–;  ii)  afecte de manera real y cierta las garantías fundamentales  o    altere    las    bases    esenciales    de   la   actuación   –trascendencia–;  iii)  el acto tachado de irregular  no   haya   cumplido  su  propósito  –instrumentalidad–;   vi)  quien  la  solicite  no  haya  dado  lugar  al  motivo  de  invalidación              –protección–;   v)   la  irregularidad  no  haya  sido  convalidada  expresa  o  tácitamente   por  el  perjudicado,  siempre  que  no  vulnere  sus  garantías  fundamentales              –convalidación–;  y,  vi)  no haya otra manera de enmendar el agravio –residualidad–.   

         3.1 El impugnante sustenta el reparo por  nulidad  en  la  supuesta  irregularidad  originada  en  la errada calificación  jurídica  impartida  a  la  conducta  realizada  por  el  acusado José Fabián  Flórez  López, que estima se configura por cuanto si bien a éste se le acusó  y  condenó  en  las  instancias  por  el  delito  de desobediencia –art.   115   de   la   Ley   522  de  1999–,  en  el pliego de  cargos  y  en  la  sentencia  de  primer  grado  se consideró que el mencionado  actualizó  el  verbo  rector relativo a modificar la orden que le fue impartida  por  su  superior, mientras que el ad quem, aun cuando confirmó la declaratoria  de  responsabilidad penal, precisó que dicho comportamiento fue cometido por el  procesado  al  incumplir  el  mandato, lo cual, afirma, es violatorio del debido  proceso       y       de       los      principios      de      legalidad      y  congruencia.             

         No  obstante  la  impropiedad  de  postular  dentro del mismo cargo  irregularidades   sustanciales   que   se  soportan  en  supuestos  distintos  y  contrapuestos,  como  lo  es aducir un error en la calificación jurídica de la  conducta  y  a  la  vez  alegar  el  quebranto  del  principio  de  congruencia,  desconociendo  con  ello  los  postulados  de autonomía y no contradicción que  gobiernan  el recurso extraordinario de casación, del contexto de la demanda se  extrae  que  el vicio denunciado se concreta en la segunda hipótesis por razón  del  cambio,  en  la sentencia de segundo grado, del verbo rector que al acusado  se   le   endilgó   en   la   acusación,   valga   reiterar,  de  modificar  a  incumplir.   

         Y  si  bien  no  ofrece  dificultad  a  la  Corte  advertir  que la  situación  denunciada  se presentó, puesto que en la resolución acusatoria se  concluyó   que   el  suboficial  Flórez  López  incurrió  en  el  delito  de  desobediencia  a  consecuencia  de  modificar  la  orden  que  le  impartió  su  superior,  y  en  los  mismos términos se le condenó en la sentencia de primer  grado,  mientras  que  el  ad  quem, al conocer la impugnación formulada por la  defensa,  consideró  que  estaba  demostrada  la  responsabilidad  penal  en el  mentado  ilícito  pero por incumplir la orden, el libelista no dice, ni la Sala  encuentra,  cómo  se  quebrantó  el  principio de congruencia y se lesionó el  derecho al debido proceso del supranombrado.   

         De  acuerdo  con  la jurisprudencia de esta Corporación, en la Ley  600  de  2000 la resolución acusatoria concreta los aspectos personal, fáctico  y  jurídico en que se desarrollará el juicio, por tanto el juez está obligado  a  dictar el fallo en consonancia con los cargos definidos en la acusación, sin  que  pueda  condenar  por  fuera  de  esos  precisos  límites,  salvo  que  una  determinación  de  tal  naturaleza,  en  punto de la especie delictiva, resulte  favorable  a  los  intereses  del  procesado  y  no desconozca el marco fáctico  señalado  en  la  providencia  calificatoria,  pues  a  éste  no  se  le puede  sorprender  en  la  sentencia  con  hechos o delitos frente a los cuales no tuvo  oportunidad          de          defenderse9.       

         El  quebranto  del  principio  de  congruencia  en  la sistemática  procesal  en comento puede presentarse cuando (i) se incluyen en el fallo nuevas  conductas  punibles;  (ii) se adicionan circunstancias específicas o genéricas  de  agravación;  (iii)  se desconocen circunstancias de atenuación reconocidas  en  la  resolución  acusatoria;  y,  (iv)  se  modifican  desfavorablemente las  modalidades  de  la  conducta punible (dolosa, culposa o preterintencional) o la  forma de participación en el delito (de cómplice a autor).   

         En  el  caso  concreto  ninguna  de  las  anteriores  hipótesis se  presentó,  pues  por el ilícito de desobediencia fue acusado Flórez López, y  por el mismo se le condenó en las instancias.   

         El  Tribunal,  en  el asunto particular, se limitó a precisar, sin  mutar  la  realidad  fáctica consignada en el pliego de cargos, que la conducta  del  suboficial del Ejército Nacional incriminado, consistente en no supervisar  directa  y personalmente, como se lo había ordenado el comandante del Batallón  de  Ingenieros  No. 2 del cual era orgánico, el retén instalado en la vía San  Juan   de  Arama–Mesetas  (Meta),  ausentándose del lugar donde el mismo fue instalado,  configuraba  el  delito  de  desobediencia  pero  en  la  modalidad de incumplir la orden del  superior,  y  no  en la de modificarla, como lo habían sostenido la fiscalía y  el  a  quo,  alteración  que  en  punto  de la pena ningún efecto desfavorable  conlleva  para  el acusado, ni conculca su derecho de defensa como quiera que se  trata  de  la misma situación fáctica que, valga destacar, tuvo oportunidad de  refutar a lo largo del proceso.        

         En  un caso similar, donde al acusado se le endilgó el ilícito de  fabricación,  tráfico  y  porte  de armas y municiones de uso privativo de las  fuerzas      armadas,      en      la      modalidad      de      «almacenar»,   y   los   juzgadores  lo  condenaron   por   la   de   «conservar»,  al  cargo de nulidad sustentado en la presunta afectación del  derecho     de     defensa     y    el    debido    proceso,    respondió    la  Corte:       

En  el  evento  del  rubro,  el  juez  de  conocimiento  optó  por modificar en la sentencia, el verbo rector inicialmente  deducido,  lo  cual  no  implicó,  como  lo  acotó  el  Tribunal al avalar esa  determinación,  una  variación  del núcleo básico de la conducta, ni tampoco  tornó  más  gravosa  la  situación  del  procesado,  pues,  la  penalidad  es  exactamente   la   misma,  como  quiera  que  ambas  descripciones  –almacenar   y  conservar–   hacen   parte  de  las  conductas  alternativas  que  contempla  el  artículo  366  de  la  Ley  599  de 2000 para  tipificar  el  ilícito  de fabricación, tráfico y porte de armas y municiones  de uso privativo de las fuerzas armadas.   

En esa medida, no… hay lugar a aceptar la  causal de nulidad alegada.   

Y  si  bien  no  es  lo  mismo  conservar y  almacenar,  como  lo  asevera  la libelista, emerge intrascendente la discusión  cuando  está  claro que el procesado fue condenado por guardar material bélico  de  uso  privativo  de las fuerzas armadas en el inmueble allanado. Es decir, la  imputación  fáctica  ha  permanecido incólume, independientemente de que para  adecuarla  al  precepto sancionador, se hayan utilizado dos verbos diferentes en  el curso del proceso.   

De  todos  modos,  en  punto  del  tipo  de  crítica  abordado  por  la  actora,  es  necesario enfatizar en la necesidad de  demostrar  fehacientemente  que  esa modificación afectó de forma trascendente  el  debido proceso y, en particular, el derecho de defensa del acusado, al punto  tal  que no fue precisado en concreto el tipo de conducta o actuación que se le  atribuye,   o   no  se  determinó  adecuadamente  el  delito  endilgado  y,  en  consecuencia,  resultó imposible o difícil conocer en particular de qué se le  acusaba,  limitando u obstaculizándose la posibilidad de argumentar o presentar  elementos  de  juicio  de  contraste.  (CSJ AP, 4 may.  2011, rad. 35977)   

         La  situación  descrita  en  la jurisprudencia citada es, salvo la  especie  delictiva  allí  juzgada, la misma que acontece en el sub judice, toda  vez  que  el  problema jurídico que en ambos casos se ofrece dilucidar es si el  hecho  de  condenar  por  un  verbo  rector de la conducta punible, cuando ésta  consagra  varios  de  manera  alternativa,  distinto  al  que fue deducido en el  pliego  de  cargos, trasgrede el principio de congruencia y, por contera, afecta  el derecho de defensa y el debido proceso.   

         Como  quedó visto, la afectación a las garantías enunciadas solo  se  produce  en aquellos eventos en que se modifica el núcleo de la imputación  fáctica  o  se agrava la situación del procesado, situaciones que en el asunto  particular no se verifican.   

         En  efecto, en cuanto al primer aspecto, cabe anotar que los hechos  por  los cuales se acusó y condenó al incriminado Flórez López se contraen a  haber  desobedecido  la orden de su superior de instalar un retén en la vía y,  personalmente,  comandar  la interceptación de un vehículo que iba a pasar por  allí  transportando  armas y dinero de una agrupación subversiva, toda vez que  después  de implementar el dispositivo en cuestión, el suboficial implicado se  retiró   del   lugar   dejando   a   cargo   del   mismo   a  algunos  soldados  regulares.       

         Dicha  situación fáctica de ninguna manera fue alterada por el ad  quem  cuando  realizó el juicio de tipicidad del hecho juzgado frente al delito  de  desobediencia,  puesto que la única consideración que al respecto hizo fue  señalar  que  el  verbo  rector al que se adecuaba la conducta ejecutada por el  acusado  era  «incumplir»,  que   no   «modificar»,  porque   la   orden   que   le   fue  impartida  por  su  superior  –instalar   un  retén  y  supervisar  personalmente     la     interceptación     de     un     vehículo–,  entendida integralmente, no podía  ser  fraccionada,  luego no era razonable concluir que como el militar implicado  estableció  el dispositivo de control, pero no lo supervisó directamente, sino  que  se  ausentó  y  dejó  esa labor en cabeza de sus subalternos, simplemente  modificó  el  mandato,  pues  tal  conducta  implica, en últimas, incumplirlo.   

         En  esa  medida,  no  obstante que las referidas expresiones tienen  sentidos  distintos,  pues  en su acepción natural y obvia la primera significa  «no  llevar  a  efecto, dejar de cumplir»10,  mientras  que  la  segunda  supone  «transformar  o  cambiar  una  cosa  mudando  alguno     de     sus     accidentes»11,  lo  que  importa  en el caso concreto es que están relacionadas con un mismo supuesto de  hecho,  esto  es,  el  desobedecimiento por parte de un subordinado de una orden  legítima  emitida  por un superior con las formalidades legales, consistente en  implementar  un  retén  y  dirigirlo  personalmente,  de donde se sigue que tal  diferenciación resulta irrelevante.   

         Con  todo,  en  punto de la trascendencia de la nulidad denunciada,  el  casacionista  incumplió  con  la  carga  de  evidenciar  de  qué manera la  mencionada  modificación  del  verbo  rector  impidió, dificultó o limitó el  derecho  de  defensa  del  procesado,  al  extremo  de privársele de conocer la  conducta  por  la  que  se  le  acusa y condena o la calificación jurídica del  punible  endilgado,  irregularidad  que  la  Corte  tampoco avizora configurada,  puesto  que durante toda la actuación procesal, en particular en la resolución  acusatoria  y  en  las  sentencias  de  instancia,  se  fijó  con  claridad  la  imputación  fáctica y jurídica que el acusado Flórez López tuvo oportunidad  de controvertir.    

         Así las cosas, se inadmitirá el reproche.   

4.  De  la  violación  indirecta de la ley  sustancial.   

En relación con el segundo reproche que el  impugnante  encamina  por  la  senda  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  cabe reiterar que a ella se llega como consecuencia del error en la  apreciación  de los medios probatorios, vicio que puede ser de hecho, cuando se  deriva  de  los  falsos  juicios  de  existencia,  identidad  o raciocinio; o de  derecho,  si  surge de los falsos juicios de legalidad o convicción; cualquiera  de  los  cuales  determinan  la  falta  de aplicación o aplicación indebida de  normas sustanciales llamadas a regular el caso.     

En  ese  orden,  corresponde  al recurrente  indicar  en  qué consistió el yerro, es decir, si fue de hecho o de derecho en  razón  de  la  valoración  de  la  prueba,  y  concretarlo  en  alguna  de las  categorías  de  falso  juicio  indicadas,  para  luego proceder a evidenciar su  trascendencia en la violación de la ley sustancial.   

4.1  En  el caso  particular  surge  patente para la Sala que ninguna de las anteriores exigencias  cumple  el  libelista,  pues  aun  cuando  tacha  de ilegal el fallo demandado e  incluso  enuncia  la  causal  de  casación  a  la  cual acude y el reproche que  formula  en  su  contra,  no  señala cuál es el sentido de la violación, vale  decir,  no  precisa  el error denunciado en una de las categorías de hecho o de  derecho,  ni  especifica el falso juicio que lo determinó, todo lo cual muestra  la  confusión del impugnante, así como su falta de claridad y precisión en la  argumentación     que    esgrime    a    fin    de    evidenciar    la    glosa  ensayada.       

         Por  el contrario, a manera de un alegato de instancia, su discurso  se  enmarca en expresar lo que en su particular y parcializado criterio debieron  inferir  los  jueces de instancia de la prueba testimonial, en particular de las  declaraciones  del  teniente  coronel  Ernesto  Macías  Díaz,  comandante  del  Batallón  de  Ingenieros  No.  2  del  cuál  era  orgánico el acusado Flórez  López,  así  como del cabo tercero Rodrigo Ortiz Bonilla y del soldado regular  Jorge  Eliecer  Jiménez  Castaño, quienes integraban la unidad militar a cargo  del  prenombrado,  de  donde  el  impugnante  concluye  que  su defendido sí se  ausentó  del  lugar  de  facción,  pero  en un horario distinto al que los dos  últimos  declarantes  señalan, valga decir, en horas de la tarde, para cumplir  una  cita  odontológica en el municipio de San Juan de Arama, luego su versión  de  que  durante  la  noche del 7 y la madrugada del 8 de febrero de 2010 estuvo  comandando  personalmente  el  retén militar que se le había ordenado instalar  en  la  vía  que  de  la  mencionada  localidad  conduce a Mesetas, es digna de  crédito.      

         Sin  embargo,  el  casacionista resigna señalar cuál fue el error  de  apreciación  probatoria  en  que  incurrió  el Tribunal Militar al valorar  dichos  medios  de  convicción,  que  lo  llevaron  a  colegir  precisamente lo  contrario,  esto es, que el procesado incumplió la orden de su superior, ya que  en  vez  de  asumir  directamente  la  labor de coordinación y supervisión del  mentado  dispositivo  de control, la noche del 7 de febrero de 2010 se desplazó  a  la localidad de San Juan de Arama, acompañado del cabo tercero Rodrigo Ortiz  Bonilla,  donde  se dedicó al consumo de bebidas embriagantes, regresando hasta  la madrugada del día siguiente.     

         Por  tanto,  la  pretensión de entronizar su personal apreciación  de  la  prueba,  anteponiéndola a la estimación que de la misma realizaron los  falladores  de  primero  y segundo grado, resulta inane y conduce al fracaso del  reparo  propuesto, pues como lo tiene decantado la jurisprudencia de la Sala, si  los  jueces  de instancia no quebrantan los postulados de la sana crítica en la  labor  de  fijar el mérito demostrativo de los medios de convicción, la simple  disparidad   de   criterios   no   configura   vicio  demandable  en  casación.   

         Al   margen   de  las  anotadas  falencias  en  la  postulación  y  desarrollo   del  cargo,  tampoco  le  asiste  razón  al  actor,  pues  de  los  testimonios  de  los  militares que conformaban la unidad castrense al mando del  incriminado  Flórez  López,  no  es  posible arribar a las conclusiones que se  refieren en la demanda.   

         En  efecto,  en  su  declaración  el  cabo  tercero  Rodrigo Ortiz  Bonilla  fue  enfático  en  señalar  que la noche del 7 de febrero de 2010, su  superior  inmediato,  el  sargento  segundo  José  Fabián  Flórez  López, le  ordenó  que  lo acompañara hasta el municipio de San Juan de Arama para que le  prestara  seguridad,  a  donde  se  dirigieron  en  una  motocicleta  que había  conseguido  este  último.  Por  indicaciones  del  mencionado,  lo dejó en una  discoteca  y  esperó  afuera  hasta  que  salió  a  las 2:30 a.m., llevándolo  posteriormente  hasta el lugar donde se había establecido la tropa, trayecto en  el  que  sufrieron  un  percance al caer de la motocicleta, que le dejó algunas  lesiones a Ortiz Bonilla.     

         Dicho  relato,  en  cuanto  a  la  ausencia del procesado del lugar  donde  se  estableció  el  retén,  es corroborado por el soldado regular Jorge  Eliecer      Jiménez      Castaño,      quien      señaló     «arrancamos  a hacer el dispositivo con mi sargento [Flórez López]  sobre  la  carretera…  eso  fue  a  las  19:00 horas aproximadamente, y él no  había  entregado  la  moto,  él  le  dijo  a  mi  cabo  Ortiz [Bonilla] que lo  acompañara,  le  dijo cabiche (sic) cámbiese… de una él se fue y se cambió  de  civil  y  mi  sargento nos dijo que él no se demoraba que iba a entregar la  moto…  cuando  Melo el radio operador me llamó a las 04:00 horas, le dije que  (sic)  había  pasado,  y  me dijo que el sargento no había llegado»         

         En  el  mismo  sentido  el  soldado  regular Jhon Jaiber Gómez Paz  indicó  que  «llegó  una  información del coronel  Ernesto  Macías  Díaz que por la carretera iba a pasar un camión rojo el cual  llevaba  armamento y plata para la guerrilla, la orden fue que se saliera con un  equipo  de  combate  se  organizara  un retén para estar pendiente del camión,  después  de  eso nosotros quedamos solos, al mando de nadie… yo no sé a qué  horas  el  sargento Flórez se fue, pero sí sé que ese día salió, él se fue  acompañado  de mi cabo Ortiz… mi turno de centinela era de desde las 12 de la  media  noche  a las 2 de la mañana, y mi sargento no había llegado».       

         Y  los  demás  militares  al  mando  del  acusado, entre ellos los  soldados  regulares  Elkin Fernández Hernández, Cristian Jair León Albornoz y  Yonathan  Alejandro  Melo Córdoba, son contestes en señalar que Flórez López  no  estuvo  presente  en  el retén dispuesto por el comandante del Batallón de  Ingenieros  No.  2,  sino  que  se  limitó  a  ordenar  a  sus  subalternos que  implementaran el dispositivo y luego se fue del lugar.     

         Surge   patente  entonces,  que  la  prueba  testimonial  apunta  a  demostrar  sin  ambages  que  el  incriminado incumplió la orden emitida por su  superior,  toda  vez que dejó en manos de sus subalternos el retén y no estuvo  presente  para  comandar  directamente la eventual interceptación del vehículo  que    en   últimas   fue   la   razón   para   la   instalación   de   dicho  dispositivo.   

         Así  lo  concluyó  el ad quem, que luego de citar algunos apartes  relevantes  de  las  declaraciones  de  los  militares que conformaban la unidad  castrense al mando del acusado, señaló:   

El dicho de los testigos no fue desvirtuado,  ni  se  avizora  ánimo  de perjudicar al procesado o favorecerlo, por lo que al  ser  analizado en conjunto y encontrar su coherencia, espontaneidad y logicidad,  permiten  arribar  a  la  conclusión  que  llegó el a quo cuando arguye que no  existe  duda  que  el  procesado ss. Flórez López José [Fabián], no cumplió  una  orden  que  le  fue  impartida… pues lo que dispuso el comandante era que  Flórez  [López]  montara un retén, lo comandara durante el tiempo determinado  y  detuviera  el  vehículo  objeto  de  información; lo que hace el suboficial  Flórez  [López]  al  ausentarse  del  retén  no  es  cambiar  o variar alguna  característica  esencial de la orden, sino incumplirla, pues era su obligación  permanecer  allí  ejerciendo  el  mando y controlando el retén para evitar una  actividad  delictiva que acontecía; pero al dejarlo de hacer comprometió en su  integridad la orden emitida   

         Así  las cosas, la Corte advierte que, de una parte, los elementos  de  juicio  allegados  al proceso sustentan el compromiso de responsabilidad del  incriminado  José Fabián Flórez López en el delito desobediencia por el cual  fue  acusado  y  condenado en las instancias, y, de otro lado, los razonamientos  del  Tribunal  Militar  en  punto  de  la  valoración  probatoria no se ofrecen  caprichosos,  arbitrario  o  infundados  como  lo  afirma,  sin  demostrarlo, el  censor.      

         En tales condiciones, se impone el rechazo del cargo.   

5.  Evidenciadas  las  graves  falencias  de  lógica y adecuada fundamentación en que incurre el  impugnante  al  desarrollar  las censuras ensayadas, ninguna de las cuales tiene  la  capacidad  de  derruir la dual presunción de legalidad y acierto que cobija  la   sentencia   confutada,   se  inadmitirá  la  demanda  de  casación.    

         6.  Si  bien  la  Corte  advierte que el  juzgador  de primer grado no se pronunció en relación con las penas accesorias  de     separación    absoluta    de    la    Fuerza    Pública    –art.     54     C.P.M.–   e   interdicción   de   derechos       y       funciones       públicas     –art.     56    ibídem–,  que  según  lo  normado  por  el  artículo  60  ejusdem  implica  la  pena  de  prisión  impuesta al sentenciado  Flórez  López,  el yerro no puede enmendado en sede del recurso extraordinario  de  casación,  so  pena  de  quebrantar el principio que prohíbe la reforma en  peor  cuando de apelante único se trata, como ocurre en el asunto de la especie  con el procesado en mención.     

         Por  lo  demás,  no  se  vislumbra  vulneración de garantías que  imponga  superar los defectos de la demanda, en orden a intervenir oficiosamente  para  asegurar su protección, conforme lo prevé el artículo 216 de la Ley 600  de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  LA CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del sargento segundo José  Fabián Flórez López, miembro del Ejército Nacional.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

         Cópiese,  notifíquese  y  cúmplase.  Devuélvase  al Tribunal de  origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  5 C.O. 1   

2 Folio  94 ídem.   

3 Folio  184 ídem.   

4 Folio  97 C.O. 2   

5 Folio  110 ídem.   

6 Folio  153 ídem.   

7 Folio  231 C.O. 3   

8 CSJ  AP,  18  abr.  2007,  rad.  26916  y  CSJ  AP,  27  feb. 2012, rad. 38100; entre  otros.    

9 CSJ  SP,  13  sep. 2006, rad. 21596; CSJ AP, 14 feb. 2002, rad. 18457; CSJ SP, 4 ago.  2004, rad. 21287 y CSJ SP, 22 jun. 2006, rad. 24824; entre otras.   

10 Real  Academia  Española.  1992.  Diccionario  de  la  lengua española (21. ª ed.).  Madrid, España.   

11  Ídem.     

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