AP7597-2014(43447)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP7597-2014  

Radicación N° 43.447  

(Aprobado Acta N°  428)   

Bogotá D.C., diez (10) de diciembre de dos  mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Corte  las  bases jurídicas y  lógicas  de  la demanda de casación presentada por el defensor de Blanca   Ramírez   Caicedo   contra  la  sentencia  proferida  el  12 de noviembre de 2013 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de Buga, que confirmó la emitida, el 18 de septiembre del mismo año,  por  el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Palmira, por cuyo medio la condenó  en   calidad  de  autora  del  delito  de  fabricación,  tráfico  o  porte  de  estupefacientes.   

HECHOS     Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal en los siguientes términos:   

El  8  de  abril  de  2005 a las 7:30 de la  mañana  agentes  de  la Policía Nacional recibieron la llamada de un ciudadano  que  no  quiso  identificarse  por  razones  de  seguridad, informando que en la  vivienda  ubicada  en  la  calle  27  No.  21-17  Barrio  El Trébol de Palmira,  guardaban  sustancia  estupefaciente,  por  lo que se dirigieron hasta el lugar,  donde  fueron  atendidos  por la señora Luz Dary Guarín Parra, quien permitió  el  registro  voluntario  del  inmueble,  habiendo encontrado en la lavadora una  bolsa  plástica  transparente que contenía en su interior sustancia vegetal de  olor  y  características similares a la marihuana, la que al pesarla arrojó un  peso neto de 120 gramos.   

De  igual  forma,  en  la habitación de la  señora  Blanca Ramírez Caicedo propietaria del inmueble, se encontró una caja  de  cartón,  en la que había una bolsa color beige contentiva de 530 gramos de  sustancia  pulvurulenta  con  características similares a la cocaína, frente a  la  cual  la precitada dijo que era de su propiedad y que se la había entregado  una      mujer      llamada      “Claudia”.1   

2.  El  mismo  día,  la Fiscal 86 Local de  Palmira  de  la  Unidad de Reacción Inmediata profirió resolución de apertura  de           investigación          previa2   y,   tras   escuchar   en  declaración  al  agente  de la Sijin a cargo de la diligencia de allanamiento y  registro,   declaró   formalmente   abierta   la   instrucción  y  ordenó  la  vinculación  mediante  indagatoria  de Blanca Ramírez  Caicedo3.   

3.  El  12  del  mismo  mes,  el Fiscal 143  Seccional   de   la   referida   ciudad  volvió  a  decretar  la  apertura  del  sumario4.   

4.  Previa declaración del 26 de diciembre  de   2006   de   ilegalidad   de   la   captura   de   la  señora  Ramírez             Caicedo5,  el  Fiscal 141 Seccional le  definió  la  situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención  preventiva6,  decisión  contra  la  cual la defensa interpuso los recursos de  reposición   y   apelación   que  fueron  desatados  desfavorablemente  a  sus  intereses,    el    9    de    febrero   de   20077  y  el  16  de  diciembre  de  20088, respectivamente.   

5.  El 4 de febrero de 2008 se clausuró el  ciclo                   instructivo9.   

6.  El mérito del sumario se calificó con  resolución   de  acusación  del  18  de  febrero  de  2009  contra  Blanca  Ramírez  Caicedo, en calidad de  presunta   autora   del   delito   de   fabricación,   tráfico   o   porte  de  estupefacientes,  tipificado  en  el  artículo  376,  inciso  3º,  del Código  Penal10.   

7.  Contra  el pliego de cargos, la defensa  intentó  los  recursos  horizontal y vertical. El primero se resolvió el 18 de  noviembre  de  la  misma  anualidad  en  el  sentido de no reponerla11   y   el  segundo  el  16  de  febrero  de  2011  por la Fiscalía Octava Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Cali,  absteniéndose  de conocer la impugnación habida  cuenta   que   advirtió  que  la  sustentación  fue  extemporánea12.   

8.  El  10  de  marzo  siguiente el Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Palmira  avocó  el  conocimiento del asunto y  ordenó  correr  el  traslado  de  que  trata  el artículo 400 de la Ley 600 de  200013.   

9. La audiencia preparatoria se celebró el  4         de         agosto         posterior14  y  la  vista  pública  de  juzgamiento  se  llevó a cabo el 6 de marzo de 201215.   

10. Mediante sentencia del 18 de septiembre  de    2013,   Blanca   Ramírez   Caicedo  fue  declarada  penalmente  responsable  en calidad de autora del  delito  por  el que fue acusada. En consecuencia, resultó condenada a las penas  principales  de setenta y dos (72) meses de prisión y multa en cuantía de cien  (100)  salarios mínimos legales mensuales vigentes, así como a la accesoria de  «interdicción    de    derechos    y    funciones  públicas»16  por  el  mismo lapso de la  sanción  privativa  de  la  libertad.  También,  se  le  negó  la suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria17.   

11.  Inconforme  con  el  fallo  de primera  instancia,  el  defensor  contractual interpuso el recurso de apelación que fue  confirmado  el  12  de noviembre de 2013 por la Sala Penal del Tribunal Superior  de    Buga18.   

12. Contra este proveído el apoderado de la  enjuiciada                 interpuso19   y  sustentó20  oportunamente el recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Previa  identificación  de  los  sujetos  procesales  y  de  la  sentencia impugnada, el recurrente sintetiza los hechos y  alude  a  las  finalidades  del  artículo  206 de la Ley 600 de 2000 para luego  indicar  que  se  afectaron los derechos o garantías fundamentales –no explica de quién-.   

Postula  un cargo por la senda de la causal  tercera  del  «artículo  206 (sic) de la Ley 600 de  2000»21  e  invoca  la  nulidad del  fallo  de  segundo  nivel  por  vulneración  del  debido proceso respecto de su  prohijada.   

A  efecto  de  fundamentarlo,  el  letrado  explica  que  el  procedimiento  de  ingreso  de los agentes de la Policía a la  vivienda    de    la    procesada,   con   el   propósito   de   «auscultar         una         actividad        ilícita»22,  fue ilegal, cuestión que  ha   sido   infructuosamente   discutida   por   la   defensa  a  lo  largo  del  proceso.   

Con  apoyo  en los artículos 29 Superior y  306  del  Código de Procedimiento Penal del 2000 y la sentencia CSJ SP, 16 may.  2002,  rad.  11.923  de la Sala de Casación Penal, así como de acuerdo con los  principios  de  taxatividad  y  trascendencia,  asevera  que  el  único remedio  procesal,  en  el  presente  caso,  es  «reversar la  actividad  procesal,  desde  el  momento  en que se generó el acto irregular de  registro  y  allanamiento  a  morada,  sin  autorización  u  orden de autoridad  competente     previamente     creada»23.   

Aquí, aclara que no operó el postulado de  convalidación,  sobre  todo  porque  la  persona que consintió el ingreso a la  residencia  de  la  acusada  «es  ajena  total  a la  investigación,   es   decir,   nunca   fue  vinculada  mediante  diligencia  de  indagatoria»  y  rindió  su versión jurada sin que  haya   sido   investigada   por   falso  testimonio24.   

En  criterio  del  letrado, el ad  quem distorsionó la declaración de  Luz  Dary  Guarín  Parra,  cuando  aseguró  que  ni  ella  ni la enjuiciada se  refirieron  a  la  utilización  de  la  fuerza  o de las armas por parte de los  uniformados, para doblegarle a la primera la voluntad.   

Así  mismo,  le  parece  curioso  que  la  colegiatura  haya  estimado  que  las  aludidas señoras carecen de pruebas para  acreditar  que  dichos  funcionarios  amenazaron  a  Luz  Dary  con utilizar una  segueta si no les permitía voluntariamente el acceso.   

Al   respecto,  el  jurista  se  pregunta  «como   (sic)   puede  el  Tribunal  exigir  a  una  declarante        que        demuestre        tal        situación?»25  y  cree  que para resolver  este  cuestionamiento,  ese  testimonio  no  puede  ser  descontextualizado sino  examinado a la luz de los principios de la sana crítica.   

El profesional del derecho es de la idea que  si  Luz  Dary no residía en el lugar y solamente estaba cuidando a un menor, al  punto  que  no  fue  capturada  en  tanto  manifestó  que  a ella no la estaban  buscando,  no  era  viable  avalar,  como  lo  hizo  la magistratura, el acta de  registro.   

El  defensor admite que en la residencia de  su  representada  sí  se  encontró sustancia estupefaciente, pero disiente del  procedimiento  empleado para recaudarla, toda vez que no existió orden judicial  ni     autorización    de    los    verdaderos    moradores    del    domicilio  allanado.   

Para  el  abogado,  tal  diligencia  es tan  ilegal  como  la  captura  de  su  asistida,  al  punto que la Fiscalía hubo de  concederle  a  su prohijada la libertad, mediante resolución del 13 de abril de  2005, por no tratarse de una situación de flagrancia.   

El  recurrente  considera que el precedente  citado  por la Sala de Decisión Penal –sentencia  CSJ  SP, 28 jun. 2000, rad. 10797- es desproporcionado y  no  se  adecúa al asunto de la especie, por cuanto aquí no existió flagrancia  y solo el Fiscal, con motivos fundados, podía ordenar el registro.   

En   ese   sentido,   precisa   que   la  interpretación  del  juez  plural sobre las excepciones al principio de reserva  legal,  de  cara  a las normas nacionales y los instrumentos internacionales, es  equívoca  ya  que  la procesada no estaba en flagrancia, no pesaba en contra de  ella  orden  de  captura  y  tampoco  estaba  cometiendo  el  delito  cuando los  policías entraron a su vivienda porque no se hallaba en ese lugar.   

Enseguida, cita un fragmento de la sentencia  C-806  de  2009,  en  punto  de  los  requisitos  para registrar un domicilio en  vigencia  de  la  Ley 906 de 2004 y destaca que, en el caso concreto, el control  posterior  por  parte  de  un  juez  de  control  de  garantías, «brilla   por  su  ausencia»26.   

Insiste,  asimismo,  en  que  Luz  Dary fue  forzada  a  autorizar  el  acceso  de  los  uniformados  a  la  residencia de la  procesada,  agregando  que  no  existió  ninguna  consideración  frente  a  la  presencia  del menor de edad que se encontraba en el sitio y no estaba protegido  por sus padres o representante legal.   

Solicita casar el fallo impugnado y declarar  la  nulidad  de todo lo actuado desde la resolución de apertura de instrucción  del 8 de abril de 2005.   

CONSIDERACIONES  

En  orden a derruir la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  recae  sobre  el  fallo de segundo grado, el recurso  extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  respetando las formalidades  técnico  jurídicas previstas en la ley y la jurisprudencia, según se trate de  cada  una  de  las  causales  establecidas  en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   

En ese sentido, la demanda debe ser íntegra  en  su formulación, suficiente, clara y precisa en su desarrollo y eficaz en la  pretensión,  de  tal  suerte  que  se debe soportar en los principios que rigen  este  mecanismo  de  impugnación,  en  especial,  los  de claridad, precisión,  fundamentación,  prioridad,  no contradicción y autonomía, sin que sea viable  argumentar  a la manera de un alegato de instancia.  La proposición de los  cargos  exige  escoger  adecuadamente la causal y el sentido de la violación y,  concretar el disenso en términos de trascendencia.   

De  conformidad  con  el  artículo 213 del  Código  de  Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá el libelo, porque  no  reúne  las  exigencias  mínimas  previstas  en  el  canon  212  del  mismo  Estatuto.   

1. Según lo establece el artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal  del  2000,  la  casación  procede contra las  sentencias  “proferidas en segunda instancia por los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial  (…)  en  los  procesos  que se  hubieren  adelantado  por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años” y,  excepcionalmente,  de  manera  discrecional, respecto de otros fallos de segundo  nivel   cuando   la   Corte  lo  estime  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, a condición de  que reúna los demás presupuestos de ley.   

El  mérito  del sumario fue calificado con  resolución  de  acusación por el delito de tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  el cual  está  descrito  en  el  artículo  376,  inciso  3º,  de  la  Ley 599 de 2000,  adecuación típica que fue acogida en los fallos censurados.   

La  conducta  señalada  tiene prevista una  pena   de  6  a  8  años  de  prisión,  supuesto  objetivo  que  determina  la  improcedencia de la casación ordinaria, en el caso concreto.   

Sin  embargo,  desatendiendo tales límites  punitivos  el  recurrente  no  hizo manifestación alguna en orden a postular el  recurso  por  el  sendero  discrecional, y mucho menos demostró la necesidad de  que  la  Corte  avoque  el  conocimiento  del  asunto  para  los  fines  recién  señalados.   

Si la admisión del libelo tiene por objeto  desarrollar  la jurisprudencia, el casacionista debe explicar con suficiencia en  qué  sentido  lo  pretende,  es  decir,  si  lo  procurado  es fijar el alcance  interpretativo   de  una  norma,  la  unificación  de  posturas  hermenéuticas  distintas  frente a un mismo tópico, el pronunciamiento sobre algún aspecto no  desarrollado  por  vía  jurisprudencial o la modificación de una posición que  no se atempere a la Constitución o la ley.   

En  ese  ejercicio,  el  recurrente se debe  apoyar  en  la  jurisprudencia  existente y argumentar con claridad y precisión  cuáles  son  los  cambios  o  variaciones  que se tienen que introducir en sede  extraordinaria  con  el objeto último de perfeccionarla y de servir de criterio  auxiliar de la actividad judicial.   

Cuando la pretensión admisoria se funda en  obtener   la   protección  de  los  derechos  fundamentales  de  las  partes  o  intervinientes,   corresponde  al  censor  demostrar  la  irregularidad  que  se  posiciona  en  directa  afrenta  con  la  garantía cuya salvaguarda se procura,  indicar  las  normas constitucionales y legales que protegen el derecho invocado  y la forma como fue desconocido en el fallo recurrido.   

En  ninguno  de  los  sentidos  descritos  procedió  el  libelista.  Solo  se  advierte  una  escasa mención al contenido  normativo  del  artículo  206  de  la Ley 600 de 2000 y la manifestación en el  sentido  que, en el asunto de la especie, se afectaron los derechos o garantías  fundamentales.   

2.   Lo   dicho  en  precedencia  sería  suficiente  para  inadmitir  la  demanda,  en  tanto la acreditada ineptitud del  reparo  excepcional  así  lo  condiciona;  no obstante, la Sala demostrará que  tampoco  supera el juicio lógico jurídico de admisión. Las siguientes son las  razones:   

2.1. Suficientemente se ha establecido que  cuando  lo  cuestionado  es  la  diligencia  de allanamiento en tanto método de  investigación  tendiente  a  lograr  el  registro  de  un domicilio y a obtener  evidencia  o  información que permita establecer la materialidad de la conducta  punible  y  la  responsabilidad  del  infractor penal, o bien frente al medio de  persuasión  obtenido a través de la misma, la ruta de ataque debe ser la de la  infracción  indirecta  de  la ley sustancial por error de derecho en el sentido  de falso juicio de legalidad.   

Y es que si el allanamiento es la fuente de  la  prueba,  y  la  inconformidad  surge,  precisamente,  por  la asignación de  mérito  a  un elemento de convicción que adolece de problemas en su formación  o  aprehensión, no es la causal tercera de nulidad la llamada a invocar sino la  causal   primera,   cuerpo   segundo   del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000.   

En este sentido, se ha pronunciado la Sala  en repetidas oportunidades (CSJ AP, 27 feb. 2012, rad. 38.153):   

Con  independencia  de  que  pudiera  o no  asistirle  razón en que se estaba ante un allanamiento ilegal, lo cierto es que  la  ilegitimidad  de esa diligencia no genera la invalidación del trámite, por  cuanto  la  irregularidad  cobijaría  exclusivamente  tal acto, que simplemente  debería  tenerse  por  inexistente, pero esa exclusión en modo alguno vicia de  nulidad las actuaciones posteriores.   

Ahora, si la pretensión apuntaba a que se  tuvieran  por  nulas  de pleno derecho las evidencias logradas en esa diligencia  de  registro,  la  vía  para  hacerlo  tampoco  era  la de nulidad, en tanto la  jurisprudencia  tiene  suficientemente establecido que ese supuesto de “prueba  nula  de  pleno  derecho”  realmente  equivale  a  la inexistencia, lo cual no  afecta  el  proceso  en sí mismo, sino que impone que el elemento probatorio no  sea considerado por los jueces.   

En      esas      condiciones,  aunque  la  defensa  no  se  ocupó  del  tema,  si  su  pretensión  era  que  se  excluyeran  las  pruebas  recolectadas en el supuesto  allanamiento  ilegal,  ha  debido  acudir  a  la violación indirecta en aras de  lograr la exclusión de los medios de convicción ilegales.   

2.  Los  anteriores  aspectos  han  sido  decantados  con  suficiencia  por  la Corte, como se lee en  los siguientes  apartes (sentencia del 22 de agosto de 2002, radicado 14.616).   

En  ese  orden,  es clara la equivocación  metodológica   del   letrado  al  intentar  la  censura  por  la  senda  de  la  invalidación,  misma que, de cualquier manera, estaba destinada al fracaso, por  no soportar juicio de trascendencia alguno.   

En  verdad, eventualmente, contrario a las  estimaciones  de  los  juzgadores,  podría argumentarse en gracia de discusión  que  no  es clara la situación de flagrancia que se dedujo, a fin de alterar el  alcance  de la cláusula de reserva judicial en torno al allanamiento y registro  de  domicilio  privado,  por  cuanto  pese  a  la  flagrancia  permanente que la  jurisprudencia  imperante  infiere  de  la  conservación  ilegal  de sustancias  estupefacientes  (CSJ  SP, 18 di. 2003, rad. 16.823), la acusada no estaba en su  domicilio cuando aquél se practicó.   

No obstante, es lo cierto que, una persona,  con  autoridad  común sobre el inmueble: la empleada doméstica de Blanca  Ramírez  Caicedo,  a  cuyo cargo  estaba     su     hijo     menor    –independientemente  de que fuera o no vinculada al proceso y de que  no   residiera   permanentemente   en   la   vivienda-,  autorizó  voluntariamente  tanto  al acceso de los  uniformados  de  la  SIJIN  a  la  residencia  como  al  registro  de  la misma,  circunstancia  que  constituye  una  excepción  válida a la orden judicial por  parte del fiscal.   

Esto,  por cuanto, en estricto sentido, no  cabe  hablar de allanamiento cuando la penetración de la autoridad al domicilio  ajeno,  se  realiza  con  la  aquiescencia  del  morador o persona con autoridad  común   sobre   el   bien   inmueble,   y   ésta   permite  la  revisión  del  lugar.   

En sentido similar, en una oportunidad, la  Corte  se  pronunció  de  la  siguiente  manera  (CSJ  SP,  10  ago. 2000, rad.  13567):   

De  otra  parte,  el  hecho  de  que  los  inquilinos  de  la  habitación donde se guardaba el armamento no se encontraran  presentes  en  el  momento  de  la realización de la diligencia de registro del  inmueble  no  modifica en nada la situación. Basta que el único morador que se  encuentre  en el inmueble en esa oportunidad acceda libre y voluntariamente a la  petición de la autoridad para explorar el lugar.   

En  lo  subsiguiente,  la  Sala  ha  sido  constante  en señalar que siempre que, sin existir vicio del consentimiento, no  haya  oposición  del morador a la diligencia de ingreso y registro al domicilio  ajeno,  sobre la base de la expectativa razonable de intimidad, el procedimiento  y la evidencia, en ella recuperada, será lícita.   

2.2.  A  lo anterior, es necesario agregar  que  el  censor,  también, erró en la escogencia de la vía para denunciar una  presunta  tergiversación  del  testimonio  de  Luz  Dary  Guarín Parra, habida  cuenta  que, un reclamo así, únicamente era posible conforme al error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  para  lo  cual le correspondía al libelista  identificar,  en  términos  exactos,  lo  que  dimanaba  de la declaración, de  acuerdo  con  su estricto contenido material, y lo apreciado por el sentenciador  respecto  de  idéntico  medio  de  convicción,  realizando  el correspondiente  cotejo  entre  los  dos  textos  y  enseñando  la  incidencia del defecto en la  decisión final.   

Con nada de ello cumplió el letrado, quien  limitó  su argumentación a señalar que el Tribunal sostuvo que ni la referida  testigo  ni  la  procesada  mencionaron la utilización de la fuerza o de armas,  pero  no  solo  no  citó  los apartes de la prueba y del fallo correspondientes  sino  que  vulneró  el  principio  de  corrección  material,  en la medida que  descontextualizó   las   consideraciones   del   ad  quem    para    ajustarlas    a    su    particular  opinión.   

En efecto, verificada la sentencia acusada,  se  constata que si bien la colegiatura aseguró que dichas mujeres no aludieron  a  la  utilización  de la fuerza por los uniformados para lograr el acceso a la  vivienda  de  la  acusada, lo hizo justamente para significar, a partir del acta  de  registro  voluntario,  que ello no fue manifestado así por ellas durante la  diligencia  respectiva,  máxime  cuando  renglones atrás de la providencia, el  juzgador  plural  atendió la literalidad del medio de prueba, haciendo, para el  efecto,  expresa  mención  a  que  «la ciudadana Luz  Dary  Guarín  Parra  afirmó  que  abrió  la  puerta  del  inmueble porque los  policías   le   decían   que  de  no  hacerlo  “la  tumbaban  o  le  echaban  segueta”»27.   

La lectura, en contexto, del fragmento del  proveído reprobado permite aclarar meridianamente éste tópico:   

No  se  puede  dejar  de  lado,  que  las  ciudadanas  Luz Dary Guarín Parra y Blanca Ramírez Caicedo, en ningún momento  refirieron       que       los       uniformados       hubiera      (sic)  utilizado  las  armas o la fuerza  para  doblegar  su voluntad y así permitir el acceso al domicilio, sino que sin  ninguna  prueba  afirman que los policías manifestaron tumbar la puerta con una  segueta,  situación  que  no  fue  plasmada  en  el acta de registro voluntario  firmada  por  la  primera de las citadas, lo que conlleva a que la Sala no le de  credibilidad.28   

2.3.  Ahora,  en  este punto, en lo que no  constituye  más  que  un  alegato  de  instancia,  el  libelista  critica  a la  magistratura  por  exigir  de la procesada y de la mentada testigo alguna prueba  del  empleo  de la fuerza por parte de los agentes de la policía, inadvirtiendo  que  tal  propuesta  no  responde, en últimas, a censura alguna contra el fallo  confutado  y que, no es como pareciera sugerirlo el letrado, que se invirtió la  carga  de  la  prueba en desmedro de la presunción de inocencia que le asiste a  su  representada, sino que, ante la evidencia de un acta de registro voluntario,  en  la  que ni la mujer que atendió inicialmente la diligencia, ni la procesada  –habiendo  llegado  a su  vivienda  durante  el  transcurso  de  la  misma-  dejaron constancia de ninguna  circunstancia  anómala  ocurrida  en  su  práctica,  los juzgadores infirieron  lógicamente  que  la referencia a los supuestos abusos policiales no constituye  más que una estrategia tardía de defensa.   

2.4. Y, si como de forma velada lo expresa  el  profesional  del  derecho,  le  representaba  alguna  inquietud  la supuesta  descontextualización  de  la  versión  de  la  señora  Luz Dary por parte del  Tribunal  por no atender los principios de la sana crítica, ha debido acudir al  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  indicando  cuál  de las reglas de la  experiencia,  de  los  postulados  lógicos  o de las leyes de la ciencia fueron  birlados   en   el   caso  concreto,  cometido  completamente  ignorado  por  el  jurista.   

2.5.  Añádase  que,  al argumentar de la  manera  en  que  se  destaca,  el defensor, asimismo, vulneró los principios de  autonomía  y  no  contradicción,  habida  cuenta que involucró en un reproche  que,  original  y  erradamente perseguía la nulidad de la actuación, otro que,  de  prosperar  conllevaría  a  la emisión de fallo de reemplazo, consecuencias  jurídicas del todo excluyentes.   

2.6. Para finalizar, es claro el desacierto  del  demandante  al  reclamar el control posterior de legalidad del allanamiento  ante  el  juez de control de garantías, pues, como aquél mismo lo reconoce, la  actuación  surtida contra su asistida se surtió por el cauce del procedimiento  penal  instituido  en  la Ley 600 de 2000, que no en la Ley 906 de 2004, el cual  no exige tal presupuesto normativo.   

   

Siendo  lo  anterior así, es claro que no  hay lugar a admitir la demanda.   

Por  último,  la  Sala  no  observa otras  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni  motivos  que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al  expediente en razón de las finalidades de la casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Blanca   Ramírez   Caicedo   contra  la  sentencia  proferida  el  12 de noviembre de 2013 por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Buga.   

Segundo.  Contra  esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folios  1-2  de  la sentencia de segunda instancia a folios 287-288 del cuaderno  principal.   

2 Cfr.  folio    12    ibidem.   

3 Cfr.  folios 17-18 ibídem.   

4 Cfr.  folio          34          ibidem.   

5 Cfr.  folios         56-57         ibidem.   

6 Cfr.  folios         87-94         ibidem.   

7 Cfr.  folios        105-108        ibidem.   

8  A  cargo  de  la  Fiscalía Cuarta Delegada ante el Tribunal Superior de Cali. Cfr.  folios        126-145        ibidem.   

9 Cfr.  folio          117          ibidem.   

10 Cfr.  folio         151-161        ibidem.   

11  Cfr.     folios     179-181     ibidem.   

12  Cfr.     folios     187-195     ibidem.   

13  Cfr.       folio      209      ibidem.   

14  Cfr.     folios     218-219     ibidem.   

15  Cfr.     folios     245-254     ibidem.   

16  Entiéndase   inhabilitación   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  al tenor del artículo 44 de la Ley 599 de 2000. Cfr. folio 20 de la  sentencia    de    primera   instancia   a   folio   265   vuelto   ibidem.   

17  Cfr.         256-266         ibidem.   

18  Cfr.     folios     287-307     ibidem.   

19  Cfr.       folio      324      ibidem.   

20  Cfr.     folios     327-334     ibidem.   

21  Cfr.     folio     3    de    la    demanda    a    folio    329    ibidem.   

22  Ibidem.   

23  Cfr.     folio     4    de    la    demanda    a    folio    330    ibidem.   

24  Ibidem.   

25  Ibidem.   

26  Cfr.     folio     7    de    la    demanda    a    folio    333    ibidem.   

27  Cfr.  folio  13  de  la  sentencia de segunda instancia a folio 299 ibidem.   

28  Ibidem.     

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