AP7482-2014(42895)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP7482-2014  

Radicación N°42895  

(Aprobado Acta N° 420)  

Bogotá,  D.C., tres (3) de diciembre de dos  mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Frank  Jaime  Téllez  Herrera,  contra la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Barranquilla, que confirmó la  dictada  por el Juzgado Tercero Penal del Circuito con funciones de conocimiento  de  la  misma  ciudad y condenó al procesado como autor del delito de homicidio  culposo en concurso con lesiones personales culposas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El Tribunal resumió el aspecto fáctico  de la siguiente manera:   

De  acuerdo  al  contenido de la carpeta, se  tiene  que  para  el  día 29 de noviembre del año 2008, siendo aproximadamente  las  06:45  de  la  noche,  en la carretera vía al mar, kilómetro 108 más 600  metros,  lugar  donde  se  encontraba  estacionado  el  vehículo  clase  tracto  camión,  modelo 2007, color gris, placas UYT-872, conducido por el señor   FRANK  JAIME  TELLEZ  HERRERA,  que  fue  colisionado  por  otro  rodante  clase  camioneta  Nissan  Campero,  color gris, placas CDY-045, conducido por el señor  FRANCISCO  JOSE  QUINTERO  PINTO,  donde  además  se desplazaba la niña ORIANA  ANDREA  VÁSQUEZ  PAEZ,  falleciendo  a consecuencia de esta colisión; también  con  lesiones  NICOLLE  OSORIO SÁNCHEZ, MARÍA CAROLINA SÁNCHEZ PÁEZ, LILIANA  GUTIÉRREZ   SARMIENTO,   FRANCISCO   JOSÉ   QUINTERO  PINTO  (sic)1.   

2.  El 13 de agosto de 2009, ante el Juzgado  Doce  Penal Municipal con funciones de control de garantías de Barranquilla, se  llevó  a  cabo  audiencia  preliminar  de  formulación  de  imputación contra  Frank Jaime Téllez Herrera a  quien    el    mismo    despacho    se    abstuvo    de    imponer   medida   de  aseguramiento2.   

          3.  El Fiscal 39 Seccional de la Unidad de Vida presentó el escrito  de   acusación   el  1º  de  septiembre  de  20093  y  el  8 de marzo de 2010, el  Juzgado   Tercero   Penal   del   Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Barranquilla   realizó  la  respectiva  audiencia  de  formulación4.   

4.   Una   vez   se  agotó  la  audiencia  preparatoria   el   21   de   junio   de  ese  año5, el juicio oral se inició 1º  de          febrero          de         20116  y  culminó  26 de febrero de  2013    con    anuncio   de   fallo   condenatorio7.  Consecuente con el mismo, en  sentencia  del 23 de mayo de ese año, el funcionario de conocimiento condenó a  Frank  Jaime  Téllez Herrera  como  autor  responsable  del  delito  de  homicidio  culposo,  en  concurso con  lesiones  personales  culposas.  Le  impuso,  cincuenta  (50) meses de prisión,  multa  de  treinta  (30)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y la  accesoria  de  la  privación  del  derecho  a conducir vehículos automotores y  motocicletas  por tiempo igual a la pena principal, sin derecho a la suspensión  condicional   de   la   pena,   ni   a   la   prisión  domiciliaria8.   

5.  El  Tribunal  Superior de esa ciudad, al  resolver  el  recurso de apelación interpuesto por la defensa del procesado, en  providencia   del   18   de  septiembre  de  2013  confirmó  la  decisión  del  A        quo9.   

LA DEMANDA  

El  impugnante,  luego  de  identificar  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia, los sujetos procesales y de hacer un  recuento  de  la  actuación procesal, formula un cargo con estribo en la causal  tercera  del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por violación indirecta de la  ley  sustancial,  por  exclusión  evidente del artículo 32 del Código Penal y  aplicación    indebida    de    los    preceptos   109   y   120   ejusdem,    a   causa   del   manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la cual se ha fundado la sentencia.   

          En  el  desarrollo de la censura, extracta un aparte jurisprudencial  que  alude al error de hecho por falso juicio de existencia y, enseguida, afirma  que   el   Tribunal   incurrió   en   falsa   motivación  porque  «desconoce    flagrantemente   la   verdad   probada»,  y  que  los  errores  nacen  de  la apreciación de los medios de  prueba,   «al   ser   estos  totalmente  ignorados,  distorsionados    y    se    va    más    allá   de   los   límites   de   la  valoración».   

Agrega   que   las   pruebas  «no  fueron valoradas, ni interpretadas, ni tampoco fueron tenidas  en  cuenta  en  lo  que  tiene  que  ver  con  la  hipótesis  de  la  defensa»  pues    de    otra    manera    el    fallo   sería  distinto.   

En concreto, aduce que al informe científico  de  reconstrucción  del  accidente de tránsito, elaborado por la firma IRS, no  se  le  dio  el  valor  que realmente tiene, siendo un prueba fundamental porque  determina  las  causas  del  accidente  y  las  velocidades  en que viajaban los  vehículos,  esto  es,  que  el tracto camión estaba en marcha al momento de la  colisión  y  la camioneta Nissan, de placas CDY 045, se movilizaba a unos 117 a  125  kilómetros  por  hora  y,  conforme  a las reglas de la sana crítica, esa  velocidad  no le dio tiempo al conductor de realizar alguna maniobra para evitar  el accidente.   

Tampoco  se  tuvo  en  cuenta  el  informe  introducido  a  juicio  con el agente Sneider Rodríguez Romero, según el cual,  la  causa  del  accidente fue el exceso de velocidad del automotor conducido por  el señor Francisco Romero Pinto.   

Las  fotos  tomadas por el dueño del tracto  camión,  Julio Juzga Sánchez, quien llegó al lugar quince minutos después de  la   colisión,  fueron  igualmente  ignoradas,  y  en  ellas  se  evidencia  la  destrucción de la camioneta Nissan.   

Opina que de acuerdo con las declaraciones de  los  testigos  de  cargo  y de descargo, se concluye que el accidente se produjo  por  la  alta  velocidad  que  llevaba  el  señor Francisco Quintero Pinto y al  efecto  transcribe  apartes  de  las  declaraciones  rendidas por Carlos Alfonso  Hernández    Carrascal,    Ludis    María   Aguilar   y   Sneider   Rodríguez  Romero.   

Advierte  el  demandante que se incurrió en  error  al  desconocer las reglas de apreciación de las pruebas sobre las cuales  se  ha  fundado  la  sentencia,  por lo cual se le están vulnerado los derechos  fundamentales  a  su  defendido, quien fue condenado por unos hechos respecto de  los  cuales  es  inocente,  pues  se  ha  dicho  que  el  tracto  camión estaba  estacionado  y  sin luces, lo cual no es cierto según las pruebas recaudadas, y  además  conducía  despacio,  a  unos  25  kilómetros  por  hora porque estaba  serenando,    precaución    que    no    tomó    el    conductor    del   otro  vehículo.   

Al  finalizar,  precisa  que es necesaria la  intervención  de  la  Corte  para  restablecer  los  derechos  vulnerados  a su  asistido  y  concluye  que  si  el  juzgador  de  segunda instancia «hubiese  tomado  en  consideración  la  causal de inculpabilidad  concurrente»  y  no  hubiese  vulnerado las reglas de  apreciación de las pruebas, la decisión habría sido absolutoria.   

En  ese  sentido  solicita  casar  el  fallo  recurrido.   

CONSIDERACIONES  

1.  La Sala debe insistir, una vez más, que  en  cualquier  régimen  procesal,  la  demanda  de casación no se asemeja a un  alegato  de  libre  factura  que  permita  presentar  un criterio de valoración  alterno  al  del  juzgador.  El  libelo con el cual se promueve la quiebra de la  decisión  judicial,  debe  contener  un  mínimo  de  coherencia  y  precisión  conceptual  que  permita  establecer,  con  facilidad,  cuál es el error que se  atribuye   al   sentenciador   y   su   efecto   determinante  en  la  decisión  cuestionada.   

Es por ello que, en el sistema acusatorio de  la  Ley  906  de  2004,  el  artículo  184 prevé como requisitos que deben ser  cumplidos  por  el recurrente, la correcta selección de la causal invocada y el  adecuado  desarrollo de los cargos, cuya formulación independiente debe guardar  perfecta  relación  con el error denunciado, conforme lo imponen los principios  de no contradicción y autonomía que rigen en esta materia.   

Además  de  esos fundamentos, el impugnante  tiene  la carga de justificar la necesidad de intervención de la Corte, en aras  de  cumplir  con  una  de  las  finalidades  del  recurso, esto es, la  efectividad  del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a estos, y la  unificación de la jurisprudencia.   

2. La demanda que se examina es por completo  ajena  a las reglas que rigen la impugnación extraordinaria, porque el defensor  no  comprobó  que se hace imperativo restablecer las garantías fundamentales a  su  defendido,  según  lo denuncia, al tiempo que desatendió a los parámetros  lógicos,    argumentativos    y    de   postulación,   atinentes   al   motivo  invocado.   

2.1.  Cuando  se  reprocha  el  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la  cual  se  ha fundado la sentencia, motivo previsto en el numeral tercero del  artículo  181  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  es imperativo  concretar  y  desarrollar  de  manera  independiente,  los errores de hecho y de  derecho que se atribuyen al sentenciador.   

El defensor, al referir genéricamente y sin  distingo  de  ninguna  naturaleza, la violación indirecta de la ley sustancial,  pasa  por alto los distintos desafueros en que puede incurrir el juzgador. Así,  cuando  quebranta las reglas de producción,  se  estructura un error de derecho por falso juicio de legalidad,  porque  practicó  o incorporó pruebas sin observar los requisitos contemplados  en  la  ley  o,  excepcionalmente, un falso juicio de convicción porque valoró  algún  elemento  desconociendo las normas reguladoras de su mérito probatorio.   

Y,   cuando   desatiende   las  reglas  de  apreciación,  se configuran  los  errores de hecho que pueden surgir a través del falso juicio de existencia  -exclusión      o      suposición      de      una     prueba     –,    falso   juicio   de   identidad  –distorsión o alteración  del    contenido    material    o    expresión    fáctica   de   un   elemento  probatorio–  o  del falso  raciocinio               –desconocimiento     de     los     parámetros     de     la    sana  crítica-.   

Adicionalmente, la invocación de cualquiera  de  estos motivos precisa de la demostración del yerro y su trascendencia en la  parte resolutiva de la sentencia recurrida.   

2.2.  El  libelista  en  su disertación, no  concreta,  ni demuestra, cuál de los anteriores presupuestos pretende atribuir,  toda  vez  que,  en un comienzo, da a entender que se trata de un error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  en cuanto evoca jurisprudencia al respecto;  pero  luego  afirma  que  el  Tribunal  incurrió  en  falsa motivación, porque  «desconoce   flagrantemente   la  verdad  probada»  y  más  adelante dice que los errores de la sentencia  nacen   de   la   apreciación   de   los   medios   de   prueba,   «al  ser  estos  totalmente ignorados, distorsionados y se va más  allá de los límites de la valoración».   

Con  esa  incompatibilidad  argumentativa no  solo  infringe  el  principio  de  autonomía  de  las causales, sino que impide  entender   su   verdadero  propósito,  puesto  que  se  apoya  en  particulares  apreciaciones  que  no  revelan  la ocurrencia de algún desatino susceptible de  ser examinado en esta sede extraordinaria.   

De paso, desconoce abiertamente el principio  lógico  de  no  contradicción,  en  cuanto evoca una falsa motivación, que se  debe     denunciar     como     un     motivo     de     nulidad    –previsto     en     la     causal  segunda-,  y  al mismo tiempo pregona la ocurrencia de  errores  de  apreciación  probatoria que se repelen entre sí, sin advertir que  una     prueba    omitida    -falso    juicio    de  existencia-, no puede ser al mismo tiempo tergiversada  –falso   juicio   de  identidad-, porque ello implica que el juzgador sí la  tuvo  en  cuenta,  pero que distorsionó su contenido. En tanto que, un error de  valoración  supone,  necesariamente,  que  el  elemento  fue  apreciado  en  su  verdadera  dimensión,  pero  estimado  por  fuera de los parámetros de la sana  crítica     –falso  raciocinio-.   

Como  si  fuera  poco, a renglón seguido se  queja  de  que  las  pruebas «no fueron valoradas, ni  interpretadas,  ni  tampoco fueron tenidas en cuenta en lo que tiene que ver con  la  hipótesis de la defensa», evidenciando la mixtura  de  reproches  que  conspiran contra la viabilidad del recurso, más aun, cuando  apenas  deja  en  el  enunciado la supuesta vulneración de normas sustanciales,  esto   es,  la  exclusión  evidente  del  artículo  32  del  Código  Penal  y  aplicación    indebida    de    los    preceptos   109   y   120   ejusdem.   

2.3. Con todo, si fuera posible dejar de lado  las   falencias   reseñadas,  es  nítido  que  frente  a  los  elementos  cuya  valoración  puntual cuestiona el letrado, su discurso no pasa de ser la típica  oposición a la estimación judicial.   

Lo anterior es así, porque, sin identificar  las  reglas  de  la  sana crítica que –según  dice-  resultaron  desconocidas  al  momento  de  valorar el  informe  científico  de  reconstrucción  del accidente de tránsito, elaborado  por  la firma IRS, se limita a afirmar que no se le dio el valor que en realidad  tiene  y  que  se trata de un estudio fundamental en cuanto determina las causas  del accidente y las velocidades en que viajaban los vehículos.   

Esta forma de razonar no sirve para acreditar  que  el  juzgador  erró  al  momento de valorar la prueba, porque no identifica  frente  a  su  contenido  los  parámetros  de  apreciación  utilizados  por el  sentenciador,   en  orden  a  evidenciar  cuál  de  ellos  fue  incorrectamente  utilizado,  ni  deja  conocer  cómo,  la  corrección del yerro, necesariamente  cambia el sentido de la decisión.   

La  falta  de  sustento  y lo desatinado del  reproche  se  avizora sin dificultad, pues, justamente, los sentenciadores no le  asignaron valor suasorio a ese estudio técnico.   

Así  se  deriva  de  las  consideraciones  expuestas  por  el A quo, que  fueron  avaladas en su integridad por el Tribunal, al puntualizar que el físico  forense  Diego  Manuel  López  Morales  alimentó  ese  informe  con  elementos  probatorios  que  recogió  en  forma  indirecta, que no demuestran la velocidad  exacta  con  la que se desplazaba el conductor del campero, esto es, entre 114 y  122  kilómetros  por  hora,  ni  alcanza  a  desvirtuar  las  pruebas directas,  conformadas  por  otros deponentes, especialmente, por el testigo Carlos Alfonso  Hernández  Carrascal,  quien  se  encontraba  en el momento del accidente, a 60  metros  del  lugar del choque, y pudo ver el tracto camión parado, sin luces de  parqueo  ni  señalizaciones,  con  un solo foco de luz y adujo que el accidente  ocurrió cuando ya había oscurecido y estaba cayendo llovizna.   

De  otra  parte, se equivoca el casacionista  cuando  asevera  que  no  se tuvo en cuenta el informe de accidentes incorporado  con  el  agente Sneider Rodríguez Romero, pues en varios segmentos del fallo de  primera  instancia  se  menciona  tal  reporte  de  tránsito  realizado por ese  policial,  así  como  su  testimonio,  al igual que las fotos ingresadas por el  testigo Julio Enrique Juzga Sánchez.   

Distinto  es que, con base en esas probanzas  que  se  dicen  omitidas,  el  juzgador  no  hubiese acogido la tesis defensiva,  según  la  cual,  el  resultado  del  accidente  fue  producto  exclusivo de la  conducta  imprudente  del  conductor  de la camioneta Nissan, Francisco Quintero  Pinto,  toda  vez  que,  según  se  lee  en  el  fallo  de  primera  instancia,  «esa  tesis no fue confirmada en el grado de certeza  en  este  cierre  del  proceso  entre  otras  cosas, porque debemos recordar que  cuando  el  agente  de  tránsito Sneider, sentó la posible causa del accidente  solo  había  recogido la versión del conductor del vehículo No 1, hoy acusado  Fran       (sic)       Téllez       Herrera»10.   

3. Todo lo anterior obliga a insistir que el  recurso  extraordinario  no  es  una  sede  que  permita continuar con el debate  probatorio  agotado  al  interior  del  proceso  y  que,  por  tanto, es posible  realizar  toda  clase  de cuestionamientos. La jurisprudencia de la Sala ha sido  consistente  en  advertir  que  la  casación  precisa  de un discurso lógico y  coherente  en  el  que  se  formule  un juicio a la sentencia, con respeto a los  lineamientos  básicos  que  requiere la lógica del recurso, con miras a evitar  que se utilice como una tercera instancia.   

Para  ese  efecto,  debe  atender,  en  su  confección  a  los  principios  que  rigen la materia, así: el de sustentación  suficiente,  determina que  la  demanda debe bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del fallo;  el de limitación, presupone  que  la Corte no puede entrar a suplir los vacíos, ni corregir las deficiencias  de  la  demanda; el de crítica vinculante,  implica  que  la  alegación  se  debe  fundar  en  las  causales  taxativamente  previstas  en  la  ley,  atendiendo  a  los requisitos de forma y  contenido  de  cada  reproche,  y  los  de autonomía,  coherencia   y   no   contradicción,   comportan  la  postulación  independiente  de cada censura en procura de mantener la identidad  temática    y    evitar    la    entremezcla   de   argumentos   y   propuestas  excluyentes.   

Por  manera que, si el demandante pretendía  derruir   los   juicios   que  soportan  la  condena  de  su  defendido,  debió  enfrentarlos  en  su  real  dimensión,  y  a  partir de ese obligado referente,  demostrar  mediante  un  juicio  técnico  jurídico,  que  la  declaración  de  justicia   es   el   producto   de   sustanciales   errores   de   juicio  o  de  procedimiento.   

Bajo esos parámetros, se muestra desatinado  el  propósito de desquiciar la doble presunción que ampara el fallo de segunda  instancia,  a través de una argumentación dirigida a presentar una valoración  de  las  pruebas  distinta  a  la  efectuada  por  el juez plural, cuyo criterio  prevalece   al   del   sujeto   procesal,   en  cuanto  se  presume  acertada  y  legal.   

La  Corte no puede entrar a examinar simples  inconformidades  que  no cumplen con el requisito de claridad y precisión, pues  dada  la  ambigüedad  e  incoherencia argumentativa del libelista no es posible  extractar   la   verdadera   razón   que  lo  motivó  a  acudir  a  esta  sede  extraordinaria,  abandonando así el deber de comprobar la necesidad de un fallo  de fondo.   

          Como  se  había  señalado,  la  Sala  inadmitirá  el  libelo,  ante  las evidentes falencias de  debida postulación y argumentación.   

          Contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia, de  conformidad   con  lo  establecido  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004.   

         4.  No  obstante  surge  imperioso disponer que una vez tramitado el  mecanismo  de  insistencia, si es que se promueve y su resultado es opuesto, las  diligencias  regresen al despacho del Magistrado Ponente, en orden a examinar de  manera  oficiosa  la  posible  vulneración  de las garantías fundamentales del  procesado,  habida  cuenta  que  antes  de  dictarse  la  sentencia  de  segunda  instancia,  se suscitó la prescripción de la acción penal respecto del delito  de  lesiones  personales  y,  sin  embargo,  el  Tribunal  omitió  declararla y  efectuar el correspondiente ajuste punitivo.   

Tiene    dicho    la    Sala11 que, pese a  la  decisión  inadmisoria,  es  posible  ordenar  oficiosamente el trámite del  recurso  extraordinario  respecto  de  asuntos  ajenos  al  libelo  y que tengan  relación  directa  con  los  fines  de  la  casación,  esto  es,  la  efectividad  del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a estos, y la  unificación  de  la  jurisprudencia  (CSJ AP, 15 jul.  2007,  rad.  27383 y  AP, 4 mar. 2009, rad. 31109, entre otros).   

          Para  ese  efecto,  no  surge  necesario  convocar  a  audiencia  de  sustentación, ni surtir el traslado al Ministerio Público.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

PRIMERO.     INADMITIR    la demanda examinada.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia,  de  conformidad  con  el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

SEGUNDO. ORDENAR que  las  diligencias  regresen al despacho del Magistrado Ponente, una vez tramitado  el  mecanismo  de  insistencia, si es que se promueve y su resultado es opuesto,  en  orden  a  examinar  de  manera  oficiosa  la  posible  vulneración  de  las  garantías  fundamentales  de  los  procesados,  tal  como  se  dijo en la parte  considerativa de esta decisión.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folios 16 y 17 Cuaderno del Tribunal.   

2 Folio  1 del cuaderno original.   

3  Folios 3 a 16 Ib.   

4  Folios 51 y 52 Ib.   

5  Folios 100 y 101 Ib.   

6  Folios 141 y 142 Ib.   

7  Folios 348 y 349 Ib.   

8  Folios 428 a 455 Ib.   

9  Folios 16 a 32 cuaderno del Tribunal.   

10  Folio 432 cuaderno original.   

11     

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