AP7296-2014(42555)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Magistrado Ponente  

AP7296-2014   

Radicación     No.     42555   

(Aprobado  acta  No.    407)   

Bogotá, D. C., veintiséis (26) de noviembre  de dos mil catorce (2014).   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de  revisión  presentada  por  la  defensora  de  los  sentenciados  FERNANDO PÉREZ  RODRÍGUEZ  y  FLORENTINO GÓMEZ MOYA, contra el fallo  de  segunda  instancia  proferido  el 7 de junio de 2001, por cuyo medio la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Villavicencio, confirmó  la  condena  a  40  años  y  3  meses de prisión por el concurso de delitos de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.-  La    cuestión   fáctica   y   el  trámite  procesal fueron reseñados por el Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de   Villavicencio,  de la manera siguiente:   

“Los  hechos  que  dieron  origen  a  este  proceso  tuvieron  ocurrencia  la noche del 26 de febrero de 1998 en las canchas  deportivas  del  barrio  Villa  Olímpica  del  Municipio de Granada, cuando fue  sorprendido  y ultimado a bala el señor JOSÉ GREGORIO DÍAZ RESTREPO, quien se  hallaba  jugando  microfútbol con unos amigos, por un sicario que lo atacó por  la  espalda  mientras  que otro lo aguardaba cerca en una motocicleta en la cual  huyeron.  No  lejos de allí una patrulla del DAS hacía su recorrido y escuchó  los  disparos,  por  lo  que  los  detectives de inmediato se acercaron al lugar  donde  fueron  informados sobre los sucesos, la morfología de los sospechosos y  la  dirección  que  tomaron  y  salieron  en  su  persecución, alcanzando a la  entrada  de  los  Barrios  Nueva Granada e Iriqué a dos sujetos que coincidían  con    esos    datos,    “   que   –dice  el informe- caminaban rápidamente y en forma sospechosa y al  ser  interceptados  trataron de emprender la huida, viéndonos en la obligación  de  encañonarlos  con  nuestras  armas largas de dotación, gritándoles alto y  que  colocaran  las  manos  arriba,  los  que  se  negaban  y  no permitían ser  requisados,  procediendo  el  detective  de  placa  1014  a raparle a FLORENTINO  GÓMEZ  MOYA un arma que tenía empretinada; al indagarlos sobre el motivo de su  presencia,  no  dieron respuesta satisfactoria, procediendo a trasladarlos a las  instalaciones  del  DAS  para  los  trámites  de rigor. Una vez aquí el señor  Comandante  de la Policía se presentó manifestando que habían varias personas  que     confirmaban    que    los    capturados    eran    los    autores    del  homicidio”.   

Los capturados fueron FLORENTINO GÓMEZ MOYA,  a  quien  se  le  incautó  un  revólver  S.W.  cal.  38L  No.  B418331R, con 5  cartuchos,  sin  salvoconducto,  y  FERNANDO  PÉREZ  RODRÍGUEZ, quienes fueron  vinculados   legalmente   a   la   investigación,   negando   absolutamente  su  participación  en  el  homicidio,  incluso este último adujo desconocer que su  compañero  tuviera  en  su poder dicha arma, puesto que ese día simplemente se  encontraron  por  casualidad  en  un  bus  que venía de Mesetas, donde residen,  luego  en  Granada  al  pie  de  la  agencia de la Flota Macarena se tomaron dos  tragos  de  aguardiente,  donde  le  pidió  que  lo  acompañara  a  hacer  una  “vuelta”  y cuando iban caminando fueron interceptados por el DAS, siendo en  ese    momento    cuando    se    dio   cuenta   que   FLORENTINO   –a  quien siempre ha llamado ROBINSON-  portaba un revólver.   

Definida  la  situación  jurídica  de los  sindicados  con  medida de detención preventiva y practicadas numerosas pruebas  testimoniales  y de balística, se clausuró la etapa instructiva y se procedió  a  la calificación de fondo, mediante resolución del 19 de junio de 1998 de la  Fiscalía   28   delegada  ante  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Granada,  profiriéndose  en  su  contra  resolución  de  acusación  por  el  delito  de  homicidio,  consagrado  en  el  art. 323 CP (Ley 40/93,  art. 29), agravado  conforme  al  num.  7º  del  art.  324  CP  (Ley 40/93, art. 30), “porque los  sindicados  se aprovecharon del estado de indefensión en que estaba la víctima  en  el  momento  de los hechos”, en concurso con el de porte ilegal de arma de  fuego  de defensa personal, previsto por el art. 201 CP (Decr. 2664/86, art. 1º  adoptado   como   legislación   permanente   por  el  art.  1l  del  Decr.  2266/91).   

Notificado  el pliego formulado, el proceso  pasó  al  conocimiento  del  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Granada para el  juzgamiento.  Surtido  el  trámite perteneciente a esta etapa, se puso fin a la  instancia  mediante  la sentencia objeto de apelación, en virtud de la cual, en  cabal  congruencia  con  la  acusación,  se  impuso  a  los  procesados la pena  principal  de cuarenta (40) años y tres (3) meses de prisión y el decomiso del  arma  y  la  pena  accesoria  correspondiente,  siendo  relevados  del  pago  de  perjuicios por no haberse demostrado plenamente dentro del proceso.   

2.-  Mediante  providencia  de 7  de  junio  de    2001,  que  ahora  es  objeto  de  la acción de revisión, el Tribunal  Superior        del        Distrito        Judicial        de       Villavicencio,        resolvió       <<CONFIRMAR  la  sentencia  apelada, de fecha y procedencia anotadas,  con  excepción del numeral cuarto de la parte resolutiva, que se revoca para en  su  lugar condenar a FERNANDO PÉREZ RODRÍGUEZ y FLORENTINO GÓMEZ MOYA a pagar  solidariamente  a  favor  de  los  herederos  del  causante José Gregorio Díaz  Restrepo  el  equivalente  en moneda nacional a 1.000 gramos oro, por perjuicios  materiales,    y    a    200    gr.    oro,       por       los       morales       ocasionados>>,  al  resolver  en  segunda  instancia  el  recurso  de  apelación interpuesto por la  defensa.   

La demanda.  

Con   apoyo   en  la  causal  tercera   prevista   por  el  artículo  220 de la Ley 600       de       2000,    la  defensora  de  los  sentenciados  FERNANDO PÉREZ RODRÍGUEZ y FLORENTINO GÓMEZ  MOYA,    solicita  la  revisión  de la sentencia proferida en contra de sus representados.   

Manifiesta que con  posterioridad  a  la  sentencia  condenatoria  ha  aparecido  prueba  nueva,  no  conocida,  por  tanto,  al  tiempo de los debates, con capacidad de demostrar la  inocencia  de  los  condenados  y  derruir  los  soportes  de la declaración de  condena.   

Sostiene  que  la  prueba  nueva que aporta,  <<es  la  confesión  rendida en versión libre  conjunta  bajo  el  amparo  de  la Ley 975 de 2005, de fecha 26 de septiembre de  2011  por el postulado JOSÉ VICENTE RIVERA MENDOZA alias “soldado”, antiguo  miembro  del  “Bloque  Centauros  de  las AUC”, quien confesó ser el único  ejecutor    material    del    homicidio    de   JOSÉ   GREGORIO   DÍAZ  RESTREPO ocurrido el día 26 de febrero de 1998 en la cancha  de  Villa Olímpica del Municipio de Granada (Meta) y en la cual aclaró que los  condenados  señores  FERNANDO  PÉREZ  RODRÍGUEZ  y FLORENTINO GÓMEZ MOYA, no  tuvieron  nada  que  ver  en  dicho  homicidio.  Dicha  confesión  la  reiteró  enfáticamente  el  referido  postulado el 23 de febrero de 2012 en audiencia de  formulación  de  imputación  que  sobre  dichos  hechos  y  delito realizó la  Magistratura     de     Justicia     y    Paz    del    Tribunal    Superior    de   Bogotá>>.   

Refiere  que  en dicha versión,  el  postulado  detalla minuciosamente las circunstancias en que  se  llevó  a  cabo  el  homicidio  que  confiesa,  indica los alias de los  sujetos  que ordenaron la ejecución del mismo,  y manifiesta que no tenía  conocimiento de la condena impuesta a los hoy sentenciados.   

Después    de   aludir   a  algunos de los medios de convicción recaudados en el juicio que  culminó  con  la  sentencia  en  firme, tales como el acta de levantamiento del  cadáver,  el  protocolo  de necropsia, y  las  declaraciones  de  Mercy Guzmán Ramírez, José Guillermo  Useche,  Luz  Gloria  Restrepo  Mazo,  Nilson  Bolaños,  José  Fernando Loaiza  Pedraza,  Libardo  Reina  Pardo  y  Víctor  Manuel Muñoz Villamil, precisa que  <<en el informe de balística realizado por el  Laboratorio  de  Balística  Forense  del  Instituto  de  Medicina  Legal,    se   concluyó   que   los  proyectiles  encontrados  en el cadáver y sometidos a estudio fueron disparados  de un revólver calibre 38>>.   

Sostiene   además   que   <<en   la  diligencia  de  versión  libre  rendida  por  el  postulado  luego  de  éste describir con exactitud los hechos del homicidio que  confiesa,  la  madre  de la víctima señora LUZ GLORIA RESTREPO MAZO quien hace  parte  del  proceso  de  Justicia  y  Paz  en  calidad  e víctima indirecta del  homicidio  de JOSÉ GREGORIO DÍAZ RESTREPO, manifestó que la muerte de su hijo  ocurrió   tal   y   como   lo   señaló   el   postulado  a  lo  largo  de  su  declaración>>.   

Agrega que como resultado de confrontar las  pruebas  anteriormente  mencionadas  con  la  versión  libre rendida por el  postulado      RIVERA     MENDOZA,     se     establece     que     <<los  hechos  que éste confiesa son exactamente los mismos  hechos  por los cuales fueron condenados los señores FERNANDO PÉREZ RODRÍGUEZ  y  FLORENTINO  GÓMEZ  MOYA>>, como asimismo se  colige  de  la  investigación  realizada  por  la  Unidad de Fiscalías para la  Justicia    y    la  Paz,       lo       que       motivó  que al postulado se le imputara la  realización  de  dicho  delito  en  condición  de autor material, <<y  como autores mediatos a los postulados MANUEL DE JESÚS  PIRABÁN  alias  “Pirata”  y  Jorge  Humberto Victoria Oliveros alias “Don  Raúl”,  siendo estos postulados al proceso de Justicia como antiguos miembros  del  “Bloque Centauros de las AUC”>>, cuyas  versiones  dan  cuenta  que para esa época la comandante de las autodefensas en  esa  zona  del  país  era  la  mujer  identificada con el alias de “Silvia”,   así   como   de   la  militancia    del    sujeto    apodado    “Negro  Cremallera”.   

Insiste  en  sostener  que  no  existe duda  alguna  de  la relación entre la prueba nueva que aduce y los hechos que fueron  materia  de  juzgamiento,   de modo que si se hubiera conocido al tiempo de  los  de  los  debates,  la  verdad  procesal  declarada  habría  sido  distinta  <<porque    indiscutiblemente   se   hubiera  establecido  que  fue  JOSÉ  VICENTE  RIVERA  MENDOZA  alias  “soldado”  en  compañía  del  “Negro  cremallera”  quien en la noche del 26 de febrero de  1998  por órdenes de alias “Silvia” cometió el homicidio de José Gregorio  Díaz Restrepo>>.   

En    punto    de    la    <<trascendencia  de  la  prueba  nueva  aportada>>,  sostiene   que  la  confesión  del  postulado  José  Vicente  Rivera  Mendoza,  <<en   donde  narra  el  verdadero  acontecer  fáctico  del  homicidio  del  señor José Gregorio Díaz Restrepo, derruye los  sustentos  probatorios  en  que  se  basó  la  condena de los señores Fernando  Pérez  Rodríguez  y  Florentino Gómez Moya>>.   

Manifiesta  al  respecto  que  pese  a que en el fallo se declara que los autores del homicidio  huyeron  en  una  motocicleta,  lo cierto del caso es  ésta  jamás  fue encontrada, y ello es así porque  Fernando  Pérez  no  hizo  los disparos, ni Florentino Gómez fue quien condujo  dicho  vehículo,  <<toda  vez  que  fue JOSÉ  VICENTE  RIVERA MENDOZA alias “Soldado” el “verdadero autor” quien huyó  con  el  “negro  cremallera”  del  lugar  de  los  hechos  en la motocicleta  señalada    por    los    testigos    sin   dejar   rastro   alguno>>.   

En  relación con el informe del  estudio  de  balística realizado a  los  proyectiles  encontrados  en  el  cuerpo  de la  víctima    y   su   confrontación   con    el    arma    incautada   a   los   procesados,   manifiesta  que  <<la  prueba  nueva  aportada  muestra la razón evidente de dicha falta de identidad de tales  proyectiles,  ya  que  sin duda alguna establece que la misma obedeció a que no  fue  con  el  arma  incautada  a  los hoy condenados con la que se disparó a la  víctima,  sino  que  dichos proyectiles provenían del arma del postulado José  Vicente  Rivera  Mendoza  alias  “Soldado”, revólver S&W calibre 38, lo  que  evidentemente  imposibilitaba  algún  tipo  de  identidad  entre  el  arma  incautada  a  los  condenados  y  los  referidos proyectiles>>.   

Añade  que según el postulado, tuvo en su  poder  dicho revólver hasta mediados de 1999, que con él cometió otros muchos  homicidios  en  la  zona,  y  que  nunca  lo  perdió,  con  lo  cual, según la  libelista,  <<claramente  de  su confesión se  evidencia  que  dichos  proyectiles encontrados en el cuerpo del occiso eran los  provenientes  del revólver calibre 38 con el que éste manifiesta disparó a la  víctima    y   no   del   revólver   calibre   38   incautado   a   FLORENTINO  GÓMEZ>>.             

Estima      que      <<la  confesión  del  postulado  y la precisión y claridad  con  que  confiesa los detalles, permiten inferir que  posiblemente  el proyectil supuestamente recuperado y que sí guardaba identidad  con  el  revólver  encontrado  a los procesados, pudo haber sido manipulado por  medio  de  algún  montaje  de  los  agentes  del  DAS  para  incriminar  a  los  procesados,   porque  los  verdaderos  responsables  habían  huido  del lugar, y los muchachos que habían requisado a los cuales se  les  encontró  un  arma  tipo revólver calibre 38 eran los positivos perfectos  para  dicho  crimen>>  (se destaca).   

Añade que este posible montaje también se  puede     deducir    <<de    otras    tantas  irregularidades,  como  la  tortura a los condenados, las amenazas al abogado de  la  defensa, la pérdida de la prueba de guantelete realizada a FERNANDO PÉREZ,  irregularidades   que  los    hoy   condenados   manifestaron  en  la  investigación    de    la    Fiscalía    24    de    Justicia    Paz,   había  sucedido>>.   

Señala   que   si   bien   <<varios  testigos  manifestaron  que   FERNANDO PÉREZ  disparó  a  la víctima, que salió de la cancha, que apuntó hacia ellos y que  subió  en  una  motocicleta  conducida  por FLORENTINO GÓMEZ, huyendo de dicho  lugar,  que  las prendas de vestir eran similares a las que vestían el homicida  y    su    acompañante>>,   es  lo  cierto  que <<la prueba  nueva  aportada  desvirtúa  tales testimonios, pues demuestra que no fueron los  hoy  condenados  las personas vistas por los testigos, sino que quien disparó a  la  víctima  en  seis  (6)  oportunidades  y quien apuntó a la gente fue JOSÉ  VICENTE  RIVERA  MENDOZA  alias “SOLDADO” y que quien condujo la motocicleta  en    que    éste    huyó   fue   “NEGRO   CREMALLERA”>>,  conforme lo señala el postulado en  su versión libre.   

Seguidamente,     manifiesta  que la prueba nueva aportada es  veraz,  en  cuanto  aparece  respaldada  con  otros  medios  recolectados  en el  trámite  de  justicia  y  paz, con el informe rendido sobre el particular, así  como  con  las  versiones  de  Manuel Jesús Pirabán alias “Pirata” y Jorge  Humberto    Victoria     Oliveros,    alias   “Don   Raúl”,         quienes,         según        dice,        <<ratifican  la  del  postulado JOSÉ VICENTE RIVERA MENDOZA  alias  “Soldado”,  y  permiten establecer la veracidad de la misma, pues las  mismas  dan  cuenta  que  alias  “SILVIA” quien  aquél menciona dio la  orden  para ejecutar el homicidio como comandante de las Autodefensas en Granada  (Meta)>>.   

Solicita,  en  consecuencia  a  la  Corte,  declarar   fundada  la  causal  de  revisión   invocada,   declarar  sin valor las sentencias proferidas en el caso de sus  asistidos,  y  disponer  la  cancelación  de  las  anotaciones  que les figuren  en  los  registros de los  organismos de seguridad del Estado.   

Adjunta  copias  auténticas  de  los fallos de instancia con  constancia  de ejecutoria, poderes conferidos por los  sentenciados  PÉREZ  RODRÍGUEZ y GÓMEZ MOYA, versiones conjuntas rendidas por  los  postulados  José Vicente Rivera Mendoza, Manuel de Jesús Pirabán y Jorge  Humberto  Victoria  Oliveros,  certificaciones  expedidas  por  la  Fiscalía 24  Delegada  ante  la  Sala  de Justicia y Paz del Tribunal de Bogotá en relación  con  las  diligencias  de versión libre rendidas por los postulados, constancia  expedida  por  la misma autoridad, en relación con el registro como víctima de  la  señora  Luz  Gloria  Restrepo Mazo, madre de José Gregorio Díaz Restrepo,  y  del informe suscrito por el Investigador de Campo  José María Pinzón León.   

        SE CONSIDERA:   

1.- La jurisprudencia de la Corte tiene por  sentado  que,  atendiendo  la  naturaleza jurídica del instituto, la acción de  revisión  fue  concebida  por  el legislador como un mecanismo que posibilite a  las  partes  e  intervinientes legalmente reconocidos en la actuación y cuenten  con  legitimidad  e  interés  para  acudir  a  él,  en  orden  a  propiciar la  invalidación   de   una  providencia,  de  la  cual,  no  obstante  encontrarse  ejecutoriada  y por ende haber hecho tránsito a cosa juzgada, resulta razonable  predicar que entraña un contenido de injusticia material.   

De conformidad  con lo dispuesto por el  artículo  220  de  la  Ley  600  de  2000,  ello resulta posible cuando se haya  condenado  o  impuesto  una  medida  de  seguridad a dos o más personas por una  misma  conducta  punible,  cuando  se  encuentre fundado que sólo ha podido ser  cometida  por  una  o un número menor de personas; o porque la acción penal no  podía  iniciarse  o proseguirse por prescripción de la acción penal o ante la  presencia  de cualquiera otra causal de extinción de la acción penal; o porque  después  del  fallo  aparecen  hechos  nuevos o surgen elementos probatorios no  conocidos   al   tiempo   de  los  debates  que  acrediten  la  inocencia  o  la  inimputabilidad  del  condenado;  o  cuando  después  del fallo en procesos por  violaciones  de  derechos humanos o infracciones graves al derecho internacional  humanitario,  se  establezca mediante decisión de un organismo internacional de  supervisión   y   control   de  derechos  humanos  cuyas  determinaciones  sean  vinculantes  para  Colombia, un incumplimiento de las obligaciones del Estado de  investigar  seria  e  imparcialmente  tales  violaciones,  sin que para ello sea  necesario  acreditar  la existencia de hecho nuevo o de prueba nueva no conocida  al  tiempo  de  los debates; o cuando se demuestre con sentencia en firme que el  fallo   fue   determinado   por   conducta   típica  del   juez  o  de  un  tercero;   o  también que el fallo se basó en prueba falsa y; finalmente,  cuando  la  Corte haya cambiado favorablemente el criterio jurídico que sirvió  de  sustento  a  la  sentencia  condenatoria, demostración que sólo es posible  jurídicamente  dentro  del  marco  que  delimitan  las  causales  taxativamente  señaladas en la ley.   

2.-  Precisamente  por  el  carácter  de  instrumento  extraordinario que persigue levantar los efectos de la cosa juzgada  que  posee la revisión, en cuanto corresponde a un proceso distinto y posterior  al  fallado en decisión ejecutoriada, la demanda a través de la cual se ejerce  debe  dar estricto cumplimiento a los presupuestos de admisibilidad establecidos  por  el  artículo  222  de  la  Ley  600 de 2000 en los casos regidos por dicho  estatuto.   

Entre  estos  presupuestos, la normatividad  prevé  que el demandante tiene la carga de seleccionar cuidadosamente la causal  que  pretenda  aducir  como  apoyo de la pretensión, al igual que los medios de  convicción  en  que  se  funde,  y  la  exposición  racional  tendiente  a  la  demostración  del  motivo  escogido, de modo tal que los fundamentos de hecho y  de  derecho  en que la solicitud se apoya queden exteriorizados nítidamente, ya  que,   como   lo  tiene  establecido  la  jurisprudencia,  no  se  trata  de  la  continuación  del  juicio que culminó con la providencia ejecutoriada que hizo  tránsito  a  cosa juzgada, ni de revivir el debate jurídico- probatorio que se  llevó  a  cabo  en  el  proceso  terminado, sino de realizar un cuestionamiento  serio  y  objetivo  a  la  declaración de justicia contenida en la decisión en  firme     con     que     se     selló    definitivamente    la    controversia  procesal.        

3.- De este modo,  la  jurisprudencia  ha establecido que si el ejercicio de la acción se apoya en  el   motivo   tercero   de   los   previstos   por   el  artículo  220 del Código de Procedimiento Penal  de       20001   

,  esto  es,  por  aparecer hechos o medios  probatorios  sobre  los  cuales las partes y el fallador no tuvieron oportunidad  de  pronunciarse  por  no  haberlos  conocido  y que, de haberlo hecho, habrían  conducido   definitivamente   a  la  absolución  o  a  declarar  el  estado  de  inimputabilidad  del  procesado  en  el  hecho por el que en su contra se dictó  condena,  compete al demandante no sólo relacionar las nuevas evidencias en las  que  funda  su  pretensión,  sino acompañarlas a la  demanda  y  demostrar que de haber sido oportunamente  conocidas    en    el    curso    de   los  debates,    por   su  contundencia  demostrativa la decisión no podría ser diversa de la absolución  del   sentenciado   o   la   declaración   de   haber   actuado  en  estado  de  inimputabilidad.    

4.-  Por ello la  Corte  ha  señalado  que el ejercicio de la acción con fundamento en la causal  tercera,  exige  acreditar  el  cumplimiento  de  los  siguientes  presupuestos:  a) surgimiento de hechos  nuevos  o  de  pruebas no  conocidas    al    tiempo    de    los  debates;  b)  que  el  acontecer  fáctico  esté  ligado  a  la  conducta  punible  materia  de  investigación y  juzgamiento;  y,  lo  más  importante c)  que las nuevas evidencias sean aptas para establecer en grado de  certeza  la  inocencia  del  procesado  o su inimputabilidad, o de tornar cuando  menos  discutible  la  verdad  declarada  en  el  fallo,  haciendo  que no pueda  probatoriamente mantenerse.   

5.-  También ha dicho que la situación ex  novo  debe  consistir en un hecho nuevo, o una evidencia nueva, siendo entendido  por  hecho nuevo todo acaecimiento o suceso fáctico vinculado al delito materia  de  investigación, del cual no se tuvo conocimiento en el juicio, de manera que  no pudo ser controvertido.   

Y,   por  prueba  nueva,  todo  mecanismo  probatorio  (documental,  pericial  o  testimonial) no incorporado, por ende, no  debatido  en  el  curso  del  juicio, que da cuenta de un evento desconocido (se  demuestra  por  ejemplo  que  fue  otro  el  autor del hecho), o de una variante  sustancial  de un hecho conocido en las instancias, cuyo aporte ex novo tiene la  virtualidad   de   derruir   el   juicio   positivo  de  responsabilidad  (o  de  imputabilidad)   que   se  concretó  en  la  decisión  de  condena2.   

6.-   En  el  caso  que  concita la  atención  de la Sala, dichos presupuestos de admisibilidad no se satisfacen por  la demandante, lo que de suyo determina la inadmisión del libelo.   

6.1.-   La  accionante     sostiene     que    sus        patrocinados    no    participaron   a      ningún      título   en   el   homicidio   llevado   a   cabo   el  26        de        febrero   de   2008   en  una  cancha  de  microfútbol del   Municipio   de   Granada,   Meta,  en  que        fue       víctima  el joven José Gregorio Díaz  Restrepo,    y   por   el   cual   fueron        condenados,  tanto  por   el   Juzgado   Penal   del   Circuito  de  esa  localidad, como por el Tribunal Superior   del   Distrito   Judicial  de   Villavicencio.   

En   respaldo   de  ello  aduce,  en condición de prueba nueva, la  diligencia  de  versión  libre  rendida  el  26  de  septiembre  de  2011  por  el  postulado  a la Ley de Justicia y Paz,  José Vicente Rivera Mendoza, alias  “soldado”,  quien,  al  amparo  de la Ley 975 de  2005,    decidió    desmovilizarse   del   grupo   armado   ilegal   denominado  “Autodefensas  Unidas de Colombia”, y en la cual narra las circunstancias en  que,  desde su propia óptica, se llevó a cabo la conducta homicida, excluyendo  de    toda    responsabilidad    a    los  sentenciados PÉREZ       RODRÍGUEZ       y       GÓMEZ      MOYA.   

Así mismo, como pruebas nuevas adujo   las  versiones  rendidas  por los también postulados Manuel de Jesús Pirabán,  alias  “Pirata”,  y Jorge Humberto Victoria Oliveros, alias “Don Raúl”,  quienes  a pesar de no haber tenido conocimiento del caso concreto, dicen asumir  la  responsabilidad  en  el hecho, dada la ubicación  que  tenían  en  la escala jerárquica de la organización armada ilegal,   que operaba en la zona.   

      

Desde una perspectiva exclusivamente formal,  respecto    de    la    versión   rendida   por   el   postulado   José   Vicente   Rivera  Mendoza,  cabe  denotar  que  el  carácter  ex  novo  del  medio  probatorio  en  comento y su  pertinencia  al  caso resultan indiscutibles, en cuanto, atendiendo su contenido  y  las  circunstancias  en  que  se produjo, permiten afirmar que se trata de un  elemento  de  juicio  no  conocido  en  el curso del proceso, que sobrevino a la  decisión  de  condena  y, además, que guarda estrecha relación con los hechos  allí declarados.   

No obstante, si de conformidad con los fines  y   presupuestos   de   operancia  de  la  causal  aducida,  se  evalúa  en  su  substancialidad  la  prueba  aducida por la demandante, es claro que la misma no  es  trascendente  en  los  términos  exigidos  por  la  jurisprudencia para que  resulte  procedente  el  reconocimiento  de  su configuración, toda vez que los  fallos  de  primera  y  segunda instancia informan que en el curso ordinario del  trámite   procesal   se  practicó  dictamen  pericial  sobre  los  proyectiles  recuperados  en el cuerpo de la víctima y su cotejo con el arma incautada a los  ahora  sentenciados  al  momento  de su aprehensión, estableciéndose de manera  inequívoca  que  uno  de  ellos  fue disparado por el aludido revólver, con lo  cual la declaración de condena resulta inconmovible.   

A este respecto, pertinente se ofrece traer  a   colación   la   consideración   del   Tribunal  en  el  fallo  de  segunda  instancia:   

En  total  fueron examinados y confrontados  tres  proyectiles:  dos  extraídos  del  cuerpo  de  la  víctima  –ver  acta de necropsia (fs. 62 a 64)-  y  uno  recuperado en la diligencia de levantamiento del cadáver como consta en  el  acta  respectiva  (f.  10)   y  por  el  cual  la  fiscalía remitió a  balística  todos  los  elementos  para el cotejo y análisis respectivo, oficio  precisamente  al cual se refiere el Laboratorio de Balística  Forense para  responder a la fiscalía el examen pedido (f. 426).   

Uno  de  esos tres proyectiles –concluyó    el    Laboratorio   de  Balística-  “fue  disparado  por  el  arma de fuego tipo revólver calibre 38  Especial  marca Smith & Wesson identificado con el número de serie B 418331  R  descrito  con  el  presente  informe”.  Revólver  éste  que fue el que se  decomisó  al  sujeto FLORENTINO GÓMEZ MOYA en el momento de ser capturado, tal  y  como  aparece en el informe del DAS No. 116 del 26 de febrero de 1998 (fs. 1,  2).   

     

Sobre  dicho particular, por todo argumento  se  ofrece  por la libelista que <<la confesión  del  postulado y la precisión y claridad con que confiesa los detalles permiten  inferir  que  posiblemente  el  proyectil  supuestamente  recuperado  y  que  sí  guardaba identidad con el  revólver  encontrado  a los procesados, pudo haber sido manipulado por medio de  algún  montaje  de los agentes del DAS para incriminar a los procesados, porque  los  verdaderos  responsables  habían  huido  del  lugar,  y  los muchachos que  habían  requisado  a los cuales se les encontró un arma tipo revólver calibre  38   eran   los   positivos   perfectos  para  dicho  crimen>>.   

Lo expuesto patentiza que la prueba aducida  por  la libelista carece de la entidad requerida en revisión para desquiciar el  sustento  fáctico  del  fallo cuya ejecutoria pretende remover, toda vez que la  diligencia  de versión traída a colación no logra poner en tela de juicio las  conclusiones  del  dictamen  de balística que también sirvió de sustento a la  declaración  de  condena  y  respecto  del  cual  para  tratar de desvirtuar su  contenido  lo  único que se ofrece son suposiciones y conjeturas respecto de la  autenticidad  del  objeto  de  análisis pericial, así como de la actuación de  los   funcionarios   judiciales   y   de  policía  judicial  que  asumieron  el  conocimiento del homicidio.     

          

De  este  modo, lo que surge evidente en la  demanda,  es la pretensión de la libelista por reabrir inopinadamente un debate  en  torno  a la validez y mérito de la prueba pericial de balística practicada  en  el  curso  ordinario  del   proceso  y en la cual también se fundó el  fallo,  pero  sin  acudir  a  la  causal  preestablecida  para  el  efecto, sino  pretextando  la  existencia de prueba nueva de índole testimonial que no cuenta  con  ningún elemento material de respaldo, sino la sola credibilidad que invoca  a  su  favor,  todo  lo  cual escapa a la objetividad que el motivo de revisión  aducido reclama.   

A  este  respecto  cabe  señalar  que  la  jurisprudencia  de  la  Corte  se  ha  orientado  por  indicar  que <<el  simple  ejercicio  de  contraponer  a  las  pruebas que  sirvieron  de  sustento  a la decisión de condena, afirmaciones de personas que  relatan  una  verdad  histórica distinta, en procura de minar sus conclusiones,  resulta  inane  en  sede  de  revisión,  porque la declaración de justicia que  contiene  la  cosa  juzgada  se  halla  revestida  de  las  caracterizaciones de  definitividad  e intangibilidad, que la tornan inmodificable, por lo que siempre  será  necesario aportar datos objetivos verificables que den consistencia a los  nuevos  relatos,  de  los  que  pueda  establecerse  ab  initio,  que  la verdad  histórica  es  realmente  distinta  de  la verdad que los juzgadores declararon  probada>>  (Cfr.  CSJ. AP mar. 6  de 2013,  Rad. 39199).     

Si   la  intención  de  la  defensa  era  cuestionar  las conclusiones de los juzgadores de instancia, en cuanto hace a la  responsabilidad  penal  de  los  sentenciados  en  los  hechos  que  les  fueron  atribuidos  en la acusación, a través de poner de presente que el fallo objeto  de  la  acción  se  fundamentó en prueba falsa, debido a la manipulación que,  según  sugiere,  hicieron  los  funcionarios  del  DAS, la Fiscalía y Medicina  Legal  sobre  los proyectiles encontrados en el cuerpo de la víctima, no tenía  más  alternativa  que  acudir  a  la causal quinta de revisión de que trata el  artículo   220   de  la  Ley  600  de  2000,  y  cumplir  cabalmente  los   lineamientos    normativa    y   jurisprudencialmente   establecidos   para   su  acreditación,  aportando  la  correspondiente  sentencia  de  mérito en que se  demostrara   la   falsedad   del  elemento  material  probatorio,  del  acta  de  inspección  al  cadáver,  del  protocolo  de  necropsia, e incluso del informe  pericial  de  balística,  nada  de  lo  cual siquiera ensaya.      

    

En  lugar  de  ello, la prueba que se aduce  para  demandar  la invalidación del juicio, se hace consistir en una diligencia  de  versión  de  un  sujeto  sometido  a  la  Ley de Justicia y Paz debido a su  pertenencia  a  una  organización criminal armada, que dice haber efectuado los  disparos  que  segaron  la  vida  de José Gregorio Díaz Restrepo, para lo cual  estuvo  acompañado  de  un  sujeto  a  quien  le  dicen  “cremallera”  cuya  identidad  y  paradero desconoce y que la orden la impartió alias “Silvia”,  quien  fungía  como  jefe  de la organización en ese lugar del país, pero que  después  se  supo  falleció  en  el  Departamento  del  Caquetá  o  en  el de  Putumayo.     

Asimismo,  en  las versiones de los sujetos  Manuel  de  Jesús Piraban alias “Pirata” y Jorge Humberto Victoria Oliveros  alias  “Don Raúl”, quienes afirman no haber tenido conocimiento específico  del  hecho,  pero  sí  que Silvia ejercía mando en la organización y que a la  misma  pertenecía  “el  negro cremallera”, ninguna de las cuales reúne los  presupuestos  exigidos  por  la  causal  tercera  de  revisión, ni aportan dato  objetivo    alguno    que   pudiera   ser   verificable.       

Sobre dicho particular cabe reiterar que la  postura  de  la  Sala,  sentada  incluso  en  la  providencia  párrafos  arriba  mencionadada,  en  el sentido que <<la necesidad  de  suministrar datos objetivos verificables que le den consistencia a la prueba  ex  novo  se  torna  mucho  más  exigente  frente  a confesiones como la que se  estudia,   pues   la  realidad  enseña  que  postulados  a  justicia  y  paz  y  delincuentes  pertenecientes a organizaciones criminales que se ha sometido a la  justicia  para  gozar  de  beneficios,  han  optado  por confesar delitos que no  cometieron,  para  favorecer  personas  detenidas  o condenadas en virtud de los  mismos,  estimulados  por sentimientos de solidaridad de grupo o de prebendas de  diferente  orden, a sabiendas de que sus confesiones adicionales no les reportan  mayores  implicaciones  jurídicas,  o  se  traducen  en benevolentes rebajas de  pena>>.     

8.- Como  quiera  entonces, que las pruebas  que  se  aducen  para  sustentar  la  acción  rescisoria, carecen de la aptitud  requerida  para  propiciar  el  decaimiento de las conclusiones fácticas de los  fallos    de   instancia,   en    acatamiento  de lo dispuesto por el artículo 223 de la Ley 600 de  2000,  es  la inadmisión  de   la   demanda   la   solución  que  se  impone  adoptar    en   el   presente   evento.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de  revisión presentada por la apoderada de  los   sentenciados   FERNANDO  PÉREZ  RODRÍGUEZ  y  FLORENTINO GÓMEZ MOYA.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cabe   precisar  que  en  torno  al  referido  motivo  de  revisión,  la  Corte  Constitucional,   mediante   sentencia  C-04  de  2003,  resolvió  “Declarar  EXEQUIBLE  el numeral 3° del artículo 220 de la Ley  600  de  2000  o  Código  de  Procedimiento  Penal,  en el entendido de que, de  conformidad  con los fundamentos 31, 36 y 37 de esta sentencia,  la acción  de  revisión por esta causal también procede en los casos de preclusión de la  investigación,  cesación  de  procedimiento y sentencia absolutoria, siempre y  cuando  se  trate  de  violaciones  de derechos humanos o infracciones graves al  derecho  internacional humanitario, y un pronunciamiento judicial  interno,  o  una  decisión  de  una  instancia internacional de supervisión y control de  derechos  humanos,  aceptada  formalmente  por nuestro país, haya constatado la  existencia  del hecho nuevo o de la prueba no conocida al tiempo de los debates.  Igualmente,  y  conforme  a  lo señalado en los fundamentos 34, 35 y 37 de esta  sentencia,  procede  la  acción  de revisión  contra la preclusión de la  investigación,  la  cesación  de  procedimiento y la sentencia absolutoria, en  procesos  por  violaciones  de derechos humanos o infracciones graves al derecho  internacional  humanitario,  incluso si no existe un hecho nuevo o una prueba no  conocida  al  tiempo  de  los  debates,  siempre y cuando una decisión judicial  interna  o  una  decisión  de  una  instancia  internacional  de supervisión y  control  de  derechos humanos, aceptada formalmente por nuestro país, constaten  un  incumplimiento  protuberante  de  las  obligaciones del Estado colombiano de  investigar     en     forma     seria     e     imparcial     las    mencionadas  violaciones”.   

2 En  providencia  de 15 de octubre de 2008, dentro del trámite de revisión radicado  con  el  número  29626,  la  Corte  precisó  que  frente  al  nuevo  modelo de  enjuiciamiento  penal  de  que  trata la Ley 906 de 2004, estos conceptos, en su  sustancialidad  básica,  se  mantienen,  pero  en  atención  a la facultad que  tienen  las  partes  que intervienen en el adelantamiento del proceso instancial  de  descubrir selectivamente los medios probatorios que pretenden hacer valer en  el  juicio  oral,  surge  un  requerimiento  adicional  a la exigencia de que la  prueba  no  haya  sido  debatida en el juicio: que el  accionante  no  haya tenido conocimiento de su existencia, o que teniéndola, no  haya estado en condiciones de aportarla.   

Si la parte ha conocido la prueba, pero por  razones  estratégicas o de cualquier otro tipo decide voluntariamente renunciar  a  su  descubrimiento  y  debate  en la audiencia del juicio oral, no tendrá la  connotación  de  nueva,  porque  lo  nuevo para la estructuración de la causal  tercera  de  revisión  será  únicamente  aquello  de  lo cual no se ha tenido  conocimiento  que  existe,  o  que  se  sabe  que existe pero que no fue posible  aducir al proceso.   

Esta  exigencia,  además  de consultar la  dinámica   del   nuevo  modelo  de  enjuiciamiento  penal,  que  otorga  a  los  protagonistas  del  proceso  autonomía  en  el manejo de la prueba, reafirma el  carácter  de  acción  de  la revisión, cuya caracterización impide tener los  juicios  rescindente y rescisorio como una prolongación del proceso instancial,  donde    sea    válido   reabrir   espacios   de   discusión   probatoria   ya  superados.     

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