AP6859-2014(44307)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

AP 6859-2014  

Radicación N° 44307  

(Aprobado  Acta No.  385)   

Bogotá  D.C., noviembre doce (12) de dos mil  catorce (2014).   

VISTOS  

Se ocupa la Sala del estudio de admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  del  procesado  JOSÉ    ALDEMAR   GARCÍA   SANTANA   y  del  escrito  presentado  por este último contra la sentencia de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Antioquia el 20 de  febrero  del  año en curso, por cuyo medio confirmó la de primer grado dictada  el  21  de  junio  de la anualidad anterior por el Juzgado Primero Penal Adjunto  del  Circuito  Especializado del mismo departamento que condenó al mencionado y  a  Francisco  Antonio  Paniagua  Garcés como  autores  penalmente  responsables  de los delitos de secuestro  extorsivo  agravado,  secuestro  extorsivo  atenuado  y homicidio agravado, este  último  en  la  persona  de  Misael Hernando Higuita  Higuita.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  ad  quem  en los siguientes  términos:   

Las  circunstancias de tiempo, modo y lugar  que  generaron  la acción penal a cargo del estado (sic), se relacionan con los  hechos  ocurridos el 15 de febrero de 2004, aproximadamente a las 9:30 horas, en  sector  ubicado  entre  las  veredas  ‘El  Manglar’,  jurisdicción      del      municipio      de     Giraldo     y     ‘Pinguro’   jurisdicción  del  municipio  de  Barítica  (sic),  cuando  integrantes  del  Frente  34 de las FARC en un retén  ilegal  secuestraron  al  ingeniero Tito Jorge Sintura Arévalo y a su conductor  Elías  Antonio  Agudelo  Gutiérrez,  en  momentos en que se movilizaban en una  camioneta   Toyota   Hilux,   color   gris,   de  propiedad  de  la  empresa  de  construcciones para la que laboraban.   

Ese mismo día y en el mismo lugar, también  fue  interceptada  la  Camioneta  Toyota Hilux en la que se movilizaba el señor  Misael  Hernando Higuita, quien fue encontrado muerto el 17 de febrero del mismo  año, en jurisdicción del municipio de Giraldo – Antioquia.   

Con  fundamento en estos sucesos, se dispuso  la  apertura de la correspondiente investigación, dentro de la cual se vinculó  a   JOSÉ   ALDEMAR   GARCÍA  SANTANA  y    a    Francisco   Antonio   Paniagua  Garcés,  integrantes  de  la  referida  organización  guerrillera,  a  quienes  se  resolvió  su  situación  jurídica con medida de  aseguramiento    de   detención   preventiva,   sin   beneficio   de   libertad  provisional.   

Clausurado el ciclo instructivo, se calificó  el  mérito del sumario el 17 de diciembre de 2010 con resolución de acusación  en  su  contra  por  los  delitos  de  secuestro extorsivo agravado “en    concurso    homogéneo    y    sucesivo”    (arts.  169  y  170,  nums.  3, 7 y 8 del C.P.) y homicidio agravado  (arts.  103  y  104,  nums.  7 y 8 ibídem)   

En  firme  la  anterior  determinación,  se  prosiguió  la  fase  del  juicio,  cuyo  trámite se asignó al Juzgado Primero  Penal   del   Circuito   Especializado  de  Antioquia  y  luego  a  su  despacho  adjunto1.  Este último dictó fallo de primer grado el 21 de junio de 2013,  por  medio  del cual condenó a los acusados a las penas principales de cuarenta  (40)  años  de  prisión y multa por valor de 8.000 salarios mínimos mensuales  legales  e inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas por  el  término  de  veinte  (20) años, al encontrarlos penalmente responsables de  los  delitos  de  secuestro  extorsivo  agravado, secuestro extorsivo atenuado y  homicidio agravado.   

Al mismo tiempo, les negó el subrogado penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  el  sustitutivo  de la prisión  domiciliaria.   

Contra  esta última decisión interpusieron  recurso  de  apelación  los  procesados  y  sus  defensores,  los cuales fueron  desatados  por el Tribunal de Antioquia el 20 de febrero de 2014, impartiéndole  confirmación.   

Inconformes  con  el  anterior  fallo,  el  procesado  JOSÉ ALDEMAR GARCÍA SANTANA y  su defensora, mediante escritos independientes, promueven recurso  extraordinario   de   casación,   de  cuya  admisibilidad  se  ocupa  la  Sala.   

LA DEMANDA  

Síntesis  del  libelo  presentado  por  la  defensora     de     JOSÉ     ALDEMAR     GARCÍA  SANTANA:   

Formula tres cargos contra el fallo impugnado  con   fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  por  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de yerros en la apreciación  probatoria.   

En  el  primero,  señala que se incurrió en    “falso juicio de existencia por  omisión    frente    al    testimonio    del    señor   Tito   Jorge   Sintura  Arévalo”,  quien  permaneció retenido entre el 15  de  febrero  y  el  19  de  mayo  de  2004,  y “cuyo  testimonio  obedece  a  la  percepción  directa  que  tuvo  del  hecho y de las  personas que participaron en el mismo”.   

Acto seguido, destaca cómo este testigo en  diligencia  de reconocimiento en fila de personas no identificó a su prohijado,  a  pesar  de  haber  sido  enfático  en  señalar  que  si volviera a ver a sus  victimarios los reconocería.   

Además,   indica,   su   versión   es  inconsistente  porque  luego  señala que por el tiempo  transcurrido   desde   los   hechos   le  era  difícil  identificar  a  quienes  participaron  en su secuestro, sólo manteniendo el recuerdo de los cabecillas y  de  los  sujetos  que  estuvieron  más  con él, no siendo aceptable que por el  transcurso  del  tiempo  su defendido haya cambiado su apariencia al punto de no  poder ser identificado.   

Este  cargo  es  trascendente,  afirma  de  inmediato,  porque  si  se  hubieran  valorado  las  dos  declaraciones  de este  deponente  se  habría concluido que su defendido no fue una de las personas que  intervino  en  el  secuestro  y,  por  lo  tanto,  habría  sido absuelto de los  cargos.   

          En   el  segundo  reparo,  por  su  parte,  sostiene que se incurrió en        falso     juicio    de    raciocinio    “porque  en  el proceso de valoración se violaron los postulados  que  informan  la  sana  crítica”  respecto de las  declaraciones    de   Ferney   de   Jesús   Vidales  Benítez, Urbano Palacios Cuesta y Luis Carlos Torres  Panesso,  toda  vez  que ninguna de ellas contiene una  percepción directa de los hechos, sino de otros sobre el asunto.   

          Así  mismo,  dado  que  la  apreciación  del  primer testimonio es  violatoria  de  las  reglas  de  la experiencia, pues no es creíble que hubiera  sido    informado    por    alias    ‘Chuzo’  de   una   acción   que   adelantó,   “tratándose  de  una  organización  clandestina, jerarquizada y  que  maneja  criterios  de  compartimentación de la información”.   

          A  lo  anterior  se  suma que ese relato es contradictorio con el de  Elías   Antonio   Agudelo   Gutiérrez,  al  señalar  que  la  muerte de Misael  Higuita  Higuita se produjo porque se evadió del lugar  de  los  hechos  y  no, como lo dijo aquél, por su condición de pensionado del  Ejército,  lo  cual descarta que la víctima hubiera sido llevada al campamento  donde estaba el testigo.   

En  cuanto  al  secuestro  de  Elías  Antonio  Agudelo  y  Tito      Jorge  Sintura  Arévalo tampoco  encuentra  creíble  esta  declaración,  pues “nuevamente  hay  que  decir  que  a la luz de las máximas de la  experiencia  no  resulta  creíble  que  este  testigo  (guerrillero raso) fuera  informado    por   ‘El  Paisa’  (comandante  de  columna),   sobre  la  retención  de  dos  personas  y  además  le  diera  los  nombres”.   Idéntica  situación,  añade,  se  configura  frente  al  testimonio  de  Urbano Palacios  Cuesta.   

Sobre  este  último  testimonio asevera que  tampoco resiste un análisis a la luz de las leyes de  la  lógica  cuando advera tener conocimiento de los hechos ocurridos en febrero  de  2004  si  su  vinculación  al  grupo  guerrillero que perpetró los delitos  investigados   fue   en   el  año  2008,  previamente  a  su  desmovilización.   

Finalmente,   advierte   que  “la  valoración y trascendencia que se dio a unos testimonios de  oídas,  llenos de contradicciones, inconsistencias e inverosimilitudes como los  de  los  tres  desmovilizados,  resultan  contrarias  a  las  reglas  de la sana  crítica”,   amén   de   que   pueden  catalogarse  “como  poco creíbles por  la  forma  como  se  afirma  se dieron (información dada por un comandante a un  guerrillero  raso,  que  no  se  compadece con la estructura jerarquizada de las  organizaciones  insurgentes  y  con la compartimentación de la información que  manejan por seguridad)”.   

Este reparo también es trascedente, acota,  porque  de  haberse  realizado  un  análisis  conforme  a las reglas de la sana  critica  a  los  testimonios  referidos  en  los que se fundamentó la sentencia  “la conclusión a la que se hubiese llegado era que  éstos  no  tenían  el  suficiente  valor  suasorio  para  arribar  a  un fallo  condenatorio  y  por lo tanto se debía absolver a los procesados”.   

El   tercer  y  último  cargo, se sustenta en el    falso   juicio   de   identidad   que   se  evidenció  por  tergiversación   de   lo   dicho   por   los   mismos   testigos   Ferney    De    Jesús    Vidales    Benítez,    Urbano   Palacios  Cuesta y Luis Carlos Torres  Panesso.   

Al  respecto,  señala  que  si  bien  en la  sentencia  se  destaca que lo expuesto por los tres mencionados es coherente, al  tiempo  lo  es  que ninguno de los tres manifiesta que  alias  “Marcos” sea su  representado  en  las  filas  de las FARC, “ni mucho  menos  que JOSÉ ALDEMAR GARCÍA SANTANA le hubiera dado muerte al señor Misael  Hernando Higuita Higuita”.   

Si no se hubiera tergiversado su dicho, y en  ello  radica  la  trascendencia  del  cargo,  aduce,  la  decisión hubiera sido  otra,  “pues  ni  estos  testigos,  ni  ningún otro hicieron señalamientos en torno a la participación  de   mi  representado  en  el  homicidio  del  señor  Misael  Hernando  Higuita  Higuita”.   

Con fundamento en  lo  expuesto,  depreca casar el fallo y, en su lugar, absolver a su defendido de  los  cargos  por  los  cuales  que  se  lo  condenó,  disponiendo  su  libertad  inmediata.        

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

    

1. Cuestión inicial     

Ab  initio impera  señalar  que  si bien dentro del término dispuesto para la presentación de la  demanda   de  casación,  el  acusado  JOSÉ  ALDEMAR  GARCÍA  SANTANA  allegó  escrito  con  el  objeto de  sustentar            el            recurso2, lo cierto es que el artículo  209 de la Ley 600 de 2000 dispone:   

Legitimación. La  demanda  de  casación  podrá  ser  presentada por el Fiscal, el Ministerio Público, el Defensor y los  demás  sujetos  procesales.  Estos  últimos  podrán  hacerlo  directamente,  si  fueren  abogados  titulados y autorizados legalmente  para   ejercer   la   profesión  (subrayas  fuera  de  texto).   

De  la  norma  transcrita  se  colige que el  trámite  del  recurso  extraordinario de casación está reservado por voluntad  del  legislador  a  la  actuación  de  un  profesional  del  derecho,  quien se  encuentra  facultado  para  sustentarlo  a  través  de  la  presentación de la  correspondiente   demanda,   como  ha  sido  señalado  por  la  Sala  en  otras  oportunidades:   

Lo  anterior,  constituye  una limitante al  ejercicio  de  la  defensa  material  a  la  que  legal y constitucionalmente el  sindicado  tiene  derecho.  En efecto, siendo la casación un recurso rogado, de  carácter  excepcional,  y  que  supone  un  juicio  técnico jurídico sobre la  legalidad  de  la  sentencia, resulta apenas razonable que el legislador imponga  como   exigencia   para   su  ejercicio,  la  directa  intervención  de  un  abogado  titulado  cuando  el  sindicado  no ostenta esta  calidad,  pues se trata de un medio de impugnación que por sus características  requiere       de      especiales      conocimientos      jurídicos”3  (subrayas  fuera  de  texto.  Cfr.,  entre  otras,  CSJ AP 14 abr., rad. 18122; AP 30 jun., rad. 22324, y AP 4  may. rad. 21271, todas de 2005).   

Así   las   cosas,   es   claro   que  el  procesado  JOSÉ ALDEMAR GARCÍA SANTANA carece  de  legitimidad  para sustentar el recurso extraordinario de  casación  a través de la presentación de la correspondiente demanda, toda vez  que  no  es abogado titulado, condición profesional sobre la cual nada señala,  ni  tampoco  acredita  con  la respectiva tarjeta profesional, circunstancia que  impone  así  declararlo,  amén de que tampoco es ésta la oportunidad para que  presente alegaciones en su favor.   

    

1. Examen  formal   de   la   demanda   presentada   por   la   defensora  de  JOSÉ          ALDEMAR          GARCÍA         SANTANA:     

De  conformidad  con  el  numeral  3°  del  artículo  212  de  la  Ley  600 de 2000, el libelo casacional deberá contener:  “la enunciación de la causal y la formulación del  cargo,  indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que el  demandante  estime infringidas”.  Igualmente, en  el  siguiente numeral de la misma preceptiva, también se exige que “si  fueren  varios  los  cargos,  se  sustentarán en capítulos  separados”    al    tiempo    que    “es   permitido   formular  cargos  excluyentes  de  manera   subsidiaria”.     

La  presentación  del escrito sustentatorio  del  recurso  extraordinario “de forma clara y precisa”, en los términos de  la  aludida  normativa  legal,  ha  dicho reiteradamente esta Colegiatura, está  relacionada  con  la  carga  para  quien  la suscribe, en atención al carácter  rogado  del  recurso  extraordinario,  de  esbozar una argumentación coherente,  comprensible,  lógica  y  trascendente,  pues  no  le  corresponde desentrañar  confusos, ambivalentes, contradictorios o inocuos planteamientos.   

A  continuación  se verá cómo los reparos  contenidos   en   la   demanda  presentada  por  la  defensora  de  JOSÉ  ALDEMAR  GARCÍA SANTANA sometida a  estudio  no  cumple  con  tales  exigencias,  motivo por el cual se inadmitirá.   

Para  empezar,  oportuno  resulta  evocar el  criterio  de  la Sala en torno a la naturaleza y forma de construir el argumento  cuando  de demostrar un error de hecho en la valoración probatoria se trata, en  el  que  cifra  la  libelista  su  ataque  contra el fallo impugnado en los tres  reparos propuestos.   

Pues bien, la primera modalidad del error de  hecho  es  el denominado falso juicio de existencia, que la censora invoca en la  censura   ibídem  de  la  demanda,  cuya  ocurrencia  se verifica cuando un medio de prueba es excluido de  la  valoración  efectuada  por  el  juzgador no obstante haber sido allegado al  proceso  en  forma legal, regular y oportuna (ignorancia u omisión) o porque lo  crea  a  pesar  de  no  existir  materialmente  en  el  proceso  (suposición  o  ideación), otorgándole un efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente  está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  controvertida  y  en  favor  del  interés  representado -lo cual  comporta  la  necesidad  de  demostrar  que  el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  aplicación indebida.   

La  segunda  corresponde  al falso juicio de  identidad,  que  la  censora  formula  en  el cargo tercero, el cual se presenta  cuando  el  juzgador  tergiversa  o  distorsiona  el contenido de la prueba para  hacerla  decir lo que ella no expresa materialmente, sea tal por cercenamiento o  recorte de sus contenidos o por agregaciones al mismo.   

De ahí entonces que, en esencia, se trata de  un  yerro  de  contemplación  o constatación objetiva de la prueba, emanado de  confrontar  su expresión material con lo que consigna el sentenciador acerca de  ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer  sobre  prueba  determinante y  contenidos  suprimidos  o  agregados trascendentes con la incidencia de mutar la  decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva, resulta necesario para  quien  propone  esta  clase  de  error, ante todo, individualizar o concretar la  prueba  sobre la cual recae el supuesto yerro; luego, ha de evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su  sentido.   Acto  seguido, debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  ha  de variar y en qué sentido a favor del demandante, ejercicio que  lleva  inmersa  la  obligación  de  demostrar por qué el fallo impugnado no se  puede  mantener  con  fundamento  en  las restantes pruebas que lo sustentan. Y,  finalmente,  se debe demostrar que con el defecto de apreciación se vulnera una  ley sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida.   

La  última  de  las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  planteado en el segundo cargo del libelo, el  cual  se  configura  cuando  el sentenciador aprecia la prueba desconociendo las  reglas  de  la sana crítica, esto es, postulados lógicos, leyes científicas o  máximas de la experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,  está  compelido  a demostrar la trascendencia del error expresando  cuál  debe  ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la indeclinable  obligación  de  acreditar  que  la  enmienda  del yerro daría lugar a un fallo  esencialmente     diverso    y    favorable    a    los    intereses    de    su  representado.   

En  claro  lo  anterior,  se  procederá  a  establecer  si  la  actora  en las tres censuras que plantea, cada una de ellas,  como  ya  se  vio,  por  modalidad distinta del error de hecho, cumple con tales  presupuestos  para  franquear  la  admisión  del libelo y obtener así fallo de  fondo.     

Pues  bien, en relación con el primer  cargo, donde se esboza un error de  hecho   por   falso   juicio   de   existencia  por  omisión  del  testimonio   de   Tito   Jorge  Sintura  Arévalo,   quien  fue  una  de  las  víctimas  del  secuestro  por  el  cual  se  procede,  es  necesario precisar que a más de las  deficiencias  argumentativas  de  la  propuesta  en punto fundamentalmente de su  trascendencia,  a  las  cuales  se  hará  referencia más adelante, se constata  objetivamente  que no se configura, en tanto, a diferencia de lo que sostiene el  actor,  no  es  cierto que hubiese sido omitido de la valoración probatoria del  sentenciador.   

En  efecto, el medio de prueba en cuestión  fue   valorado,  específicamente  por  el  ad  quem,  en     el     siguiente     aparte     del    fallo  recurrido:   

En  la  injurada  Ferney  manifestó  que  ingresó  a  la  guerrilla  en  el  año 1999 y salió en el año 2004, a su vez  indica  claramente  algunos  miembros  de la guerrilla del frente 34 de la FARC,  tales  como  alias Popeye era comandante de guerrilla, mandaba como 25 unidades,  era  quien  pedía las vacunas, El Paisa era el jefe principal, comandante de la  compañía,  Chiquito  comandante  de escuadra, Danilo reemplazante de escuadra,  Pico   de   Chulo   comandante   de   compañía,   entre   otros.  Personas  estas  que  hace  alusión  Tito  Jorge  Sintura  Arevalo  (sic),    luego    de    ser    liberado,    como    intervinientes   en   su  secuestro.  Ratifica  lo que se conocía que Popeye y  El  Paisa  eran  los  encargados  de  negociar  y  eran  los  que mandaban a los  comandantes  de  escuadra  con  guerrilleros  rasos a realizar los secuestros…  (negrillas fuera de texto).   

Es  evidente,  entonces,  que  para  este  juzgador  el  testimonio  de  Ferney de Jesús Vidales  Benítez,  uno de los tres desmovilizados de las FARC  que  señaló  al  procesado  JOSÉ  ALDEMAR  GARCÍA  SANTANA     de    haber  participado  en  los  actos  delictivos  investigados,  encontró  respaldo,  y por consiguiente mayor credibilidad, en lo dicho por una  de  las  víctimas  del plagio, no otro que Tito Jorge  Sintura  Arévalo,  ante lo  cual  resulta  insostenible pregonar su omisión, como lo señala la demandante.   

Pero este no es el único vicio que esgrime  la  propuesta,  pues,  como ya se anunció, acusa falencias serias en orden a su  trascendencia,  en  la medida en que no involucra la prueba capital sustento del  fallo    de    condena,    vale   decir,   los   testimonios   de   Ferney   de   Jesús  Vidales  Benítez,  Urbano  Palacios  Cuesta  y Luis Carlos Torres Panesso,  cuyo  ataque  impropiamente  difiere  para  otro  cargo,  en  detrimento  de  la  idoneidad de éste, conforme a lo atrás precisado.   

En  esas  condiciones, no resulta cierta su  afirmación  categórica  expuesta al final de reparo con el fin de demostrar su  trascendencia   en   el   sentido  de  que  si  se  hubieran  valorado  las  dos  declaraciones  rendidas por este deponente se habría concluido que su defendido  no  participó  en los delitos, en cuanto no se preocupó en lo más mínimo por  involucrar  a esta censura los medios de prueba sobre los cuales se sustentó el  fallo de responsabilidad.   

         En  el  segundo reparo, contrariamente, sí  se  ocupa de los reseñados testimonios que constituyeron el sustento basilar de  la   condena,   planteando  que  al  valorarlos  se  incurrió  en  falso  raciocinio “porque en el proceso  de   valoración   se   violaron   los   postulados   que   informan   la   sana  crítica”, básicamente por los siguientes motivos:  (i)  dado que ninguno de ellos contiene una percepción  directa  de  los  hechos,  sino  de otros sobre el asunto; (ii) no son creíbles  porque  en  su  valoración  se  violaron máximas de la experiencia, pues   siendo  la  organización  guerrillera clandestina, jerarquizada y con un manejo  de  la  información  compartimentada,  los  superiores  no  revelan ese tipo de  información  a  integrantes  de  menor  nivel,  como los deponentes y (iii) por  cuanto los relatos son contradictorios.   

         Sobre  el  primer  aspecto  importa precisar que en la censura no se  señala,  acorde con las pautas vistas con antelación, cuál fue la regla de la  sana  crítica  vulnerada  al  otorgar  credibilidad  a  dichos  de  oídas o de  referencia,  esto  es,  leyes  de la ciencia, máximas de la experiencia o de la  lógica,  lo  cual  determina la insuficiencia argumentativa  del reparo en  orden a su admisión.   

         Esa  falencia determina que la controversia planteada se limite a la  mera  disparidad entre el criterio subjetivo de la casacionista sobre el mérito  de  las  referidas  declaraciones  y  el a su vez expresado por el sentenciador,  cediendo  el  primero  en  virtud de la doble presunción de acierto y legalidad  que  precede al segundo, máxime cuando ese tipo de propuestas no son admisibles  en   esta   sede   por  desconocer  el  carácter  extraordinario  del  recurso.   

         Recuérdese  que,  para  el  juzgador estas declaraciones a pesar de  ser  de  referencia  tenían credibilidad a la luz de la  jurisprudencia de  esta      Sala      sobre      el     particular4,  por  lo  que la casacionista  estaba  compelida  a  demostrar  que  dicha  valoración  no  se ceñía a tales  parámetros  jurisprudenciales  fundados  precisamente  en  reglas  de  la  sana  crítica  o que los presupuestos del criterio de autoridad las desacatan, en uno  u  otro  caso  bajo  la égida del yerro invocado, ejercicios argumentativos que  nunca  elabora, dejando en el ámbito meramente enunciativo la pretensión, como  un  simple  enfrentamiento  entre su apreciación particular sobre los medios de  prueba   enunciados   y   la   del   sentenciador,  cuyas  consecuencias  ya  se  anunciaron.   

         Lo  mismo  se  debe decir frente al tercero de los aspectos sobre el  que  se  edifica el yerro por la existencia de contradicciones e inconsistencias  de  las  declaraciones,  sin  confrontar  el  mérito  otorgado con reglas de la  ciencia,  la lógica o la experiencia quebrantadas, sólo con el objetivo de que  prevalezca su personal visión valorativa sobre la del juzgador.   

Peor   aún,   se   subraya,   cuando  el  sentenciador  fue  consciente  de  la existencia de tales contradicciones en los  referidos   testimonios,   cuya   presencia,   sin   embargo,  no  destruía  su  credibilidad. Así lo precisó:   

En  el análisis de la prueba, nada obliga  al  fallador  a  tomar  cada testimonio en su integridad, para admitirlo como la  verdad  probada  del  proceso o para desecharlo de la  misma  forma (Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, radicado 21757  del  25  de  mayo de 2006 y Radicado 22106 del 26 de enero del 2006.), ya que es  apenas  natural  que  el  Juzgador  esté facultado para tomar de un determinado  testimonio  los  aspectos  que  advierta  verosímiles  y desechar los que no lo  sean,  o  de  acoger unas versiones y desestimar otras, sin que por ello incurra  en  error de apreciación probatoria, pues es de elemental obviedad entender que  los  testigos no siempre dicen la verdad, y que es tarea del juzgador establecer  cuándo  lo  hacen  y  cuándo no lo hacen, siendo consecuencia obligada de esta  labor   crítica,   la   desestimación   de   las  afirmaciones  que  considere  falaces.   

En  el  mismo  sentido  ha  dicho la Corte  Suprema  de  Justicia que ante dos testimonios que en su esencia y contenido son  concordantes,  y  como  enseña  la  lógica  lo accesorio sigue la suerte de lo  principal,  se traduce en el ámbito probatorio que de  hallarse  contradicciones  en  lo  esencial  poco  importa  el hecho que existan  uniformidad  en tópicos secundarios, caso en el cual la conclusión que deviene  necesaria  es  la de negar crédito a la prueba, pero lo que no se puede aceptar  es  la  proposición  inversa  que  implícitamente surge de la apreciación que  antes  contradicciones  irrelevantes  y  coincidencia  plena en lo principal, se  llegue    a    negar    crédito    porque    existen   inconsistencia   en   lo  secundario  (Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Pena!,  radicado 23706 de 26 de enero      de      2006).  En  este  caso las tres declaraciones  son  concordantes  sobre  el  conocimiento  que  de los hechos obtuvieron, entre  ellas  las  informaciones  por  El  Paisa  y  El  Chuzo,  son  concordantes  sus  narraciones  en  lo  esencial,  quienes  participaron  en los hechos en donde se  secuestró   a   Elías   Antonio   y   Tito   Jorge,   a  su  vez  quienes  dieron  muerte  a  Misael  Hernando fueron JOSÉ ALDEMAR y  Francisco Antonio.   

Hacer  depender  la  credibilidad  de  un  testigo  de la plena identidad entre sus distintas intervenciones procesales, se  traduce  en  introducir  una norma de interpretación del testimonio inaceptable  que   conduciría   a   dejar  ese  tipo  de  prueba  menguada  a  su  capacidad  demostrativa,  hasta  su  inutilidad,  ya  que  la experiencia enseña que quien  expone  varias  veces el mismo hecho, omite circunstancias u agrega otras por lo  que  le  corresponde  al juzgador examinar esas intervenciones para otorgarle el  alcance                  respectivo5          (Subrayas fuera de texto).   

Ahora,  si  bien  en  el  segundo  aspecto  planteado  como  constitutivo  de  falso  raciocinio la demandante identifica la  regla  de la experiencia desconocida, en tanto aduce que siendo la organización  guerrillera  clandestina,  jerarquizada  y  con  un  manejo  de  la información  compartimentada   los   superiores   no  revelan  ese  tipo  de  información  a  integrantes  de  menor  nivel,  como  los  deponentes,  lo  cierto  es  que  tal  afirmación no ostenta tal carácter.   

En  efecto,  no  puede  aceptarse  que  tal  conducta  al seno de las organizaciones subversivas sea generalizada o que tenga  pretensiones  de  universalidad, características que identifican a las máximas  de  la  experiencia, cuando ni siquiera es verificable en estructuras cuyo grado  de  jerarquización  es más riguroso, toda vez que es viable, y ello lo enseña  la  realidad,  que  superiores  jerárquicos en ocasiones comparten información  sobre  sus  actividades  con  personal de menor rango. En ese orden de ideas, no  puede  aceptarse  como  máxima  de la experiencia, fruto de la observación del  comportamiento humano, la esbozada por el libelista.   

         En   el   tercer  cargo  del  libelo,  por  último,  sustentado  en  un falso juicio de identidad  por   tergiversación   de   lo  dicho  por  los  mismos  testigos  Ferney    de    Jesús    Vidales    Benítez,    Urbano   Palacios  Cuesta y Luis Carlos Torres  Panesso,  resulta  todavía  más     evidente     el     incumplimiento     de     los    presupuestos    de  admisibilidad.   

Lo  anterior,  dado que haciendo caso omiso  del  deber  que  asiste  al censor de exponer los fundamentos de la propuesta, y  concretamente  los  que  surgen  por  razón  de  la  naturaleza  del  yerro  de  apreciación     probatoria     atrás    puntualizados,    ningún    argumento  expone.   

Ello, porque a la demandante sólo le bastó  con     indicar     inopinadamente    que  ninguno  de  los  tres  testigos  es  directo  en  manifestar  que  el sujeto conocido al interior de la organización  subversiva  con  el  alias de “Marcos”  sea  su  representado  y  que  dio  muerte al señor Misael    Hernando   Higuita   Higuita,  conclusión  que  se  opone  a  lo inferido por el juzgador, pero sin establecer  dónde  radicó  la  alegada  tergiversación  o  alteración  de  su  contenido  objetivo,  ante  lo  cual  la  crítica  deviene meramente enunciativa y, por lo  mismo, carente de toda demostración.    

         Conforme   a  lo  expuesto,  la  Sala  procederá,  como  lo  había  anunciado,  a  inadmitir  la  demanda,  de  acuerdo con la consecuencia procesal  señalada  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000.  Además, porque no  se  advierte  que  dentro  del  presente  trámite  o en la sentencia se hubiera  incurrido   en   violación   de   garantías   fundamentales   que  reclame  su  intervención   oficiosa   en  los  términos  previstos  en  el  artículo  216  ibídem.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.          INADMITIR, por  falta  de  legitimidad,  el  escrito  presentado  por  el procesado JOSÉ          ALDEMAR          GARCÍA         SANTANA.   

2.          INADMITIR el  libelo  casacional  presentado  por  la  defensora del  mencionado   ciudadano,   de   acuerdo   con   las   razones  expuestas  en  las  consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  de  la Ley 600 de 2000, contra este proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Mediante  Acuerdo  6710 de 2010, expedido por la Sala Administrativa del Consejo  Superior de la Judicatura.   

2 Fols.  307 y ss. del c.o. de la causa.   

3  Providencias  del  14 de abril, Rad. 18122, del 30 de junio, Rad. 22324, y del 4  de mayo de 2005. Rad. 21271, entre otras.   

4  A  partir de la pág. 17 del fallo de segundo grado.   

5  A  partir de la pág. 25 ibídem.     

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