AP5791-2014(42355)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP5791-2014  

Radicación N° 42355  

(Aprobado acta Nº 318)   

Bogotá,  D.C.,  veinticuatro  (24) de septiembre de dos mil catorce (2014).   

La  Sala  se  pronuncia  respecto  de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación  presentada  por  el  apoderado  de  la parte civil dentro de la  actuación  seguida   en   contra   de   LUIS  HUMBERTO  MARTÍNEZ  LACOUTURE.   

H E C H O S  

Fueron   expuestos  por  el  a quo en estos términos:   

“Según   se   data   en   autos,   la  investigación  se  inicia  con  la  denuncia  formulada por el señor Alexis de  Jesús  Villero  Damián,  presentada  el  día  10  de  octubre de 2006 ante la  Fiscalía  28 Delegada ante los Jueces Penales del Circuito, quien manifiesta en  su  relato  que  demandó  laboralmente al señor LUIS  HUMBERTO      MARTÍNEZ     LACOUTURE,   representante  legal  de  la  empresa  Bincolpar,  para  el  pago  de  las  prestaciones  sociales que le adeudaba, que  posteriormente  aproximadamente  el  23 de julio de 2006, recibió unas llamadas  telefónicas  en  su  residencia,  en  donde  le decían “que su esposa Sandra  Calle  era una perra, que no tiene paradero fijo, que se cuidaran, que se fueran  para  Cartagena  porque  si  no  le harían daño”, afirma el denunciante; que  dichas   llamadas   fueron   realizadas   por   parte  del  señor  LUIS  HUMBERTO  MARTÍNEZ LACOUTURE, para  que  desistiera  de  la  demanda laboral, ya que no quiso recibir los $5.000.000  como pago de su indemnización”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Agotado   el  ciclo  instructivo,  la  Fiscalía  28  Seccional  de  Valledupar  (Cesar) calificó el mérito del sumario, el 8 de abril de 2009, con  preclusión  de  la  investigación  en  favor  de LUIS  HUMBERTO         MARTÍNEZ         LACOUTURE1,  decisión  impugnada  por  la parte civil2  e  invalidada  por  la  Fiscalía Primera Delegada ante el Tribunal  Superior  de dicha ciudad, el 25 de agosto siguiente3.  De  esta  forma,  el  28 de  octubre  de  2010,  se  profirió  resolución de acusación en su contra por el  delito    de    injuria   (artículo   220   del   Código   Penal).4   

2.  Correspondió  la  etapa de la causa al  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de Valledupar que, luego de celebrar las  audiencias  preparatoria  y  pública, a través de su despacho adjunto, emitió  sentencia  absolutoria  el  12  de  febrero de 2013.5   

     3.  Apelada  esta  determinación por el representante de  la  parte  civil,  fue confirmada por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Valledupar  -Sala  Penal- el 16 de mayo de 2013.6   

LA  DEMANDA DE CASACIÓN  

El  apoderado  de la parte civil, previo al  desarrollo  de  su  argumentación,  invoca “bajo el  imperio  de  la  discrecionalidad de la ley”, que en  el  caso  de  que  no  prosperen  los  cargos  elevados,  la  Sala  “entre  a considerar en derecho y (sic) del respectivo si llegare  a  encontrar cualquier causal que afecte el debido proceso proceda a reconocerlo  así   en   la   sentencia   para  unificar  la  jurisprudencia  acorde  con  la  ley”.   

Con  esta  salvedad, y luego de una profusa  reseña  del  proceso  laboral adelantado por el quejoso en contra de la empresa  representada  por el acusado, hace mención de los testigos que se percataron de  las  llamadas  insultantes  y  de  los que calificaron a aquel de intransigente,  para  aseverar  que  esta  actitud y su renuencia a comparecer al trámite, pues  fue  declarado  persona  ausente,  son signos inequívocos de su responsabilidad  penal.  Por  eso,  después  de  extensas  críticas  a  la conducta asumida por  MARTÍNEZ  LACOUTURE  en la  disputa  laboral en comento, y de cuestionar la valoración probatoria efectuada  por    el    Tribunal,    postula    dos   cargos  en  contra de su providencia:   

En   el  cargo  primero, al amparo del artículo 181, numeral 1°, de  la  Ley  906  de 2004, aduce que el a quo no  tuvo  en  cuenta  el  concepto precalificatorio allegado por el  Ministerio  Público  que,  en  su rol de “vigilante  administrativo    judicial”,    consideró    que  concurrían  los  requisitos  para  proferir resolución de acusación, haciendo  relación  el  censor de los elementos estructurales del delito de injuria, para  predicar su configuración.   

Y  en  el  cargo  segundo,   apoyado  en  la  causal  prevista  en  el  artículo  181,  numeral 3°, de la Ley 906 de 2004, denuncia el desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  de  la  prueba,  puesto  que  el ad  quem  estimó que la manera en que se  dieron  las  manifestaciones  desobligantes  era  insuficiente  para lesionar el  derecho   a   la  integridad  moral,  “de  lo  cual  discrepo,  porque  aquí  el  bien jurídico protegido […] puede ser vulnerado  tanto  en  público como en privado o a través de un medio de comunicación que  puede  ser  el  teléfono,  la  radio,  la  televisión,  la  internet,  etc”.   

En  ambos  casos,  solicita  “la  nulidad  del proceso a partir del fallo de primera instancia  […]  y en su defecto se (sic) coloque la que en derecho corresponda según las  pruebas debatidas dentro del plenario”.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  Una vez más  debe  indicarse  que  la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito  de  libre  formulación   en  el  que  su  autor  puede  plantear  genéricamente  y  desde  personales  puntos  de  vista  las  inquietudes, perplejidades, contradicciones,  incoherencias  o  errores  que  advierta  o  le  suscite  el  fallo  de  segunda  instancia,  puesto  que este ha de cumplir con parámetros mínimos de lógica y  argumentación  necesarios para desvirtuar la presunción de acierto y legalidad  que ampara a las decisiones impugnadas en sede extraordinaria.   

         

Ello  tiene  su fundamento en la naturaleza  rogada  del  recurso,  de  ahí  que  el libelo correspondiente debe someterse a  estrictas  y  específicas  reglas  de  postulación y bastarse a sí mismo para  demostrar  la  existencia del yerro planteado, también su trascendencia, ya que  no  se  trata  de  exponer la llana discordancia de criterios ni de prolongar la  controversia  que  finiquitó  con  la  sentencia (Cfr. CSJ AP, 24 Nov 2005, Rad  23829; CSJ AP, 18 Ago 2010, Rad. 33559).   

         2.  Bajo  esa  perspectiva,  es  claro que el censor pasó por alto  toda   esta  serie  de  lineamientos,  al  ser  ostensibles  las  falencias  que  conducirán    a    la    inadmisión   de la demanda:   

2.1.  En  efecto, se tiene que no presentó  los  cargos  en  debida  forma  sino  que simplemente hizo alusión indefinida a  varias  causales  de  casación  contempladas en la Ley 906 de 2004, pasando por  alto  que  la  presente  actuación, se tramitó bajo los lineamientos de la Ley  600 de 2000.   

Y es esta normatividad, la que prevé en su  artículo  205,  la procedencia del recurso extraordinario contra cierto tipo de  decisiones,  por  lo  que  al  tratarse la sentencia atacada diversa de aquellas  proferidas  respecto  de  delitos  con  pena privativa de la libertad superior a  ocho  (8)  años7,  debió  acudir  a  la  modalidad  discrecional  para plantear el  reparo,  según lo establece el último inciso de ese canon. Es decir, debió el  libelista  acatar el inciso final de esta disposición y poner de relieve que en  el   sub   examine   era  necesario  un  pronunciamiento  de  la  Corte  orientado  al  desarrollo  de  la  jurisprudencia  con miras a unificar posturas, revisar la doctrina, o abordar un  tema  aún no resuelto, con la demostración de que la nueva postura debe servir  a  ese  propósito  y,  a  la vez, para la solución del caso; o bien invocar la  necesidad  de  la  protección  de  garantías  fundamentales,  lo  que  exigía  acreditar  fehacientemente  la  materialidad  del  vicio  y  su incidencia en el  debido  proceso  o  el  derecho de defensa, todo precedido de una argumentación  encaminada  a  justificar  a  la Corporación las razones que la habilitarían a  admitir  la  demanda,  de  manera excepcional (CSJ AP, 11 Mar 2011, Rad. 34609).   

Nada  de  lo anterior se intentó y, en ese  orden,  vale recalcar que no tiene cabida, como ocurrió en este asunto, dejarse  el  éxito  de  la propuesta al amparo de cuestionamientos dispersos dirigidos a  rebatir   las   consideraciones   del  fallo  impugnado,  ya  que  una  adecuada  sustentación  no  debe subsumirse a la mera disidencia con respecto al criterio  del  sentenciador,  pues  la postura de éste último es la que prevalece, sobre  todo,  si no se demuestran errores trascendentes en sus conclusiones o vicios de  estructura o garantía en el trámite adelantado.    

Por ende, resulta excluyente hacer mención  lacónica  de  la  facultad discrecional de la Corte con el propósito de que se  estudie  la  demanda,  por  cuanto  el deber de debida argumentación tampoco se  satisface   con   remitirse   residualmente  a  la  simple  expectativa  que  la  Corporación  supere  sus  defectos  para  garantizar  los fines del recurso, en  atención  a que la casación no equivale a un grado jurisdiccional de consulta,  de  ser  así “el libelo no tendría razón de ser y  todos  los  fallos de segunda instancia deberían ser asimilados por la Sala con  el  objeto  de constatar su afinidad con las garantías fundamentales; cuestión  claramente  absurda, con base, entre otros axiomas, al de presunción de acierto  y  legalidad  que  viene  unido  a  ellos  y seguridad jurídica, puesto que las  actuaciones  de  los  funcionarios  cuando  administran  justicia,  son legales,  imparciales   y   objetivas.  Cuando  la  Corte  casa  una  sentencia,  esa  es,  precisamente,  la  excepción  a  la  regla, motivo por el cual se restablece la  legalidad  del proceso y los derechos quebrantados a las partes”. (CSJ          AP,         11         Mar         2009,         Rad.  31179).          

2.2. De otro lado, los reparos formulados no  cuentan  con  ningún  soporte  jurídico  y no se compadecen con la lógica que  impera  tratándose  de  la  demostración de las modalidades de infracción que  invocan,  al hacer abstracción de aquellas reflexiones que, desde los elementos  de  convicción  recaudados  en  la  actuación,  plasmaron  cómo las supuestas  manifestaciones   que  recibió  el  denunciante  vía  telefónica  no  estaban  encaminadas  a  lesionar  su  patrimonio  moral y honra, sino, hipotéticamente,  para  presionarlo  a  aceptar la propuesta conciliatoria de su otrora empleador,  aunado  a que “Si en gracia a discusión se aceptara  que  la  conducta investigada constituye el delito de injuria, indefectiblemente  la  decisión  a  tomar  debe  favorecer  al  acusado en la medida que no existe  prueba  alguna que demuestre en grado de certeza que él es el autor del punible  investigado,  como se le imputó en la resolución de acusación”.8   

Por  consiguiente,  lo que se pretende es  retornar  a  la  controversia  definida  en  el decurso de las instancias con la  simple  imposición  del criterio del recurrente, quien alude a la existencia de  los   yerros   únicamente  a  partir  de  su  propia  perspectiva,  divergencia  refractaria  a  la  naturaleza de la casación y en especial porque el juzgador,  dentro  del  método de persuasión racional, goza de libertad para apreciar los  medios  de  convicción válidamente allegados al plenario solo limitado por las  reglas  que  estructuran  la sana crítica, sin que, en este caso, el actor haya  evidenciado  dislates  de  valoración  en  las  condiciones propias del recurso  extraordinario.   

2.3. Lo anterior sin considerar la palmaria  ausencia  de  fundamento  sustancial  del  reclamo  elevado,  al obviarse, entre  otros,  que:  (i)  son  distintos  los  requisitos  y  el  grado de conocimiento  necesarios  para proferir resolución de acusación y sentencia, (ii) en ninguno  de  ambos  casos  es  vinculante  el  concepto  del Ministerio Público sobre el  particular,  (iii)  que  de  decretarse  en  sede  de casación la nulidad de la  actuación   no   procede   dictar  fallo  de  reemplazo,  sino  retrotraer  las  diligencias  al  estado previo a la irregularidad que originó la invalidación,  y  (iv)  reparar  que  no  es  este  escenario  para acometer un debate sobre el  litigio  laboral  que  el denunciante sostiene con el quejoso, al tratarse de un  asunto ajeno a la justicia penal.   

   

2.4.  Estas falencias son insubsanables, no  obstante,  se  impone  recalcar  que  este  diagnóstico  no  obedece  al simple  incumplimiento  de imperiosos formalismos sino a que cada una de las causales de  casación   supone,   para   su   correcta   demostración,   el  desarrollo  de  razonamientos  desde  bases  lógicas  diferenciadas,  según  la  ontología  y  efectos  de  cada  vía  de  impugnación,  los que de no respetarse conducen al  fracaso  del  argumento  casacional  habida  cuenta  que,  se insiste, no es con  cualquier  especie  de  silogismo como se desvirtúa la presunción de acierto y  legalidad de la que goza la decisión judicial.   

3.  En  fin,  el  censor  se aparta de la dialéctica propia al recurso  extraordinario  y aspira imponer su inconformidad asimilando que la casación es  una  tercera  instancia  en  la que a través de un escrito de libre confección  puede  cuestionar  sin  rigor  alguno  las  decisiones judiciales producto de un  proceso  penal,  cuando  ello no es así, atendiendo que se trata por naturaleza  de un juicio lógico-jurídico a la sentencia.   

Entonces, según se anticipó, al carecer la  demanda  de  casación  del  sustento  conceptual y argumentativo propio de esta  sede   será   inadmitida,  además  del  estudio  del  expediente  no  se  vislumbra violación de derechos  fundamentales  o  garantías  de los sujetos procesales en condiciones tales que  den  lugar  al  ejercicio  de  la  facultad oficiosa de índole constitucional y  legal que le asiste a la Sala para asegurar su protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  contra  de la  sentencia  emitida  por el  Tribunal      Superior     del     Distrito     Judicial     de     Valledupar,      el     16   de   mayo   de   2013.   

Contra  esta providencia no procede ningún  recurso   

Cópiese,      comuníquese,      y  cúmplase   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

                                                                                      

1  Folio    234   y   siguientes   cuaderno   original  1   

2  Reconocido  como  tal con resolución del 26 de abril  de 2007 (Fl. 61 c. parte civil)   

3  Fl.   1   y   s.s.   cuaderno   Fiscalía   segunda  instancia   

4  Fl. 45 y s.s 126 y s.s c.o 2   

5  Fl.   147  y  s.s  c.o  2   

6  Fl. 20 y s.s cuaderno Tribunal   

7  Conforme  la  época  de ocurrencia de los hechos, la  injuria  tenía  prevista pena privativa de la libertad entre uno (1) a tres (3)  años.   

8  Fl.  11 sentencia segunda instancia / Fl. 30 cuaderno  Tribunal     

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