AP5740-2014 (44080)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP5740-2014  

Radicación N° 44.080  

(Aprobado Acta N°  318)   

Bogotá D.C., veinticuatro (24) de septiembre  de dos mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Francenit  Hernández  Valencia  contra la  sentencia  del  28  de  abril  de 2014 de la Sala Penal del Tribunal Superior de  Armenia  que  confirmó  la  proferida el 25 de noviembre de 2013 por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  con funciones de conocimiento de la misma ciudad,  mediante  la cual la condenó por el delito de tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal en los siguientes términos:   

El  1  de  junio  de  2012  se  practicó  diligencia  de allanamiento y registro de la vivienda ubicada en el barrio Nueva  Libertad  manzana  21 casa 3 de esta ciudad, la cual fue atendida por la señora  FRANCENIT  HERNÁNDEZ  VALENCIA.  En  el  interior del inmueble se encontró una  bolsa  plástica  transparente  con cincuenta (50) envoltorios con una sustancia  que  arrojó  positivo  para  cocaína con un peso neto de 9.26 gramos. Por esta  razón     la     señora     HERNÁNDEZ    VALENCIA    fue    aprehendida    en  flagrancia.1   

2.  Una vez la Policía Nacional registró y  allanó    la    vivienda    de    la    inculpada2, el 2 de junio de 2012 el Juez  Cuarto  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de garantías de la misma  ciudad,  por  solicitud  de la Fiscalía Veintiuna Local -Turno Uri- de Armenia,  legalizó  la  diligencia aludida y la formulación de imputación por el delito  de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes en contra de Francenit  Hernández  Valencia, cargo que  aceptó.  Así mismo, teniendo en cuenta que la instructora retiró la solicitud  de  medida  de aseguramiento, fue dejada en libertad3.     

3. El 16 de julio de ese año, el fiscal del  caso    presentó   el   escrito   de   acusación   correspondiente4.   

4.  El  25  de  noviembre  de  2013,  con la  dirección  de  la Juez Segunda Penal del Circuito con funciones de conocimiento  de  Armenia,  se  llevó  a cabo la audiencia de verificación del allanamiento,  constatando  la  funcionaria  que  a  la  inculpada  se  le dieron a conocer los  derechos,  beneficios y consecuencias cuando decidió aceptar la responsabilidad  en  los  hechos  materia de investigación, dejando en claro que los admitió de  manera    libre,    consciente    y    voluntaria5.     

5.  El  mismo  día  se  llevó  a  cabo  la  audiencia de individualización de pena y sentencia.   

6.  Mediante  proveído  de  dicha  fecha se  condenó  a  Francenit Hernández Valencia,  en  calidad  de  autora  responsable  del  injusto  de  tráfico,  fabricación  o  porte de estupefacientes, a las penas principales de cuarenta y  ocho  (48)  meses de prisión y multa de 1.5 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  así  como  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la sanción privativa  de  la  libertad.  Además, le negó la suspensión condicional de la ejecución  de  la  pena  y la prisión domiciliaria, motivo por el cual, ordenó expedir la  respectiva        orden       de       captura6.   

7.  Recurrido  el  fallo  por  la  defensa  técnica,  fue  confirmado por la Sala Penal del Tribunal Superior de Armenia el  28        de        abril        de       20147.   

8.  El  defensor  interpuso oportunamente el  recurso      extraordinario     de     casación8   y   presentó   el   libelo  correspondiente9.   

LA DEMANDA  

Tras identificar la sentencia impugnada y las  partes  e  intervinientes,  el  recurrente  cita  la cuestión fáctica como fue  concebida  en  el  escrito  de  acusación y postula un cargo, de la manera como  sigue.   

Transcribe  el numeral 1º del artículo 181  –no  especifica  de  qué  estatuto-  y  habla  de  la  «falta  de aplicación,  interpretación  errónea  o  aplicación  indebida  de  una norma del bloque de  constitucionalidad,    constitucional    o    legal   llamada   a   regular   el  caso»10.   

En  la  sustentación del cargo se refiere a  los  pormenores de la negativa en instancias a conceder la prisión domiciliaria  a  su  prohijada,  en  su condición de madre cabeza de familia de sus dos hijos  menores  de  edad.  Por  consiguiente,  prima para el abogado, en estas precisas  circunstancias  procesales, la prevalencia del derecho de los niños a estar con  su   familia,   a  no  ser  separados  de  ella  y  a  prevenir  toda  forma  de  abandono.   

Es por ello que alega la falta de aplicación  de  las  normas  «del  Bloque  de Constitucionalidad  aplicables   al   caso»11,  y  enuncia  como tales los  artículos  1,  2,  4  y  44,  inciso final, de la Carta Política, junto con la  Convención sobre los Derechos del niño y los adolescentes.   

A    renglón   seguido,   anuncia   que  «el   principio  de  la  supremacía  del  interés  superior  de  los  menores  sobre  los derechos de los demás, fue indebidamente  aplicad[o]»12   y  que,  en  cambio,  los  artículos  1,  2,  5,  6,  7,  8,  9 y 12 de la Ley 1098 de 2006 (Código de la  Infancia  y  la  Adolescencia)  no fueron tenidos en cuenta en las decisiones de  instancia,   puesto   que   concluyeron,   por   el   hecho   de  haber  hallado  estupefacientes  en  la vivienda de la procesada, que no podía ser acreedora al  beneficio solicitado.   

    Por  otro lado, el profesional  del  derecho cuestiona a los juzgadores porque no comprobaron las circunstancias  «física[s],   materia[les]   socioeconómica[s]  y  afectiva[s]  en que se encuentran no sólo los menores, sino además la mamá de  aquellos,    en   su   condición   de   madre   cabeza   de   hogar»13;        con     ese    actuar,    desconocieron  las  normas  del  bloque de constitucionalidad citadas  atrás.   

A continuación, el libelista trae las mismas  normas  constitucionales,  para sostener que fueron interpretadas erróneamente,  por  cuanto  las  instancias, con base en el axioma del interés superior de los  niños,  negaron  el  subrogado  penal.  En  esa  medida,  para  el letrado, esa  hermenéutica       «es      errada»14,  por cuanto dicho principio  debe   analizarse   «de  manera  que  tienda  a  la  preservación  de  unas  condiciones  en  que  prevalezca  la  garantía  de los  derechos    e    intereses    de   los   menores»15.   

   Enseguida,  el  recurrente invoca la  aplicación  indebida del aludido postulado de prevalencia del interés superior  del  menor,  en  el  entendido  que  la  negativa de la prisión domiciliaria se  enfocó  en el hecho de que la madre tenía el expendio de la droga prohibida en  su  vivienda  donde  habitan sus hijos menores de edad. Esta situación, para el  demandante,  «configura  una indebida aplicación de  una  norma  del  Bloque  de  constitucionalidad  aplicable  al  caso»16,  porque los derechos de los  niños  deben  prevalecer  sobre  el  orden  y  la  salud  públicos como bienes  jurídicos    afectados    con    la    comisión   de   la   conducta   punible  imputada.   

Pretende,  al  final,  la unificación de la  jurisprudencia  en  las temáticas tratadas, la efectividad del derecho material  lesionado,  el  respeto  a  las  garantías  de los intervinientes en el proceso  penal,   porque   «la  comisión  de  una  conducta  delictiva   (…)   no   implica  en  lo  absoluto  la  pérdida  total  de  sus  derechos»17,  sobre  todo  en  cuanto se  refiere  a  la  dignidad humana y la familia; incluso, debe tenerse presente que  su  prohijada jamás estudió, sus hijos nacieron cuando ella era muy joven, fue  abandonada  por el padre de sus niños y, en esas condiciones, tuvo que afrontar  el  mantenimiento  de  dos  de  sus  hijos,  porque  los  otros dos están en la  cárcel.        

Solicita casar el fallo impugnado.  

CONSIDERACIONES  

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º  del  artículo  184 ejusdem fijó  las  reglas  mínimas  de admisión de la correspondiente demanda, estableciendo  que  no  se  seleccionará  aquella en la que   i)   el  impugnante  carezca  de  interés  para acceder al recurso, ii) no se  invoque la causal conforme a la cual  se  edifica  el  reproche  de las contempladas en el artículo 181 ibídem, iii)  se  omita  desarrollar los  cargos  correspondientes  o,  iv)  fundadamente  se  logre  establecer que no se  requiere  de  la  sentencia para cumplir las finalidades previstas en el aludido  artículo  180;  lo  anterior,  salvo  que  el  cumplimiento  de  alguno de esos  propósitos permita superar  los defectos técnicos que exhiba el libelo y decidir de fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que,  el  libelo debe ser íntegro en su formulación,  suficiente,  claro y preciso en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal  suerte  que  debe  estar  soportado  en  los  principios  que  rigen  el recurso  extraordinario,  en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación  debida,   prioridad,   no  contradicción  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar  a  la  manera  de  un  alegato  de instancia. La proposición de los  cargos  exige  escoger  adecuadamente la causal y el sentido de la violación y,  concretar el disenso en términos de trascendencia.   

2. Sea lo primero destacar que el escrito que  nos  ocupa  mezcla  las diversas finalidades de la impugnación sobre la base de  una  misma  idea  o  proposición jurídica, desembocando, de esta manera, en un  caos  argumentativo, que impide conocer con claridad cuál es el objeto concreto  del recurso.   

Nótese, por ejemplo, cómo, sin especificar  cuáles  son  aquellas  decisiones  de  la  Corporación  que  habrían  de  ser  consolidadas  o  estandarizadas,  el  censor  pretende  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  bajo su personal interpretación, con la exclusiva referencia a  la   primacía   de   los   derechos  de  los  niños  sobre  las  consecuencias  penitenciarias-administrativas  de  los  autores o partícipes de un injusto, lo  cual  no  constituye  más  que una opinión del libelista y no una finalidad en  sí misma considerada.   

No  demuestra el profesional del derecho, de  forma  ponderada  y  a tono con la causal de casación por él seleccionada, por  qué  las  personas  que  infringen -por acción u omisión- alguno de los tipos  penales  consagrados  en  el Código Penal, como es el caso de la aquí acusada,  por  el delito de narcotráfico, en la modalidad de comercialización, deben ser  favorecidas con la prisión domiciliaria.   

En verdad, el censor no explica fundadamente  cómo  es  que deben deben prevalecer los derechos de los menores a preservar su  unión  familiar  frente  a  la  sanción  privativa  de  la libertad intramural  derivada  de la consumación de un delito de venta de psicotrópicos, cuando tal  conducta se ejecuta, en el mismo sitio donde residen los infantes.   

Es más, su opinión se muestra opuesta a la  lógica  legislativa  jurídico  penal  que,  de  alguna  manera, se apoya en el  sistema  argumentativo  de  ponderación, y establece que ante la confluencia de  dos  derechos  opuestos,  resulta irremediable limitar uno de ellos, atendiendo,  esencialmente, razones de política criminal.   

Para  la  Sala,  es  claro  que  tal visión  escapó  a  las  reflexiones  del demandante, pues, sin más, entendió que ante  cualquier  punible, si se es padre o madre cabeza de familia, siempre, hay lugar  a decretar la prisión domiciliaria.   

Presentar  como  finalidad  del  recurso  de  casación,  temáticas  que  no  son de su resorte, es lo mismo que omitir   la  ineludible       labor      de      señalar    razonadamente   cuál   es  el  propósito   concreto   de  la  impugnación,  de  aquellos  descritos  en  el artículo 180 del Estatuto Adjetivo.   

3. Esta sería una  razón  suficiente  para  no  dar  curso  al  libelo.  No obstante, la Corte detecta motivos adicionales que  la  llevan a concluir que la demanda   no satisface los requisitos mínimos que  exige  el  canon  184  para  su  admisión  y,  en  consecuencia,  no  puede ser  seleccionada.   

3.1.    Es    así    que    dejó      de     señalar    el   recurrente   el   sentido  de  ataque  a  través del cual  sustentó   la   demanda.   En  esa  línea,  debió  identificar  si  toda  la  argumentación   la   dirigía   por   vía   directa   o  indirecta,  puesto  que el referente –para   la   primera  hipótesis-  se  relaciona    con    la   aplicación   correcta   del   derecho  a               la   conducta  ilícita   y,  la  segunda,  tiene  que  ver  con  la  apreciación  de  las  pruebas,  que  es  -entre otros supuestos-, una cuestión  opuesta,   en   la   que   se   exige   un  desarrollo  puntual  de  los  medios  cuestionados.   

3.2.  Ahora, como  enunció  el numeral 1º del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, e invocó       la      «FALTA   DE   APLICACIÓN,  INTERPRETACIÓN  ERRONEA  Y  APLICACIÓN  INDEBIDA  DE  UNA  NORMA  DEL  BLOQUE  DE CONSTITUCIONALIDAD Y LEGAL»18,   es  válido  pensar  que  escogió la ruta de la infracción directa de la ley sustancial.   

Sin      embargo,      omitió       objetivar,  entre  las  modalidades  específicas de error de este motivo de  ataque,   cuál  es  la  verdaderamente  postulada,  pues  se refirió a todos en  un     mismo    contexto,    impidiendo,     de    esta    forma,   toda   posible   verificación  del  presunto  dislate  por  parte de la Corte, además que no acató los parámetros  de demostración que lo rigen.   

En verdad, cuando se intenta la enunciación  de  la  censura  por  la  ruta de la violación directa, el libelista debe hacer  completa  abstracción  de  lo  fáctico y probatorio y, en ese sentido, admitir  los  hechos  y  la  apreciación  de  los  medios de convicción fijados por los  sentenciadores,  de  manera  tal  que  le  corresponde desarrollar el reproche a  partir  de  un  ejercicio  estrictamente  jurídico,  en  el  que  establezca la  vulneración   del  precepto  normativo  en  el  caso  concreto,  por  medio  de  cualquiera  de  las tres modalidades de error: falta de aplicación, aplicación  indebida   o   interpretación   errónea  y  seguidamente,  debe  demostrar  la  trascendencia del yerro confutando la decisión impugnada.   

Mientras  que  la falta de aplicación opera  cuando  el  juzgador  deja  de  emplear  el  precepto  que  regula el asunto, la  aplicación  indebida,  deviene  de  la  errada elección por el fallador de una  disposición  que  no  se ajusta al caso, con la consecuente inaplicación de la  norma  que  recoge  de  forma  correcta el supuesto fáctico. La interpretación  errónea,  en  cambio,  parte de la acertada selección de la norma aplicable al  asunto  debatido,  pero conlleva un entendimiento equivocado de la misma, que le  hace producir efectos jurídicos que no emanan de su contenido.   

En        el       asunto  sub  examine,      el      defensor      identifica,  como  normas  supuestamente  vulneradas, las  del  bloque  de  constitucionalidad,  que  hace  consistir en  los   artículos   1,  2,  3,  4,  5,  6,  7, 8, 9, 19, 11, 12 y 13 de la Ley  1098  de  2006  y  la  Convención  sobre  los  Derechos  del  Niño;   sin   embargo,   la   Corte  no  logra  comprender  si  lo  denunciado  es la exclusión  evidente  del  algún  precepto,  su  incorrecta aplicación o el empleo  de  una hermenéutica errada, por  cuanto   en   un   mismo   texto   se   refiere   a  todas       las  modalidades           enunciadas,  sin  separar  en debida forma sus  contenidos,     entremezclando    sus    individuales    desarrollos  y obviando  la     ineludible    trascendencia    de     cada     uno,     defecto     argumentativo    éste  que la Corte no puede corregir,  sin violentar el principio de limitación que rige el recurso.   

Ciertamente, el  letrado  en  un confuso escrito, sustentó en un solo cargo, los tres sentidos  de   la   causal   primera,   es   decir,   falta   de   aplicación19,  interpretación               errónea20      y     aplicación  indebida21   

.  A más de ello, identificó  las  mismas  normas  supuestamente  vulneradas en cada caso, con  lo  cual,  es  notoria su  ambigüedad  y  la infracción del principio lógico  de  no  contradicción, por cuanto si el vicio es de  selección  normativa  (falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida  de  un  determinado      precepto)      no      podría,  simultáneamente,      equipararse     al     de  comprensión        (interpretación   errónea),  justamente,  porque,  en  esas  condiciones,  el  precepto        sí        aplicaría    al    caso,    pero    sus   efectos   habrían    sido    mal   entendidos;  esto ocurre, por ejemplo,  si  se  tasa la sanción  por   un   delito   de   homicidio   perpetrado   con   arma  blanca       y      el      funcionario   judicial  condena  a  su  autor  con  la pena accesoria de prohibición de porte de armas de fuego, cuando  esa  consecuencia  normativa  no  se  encuentra  implícita  en  el injusto en mención.   

El libelo así concebido no es más que un  alegato  de  libre  formulación ajeno a todo soporte argumentativo que, en esas  condiciones,  no  podría ser capaz de derrumbar la doble presunción de acierto  y  legalidad  que  recae  sobre el fallo de segundo grado, en tanto no se exhibe  ningún     defecto    in    iudicando que deba ser corregido por la Corte.   

3.3.  De   otro   lado,   es  manifiesto  el  equívoco  del  demandante  a  la  hora de seleccionar la causal  primera   de   casación   para   criticar   yerros  derivados  de presuntos errores en la valoración de  los  hechos  y  las  pruebas  aportadas por la defensa a fin de acreditar  la  supuesta condición de madre  cabeza   de   familia  de  su  prohijada.   

En  realidad, cuando esa es la intención,  es  necesario  invocar  la infracción mediata de la ley sustancial, apoyarse en  la  causal  tercera,  establecer si se trata de un error de hecho o de derecho e  invocar  una  cualquiera  de  sus  modalidades de ataque, esto es, determinar si  concurre  algún  falso  juicio  de  existencia, de identidad, de raciocinio, de  convicción   o   de   legalidad,   con  efecto  trascendente  en  la  decisión  acusada.   

En  ninguno de  estos  modos procedió el  recurrente,  quien,  bajo su particular percepción,  se  limitó a opinar, contrario a lo definido por los  juzgadores,   que   a   su   defendida   ha  debido  conferírsele   la  prisión  domiciliaria,  por  su  pretendida  condición  de  madre    cabeza   de  familia,  dejando  de  lado,  la ineludible tarea de  enrostrar    el    defecto   apreciativo   en   que   habrían   incurrido   los  falladores.   

Se       evidencia,      aún      más,   el  dislate  del  abogado  cuando  sostiene  que  en  el  caso de marras se debe     realizar     «un  estudio  socio-familiar,  económico  y  afectivo  para  tener  claridad  del  contexto  en  el que se desarrolla la vida familiar de la señora  Hernández  Valencia»22, adentrándose,    entonces,    en    valoraciones  probatorias  particulares,  sin  adecuar  la censura  a  tales  propósitos  y  abandonando los      sopesados     razonamientos        de       los  sentenciadores.   

3.4.  Agréguese,  cómo  para  sustentar    el    recurso,    resultaba             insustancial    anclar   la    propuesta    en   la    sola   mención   a   supuestas  violaciones  al  bloque de  constitucionalidad,  originadas  en  el  desconocimiento de la prevalencia  de  los  derechos  de  los menores, también consagrados en la Ley 1098 de 2006,  Código  de  la  Infancia  y  de  la  Adolescencia;  en  especial,  cuando      cita      las  normas  relativas a «las    reglas   de   interpretación   y   aplicación»,    la    «finalidad»,     «el     objeto»,  «la  naturaleza  de  las  normas  contenidas    en   el   Código»,   «la  protección  integral»,  «el  interés  superior de niños,  niñas    y    adolescentes»   y   «la       prevalencia       de       los       derechos»,  por  cuanto  para la   demostración   de   la   causal  de  casación  seleccionada  no       basta  reproducir     los  preceptos    de    un   determinado   estatuto,        sino   que  ellos  deben  ser  conectados  objetivamente   a   la  pretensión extraordinaria.   

3.5.  Ahora,  pareciera    que   la  divergencia,    en    últimas,   está    destinada    a    acreditar   una  presunta    lesión  del   interés  superior  del  menor,  por  cuenta  del alcance aparentemente  restrictivo conferido por  los     sentenciadores     a    este    principio  superior,  el cual sería  diverso     al    que    le    es    consustancial   a   su  núcleo   esencial,   pues,  asegura  el  libelista  que,  la privación de la  libertad  intramural  de  una madre cabeza de familia atenta contra la unidad familiar.   

Sin  embargo,  el  letrado olvida que, tal  separación  de madre e hijos no es consecuencia de un acto injusto o  arbitrario  cometido  por el Estado  sino  del  actuar  delincuencial  de  su  prohijada  y  que  la  división            familiar  respectiva,     incluso,    está    justificada por el derecho internacional.   

Repárese,  en  este punto que, según el  censor   se   desconoció  la  Convención  sobre  los  Derechos  del  Niño, incorporada al ordenamiento nacional mediante la Ley 12 de  1991.  En  especial,  sostuvo  que  hubo  «falta  de  aplicación»  del preámbulo como de los artículos 9  y  12 de ese compendio internacional y alegó que se vició su estructura cuando  se  le negó a su procurada «el subrogado de prisión  domiciliaria,  con  fundamento  en  la  presunta  vulneración de los derechos e  intereses  de los menores»23.   

Pero,  inadvirtió el libelista lo descrito  por el mismo instrumento internacional, que a la letra dice:   

Los Estados Partes velarán porque el niño  no  sea  separado  de  sus  padres  contra  su  voluntad de éstos, excepto  cuando,  a reserva de revisión judicial, las autoridades  competentes   determinen,  de  conformidad  con  la  ley  y  los  procedimientos  aplicables,  que  tal  separación  es  necesaria  en  el  interés superior del  niño.  (…)  Cuando esa  separación  sea  resultado  de una medida adoptada por un Estado Parte, como la  detención,  el  encarcelamiento  (…). (Subraya de la Sala).   

De  acuerdo con ese estatuto supranacional,  cada  Estado  Parte  debe adelantar su propia investigación para garantizar que  los  menores  no  sean desfavorecidos con la sanción restrictiva de la libertad  impuesta  a  los  infractores  penales  que  son padres, tal como sucedió en el  presente  evento, en donde las autoridades judiciales establecieron que era más  perjudicial  para los niños que su madre estuviera con ellos, que ejecutando la  pena  de  prisión  impuesta en establecimiento carcelario, precisamente, por la  situación de peligro inminente a la que los venía exponiendo.   

Por  tanto,  aunque  en  esas mismas normas  citadas  por  el  abogado  -supuestamente  inaplicadas, aplicadas y a la vez mal  interpretadas  de  acuerdo  con  su  criterio-,  se  prevé  la concesión de la  prisión   domiciliaria,  es  lo  cierto  que  el  referido  tratado  admite  la  separación  de  los padres y sus hijos menores cuando ella sea resultado de una  medida  adoptada por un Estado Parte, como la detención, el encarcelamiento, el  exilio,  la  deportación  o  la  muerte  (incluido  el  fallecimiento  debido a  cualquier  causa  mientras  la persona esté bajo la custodia del Estado) de uno  de los padres del niño, o de ambos, o del niño (artículo 9.4).   

Igualmente,  el  profesional  del  derecho  inobservó  que  ninguno  de  los  postulados  rectores  de  la mentada Ley 1098  consagra  la  exótica  regla creada por él, pues, a lo sumo, está regulado el  derecho  a  tener  una familia y a no ser separado de ella, pero, esto siempre y  cuando  se  garanticen  las  condiciones para la realización y el ejercicio del  mismo  (canon  22),  como  sucede  en  el  caso  de  la  especie,  en el que los  juzgadores  determinaron  que  no  era  viable  la  concesión  de  la  prisión  domiciliaria   a   la  acusada  -tres  veces  condenada  por  el  mismo  reato-,  justamente,  en  protección  integral  a  los  derechos  de los niños que ella  tenía bajo su custodia y cuidado.   

En  este punto, bien está destacar que a  la   procesada   no   le  fue  conferido dicho beneficio porque   

…  no existe garantía de que la penada  no  colocará  en peligro a la comunidad y especialmente a los menores que tiene  a  su  cargo, puesto que la sustancia prohibida la tenía en su residencia en el  primer  piso  dentro  de  un  cajón,  es  decir, se hallaba en un lugar de libre acceso para sus hijos, e  incluso   para  los  moradores  de  la  vivienda,  por  tanto  al  observar  ese  comportamiento  delictivo  de  su  señora  madre,  su futuro va a ser incierto,  máxime  que  la policía judicial llegó al inmueble por la información que se  tenía   de  que  en  dicha  vivienda  se  expendía  (comercializada)  material  estupefaciente,   lo   cual   fue   verificado   a   través   de   labores   de  vecindario.   

Ahora, recuérdese que la protección que  se  debe  brindar  a  los  menores,  inferida  del artículo 44 de la C.N. y los  tratados  internacionales,  la  cual debe nacer desde el núcleo de su hogar, es  decir,  la  familia. Y si una madre no les puede prodigar además del afecto, el  cariño,  el  alimento, los cuidados necesarios para su desarrollo armónico, es  decir,  una  atención  integral,  no  podría  ser  amparada  por  el mecanismo  sustitutivo  deprecado,  porque  en  cambio  los  menores  se  dejarían  en una  situación  de  peligro  o  riesgo  inminente, la cual debe ser prevenida por el  Estado  a  través  de  sus  jueces,  en cumplimiento de los mandatos indicados,  entre  ellos  el  artículo  41  numeral  27  de la Ley 1098 de 2006  que  exige  «Prestar  especial atención a los niños, niñas y  adolescentes   que  se  encuentren  en  situación  de  riesgo,  vulneración  o  emergencia».24   

Por  estas  razones,  además de citar un  caso  similar  de  la jurisprudencia (CSJ AP, 23 mar. 2011, rad. 34784), sostuvo  que  la  aquí  implicada debía cumplir «la pena de  reclusión   especialmente   con   las   funciones  de  prevención  especial  y  reinserción  social,  para que pueda volver a la sociedad con la convicción de  que   no  debe  involucrarse  en  nuevos  delitos  y  se  dedique  a  velar,  ya  resocializada,  por  la  adecuada  crianza  y  educación  de sus menores hijos,  razón    por    la    que    se    niega   el   sustituto   penal».   

En   similar   sentido,  el     Tribunal    sostuvo:    

En  el  caso que ocupa la atención de la  Sala,  el  beneficio que solicita el defensor de la señora Francenit Hernández  Valencia,  madre  de los menores… no puede ser concedido, pues sus hijos no se  encuentran  en  estado  de desprotección que amerite la presencia indispensable  de  la  condenada  en  el  hogar  como lo asegura el defensor, máxime cuando la  peticionaria   utilizó  el  lugar  donde  residían  para  conservar  sustancia  estupefaciente,  por  lo  que no podría pregonarse que ella sea la persona más  idónea para velar por su bienestar. (…)   

Este punto, merece especial atención para  la  Sala,  pues  en  dicho análisis no puede pasar desapercibido el  hecho  de  que la acusada destinó el  inmueble   en   el   cual  residía  con  sus  hijos  para  conservar  sustancia  estupefaciente,  sin  importarle el riesgo y peligro a que sometía a su familia  y  a la comunidad en general al distribuir dichas sustancias sin el más mínimo  reparo  dando  un deplorable ejemplo a los niños y jóvenes del sector en plena  formación,  tal como se verifica en el informe ejecutivo de fecha 28 de mayo de  2012,  en el que se constató con vecinos del lugar que estaban siendo afectados  por  dicha actividad toda vez que se habían incrementado las peleas callejeras,  los  hurtos  y  por supuesto, el mal ejemplo para los adolescentes que están en  pleno  crecimiento,  de  tal  forma  que  no puede predicarse que en realidad la  condenada     propenda     por    unas  condiciones debidas y adecuadas para la protección y cuidado de  sus  hijos,  por  el  contrario, su conducta denota la poca importancia que para  ella  representa el bienestar de los menores, máxime cuando ha sido reincidente  en el punible investigado.   

(…)  

(…)  quien  pretenda  beneficiarse  con  la medida debe probar de este modo su condición de  madre  de  cabeza  de  familia  y  adicionalmente,  demostrar que ha brindado el  cuidado  y  la protección requeridos a las personas que demandan de su absoluta  permanencia   en  el  hogar  a  consecuencia  del  estado  de  desprotección  e  indefensión  en el que se encuentran, situación que indudablemente no acontece  con  relación  a los menores (…) por lo que la permanencia de la condenada en  el  hogar  no  se torna indispensable a tal punto que pueda pregonarse que en la  hipótesis  de  ser  privada  de  la  libertad  en  establecimiento  carcelario,  aquellos  van  a  estar  sometidos  a  un  inminente  riesgo  porque con su sola  presencia      ya      han      sido      puestos     en     peligro.25   

Determinaron  así las instancias que los  menores  no  se  encuentran  en  la  situación de desprotección o abandono que  pregona el defensor.   

Para  que  el  disenso      del     libelista     hubiera           podido  ser escuchado en esta sede, le  correspondía  demostrar cuál es el error de juicio atribuible a los juzgadores  al  denegarle  a  su  mandante  la sustitución de la prisión intramural por la  domiciliaria,  cometido  éste  que  no  emprendió,  desde  luego,  con base en  lo   considerado  por los juzgadores.   

Y  es  que, el  defensor   plasma   sus   argumentaciones  en  franco  olvido  a  lo   manifestado   por  las  instancias.  En   ese  orden,  la censura no es trascendente,  por  cuanto  pretende  que bajo el amparo del recurso extraordinario se acceda a  la  prisión  domiciliaria  porque  su prohijada es madre cabeza de familia, sin  siquiera  aportar  a  sus  reflexiones subjetivas lo manifestado por el Tribunal  sobre  el  particular.  Así mismo, desconoce el abogado que, cuando se acude en  casación,  esta  Corporación  no  actúa  como  juez  de  instancia  y que las  alegaciones  de  libre  factura únicamente están permitidas ante los jueces de  conocimiento,  mismas  que ya fueron valoradas por esos funcionarios unipersonal  y plural para adoptar sus correspondientes decisiones.   

El  defensor  hizo  caso  omiso  a  tales  argumentaciones  judiciales,  no las tuvo presentes para sustentar la demanda de  casación  y, en ese sentido, abandonó la forma debida de presentar una censura  porque  dejó  incólumes  los  raciocinios  que demuestran que su iniciativa es  más  una  oposición  de  criterio  con  la  de  los  falladores,  antes que un  verdadero ataque extraordinario.    

De   otro   lado,   se   advierte   que,  implícitamente,   el   jurista   solicitó   la   concesión   de  la  prisión  domiciliaria,  con  fundamento  en  los  principios  rectores  de  la  Ley de la  Infancia   y   la  Adolescencia,  lo  cual  sugiere  que  la  crítica  estaría  enderezada,  entonces,  a  acreditar  la exclusión evidente de tales compendios  normativos,  empero,  además  de citar algunos axiomas concretos de la Ley 1098  de  2006,  y acoplarlos a su pretensión, no incluyó sustentación diversa para  demostrar  el  yerro,  sino  su  exclusiva  afirmación  en  el  sentido que los  derechos  de  los niños son prevalentes sobre cualquier concepto; de este modo,  se  muestra  la  ineficacia de su censura, por cuanto sólo estudia –si   se  quiere-  aquellos  preceptos  nacionales  e  internacionales  que  favorecen  su  pretensión, olvidando otros  –también incorporados en  las  obras  citadas- que se contraponen a su criterio, con lo cual, su análisis  quedó inconcluso.   

En  estas  circunstancias,  es  inviable  admitir la demanda.   

Por  último, la Sala no observa flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón de las finalidades de la casación.   

3.  Para  cerrar,  aunque el defensor no se  refiere  en  su demanda a la aplicación del principio de favorabilidad respecto  de  la  Ley  1709  de  2004,  la  Sala  estima  necesario  reiterar  que, con el  advenimiento  de dicha normativa, no le corresponde a la Corte decidir si aplica  o  no  tal  postulado  –su  pertinencia  o no-, cuando tal temática no ha sido discutida en las instancias,  sino a los Jueces de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad.   

Las   razones,   tal   como  se  precisó  recientemente  en  el  auto  CSJ  AP,  23  jul.  2014,  rad.  43591, son las que  siguen:       

i) Porque así lo dispone el numeral 7º del  artículo  38  de la Ley 906 de 2004, al asignarle la competencia al funcionario  judicial referido, para que se pronuncie al respecto.   

ii) Con base en el principio de limitación  que  rige  el  recurso  extraordinario  de casación, ya que es imposible que la  Sala  se ocupe de aspectos no condensados en el libelo, excepto para restablecer  garantías fundamentales.   

iii) Para afianzar el postulado de la doble  instancia  al  permitir  que  lo  decidido  por  el  Juez de Ejecución de Penas  –si  se quiere- pueda ser  objeto de apelación; lo que no ocurriría en sede de casación.   

Por  lo tanto, en el caso de la especie, la  Corte  no  se  ocupará de decidir sobre la aplicación favorable de la Ley 1709  de  2004,  lo  cual,  eventualmente,  le corresponderá al Juez de Ejecución de  Penas y Medidas de Seguridad.   

4. Finalmente, es indispensable recordar que  al  amparo  del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no  darle  curso  a  una  demanda  de casación, es procedente la insistencia, cuyas  reglas,  en  ausencia  de disposición legal, fueron definidas por la Sala desde  el   auto  del  12  de  diciembre  de  2005,  radicación  24.322  y  precisadas  recientemente en auto AP-3481-2014.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Francenit  Hernández  Valencia  contra la  sentencia  del  28  de  abril  de 2014 de la Sala Penal del Tribunal Superior de  Armenia.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  folios  1-2  de  la  sentencia  de segunda instancia a folios 81-82 del cuaderno  principal.   

2 Cfr.  folios         18-20         ibidem.   

3 Cfr.  folio          32          ibidem.   

4 Cfr.  folios         1-3         ibídem.   

5 Cfr.  folio          66          ibídem.   

6 Cfr.  folios         68-73        ibídem.   

7 Cfr.  folios         81-90        ibídem.   

8 Cfr.  folio          93          ibídem.   

9 Cfr.  folios        95-100        ibídem.   

10 Cfr.  folio          95          ibídem.   

11  Cfr. folio 95 vuelto ibídem.   

12  Ibidem.   

13  Cfr.       folio       97      ibidem.   

14  Ibidem.   

15  Ibidem.   

16  Cfr. folio 97 vuelto ibídem.   

17  Ibidem.   

18  Cfr.       folio      95      ibídem.   

19  Cfr.    folio    95    reverso   ibídem.   

20  Cfr.    folio    96    reverso   ibídem.   

21  Cfr.       folio      97      ibídem.   

22  Cfr.       folio       98      ibidem.   

23  Cfr.    folio    95   reverso,   ibídem.   

24  Cfr.    folio    71   reverso,   ibídem.   

25  Cfr.      folios     86-88     ibídem.     

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