AP5741-2014 (44125)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP5741-2014  

Radicación N° 44.125  

(Aprobado Acta N°  318)   

Bogotá D.C., veinticuatro (24) de septiembre  de dos mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Alfredo   Valderrama   Rivera   contra  la  sentencia  del  7  de  mayo  de  2014  de la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá  que  confirmó  la  proferida el 18 de diciembre de 2013 por el Juzgado  Doce  Penal del Circuito de la misma ciudad, mediante la cual lo condenó por el  delito de acceso carnal violento.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal en los siguientes términos:   

Los acontecimientos materia de este proceso  tuvieron  ocurrencia  el  día 1 de julio del año 2011, en el barrio Rincón de  Suba  de  Bogotá,  cuando la joven YESICA PAOLA SOTO se dirigió al apartamento  de  la  señora STELLA HERRERA y de ALFREDO VALDERRAMA con el fin de devolver un  esmalte  para  uñas  que  la  señora Herrera le había prestado.  Una vez  llegó  al  mencionado  lugar  el  señor  VALDERRAMA  la  invitó  a  seguir al  inmueble,  en  donde aprovechando que se encontraba solo se abalanzó y ejerció  violencia  física  sobre  ella  para luego accederla carnalmente, al cabo de lo  cual   la   dejó   ir   para   su   casa.   (…)1   

2. Al día siguiente, la ofendida formuló la  denuncia                  respectiva2.   

3.  Ante  el  Juez  Dieciocho  de control de  garantías  de  la capital, el 22 de mayo de 2013 la Fiscal Doscientos Seccional  le  imputó  a  Alfredo Valderrama Rivera el     delito    de    acceso    carnal  violento,   en  calidad  de  autor,  previsto  en  el  artículo   205   del  Código  Penal,  cargo  al  cual  se  allanó3.   

4.  El  25  de  junio de ese año, la Fiscal  Doscientos   Veinticinco   Seccional   presentó   el   escrito   de  acusación  correspondiente4.   

5.  El  13  de  agosto  siguiente,  con  la  dirección  de  la Juez Doce Penal del Circuito con funciones de conocimiento de  Bogotá,  se  llevó  a  cabo  la  audiencia  de verificación del allanamiento,  oportunidad  en  la  que  la  defensa  solicitó la nulidad de la actuación, en  tanto   consideró  que  el  delito  imputado  debió  ser  el  de  acto  sexual  violento5.   

Esta   petición   fue   denegada  por  el  juzgador6,  por  lo  que la parte inconforme interpuso recurso de apelación,  el  cual  fue  desatado por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá en el  sentido   de   confirmar   dicha   determinación.7   

6. La audiencia de individualización de pena  y  sentencia  se surtió el 18 de diciembre de 2013.8   

7.  El  fallo  se  dictó  el  mismo  día,  providencia  a través de la cual se condenó a Alfredo  Valderrama  Rivera, en calidad de autor del injusto de  acceso  carnal violento, a la pena principal de ochenta y tres (83) meses y seis  (6)  días  de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término. Además, le negó la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria9.   

8.  Recurrido  el  fallo  por  la  defensa  técnica,  fue  confirmado por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá el  7        de        mayo        de        201410.   

9.  El  defensor  interpuso oportunamente el  recurso      extraordinario     de     casación11   y   presentó  el  libelo  correspondiente12.   

LA DEMANDA  

Tras identificar la sentencia impugnada y las  partes  e  intervinientes,  el  recurrente  cita  la cuestión fáctica como fue  concebida  en  el  escrito  de  acusación y postula un cargo, de la manera como  sigue.   

Sin especificar el precepto en que se apoya,  invoca  la  «FALTA  DE  APLICACIÓN, INTERPRETACIÓN  ERRONEA  Y  APLICACIÓN INDEBIDA DE UNA NORMA DEL BLOQUE DE CONSTITUCIONALIDAD Y  LEGAL   A   APLICARSE   EN  ESTE  ASUNTO»13.   

Explica   que  durante  la  audiencia  del  artículo  447  de la Ley 906 de 2004 «solicito (sic)  argumentó  y  probó, con suficiencia que el condenado se hacía acreedor a que  su  condena  fuese deducida en un 50%», porque así se  lo   ofreció   el   ente   acusador,   al   evitarle  un  desgaste  al  aparato  jurisdiccional.  No  obstante,  ello  no  se  declaró  así por el a  quo, y en cambio, fue confirmado por el  juez plural.   

Del  mismo  modo,  es  del  criterio  que su  representado  tenía el derecho de purgar su condena en el domicilio, atendiendo  su   condición  de  padre  cabeza  de  familia,  y  conforme  a  «las     argumentaciones     y    probanzas    arrimadas»14,   para   lo   cual   pide  «ver  las  alegaciones  al  respectivo  C.D.  de  la  audiencia»15 y se remite a los argumentos  de  la  apelación,  con el propósito de «obtener la  CASACION    de    la    sentencia    y    su   modificación   aceptando   [sus]  planteamientos»16.   

A  juicio  del  censor,  el  fallo  acusado  desconoció  la  Convención  sobre  los  Derechos  del  Niño,  que consagra la  posibilidad  de  acceder  a  la  prisión domiciliaria, así como los principios  rectores de la Ley de la Infancia y la Adolescencia.   

Solicita casar el fallo impugnado.  

CONSIDERACIONES  

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º  del  artículo  184 ejusdem fijó  las  reglas  mínimas  de admisión de la correspondiente demanda, estableciendo  que  no  se  seleccionará  aquella en la que   i)   el  impugnante  carezca  de  interés  para acceder al recurso, ii) no se  invoque la causal conforme a la cual  se  edifica  el  reproche  de las contempladas en el artículo 181 ibídem, iii)  se  omita  desarrollar los  cargos  correspondientes  o,  iv)  fundadamente  se  logre  establecer que no se  requiere  de  la  sentencia para cumplir las finalidades previstas en el aludido  artículo  180;  lo  anterior,  salvo  que  el  cumplimiento  de  alguno de esos  propósitos permita superar  los defectos técnicos que exhiba el libelo y decidir de fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que,  el  libelo debe ser íntegro en su formulación,  suficiente,  claro y preciso en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal  suerte  que  debe  estar  soportado  en  los  principios  que  rigen  el recurso  extraordinario,  en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación  debida,   prioridad,   no  contradicción  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar  a la manera de un alegato de instancia.  La proposición de los  cargos  exige  escoger  adecuadamente la causal y el sentido de la violación y,  concretar el disenso en términos de trascendencia.   

2.  El  escrito  que  nos  ocupa, además de  omitir   la   ineludible   labor   de   señalar   razonadamente  cuál  es  la  finalidad  concreta  de  la  impugnación, de aquellas descritas en el artículo  180    del    Estatuto    Adjetivo,    no  satisface los requisitos mínimos que exige el canon 184 para su  admisión  y,  por  lo  tanto,  no  puede  ser seleccionado. Las razones son las  siguientes:   

2.1.  Aun cuando  el   censor  invocó       la      «FALTA   DE   APLICACIÓN,  INTERPRETACIÓN  ERRONEA  Y  APLICACIÓN  INDEBIDA  DE  UNA  NORMA  DEL  BLOQUE  DE CONSTITUCIONALIDAD Y LEGAL»17, lo cual supone que escogió  la  ruta  de  la infracción directa de la ley sustancial, descrita en la causal  primera     del    artículo    181    ejusdem,  omitió  señalar, entre las modalidades específicas  de    error   de   este   motivo   de   ataque,   cuál   es   la   postulada,   impidiendo  de  esta  forma  toda  posible  verificación del presunto dislate por  parte    de    la    Corte,   además   que   no   acató   los   parámetros   de   demostración  que  lo  rigen.   

En verdad, cuando se intenta la postulación  de  la  censura  por  la  ruta de la violación directa, el libelista debe hacer  completa  abstracción  de  lo  fáctico y probatorio y, en ese sentido, admitir  los  hechos  y  la  apreciación  de  los  medios de convicción fijados por los  sentenciadores,  de  manera  tal  que  le  corresponde desarrollar el reproche a  partir  de  un  ejercicio  estrictamente  jurídico,  en  el  que  establezca la  vulneración   del  precepto  normativo  en  el  caso  concreto,  por  medio  de  cualquiera  de  las tres modalidades de error: falta de aplicación, aplicación  indebida  o  interpretación errónea y seguidamente, demuestre la trascendencia  del yerro en el sentido de la decisión impugnada.   

Mientras  que  la falta de aplicación opera  cuando  el  juzgador  deja  de  emplear  el  precepto  que  regula el asunto, la  aplicación  indebida,  deviene  de  la  errada elección por el fallador de una  disposición  que  no  se ajusta al caso, con la consecuente inaplicación de la  norma  que  recoge  de  forma  correcta el supuesto fáctico. La interpretación  errónea,  en  cambio,  parte de la acertada selección de la norma aplicable al  asunto  debatido,  pero conlleva un entendimiento equivocado de la misma, que le  hace producir efectos jurídicos que no emanan de su contenido.   

En  el  caso  sub  examine,  el  defensor     ignoró     el              básico            cometido   de   identificar   la  norma  presuntamente               quebrantada  de  manera  inmediata  y se  desconoce,    se    insiste,   a   partir   de   la  demanda,        si        lo       denunciado es la exclusión evidente del  algún    precepto,   su   incorrecta   aplicación   o   el   empleo   de   una  hermenéutica   errada,   cuestión  que   la  Corte  no  puede  discernir  para  corregirlo, sin violentar el principio de limitación  que rige el recurso.   

El  libelo así concebido no es más que un  alegato   de   libre   formulación   ajeno   a  todo  soporte  argumentativo         que,        en        esas         condiciones,  no  podría ser capaz de derrumbar la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad que recae sobre el fallo de segundo  grado,   en   tanto   no  se  exhibe ningún defecto  in  iudicando que deba ser  corregido por la Corte.   

Ciertamente,  de   un  lado,  en  una  proposición   abierta,   asegura   el   letrado  que  su  asistido  debió  ser  beneficiario  de  un  descuento equivalente a la mitad de la pena porque así se  lo  ofreció  el  órgano  acusador  y  debido  a que lo solicitó, argumentó y  probó  en  la  audiencia  de  que  trata  el  artículo  447  de  la Ley 906 de  2004.   

No  obstante,  además  que  nada informó  sobre  la  razón por la que un descuento punitivo del 48% infringe la ley penal  sustancial,  se  constata  que  el  censor  vulneró  el  principio de   corrección  material  en  la  medida  que,  verificado  el  registro  correspondiente  a  la  audiencia  de  formulación  de imputación se  constata    que   faltó   a   la   verdad   cuando  aseguró    que    la  representante      de      la      Fiscalía        le  ofreció  a su asistido un descuento  de  la  mitad de la pena. Contrario a ello, se advierte que ella le comunicó    con    claridad    que  la   rebaja  a  obtener  era  de  hasta   la  mitad,  en  los  términos  del  artículo  351  ejusdem18,  información  que le fue  reiterada   en   la   misma  diligencia    por    el    juez   de   control   de   garantías19  y en la  vista  de  verificación  del  allanamiento  por  el  juzgador       de      conocimiento20,  funcionarios       judiciales      estos  que  se  ocuparon  de  precisarle  que  la  deducción    a   obtener   por   la  aceptación   voluntaria  de  responsabilidad  iría  entre        una        tercera        parte21 y la mitad.   

Sobre idéntico  tópico,  el  fallo  de  segunda       instancia      sostuvo:   

Dentro  de  las  limitantes  propias  del  recurso  de  apelación  impetrado  por  la defensa del acusado, debe de entrada  reiterar  la  Sala que del mismo contenido preceptivo que distingue el artículo  351  del  Código  de  Procedimiento Penal, fulge con ostensible claridad que la  rebaja  de  pena por allanamiento a cargos, representa un porcentaje de “hasta  la  mitad  de  la  pena  imponible”,  de  tal  manera  que no es cierto que la  reducción  constituya  un  parámetro fijo, sino que allí interviene el factor  de  discrecionalidad  judicial  que morigera la rebaja dentro de unos derroteros  precisos, lo que entonces  conduce  a  descartar  como  imperativo  la  máxima  rebaja  por allanamiento a  cargos.   

Ciertamente, al hacer alusión la norma en  “hasta  la  mitad”  corresponde  al  juez  según  su criterio discrecional,  derivado  a  su vez de múltiples factores concurrentes como la económica (sic)  procesal,  el aporte a la justicia, etcétera, cuantificar la rebaja, por manera  que  mientras  no  se  desborde  los límites legales el cuantificarla en un 40%  resulta    acorde   con   la   ley   e   inmodificable   por   parte   de   esta  instancia.22   

Pese a la claridad del argumento jurídico  empleado  por  el  Tribunal  para  descartar  cualquier  yerro derivado de la no  concesión  del  tope máximo habilitado por la ley para quienes se someten a la  terminación  anticipada  del  proceso  en la fase de la imputación, el jurista  insiste  tozudamente  en  reclamar, en sede de casación, un descuento mayor sin  acreditar lesión alguna normativa por parte de los falladores.   

Resulta  por  lo  menos  cuestionable que,  ignorando  los  principios de convalidación y lealtad procesal, el defensor del  acusado  -mismo  profesional  del  derecho  que  intervino  en las audiencias de  formulación  de  imputación  y  verificación  del allanamiento- promueva como  irregular  el  acto  de  admisión de cargos de su defendido que se hizo bajo la  hipótesis  de  un  descuento no necesariamente igual al 50%, cuando es evidente  que  ninguna  oposición  formuló  en  esa  oportunidad  frente  a este puntual  aspecto.   

De  otro lado,  es  manifiesto el equívoco del demandante a la hora  de  seleccionar  la  causal primera de casación para criticar errores derivados  de  presuntos  errores  en  la valoración de los hechos y las pruebas aportadas  por  la  defensa  a  fin  de acreditar la supuesta condición de padre cabeza de  familia de su prohijado.   

En  realidad, cuando esa es la intención,  es  necesario  invocar  la infracción mediata de la ley sustancial, apoyarse en  la  causal  tercera,  establecer si se trata de un error de hecho o de derecho e  invocar  una cualquiera de  sus   modalidades   de  ataque,  esto  es,  determinar si concurre algún falso juicio de existencia, de  identidad,     de    raciocinio,    de    convicción    o    de    legalidad,    con    efecto    trascendente    en   la   decisión  acusada.   

En  ninguno de estos sentidos procedió el  recurrente,     quien,    bajo    su    particular  percepción,    se    limitó    a    opinar,  contrario  a  lo  definido  por  los  juzgadores,  que  a su defendido ha debido  conferírsele  la  prisión  domiciliaria, por su pretendida condición de padre  cabeza  de  familia,  pero, dejando de lado, la ineludible tarea de enrostrar el  defecto apreciativo en que habrían incurrido los falladores.   

Nótese,   en  este  punto,  cómo  para  sustentar  el  recurso,  resulta  lesivo  del  principio  de  razón suficiente,  remitir    a   la   Corte,   como   lo   hace   el  letrado,  a  que  estudie las razones aducidas en la  audiencia    de    individualización    de    pena    y   sentencia,         previstas  en  el artículo 447 del Código de  Procedimiento    Penal,    así   como         a         las   consignadas  en  el   memorial  de  apelación.  Ignora  el  abogado  que, cuando se  acude   en   casación,  esta     Corporación     no     actúa  como  juez  de instancia y que las  alegaciones  de  libre  factura únicamente están permitidas ante los jueces de  conocimiento,  mismas  que  ya  fueron valoradas por  esos  funcionarios  unipersonal  y  plural  para  adoptar  sus  correspondientes  decisiones.   

Para  que  el  disenso  del  libelista  pudiera  ser  escuchado  en esta sede, le correspondía  demostrar  cuál  es el error de juicio atribuible a los juzgadores al denegarle  a  su  mandante  la  sustitución de la prisión intramural por la domiciliaria,  cometido éste que no emprendió.   

En  todo  caso,  bien está destacar que a  Alfredo Valderrama Rivera  no  le  fue  concedido dicho beneficio porque «en el  expediente  no  obra  ningún elemento de convicción que permita inferir que el  sentenciado  está  a  cargo  de  la  manutención, cuidado y protección de sus  menores  hijos; tampoco que haya carencia absoluta de la madre de los menores ni  de  otras  personas  del  núcleo  familiar que puedan proporcionar los cuidados  económicos     y     afectivos(…)»23,    determinando    así  que  los  menores  no se encuentran en situación de  desprotección      o      abandono,  razonamientos que no fueron controvertidos en la demanda que se  examina,           demostrando,      por     ejemplo,     que     no    se    valoraron  algunos medios de convicción, o que sí   se   apreciaron   pero   de  forma  distorsionada  o  quizá  conculcando     las     leyes    de    la    sana  crítica.   

Finalmente,  asevera  el  censor  que  se  desconoció  la  Convención  sobre  los  Derechos del  Niño,  que  consagra la posibilidad de acceder a la prisión domiciliaria, así  como  los  principios  rectores  de  la Ley de la Infancia y la Adolescencia, lo  cual  sugiere  que  la  crítica  estaría  enderezada, entonces, a acreditar la  exclusión  evidente  de  tales  compendios  normativos,  empero, además que no  especificó   cuáles  son  los  axiomas  concretos  de  la  Ley  1098  de  2006  inaplicados  y la disposición que prevé la necesaria concesión de la prisión  domiciliaria  a  los  condenados  que  tengan  hijos,  aun  cuando existan otras  personas  del  núcleo  familiar  que  estén en condiciones de velar por ellos,  como  la  incidencia  de tal omisión en el sentido de la decisión cuestionada,  se  advierte  que el referido instrumento internacional admite la separación de  los  padres y sus hijos menores cuando ella sea resultado de una medida adoptada  por  un  Estado  Parte,  como  la  detención, el encarcelamiento, el exilio, la  deportación  o  la  muerte  (incluido el fallecimiento debido a cualquier causa  mientras  la persona esté bajo la custodia del Estado) de uno de los padres del  niño,  o  de ambos, o del niño (artículo 9.4) y que ninguno de los postulados  rectores  de  la  mentada ley consagra la exótica regla creada por el defensor,  pues  a  lo  sumo  está  regulado  el  derecho  a  tener una familia y a no ser  separado  de  ella,  salvo  que  esta  no  garantice  las  condiciones  para  la  realización  y  el ejercicio de sus derechos (canon 22), como sucede en el caso  de  la  especie,  en  el que dada «la naturaleza y la  modalidad  de  la  conducta y su lugar de realización,  (…)  [se  puede]  «inferir  un  peligro  para  los  menores  de  edad  que  puedan  quedar  bajo  el cuidado del acusado»24.   

En   estas   circunstancias, es inviable admitir la demanda.   

Por  último,  la Sala no observa flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón de las finalidades de la casación.   

3.  También, es indispensable recordar que  al  amparo  del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no  darle  curso  a  una  demanda  de casación, es procedente la insistencia, cuyas  reglas,  en  ausencia  de disposición legal, fueron definidas por la Sala desde  el   auto  del  12  de  diciembre  de  2005,  radicación  24.322  y  precisadas  recientemente en auto AP-3481-2014.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Alfredo   Valderrama   Rivera   contra  la  sentencia  del  7  de  mayo  de  2014  de la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folio  2  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  a folio 12 del cuaderno del  Tribunal.   

2Así  consta en el escrito de acusación a folio 12 de la carpeta.   

3Cfr.  folio 5 ibidem.   

4 Cfr.  folios         10-13         ibidem.   

5 Cfr.  folios         38-39         ibidem.   

6 Cfr.  folios         40-46         ibidem.   

7 Cfr.  folio          59          ibidem.   

8 Cfr.  folios        118-119        ibidem.   

9 Cfr.  folios        103-117        ibidem.   

10 Cfr.  folios         11-18         ibidem.   

11  Cfr.       folio       20      ibidem.   

12  Cfr.      folios      22-25     ibidem.   

13  Cfr.       folio       24      ibidem.   

14  Ibidem.   

15Ibidem.   

16Ibidem.   

17Cfr.  folio          24          ibidem.   

18  Cfr.  minutos  15:11-16:02  del  CD  de  la  audiencia  de  formulación  de  la  imputación.   

19  Cfr.    minutos    30:25-31:00    ibidem.   

20  Cfr.       folios       40-46      ibidem.   

21  Debe  entenderse  que  la  cantidad  de descuento es de la tercera parte más un  día,  para  no  confundirlo con el que corresponde a la siguiente fase procesal  en  la  que  es  viable  hacer  la  manifestación voluntaria de responsabilidad  –desde la presentación  de la acusación hasta la audiencia preparatoria-.   

22Cfr.  folios  5-6  de la sentencia de segunda instancia a folios 9-10 del cuaderno del  Tribunal.   

23Cfr.  folio  7  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  a folio 17 del cuaderno del  Tribunal.   

24Ibidem.     

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