AP4419-2014(44042)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP4419-2014  

Radicación N° 44042  

Aprobado acta No. 243.  

Bogotá,  D.C.,  treinta (30) de julio de dos  mil catorce (2014).   

V  I              S              T              O              S   

Se     pronuncia    la    Corte sobre el  recurso  de apelación   interpuesto  por  la  Fiscalía  No  1  delegada  ante  el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Popayán,  en  contra de la providencia que el  9 de mayo  de  2014 resolvió denegar la solicitud de preclusión  de       la       indagación      adelantada  contra  CARLOS  JULIO ÑÁÑEZ  MARTÍNEZ, por los delitos  de Fraude procesal, Injuria y Calumnia.   

A  N              T              E              C              E              D              E              N              T              E              S   

1. Fácticos   

En   la   audiencia   de  preclusión  la  Fiscalía  enunció  como  hechos jurídicamente relevantes los siguientes:   

La doctora Sandra Lorena Fernández Chávez,  denuncia  penalmente  al  doctor CARLOS JULIO ÑAÑEZ MARTÍNEZ en su condición  de  Fiscal  Primero  Especializado de Santander de Quilichao por irregularidades  en  el  trámite  del  radicado 196986000633200800516, para lo cual en relación  con el citado funcionario expone:   

a) Dentro de la investigación referenciada,  no  obstante  encontrarse reabierta en forma irregular por su antecesor Mauricio  Cifuentes,  en  audiencia  reservada del 25 de agosto de 2010, solicitó ante el  Juez  de  control  de  garantías  de Santander de Quilichao, revocar el auto de  julio  10  de 2008, mediante el cual ese Juzgado había ordenado las capturas de  RONALD  ALEXANDER GUERRERO, HUGO LEON MORA JURADO e IVAN ADOLFO ALZATE BOLAÑOS,  con  el  argumento de corregir el procedimiento pues supuestamente el competente  para  ordenarlas  era  el  juez promiscuo municipal de Buenos Aires, órdenes de  captura  que  eran  inexistentes  por cuanto ya había sido canceladas cuando se  archivaron  las  citadas  diligencias.  Y  que para la celebración de la citada  audiencia,  omitió  citar  a los abogados de los imputados, no obstante existir  en la carpeta los datos correspondientes.   

b)   Con  el  argumento  de  corregir  el  procedimiento,  ante  el Juez de Control de Garantías  de  Buenos  Aires en audiencia reservada celebrada el  31  de  agosto de 2010, solicitó las órdenes de captura de los señores RONALD  ALEXANDER  GUERRERO,  HUGO LEON MORA JURADO e IVAN ADOLFO ALZATE BOLAÑOS, en la  que  tampoco fueron citados los abogados, transgrediendo de esta forma el debido  proceso y el derecho a la defensa de los investigados.   

c) Al sustentar la pretensión en la citada  audiencia  ante  el citado Juez de control de garantías de Buenos Aires realiza  un  recuento  de los hechos suscitados para el 28 de junio del año 2008, hechos  estos  falsos  y  contrarios  a los consignados en el Informe Ejecutivo y hechos  relacionados  por  la  Fiscal que sustentó las primeras audiencias preliminares  del 29 de junio de 2008, se refiere a falsa motivación.   

d)  Que en la citada audiencia se presentó  una  situación  más  gravosa  “informa al Juez en su relato que estos hechos  fueron  legalizados  por  el  Juez de Garantías de primera instancia, es decir,  para  la  audiencia  celebrada  el  29  de  junio  de 2008 y que se legalizó la  captura  de  estas personas, hecho totalmente falso, además informa al Juez que  por  “argucias  de  los  abogados  el  Juez  de  segunda Instancia declaró la  ilegalidad  de  la  captura”,  hechos  que hicieron incurrir al Juez en error,  pues  ni  las  circunstancias de tiempo, modo y lugar con que se desencadenó la  captura  de  los  arriba  relacionados,  como  tampoco lo que se suscitó en las  audiencias  preliminares son ciertos, engañando al juez a tal efecto que ordena  la  expedición de las órdenes de captura a los señores HUGO LEON MORA JURADO,  IVAN   ADOLFO   ALZATE   BOLAÑOS   Y   EL   JOVEN   RONALD  ALEXANDER  GUERRERO  CHECA.   

e) Que tampoco le informó al Juez que esta  investigación  ya  había  sido  archivada en el año 2009 y que posteriormente  había  sido  abierta  de  manera  irregular  al no contar con nuevos elementos,  tampoco  informar  en  debida forma a los sujetos procesales y finalmente omitir  informar  al  Juez  que  ya  existían abogados para ser citados y garantizar su  participación en dicha audiencia.       

2. Procesales   

El 20 de febrero de 2014, la Fiscalía No 1  delegada  ante  el  Tribunal Superior de Popayán radicó solicitud de audiencia  de  preclusión por atipicidad de las conductas investigadas, la cual se inició  el    29    de    abril    siguiente    ante   esa   corporación   judicial  en  sesión durante la cual se  sustentó  la  petición  y  se  corrió  traslado  de  la  misma  a  los demás  intervinientes.   

El  2  de  mayo  de  2014  se  continuó la  audiencia   con   la   lectura  de  la  decisión  consistente  en  “rechazar              la              preclusión”,  advirtiendo  a  renglón  seguido que  contra  la  misma  procedía el recurso de apelación. La Fiscalía interpuso el  de  reposición  y  en  subsidio de alzada,  procediendo  a sustentarlo en el mismo acto. Una vez corrido el  traslado   a   los   no   recurrentes,  el  Tribunal  suspendió  la  audiencia.   

En  sesión del 9 de mayo de 2014, el juez  colegiado     resolvió    (i)    “NO    REPONER  …” y (ii) “NEGAR el  recurso  de APELACIÓN por falta de sustentación”.  Esa  decisión  fue  objeto  de recurso de apelación por parte de la Fiscalía,  ante    el    cual    el   Tribunal   manifestó  que  reiteraba  la negación que en relación al mismo  ya  había  dispuesto. Contra esta negativa,  el órgano acusador interpuso  recurso  de  queja  que  sustentó  dentro  de  la oportunidad legal,  el  cual  fue  resuelto por esta Corporación en auto del 28 de  mayo  de  2014 en el cual se decidió declarar la procedencia de la impugnación  propuesta por la Fiscalía.     

El  16  de  junio  de  2014,  el  Tribunal  Superior  de  Popayán  continuó la audiencia de preclusión en sesión durante  la  cual  la  Fiscalía sustentó el recurso de apelación y se dio traslado del  mismo  a  los demás intervinientes, luego de lo cual  aquélla corporación concedió el recurso en el efecto suspensivo.   

E L  R E C U R S O  

El  delegado  de  la  Fiscalía  inició  la  sustentación  del recurso informando que los hechos investigados por los cuales  solicitó  preclusión  por  atipicidad (art. 332-4 C.P.P.) habrían ocurrido en  el  escenario de las audiencias reservadas celebradas el 25 y el 31 de agosto de  2010,   dentro   de   la   indagación   radicada   con   el   No   196986000633200800516.  A  continuación  se  dedica  a  rebatir  los  argumentos  que  esbozó  el Tribunal para negar la  preclusión solicitada frente a cada uno de los hechos denunciados.   

1. En relación a que el fiscal CARLOS JULIO  NAÑEZ  MARTÍNEZ no citó a los defensores a las audiencias reservadas del 25 y  del  31  de agosto de 2010, mediante las cuales solicitó la cancelación de las  iniciales  órdenes de captura y la expedición de unas nuevas, respectivamente;  considera  que  el  artículo  126 de la Ley 906 de 2004 debe interpretarse para  efectos  del  ejercicio  del derecho a la defensa, en tanto que técnicamente la  calidad  de  imputado  se  adquiere  es  con la formulación de los cargos en la  audiencia  respectiva,  en  la  que se traba la relación procesal entre el ente  acusador y el ciudadano investigado.   

Además, señala que según el artículo 155  ibídem,  sin  importar  la etapa del proceso (indagación o investigación), no  se  requiere citar al indiciado o imputado ni a su apoderado para que intervenga  en  las  mismas.  Así  lo  infiere de la sentencia C-025 de 2009, conforme a la  cual  aunque no es obligatoria la citación de la defensa, si ésta se entera de  la  audiencia  puede  participar de la misma y, en todo caso, se le garantiza la  participación   en   la   audiencia   de   revisión   de   legalidad   de  las  diligencias.   

No obstante lo anterior, destaca que el punto  es  complejo  y  parece ser que no hay precedentes jurisprudenciales, por lo que  es  claro  que  el  propósito  que  impulsó  la  actuación  del indiciado fue  “ejercer  su  oficio  de  Fiscal  con  eficacia  y  eficiencia  para la administración de justicia, a fin de no lograr la impunidad  de  los  delitos  que  investigaba,…”, motivación  ésta  que  descarta  el dolo. De otra parte, advierte que tanto la cancelación  de  las  órdenes  iniciales  como  la  expedición de las nuevas se fundaron en  aspectos  objetivos  (pena mínima de los delitos y gravedad de los mismos), que  en nada lesionaban derechos de los indiciados.   

2. En relación a la presunta falsedad de los  hechos  narrados  ante  el  juez de control de garantías de Buenos Aires por la  supuesta  contradicción  con  el  Informe  Ejecutivo,  señala que realizó una  “actividad  comparativa”  entre  el  dicho  informe  y  el  registro  de  la  audiencia  respectiva  y  concluyó  que no había alteración de los hechos. La  única  diferencia detectada fue que el fiscal readecuó la tipicidad inicial de  Porte  Ilegal  de  Armas por considerar que era una Receptación. En este punto,  considera  que el Tribunal mal interpretó la sustentación de la preclusión al  afirmar  que  la “conclusión no es seria porque está lejos de la denuncia”  en  la que ni siquiera se insinúa una inadecuada tipificación. En tal sentido,  aclara  que  no  faltó  investigación  porque  ésta  se  fundó en los hechos  denunciados  y  no  en los nuevos que pone de presente en la audiencia, respecto  de   los  cuales  lo  correcto  es  compulsar  copias  para  una  investigación  diferente.   

3.  En  cuanto  al  hecho  según el cual el  fiscal    indiciado   informó   en   una   de   las   audiencias   “que  los hechos fueron legalizados por el Juez de Garantías de  primera  instancia,  en  audiencia del 29 de julio de 2008 y declarados ilegales  por  el  Juez de segunda instancia”, considera que el  Tribunal  no  se  refirió  a la petición porque él argumentó que ello era un  lapsus  que no podía constituir un Fraude Procesal y que aún en el caso en que  hubiese  pretendido  engañar  al  Juez  el medio fraudulento fue inidóneo para  inducir  al  funcionario  en  error  porque  aquella  “equivocación” no fue  incluida en la decisión.   

De  igual  forma, señala que el Tribunal no  analizó  la  falta  de  ánimo  injuriandi  en la expresión “argucias de los  abogados”,  pues lo único que pretendió el fiscal al lanzarla fue enterar al  funcionario  de  la  forma  como  éstos  habían dilatado la audiencia a fin de  conseguir  la  libertad de sus defendidos por vencimiento de términos. Además,  se  sostiene que si se realizó una Injuria en la contestación de una tutela en  la  que  el  mismo  fiscal los agravió, como lo manifestó la denunciante en la  audiencia  de  preclusión, éste es un hecho nuevo cuya indagación requeriría  de  una  querella  de  parte  que,  inclusive,  ya habría caducado. Igualmente,  serían  hechos  posteriores  a  la  denuncia la persecución que le iniciara el  fiscal  denunciado  mediante  la  iniciación  de  7 procesos penales por Fraude  Procesal.   

4. En relación al hecho denunciado según el  cual  el  fiscal  omitió  informar  al  Juez  que la investigación había sido  archivada  en  el  año  2009  y  que  fue  posteriormente  reabierta  de manera  irregular  porque  no se contaba con elementos probatorios nuevos y porque no se  informó  a los sujetos procesales de la misma; manifiesta que el Tribunal no se  refirió  a  este  hecho  sino  al  supuesto cercenamiento de los documentos que  acreditaban  aquellas  actuaciones  (la orden de archivo y de su reapertura), lo  cual  consideró  si  fue  puesto  de  presente  en  la  denuncia.  Frente a tal  argumento,  aduce el recurrente que el fiscal no incurre en delito porque él no  fue  quien dispuso el desarchivo y porque, en todo caso, tal información no era  necesario  suministrarla.  Además  estima  que  cuando  la  denunciante  en  la  audiencia   de  preclusión  se  refirió  a  que  se  habrían  cercenado  unos  documentos  es  un hecho nuevo porque se refiere es a una orden de allanamiento.   

N  O    R  E  C  U  R  R  E  N  T E  S   

La víctima: reitera  que  en  sus actuaciones el fiscal incurrió en los delitos de Injuria, Calumnia  y  Fraude  procesal,  y  que los hechos que los configuran aparecen con claridad  desde  la  denuncia inicial instaurada el 22 de noviembre de 2010. Cuestiona que  si  la  fiscalía no entendía la denuncia por qué no la llamó a aclararla?, o  por  qué  nunca  citó  a  audiencia  de  conciliación  para  que por lo menos  escuchara  las  partes?  Destaca  que  fue  objeto  de investigaciones penales y  disciplinarias  por  las  afirmaciones del fiscal indiciado, de todas las cuales  resultó  exonerada. Sobre si a las audiencias preliminares se debe citar o no a  los  defensores,  por  acceso  a la administración de justicia considera que si  hay  que  citar.  Por  tales  razones,  solicita  que no se conceda solicitud de  preclusión.   

El   indiciado:  coadyuva  la petición de fiscalía. Hace un recuento de la historia del proceso  con  radicado  No 2008-00516 contra Hugo León Mora Bolaños y Otros. Aclara que  las  audiencias  reservadas cuestionadas se realizaron el 25 de julio y el 31 de  agosto  de  2010.  Luego,  afirma  que  es  ilógico  citar  a  alguien para una  audiencia  en  la  que se va a decidir sobre la posibilidad de proferir orden de  captura  en  su  contra  y  que  la  debida  contradicción  se realiza es en la  diligencia en la que se controla su procedimiento.   

Señala  que sí informó al juez de control  de  garantías  ante el cual solicitó nuevamente la captura, que los ciudadanos  respecto  de  los  cuales  se  solicitaba  habían sido aprehendidos en ocasión  anterior.  Considera  que el Tribunal debió confrontar el informe ejecutivo con  el  registro  de  la  audiencia  y  no  lo  hizo,  pues  era la única manera de  determinar  si  él  había mentido, lo cual, advierte, nunca hizo. También que  no  existía  para  la  fiscalía  la  obligación  procesal  de informar que la  investigación  había  sido archivada y luego desarchivada. Finalmente, destaca  que  la  víctima  ha podido presentar una ampliación de denuncia por escrito y  nunca lo hizo.   

El   defensor:  coadyuva  la  solicitud  de  fiscalía por considerar que el indiciado no debía  citar  a  defensores  para celebrar una audiencia reservada, pues éstos ejercen  la  contradicción en la legalización posterior. De otra parte, sostiene que la  víctima  denunció  hechos  nuevos  en  esta  audiencia  y  nunca promovió una  ampliación de denuncia ante la fiscalía.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

        De  conformidad  con  lo previsto en el artículo 32, numeral 3º,  de  la  Ley  906  de  2004,  la  Sala  de  Casación  Penal  es competente para conocer de los recursos de  apelación  contra los autos y sentencias que profieran en primera instancia los  tribunales  superiores. En consecuencia, se aborda el  estudio  de la impugnación que propusiera el delegado de la Fiscalía contra la  decisión  proferida  por  el Tribunal Superior de Popayán consistente en negar  la   solicitud   de   preclusión   de   la  indagación  seguida  en   contra  de  CARLOS  JULIO  ÑAÑEZ  MARTÍNEZ,   por   los  delitos de Fraude Procesal, Injuria y Calumnia.   

        Según  el artículo 250 de la Constitución Política, modificado  por  el  Acto  Legislativo  No  003  de 2002, la Fiscalía General de la Nación  tiene  la  obligación  de adelantar el ejercicio de la acción penal y realizar  la  investigación  de los hechos que revistan las características de un delito  que  lleguen a su conocimiento. Sin embargo, el mismo  artículo    superior    en    su    numeral   5º,   faculta   a   dicho  órgano  para solicitar ante el  juez  de  conocimiento  la  preclusión  de  la investigación cuando, según lo  dispuesto   en   la   ley,   no   hubiese   mérito  para  acusar.  Esa       misma      facultad  aparece  reiterada  en el artículo 331 de la Ley 906 de  2004.   

        La  fuerza  de  cosa juzgada que entraña la preclusión exige que  la  causal  que  la  funda se encuentre demostrada de manera cierta o, lo que es  igual,  que  respecto  de  la misma  exista conocimiento más allá de toda  duda   razonable.   Sobre   el   tema   ha   dicho   reiteradamente   la   Corte  que:      

Acerca de la preclusión y sus efectos, la  jurisprudencia   y   la  doctrina  de  manera  unánime  han  pregonado  que  es  imprescindible  la  demostración  plena  de  la causal invocada, de modo que si  perviven  dudas  sobre su comprobación, el funcionario judicial está compelido  a continuar el trámite.   

Sobre  el particular, esto dijo la Sala en  sentencia del 25 de mayo de 2005, radicado 22.855:   

“Significa lo anterior que la alternativa  de  poner  fin  al  proceso  por esta vía supone la existencia de prueba de tal  entidad  que  determine de manera concluyente la ausencia de interés del Estado  en  agotar  toda  la actuación procesal prevista por el legislador para ejercer  la  acción  penal, dando paso a un mecanismo extraordinario por virtud del cual  pueda    cesar    de    manera    legal    la   persecución   penal”     (CSJ    AP,    24  jun.  2008,  Rad.  29344; CSJ AP, 27 sept. 2010, Rad. 34177; y  CSJ   AP,  24  jul.  2013,  Rad.  41604)1   

.  

En    nuestro    caso,    el  delegado  de  la Fiscalía solicitó ante el Tribunal Superior  de  Popayán  la preclusión de la indagación por la  atipicidad  de  los  hechos  investigados,  petición  ésta  que fue denegada bajo el argumento medular de que era necesario adelantar  mayores  actividades de investigación sobre los hechos inicialmente denunciados  y    que    fueran   ampliados   por   la   misma   víctima   en   la  audiencia,  con el objeto de tener  certeza  sobre  la  ausencia  de  tipicidad  alegada.  La  aludida  causal   de  preclusión  se     encuentra     prevista    en    el    numeral    4º    del  C.P.P./2004   y  sobre  ella   ha   explicado  esta    Corporación  que:   

…  la  atipicidad  pregonada  debe  ser  absoluta,   pues  para  extinguir  la  acción  penal con fuerza de cosa juzgada se requiere que el acto  humano  no  se  ubique  en  ningún  tipo  penal,  en  tanto que la relativa,  esgrimida por la Fiscalía,  hace  referencia  a  que si bien los hechos investigados no se adecuan dentro de  una  específica  conducta  punible (abuso de función pública, valga el caso),  sí  encuadran  dentro  de  otra  (prevaricato, por vía de ejemplo). Si ello es  así,  esto  es,  si  de  lo  que  se  trata  es  de una atipicidad relativa, no  parecería  admisible  que  se  aspirase  a  la preclusión, en tanto el sentido  común  indicaría la necesidad de continuar la investigación respecto del tipo  penal  que,  al parecer, sí recogería en su integridad lo sucedido2.   

        A  continuación,  entonces,  se  fijarán  los  hechos que fueron  denunciados  como  delictivos  y  en  relación  a  los  cuales  se  dirigió la  actividad  investigativa de la Fiscalía, para luego determinar si se adecúan a  los  tipos  penales de Fraude Procesal, Injuria o Calumnia que estimó cometidos  la  denunciante,  o  si se  advierte  que  puedan corresponder a otras adecuaciones típicas siempre que, en  este    último    evento,    se    reúnan    las    condiciones   mínimas  de procesabilidad,      hipótesis     en            las           cuales  habrá  de negarse la solicitud de  preclusión. O  si,  por  el  contrario,  los  hechos  investigados  son  atípicos de manera absoluta y en tal caso se decretará la  terminación  anticipada  de  la  actuación  no sin  antes   revocar   el   auto   impugnado.   

     

i. Hechos investigados     

Los supuestos         fácticos        denunciados        habrían   sido  cometidos  por el indiciado en su condición de  Fiscal     Especializado     de     Santander    de    Quilichao    (Cauca)     durante    la  intervención  en  dos  audiencias  preliminares  que  tuvieron  lugar  en la actuación  radicada    con    el    C.U.I.    196986000633200800516.    Esas    diligencias  fueron:  (i) la del 25 de  agosto  de  2010 ante el Juzgado Primero Penal Municipal con función de control  de  garantías de Santander de Quilichao, que tuvo por objeto la cancelación de  las  órdenes de captura proferidas mediante el auto del 10 de julio de 2008; y,  (ii)  la  del 31 de agosto  de  2010  ante  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  con  función  de  control de  garantías   de  Buenos  Aires  (Cauca),  que  tuvo  por  objeto  la  expedición  de  nuevas órdenes de  captura   contra   los   indiciados.   Las  actuaciones  que se califican como  delictivas serían:   

1) A    ninguna    de   las   prementadas   audiencias   el     fiscal     citó  a  los  indiciados  ni  a  sus  defensores, muy a pesar que en  la  carpeta obraban los datos de identificación y de  ubicación  de  todos  ellos,  pues antes habían intervenido en la audiencia de  legalización    de    capturas    del   29   de   junio   de   2008.   

2)    En  la  audiencia  reservada  del  31 de agosto de 2010  (i)   hizo  un  recuento  falso   de   los   hechos   ocurridos  el  28  de  junio  de  2008  (captura        de        los       indiciados)       y,  en  todo  caso,    contrario   a   los   consignados   en  el  informe  ejecutivo,  (ii)  informó  falsamente  que  el 29 de junio de  2008  el  juez  legalizó  la  captura,  decisión  que  fue revocada en segunda  instancia,   (iii)  atribuyó  la  declaratoria  de  ilegalidad        de        esas        capturas        a       “argucias”  de  los  abogados;  (iv)  omitió  comunicar que la  indagación  había  sido  archivada  en  2009,  que  fue  reabierta  de  manera  irregular  por no existir  elementos  probatorios  nuevos  y sin notificar a los  sujetos  procesales  de  ello,  sin que tampoco pusiera en conocimiento del juez  los      documentos     que     contenían     tales     decisiones.      

     

i. Análisis de tipicidad     

En  el mismo orden en que fueron expuestos  los  hechos  investigados,  se  analizará  su  probable adecuación a los tipos  penales  de  Fraude  Procesal,  Injuria, Calumnia o a  cualquier  otro  que se logre vislumbrar. Desde ya se  avizora  que  el  único  acontecimiento  que  se  relaciona  con  una  eventual  afectación  de  la  integridad moral constitutivo de Injuria o Calumnia, sería  el       de      atribuirle      “argucias”  a   los   abogados   defensores   para   obtener  la  declaratoria   de   ilegalidad   de  las  capturas  el  29 de junio de 2008. Por tal razón, sólo  se  analizará  esa  probable  tipicidad en el suceso   que   se   describe   en   el   numeral   4).    

1) No citación  a audiencias preliminares reservadas.   

La  configuración de un Fraude procesal a  partir  de  esa  conducta dependería, según lo establecido en el artículo 453  del  Código  Penal,  de  que la misma haya constituido una maniobra fraudulenta  que  indujera  en  error, en nuestro caso, a los jueces de control de garantías  de  Santander  de  Quilichao y de Buenos Aires, con el propósito de obtener una  providencia  judicial  contraria  a  la  ley,  en  las  audiencias  preliminares     que    antes    se  identificaron.   

La    conducta    del    fiscal     indiciado    no   tuvo   la   más   mínima   potencialidad  de  constituir  una  maniobra  fraudulenta o engañosa en relación a  los  jueces  de  control  de  garantías  a  los que  acudió  y, en todo caso,  en ningún sentido podía  determinar  un  contenido  de  ilegalidad de las  decisiones      que     aquellos     adoptarían  en torno a las peticiones de cancelación de órdenes  de   captura   y   expedición   de   unas   nuevas,  respectivamente.  Menos  aún  puede  hablarse  de  fraudes  si  se  tiene en  cuenta  que  el objeto de  la  audiencia  inicial  consistía  en  la  cesación  de  los  efectos  de  una  autorización  judicial  que  permitía  limitar  el  derecho  fundamental  a la  libertad  de  los  indiciados,  lo  cual  era  a  todas  luces  favorable  a sus  intereses,  y  que en el  caso      de      la     segunda     audiencia           es          precisamente          su  reserva  la    que   garantiza  la   eficacia   de  la  administración  de  justicia  en la lucha contra el  delito.     

Ahora  bien, de  verificarse  que  por  razones  diferentes  a la mera  naturaleza   de   las   audiencias,   existía  para  la  Fiscalía  el  deber  legal  de convocar a los  indiciados  y  a  sus defensores a las audiencias y no lo hizo, entonces podría  pensarse  en  la  eventual  adecuación  de  esa conducta al tipo de Prevaricato por omisión cuya tipicidad  es  la  siguiente: “El servidor público que omita,  retarde,  rehúse  o deniegue un acto propio de sus funciones,…”3.  Según  el  a  quo, como quiera que los indiciados  habían  sido  capturados  en    ocasión    anterior   a   las   audiencias   cuestionadas,   a  pesar  que  esa aprehensión fue declarada ilegal; ostentaban    la    condición    de  imputados,       lo      cual      generaba  para  la  Fiscalía  la  obligación  de  garantizar  la  intervención  defensiva.  Se dilucidará, entonces,  si  un  deber  de  tal  naturaleza  existía  para el ente acusador o si, por el  contrario,   el  mismo  no  hace  parte  de  su  ámbito  funcional.   

En  primer  lugar  ha de advertirse que el  acto  o  la  orden  de  citación  para que los intervinientes comparezcan a las  audiencias  preliminares, no le compete al delegado de la Fiscalía sino al juez  de  control  de  garantías,  según lo establece con claridad el inciso 2º del  artículo       171       del      C.P.P./20044.   Esa  disposición  legal  sería  suficiente,  entonces,  para  descartar  el  incumplimiento  de  una  función  a  cargo  del  indiciado en cualquiera de sus  modalidades:  omitir,  retardar, rehusar o   denegar.   Ahora   bien,  pudiera  alegarse  que  la  omisión del fiscal consistió en no suministrar, previo a la  audiencia,  los datos de identidad y de ubicación de los indiciados y el de sus  defensores,  los  cuales  le  hubiesen  permitido  al    juez    de    control    de    garantías    enviarles    la    respectiva  citación.      

Esta  última  omisión  sería  punible  por   prevaricadora   únicamente   si,  al igual que la anterior,             existiera   un  precepto   normativo   que   dispusiera  la  obligación  de convocar a los titulares de la defensa a las  audiencias  preliminares que se realicen en la etapa  de   indagación,   especialmente   a  aquellas  que  demanden  reserva  para  asegurar la eficacia de la  administración    de    justicia.    Sin  embargo,  tal  obligación no existe, pues la citación a los  titulares  de  la  defensa es imperativa sólo a partir de la formulación de la  imputación,  según  se  desprende  del  parágrafo del artículo 237 adjetivo.   

Es cierto que conforme al artículo 267 del  C.P.P./2004  el  indiciado  puede  solicitar audiencias de control de garantías  sobre  las actuaciones que hayan afectado sus derechos fundamentales.       También      lo  es  que  su  derecho a la defensa se activa desde que el mismo  momento  en  que  tenga  noticia  de una investigación en su contra,  aun  cuando  no  haya  adquirido la  condición   de   imputado,  según  lo  aclaró  la  sentencia        C-799        de        20055   y que, en tal virtud,  si      se      llegase      a      enterar que  en    dicha    actuación    se    realizan   diligencias   anteriores  a  la formulación de imputación,  tiene  el  derecho  a participar con su defensor si así lo solicita,     como     bien     se    explicó    en    la    sentencia     C-025     de    20096.   

No   obstante   lo  dicho,  obsérvese     que     ni     la     ley    ni    el    precedente  constitucional  consagran  el  derecho  del  sujeto  pasivo  de  la  acción  penal  a  ser  citado  para  audiencias  que  se  realicen  en  la  etapa  de  la  indagación.  Lo que sí  se  le garantiza es la participación en aquéllas    cuando    conozca    de   su   realización   y  exponga  su  interés  en  comparecer ante el  respectivo  juez  de  control  de  garantías, quien  estará   obligado   a   autorizarle  la  intervención  y  la  de  su  abogado.  Esa  sutil  distinción  fue explicada con meridiana  claridad  por  la  Corte  Constitucional  en la precitada sentencia C-025, en la  que,  además,  enfatizó  en  la necesidad de la reserva de algunas diligencias  como   motivo   fundante   para  definir    el   alcance   del   derecho   a   la   defensa   del  indagado  en  los términos antes  expuestos.   

6.15.   Precisa   la  Corte,  que  hacer  prevalecer  la interpretación incluyente   en  este  caso,  no  compromete  en  modo  alguno  la  facultad  reconocida  por  las disposiciones acusadas a la Fiscalía General de la Nación  para  ordenar  la  práctica  de  las  diligencias  en  ellas  previstas  y para  llevarlas  a  cabo a través de los organismos de policía judicial, durante las  etapas   de   indagación  e  investigación.  Tampoco  cuestiona  el  carácter  reservado  que  pesa  sobre  tales  diligencias,  pues entiende la Corte que por  razones  de  política  criminal  y eficacia judicial, éste debe contar con los  recursos  técnicos  necesarios,  adecuados y suficientes para combatir y luchar  de  manera  pronta  y  eficaz  contra  el  delito.  Lo  que en realidad pretende  garantizar  la  interpretación  más  favorable, es el derecho a la defensa del  indagado  en  la  audiencia donde se lleva a cabo la revisión formal y material  de  las diligencias previstas en las normas acusadas, cuando ésta se realiza en  la  etapa  de  indagación,  para  efectos  de  permitirle participar en ella al  inculpado  y  facilitar  su derecho de contradecir ante el juez de garantías la  constitucionalidad  y  legalidad  de  la  medida,  cuando  tiene  noticia que se  adelanta una investigación penal en su contra.   

Cabe  destacar,  como  ya lo ha hecho esta  Corporación  en  anteriores  oportunidades,  que  una  cosa es que la autoridad  pública  no  esté  obligada  a  dar aviso sobre el momento en el cual se van a  practicar   ciertas  diligencias  -registros,  allanamientos,  interceptaciones,  etc-,  lo  cual  redunda  en  beneficio  de  la  eficiencia  y  eficacia  en  la  administración  de  justicia,  y  otra muy distinta es que la persona que está  siendo  objeto de tales medidas no pueda controvertirlas oportunamente, no pueda  ejercer plena y libremente su derecho a la defensa.   

Entonces,  si  durante  la  indagación  no  existe  para  los  fiscales  ni  para  los  jueces  de  control de garantías la  obligación  de  convocar  a  los  titulares  de  la  defensa  a  las audiencias  preliminares,  ningún  delito  y ni siquiera una mínima irregularidad existió  en  la  omisión  de  citar a los indiciados y a sus defensores a las audiencias  preliminares  realizadas  los  días  25 y 31 de agosto de 2010 en la actuación  radicada   con  el  No  196986000633200800516,  pues  la  misma  transitaba  el  sendero  de  la  etapa de  indagación.   Por   si  fuera  poco,  las  diligencias  cuya  convocatoria reclama la denunciante son de  aquéllas  en  que,  se  reitera,  la  reserva  es  condición de eficacia de la  administración   de   justicia   en   la  lucha  contra  el  crimen.   

Por     último,     conforme   a   lo   expuesto,   queda  claro  la  garantía  plena  de  publicidad  de  las  audiencias  preliminares  la  adquiere la defensa a partir del inicio formal del  proceso  penal con la formulación de imputación. La  sola  condición  de  imputado  que,  como  bien lo señala el artículo 126 del  C.P.P./2004,  también  puede  ostentarse  a  partir de la captura, no marca una  diferencia  sustancial  en  relación al alcance del derecho a la defensa que le  asiste  al  indiciado,  tal  y  como  se advirtió en  la    sentencia    C-799    de    20057.  Claro  está, la etapa procesal o preprocesal por la  que  transite la investigación determina oportunidades y cauces legales propios  en  los  cuales  se  ejercita el derecho fundamental,  así como se expresó en  la  parte  resolutiva  de  dicha  sentencia  de  constitucionalidad:      

Declarar        EXEQUIBLE       la      expresión  “una  vez  adquirida  la condición de imputado”  contenida  en  el inciso 1° del artículo 8° de la  ley  906  de  2004,  por  los  cargos  examinados,  sin  perjuicio del ejercicio  oportuno  , dentro de los cauces legales, del derecho de defensa por el presunto  implicado  o  indiciado en la fase de indagación e investigación anterior a la  formulación de la imputación.   

2)  Recuento  falso  de los hechos en los cuales resultaron capturados Hugo León Mora Jurado,  Iván Adolfo Alzate Bolaños y Ronald Alexander Guerrero Checa.   

La imputación que hace la denunciante al  fiscal  CARLOS JULIO ÑAÑEZ MARTÍNEZ según la cual en la audiencia preliminar  celebrada  el 31 de agosto de 2010 habría faltado a la verdad en el recuento de  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  durante  las cuales resultaron  capturados  Hugo  León  Mora  Jurado,  Iván  Adolfo  Alzate  Bolaños y Ronald  Alexander   Guerrero   Checa,  el  28  de  junio  de  2008; carece de cualquier  fundamento. Como bien lo  afirma  el  delegado  de  la Fiscalía que solicita la preclusión, ello  se  comprueba  con  el  solo  cotejo de la intervención del  indiciado    en    aquella    audiencia    y   lo   plasmado   en   el   informe  ejecutivo  en  que  servidores  de policía judicial  comunicaron    lo    relativo    a    dichas  capturas.  Entre  tales  extremos puede advertirse, como  única   conclusión   posible,   la   homogeneidad  de  los  acontecimientos  y  circunstancias      en      que      se      produjeron     las     aprehensiones.   

Ningún supuesto fáctico diferente a los  relativos  a  las  aprehensiones  realizadas el 28 de  junio  de  2008 habría sido objeto de falsificación  por  el indiciado según el texto claro de la  denuncia, contrario a lo que  infiere   el  Tribunal,  pues  a  más  de  que  tal  manifestación  fue  expresa, la referencia que en tal sentido hace al relato de  hechos  del  informe  ejecutivo,  así  lo  reafirma.  Siendo  así, entonces, la información factual  que  suministró el fiscal en  la  audiencia  del  31  de  agosto de 2010 fue veraz o, por lo menos, fue la que  recibió  de  los  agentes  captores;  por  lo  que  ninguna falsedad o maniobra  fraudulenta  tendiente a engañar al respectivo juez  de  control  de  garantías,  puede endilgársele al  indiciado  en  ese  aspecto.     

3)  Información falsa sobre la   decisión  adoptada  en  la  audiencia  de  legalización  de  capturas realizada el 29 de junio de 2008.   

Le  asiste razón a la denunciante cuando  asegura  que el fiscal CARLOS JULIO ÑAÑEZ MARTÍNEZ en la audiencia preliminar  celebrada  el  31 de agosto de 2010 informó que la captura de los indiciados en  esa  investigación el 28  de   junio   de   2008,   fue   declarada  ilegal  en  la  segunda  instancia.  De  igual forma, lo cierto  es  que  esas aprehensiones no superaron el examen de legalidad desde la inicial  audiencia  ante  el  juez  penal municipal de control de garantías en  turno  en el municipio de Santander  de    Quilichao,    es    decir,   en   la   primera   instancia.   Así     las     cosas,     si    se  quiere,   el  fiscal  que se investiga habría faltado a la estricta verdad;  sin  embargo,  ello  no fue relevante porque recayó  sobre  un  aspecto  secundario  o  accidental:  la  instancia  que  declaró  la  ilegalidad. Nunca mintió  sobre  lo  esencial,  pues  reconoció siempre que la inicial captura no reunió  los   requisitos   legales  o,  por  lo  menos,  eso  fue  lo  que  declaró  la  judicatura.   

Además,  esa  falta  sería insustancial  porque   la   ilegalidad   de  una  captura  anterior  decretada  por  cualquier  instancia,  para  nada  incidía  en  el  contenido  de  una nueva decisión  judicial  que dispusiera por segunda vez la limitación al derecho fundamental a  la  libertad,  más  aún  cuando  la  anterior no habría cumplido su      finalidad     natural  de  convertirse en una medida  cautelar   del   proceso.   Es  más,  una  captura  ilegal  anterior no constituye antecedente necesario  de  la  orden  judicial  que  pretendía  el  delegado  de  la  fiscalía en esa  audiencia,  por lo que bien podía, inclusive, omitir  su             mención.     

4) Atribución de argucias a los abogados  defensores en dicha audiencia.   

También  se  denunció  a  CARLOS JULIO ÑAÑEZ MARTÍNEZ porque atribuyó la utilización de  argucias  en  la  audiencia  de  legalización  del  29  de junio de 2008, a los  abogados   que   ese   día   ejercieron  como  defensores  de  los  capturados.  En  esta  parte  de  la  denuncia  se  descarta la existencia de un delito de  Calumnia,  pues éste requiere la imputación falsa de una conducta típica, tal  y   como   lo   prevé   el   artículo  221  del  Código  Penal.  A  lo  sumo, podrá examinarse la posible tipicidad de una Injuria  si    es    que    atribuir   argucias   se   tuviera   como   una   imputación  deshonrosa.   

El término “argucia” es definido por  el  Diccionario  de  la  Real  Academia de la Lengua Española como “sutileza,  sofisma, argumento falso  presentado     con     agudeza”.    A  su vez, sutileza es “1.Cualidad de  sutil”  o “2. Dicho o  concepto    excesivamente    agudo    y   falto   de   verdad,   profundidad   o  exactitud”.   Y   un  sofisma  es “Razón o argumento aparente con que se  quiere  defender  o  persuadir  lo  que  es falso”.  Conforme    a    esas   precisiones   semánticas,  si  bien  es  cierto  que  mediante  la  argucia  se  defiende  un argumento básicamente falso, también lo es que la utilización de  tal  término exalta una habilidad del emisor quien logra esgrimirlo con agudeza  y  apariencia  de  verdad.  Por  tal razón, la atribución de una argucia no es  inequívocamente  una  imputación  deshonrosa; sin embargo, si así lo fuera en  gracia    de    discusión,    una    razón   de   orden   legal   prevista    en    el   artículo   228   sustantivo   excluye  la existencia de una conducta  típica de Injuria:   

Las   injurias   expresadas   por   los  litigantes,  apoderados  o  defensores  en  los  escritos,  discursos o informes  producidos  ante  los  tribunales  y  no  dados por sus autores a la publicidad,  quedarán  sujetas  únicamente  a  las  correcciones  y  acciones  disciplinarias correspondientes.   

En el  caso  bajo  examen, se reúnen las condiciones que excluyen la  tipicidad  que  se  denuncia:  1) la injuria fue expresada por el delegado de la  Fiscalía  General  de la Nación que en el sistema procesal instituido a partir  del  Acto  Legislativo  No  003  de 2002, es una parte (litigante) en el proceso  penal;  2)  fue  pronunciada  en  una  audiencia  ante  un  juez  de  control de  garantías;  y  3)  la manifestación injuriosa no sobrepasó el conocimiento de  la  audiencia. En razón de lo anterior, si el término “argucias” utilizada  por  el  indiciado  ante  un juez penal para  describir la estrategia utilizada  por  los defensores en la audiencia de legalización  de  captura  del  29  de  junio  de 2008,    fuera   injuriosa;   podría  sancionarse  en el ámbito disciplinario pero nunca en el  punitivo extremo.      

5)  Omisión  de  información  sobre  el  archivo y posterior desarchivo de las diligencias.   

En el registro de la audiencia preliminar  del  31  de  agosto  de  2010  puede  verificarse con  facilidad   que,  ciertamente,  el  delegado  de  la  fiscalía  que  intervino en ella nunca aludió a que la indagación había sido  archivada   en   una   ocasión   y   que  tal  orden  fue  revocada  con  posterioridad.  Obsérvese  que  la    misma  denunciante  reconoce  que  aquella audiencia fue promovida  por  un  delegado de la Fiscalía en una indagación que se encontraba abierta y  vigente;  por  lo  que  un  archivo  anterior  ninguna  trascendencia  tenía en  la     diligencia  adelantada   ni  en  la  decisión  que  en  ella  se  adoptara. Es  decir, el antecedente del archivo en  tales  circunstancias  no  guarda  relación  alguna  con los presupuestos de la  solicitud  de una orden de captura ni de la providencia judicial que a partir de  aquélla se profiriera.   

Recuérdese  que  de  conformidad  a  lo  establecido  en los tratados internacionales de derechos humanos que integran el  bloque         de         constitucionalidad8,     la     Constitución  Política (art. 28) y el  Código   de   Procedimiento   Penal   (arts.   2  y  295    ss);  la  solicitud  de una orden judicial de captura por   parte   de   la   Fiscalía   se  justifica     en    lo    fundamental  a  partir  de  la  existencia  de  motivos fundados para inferir  (i)    que    aquel  contra  quien  se pretende es autor o partícipe del  delito  que  se investiga y (ii) que la restricción de su libertad es necesaria  para  evitar  la  obstrucción  de la justicia, el riesgo de fuga o de  daños  a  la  comunidad  y  a las  víctimas.  Siendo ese el  marco  jurídico  esencial  de  una  petición de orden de captura, ninguna   relación  de  pertinencia  existe  con  el  detalle  de  antecedentes   en   la   indagación  como  un  archivo  revocado  o  audiencias  preliminares     celebradas     con     objetos    diferentes.       

De    esa    manera,    la  omisión  de  informar  al juez de  control      de     garantías     del       archivo      de  las  diligencias  y  su  posterior  revocatoria, o de aportar  a      la      audiencia      los      documentos      que      contenían   esas   órdenes   de   la   Fiscalía,  cuando  el  suministro de dicha   información   no   le   era   exigible   y   la   misma  ni  siquiera  es   relevante   o   pertinente  para  solicitar  un  mandato judicial de captura; no se adecúa a ninguna prohibición  típica,  es  decir,  de  tales hechos puede    predicarse    la   atipicidad  absoluta.  Ahora  bien,  si  el  desarchivo  de  las  diligencias  fue  irregular  o  si  la omisión de la comunicación de esa orden  constituyera  delito,  tales  conductas  no  serían  imputables  a CARLOS JULIO  ÑAÑEZ  MARTÍNEZ,  pues evidentemente fue otro delegado de la Fiscalía el que  tuvo a cargo tales actos procesales.   

     

i. Conclusión      

Los hechos denunciados son atípicos; por  ende,  se  revocará la providencia judicial objeto del recurso de apelación y,  en  su  lugar,  se  PRECLUIRÁ  la  indagación  adelantada  contra CARLOS  JULIO  ÑAÑEZ MARTÍNEZ por los delitos de Fraude Procesal,  Injuria  y Calumnia. Como quiera que durante su intervención en la audiencia de  preclusión  la  denunciante  dio  a  conocer hechos que aunque diferentes a los  investigados  también  pudieran configurar conductas típicas, se dispondrá la  compulsa   de   copias   para  que  se  adelante  la  investigación  penal  que  corresponda.   

D  E             C             I             S             I             Ó             N   

En  mérito  de lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R E S U E L V E  

Primero: REVOCAR  el auto proferido el 9 de mayo de 2014 por el Tribunal  Superior      de      Popayán      y,     en     su     lugar,     PRECLUIR  la indagación adelantada contra  CARLOS  JULIO  ÑÁÑEZ MARTÍNEZ, por los delitos de Fraude Procesal, Injuria y  Calumnia.   

Segundo:  COMPULSAR copia del registro  de  la  audiencia  de  preclusión  con  destino  a  la  Fiscalía General de la  Nación,  con  el  objeto que se investigue si los nuevos hechos relatados allí  por la denunciante constituyen delito.   

Contra  esa  decisión no procede recurso  alguno.     

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 CSJ  AP,    18    de    junio   de   2014,    Rad.  43797.   

2 CSJ  AP,  27  de noviembre de 2013, Rad. 38458. Esta posición se reiteró en CSJ AP,  21 de mayo de 2014, Rad. 42570.   

3  Artículo 414 del Código Penal.   

4  “La   citación   para   que  los  intervinientes  comparezcan  a  la  audiencia  preliminar  deberá  ser  ordenada por el juez de  control de garantías.”   

5 En  esta  sentencia, la Corte  Constitucional  analizó  la   exequibilidad  de  la  expresión  “una     vez    adquirida      la      condición     de  imputado”  contenida  en  el  inciso  inicial  del  artículo  8º de la Ley  906 de 2004.   

6  Esta  declaró  la  exequiblidad  del  artículo 237 ibídem en el entendido que  “dentro del respeto a la naturaleza de cada una de  las  etapas  estructurales  del  procedimiento  penal  acusatorio, que cuando el  indiciado  tenga  noticia  de  que en las diligencias practicadas en la etapa de  indagación  anterior a la formulación de la imputación, se está investigando  su  participación  en  la  comisión de un hecho punible, el juez de control de  garantías  debe  autorizarle  su  participación  y  la  de  su  abogado  en la  audiencia  posterior  de  control  de legalidad de tales diligencias, si así lo  solicita.”   

7  “No   es   de  relevancia  para  el  ordenamiento  Constitucional  el  nombre  que  jurídicamente  se  le otorgue a una persona al  interior  de  una  investigación o de un proceso penal.  Lo trascendente acá,  es  que a dicha persona no se le apliquen excepciones temporales al ejercicio de  su  derecho  de defensa, pues ella en cualquier etapa pre o procesal puede hacer  uso  del  ejercicio  constitucional a defenderse.”.  Sentencia C-799 de 2005.   

8  Pacto  Internacional  de  Derechos Civiles y Políticos (art. 9º) y Convención  Americana de Derechos Humanos (art. 7º).     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *