AP3446-2014(43757)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP3446-2014  

Radicación N° 43757  

(Aprobado  acta  Nº 195)    

         Bogotá,  D.C.,  veinticinco  (25)  de  junio  de  dos  mil catorce  (2014).   

         Procede  la  Sala  a  verificar  los requisitos de lógica y debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  FERNÁN   ALEJANDRO   JIMÉNEZ   CASTAÑO.   

H E C H O S  

         Fueron   expuestos   por   el   ad  quem  de esta manera:   

“Dan   cuenta  los  registros,  que  la  Gobernación  de  Risaralda  por  intermedio  de  apoderado  judicial  presentó  denuncia   el   13   de  agosto  de  2010  en  contra  del  señor  FERNÁN   ALEJANDRO  JIMÉNEZ  CASTAÑO,  toda  vez que éste mediante documentos falsos, concretamente, con una copia del  diploma  y  del acta de grado Nº 29344 del 27 de mayo de 2007 de la Universidad  Antonio  Nariño  de  Bogotá,  al  igual  que  de  la  tarjeta  profesional Nº  25202-64642CND,  acreditó  su calidad de ingeniero civil, y con ellos indujo en  error  al  gobernador, por cuanto en virtud de los mismos fue nombrado en varios  cargos  de  esa entidad, tales como: profesional universitario código 219-22 en  la  Secretaría  de Infraestructura (decretos 0314 del 3 de marzo de 2008 y 0971  del  5 de noviembre de 2009); director técnico código 009-28 en la Secretaría  de  Infraestructura  (decreto  117  del  30  de diciembre de 2009); y secretario  encargado  de  infraestructura del departamento código 020-34 (decreto 0283 del  8 de abril de 2010).   

La  Universidad Antonio Nariño certificó:  (i)     que    JIMÉNEZ    CASTAÑO    no  aparece  registrado como ingeniero civil de esa institución, y  (ii)  que  el  acta  de  grado Nº 29344 había sido expedida a otra persona. De  igual  forma  el  Consejo Profesional Nacional de Ingeniería (COPNIA) Seccional  Risaralda,   informó   que   el  citado  no  aparece  registrado  bajo  ninguna  denominación  profesional,  razón por la cual también formuló denuncia penal  contra      FERNÁN     ALEJANDRO     como  actuación  que  se  tramitó  en  esta  misma investigación  debido a que se trataba de hechos conexos”.   

A N T E C E D E N T E S  

         1. Culminado el  juicio  oral y anunciado el sentido condenatorio del fallo por el Juzgado Quinto  Penal   del   Circuito   de   Pereira   (Risaralda),  estrado  judicial  al  que  correspondieron  las  diligencias,  se  dictó  sentencia el 18 de septiembre de  2012,  a  través  de  la  cual  se  impuso  a JIMÉNEZ  CASTAÑO  las penas principales de prisión por ciento  veintiún  (121)  meses,  multa  de  trescientos (300) salarios mínimos legales  mensuales  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  sesenta  y cuatro (64) meses y quince (15) días, junto con la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio de la profesión u oficio de la ingeniería  civil  y  sus profesiones auxiliares por el término de la sanción privativa de  la  libertad,  como  autor  responsable  de  los delitos de falsedad material en  documento  público, falsedad en documento privado y fraude procesal (artículos  287,  289  y  453 del Código Penal), negándosele la suspensión condicional de  la   ejecución   de   la   pena   y   la   prisión   domiciliaria.1   

         2.  Impugnada  esta  determinación  por la defensa, fue confirmada  por  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pereira -Sala Penal- el 6 de  marzo de 2014.2   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

         El  defensor del sentenciado, invocando la causal contemplada en el  artículo  181,  numeral  2°,  de  la  Ley  906  de  2004, interpuso el recurso  extraordinario     para     postular     un    cargo  único  en  contra del fallo de segunda instancia, al  considerar  que  en  las  diligencias  se  violó  el  derecho  de defensa de su  prohijado.   

   

         Retomó  los aspectos estudiados por el Tribunal en su proveído, y  asegura  que  éste  se  circunscribió  a  un  análisis probatorio que evadió  constatar  si  el  procesado  contó con una defensa real o simplemente nominal,  pues  al  tratarse  de  una  garantía  fundamental,  dice,  no bastaba solo con  verificar  si  estaba siendo asistido por un letrado. En ese orden, sostiene, el  profesional  del  derecho  que  ejerció  en  su  momento  el  cargo mostró una  gestión  deficiente,  no  activa,  que  al igual que en otras ocasiones, según  precedentes  que  trascribe, constituye un contexto que demanda la intervención  de  la  Corte para salvaguardar intereses superiores. En concreto, aduce, debió  el   abogado  que  representaba  a  JIMÉNEZ  CASTAÑO  procurar  que  compareciera  y  estuviera atento a la  actuación,  “una defensa técnica serena le habría  sugerido  asistir  a las demás audiencias y al juicio. Podría hipotéticamente  haberle  insinuado  aceptación  de  los cargos o algunos para lograr una rebaja  relevante  de  la pena y los sustitutivos o subrogados penales correspondientes.  Nada  de  esto  se  cristalizó  en  las  contingencias del tortuoso proceso”.   

         En  estas  condiciones, y luego de detallar el trasegar que tuvo la  audiencia  preparatoria y el juicio, fases en las que, estima, la actitud pasiva  de   su   predecesor   influyó  en  el  resultado  final  por  su  “descuido               y              desinterés”;   solicita  casar  la  sentencia y la invalidación de las diligencias desde la audiencia de  imputación,   con   el   fin   de  permitir  “unas  estrategias plausibles para una veraz defensa técnica”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

         1.  Ante  todo es imperioso recordar que la casación es un recurso  de  naturaleza  extraordinaria  y rogada, motivo por el cual el legislador fijó  de  manera taxativa las causales por las que es procedente atacar la presunción  de  acierto  y legalidad que cobija al fallo de segunda instancia. En ese orden,  la  demanda correspondiente no es un escrito de libre formulación en el que hay  lugar  a  cualquier clase de cuestionamiento sino que ha de ser un texto lógico  y  sistemático, en el que únicamente es viable denunciar errores trascendentes  de   la   sentencia   al   tenor   de   la  metodología  que  ha  decantado  la  jurisprudencia.   

         Por   lo   tanto,   el   éxito   de  la  censura  depende  de  una  argumentación  dialéctica  que  conlleve,  de  forma  precisa  y  coherente, a  demostrar  que  el  fallo impugnado es ilegal por haber incurrido el juzgador en  vicios  de juicio o de procedimiento, de tal magnitud, que hagan insostenible su  decisión.   

         Bajo   esa  perspectiva,  es  claro  que  el  casacionista  omitió  sujetarse  a  dichas  premisas  conceptuales y ello conducirá a la inadmisión  del recurso, ya que dejó de  lado   postulados  formales  y  sustanciales  insoslayables  en  su  reclamo  si  pretendía que pudiese tener cabida. Véase:   

         2.  El libelo no consulta los axiomas que rigen la sustentación de  la  causal invocada en punto de la vulneración del derecho de defensa, toda vez  que  este,  según  criterio  reiterado  de la Sala, en su cariz técnico, no se  conculca  por la apreciación de otros togados en cuanto la labor adelantada por  sus   predecesores,   porque  es  lógico  que cada profesional, frente a un caso  concreto,  diagnostique  y  establezca su propia estrategia defensiva, de manera  que  no  coincidir  en  ello  no  significa  que se haya infringido la garantía  (CSJ SP, 29 Abr 1999, Rad. 13315).   

         Ahora,   aun  cuando  el  libelista  se  encarga  de  recalcar  las  actitudes  que,  en  su  concepto,  son  representativas  de  una  desidia en el  ejercicio  de la labor encomendada, estas no se ofrecen suficientes para admitir  la  carencia  de  defensa  técnica  y  así  darle  paso  al estudio del reparo  atendiendo  que  la  labor  suasoria descartada, la ausencia de presentación de  teoría   del   caso   o   de   intervención  del  abogado  cuestionado  en  el  contrainterrogatorio   de   los  testigos,  eran  algunas  de  sus  atribuciones  especiales3  y las mismas, en este caso, como se verá bien se pueden explicar  en  el  devenir  de  la  actuación  que  a  la  postre culminó con el fallo de  condena.   

         De  igual  modo,  la  hipótesis  planteada  por el recurrente para  sustentar  su pedimento es divergente con los escenarios examinados por la Corte  en     los     pronunciamientos     que     evoca4,  pues  en últimas lo que se  colige  de  su  discurso no es la concurrencia de irregularidades que evidencien  la   falta   fehaciente   de   condiciones   reales  de  defensa,  oposición  y  contradicción,  sino  que  la  estrategia  más  conveniente  para JIMÉNEZ  CASTAÑO  era  la de contemplar  desde  el  inicio  la  aceptación  de  cargos,  por  eso  depreca retrotraer la  actuación  hasta  la  formulación de la imputación. Entonces, la vulneración  que  se  construye  tan  solo  es  aparente,  de  cara al contenido esencial del  derecho fundamental.   

         3.  La  dignidad  humana,  máxima  fundante  del  Estado Social de  Derecho  y  del  procedimiento  punitivo, apareja proteger por vía jurídica la  autodeterminación  de la persona sobre la cual recae el ejercicio de la acción  penal,  esta  no puede ser objeto de injerencias indebidas, ya que el derecho de  defensa  supone  respetar  cualquier criterio que se asuma frente al particular,  incluso  la  contumacia.  En  consecuencia, los resultados de esa actuación, de  ser  consciente,  voluntaria  y  debidamente  informada, no podrían dejarse sin  efectos  únicamente  por  el  replanteamiento  de la posición adoptada, lo que  explica,   entre   otros,   el  principio  de  no  retractación  que  rige  los  allanamientos y preacuerdos.   

         Tal  circunstancia  cobra  vigencia en este evento, pues las piezas  procesales  y  las  decisiones  emitidas  permiten  vislumbrar  que  el fallo de  condena   no   se   dio   de  manera  ineludible,  por  causa  de  una  indebida  asesoría.    

         3.1.  Durante  la  audiencia  de  formulación de imputación se le  pusieron  de  presente a JIMÉNEZ CASTAÑO los  hechos  constitutivos  de las infracciones penales endilgadas,  diligencia  en  la cual, por conducto de su defensa técnica, requirió y tuvo a  su  disposición los documentos que soportaban el señalamiento realizado por la  Fiscalía5.  Su  delegado,  junto  con  la  Juez de Control de Garantías, le  explicaron  con  detalle  los alcances de la imputación y las posibilidades que  tenía  frente  a  la  misma,  incluida  la  aceptación  de  cargos6.  De  cara a  ello,           guardó           silencio7,  facultad  también admitida  en     el     ordenamiento     procesal    penal.8    

         3.2.  La  defensa  para  el  juicio oral anunció el testimonio del  acusado  -del  que  posteriormente desistió-, y en su alegato de cierre y en el  recurso  de apelación enarboló la falta de capacidad de los documentos por él  aportados  para  inducir  en  error  a  la  entidad  pública  a  la  que fueron  presentados,  así  mismo,  la  existencia  de  dudas  respecto a su mendacidad,  señalándose por la judicatura lo siguiente:   

“El   dolo  como  autor  en  el  señor  FERNÁN  ALEJANDRO  JIMÉNEZ  CASTAÑO  lo  deduce la judicatura de las siguientes circunstancias: ¿Quién  más  que  él  para  saber que no era ingeniero? Martha Lucía Carvalho Quinua,  secretaria  general  de la UAN, y Luis Hernando Barreto Carvajal, director de la  sede  Pereira  de  la  UAN, informaron que el acusado había cursado estudios de  ingeniería  civil  en  el  año  2002,  luego  abandonó la carrera y solicitó  reintegro  en  el año 2010. El procesado fue desvinculado de la administración  el  6  de  mayo de 2010 mediante decreto 555 (prueba 16), precisamente cuando se  descubrió la artimaña.   

Quiere  decir  lo  precedente  que  fue  el  enjuiciado   quien  propició  deliberadamente  un  escenario  donde  lo  único  profesional    que   tenía   era   la   denominación   de   los   cargos   que  desempeñó.   

Tan  consciente era de su actuar que cuando  la  doctora  Luz Stella Serna García, secretaria seccional del COPNIA, lo citó  en  el  año  2010  a  una  reunión  como Secretario de Despacho y Delegado del  Gobernador  (para  actuar, paradójicamente, como presidente del tribunal ético  y  disciplinario  de  los  ingenieros  de  Risaralda),  y  le inquirió sobre la  inexistencia  de  su  matrícula  profesional,  decidió  colgarle  el teléfono  […]”.9    

[…] Es claro que las referidas fotocopias  sí  le  permitieron  al  acusado  certificar  una  condición académica que no  tenía,  y  cuyos originales no se anexaron, como se dijo con antelación porque  se  desconoce  su  paradero o muy seguramente están en poder del procesado, los  cuales  le  sirvieron  como  medio  para obtener los referidos nombramientos, lo  cual  constituye sin lugar a dudas un actuar contrario a derecho que se encuadra  tanto  en  la  falsedad  en  documento  público  y  privado,  como en el fraude  procesal.   

Aunado  a  lo  anterior,  tampoco puede ser  válida  la censura del impugnante en cuanto a que no se estableció el autor de  esos  documentos,  puesto  que  todas las pruebas señalan inequívocamente a su  representado.  Y  no  es  que  se  trata de meras suposiciones, porque fue él y  nadie  diferente  quien  presentó  la  hoja  de  vida  con  esos  documentos  e  información  contraria  a  la verdad, es decir, que necesariamente antes de que  los  mismos  reposaran en la oficina de recursos humanos, estuvieron en su poder  […]  Siendo  así,  se concluye forzosamente, que si no fue él quien elaboró  ex  novo  los documentos redargüidos de falsos en calidad de autor material, al  menos   fue   determinador  indispensable  para  que  otro,  a  su  nombre,  los  confeccionara,  puesto que nadie diferente podía suministrar su foto, los datos  de  fechas  de  grado,  universidad  de  procedencia, y demás documentos que lo  identificaban   a   efectos   de   hacer   creíble   la   trama”.10   

         En  estas condiciones, según se anotó, no surge que la inadecuada  defensa  hubiese sido el factor desencadenante de las decisiones de instancia, o  que  esta  no hubiese existido en el transcurso del proceso, en tanto el abogado  censurado  por  su  sucesor en el mandato sí desplegó actividades consistentes  para  que  se  diera  por  entendido  que  no hubo una orfandad en este sentido,  aunado  a  que, como se dijo, la estrategia pasiva per  se  no vulnera la garantía y así se ha advertido en  otras ocasiones:   

[…]  “La Sala  ha  señalado,  en  relación con el silencio o la inactividad del defensor como  estrategia  defensiva,  que en determinadas ocasiones  “la  contundencia  de  la  prueba de cargo, plena y  hermética,  impide aprovechar por inexistente la más mínima incoherencia para  edificar,  a  partir  de  ella,  un  trabajo defensivo […] en tales eventos la  inactividad  de  la  defensa  no  puede  entenderse  como  el  abandono  de  las  obligaciones  encomendadas,  sino  como la expresión de una vigilancia prudente  que,  por  saber  la gravedad de las imputaciones y la solidez de la acusación,  centra  toda  su atención en verificar rigurosamente que el proceso se adelante  con  absoluta  sujeción  a los preceptos legales y se garanticen a plenitud los  derechos     del     procesado”     (CSJ   SP,  15  May  2008,  Rad.  18114).   

         Por  tanto,  no  tiene  cabida que la táctica por la cual se optó  para  ejercer  la defensa, esto es, a la expectativa del contenido y de la forma  en  que  se  incorporarían  los  elementos  de  conocimiento  por  parte  de la  Fiscalía,  sea motivo para fundar su presunta violación, solo una vez conocido  el  resultado del juicio, y a partir del método que con posterioridad se ofrece  como el más adecuado, desde una visión eminentemente subjetiva.   

         4.   En  consecuencia,  el  cargo  único  no   se  somete  a  la  lógica  que  impera  en  su  postulación  y prescinde considerar la concurrencia de una serie de eventos que  desdibujan  cualquier  menoscabo  al  derecho  de defensa en las condiciones que  denuncia,  lo  que  lleva  a su inadmisión,   además,  porque  no  se  avizora  la necesidad de superar sus defectos o percibirse de su  contexto  que se precise de un fallo, para cumplir con alguna de las finalidades  del recurso (artículo 184 de la Ley 906 de 2004).   

         5.    Por  último,  debe  recordarse  que  frente  a  esta  determinación tiene cabida el  mecanismo  de  insistencia  de  acuerdo  con  los  lineamientos precisados en la  providencia   del   12   de   diciembre   de  2005,  proferida  en  el  radicado  24322.   

         6. Ahora bien,  toda  vez  que  la Corte advierte que probablemente se  vulneró  el principio de legalidad de las    penas  respecto  a la sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  la profesión u oficio de la  ingeniería civil y de sus  profesiones  afines y auxiliares que fue irrogada, por  cuanto  su  imposición no guarda una estricta consonancia o correspondencia con  los  hechos  por  cuales se dictó condena, como lo ha  precisado  esta  Corporación  en  otras oportunidades  (Cfr.  entre  otros,  CSJ  AP,  24  Abr  2013,  Rad.  40826),   sin   necesidad  de  agotar  audiencia  de  sustentación,  se  verificará si se casa, de oficio y parcialmente el fallo, a  fin de restablecer la garantía trasgredida.   

         Por  lo  tanto,  una  vez  proferida  esta  decisión y cumplido el  trámite  de la insistencia, el expediente regresará al despacho del Magistrado  Ponente  con el propósito de que la Sala se pronuncie  oficiosamente  acerca de la posible vulneración de garantías fundamentales, en  los términos señalados.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

R E S U E L V E  

         1.              INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el defensor  de  FERNÁN  ALEJANDRO  JIMÉNEZ  CASTAÑO.   

         2.    Contra    esta    decisión    procede    el   mecanismo   de  insistencia.   

         3.  En  firme  esta  providencia  y  cumplido  el  trámite  de  la  insistencia, se dispone el  regreso   de  la  actuación  al  Despacho  del  Magistrado  Ponente  con  el propósito de emitirse un pronunciamiento oficioso acerca  de  la  posible  vulneración  de  garantías  fundamentales,  de acuerdo con lo  consignado en la parte considerativa de esta determinación.   

Cópiese,      comuníquese,      y  cúmplase   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folio      101      y     siguientes     cuaderno  actuación   

2  Fl. 132 y s.s c.a   

3  Ley   906   de  2004,  Artículo  125,  […]  la  defensa  tendrá  los  siguientes deberes y atribuciones  […]  8.  No  ser  obligado a presentar prueba de descargo o contraprueba, ni a  intervenir activamente durante el juicio oral”.   

4  Radicados 27283 y 38231   

5  Récord  17:22  y  siguientes  audiencia  de  12  de  diciembre de 2011   

6  Récord 20:02 y s.s ibídem   

7  Cfr. Récord 23:10 ídem   

8  Cfr.   Ley  906  de  2004,  artículo  8°,  literal  c)   

9  Fl.   18   sentencia   primera   instancia   /   118  c.a   

10  Cfr.  Fl.  14  y  s.s  fallo Tribunal / Fl. 146 y s.s  c.a     

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