AP3440-2014(43161)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP3440-2014  

Radicación N° 43161  

(Aprobado acta Nº 195)   

Bogotá,  D.C.,  veinticinco (25) de mayo de  dos mil catorce (2014).   

Procede la Sala a verificar los requisitos de  lógica  y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por el  defensor  de ALBERTO GREGORIO LORA PEDROZA y      CARLOS      RAMIRO     VÁSQUEZ  OLIVERA.   

H E C H O S  

Fueron   expuestos   por  el  ad     quem     en    los    siguientes  términos:   

“Cuenta  la  foliatura  que, la firma G.B  Construcciones  Ltda.,  presentó  demanda  ejecutiva  en contra de los señores  Roberto     Ávila     Velandia,    ALBERTO    LORA  PEDROZA  y  Lourdes  Cajales  Navarro,  la  cual  le  correspondió  conocer  al  Juzgado  Noveno  Civil del Circuito de Barranquilla,  siéndole  asignado  el  radicado  No.  12913-97  y mediante auto de fecha 14 de  abril  de  1997,  el Despacho en mención libró mandamiento de pago por la suma  de $66.037.440.   

Así mismo, se lee en el expediente que, el  día  18 de abril de 2008, el señor Miguel Gonzalo Baquero Ramírez, en calidad  de  representante  legal  de  la  firma  G.B.  Construcciones  Ltda.,  presentó  denuncia    afirmando    que,    el    señor   LORA  PEDROZA,   se   valió   del   señor   CARLOS          RAMIRO         VÁSQUEZ         OLIVERA,    para  suscribir  acta  de  conciliación  No.  0316  ante el Ministerio de Protección  Social,  Dirección  Territorial  del  Atlántico,  Grupo Trabajo, el día 22 de  enero  de  2007,  en  la  cual  se  obligaba  a  pagar  al  señor  VÁSQUEZ  OLIVERA la suma de $45.005.088,  correspondiente  al  pago  de  cesantías, intereses, indemnización moratoria y  pago  de  12  meses de salario por la terminación de la labor contratada con el  mismo,  quien  supuestamente  ocupaba el cargo de celador del lote ubicado en la  calle 81 No. 39D-57 de esta ciudad.   

Que  con  dicha  acta  de  conciliación el  señor  VÁSQUEZ  OLIVERA,  interpuso  proceso ejecutivo laboral, cuyo conocimiento le correspondió al Juez  Séptimo  Laboral  del  Circuito,  quien  mediante  auto de 20 de abril de 2007,  libró  mandamiento  de pago a favor del señor CARLOS  RAMIRO  VÁSQUEZ  OLIVERA  y  en contra de del señor  ALBERTO  LORA  PEDROZA, por  la  suma  de  $45.005.088,  más  los  intereses moratorios legales desde que la  obligación  se  hizo  exigible  y hasta la cancelación total de la deuda, más  las    costas    y    agencias    en    derecho,    y    se    ordenaron   otras  disposiciones.   

Que  se  trata  de  un  ardid  del  señor  LORA  PEDROZA,   para  engañar  al  Juez  Civil  del  Circuito  y  así  evitar  el  remate  de  sus  bienes  y la cancelación de las  obligaciones    que   tiene   con   G.B   Construcciones   Ltda.”.   

A N T E C E D E N T E S  

          1.  Culminada la  investigación  la  Fiscalía  43  Delegada  ante la Unidad de Delitos contra el  Patrimonio  Económico  de Barranquilla, calificó el mérito del sumario, el 18  de  enero  de  2012,  con  resolución  de  acusación en contra de ALBERTO        GREGORIO        LORA       PEDROZA       y   CARLOS   RAMIRO   VÁSQUEZ   OLIVERA  como  presuntos autores responsables de los delitos de  obtención  de  documento público falso y fraude procesal (artículos 288 y 453  del  Código  Penal),  además  le  endilgó  al  último  el  punible de estafa  (artículo  246 ibídem), precluyendo la instrucción a favor de Félix Fernando  Arroyo  Pérez.1   

          2.  Asignadas las diligencias al Juzgado Séptimo Penal del Circuito  de  Barranquilla  y  realizadas  las  audiencias  preparatoria  y pública, este  estrado  judicial,  el  6  de septiembre de 2012, emitió fallo mediante el cual  impuso  a  los  procesados  las  penas  principales de prisión por ochenta (80)  meses,   multa  de  doscientos  (200)  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por cinco  (5)  años, al hallarlos responsables de las conductas punibles de obtención de  documento  público  falso y fraude procesal. En la misma decisión, absolvió a  VÁSQUEZ OLIVERA del ilícito  de  estafa,  se  abstuvo  de condenar a los sentenciados al pago de perjuicios y  les    negó   la   suspensión   condicional   de   la   pena,   ordenando   su  captura.2   

          3.  Apelada  esta  determinación por la defensa, fue modificada por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Barranquilla -Sala Penal- el 13  de  septiembre  de  2013,  que fijó la pena de prisión en sesenta (60) meses y  concedió  la  prisión  domiciliaria,  confirmándola en lo demás.3   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          Con  amparo  en la causal prevista en el artículo 207, numeral 3°,  de  la Ley 600 de 2000 e invocando la modalidad discrecional, el defensor de los  procesados  interpuso  el  recurso  extraordinario  para  pedir la nulidad de la  actuación  al  estimar  que se vulneró el debido proceso por conculcación del  derecho  de  defensa,  en  tanto  las  audiencias preparatoria y pública fueron  celebradas  sin  la presencia de los apoderados de confianza, fungiendo en ellas  un defensor de oficio.   

          Asegura  que  la judicatura desconoció la garantía fundamental, al  carecer   de  la  facultad  de  desplazar  a  los  togados  designados  por  los  implicados,  aunado  a  que  el  profesional  del  derecho nombrado en el cargo,  sostiene,  se limitó a deprecar en la vista pública la absolución con soporte  en  la  cita vaga de diversos temas de derecho penal, sin referirse puntualmente  al acervo probatorio obrante en la foliatura.   

          Luego  de  trascribir  jurisprudencia  acerca  de la importancia que  ostenta  la  defensa técnica, solicita casar la sentencia y la invalidación de  las   diligencias   a   partir   de   la  audiencia  preparatoria,  “debido  a  la pírrica labor desplegada por el defensor oficioso  […]”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

          1.  Ante  todo  es imperioso recordar que la casación es un recurso  de  naturaleza  extraordinaria  y rogada, motivo por el cual el legislador fijó  de  manera  taxativa  las  causales  por  las  que  resulta procedente atacar la  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  cobija  a  la  sentencia de segunda  instancia.  En  ese  orden, la demanda correspondiente no es un escrito de libre  formulación  en  el  que  tiene cabida cualquier clase de cuestionamiento, sino  que  ha  de  ser  un  texto  lógico  y  sistemático,  en el que solo es viable  denunciar  errores  trascendentes  del  fallo al tenor de la metodología que ha  decantado la jurisprudencia.   

          Por  lo tanto, el éxito de la censura depende de una argumentación  dialéctica  que  conlleve,  de  forma  precisa  y coherente, a demostrar que el  fallo  impugnado es ilegal por haber incurrido el juzgador en vicios de juicio o  de procedimiento.   

          Bajo  esa  perspectiva,  es claro que en este evento el casacionista  pasó  por  alto tales premisas conceptuales y ello conducirá a la inadmisión  del  recurso, al ser patentes  las imprecisiones formales y sustanciales de su reclamo, Véase:   

          2.  La  propuesta  de  nulidad  como motivo para atacar, por vía de  casación,  el fallo de segunda instancia, “comporta  los  mismos  niveles  de exigencia que son inherentes a las demás causales dada  su  especial  naturaleza,  lo  cual  significa  que  de  modo  insoslayable debe  especificarse  la  causal  o  motivo  de  nulidad  concurrente,  demostrando  el  carácter  sustancial del vicio o la irregularidad acusados y particularmente la  etapa  o  el  momento  procesal  a  partir  de  la  cual  se  hace imperativa la  anulación,  explicando  justificativamente  las razones por las cuales no media  alternativa  diversa que la de invalidar lo actuado”.  (CSJ AP, 11 Feb 2004, Rad. 20046).   

          En  especial  se  ha  dicho tratándose de este instituto, en virtud  del  principio  de  trascendencia  que  lo  gobierna,  que no basta con señalar  irregularidades  o  que  estas   efectivamente se presenten en el trámite,  sino  que  es  indispensable  acreditar  su  incidencia de manera concreta en el  quebranto  de los derechos de los sujetos procesales, es decir, es necesario que  el  actor  evidencie un perjuicio real con el yerro in  procedendo  denunciado  (CSJ  AP,  6  Mar  2008,  Rad.  25309).   

          3.   En   consecuencia,   es   manifiesto  que  en  el  sub   examine   el  censor  no  demostró  afectación  a  las  garantías fundamentales por la designación de un defensor  de  oficio  para  la  realización de las audiencias preparatoria y pública, ya  que  se  circunscribió  a  la  denuncia  del  presunto vicio en forma meramente  nominal.  Es  decir,  se  limitó a subrayar con insistencia dicha circunstancia  pero  así, aisladamente considerada, termina siendo genérica y nimia porque no  se  precisan  qué  labores  defensivas  puntuales,  diferentes  a la estrategia  asumida  por  el  togado  que  actuó  en  esas  diligencias, hubiesen permitido  obtener  un  resultado  diverso a aquel al cual se arribó. Tampoco se acreditó  de  modo  fidedigno  lesión  a  la  garantía de contradicción respecto de los  presupuestos  que  permitieron  edificar  el juicio de reproche en contra de los  sentenciados,   puesto   que   éstos   contaron  con  posibilidades  reales  de  controversia frente a la acusación elevada en su contra.   

          3.1.  En ese orden, debe decirse que la celebración de la audiencia  preparatoria  se  comunicó  oportunamente y con la debida anticipación a todos  los           sujetos           procesales4, ausentándose de la misma los  implicados  y  sus  defensores sin presentar excusa alguna. Ante tal situación,  el  juez  de  instancia  “en  aras  de preservar el  derecho   de   defensa   y  debido  proceso  de  los  acusados”,  ordenó    la    designación    y    posesión   de   defensor   de  oficio5,  quien además intervino en la audiencia  pública6,  siendo éste desplazado del cargo al momento en que el abogado de  LORA  PEDROZA  interpuso  y  sustentó  recurso  de  apelación  en  contra del fallo condenatorio de primera  instancia.   

          Entonces,  no  se observa ni se indica en la demanda, se reitera, la  forma  en  que  se  conculcaron  garantías  fundamentales,  toda vez que: i) la  ausencia  del  defensor  en  la audiencia preparatoria -que aquí no la hubo- no  constituye  per se un motivo  que  acarree  la nulidad de la actuación (CSJ AP, 14 Mar 2012, Rad. 38251), ii)  El  debido  proceso  también  apareja  el  que  sea  adelantado  sin dilaciones  justificadas  y  a  su vez, el derecho de defensa, contrae la representación de  un  abogado  bien  sea  designado  por el acusado o de oficio, como en este caso  sucedió  (Constitución  Política,  Artículo 29), y iii) Es insuficiente para  predicar  la  vulneración  al  derecho  de  defensa,  la  llana  disparidad  de  criterios  entre  abogados  al ser la libertad de iniciativa una característica  innata  al  ejercicio  de  su  rol  (CSJ AP 316-2014).   

         3.2.  Así  mismo,  no  puede  pasar  desapercibido  que  durante el  término  del  artículo  400 de la Ley 600 de 2000, destinado a la postulación  de  nulidades  y  pruebas  durante  el juicio, el defensor, quien funge hoy como  casacionista,     no     allegó     petición     alguna,    pues    lo    hizo  extemporáneamente7,  y  que  el  13  de agosto de  2012,  una  vez culminada la audiencia pública, aportó incapacidad médica que  explicaba  la  ausencia  de su prohijado a la audiencia preparatoria sin excusar  su           propia           inasistencia8,   coyuntura   que   permite  advertir  el  modo  en que su incuria, fue la que produjo el resultado que ahora  reprocha.   

          3.3.  Por  último,  debe  anotarse  que  en  este  asunto  no puede  colegirse  infringida  la  garantía  a  la  defensa,  en tanto que el togado en  cuestión  efectuó  en  la  apelación un profuso estudio de las circunstancias  por  las  que estimaba debía dictarse sentencia absolutoria, en otras palabras,  desplegó  actos idóneos en salvaguarda de la situación de sus prohijados, por  ende,  debe  entenderse  que  el  derecho  no ha sido  conculcado  o que se ha restablecido, pues ningún sentido tendría invalidar el  proceso  para  que  la  defensa vuelva a tener una oportunidad que ya se surtió  (CSJ SP, 29 Ago 2002, Rad. 12300; CSJ SP, 18 Nov 2004,  Rad. 20521).   

         4.   En  suma,  no  hay  nulidades  objetivas  como  lo  asimila  el  recurrente,   porque,   se  insiste,  para  la  invalidación  del  trámite  es  ineludible  constatar  la  existencia  de un perjuicio específico que desquicie  insalvablemente  la  estructura del proceso, o haga ilusorio el ejercicio de las  garantías  fundamentales, postulado metodológico que brilla por su ausencia en  el  libelo  al carecer de razones suficientes e idóneas encaminadas a acreditar  un  contexto  de  ese  orden,  el  cual,  del estudio del expediente, tampoco se  advierte,  lo que deriva en la inadmisión de  la  demanda  conforme  los artículos 212 y 213 de la Ley 600 de  2000.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el defensor  de   ALBERTO   GREGORIO   LORA  PEDROZA  y      CARLOS      RAMIRO     VÁSQUEZ  OLIVERA.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso   

Comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal  de  origen y cúmplase   

          FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

           

1  Folio    235   y   siguientes   cuaderno   original  3   

2  Fl. 59 y s.s cuaderno original juicio   

3  Fl. 52 y s.s cuaderno Tribunal   

4  Cfr. Fl. 13 y s.s c.o. juicio   

5  Cfr. Fl. 26 ibídem   

6  Cfr. Fl. 48 y s.s ídem   

7  Cfr. Fl. 21 y s.s ídem   

8  Cfr. Fl. 46 ídem     

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