AP1716-2014(42415)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP1716-2014  

Radicación N°. 42415  

(Aprobado acta N°. 93)  

Bogotá,  D.C.,  dos (2) de abril de dos mil  catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

En  orden  a resolver sobre su admisión, la  Corte  examina  la  demanda de casación presentada por el apoderado de la parte  civil  contra  la  sentencia  proferida  el 14 de junio de 2013, en virtud de la  cual  la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá revocó la condena impuesta  por  el  Juzgado 9° Penal del Circuito de esta ciudad y, en su lugar, absolvió  a   José   Germán  Márquez  Rodríguez       del      delito      de      fraude      procesal.   

HECHOS  

En  1953  Hermelinda  Rodríguez  Gómez  y  Cándido  Márquez  contrajeron matrimonio,  de  cuya  unión  nacieron  José Germán  Márquez  Rodríguez  y  Blanca  Cecilia.  A los pocos  años  aquellos  se  separaron  y,  sin liquidar la sociedad conyugal, iniciaron  otras  relaciones  amorosas.  Mientras la primera no tuvo más hijos, el segundo  sí     procreó,     con     su    nueva    pareja,    a    Ricardo,  Esperanza  y  Luis  Eduardo.   

Con  ocasión  de  la  muerte de Hermelinda,  José    Germán   Márquez   Rodríguez,  por  conducto  del  abogado  Miguel  Cabrera  Miranda,  promovió  proceso  de  sucesión  el  25  de octubre de 1999 y allí ocultó el matrimonio  contraído  entre  su  madre  y  su  padre,  la posterior separación de hecho de la pareja, y el fallecimiento  de este último en fecha anterior al de la causante.   

El  asunto  correspondió  al  Juzgado 12 de  Familia  de  Bogotá,  despacho  que  nombró y posesionó a la partidora, quien  inicialmente       adjudicó       la      única      hijuela      –bien       inmueble-    a    José    Germán   y  a  su  hermana  Blanca  Cecilia  Arévalo  Rodríguez  –instante  para  el  cual  ésta  había  suprimido  de su nombre el apellido Márquez y lo  había      cambiado     por     otro-,   por   partes  iguales.  No  obstante,  después  de que esa tarea fuese objetada por el mismo apoderado de José       Germán      –porque  no se liquidó previamente la  sociedad   conyugal   de   sus   padres-,  la  Juez,  en  auto  del  15 de mayo de  2001, dispuso rehacerla. Como  consecuencia,  el  bien  se  adjudicó  en  un  25% para el acusado, 25% para su  hermana Blanca Cecilia y 50% para el padre Cándido Márquez.   

Más  tarde,  a  mediados  del  año  2003,  José  Germán,  después  de  consultar  con sus hermanos sin que éstos mostraran  interés,  acudió  nuevamente  en  demanda  de  sucesión,  esta  vez  la de su  progenitor,   y,   por   sentencia   del   4   de   junio   de  2004, el Juzgado 11 de Familia de esta ciudad,  atendiendo  que  ninguno  de  sus  colaterales  acudió  al  proceso, aprobó el  trabajo  partitivo  y  la  asignación  a José Germán  del    50%    del    bien   referido   en   párrafo  anterior.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  José  Germán  Márquez  Rodríguez  fue  vinculado  a  la actuación  penal  a  través  de  indagatoria  y  el  16 de octubre de 2009 la Fiscalía 72  Seccional  de  Bogotá  lo  llamó  a  juicio  por el delito de fraude procesal,  conforme  a  su  tipificación en el artículo 453 del Código Penal de 2000; al  tiempo  que precluyó en su favor investigación por falso testimonio y falsedad  en            documento           público1.   

Esa  decisión  cobró  ejecutoria  el 14 de  diciembre                  siguiente2.   

2.  Durante  el trámite se reconoció, como  parte  civil,  a  Blanca  Cecilia  Arévalo  Rodríguez  y  a  Ricardo  Márquez  Díaz3.   

3.  El  26 de octubre de 2010, finalizada la  audiencia  pública  de  juzgamiento,  el  Juzgado  9° Penal del Circuito de la  capital  profirió  sentencia  en  la  que  declaró  penalmente  responsable  a  Márquez   Rodríguez  del  punible     por     el     cual    fue    acusado.    Lo    condenó,  a  las  penas  principales,   de  48  meses  de  prisión  y  multa  equivalente   a   200   salarios   mínimos   legales  mensuales;  y,     a     la    accesoria,  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y   funciones  públicas  por  5  años.  Le  concedió  la  prisión  domiciliaria4.   

Por  auto  del  12 de enero de 2011 el mismo  Juez     adicionó     el    numeral    5°    de    su    proveído, en el sentido de ordenar a la Oficina de  Registro  de  Instrumentos Públicos dejar sin efecto dos anotaciones contenidas  en  el  certificado de tradición del inmueble correspondiente a la sucesión de  Hermelinda5.   

4.  Tanto  el  procesado  como  su  defensor  interpusieron  recurso de apelación y el Tribunal Superior de Bogotá, en fallo  del  14  de  junio  de  2013,  revocó  la  condena  impuesta  para  absolver  a  Márquez    Rodríguez6.   

LA DEMANDA  

El apoderado judicial de la parte civil hace  una  relación  de  los  sujetos intervinientes y refiere que el fraude procesal  está  sancionado  en  el  artículo 453 del Código Penal de 2000, con pena que  oscila  entre  6  y  12  años de prisión.  Luego,  cita textualmente el numeral 1° del canon 181 del Código  de  Procedimiento  Penal  y  asegura  que  en esta ocasión procede la casación  excepcional   para   que   la   Corte   confirme   la   sentencia   de   primera  instancia7.   

Sintetiza los hechos y la actuación procesal  y  destaca  que  la Juez 12 de Familia de Bogotá, al enterarse que Márquez  Rodríguez ocultó información,  ha  debido  anular  el  proceso  y  expedir  copias  para  iniciar  las acciones  disciplinarias  y  penales.  Ello  en  razón  a  que el encartado engañó a la  funcionaria,  callando  la  muerte  de  su  padre Cándido, para lograr un mayor  porcentaje en la adjudicación de la herencia.   

Tal  hecho  tiene carácter permanente (cita  tres  providencias  de  la  Corte  en  las que se analiza la conducta punible en  mención),  en  la  medida  en  que esa determinación judicial se utilizó para  iniciar otro proceso de sucesión.   

Asegura  que,  con  apoyo  en  las  causales  primera    y    tercera   de   casación, propondrá dos cargos así:   

Primero:  «FALTA  DE  APLICACIÓN,  INTERPRETACIÓN ERRÓNEA O  APLICACIÓN   INDEBIDA   DE   UNA   NORMA   DEL  BLOQUE  DE  CONSTITUCIONALIDAD.  CONSTITUCIONAL  O LEGAL, LLAMADA A REGULAR EL CASO»8   

El fallador interpretó erróneamente la ley  sustancial  al  exhibir las razones para «no decretar  la                  prescripción»9          (trascribe un aparte de la decisión).   

Como   Márquez  Rodríguez  afectó intereses de los demás herederos,  es  preciso,  para contabilizar el término de prescripción, tener en cuenta el  momento en que cesa el error.   

Segundo:   «EL  MANIFIESTO  DESCONOCIMIENTO  DE  LAS  REGLAS DE PRODUCCIÓN Y APRECIACIÓN DE LA  PRUEBA  SOBRE  LA  CUAL SE HA FUNDADO LA SENTENCIA»10.   

El   ad   quem  valoró     indebidamente     las     pruebas    al  sostener   

Trayendo  estas consideraciones al presente  asunto,  según  se  desprende  de  los elementos incorporados a la actuación y  como  lo  expuso  el  procesado en la sustentación de la alzada, en atención a  que  la  demanda de sucesión de Hermelinda Rodríguez Gómez fue presentada por  su  abogado,  Miguel  Cabrera  Miranda,  el  25  de octubre de 1999 omitiendo  datos  relevantes, como que la  sociedad  conyugal con Cándido Márquez no había sido liquidada y que éste ya  había  fallecido,  resulta  claro que la ejecución del delito tuvo lugar desde  la  calendada  hasta  el  15  de  mayo de 2001, fecha en la cual la Juez Doce de  Familia  de  Bogotá  se  pronunció  sobre tale (sic)  circunstancias  en  el  auto que declaro (sic)  la  prosperidad de las objeciones  del  trabajo  de  partición  presentadas por el mencionado profesional el 22 de  enero              de              2001.11   

Aunque  la  Juez 12 de Familia se pronunció  sobre   los   hechos   ocultados   por   el   encartado,  ello  no  «exime    que    hubo    una    conducta   engañosa»12.  Por consiguiente, solicita a la Corte casar la sentencia recurrida  y, en su lugar, confirmar la de primer grado.   

LA INTERVENCIÓN DEL NO RECURRENTE  

El     defensor     de    Márquez  Rodríguez  asegura que razón le  asistió  al  Tribunal  en  absolver,  porque,  para  efectos de contabilizar la  prescripción  de la acción, la fecha del último acto es la del auto del 15 de  mayo  de  2001,  dictado  por  la  Juez  de  Familia.  El  punible  endilgado se  materializó   durante   la   primera   actuación   judicial,  no  así  en  la  segunda.   

En ese orden, pide se ratifique la decisión  objetada.   

CONSIDERACIONES  

Aclaración previa  

1. Resulta importante acotar que, contrario a  lo  que  deja entrever el libelista, el Tribunal nunca declaró la prescripción  de la acción penal.   

Si  bien  en  las  consideraciones  de  la  sentencia  hizo  mención  a ese fenómeno, ello tuvo lugar tras advertir que el  delito  de  fraude  procesal  solo  se  predicó  durante  el  primer proceso de  sucesión,  pero  como  la Juez 12 de Familia dejó de permanecer en el error el  15  de  mayo  de  2001,  cuando  ordenó rehacer en forma correcta el trabajo de  partición,  a  partir  de  esa  fecha  trascurrieron  cinco  años  sin  que se  calificara el mérito del sumario.   

Sin  embargo, ninguna consecuencia jurídica  de  ese  hecho  consignó en la parte resolutiva del fallo porque reconoció que  la  Fiscalía  solo  imputó  un  único  delito,  no  un concurso, y como en el  trámite  del  segundo  proceso  de  sucesión  no  halló ilicitud alguna en el  actuar     de     Márquez    Rodríguez, lo procedente era simplemente absolver.   

El examen de la demanda  

2.  La Corte inadmitirá el libelo porque no  cumple  con  los requisitos formales y sustanciales requeridos para darle curso.  Estas son las razones:   

2.1.  El  proceso  penal  adelantado  contra  Márquez   Rodríguez   se  surtió  bajo  los  lineamientos  del Código de Procedimiento Penal de 2000, de  manera  que  el  recurso  de  casación  debe  ceñirse  a  los requerimientos y  causales allí contempladas.   

Resulta inapropiado que, como sucede en esta  ocasión,  el  censor  invoque  la  procedencia  de  la  casación  discrecional  –propia de la Ley 600 de  2000-,  pero  pretenda  dar  sustento  a  ella y a las  críticas  formuladas evocando los motivos de casación contenidos en el Código  de   Procedimiento   Penal   de   2004  -Ley  906  de  2004-.   

Esa   entremezcla   normativa   evidencia  desconocimiento  de  la  técnica  exigida  para  una adecuada sustentación del  medio de impugnación extraordinario.   

2.2.  De  acuerdo  con  el  inciso  1º  del  artículo  205  de  la Ley 600 de 2000, el recurso procede contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  tribunales  superiores de distrito  judicial  y  por  el  Tribunal  Penal  Militar cuando se prosiga por delitos que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo exceda de ocho  años.   

En  caso de que la providencia no cumpla con  los  presupuestos  descritos,  el  legislador  facultó  a la Corte para que, de  manera  excepcional, admita las demandas que se ajusten a los requisitos legales  siempre  que  lo considere indispensable para el desarrollo de la jurisprudencia  o para garantizar derechos fundamentales.   

Sin  embargo,  en  tales  casos,  el actor,  además,  de  cumplir  con  las  exigencias  sustanciales y formales,  debe exponer con claridad y suficiencia  los  motivos  por los cuales considera que la decisión que reclama es necesaria  para  alcanzar  alguna de las finalidades descritas y, obviamente, solucionar el  asunto propuesto.   

Consta  en las diligencias que Márquez  Rodríguez  fue llamado a juicio  por  el  delito  de  fraude  procesal,  conforme  a  su descripción típica del  artículo  453  –versión  original-   de   la   Ley   599  de  200013,    que  establece  una  sanción de prisión de 4 a 8 años; e igual precepto sirvió de  base  al a quo para dosificar  la  pena,  en  razón  de  la  condena  declarada, por lo que solo era viable la  casación discrecional.   

Si   bien   el  libelista  advirtió  esa  situación,  ningún  desarrollo argumentativo exhibió en orden a justificar la  intervención  de la Corte, esto es, si era para desarrollar la jurisprudencia o  para garantizar algún derecho de sus representados.   

Es que,  si  pretendía  habilitar  esta  vía con el primer propósito, ha  debido  revelar los motivos por los cuales requería una determinación de fondo  por  parte  de  esta  Corporación, ya fuese para proveer un pronunciamiento con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, o para abordar un  tópico   aún   no   desarrollado,   «con  el  deber  de  indicar  de qué manera la decisión solicitada  tiene  la  utilidad simultánea de brindar solución al asunto y a la par servir  de  guía  a  la  actividad judicial» (CSJ AP, 26 sep.  2007, rad. 28184).   

Y, si su deseo era garantizar algún derecho  fundamental,   era  imperioso  que  demostrara  su  afectación,  señalara  los  preceptos   constitucionales   correspondientes,   e   indicara   cómo   fueron  desconocidos por el fallo recurrido.   

Nada   de   lo   anterior   realizó   el  profesional.   

2.3. El impugnante inobservó las exigencias  requeridas  para  una  ajustada  postulación  de las censuras, pues,  además  del equívoco en la cita de la  norma   procedimental   que   las   contiene,   falló  en  su  demostración  y  formulación.   

En  efecto, adujo que el Tribunal incurrió  en  violación  de  la ley sustancial por vía directa e indirecta. Sin embargo,  no  citó  las normas trasgredidas, no explicó cómo ocurrió el yerro judicial  y menos ilustró a la Sala sobre la trascendencia del mismo.   

Aunque al sustentar el primer cargo apuntó  que  el equívoco acaeció por interpretación errónea de la ley sustancial, lo  cierto  es  que  ello  quedó  en  un  simple enunciado y si bien trascribió un  aparte   de   la   sentencia   objeto   de   disenso,  en  la  que  –aseguró-  se  consignaron  las  razones  por  las  cuales   el   Tribunal   decretó   la   prescripción,  es  claro  que  ninguna  consideración hizo, dejando inconclusa su idea.   

En  el  segundo  cargo,  refirió  que  el  ad    quem    apreció  indebidamente  las  pruebas, pero no mencionó cuáles fueron ellas y tampoco si  el  yerro  ocurrió  por  un  falso  juicio  de  existencia,  de  identidad o de  raciocinio (errores de hecho).   

Importa  recordarle  al  profesional que la  demanda  de  casación  no puede reducirse a un escrito más dentro del proceso,  sin  orden,  estructura  o  trasfondo jurídico. Debido a que por su conducto se  discute  la  legalidad  de  una sentencia de segunda instancia, es imperioso que  contenga  una  argumentación  sólida,  coherente  y  soportada  en  argumentos  jurídicos.   

Así mismo, es imprescindible que los cargos  que  se  formulen  se  hallen  suficientemente  sustentados,  de  modo que vayan  dirigidos  a demostrar la falencia judicial que se denuncia y cómo, de no haber  incurrido  en  ella,  la  sentencia  sería totalmente diversa y favorable a los  intereses de quien impugna.   

Lo  escueto  de  sus  planteamientos  y  la  inexistente   argumentación   exhibida   impiden  entender  el  sentido  de  la  violación y la trascendencia de ella en el fallo que se impugna.   

3.  Ahora,  solo  con  el fin de aclarar el  equívoco  conceptual  del  actor,  resulta significativo anotar que,   una  simple  mirada  a  la  decisión  cuestionada,  permite  colegir  que  razón tuvo el ad  quem  cuando advirtió que el fraude procesal cometido  durante  el  primer  proceso  de  sucesión no podía ser objeto de persecución  penal,  por  prescripción,  pero,  al  tiempo, que no era viable jurídicamente  declarar  la  ocurrencia  de  tal fenómeno jurídico, toda vez que -así      se     constata     en     el     expediente-,  la  fiscalía  solo  acusó  por  un  injusto penal, no por un concurso delictual.   

El  juez  plural  reconoció  que  existió  engaño  por  parte de Márquez Rodríguez a  la  Juez  12  de  Familia  de  Bogotá,  toda  vez que ocultó el  matrimonio  de  sus padres, la sociedad conyugal existente y el fallecimiento de  su    progenitor    en   fecha   anterior   a   la   de   su   madre.     Sin     embargo     –aquí        acertó        el  fallador-,  la  funcionaria  judicial  únicamente  permaneció en el error hasta el 15 de mayo de 2001, toda  vez  que  en esa data advirtió el artificio y, en consecuencia, dispuso rehacer  correctamente el trabajo de partición.   

Así las cosas, esa fue la fecha del último  acto  –auto del 15 de mayo  de   2001-  y  a  partir  de  allí  había  lugar  a  contabilizar  el  término  de  prescripción  durante la etapa de instrucción.   

En  ese  orden,  atinó  el  juez plural al  acudir  para  tales  efectos  al artículo 182 del Código Penal de 1980, puesto  que  para  el  mes  de mayo de 2001 aún no había entrado a regir la Ley 599 de  200014.  De  manera  que  si  en  dicho  estatuto  el  fraude  procesal se  encontraba  sancionado  con pena de 1 a 5 años de prisión, no hay duda que los  5  años  para  agotar la instrucción vencieron antes de que cobrara firmeza la  resolución   de   acusación,   hecho  que  acaeció  el  14  de  diciembre  de  2009.   

Aunque  no  duda  la Corte que el encartado  desplegó  una conducta engañosa, en este momento es imposible continuar con su  persecución  penal porque la acción prescribió, esto es, el Estado perdió su  potestad sancionadora por el trascurso del tiempo.   

Adujo el memorialista que durante el segundo  proceso  de  sucesión  -el  tramitado    en    el    Juzgado    11   de   Familia   de   Bogotá- sí se incurrió en fraude procesal. No  obstante,   ninguna   crítica  hizo  a  los  fundamentos  que  el  ad  quem  consignó  en su sentencia para  absolver  al  acusado –que  éste  no  calló  ni  omitió  información  alguna  que  estuviere  obligado a  suministrar   a   la  administración  de  justicia15-,  y la Corte no puede imaginarla en orden a confeccionar la demanda.   

El     libelo,     entonces,    será  inadmitido, y la Sala, luego  de  revisar  íntegramente  la  actuación,  no  ha encontrado causales de nulidad ni flagrantes violaciones de  derechos   fundamentales   que   le   impongan  penetrar  al  fondo  del  asunto  oficiosamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR  la  demanda de casación presentada por el apoderado de la parte civil contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que absolvió a  José    Germán   Márquez   Rodríguez.   

Segundo.  DEVOLVER  la actuación al Tribunal de origen.   

Tercero.  Contra  esta decisión no procede ningún recurso.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios 150 a 156 del cuaderno original 1 de la instrucción.   

2 Folio  156 reverso id.   

3  Cuaderno de la parte civil.   

4  Folios 119 a 132 del cuaderno del juicio.   

5  Folios 174 y 175 Id.   

6  Folios 163 a 185 del cuaderno del Tribunal.   

7 Folio  199 del cuaderno del Tribunal.   

8 Folio  204 Id.   

9  Id.   

10  Folio 204 Id.   

11  Folio 205 Id.   

12  Id.   

13 Sin  la   modificación   introducida   por   el  artículo  11  de  la  Ley  890  de  2004.   

14  Entró en vigencia el 25 de julio de 2001.   

15  Folios 18 y 19 del fallo.     

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