AP081-2014(42931)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado ponente  

AP081-2014  

Radicación Nº 42931  

(Aprobado acta N°  011)   

Bogotá  D.C.,  veintidós (22) de enero de  dos mil catorce (2014).   

I.   V  I  S  T  O  S   

   

La Sala resuelve el impedimento manifestado  por  el  Magistrado  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla, Dr. Jorge   Eliécer  Cabrera  Jiménez  para  resolver  la  apelación  formulada por la defensa del procesado en contra de la  decisión   mediante  la  cual  el  juez  de  conocimiento  negó  la  práctica  probatoria   solicitada,   impedimento  que  fue  declarado  infundado  por  los  restantes   integrantes   de   la   Sala   Penal  de  dicha  Corporación.    

II.        ANTECEDENTES   PROCESALES   

1.  La  presente  actuación  se  adelanta  conforme  con  la  Ley  906  de 2004 en contra de José  Boldemar  Vargas  Pinto  por  las  conductas punibles  culposas  de  homicidio  agravado y lesiones personales agravadas, según hechos  ocurridos  el 25 de marzo de 2008 en la Avenida Circunvalar, frente a la entrada  al  barrio  Los  Robles de la ciudad de Barranquilla, cuando el vehículo guiado  por  aquel  colisionó  con  la motocicleta conducida por Martha Elena Palacios,  quien se transportaba con su hijo.   

2. El 21 de marzo de 2013, ante la Juez 1ª  Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de Barranquilla, la Fiscal 35  de   la   Unidad   de   Vida  formuló  acusación  en  contra  de  Vargas  Pinto por los delitos mencionados  en precedencia.   

La  audiencia  preparatoria  tuvo  lugar en  sesiones  del  12  de  septiembre  y  25  de  octubre del año anterior. En esta  última,  la  juez,  entre otras determinaciones, resolvió negar algunas de las  pruebas   reclamadas   por  la  defensa,  decisión  que  esta  última  apeló.   

3. La representante del Ministerio Público,  a  su  turno,  no presentó solicitud de pruebas y se declaró conforme frente a  la  negativa probatoria. No obstante, aclaró que “a  la  defensa  no  se  le  podía  dejar  sin  armas,  y que él podía, tiene que  controvertirse  a  los  puntos  que quiere que se debatan en el juicio, entonces  ¿cómo   lo   dejamos   a   la   defensa   si   le   negamos  todo?”  (sic).   Respecto  de  la petición de la fiscalía y del  apoderado  de  las  víctimas,  en  el  sentido  de declarar desierto el recurso  formulado  por el apoderado del procesado, la procuradora, como interviniente no  recurrente,   solicitó  que no se acogiera, “a  ver  quién es el que esta aquí errado, si la defensa o la fiscalía, y que sea  el  superior  el  que  decida  esto, para que en sana crítica no se le viole el  derecho  de  defensa a la persona que hoy en día el defensor está defendiendo;  en  referente  a  la inquietud de la Procuraduría, los dos testigos de también  de  presencial  y el perito y el pericial, esa también puede en el juicio, como  dice    a    fiscalía,    contradecirlo”   (sic).   

4.  La  juez  de  conocimiento concedió el  recurso.  En  consecuencia,  la  actuación fue remitida al Tribunal Superior de  Barranquilla  y  repartida  al  despacho  del  Magistrado Jorge Eliécer Cabrera  Jiménez.   

III.      MANIFESTACIÓN     DE  IMPEDIMENTO   

El Magistrado Ponente, con fundamento en el  artículo  56,  numeral  1º,  de la Ley 906 de 2004,  se declaró impedido  para  resolver  el recurso, en atención a que la agente del Ministerio Público  que  interviene  en  el  juicio,  Dra.  Miriam Acosta Hormechea, Procuradora 352  Judicial II, es su cónyuge.   

Agrega  que,  respecto  de  la  decisión  recurrida,  aquella  manifestó  su  desacuerdo,  y fue por ello que indicó que  “a  la defensa no se le puede dejar sin armas y que  él  tiene  que  controvertir  los puntos que quiere que se debatan en el juicio  ¿Cómo   lo   dejamos   a   la   defensa   si   le   negamos  todo?”.    Así    mismo,    comoquiera    que    la   “parte  civil” y el acusador solicitaron  la  declaratoria  de  desierto  del  recurso, la procuradora plasmó su criterio  pidiéndole  a  la  juez de conocimiento que concediera el recurso formulado por  la  defensa,  “esto para que en sana crítica no se  le  viole  el  derecho  a  la  defensa  de  la  persona  que  hoy  en día está  defendiendo…”.   

Así,  comoquiera  que  su cónyuge emitió  conceptos,  entonces  es   allí  donde se concreta el interés de su parte  por lo que decida el superior.   

IV.  PRONUNCIAMIENTO DEL TRIBUNAL FRENTE  AL IMPEDIMENTO MANIFESTADO   

Los  restantes integrantes de la Sala Penal  del  Tribunal  negaron  el  impedimento,  tras  considerar  que la condición de  cónyuge  de  la  agente  del  Ministerio  Público  que  ostenta  el Magistrado  Cabrera  Jiménez no es una  circunstancia  objetiva  que por sí misma genere impedimento. Lo que se observa  es   que   la   funcionaria   de   la   Procuraduría,   en  su  participación,  “no  generó elementos cruciales que significase un  compromiso   moral   o   conceptual   con   el   tema  bajo  estudio”.   

Concluyeron que, aún cuando la Procuradora  Judicial  pidió que se resolviera favorablemente la petición de la defensa, de  todos  modos  sus  enunciados  “no  constituyen  la  emisión  de algún concepto ni pronunciamiento definitivo dentro de la presente  actuación,  por  lo  tanto no ha alcanzado a existir ni crearse ningún tipo de  interés” y no configuran un compromiso subjetivo o  moral.   

Lo anterior, además, por cuanto mal podría  el  Ministerio  Público, siendo un “sujeto procesal  de  carácter  institucional,  en pro de la legalidad o el orden jurídico y los  derechos  y  garantías  fundamentales,  cuya  intervención procesal no aparece  obligatoria”, tener interés en la actuación. Este  interés,  adicionalmente, debe ser claro, manifiesto, tangible, identificable y  verificable,  y no suponerse por ostentar la funcionaria la condición de esposa  el magistrado.   

Así   mismo,   la  representante  de  la  Procuraduría  no  fue la apelante, situación que impide configurar el interés  alegado  por  el  magistrado,  al  tiempo  que la representación del Ministerio  Público  es  impersonal,  razón  por  la  cual  no  puede  alegar  un interés  personalísimo fundado en el vínculo mencionado.   

V.    CONSIDERACIONES   DE   LA  CORTE   

1.  Es necesario recordar, como lo ha dicho  la  jurisprudencia  de la Sala, que el instituto de los impedimentos consiste en  una  manifestación  unilateral,  voluntaria, oficiosa y obligatoria que hace el  funcionario  judicial con el fin de apartarse del conocimiento de un determinado  asunto,  cuando  advierta  que  su  imparcialidad se encuentra en entredicho, en  tanto   que   en  él  se  estructura  una de las causales impeditivas  consagrada en la ley.   

Dicho  de  otra forma, la manifestación de  impedimento  que  realiza  el  funcionario  judicial  no puede estar sujeta a su  capricho,  habida  cuenta  que  se  encuentra  ligada  de manera inevitable a la  taxatividad  de  las  causales,  sin  que  se pueda acudir a la analogía o a la  extensión  de  los  motivos  expresamente  señalados  por  la  ley  en aras de  sustentar su procedencia.   

Por   manera  que  el  instituto  de  los  impedimentos  tiene  como  propósito  garantizar  la  eficacia  del derecho que  tienen  todos  los  ciudadanos  a  ser juzgados por un juez imparcial, según lo  previsto  por  el  artículo 10 de la Declaración Universal de los Derechos del  Hombre  de 1948, el artículo 14.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y  Políticos  de  1966,  el  artículo 8.1 de la Convención Americana de Derechos  Humanos de 1968 y el artículo 5º de la Ley 906.   

2.  La  causal  alegada en este caso por el  Magistrado  Ponente del Tribunal Superior de Barranquilla es la consagrada en el  numeral  1°  del  artículo  56 de la Ley 906 de 2004, que en su tenor señala:  “Que   el  funcionario  judicial,  su  cónyuge  o  compañero  o compañero permanente, o algún pariente suyo dentro del cuarto de  consanguinidad  o  civil, o segundo de afinidad, tenga interés en la actuación  procesal”.   

Así,  surge  indispensable concluir que la  finalidad  buscada por el legislador al contemplar como causal de impedimento el  parentesco  dentro  de  determinado  grados, incluido el de afinidad, no es otra  cosa  que  la  de  salvaguardar al máximo la absoluta independencia con que los  funcionarios     deben     resolver     los     asuntos     sometidos    a    su  consideración.   

Ha precisado la jurisprudencia que la causal  no  se  configura  «por  la simple verificación del nexo parental, sino que es  necesario  que  se  acredite con suficiencia el interés directo o indirecto que  concurre,  capaz  de  perturbar  la  imparcialidad u objetividad del funcionario  judicial  al  resolver  el  asunto  sometido a su consideración» (CSJ SP, 5 de  junio de 2013, Rad. 41352).   

De  ahí  que  haya  puntualizado  que  el  impedimento      se      materializa      ante      aquella      “expectativa  manifiesta  por  la  posible  utilidad o menoscabo, no  solo  de índole patrimonial sino también intelectual o moral, que la solución  del  asunto en una forma determinada acarrearía al funcionario judicial o a sus  parientes  cercanos y que, por aparecer respaldada en serios elementos de juicio  compromete  la  ponderación  e imparcialidad del juzgador, tomando imperiosa su  separación      del      proceso”.1   

Lo  anterior  encuentra su razón de ser en  que,  como  resulta  obvio, ese vínculo, fundado inevitablemente en valores que  cimientan  la  relación  de  pareja,  no  le  permitiría  elaborar  un  juicio  ecuánime  sobre  la  cuestión  por  decidir,  y  probablemente  inclinaría su  opinión  para  dar  la  razón  a  su  cónyuge, la cual aun cuando se ajuste a  derecho,  dejaría  un  halo  de favoritismo que compromete la imparcialidad que  debe  prevalecer en las actuaciones de la administración de justicia, como así  lo  ha  precisado  la  jurisprudencia  de la Sala (CSJ SP, 9 de febrero de 2009,  Rad. 31166).   

3.  En  el  caso  presente, se tiene que la  funcionaria   del  Ministerio  Público,  aún  cuando  no  apeló  la  negativa  probatoria,  de  todos  modos  sí se pronunció sobre ella. Así lo hizo cuando  expresó  que «a la defensa no se le podía dejar sin  armas,  …¿cómo  lo  dejamos  a  la  defensa  si le negamos todo?»,  afirmaciones  que  denotan  que,  en  su  sentir,  la  juez de  conocimiento  dejó  sin  armas  a  la  defensa,  situación que, según así lo  sugiere,    le    impediría    a   la   última   controvertir   «los  puntos» que quisiera hacer valer en  el juicio.   

Si  a lo anterior se agrega el hecho de que  la  Procuradora  Judicial  reclamó  la  concesión  del recurso, «para  que  en  sana crítica no se le viole el derecho de defensa a  la  persona  que  hoy  en  día  el  defensor  está defendiendo», surge   incuestionable   que   la  funcionaria  en  verdad  no  fue  indiferente  ante  la  legalidad  de  la  decisión  recurrida, pues asumió una  postura  de  reproche  en  su  contra  y  a favor de las garantías debidas a la  defensa.    

Así  las  cosas,  cualquiera  que  sea  la  solución  que  se  le  imparta  al recurso necesariamente el Tribunal habrá de  acoger  o  desestimar  la  tesis  de la procuradora, así esta última no figure  formalmente  como  apelante,  pues  lo cierto es que aquella, en representación  del  Ministerio  Público,  exteriorizó  su  opinión  sobre la legalidad de la  decisión   recurrida.   Contradictorio,   eso  sí,  que  la  servidora  de  la  Procuraduría  hubiera  anunciado  su  conformidad con la decisión implementada  por  la  juez  de  conocimiento, pero a renglón seguido la cuestionara y tomara  partido  por  una  posible  vulneración  de  las  garantías debidas a la parte  defendida,  pues  si  tal  era  su  opinión  ha  debido interponer los recursos  legales  pertinentes  contra  las  decisiones  judiciales  que  no  consulten la  adecuada  aplicación  de  la  ley  (CSJ  SP, 5 de octubre de 2011, Rad. 30592).   

Aún así, al margen de que la representante  del  Ministerio  Público  no figure formalmente como apelante, surge nítida la  configuración  de  un  interés  de  su parte; por tanto, el Magistrado Cabrera  Jiménez,  en  caso  de que llegare a participar en la discusión y suscripción  de  la  providencia  que  estudiará  los  argumentos de la defensa, tendrá que  emitir  un  pronunciamiento  que,  de  una  u  otra forma, involucrará la tesis  propuesta    por    la   delegada   de   la   Procuraduría,   precisamente   su  esposa.     

Dígase,  en  este  sentido,  que,  como lo  plasmó  la  Sala  en  el  precedente antes reseñado, un vínculo como el aquí  anunciado,  fundado  inevitablemente  en  valores  que cimientan la relación de  pareja,  no le permitiría hacer un juicio ecuánime de la cuestión por decidir  y  podría  inclinar  su opinión para acoger los planteamientos formulados  por  su  cónyuge,  la cual aun cuando se ajuste a derecho, podría sugerir poca  transparencia  en  la decisión judicial y un compromiso en la imparcialidad del  servidor de la Corporación de instancia.   

4.  Por otra parte, es preciso señalar que  la  intervención  de  la Procuraduría General de la Nación y sus delegados en  el  proceso  penal  se  cumple  con  el  fin  de  asegurar  la defensa del orden  jurídico,   del   patrimonio   público   y   de   los  derechos  y  garantías  fundamentales.   Por  tanto, su misión de garante del debido proceso, como  «organismo propio» dentro  del      proceso     o     sujeto     especial     (CSJ     SP,     ibid. Rad. 30592), le permite intervenir  en  la  audiencia preparatoria y, en tal virtud, pronunciarse sobre la legalidad  de las decisiones allí adoptadas.    

No  es  pues  que asuma la defensa de uno u  otro  sujeto  procesal,  pues  le está vedado quebrar el sistema de igualdad de  armas,  sino de hacer prevalecer la legalidad y constitucionalidad del trámite,  de  suerte  que  un  pronunciamiento suyo en tal sentido necesariamente debe ser  ponderado  por  el  funcionario  judicial  a  quien  le  corresponda en últimas  decidir el asunto.   

De  allí  que  el vínculo personal que se  presenta  entre  el  juez  colegiado llamado a decidir un recurso y su cónyuge,  interviniente  en  el  proceso  penal,  que  ha  expresado  su opinión sobre la  legalidad  de la determinación cuestionada, deja al descubierto un interés que  se  materializa  no  en  la  sola  existencia  de ese vínculo de afinidad, sino  precisamente  por  que  aquella  no  fue  indiferente  al asunto suscitado en la  instancia y de ello dejó clara constancia.   

5.  Como  corolario de lo anterior, la Sala  revocará  la  decisión  adoptada  por  los  restantes integrantes del Tribunal  Superior  de  Barranquilla  y,  en  su  lugar,  habrá  de  declarar  fundado el  impedimento   manifestado  por  el  Magistrado  Cabrera  Jiménez,  quien  será  apartado del conocimiento de este proceso.    

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

DECLARAR     FUNDADO     el      impedimento     manifestado     por     el     Magistrado   del   Tribunal   Superior   de   Barranquilla,  doctor  Jorge    Eliécer    Cabrera    Jiménez,    para    conocer    del   presente  asunto.   En  consecuencia, el funcionario impedido habrá de separarse del  conocimiento de este proceso.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Auto  del 17 de junio de 1998.     

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