42562(04-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 404  

Bogotá D.C., cuatro (4) de diciembre de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Según lo dispuesto en el artículo 213 de la  Ley  600  de  2000,  procede  la  Colegiatura a verificar el cumplimiento de las  exigencias  de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente en la demanda de  casación   presentada   por   la   defensora   de   la  procesada  LUZ  MARINA  CAMPO  HERNÁNDEZ  contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  10  de junio de 2013, confirmatoria de la dictada por el Juzgado Cincuenta Penal  del  Circuito de la misma ciudad el 25 de enero del año citado, a través de la  cual  fue  condenada  como  determinadora  penalmente  responsable del delito de  peculado por apropiación.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  diligenciamiento  fueron  sintetizados  en el fallo del Tribunal de la siguiente  manera:   

“El 14 de agosto  de   1998   LUZ   MARINA   CAMPO  HERNÁNDEZ  en  calidad  de  apoderada  de  37  extrabajadores  de  la  empresa Puertos de Colombia suscribió con Juan Bernardo  León  Galindo representante del Fondo de Pasivo Social de la misma –     Foncolpuertos    –  el  acta  de conciliación 280, por  cuyo  medio  se  acordó  el  pago  de ‘todos  los conceptos salariales y/o prestaciones que no se tuvieron  en  cuenta  al  finiquitar  la  relación  laboral y/o establecer el monto de la  pensión’ que originó el  reconocimiento  de  mesadas indexadas, reliquidación de prestaciones sociales y  sanción  moratoria por una suma total de mil ciento ocho millones cuatrocientos  veinticinco  mil  cuatrocientos  treinta  y  nueve  pesos  con  setenta  y cinco  centavos ($1.108.425.439,75).   

“Posteriormente,  so   pretexto   de   la   revisión   de   dicho  convenio,  la  prenombrada  en  representación  de  los  mismos  exportuarios  y  la  Directora  General  de la  entidad,  María  Piedad Mosquera Astorquiza, el 16 de diciembre del mismo año,  celebraron  en la Inspección 16 del entonces Ministerio del Trabajo y Seguridad  Social  de  Cundinamarca,  acuerdo de la misma naturaleza que se plasmó en Acta  139,  a  través  del  cual  adicionalmente  se  concertó reajustar las mesadas  pensionales  de los beneficiarios del 1º de julio de 1995 al 30 de noviembre de  1998,  reconocer la indexación de dichos valores así como intereses y sanción  moratoria correspondiente a ese periodo.   

“Con Resolución  3271  de 17 de diciembre de 1998, el Fondo ordenó el pago de lo pactado a favor  de  la  apoderada,  por un valor de $778.370.207,11 que se hizo efectivo, según  obra  en  orden  de  pago  089359  de  la  Fiduciaria  la Previsora S.A., del 21  siguiente.   

“No obstante, se  estableció  que  los  conceptos  conciliados  en  el  Acta  280,  carecían  de  fundamento   legal  y  convencional,  y  no  se  determinó  la  fuente  de  los  reconocimientos      adicionales     acordados     en     la     139”.   

ANTECEDENTES  

          Ordenada  la  respectiva investigación previa, luego de practicadas  algunas   pruebas   la  Fiscalía  Seccional  de  Bogotá  declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria,  entre otros, a  LUZ     MARINA     CAMPO    HERNÁNDEZ.   

          Clausurada   la   investigación,  el  21  de  agosto  de  2007  fue  calificado  el mérito del sumario con resolución de acusación en contra de la  mencionada  ciudadana  como  presunta  determinadora  del delito de peculado por  apropiación,  oportunidad  en la cual precluyó por prescripción de la acción  penal  el  trámite  adelantado  por  el  punible  de  prevaricato  por acción,  proveído  confirmado  en  segunda instancia por la Unidad de Fiscalía Delegada  ante el Tribunal de Bogotá el 30 de abril de 2009.   

Una  vez  surtida  la  fase  de la causa, el  Juzgado  Cincuenta  Penal del Circuito de Bogotá profirió fallo el 25 de enero  de  2013,  a  través  del  cual condenó a LUZ MARINA  CAMPO  HERNÁNDEZ  a  la  pena  principal de siete (7)  años  de prisión, multa por $389.185.103,55, inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo lapso de la sanción privativa  de  libertad,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de la  profesión  de  abogado  por  igual  tiempo,  y  al  pago  de la correspondiente  indemnización   de   perjuicios,  como  determinadora  del  punible  objeto  de  acusación.   

En  la  misma  providencia  le fue negada la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena, así como la prisión  domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

          Impugnado  el  fallo por la defensa, el Tribunal Superior de Bogotá  lo  confirmó  íntegramente  mediante  sentencia  del  10  de  julio  de  2013,  decisión   contra   la   cual   el  mismo  sujeto  procesal  interpuso  recurso  extraordinario  de casación, y allegó el respectivo libelo, cuya admisibilidad  se examina en este auto.   

LA DEMANDA  

La  recurrente formula dos reparos contra el  fallo   de   segundo   grado,   los   cuales   desarrolla   en   los  siguientes  términos:   

1.            Primer  cargo  (principal):  Nulidad por  violación del principio de investigación integral   

          Aduce  la censora que se echan de menos varias pruebas a favor de su  asistida,  tales como los testimonios de Juan Bernardo  León   Galindo  quien  obró  en  representación  de  Foncolpuertos  en  la  conciliación  del  14 de agosto de 1998 registrada en el  Acta   280,  así  como  de  María  Piedad  Mosquera  Astorquiza,  la  cual  firmó  el  Acta  139 del 16 de  diciembre  de  1998  que  sustituyó  a  la  primera,  asunto  planteado  en  la  impugnación  del  fallo  de  primer  grado  que a la postre fue resuelto por el  ad   quem  “con    argumentos    incompletos   o   que   carecen   de   asidero  jurídico”.   

          Destaca  que  el  Tribunal  no  cotejó  las  pruebas ordenadas y no  practicadas  con  los medios de convicción que sustentaron el fallo de condena,  limitándose  a señalar que dichos medios probatorios no fueron practicados por  culpa  del  interesado,  esto  es,  de  la defensa, y que no se acreditó que de  haberlos  escuchado  se  podría  desvirtuar la comisión del delito de peculado  por apropiación.   

          Considera  quebrantado el principio de investigación integral, pues  la  carga  de  la prueba la tiene la Fiscalía, sin que se pueda relevar de ella  invocando    omisiones    de    la    defensa    en   la   ubicación   de   los  declarantes.   

          Destaca  que  la prueba documental da cuenta de dos actas, de manera  que  son  importantes  los  testimonios  de  quienes  las  suscribieron, como la  Procuradora  Segunda  Judicial  en  lo  Laboral Martha  Judith    Londoño,    por    ser    “personas  versadas en asuntos laborales”  y  podrían  haber relatado pormenores, así como el motivo por el cual avalaron  con  su  firma “las actas a través de las cuales se  pactaron  pagos  por fuera de la ley y de las convenciones laborales que regían  la  empresa liquidada”, máxime si según lo declaró  la  procesada,  eran  los  funcionarios  de  Foncolpuertos quienes realizaban la  liquidación,  sin  que  ella  interviniera en tal proceder, luego de estudiadas  las  reclamaciones  en  el  Grupo  de  Prestaciones  Económicas y en la Oficina  Jurídica   de   dicha   entidad   con   base   en  la  hoja  de  vida  de  cada  reclamante.   

          Resalta  que con la declaración de María  Piedad  Mosquera  se  podría  aclarar  que  no fue la  acusada  quien  insistió en la realización de la audiencia del 14 de agosto de  1998,  pues  fue  aquella  quien dio aplicación a la Resolución 2778 del 25 de  septiembre  de  1998  y revisó la anterior conciliación efectuando los ajustes  pertinentes.   

Con  base  en  lo  expuesto,  la  defensora  solicita  a  la  Sala  decretar  la  nulidad  de  todo lo actuado a partir de la  resolución  de  cierre  de  la instrucción, a fin de practicar las pruebas que  considera faltantes.   

2.            Segundo cargo (subsidiario): Nulidad por  violación del debido proceso por defectos de motivación   

          Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de casación reglada en el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, la recurrente afirma que si bien los  falladores  rememoraron pronunciamientos jurisprudenciales y doctrinarios acerca  de  la  figura  del  determinador, no aplicaron tales criterios en el caso de la  especie  pues  no  se  aludió  a  un  vínculo  moral  entre  la  acusada y los  funcionarios,  ni  el mandato, orden, coacción, o consejo que impartió para la  elaboración  de  las  actas  cuestionadas,  máxime  si  no  se  llamó nunca a  indagatoria  a  Rafael  Bernardo Buitrago,  Inspector  del  Trabajo,  o  a  Martha  Judith  Londoño,  Procuradora  en lo laboral, quienes  intervinieron en las mencionadas diligencias.   

          Igualmente  deplora  que  de la simple presentación de la solicitud  de  conciliación se deduzca que su procurada determinó a los funcionarios para  que  liquidaran  las  prestaciones  como  lo  hicieron,  pues la “determinación       pasiva       es       inconcebible”.   

          Advierte   que   el  ad  quem  incurre  en  una  motivación  sofística, en cuanto deduce que la  acusada  estaba aliada con los funcionarios de Foncolpuertos para defraudar a la  entidad,  sin  tener  en  cuenta  que  la  conciliación  139  no  se efectuó a  instancia  de  su  representada, pues al expediente se trajo la Resolución 2778  de  1998,  mediante  la  cual  la  directora  de  la  empresa suscribió al acta  conforme  a  los  parámetros  dispuestos  para la revisión de conciliaciones y  liquidaciones  de  los  pensionados  y  beneficiarios del Fondo, y en virtud del  mismo acto administrativo se revisó la conciliación 280.   

          Con  apoyo  en lo anterior, la defensora solicita a la Sala declarar  la  nulidad  del  fallo  atacado,  y  devolver  la  actuación  al  a  quo, a fin de que motive debidamente su  decisión.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Acerca  del  estudio  de admisibilidad de la  demanda  casacional  ha  dilucidado de tiempo atrás la Colegiatura que es de su  resorte  constatar  que  el  recurrente  formule  los  reparos  conforme  a  los  requisitos  de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente definidos por el  legislador  y  desarrollados  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso  extraordinario   no   se  convierta  en  una  tercera  instancia.  Tales  exigencias  se orientan a conseguir  libelos  enmarcados  dentro  de  unos  mínimos  lógicos  y de coherencia en la  postulación  y  demostración  de  los  cargos  propuestos,  en cuanto resulten  inteligibles  por  ser  precisos  y  claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de  acuerdo  con  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si  el  demandante carece de interés o la demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

Precisado   lo   anterior,   respecto  del  primer  reproche advierte la  Corte  que  al  denunciar  la  violación  del  debido  proceso  por lesión del  principio  de  investigación  integral,  corresponde  a  la censora   señalar   claramente  la  especie  de  incorrección  sustantiva  determinante  de  la  invalidación,  los fundamentos  fácticos  y  las  normas  conculcadas,  con la indicación de los motivos de su  quebranto.  También  es  su  deber  especificar  el  límite de la actuación a  partir  del  cual  se  produjo  el  vicio, así como la cobertura de la nulidad,  demostrar  que  procesalmente  no  existe manera diversa de restaurar el derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo  incidencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo   impugnado   (principio   de   trascendencia),   pues  este  recurso  extraordinario  no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes  de demostración o en situaciones ausentes de quebranto, reglas que la  impugnante no acogió en su planteamiento.   

En  efecto, tiene sentado la Colegiatura que  cuando  se  invoca  el citado principio, corresponde al actor no solo relacionar  expresamente  las  pruebas  supuestamente  omitidas,  sino  señalar  su fuente,  conducencia,  pertinencia  y utilidad, además de su incidencia favorable en los  intereses  de  la persona acusada frente a las conclusiones del fallo, en cuanto  la  omisión  de  diligencias inconducentes, dilatorias, inútiles o superfluas,  no   constituye   menoscabo   del   derecho   a   la   defensa,   labor  que  no  emprendió.   

          Adicionalmente,  era  necesario demostrar que las pruebas echadas de  menos,  al  ser  cotejadas con el acervo probatorio, varían sustancialmente las  conclusiones  de  los  falladores,  así como el sentido de la sentencia, razón  por  la  cual resulta imprescindible invalidar la actuación a fin de allegarlas  y   contar   con   la   posibilidad   de   valorarlas,   actividad  que  tampoco  acometió.   

Constata  la  Sala que la demandante señala  las  pruebas  que  echa  de menos, pero no manifiesta en concreto de qué manera  variaría  el  sentido  de  la  sentencia  atacada, es decir, no explica de qué  forma  al  conocer  los pormenores que rodearon las diligencias recogidas en las  actas  de  conciliación  ilegales,  podría  desvirtuarse  la  materialidad del  delito  o  la  responsabilidad  de  LUZ MARINA OCAMPO  HERNÁNDEZ,  de  modo que el planteamiento se queda en  el   simple   enunciado   especulativo   y  no  denota  trascendencia  cierta  y  específica,  motivo por el cual carecería de sentido disponer la invalidación  del  diligenciamiento  para  practicar unas pruebas que en nada modificarían lo  ya resuelto.   

          Impera  señalar  que  si la defensora se duele de que no hayan sido  vinculados   mediante   indagatoria   otros   intervinientes  en  las  actas  de  conciliación      (Juan      Bernardo      León  Galindo,   María  Piedad  Mosquera  Astorquiza y Martha  Judith  Londoño), tal argumento no tiene la virtud de  derruir  la  acreditación  del  delito  o la responsabilidad de la acusada, con  mayor  razón  si  acepta  que con la firma de quienes intervinieron se avalaron  “las  actas  a  través  de  las cuales se pactaron  pagos  por  fuera  de  la  ley  y de las convenciones  laborales      que     regían     la     empresa  liquidada” (subrayas fuera de texto).   

Las  razones  expuestas son suficientes para  inadmitir el reparo.   

En   cuanto   atañe   a  la  segunda  censura, encuentra la Corte que al  proponer  la  nulidad de la sentencia por violación del debido proceso derivada  de  defectos  de  motivación,  era  su  deber  demostrar  uno cualquiera de los  siguientes  vicios:  (i) que el fallo carece totalmente de motivación; (ii) que  siendo  motivado,  es  dilógico  o  ambivalente;  (iii)  que  su motivación es  incompleta;  o  (iv)  que  la motivación es aparente o sofística, labor que no  emprendió,  pues  se  quedó  en  el  simple  enunciado de su parecer sobre los  hechos  que  dieron  lugar  a este averiguatorio, en evidente olvido de la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  la  cual  se  encuentra revestido el  proveído objeto de impugnación.   

Al respecto tiene dicho la Corte:  

“La  ausencia  absoluta  de motivación se configura cuando no se precisan las razones de orden  probatorio  y jurídico que soportan la decisión; la motivación es ambivalente  cuando  contiene posturas contradictorias que impiden conocer su  verdadero  sentido;  y,  será  precaria o incompleta, cuando los motivos que se exponen no  alcanzan   a  traslucir  el  fundamento  del  fallo1. La  motivación  es  aparente  o  sofística,  señaló la Sala en otra oportunidad,  cuando      se      desconocen     ‘pruebas     que     objetivamente     conducen    a    conclusiones  diversas’, de modo que se  socava    la    estructura    fáctica   y   jurídica   del   fallo”2 (subrayas fuera de texto).   

Sobre el particular es imperioso recordar lo  que sobre el tema ha expresado también la Colegiatura:   

“No es lo mismo  que  una  providencia  judicial adolezca de defectos de motivación por ausencia  absoluta  de  las  razones  de  orden  probatorio  y  jurídico  que soportan la  decisión,  a  que  la  argumentación traída por el fallador no cumpla con las  expectativas  del  sujeto  procesal,  que  la tilda de inadecuada, desacertada o  insuficiente  en su fundamentación fáctica, jurídica o probatoria, hipótesis  que  se  refleja  precisamente  en  el  ataque elevado por el demandante en este  asunto.   

“Sólo  en  la  primera  hipótesis  el  error será susceptible de ser atacado dentro del marco  de  la  causal  tercera, mientras que en el segundo el  error  es  de  juicio,  caso  en  el cual debe ser ventilado en el ámbito de la  causal  primera,  demostrando los errores de fundamentación fáctica, jurídica  o   probatoria   que   llevan   a   tildarla   de   inadecuada,   desacertada  o  insuficiente”3    (subrayas    fuera    de  texto).   

          Como  viene  de  verse,  es  claro  que la demandante yerra sobre el  camino  que  debe  seguir  en  el ámbito de la técnica casacional, pues pese a  denunciar  la  motivación sofística de la sentencia, acude a la causal tercera  de  casación,  y  no  a  la  primera, cuerpo primero, es decir, a la violación  directa   de   la   ley   por   exclusión   evidente,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea,  o  bien  al cuerpo segundo, esto es, a la violación  indirecta  de  la ley sustancial producto de errores en punto de la apreciación  de las pruebas.   

Adicional  a  lo anterior, como el reparo se  cifra  en  la falta de correlación entre los pronunciamientos jurisprudenciales  citados  y lo decidido, pareciera que la queja apunta a la violación directa de  la  ley  sustancial, en la cual no se cuestionan las pruebas sino únicamente la  aplicación  de  la ley, pero tampoco la defensora es clara sobre el particular,  con  mayor  razón si acto seguido afirma que no se llamó nunca a indagatoria a  Rafael  Bernardo  Buitrago,  Inspector   del   Trabajo,   o   a   Martha   Judith  Londoño,  Procuradora  en  lo  laboral,  de  modo que  irrumpe en la alegación propia de la violación indirecta.   

De  otra  parte  se observa que al mostrarse  inconforme  con  lo  deducido por los sentenciadores a partir de la solicitud de  conciliación  presentada  por  la  acusada,  ingresa en el discurrir propio del  error  de  hecho por falso raciocinio, el cual tiene lugar cuando los falladores  derivaron  del  medio  probatorio deducciones contrarias a las reglas de la sana  crítica,  esto  es, los principios de la lógica, las leyes de la ciencia o las  máximas  de  la  experiencia,  caso  en el cual corresponde al actor establecer  qué  dice  en  concreto  la prueba indebidamente ponderada, qué se infirió de  ella  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo otorgado,  determinar  el postulado lógico, la ley científica o la máxima de experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en el fallo, y lo más importante, indicar su  consideración  correcta,  identificar  la  norma  de  derecho sustancial que en  forma  indirecta resultó excluida o indebidamente aplicada, deberes no asumidos  por la casacionista.   

          Es  palmario  que  con la referida confusión en el planteamiento de  la  causal  sustento  de  esta  censura,  la  demandante  viola  el principio de  autonomía  de  las  causales,  según  el  cual,  cada  una  de  ellas tiene un  discurrir  que  el  es  propio,  sin  que  puedan  mezclarse,  pues  ello  va en  detrimento  del  principio de claridad que regula el artículo 212 de la Ley 600  de  2000  al  exigir  que  la  demanda  contenga “la  enunciación  de  la  causal y la formulación del cargo, indicando en  forma clara y precisa sus fundamentos  y  las  normas  que el demandante estime infringidas”  (subrayas fuera de texto).   

Es  pertinente  destacar  que  si  bien  la  defensora  pretende  con  este  reparo  acreditar  la  justeza  en  las demandas  laborales  promovidas,  olvida que el debate aquí librado es otro, en cuanto se  conciliaron  sumas  ajenas  a  lo  debido  por  el  Estado  a los extrabajadores  portuarios, como ella misma lo reconoce.   

          En  efecto, es claro que el desfalco a las arcas de Foncolpuertos no  fue  producto  del  ejercicio legal y cabal de ciertos abogados, inspectores del  trabajo  y  jueces,  sino  precisamente  de  un  engranaje  entre  todos  ellos,  orquestado  para reconocer y conciliar pretensiones a las que no tenían derecho  los  demandantes,  amén  de  ordenar  su pago, de manera que el discurrir de la  impugnante  en  este  caso  resulta  manifiestamente impropio y ajeno al recaudo  probatorio4.   

Los   mencionados  equívocos   en   los  planteamientos  de     la  recurrente  imposibilitan  a  la Sala  acometer  el  estudio  de la demanda, pues si no se trata de un alegato de libre  confección,      su      presentación     con     base     en     interpretaciones   personales   indemostradas   o  en  análisis  probatorios fragmentarios e imprecisos, y sin atenerse a  las  reglas  lógicas  y  argumentativas  que  la  gobiernan, obliga a la Sala a  inadmitirla  de  acuerdo  con  lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000,  pues  en  virtud  del  principio  de  limitación  que  rige  el trámite  casacional  la  Corte  no  se  encuentra  facultada  para  enmendar  los errores  de     la recurrente.   

         Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación  de  derechos  o  garantías de     la  acusada, como para que tal circunstancia impusiera el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que  sobre  el  particular le confiere el  legislador  a  la  Corte  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  la          defensora    de    la    procesada  LUZ MARINA CAMPO HERNÁNDEZ,   por   las   razones  expuestas  en  la  parte  motiva  de  esta  decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO   FERNÁNDEZ  CARLIER                                       MARÍA        DEL        ROSARIO       GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                                ÉYDER      PATIÑO  CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Auto  del 28 de febrero de 2006. Rad. 24783.   

2  Sentencia del 22 de mayo de 2003. Rad. 29756.   

3 Auto  del 28 de febrero de 2006. Rad. 24783.   

4 Cfr.  Autos  del  24  de  abril  de  2013. Rad. 40198 y del 9 de octubre de 2013. Rad.  42025.     

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