41783(28-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Luis Guillermo Salazar Otero  

Aprobado Acta No. 279  

Bogotá,  D.C.,  veintiocho (28) de agosto de  dos mil trece (2013)   

ASUNTO  

Decide la Corte sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación presentada por el apoderado de Antonio Piedrahita  Gallego,  contra  la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Santa  Marta   el  13 de diciembre de 2012, que al revocar la  decisión  absolutoria  en primera instancia emitida por el Juzgado Cuarto Penal  del  Circuito,  condenó  al  procesado  a la pena principal de dos (2) años de  prisión   y   multa   de   50   s.m.l.m.   como   responsable   del  delito  de  estafa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN RELEVANTE  

Acoge la Corte la síntesis que de los hechos  contiene el fallo impugnado, así:   

“De  la  denuncia presentada por la señora  Luz  Mary  Cardona de Caro y el señor José Miguel Caro Díaz se extracta que a  principios  del  mes de octubre de 2004, ella le compró por valor de veinte mil  pesos  ($20.000.oo)  a  la señora Zeneida Padilla de Valencia (q.e.p.d.), madre  del  ingeniero  Juan  Carlos Valencia, una boleta de una rifa de FUNDASOCIAL que  jugaría  con el premio mayor de la lotería de Bogotá en el sorteo del día 28  de  octubre  de  2004, cuyos números eran 8202 y 2728 y el exesposo de ella, el  señor  José  Fredy  Caro  Díaz,  compró  otra boleta con los números 8217 y  2743,  las  que  cancelaron  en su totalidad. Rifa cuyo premio consistía en una  casa   avaluada  en  la  suma  de  $36’800.000  conformada  por  terraza,  dos  habitaciones, sala comedor,  cocina  tipo americano, baño en acabados sencillos, zona de lavandería y patio  para  futura  ampliación,  que  forma  parte  del conjunto cerrado ‘Villa        Toledo’    de    la    ciudad    de   Santa  Marta.   

El sorteo de la lotería de Bogotá del 28 de  octubre  de 2004 dio como ganador el número 8202 trayendo como consecuencia que  la  boleta  ganadora de la rifa fue la adquirida por la señora Luz Mary Cardona  de  Caro.  Pero  al  reclamar  ella el premio ante FUNDASOCIAL, representada por  Patricia  Polo Jiménez, y su vocero el señor José Antonio Piedrahita Gallego,  recibe  una comunicación de esa entidad, fechada 10 de noviembre de 2004, en la  que  la  reconoce  como  la ganadora del premio y le informan que requiere de un  plazo  de dos meses para construir la casa que lo representa, cuando al darse la  rifa,   según   el   contenido   y   lectura  de  la  boleta,  la  casa  estaba  construida”.   

La  denuncia  criminal fue acompañada de los  anexos  documentales  que  la  respaldaban,  disponiéndose  con  base  en tales  elementos  el 14 de enero de 2005 apertura instructiva por parte de la Fiscalía  21      Seccional      de      Santa      Marta1.   

Vinculados  mediante  indagatoria  Patricia  Isabel            Polo            Jiménez2  y  José  Antonio  Piedrahita  Gallego3,  su  situación jurídica fue resuelta con medida de aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva  por  el  delito de estafa, a través de  resoluciones  de  27  de  abril  y  10 de junio de 2005, misma índole de delito  contra  el  patrimonio  económico  por  el  cual, previo cierre instructivo, se  profirió  en  su  contra  resolución  acusatoria en primera instancia el 15 de  septiembre  de  2005,  decisión  ratificada por la Unidad de Fiscalía Delegada  ante   el   Tribunal   Superior   de   Santana   Marta   el  24  de  octubre  de  2008.   

Tramitada  la fase del juicio, se profirieron  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia en los términos glosados en  precedencia,  al  tiempo  que  en relación con Patricia Isabel Polo Jiménez se  extinguió la acción penal por muerte.   

DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  esto  es  violar  la  sentencia  una  norma de derecho sustancial, a  través  de  la  cita de los hechos denunciados, afirma el actor que el Tribunal  soslaya  el  hecho  de  que a la quejosa se le hicieron abonos por $25 millones,  por  lo  cual  concurriría  la  causal  extrapenal de justificación como es el  consentimiento  del  sujeto  pasivo,  cuya capacidad es plena después de los 18  años.   

Sobre   este   tema,   asegura,   la  Corte  Constitucional4  afirmó  que  la indemnización integral es una de las denominadas  causales específicas de preclusión y cesación de procedimiento.   

Tratándose  de  una obligación de contenido  pecuniario,  cabría  la reparación integral en términos del art. 42 de la Ley  600 de 2000.   

Para el actor es perfectamente válido con un  criterio  de favorabilidad aplicar tanto disposiciones de la Ley 600 a trámites  de la Ley 906 de 2004, como viceversa.   

De esta manera y como la Corte ha aceptado que  el  trámite  del art. 42 se pueda propiciar hasta antes del fallo de casación,  en   criterio  del  actor,  al  aceptarse  por  la  víctima  la  suma  referida  “vertió  su  consentimiento  como  una causal extra  penal  de justificación, si bien es cierto, no se ha dado una reparación plena  del  daño,  el  Juez  debe  respetar  aún en estas condiciones la transacción  verificada  por  las  partes”  y dar aplicación del  art. 42.   

Solicita,  así,  se  revoque  el  fallo  del  Tribunal  y  aplique  el  art.  42  del  C.P.P.,  sobre extinción de la acción  penal.   

CONSIDERACIONES  

José Antonio Piedrahita Gallego fue condenado  por  el  delito  de estafa en su típica descripción sin agravantes del art.246  de  la Ley 599 de 2000, con una sanción punitiva de 2 a 8 años, actuación que  se cumplió con los ritos de la Ley 600 de 2000.   

En  tal  sentido,  al propósito de atacar la  sentencia  impugnada  por  vía  de  casación, resultaba imperativo acudir a la  modalidad  de  la  impugnación  extraordinaria  en  su  índole  excepcional  o  discrecional   y   entonces  forzoso  cumplir  con  el  deber  de  anticipar  la  exposición  de  aquellos  fundamentos en que sustenta la viabilidad del recurso  en  dicha especie, esto es, anotar en forma sintética, pero precisa y concreta,  a  cuál  de  las  dos  alternativas  posibilidades  se  acogía,  si  tenía la  impugnación  fundamento  en  la necesidad de encontrar por parte de la Corte un  pronunciamiento   con  miras  al  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  o  en  el  propósito    de    procurar    la    garantía    de   derechos   fundamentales  conculcados.   

A  este  respecto  ninguna  concreción  se  observa,  toda  vez que el escrito de demanda omite en forma evidente indicar la  justificación  que  en  el caso específico debiera motivar a la Corporación a  admitir  el ataque casacional, aspecto de suyo suficiente para enervar cualquier  posibilidad  de  ajustarse  a  los presupuestos que el recurso extraordinario en  las condiciones indicadas exige para propiciar un fallo de fondo.   

Por lo demás, en forma ciertamente inusitada,  adujo  el  actor  la  causal  primera  de  casación, sin fijar la índole de la  violación  a  la  ley  acusada,  esto  es, si se estaría frente a un quebranto  directo   o   indirecto   de   preceptos  sustanciales,  afirmando  la  eventual  concurrencia  de  una   causal  “extrapenal  de  justificación”   como   lo   es   el  “consentimiento”  de  la víctima, que  entiende  expresado  en  la  presunta  recepción de por lo menos $25 millones a  manera  de reparación, argumento que simplemente da por probado, pues afirma el  pago  de  dicha suma sin referirse a aquéllos elementos que lo corroboran y sin  al  fin  y  al  cabo  poderse  entender  que  está  entonces  dirigido hacia la  evidencia de errores de hecho por omisión probatoria.   

En cualquier caso, la propuesta cae en mayores  confusiones  cuando  expresa  que  es su cometido, dada la oportunidad en que lo  manifiesta,  antes  del fallo de casación, se aplique el art. 42 de la Ley 600,  esto    es,   se   reconozca   la   “indemnización  integral” en este caso.   

Esta  petición,  impropia  al  interior  del  libelo  casacional  que debe servir para evidenciar las violaciones a la ley por  parte  de  la sentencia impugnada y no para encubrir tácitas peticiones, carece  del  más  mínimo  sustento,  ignorando  de  este  modo,  además,  que  en los  supuestos  del  precepto 42 en mención, debe existir plena comprobación de que  se     ha     producido     una    “indemnización  integral”  y  no  simplemente que acuerdos parciales  sobre  la  cancelación de los perjuicios pueda satisfacerlo, mucho menos cuando  su  reconocimiento  sin  pruebas no es algo que se procure antes de la decisión  de la Corte, sino en el propio texto de una demanda de casación.   

La ineptitud formal de la demanda es elocuente  y por ende se impone su inadmisión.   

* * * * * *  

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Inadmitir  la demanda de casación presentada  por el apoderado de José Antonio Piedrahita Gallego.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

         

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                                FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ               MUÑOZ                       GUSTAVO E. MALO FERNÁNDEZ   

LUIS       GUILLERMO       SALAZAR  OTERO                                           JAVIER  DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova  García   

Secretaria    

1  fl.46   

2  fl.91   

3  fl.199   

4  Sentencia T-1062/02     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *