41637(04-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 404.  

Bogotá,  D.  C., cuatro (4) de diciembre de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Procede  la  Sala  a  examinar  la  demanda  presentada  por el defensor de JOHN FREDY GARCÍA NIETO  para   determinar  si  satisface  los  requisitos  de  fundamentación   necesarios   para  su  admisión.  Mediante  dicho  libelo  el  mencionado  profesional  del  derecho  sustenta  el  recurso  de  casación  que  interpuso  contra la sentencia del 1º de abril de 2013, a través de la cual el  Tribunal  Superior  de Manizales revocó el fallo absolutorio proferido el 24 de  febrero  de  2012  por el Juzgado Tercero Penal Municipal de la misma sede y, en  su  lugar, condenó al procesado a las penas principales de 3 meses y 6 días de  prisión,  1.33  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa y 16 meses de  privación  del  derecho  a  conducir  vehículos  automotores,  así  como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas, como autor del delito de lesiones personales culposas.   

HECHOS  

          Se  vienen  resumiendo  por  los  sentenciadores  de instancia de la  siguiente manera:   

          “El 21 de abril de 2007 a las 7:30 de la  mañana,  en  el  kilómetro  19  en la vía puente de La Libertad, el vehículo  particular  Chevrolet  de  placa  BDH  755  guiado  por el señor CARLOS EDUARDO  GIRALDO  GALLO, donde viajaba la señora ZOILA ROSA GALLO DE GIRALDO, colisionó  con  el  camión  de  placa  TQC  027 conducido por el señor JOHN FREDY GARCÍA  NIETO.  El  accidente  causó  lesiones  a  la  señora  GALLO  DE GIRALDO quien  presentó  una  incapacidad  médico legal definitiva de 35 días, sin secuelas.  Según  el  reporte  de  tránsito  inicial,  el  accidente  se  produjo  por la  invasión  del  carril  contrario  de  parte  del  conductor  del vehículo tipo  camión”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar realizada el 29 de  julio  de  2011  el  Juzgado  Octavo Penal Municipal con funciones de control de  garantías  de  Manizales,  la  Fiscalía  formuló  imputación  a JOHN  FREDY  GARCÍA NIETO por el delito de  lesiones personales culposas.   

2.  Oportunamente,  el  ente  investigador  presentó  escrito  de acusación, con fundamento en el cual el 29 de septiembre  del  precitado  año el Juzgado Tercero Penal Municipal de Manizales realizó la  consiguiente   audiencia   de  formulación,  en  cuyo  desarrollo  atribuyó  a  GARCÍA NIETO el delito antes  referido.   

3.  La audiencia preparatoria la realizó el  15  de  noviembre siguiente y el juicio oral el 21 de febrero del año postrero,  a  cuyo  término  anunció  del  sentido  del  fallo,  precisando que sería de  carácter absolutorio.   

4. La sentencia la profirió el 24 de febrero  de  2012,  contra  la  cual  interpuso  recurso de apelación el apoderado de la  víctima.  Como  se  reseñó  en  el  acápite inicial, el Tribunal Superior de  Manizales  revocó  la decisión de primera instancia, condenando al procesado a  las  penas  ya  reseñadas,  ante  lo  cual  el  defensor  promovió  el recurso  extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula dos cargos contra la sentencia del Tribunal,  el  primero  con fundamento en la causal segunda de casación prevista en la Ley  906  de  2004  y el otro al amparo de la causal tercera de la misma disposición  legal.   

En   el   primer  cargo  aduce  la  vulneración  del debido proceso, en  razón  al  desconocimiento del inciso 1º del artículo 522 de la precitada ley  procesal,  norma  que  establece  la  conciliación de manera obligatoria y como  requisito de procedibilidad en los delitos querellables.   

Según  el  actor,  luego  de  formulada  la  querella  por  parte  de la señora Zolia Rosa Gallo de  Giraldo,  la  Fiscalía  no  cumplió  con el referido  requisito  de  procedibilidad,  y es así como en la audiencia de acusación, en  la  preparatoria  y en el juicio oral, dicho organismo omitió hacer alusión al  cumplimiento  de  esa  exigencia,  al punto que no allegó la respectiva acta de  conciliación.    Tampoco    los    juzgadores,    añade,    mencionaron    tal  aspecto.   

Estima  que el Tribunal no sólo desatendió  la  norma  arriba  citada,  sino  además  el  artículo  29 de la Constitución  Política,  así  como  la  sentencia  C-979  de  2005,  en  la  cual  la  Corte  Constitucional  estableció  el  agotamiento  de la conciliación en los delitos  querellables    como    condición   para   la   iniciación   de   la   acción  penal.   

De  esa manera, solicita declarar la nulidad  de la actuación.   

En el segundo cargo  denuncia  el  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  apreciación  de  las  pruebas.  Al  desarrollar  el  reproche  argumenta que el  ad quem no analizó el acopio  probatorio  conforme  a  los  parámetros de la sana crítica, en tanto dejó de  examinar  aspectos  tan  importantes como (i) el tracto camión conducido por el  procesado  se  compone  de  dos  partes,  esto  es, la unidad tractora, también  llamada  cabezote,  y  el remolque, (ii) las llantas del tráiler con las cuales  de  manera  somera invadió el carril contrario, (iii) el espacio que de acuerdo  con  el  croquis  había entre la parte final del tráiler y la berma del carril  correspondiente  al otro vehículo, cuya llanta trasera izquierda colisionó con  el  remolque,  (iv)  la  velocidad  que  llevaban  los dos vehículos, y (v) las  condiciones físicas de la vía.   

Luego  de  transcribir  los  fundamentos del  Tribunal  atinentes  a la concreción en el resultado del riesgo desaprobado, el  demandante  le  reprocha  incurrir  en  error  cuando  predica  que  el  acusado  desconoció  el  artículo  60  del Código Nacional de Tránsito, acorde con el  cual  los  vehículos  deben  transitar  por  sus  respectivos carriles, sin que  puedan  atravesar  las  líneas  de  demarcación sino únicamente para efectuar  maniobras de adelantamiento o de cruce.   

Para  el censor, la totalidad de las pruebas  recaudadas  dan  plena  certeza  de  que  el  tracto  camión  transitaba por su  respectivo  carril,  y  aun cuando la parte final del remolque o tráiler con su  llanta  trasera  logra  invadir  en  una mínima parte el carril contrario, ello  obedeció  a  que  transitaba por una curva, en un plano inclinado, y a lo largo  de  esas  partes  del  tracto  camión  y lo poco ancho del carril, que era de 3  metros  con 325 milímetros, que en todo caso, siendo igual a aquel por donde se  movilizaba  el automóvil Chevrolet, le permitía a su conductor desplazarse por  el mismo sin contratiempos, según así lo indica el croquis.   

Para  el libelista, de otra parte, la huella  de  frenada  dejada  por  el Chevrolet, que fue de 9 metros y que quedó cerca o  prácticamente  pegada a la línea divisoria de los dos carrilles, es prueba del  exceso  de  velocidad  de  su  conductor, señor Carlos  Eduardo  Giraldo  Gallo, quien así lo reconoció en el  juicio  oral  al  declarar que al tomar la curva viajaba a una velocidad de 30 a  40  kilómetros  por  hora, cuando tratándose de una curva tan peligrosa debió  disminuir  la  velocidad  lo máximo posible, lo cual le hubiera permitido pasar  sin dificultad alguna.    

Insiste  en que solamente la parte final del  tráiler  invadió  en forma mínima el carril, pero estima que ello obedeció a  las  leyes  de la física, sin que en momento alguno el tracto camión invadiera  totalmente  el  carril  contrario.  En  su criterio, el Tribunal no hizo ningún  análisis  del  croquis  elaborado por el testigo Jorge  Alberto  Carvajal  Jaramillo,  en  el  cual existe una  descripción   de   los  pormenores  del  accidente,  dedicándose  “a  hacer  comentarios  especulativos acerca de la manera como los  conductores   de   tracto-camiones  deben  conducir  estos  vehículos  por  las  carreteras”     y    a    invocar    “aspectos  estructurales de la imputación objetiva, tales como el  principio  de  confianza,  el  riesgo  permitido y el deber objetivo de cuidado,  para   acomodarlas   como   argumentos   para  fundamentar  la  declaratoria  de  responsabilidad…”.   

Señalando  que  el  juzgador  “omitió  la  apreciación  de pruebas allegadas de manera válida  al  proceso,  como  lo es el croquis e hizo un falso raciocinio fijando premisas  ilógicas  por  desconocimiento de las pautas de la sana crítica”,  solicita  casar la sentencia y, en consecuencia, dejar vigente el  fallo absolutorio proferido en primera instancia.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

Conforme  reiteradamente lo viene señalando  la  Sala,  en  el  modelo  de  enjuiciamiento  regulado en la Ley 906 de 2004 la  admisión  de  una  demanda  de  casación, aparte de su presentación oportuna,  supone  que el actor ostente interés jurídico para recurrir, señale la causal  que  apoya  su pretensión, desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación  y  justifique  la  necesidad  del  fallo de casación de cara al cumplimiento de  alguna  de  las  finalidades  del  recurso,  según así lo tiene establecido el  inciso segundo del artículo 184 de dicha disposición legal.   

          En  el  caso  sometido a estudio, el libelista ostenta interés para  recurrir  y  en  los  dos  reproches formulados señaló la causal de casación,  denunciando  en  el  primero  la vulneración del debido proceso, mientras en el  segundo  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, es decir, acude a la  causales  segunda y tercera previstas en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

          No  obstante,  se  observa que el impugnante solamente satisfizo los  demás  presupuestos  requeridos para la admisión de la demanda cuando postuló  el  primer  reproche,  no  así  en  el  segundo,  pues  en éste no fundamentó  adecuadamente  los cargos de sustentación y tampoco justificó la necesidad del  fallo.   

          En  efecto,  en el primer cargo,  como  quedó  visto, predicó la vulneración del debido proceso,  anomalía  que hace consistir en el desconocimiento del inciso 1º del artículo  522  de  la  precitada  Ley 906 de 2004, norma que establece la conciliación de  manera   obligatoria   y   como  requisito  de  procedibilidad  en  los  delitos  querellables,  diligencia  que  no se surtió en su momento en el presente caso.   

Este  reproche se admitirá por contener, en  términos  generales,  la  carga  de  sustentación  exigida  legalmente, siendo  superables  las mínimas falencias advertidas en el mismo, de conformidad con lo  establecido en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

          En   el   segundo   cargo  el  censor acusa al juzgador de incurrir en violación indirecta de  la  ley  sustancial. Sin embargo, en el desarrollo del cargo no precisa la clase  de yerro que atribuye al sentenciador y menos aún lo fundamenta.   

         Conforme  a  la  jurisprudencia de la Sala, la violación indirecta  proviene  de error de hecho o de derecho, expresándose el primero en los yerros  denominados  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de identidad y falso  raciocinio,  mientras  el  segundo en el falso juicio de legalidad y en el falso  juicio de convicción.   

         Para  ser  fiel  a  la  realidad,  aprecia la Sala que solamente al  finalizar  la  fundamentación  de  la  censura  el  impugnante  refiere  que el  fallador             “hizo   un  falso  raciocinio  fijando  premisas   ilógicas   por   desconocimiento   de   las   pautas   de   la  sana  crítica”,  con  lo  cual  pareciera entonces que el  ataque  lo  orientara  por  la  senda  del  error de hecho por falso raciocinio.   

          No   obstante,   no   se  allana  a  satisfacer  las  exigencias  de  sustentación  propias  de  ese  dislate, pues para ello le era de rigor indicar  los  principios  de la sana crítica desconocidos por el Tribunal, precisando la  regla  de  la  experiencia,  el  postulado  lógico  o  la  ley  de  la  ciencia  desatendidos en el fallo e indicando la trascendencia del error.   

          El  actor  se  limita  a  atribuir  al  ad  quem   fijar  premisas  ilógicas,  sin  señalar  el  postulado  de  esa naturaleza que, en concreto, habría quebrantado el juzgador.  También  señala que si el tráiler del tracto camión invadió el carril, ello  ocurrió  en  forma  mínima y obedeció a las leyes de la física. Sin embargo,  en  la  confección  de  esa  argumentación  pretende hacer valer su particular  criterio  por  sobre  el  del  Tribunal  que  a partir de la apreciación de las  pruebas  allegadas  al  plenario  arribó  a  la  conclusión  según la cual la  irrupción  hacia  el  otro  carril  fue de tal magnitud que no dejó espacio al  automóvil  para  pasar  por  el mismo. En efecto, sobre el tema el sentenciador  razonó en los siguientes términos:   

          “Y  es  que los testigos de cargo fueron contestes, concordantes y  uniformes,  al  manifestar  que  si  bien  el  camión guiado por JOHN FREDY, al  llegar  a  la curva intentó abrirse por el carril correspondiente, la  parte  trasera  del  mismo  se  cerró  abruptamente  sin dejar  espacio   para  que  el  automóvil  pudiera  pasar  por  su  carril,  generándose  así  la  colisión  de ambos, situación que queda  sintetizada  en  los  dichos  de  Jorge  Alberto  Carvajal Jaramillo, agente que  realizó  el  croquis,  quien  además  anotó  que el accidente ocurrió por la  invasión  del camión al carril opuesto” (subraya la  Corte)1.   

          Olvida  el  censor,  de  esa  manera,  que  en  sede de casación la  apreciación  probatoria  del juzgador, merced a la doble presunción de acierto  y  legalidad  que  la  acompaña,  prevalece  sobre la realizada por los sujetos  procesales,  salvo  la  demostración  de  ostensible yerro de valoración, a lo  cual  no  se  procede  en  la  demanda. Por eso, resulta también inatendible el  planteamiento  orientado  a  atribuir  la  causa  de  la  colisión al exceso de  velocidad  del automóvil, pues se trata, igualmente, de la visión personal del  actor    acerca    del    alcance    de    las   pruebas   incorporadas   a   la  actuación.   

          El  libelista,  en  consecuencia,  no  sustenta debidamente el falso  raciocinio;  antes bien, resulta entremezclando en su discurso, con desatención  del  principio  de  autonomía  que gobierna el recurso de casación2,  un  ataque  diverso  cuando  cuestiona  al  ad  quem  por  no  apreciar  el  croquis,  insinuando  así la presencia de un  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  que  en  todo  caso  no  sustenta  adecuadamente,  pues no indica la trascendencia del yerro, acreditando la manera  como  la  apreciación  de  ese  elemento  probatorio  tenía  la  capacidad  de  demeritar  los  medios  de  convicción  con  los cuales se soportó la condena,  entre  ellos,  el testimonio del propio uniformado que elaboró el croquis y, de  esa forma, cambiar el sentido de la referida decisión.   

   

El   segundo   reproche,   por  tanto,  se  inadmitirá.   

Se  precisará,  finalmente,  que  contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada         de         la         Sala3.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      INADMITIR  el    segundo    cargo  de  la  demanda de casación  interpuesta  por  el  defensor  de  JOHN FREDY GARCÍA  NIETO,  de  acuerdo  con  las  razones expuestas en la  anterior motivación.   

          Según  lo  establecido  en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es        facultad        de       la demandante  elevar petición de insistencia.   

          2.                      ADMITIR el        primer       cargo       del       mencionado        libelo        de  casación.   

         Una  vez  se  surta  el  trámite  relacionado  con el mecanismo de  insistencia,  se  fijará  fecha para la realización de la respectiva audiencia  de sustentación oral.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

EUGENIO          FERNÁNDEZ  CARLIER                        MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                

               

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                        EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Página 26 del fallo de segunda instancia.   

2 Este  principio  demanda  que  el  desarrollo de la postulación se corresponda con el  motivo de casación enunciado.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

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