41304(04-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 172.   

Bogotá  D.C.,  junio  cuatro (4) de dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisión de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado EDWIN   FABIÁN   AGUIRRE   contra   la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Juzgado  Sexto  Penal del  Circuito  de  Bogotá  de fecha diciembre 6 de 2010, confirmatoria de la dictada  por  el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  de  la misma ciudad el 12 de agosto  anterior,  mediante  la  cual  condenó  al  mencionado  por  el delito de hurto  calificado agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  sintetizados  por el  a  quo,  de  la  siguiente  forma:   

“El  presente proceso se inició mediante  el  informe  de  policía  suscrito  por el subintendente Henry Isaza Poloche de  fecha  31  de marzo de 2001, por medio del cual se puso en conocimiento del ente  instructor;  que  siendo  aproximadamente  las  8:30  pm,  fue  capturado por el  sargento  vice  primero  Luis  Jairo  García  Checa, el señor Uilljen Malagón  Arévalo      en      inmediaciones     de     la     Carrera     10a  con  calle 46 sur, luego de que éste  en  compañía  del señor EDWIN FABIÁN AGUIRRE abordaran la buseta de servicio  público  de  placas SGP-716, conducida por el señor Antonio Blanco Ramírez, a  quien  mediante  intimidación con arma de fuego le hurtaron la suma de $384.000  pesos  correspondientes  al  producido  del  día,  con  tan mala suerte para el  señor  Malagón  Arévalo,  que  fue  aprehendido  por un agente de la policía  quien  como  pasajero  se encontraba en el vehículo e hizo que aquel devolviera  la  sima  (sic)  de $13.000  pesos,  mientras  que  EDWIN  FABIÁN  AGUIRRE  emprendió la huida con el arma,  previo  a  realizar  un  disparo  al  automotor  y  romper el vidrio panorámico  trasero,       resultando       herido      el      señor      Luis      Leonel  Hernández”.       

El   acontecer   fáctico   relatado   en  precedencia  determinó  el  inicio de la investigación penal, en cuyo marco se  vinculó,  mediante diligencia de indagatoria, a EDWIN  FABIÁN  AGUIRRE, en contra de quien, al resolverse su  situación  jurídica,  se  le  impuso  medida  de  aseguramiento  de detención  preventiva.     

Cerrada  la investigación, se calificó el  mérito  del  sumario  el  24  de  mayo de 2007 con resolución de acusación en  contra   del  prenombrado  como  “presunto  coautor  responsable   del   punible  de  hurto  calificado  y  agravado”  (arts.  349,  350-2  y  351-6, 9 y 10 del Decreto Ley 100 de 1980),  cuya   ejecutoría   se   verificó   el   30   de   julio  ulterior1.   

Remitidas   las   diligencias   para   la  prosecución  de la fase del juicio, le correspondieron al Juzgado Primero Penal  Municipal  de  Bogotá,  ante el cual se surtieron las audiencias preparatoria y  de  juzgamiento,  a  cuyo  término profirió sentencia de primer grado el 12 de  agosto  de  2010 a través de la cual condenó a EDWIN  FABIÁN  AGUIRRE por el mismo delito que sustentó la  acusación  a la pena principal de cuarenta y ocho (48) meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso.  Así mismo, lo condenó al pago de perjuicios  materiales  por  las sumas estipuladas y le negó el subrogado de la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

Contra  la  decisión  anterior, la defensa  interpuso  recurso  de  apelación,  el  cual  fue resuelto por el Juzgado Sexto  Penal   del   Circuito   de   la  misma  ciudad  el  6  de  diciembre  ulterior,  impartiéndole confirmación.   

Esta  última  determinación fue objeto de  impugnación  extraordinaria  promovida  por el mismo sujeto procesal, a través  de  demanda  allegada  en forma oportuna, sobre cuyos presupuestos exigidos para  admitirla se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

El  defensor  formula  un  único  cargo al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación  “del  artículo  ciento  ochenta  y  uno  (181)  del  Código  de  Procedimiento Penal  –Ley  906  de  2004  por  aplicación  del  principio  de  favorabilidad”, en  tanto  el  fallo  se  profirió  “por el manifiesto  conocimiento  (sic)  de las  reglas    de    producción   y   apreciación   de   la   prueba”.   

               

En  los  fundamentos  del  recurso el actor  sostiene  que  “la causal invocada no obedece a una  interpretación  errónea,  pues, de antemano se tiene que el juzgador resolvió  el      problema      de      manera      correcta      través     (sic)  de  la  selección  de  la fuente  formal;  el error tampoco recae en la selección de la norma sino en la falta de  apreciación  de  las pruebas, ya que, con ello trastoca su verdadero contenido,  menguándola      o      aumentándola      o,      en      algunos     extremos  tergiversándola”.   

Como  consecuencia  de ese yerro, advierte,  “las  apreciaciones  tenidas en cuenta tanto por el  Fallador  de  Primera  Instancia  como  por  el  de  Segunda Instancia, no tiene  (sic)  un  asidero  real y  verdadero,   hace   que  esta  prueba  no  sea  ni  cumpla  con  los  requisitos  probatorios,  de  aquellos  que  exige  la sana critica del testimonio como para  endilgarle    responsabilidad    a   la   persona   que   represento   en   esta  actuación”.   

Así,  refiere al testimonio de la víctima  de     los     hechos      Antonio     Blanco  Ramírez,  de  cuyo  contenido, dice, se “desprende  esa  incongruencia  que  generaban  un  desatino para  atribuirle  responsabilidad  separada  a  EDWIN  FABIÁN AGUIRRE, por los mismos  hechos  por  los  cuales  ya  había  sido  condenado el señor Uilljen Malagón  Arévalo”.   

Acto  seguido,  expresa  que  las  personas  ofendidas  o  perjudicadas  por  la  ejecución  de  la  conducta punible suelen  exagerar  frente  a lo acontecido y “por ello, tanto  el  Fallador de Primera Instancia como el de Segunda Instancia, debieron radicar  sus       consideraciones       sobre       bases      diferentes”.   

         

De  esa forma, sostiene que el ad  quem  se limitó a sopesar lo que en  anterior    investigación    se    infirió    en    contra   de   Uilljen  Malagón  Arévalo, sin apreciar  de  manera  clara  y  objetiva  los  alegatos  de la defensa, como se indicó al  sustentar  el recurso de apelación interpuesto contra la sentencia condenatoria  de  primera  instancia  en  lo  tocante  a  la  valoración y apreciación de la  prueba.   

         En   acápite   ulterior,   bajo   el   rótulo   de   “consideraciones”,   cuestiona   el  fallo  impugnado,  pues “no es lógico sustituir los  hechos  concretos,  por  meras  suposiciones,  ni  a  la  correcta valuación de  aquellos  suponer,  el  poder de una lógica arbitraria y torcida. La lógica de  la  hermana  del  obitado  y  amparada  posiblemente  por  quien representa a la  Sociedad,  está  construida sobre premisas falaces fundidas en las tinieblas de  una  mala  voluntad,  que  se  cree que el hecho está comprobado sin estarlo en  realidad.  Se  tiene entonces, Honorables Magistrados, que en este caso se está  desprovisto  de  pruebas,  y así éstas de carácter indiciario, el proceso las  excluye,  ya que, ello proviene de querer salvar las acciones de las autoridades  judiciales    que    conocieron   de   todo   este   acontecer   en   pretérita  oportunidad”.   

Como la prueba, entonces, carece de claridad  y  objetividad,  ni  siquiera permitía colmar los presupuestos para proferir en  contra  de  su  defendido  resolución  de  acusación.   Además,  se  apreció  contrariando  postulados  de la sana crítica; por tanto, “el  hecho  investigado  y fallado en la segunda instancia, no ha  quedado  probado  ni  demostrado  en  contra  de  EDWIN FABIÁN AGUIRRE, pues se  denota   la  manera  peyorativa  como  se  ha  tratado  a  lo  sumo  encontrarlo  (sic)   responsable  del  delito  de hurto calificado y agravado, hecho éste que en pasada instrucción y  fallo   no   fue   plenamente  individualizado  en  contra  de  la  persona  que  represento”.   

Por lo expuesto, solicita casar la sentencia  impugnada      y      dictar      fallo      de      reemplazo      “no   sin  antes  solicitarle  a  los  Honorables  Magistrados de esta Alta Corporación de  Justicia,  que de manera excepcional la Sala Penal discrecionalmente admita esta  demanda”.       

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

         Cuestión previa:   

          Antes  de  abordar el estudio de admisibilidad que compete, la Sala  estima   necesario   elucidar  dos  situaciones  que  aparecen  confusas  en  la  actuación,  a  saber: ¿por qué si la sentencia de segunda instancia objeto de  presente  recurso  data  del  6 de diciembre de 2010, solo hasta ahora, casi dos  años   y   medio  después,  se  emite  pronunciamiento  en  torno  al  recurso  extraordinario  de  casación?  y,  ¿por qué obra en la actuación una segunda  sentencia  de  segunda  instancia  de  fecha octubre 27 de 2011 dictada por otra  autoridad  judicial,  concretamente  el Juzgado 21 Penal del Circuito Adjunto de  Bogotá2,  sobre los mismos hechos y contra el mismo implicado EDWIN   FABIÁN  AGUIRRE  ?.  Estos  dos  aspectos,    conforme    se    verá    a   continuación,   claramente   están  interrelacionados.   

         Lo  primero  sobre  lo  cual  se  debe  hacer  énfasis es que este  asunto,  a  efectos  de la resolución del presente recurso  extraordinario  de  casación  discrecional promovido por el defensor del procesado EDWIN   FABIÁN  AGUIRRE  arribó  a  la  secretaría  de  esta  Corporación  el  8 de mayo del año que transcurre y, al  día siguiente, al despacho de la Magistrada Ponente.   

         Ahora,  el  hecho  de que hasta ahora lleguen las diligencias y que  haya  una  segunda  sentencia  de  segundo  grado  obedeció a sucesivos errores  judiciales,  de los que sólo vinieron a dar cuenta los Juzgados 17 y 34 Penales  Municipales de esta ciudad.   

         

         El  primero de los despachos referidos en cuanto fue la autoridad a  la   que   inicialmente   se   enviaron  las  diligencias  luego  de  proferirse  impropiamente  una  segunda  sentencia  de  segundo  grado  en este asunto y, la  segunda,  al  recibir  la  actuación  de aquella, tras ser asignada al trámite  exclusivo  de  procesos del sistema penal acusatorio3,  y  quien  a la postre optó  inmediatamente  por  remitir  la  actuación  a  esta  Colegiatura  a efectos de  resolver  el  recurso  extraordinario  de  casación  cuando, a pesar del tiempo  transcurrido,  por  fortuna  no  se  desencadenó  la  pérdida del ius  puniendi por razón del fenómeno de  la    prescripción    de    la    acción   penal4.   

         Pues  bien,  recuérdese  cómo  proferida  la sentencia de segunda  instancia  el  6 de diciembre de 2010 por el Juzgado Sexto Penal del Circuito de  Bogotá5,   el  defensor  interpuso  oportunamente  en  su  contra  recurso  extraordinario  de casación, ante lo cual la misma autoridad, mediante auto del  28  de  febrero de 2011, lo concedió y dispuso surtir traslado de 30 días para  la  correspondiente  presentación  de  la  demanda,  advirtiendo  que  una  vez  venciera  el  término  anterior  correría  el  de  15  días  para los sujetos  procesales          no          recurrentes6.   

         Dentro  del traslado dispuesto, el defensor del sentenciado allegó  la            respectiva           demanda7,  a cuyo vencimiento se dejó  constancia  secretarial  de  fecha  mayo  3  de  2011  sobre  el surtimiento del  traslado  a  los  sujetos  procesales no impugnantes8   

;  sin  embargo,  en  lugar dicha autoridad  judicial  de,  a  tenor  del  artículo  211  de  la  Ley  600  de  2000, enviar  ipso     facto     el  diligenciamiento  a esta Corporación con el propósito de pronunciarse sobre el  recurso  extraordinario  promovido,  equivocadamente  lo  envió  al  reparto de  jueces   penales  municipales  de  esta  capital,  asignándose  al  17  de  esa  especialidad.   

Este  despacho,  con  mayor  desatino, tras  encontrar  el  15  de  septiembre  de  2011  que  las  diligencias  “se  encuentran  falladas en primera instancia, a la espera de la  decisión  respecto  del  recurso  de apelación interpuesto contra la sentencia  proferida”,  las  remitió  para  tal  efecto a los  juzgados   penales   del   circuito   –reparto-9,  correspondiéndole  al  21  Penal  del  Circuito  Adjunto  de  Bogotá,  el cual, el 27 de octubre ulterior,  dictó   una  nueva  sentencia  de  segunda  instancia,  también  de  carácter  condenatorio    en    contra    de   EDWIN   FABIÁN  AGUIRRE10.   

Al  devolver  la  actuación  esta  última  autoridad  al  despacho  de  origen,  en  esta nueva ocasión se percató de que  previamente  la  defensa  había  interpuesto  recurso  de casación, por lo que  requirió,  el  14  de  marzo  de  2012,  información  al  respecto11;    no  obstante   como,   según  lo  atrás  consignado,  este  juzgado  fue  asignado  exclusivamente  a  trámites de Ley 906 de 2004, el proceso fue reasignado al 34  Penal  Municipal,  quien  tras confirmar con esta Corporación que no se habían  remitido  la  actuación  para  pronunciarse  sobre el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  la  defensa,  mediante  auto  del  3 de abril de la  anualidad  en curso, dispuso su envío inmediato a esta Colegiatura “en  razón a que revisadas las diligencias al ser reasignado por  Acuerdo  8074-11,  el  16/06/11  al  Juzgado  21  Penal  del Circuito Adjunto no  continuó  con  el  trámite  de  la  casación,  sino  que  profirió una nueva  sentencia  de  segunda  instancia con fecha octubre de dos mil once (sic),   de   la  que  ya  había  echo  (sic)  pronunciamiento  el  Juzgado   6  Penal  del  Circuito  el  6  de  diciembre  de  2010”12.   

         Aclarada  la  situación,  acomete  la  Sala  el  análisis  de los  presupuestos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de casación presentada por el  defensor   de   EDWIN   FABIÁN  AGUIRRE.   

          Presupuestos de admisibilidad de la demanda:   

         De  conformidad  con  el  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, el  recurso     extraordinario     de     casación     es    viable    “contra  las  sentencias proferidas en  segunda  instancia  por  los Tribunales Superiores de Distrito Judicial y por el  Tribunal  Penal  Militar,  en  los  procesos  que  se  hubieran  adelantado  por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad   cuyo   máximo  exceda  de  ocho  años”  (subraya fuera de texto).   

Al  tenor  del  inciso  tercero de la misma  preceptiva,   cuando  el  fallo  de  segundo  grado  no  es  proferido  por  los  mencionados  Tribunales,  o  si  el  delito  por  el  cual se procede tiene pena  máxima  privativa  de la libertad inferior al quantum  señalado en precedencia o sanción no restrictiva de  la  libertad, se faculta a esta Sala para admitir discrecionalmente las demandas  de  casación  presentadas,  “cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos  fundamentales,  siempre  que reúna los demás requisitos exigidos por  la ley”.   

         Al  amparo  de  lo  estatuido  en  esta  preceptiva de orden legal,  deviene  diáfano  que  el  presente  asunto  sometido  a análisis en punto del  cumplimiento   de   los  presupuestos  previstos  para  su  admisibilidad  sólo  permitía   el   acceso  al  medio  extraordinario  de  casación  por  la  vía  excepcional o discrecional.   

         A  tal  conclusión  se  arriba  porque  si  bien  se cumple con el  presupuesto  referido  a  la  punibilidad exigida para acceder al recurso por la  vía  normal,  no así con el de la autoridad judicial que profiere la decisión  de segunda instancia contra la cual se dirige la impugnación.   

         En cuanto a lo primero, dado que la pena  máxima  contemplada  para  la  modalidad delictiva por la cual se procede, esto  es,  para  el  delito  de hurto calificado agravado sancionado en los artículos  349,  350, numeral 2, y 351, numerales 6, 9 y 10 del Decreto Ley 100 de 1980, es  de  doce  (12)  años  de  prisión,  muy  superior a la exigida legalmente para  acudir  al  recurso  de casación por la vía normal13.   

Respecto de lo segundo, porque la sentencia  de  segunda  instancia  impugnada  fue  proferida  por  un  funcionario judicial  distinto  de  aquellos que permiten acudir a la casación tradicional de acuerdo  con  el  precepto  legal  aludido,  en este caso específicamente por el Juzgado  Sexto Penal del Circuito de Bogotá.   

         

         En  consecuencia,  como  ya  se  dijo,  el  demandante sólo podía  acudir  al  recurso  extraordinario  de  casación  conforme  a  la  posibilidad  dispuesta  por la denominada casación discrecional o excepcional, viable única  y  exclusivamente  a  condición  de que la Sala “lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los derechos fundamentales”.   

Para ello, se ha dicho reiteradamente por la  Sala,  compete  al  demandante  expresar con   claridad  y  precisión  los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte, ya sea (i) para dictar un pronunciamiento con criterio de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial  o para unificar posturas  conceptuales,   en   tanto   resulta   necesario  abordar  un  tópico  aún  no  desarrollado  o respecto del cual existen posiciones antagónicas o, (ii) con el  fin  de  asegurar la garantía de derechos fundamentales, en cuyo caso el censor  tiene   la   obligación  de  demostrar  la  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que protegen el derecho invocado, así como su desconocimiento  en el fallo recurrido.    

También  ha  señalado la Sala que, en ese  objetivo,  no  se  precisan  formulas  especiales  o  sacramentales ni acápites  particulares   o  independientes  en  el  libelo,  bastando  con  su  referencia  descriptiva.    

         Sin  embargo,  ocurre aquí que el demandante simplemente se limita  a  solicitar,  en  su  petición final, se admita la demanda presentada por esta  vía,  pero  se  sustrajo  en  absoluto a sustentar los motivos que franquean su  acceso, eludiendo la carga que le era imperativa.   

Además,  porque  ello  tampoco emana de la  confusa  e  incoherente argumentación expuesta en el único reproche del libelo  formulado,  donde  invoca,  so pretexto de aplicación  del  principio  de  favorabilidad, la causal tercera de casación prevista en el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

En  cuanto  a  esto  último  es  necesario  precisar  que amén de que el libelista no justifica la razón por la cual acude  al  principio  de  favorabilidad,  ello  tampoco  encuentra  asidero porque este  motivo  de  casación  se  corresponde  plenamente con la causal primera, cuerpo  segundo,  del  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, estatuto procesal que rige  este asunto, por violación indirecta de la ley sustancial.   

Ahora   bien,  ampliando  en  torno  a  la  confusión  que  exhibe  el escrito casacional se ha de acotar que en la censura  se  postulan  yerros  de  valoración probatoria contradictorios, al señalar de  manera   concomitante  que  los  medios  de  convicción  fueron  tergiversados,  hipótesis  compatible  con  un  error de hecho por falso juicio de identidad, y  que  se  valoraron  desconociendo  pautas de la sana crítica, lo cual compagina  con  un defecto de la misma naturaleza por falso raciocinio, ambas pretensiones,  agréguese, de forma meramente enunciativa.   

De  otro  lado,  también se advierte que la  equívoca  disertación  del  libelista está encaminada exclusivamente a que se  aprecie  la prueba conforme a su criterio personal, postura no sólo distante de  la  eventual  vulneración  de  garantías  fundamentales  o  de la necesidad de  abordar  la temática para el desarrollo jurisprudencial, motivos que, según lo  anotado,   dan   pié   para  acceder  al  recurso  de  casación  por  la  vía  discrecional,  sino  que tampoco se allana a su naturaleza extraordinaria y, por  lo  mismo,  inconcebible  como  instancia  adicional  del  proceso,  a  más  de  despojada  de  idoneidad  para  derruir el fallo impugnado en virtud de la doble  presunción de acierto y legalidad que le gobiernan.   

Por  lo  expuesto,  surge  inevitable concluir que la demanda presentada por el impugnante se ofrece  inepta  y  hace  inviable  el recurso extraordinario, amén de que, por lo breve  pero  suficientemente  acotado,  tampoco reúne los presupuestos de lógica y de  adecuada argumentación exigidos para su admisión en esta sede.   

         Corolario  de  lo expuesto, de acuerdo con la consecuencia procesal  señalada  en  el  artículo  213  de la Ley 600 de 2000, la Sala inadmitirá la  demanda.   Adicionalmente,  por  no advertir dentro del presente trámite o  en  la  sentencia vulneración de garantías fundamentales remediables a través  del instituto de la casación oficiosa.   

            

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado EDWIN  FABIÁN  AGUIRRE, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  de  la Ley 600 de 2000, contra este proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ    MUÑOZ                     GUSTAVO           ENRIQUE           MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR  OTERO                    JAVIER             ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Cfr.  Constancia secretarial a fol. 165 vto. del c.o. 1.   

2 A partir del folio 293 del c.o. 1.   

3  Mediante   Acuerdo  No.  CSBTA  12-133,  emanado  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,     fol.     310    ibídem.      

4 Como  quiera  que,  conforme  atrás  se  consignó,  la  resolución de acusación de  primera  instancia  cobró ejecutoria el 30 de julio de 2007, sin que se hubiera  interpuesto  recurso  alguno  en  su contra, por lo que la prescripción para la  fase  del  juicio  por  el  delito  por  el  cual se procede de hurto calificado  agravado se verifica el próximo 30 de julio.   

5 Fol.  262 del c.o. 1.   

6 Fol.  277 íd.   

7  A  partir   fol.   280   íd.   

8 Fol.  289 íd.   

9 Fol.  290 íd.   

10  A  partir       fol.       293       íd.   

11  Fol. 305 íd.   

12  Fol.  313  íd.   

13  Penalidades  incrementadas en el actual Código Penal, Ley 599 de 2000, y con la  Ley 1142 de 2007.     

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