41263(09-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 336.  

Bogotá,  D. C., nueve (9) de octubre de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  las  demandas  de  casación  presentadas por los defensores de CLAUDIA    JIMENA    CÁRDENAS   SOTO   y  ROCÍO     SOTO     DE    CÁRDENAS    contra  la sentencia del 15 de febrero de 2013, a través de la cual  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó  el  fallo  proferido  el  17  de  septiembre  de 2012 por el Juzgado Octavo Penal Adjunto del Circuito de la misma  sede,  que  condenó  a  las  procesadas  a las penas principales de 64 meses de  prisión  y  86.66  salarios mínimos legales mensuales de multa, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por   el   mismo   lapso,   como  coautoras  del  delito  de  estafa  agravada.   

HECHOS  

La  situación  fáctica base del proceso se  viene  resumiendo  por  los  falladores  de  instancia  de  la siguiente manera:   

“… entre LUIS ANTONIO PAREJA OTERO, quien  obró  en  nombre  y  representación  legal de la Clínica San Nicolás Ltda. Y  CLAUDIA  JIMENA  CÁRDENAS  SOTO,  quien  actuaba  como  representante  legal de  PHARMAGENES  S.A.,  se celebró el día siete de septiembre de 2007, contrato de  arrendamiento  de  la  clínica  San  Nicolás, señalándose que para lograr la  suscripción  del  contrato  CLAUDIA  JIMENA  CÁRDENAS  SOTO  y  ROCÍO SOTO DE  CÁRDENAS  hicieron  incurrir  en  error  al  representante  legal, al pretender  mostrar  una  solvencia  económica  que  no  tenían  y de esa manera lograr el  arrendamiento del inmueble”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  11  de  noviembre de 2008 el Juzgado  Cuarenta  y  uno  Penal  Municipal  con  funciones  de  control de garantías de  Bogotá  realizó audiencia preliminar, en cuyo desarrollo la Fiscalía formuló  imputación   a   CLAUDIA   JIMENA   CÁRDENAS   SOTO  por el delito de estafa.   

2.  El  5  de  diciembre  siguiente  el ente  investigador    presentó    escrito    de    acusación   contra   CÁRDENAS   SOTO   por   el   punible  en  mención.   

3. En audiencia preliminar realizada el 3 de  abril  de  2009 en el mismo Juzgado Cuarenta y uno Penal Municipal de Bogotá se  declaró  en  contumacia  a ROCÍO SOTO DE CÁRDENAS,  tras lo cual la Fiscalía le formuló imputación por el  delito de estafa.   

4.  El  15  de los mencionados mes y año el  ente   investigador   presentó   escrito   de  acusación  contra  ROCÍO  SOTO  DE  CÁRDENAS por el ilícito  antes aludido.   

5.  En audiencia realizada el 19 de junio de  2009  el  Juzgado  Octavo  Penal del Circuito de esta ciudad, a instancias de la  Fiscalía, ordenó la acumulación de los dos trámites procesales.   

6.  El  4  de  febrero de 2010 el Juzgado de  conocimiento  en  mención  celebró audiencia de formulación de acusación, en  cuyo  desarrollo  se  le  atribuyó  a  las  dos  procesadas el delito de estafa  agravada por la cuantía.   

7. La audiencia preparatoria se llevó a cabo  el  30  de  agosto del precitado año, mientras el juicio oral se celebró entre  el  5 de octubre siguiente y el 17 de noviembre de 2011, a cuyo término el juez  anunció  el sentido del fallo, precisando que sería de carácter condenatorio.   

8.  El fallo anunciado se profirió el 17 de  septiembre  de 2012. Contra el mismo la defensa interpuso recurso de apelación,  por  cuya  vía  el Tribunal Superior de esta ciudad le impartió confirmación.   

9.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda   instancia,  los  defensores  de  las  acusadas  acudieron  al  recurso  extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          Los  impugnantes  formulan dos cargos contra la sentencia de segunda  instancia,  ambos  al  amparo de la causal tercera de casación de la Ley 906 de  2004, esto es, violación indirecta de la ley sustancial.   

          Como   los  fundamentos  de  los  dos  libelos  son  sustancialmente  idénticos, la Sala los resumirá de manera conjunta.   

          PRIMER   CARGO.   Errores   de   hecho   por   falsos   juicios   de  identidad:   

          Denuncian   la  presencia  de  yerros  de  la  enunciada  naturaleza  recaídos  en  varias  pruebas. Así, en primer lugar, refieren el cercenamiento  de  la  comunicación  del  7  de  septiembre  de 2007 suscrita por CLAUDIA   JIMENA  CÁRDENAS  SOTO,  en  su  condición  de  representante legal de PHARMAGENES S.A.  y  por  Luis  Antonio Pareja  Otero,  como  representante  legal  de la Clínica San  Nicolás  S.A., en la cual se da la orden irrevocable a la Compañía Financiera  Internacional  S.A.  para  realizar  pago a nombre de la mencionada clínica por  valor de $144.750.000.   

          Tras   transcribir   el   contenido   integral   de   la  mencionada  comunicación  y  reproducir la valoración dada a la misma por el Tribunal, los  actores  atribuyen  al  juzgador  omitir  aspectos  materiales  de esa prueba, a  saber:  (i)  el carácter irrevocable de la orden y (ii) la circunstancia de que  sólo  podía  revocarse  por  quienes  la  suscribieron.  También, añaden, no  hicieron  mención al aparte en el cual (iii) se señala que dentro de los cinco  días  de  cada  mes  se  efectuará el aludido pago, así como a la afirmación  allí  contenida  en  el  sentido  de que (iv) “dicho  desembolso  se  realizará  con  base en la facturación mensual generada por la  atención   a  los  pacientes  víctimas  de  accidentes de tránsito en el  establecimiento  antes  mencionado y que será cedida a la Compañía Financiera  Internacional       quincenalmente”.     

          Para   los  demandantes,  si  el  fallador  no  cercena  el  aludido  documento  no  hubiera  señalado  que  los  $144.750.000  tan sólo tenían por  objeto   cumplir   con   el  pago  del  primer  mes  de  arrendamiento.  Estiman  trascendente   el  yerro,  pues  de  esa  manera  dejó  de  lado  el  carácter  irrevocable  de  la  instrucción contenida en la comunicación. Adicionalmente,  señalan,  pasó  por  alto  que con las estipulaciones acorde con la cuales los  cánones  se  pagarían  dentro  de los cinco primero días de cada mes y que el  desembolso  se haría con base en la facturación mensual por la atención a los  pacientes  víctimas  de  accidentes  de  tránsito,  se  dejó  sin  efecto  lo  consignado  en  la  cláusula  cuarta  del  contrato,  en  donde el arrendatario  manifestó  tener  un  cupo  rotativo  de  crédito con la compañía Financiera  Internacional  S.A.  en  una  cuantía  suficiente  para  el  pago  del canon de  arrendamiento.   

          Según  los demandantes, fueron los propios contratantes quienes, de  esa  forma,  modificaron  la  garantía  para  el  cumplimiento de los cánones,  luego,  dice, si el ad quem no  cercena  los referidos contenidos materiales de la comunicación en mención, no  habría  llegado  a  la  conclusión acorde con la cual los esposos Pareja-Arico  suscribieron  el contrato en  razón  al  supuesto  engaño de las procesadas. Consideran que la modificación  de   la  cláusula  cuarta  se  corrobora  con  otra  de  las  obligaciones  del  arrendatario  allí pactadas, en concreto, aquella a cuyo amparo el cumplimiento  del  pago de los cánones debía garantizarse con la pignoración de una cartera  equivalente  al  valor  de los bienes objeto del contrato, situación que se vio  reflejada    con    la    orden    irrevocable   contenida   en   el   documento  seccionado.   

          Sobre  la  base,  por  tanto,  de estimar que la modificación de la  cláusula  cuarta se realizó a raíz del conocimiento pleno de los arrendadores  acerca  de  la  inexistencia  del  cupo  rotativo,  insisten  en afirmar que las  acusadas   no   desplegaron  artífico  o  engaño  encaminado  a  inducirlos  o  mantenerlos en error.   

          En  segundo  lugar,  aducen  el cercenamiento de algunos apartes del  contrato  de  arrendamiento  celebrado  entre  CLAUDIA  JIMENA  CÁRDENAS  SOTO y Luis  Antonio    Pareja    Otero     por   valor   de  $1.800.000.000.                           

          En  concreto, asignan al Tribunal inapreciar la cláusula octava del  referido  contrato,  en  la  cual se establece al arrendatario la obligación de  pagar  el  canon de arrendamiento dentro de los primeros cinco días de cada mes  mediante  consignación  que  se  hará en la cuenta corriente dispuesta para el  efecto  por  el  arrendador.  Según  los  libelistas,  la  trascendencia de tal  omisión  radica  en que las condiciones consignadas en dicha cláusula respecto  del  pago  de los cánones “se ven proyectadas en las  estipulaciones  adoptadas  por  los contratantes en la orden irrevocable de pago  dada  a  la  Compañía Financiera Internacional S.A. en la citada comunicación  del 7 de septiembre de 2007”.   

          Tal  situación, para los demandantes, corrobora la modificación de  la  cláusula  cuarta  y  desestima la estructuración de un medio artificioso o  engañoso  encaminado  a  inducir  en  error  a los denunciantes, si se tiene en  cuenta,  además, la inexistencia del cupo rotativo, de lo cual eran conscientes  éstos.   

          En  tercer  término, acusan el cercenamiento del testimonio rendido  por    Héctor    Julio   Gómez   Prada,  prueba que si bien en un principio el ad  quem  anunció no tener en cuenta por pretermitirse en  su  práctica  reglas  legales,  al  final  la  valoró  para despojarla de todo  crédito.   

          Tras  transcribir en extenso el contenido de dicha declaración, los  impugnantes  atribuyen  al  Tribunal no considerar la afirmación del testigo en  el  sentido  de  haber asistido a un reunión celebrada en agosto de 2007, en el  curso  de  la cual fue categórico en manifestar a los aquí denunciantes que la  Financiera  Internacional  S.A.  no  había  otorgado  ningún  cupo de crédito  rotativo   a   ROCÍO  SOTO  DE  CÁRDENAS,  por  cuya  razón  esa  corporación no respaldaba el contrato de  arrendamiento de la Clínica San Nicolás.   

          Considera  trascendente  el  error,  por cuanto con las afirmaciones  pretermitidas  del  testigo se desvirtúan las conclusiones del fallo acorde con  las  cuales  las aseveraciones consignadas en la cláusula cuarta se constituyen  en  el  artificio  para  inducir  y  mantener en error a los denunciantes. Dicha  declaración,  añaden,  permite  también  desestimar  lo  expresado por éstos  cuando  señalaron, de un lado, que el tesorero Héctor  Julio  Gómez  Prada  les  confirmó la existencia del  cupo  rotativo  y,  del otro, que a la mencionada reunión asistió, igualmente,  CLAUDIA     JIMENA    CÁRDENAS    SOTO.   

          Para  los  casacionistas,  precisamente  a raíz de las advertencias  hechas  por  el  testigo a los denunciantes fue que surgió la orden irrevocable  de  pago  del  7  de  septiembre  de  2007,  “a cuyos  efectos  de  igual  forma  se  refiere  el  declarante  cuando  hace alusión al  desembolso  del  quantum  allí  señalado  en favor de la Clínica San Nicolás  S.A.,  teniendo  como  referente  la  entrega  de  unas  facturas de la Clínica  Risaralda  S.A.  por  parte  de la Sra. Rocío Soto de Cárdenas”.    

          En  cuarto  lugar,  asignan al Tribunal cercenar algunos apartes del  testimonio    rendido   por   Juan   José   Jiménez  García.  Como  tales se refieren a la afirmación del  deponente  en  el  sentido  de haber conocido que las garantías presentadas por  las  procesadas  correspondían  a  un contrato de cesión y a unas expectativas  que  tenían  sobre unos pagos, sin aludir nunca al mencionado cupo rotativo, ni  tampoco  a  que  el  mismo  haya sido aceptado por las partes como garantía del  contrato de arrendamiento.   

          Según  los  actores,  de  no  incurrir  en  el mencionado yerro, el  fallador  no  hubiera  tenido  la citada declaración como prueba fundante de la  condena  y,  por el contrario, hubiese desestimado la afirmación de los esposos  Pareja  Arico  sobre el cupo  rotativo  de  crédito  y  el conocimiento del testigo acerca de dicha garantía  como factor determinante para la celebración del contrato.   

         

          En  criterio de los demandantes, el ad quem  tampoco    tuvo    en    cuenta   que   Jiménez  García  se refirió, igualmente,  a  la  reunión  llevada  a  cabo  en  la  Financiera,  a la cual, aun cuando no  asistió,   supo  comparecieron  los  denunciantes  y  la  señora  Soto.  Estiman trascendente esta omisión,  pues  con  ello  se  confirma  que la procesada CLAUDIA  JIMENA   CÁRDENAS   no   estuvo   en   la  reunión,  desvirtuándose  así lo manifestado por los esposos Pareja Arico cuando dijeron  lo  contrario,  lo  cual,  incluso,  se lo comentaron al declarante, afirmación  hecha  con  el  objetivo  de  implicarla  en  la supuesta puesta en marcha de un  artificio o engaño tendiente a inducirlos en error.   

          Además,     añaden,     la     afirmación     de     Jiménez   García   relacionada  con  las  condiciones  de  la garantía con la Financiera que describe como un contrato de  cesión  y  como unas expectativas sobre unos pagos, se ve reflejada en la orden  irrevocable  de  pago  dada el 7 de septiembre de 2007, en la que en últimas se  consagra  entre  las partes contratantes “un contrato  de  cesión  representado  en  la  cesión  quincenal de la facturación mensual  generada  por la atención de los pacientes víctimas de accidentes de tránsito  que  a  su  turno  se constituían en las expectativas sobre los pagos referidos  por el declarante”.   

          Finalmente,   censuran   al   sentenciador   por   cercenar  algunos  contenidos  del  testimonio  rendido por Camilo Alfonso  Briceño   Ordóñez.   Al  respecto,  le  imputa  no  considerar  sus  afirmaciones  referentes,  por  una parte, a que el contrato de  arrendamiento  correspondía  a  tres  años  y,  por la otra, al hecho de tener  conocimiento     que    la    empresa    PHARMAGENES  S.A.  dio  en  garantía real para el cumplimiento del  contrato  una  “póliza  de  un crédito rotativo”  por  una  suma  considerable  de  millones  de  pesos,  respecto  de  lo  cual después refiere como una póliza de cumplimiento con una  financiera y, por último, como una simple póliza.   

          En  concepto  de  los  libelistas,  de no incurrir el Tribunal en el  reseñado  yerro,  no  hubiese  señalado  que Briceño  Ordóñez   era  un  testigo  de  oídas  cuyo  relato  permitía  corroborar los temas relacionados con las garantías y el contrato de  arrendamiento   atinentes   al  cupo  rotativo,  conforme  la  versión  de  los  denunciantes  sino,  por  el  contrario,  habría  concluido que el deponente no  tenía  conocimiento  sobre esos temas, en tanto ni siquiera sabía cuál era el  plazo  estipulado  para  el  contrato, que no fue de tres años sino de un año,  máxime  cuando  no tenía clara la información relacionada con dicha garantía  que  inicialmente  identifica  como  una  “póliza de  crédito”   y   luego   como  una  simple  póliza,  habiéndose  demostrado  en  el  expediente que nunca se expidió póliza alguna  para  garantizar  la  ejecución  del  contrato,  como  lo declaró Juan José Jiménez García.   

          Estiman    que    las    informaciones   erradas   de   Briceño   Ordóñez   dejan  entrever  su  inequívoco  cometido de respaldar a toda costa la versión de los denunciantes,  a  pesar  de  no tener conocimiento de tales temas, cuya actitud estuvo motivada  por  su condición de sentirse afectado con la ejecución del contrato, pues era  propietario  del laboratorio clínico que funcionaba en la Clínica San Nicolás  S.A., aspecto también cercenado por el fallador.   

          En  torno a la trascendencia general de los errores denunciados, los  censores  sostienen  que  con  los restantes elementos probatorios no es posible  soportar  la  condena.  A  este  respecto, destacan cómo, aparte de las pruebas  sobre  las  cuales  recaen  los  yerros,  el juzgador sustentó el fallo con las  declaraciones  de  los esposos Pareja Arico   y   las  de  Élber  Aurelio  González  Valencia,   Sandra   Carolina   Jiménez   Dávila   y  Fernando  Hernández Quijano.  Sin  embargo,  añaden,  las  dos primeras fueron desvirtuadas en lo relacionado  con  su  supuesto  desconocimiento en punto de la inexistencia del cupo rotativo  de  crédito,  mientras  los  restantes testigos en esencia hacen alusión a esa  inexistencia,  en  lo  cual  se  muestran  coincidentes  con  lo manifestado por  Héctor Julio Gómez Prada.   

          Consideran,  de  esa  forma,  que  de  no  incurrir en los referidos  yerros,  el  Tribunal  no  habría  concluido  que  las procesadas cometieron el  delito  de  estafa  agravada, razonamiento con el cual aplicó indebidamente los  artículos  246  y  267.1  del  Código  Penal.  Por  tanto,  solicitan casar la  sentencia impugnada para, en su lugar, dictar fallo absolutorio.   

          SEGUNDO  CARGO.  Errores  de  hecho  por falso juicio de identidad y  falsos raciocinios:   

         

          Empiezan  refiriéndose  al  segundo  de los errores denunciados. Al  efecto,  reprochan al sentenciador de segundo grado desconocer algunas reglas de  la  experiencia  cuando  valoraron  las  declaraciones rendidas por Luis  Antonio  Pareja  Otero y Carmen Olga Arico Pineda.   

          Para  sustentarlos  transcriben  en  extenso  el  contenido  de  las  citadas  declaraciones,  así  como  el  mérito  asignado por el Tribunal a las  mismas,  tras  lo  cual  predican  la  violación  de la regla de la experiencia  según  la  cual “los cupos rotativos de créditos en  modo  alguno  se  erigen en garantía de una obligación específica como lo era  la   cancelación   de   los   cánones   de   arrendamiento  mensual  de  dicho  establecimiento”.   

          Según  los  libelistas,  cualquier  persona  vinculada  al  sistema  financiero  y  al  mundo  de  los  negocios  tiene  perfectamente  claro que esa  categoría  de  cupos  rotativos  no  revisten  el  carácter  de  garantía  en  relación   con   obligaciones   específicas,  máxime  cuando  ante  cualquier  incumplimiento del beneficiado el cupo se cierra o se cancela.   

         Consideran  que el fallador desconoció otra regla de la experiencia  cuando  tuvieron como idónea la afirmación efectuada por las procesadas acerca  de  la existencia del cupo rotativo, pues, insisten, cualquier persona vinculada  al  sistema  financiero  y  al  mundo de los negocios e, incluso, como ocurre en  este  caso, a la actividad prestadora de servicios de salud, tiene claro que esa  sola  manifestación  no  se  constituye  en  garantía  para el cumplimiento de  obligaciones  surgidas  de  un contrato de arrendamiento, como tampoco lo era la  simple  afirmación  verbal  del  tesorero de la Financiera. A lo sumo, añaden,  “podría  haber  representado  alguna concreción al  respecto…  una  manifestación  por  escrito  por  parte  del  Gerente  de esa  compañía  de  financiamiento” o de su representante  legal  “que  implicara alguna vinculación jurídica  de la entidad en relación con el negocio jurídico planteado”.   

         Son  del criterio que de no incurrir en dichos falsos raciocinios el  juzgador  no  hubiera podido catalogar como medio idóneo de artificio o engaño  a  la  aludida  referencia al cupo rotativo del crédito para inducir en error a  los  denunciantes,  y  menos  aún  a  las  expresiones relativas a elaborar una  apariencia  de  solvencia  económica,  conclusión  a  la  cual,  expresan  los  casacionistas,  tampoco  habrían  llegado  si  no  infringen  otra  regla de la  experiencia,  es  decir,  aquella  según la cual cualquier persona vinculada al  sistema  financiero  y  a  las actividades comerciales tiene perfectamente claro  que  para  verificar la capacidad económica de la persona con quien se pretende  celebrar  un negocio jurídico, lo primero que hace es acudir a las centrales de  riesgo,  máxime  cuando  los  denunciantes  manifestaron haber verificado dicha  condición financiera.   

         En  ese  sentido,  estiman  que  de  no incurrir en tales errores de  valoración,     el     ad     quem    tampoco    hubiese    afirmado    que   los   esposos   Pareja  Arico  no  omitieron  acudir a los  mecanismos   de  auto-tutela,  sino  que  habrían  arribado  a  la  conclusión  contraria,  en  tanto  éstos  ni  acudieron  a  las  centrales  de  riesgo,  ni  solicitaron,  como  les  correspondía, una respuesta por escrito del gerente de  la  Financiera  o  de su representante legal que indicara un compromiso concreto  de parte de esa entidad sobre el cumplimiento del contrato.   

         A  su  turno, cuestionan al Tribunal por incurrir en falso juicio de  identidad  en  la  apreciación  de  los  testimonios  rendidos por Fernando  Hernández Quijano y Sandra     Carolina    Jiménez.    Para  sustentarlo,   igualmente,   transcriben   en   extenso   lo  afirmado  por  los  declarantes,   así   como   el   análisis   efectuado   por   el  ad quem a esas pruebas.   

         

         Luego,   en   lo   relativo  a  Hernández  Quijano,  reprochan al juzgador seccionar lo dicho por  él  en  torno a las explicaciones de orden financiero dadas en su condición de  presidente  de  la  Compañía  Financiera  Internacional  S.A.  En concreto, le  atribuyen  no  valorar  la  afirmación  del  testigo  según la cual de haberse  gestionado  un  crédito  por  el  valor  del cupo rotativo ($8.500.000.000), el  mismo  se  reportaría  como  ilegal,  pues la compañía no podía prestar más  allá  del  10%  de su patrimonio técnico con la garantía de la sola firma del  cliente  ni  más  allá del 25% con garantía real, patrimonio que para el año  de  2007  era  cercano  a  $29.000.000.000,  de manera que sin garantía real el  crédito  no  había  podido  exceder  de  $3.000.000.000,  mientras con ella no  habría podido llegar a los $7.000.000.000.   

         Para  los  actores,  el  yerro  es  trascendente, pues de estimar el  fallador  esas  circunstancias de índole financiero, no habría podido concluir  que  los  denunciantes  no  omitieron  acudir  a  los  mecanismos de auto-tutela  exigibles,   pues  a  éstos  necesariamente  les  correspondía  verificar  esa  información ante los respectivos funcionarios de la compañía.   

         Frente     a    la    declaración    rendida    por    Sandra   Carolina  Jiménez,  le  censuran  cercenar  lo afirmado por la aludida en su condición de gerente jurídica de la  Financiera  Internacional,  en el sentido de que el cupo rotativo solicitado por  las  aquí  procesadas  les  fue  negado por registrar en su contra “malos  reportes”  en las centrales de  riesgo.  Esa información, en concepto de los impugnantes, debió ser constatada  por    los    esposos   Pareja   Arico   en   atención   a   la   exigencia   de  auto-tutela  que  les  era  exigible.   

         En   ese   sentido,   estiman   que   de  no  incurrir  en  el mencionado yerro, el sentenciador no habría podido concluir  que  los  denunciantes  no omitieron acudir a los mecanismos de auto-tutela exigibles, razón por la cual no  hubiese  predicado  la  estructuración  del delito de estafa.    

         Según  los  actores,  los  yerros  de raciocinio y de identidad son  trascendentes,  por  cuanto  con  los  restantes  elementos de prueba no resulta  factible  predicar  la  demostración  del  medio  engañoso  o artificioso cuyo  despliegue  se  ha  atribuido  a  las  acusadas.  Adicionalmente,  añade, tales  errores  conducen  a  acreditar  la violación indirecta de los artículos 246 y  267 del Código Penal.   

         Sobre  lo  último  anotado, con cita de jurisprudencia de la Corte,  insisten  en  que  el Tribunal, al incurrir en los denunciados errores de hecho,  no  se  percataron  de  la  realidad  probatoria,  es  decir,  que  la actividad  desplegada  por  las  procesadas  no  era  idónea  para  inducir en error a los  denunciantes,  quienes  manifestaron  que en su vida profesional se han dedicado  al  negocio  de  la  Clínica  San  Nicolás,  circunstancia por la cual les era  exigible   la   puesta   en   marcha   de   los  mecanismos  de  auto-tutela  en  mención.   

            De  esa  manera,  solicitan  casar  la sentencia para, en su  lugar, absolver a las acusadas.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

El  estatuto  procesal  penal  expedido mediante la Ley 906 de 2004,  conforme  ocurre  con  el  previsto  en  la  Ley  600  de  2000,  también  exige,  como condición para la  admisión   de  la  demanda  de  casación,  la  satisfacción  de  exigencias   de   lógica   y  adecuada  argumentación,  cuyo  fin  es  permitirle  a  la Corte, a partir de la     coherencia     y    precisión  conceptual   del  libelo,  establecer sin dificultad cuál es el error atribuido  al    sentenciador,    causante   de   la   violación   de   la  Constitución   o   la  ley  o  la  afectación  de  las  garantías  fundamentales de las partes.   

Esos   presupuestos   de  sustentación,  acorde  con  lo establecido  en  los  artículos  183  y  184, inciso segundo de la  precitada  Ley 906 de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal  invocada     y     al     adecuado    desarrollo  de  los  cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

Además,  en  la  estructuración  de  las  censuras  al  demandante  le  es  imperioso respetar el principio de corrección  material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos y contenido del ataque  deben   corresponder   en   un   todo   con   la  realidad  procesal1.   

         En  el  caso  objeto de examen, advierte la Sala que los demandantes  no cumplen dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

        En  efecto,  en  el  primer cargo            denuncian  la  incursión   en   error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad frente a la valoración de algunas  de las pruebas incorporadas a la  actuación.   

         Como  lo tiene dicho la jurisprudencia de la Sala, el referido yerro  se  configura  cuando  el  fallador,  al  apreciar  la  prueba,  distorsiona  su  contenido  fáctico  para  hacerle  decir  lo  que ella no expresa, en cuanto la  cercena, adiciona o translitera.   

Su adecuada sustentación le exige al censor  identificar  el medio sobre el cual recayó el dislate, realizar un cotejo entre  su  contenido  y aquel que le atribuye el fallador, precisando los apartes donde  se   presenta   la   distorsión   y   luego   acreditar  la  trascendencia  del  yerro.   

El  actor, empero, no satisface la referida  carga  de  sustentación, pues aun cuando menciona los elementos de prueba, así  como  los  pasajes  que, en su sentir, el juzgador cercenó de las mismas, es lo  cierto  que  la  postulación  o  no  se  corresponde con los fundamentos de los  fallos  de  instancia,  pues en ellos sí se apreciaron tales apartes, o adolece  de la adecuada sustentación de la trascendencia del yerro.   

         Según   el  actor,  el  Tribunal  cercenó,  en  primer  lugar,  la  comunicación   del   7   de   septiembre  de  2007  suscrita  por  CLAUDIA   JIMENA  CÁRDENAS  SOTO,  en  su  condición  de  representante legal de PHARMAGENES S.A.  y  por  Luis  Antonio Pareja  Otero,  como  representante  legal  de la Clínica San  Nicolás  S.A., en la cual se da la orden irrevocable a la Compañía Financiera  Internacional  S.A.  para  realizar  pago a nombre de la mencionada clínica por  valor de $144.750.000.   

Al   respecto  le  atribuyen  no  valorar  contenidos  materiales de la prueba, a saber: (i) el carácter irrevocable de la  orden,  (ii)  la  circunstancia  de  que  sólo  podía revocarse por quienes la  suscribieron,  (iii)  la estipulación acorde con la cual el pago se efectuaría  dentro  de  los  cinco  (5)  primeros  días  de  cada mes y (iv) la afirmación  consistente  en que el desembolso se haría “con base  en  la  facturación mensual generada por la atención a los pacientes víctimas  de  accidentes  de  tránsito en el establecimiento antes mencionado y que será  cedida  a  la Compañía Financiera Internacional quincenalmente”.     

         Sin  embargo,  el  aparte  del  fallo  en  el cual los casacionistas  asignan  la  distorsión  es,  precisamente, el que revela lo contrario, como se  aprecia a continuación:   

         “La  instrucción  del giro entregada por PHARMAGENES S.A. a favor  de  la Clínica San Nicolás por una suma cercana a $144.750.000 a la Financiera  Internacional  el  7  de  septiembre  de 2007 no constituye ninguna novación al  contrato  de  arrendamiento  como se sostiene en las censuras hechas al fallo de  primer  grado,  simplemente  la  operación ejecutada se dio para cumplir con el  pago  al  primer  mes de arrendamiento en la misma fecha en que se suscribió el  contrato  y  que  solo  correspondía a una operación que la entidad crediticia  autorizó  por  $200.000.000, la que no tenía nada que ver con el supuesto cupo  rotativo  que  la arrendataria declaró ser beneficiaria en la cláusula 4ª del  convenio”2.   

         Como  se  observa,  no  es  que  el ad quem  hubiese  dejado  de  apreciar los fragmentos referidos  por  los  demandantes.  Por  el contrario, los sometió a valoración, sólo que  los  desestimó  al  considerarlos  inexactos.  Así, por lo demás, lo señaló  expresamente al afirmar:   

         “El    contrato    registra    afirmaciones    que    no  corresponden  a  la  verdad  como  por ejemplo la entrega de la  instrucción  para el pago del canon de arrendamiento o  también  lo  relativo  al crédito rotativo con la Financiera Internacional que  no                   existía…”3.   

         Es  de advertir que el Tribunal arribó a dicha conclusión, si bien  sin  decirlo  expresamente,  con  fundamento  en  la comunicación remitida a la  actuación  el  4  de  marzo de 2008 por el representante legal de la Financiera  Internacional S.A., en cuanto informó lo siguiente:   

         “Con   respecto   a  Pharmagenes  S.A.,  sociedad  domiciliada  en  Cali…,   le  informo  que  con  esta  sociedad  se  adelantó  una  única  operación de tesorería por la suma de $144.750.000.oo,  de  un  monto total aprobado de $200.000.000.oo. Aunque  la  mencionada  sociedad  tramitó  la  apertura  de una operación por un monto  mayor,  esta  fue  negada  y  así  se  les  informó  desde  el mes de julio de  2007”4    (subrayas   por   fuera   del   texto  original).     

         

         Los   censores,  en  segundo  término,  reprochan  al  sentenciador  cercenar  la cláusula octava del contrato de arrendamiento, en  la cual se  establece  al  arrendatario  la  obligación  de pagar el canon de arrendamiento  dentro  de  los  primeros cinco (5) días de cada mes mediante consignación que  se  hará  en  la  cuenta  corriente dispuesta para el efecto por el arrendador.   

         Si  bien  en  el  fallo  no  hay  una mención expresa a la referida  cláusula,  es  lo cierto que su no apreciación no afecta en nada los cimientos  de  la  condena,  pues  ésta  se  sustenta  en la utilización por parte de las  procesadas  de  medios engañosos para obtener la entrega del inmueble a título  de  arrendamiento,  sin  contar  con  la  capacidad de pago para cumplir con los  respectivos cánones.   

         Los  libelistas  sostienen que la trascendencia de dicha omisión se  correlaciona  con  “las estipulaciones adoptadas por  los  contratantes  en  la  orden  irrevocable  de  pago  dada  a  la  Compañía  Financiera  Internacional S.A. en la citada comunicación del 7 de septiembre de  2007”.  Sin  embargo,  ya  se dijo cómo el Tribunal  desestimó esas estipulaciones al considerarlas inexactas.   

         Los  impugnantes,  en tercer lugar, predican el cercenamiento de los  testimonios   rendidos   por   Héctor  Julio  Gómez  Prada,  Juan  José Jiménez  García   y  Camilo  Alfonso  Briceño  Ordóñez.  Frente al primero, según dicen,  no   se   apreció  la  afirmación  consistente  en  haber  manifestado  a  los  denunciantes,  en  una  reunión  celebrada en agosto de 2007, que la Financiera  Internacional  S.A.  no  había  otorgado  ningún  cupo  de crédito rotativo a  ROCÍO SOTO DE CÁRDENAS, por  cuya  razón  esa  corporación no respaldaba el contrato de arrendamiento de la  Clínica San Nicolás.   

Respecto   del   segundo,  cuestionan  al  sentenciador  por  no  valorar  las  aseveraciones  del deponente acorde con las  cuales,   de   una   parte,   las  garantías  presentadas  por  las  procesadas  correspondían  a un contrato de cesión y a unas expectativas que tenían sobre  unos  pagos,  sin  aludir nunca al mencionado cupo rotativo, ni tampoco a que el  mismo  haya  sido  aceptado  por  las  partes  como  garantía  del  contrato de  arrendamiento;  y  de  la otra, a la reunión llevada a cabo en la Financiera, a  la  cual  si  bien no asistió, supo comparecieron los denunciantes y la señora  Soto,  mas  no  la procesada  CLAUDIA JIMENA CÁRDENAS.   

Y  en relación con el testigo Briceño  Ordóñez,  censuran al Tribunal  por  no  considerar  las  inconsistencias  del  declarante  relativas  al  plazo  estipulado  para  el  contrato  y  a la clase de garantía que se pactó para su  cumplimiento.   

Sobre  el particular, es necesario recordar  aquí  la  jurisprudencia  de la Corte acorde con la cual no se incurre en falso  juicio  de  identidad  cuando  a  pesar  de  no apreciarse expresamente alguno o  algunos  apartes  de las pruebas, el sentenciador asume el análisis del aspecto  o  aspectos  cuya  omisión  se  aduce, dándoles el mérito suasorio que estima  pertinente5.   

Pues  bien,  aun  cuando  el  Tribunal,  al  ponderar  las  pruebas  incorporadas a la actuación, no hizo mención expresa a  particulares  fragmentos  de  algunas  de  ellas,  sometió  a  valoración  los  aspectos  a  los  cuales  se  refieren  esos  apartes,  y  como resultado de ese  análisis  otorgó credibilidad al dicho de los denunciantes, consistente en que  el  señor  Héctor  Julio  Gómez  Prada,  antes de celebrarse el contrato de arrendamiento, les ratificó la  existencia  del  cupo  de  crédito. Al respecto, el ad  quem reflexionó de la siguiente manera:   

“Carmen  Olga Arico y Luis Antonio Pareja  Otero  sostienen  que  Claudia Jimena Cárdenas y Rocío Soto de Cárdenas antes  del  17  de agosto de 2007 en horas de la tarde los presentaron en la Financiera  Internacional  ante  Héctor  Gómez,  quien  los  atendió  en  su  oficina  de  tesorero,   manifestándoles   éste  que  tenían  negocio  con  aquéllos  por  diferentes   conceptos  (recobros  a  Fosyga,  otras  entidades  aseguradoras  y  vivienda),  ratificando  que  tenían estructurado un  crédito  rotativo  por  valor  de  $8.500.000.000  y  que soportaba el pago del  arrendamiento  que  se giraría los primeros cinco días de cada mes.  En  estas  condiciones  para  esa  fecha el contrato no se había  suscrito”6 (subraya la Corte).   

Al  otorgar  crédito a lo referido por los  esposos  Pareja  Arico,  por  tanto,  el sentenciador desestimó tácitamente lo expresado al respecto por los  testigos   Gómez  Prada  y  Juan  José  Gómez  Prada y,  consecuencialmente,   juzgó  irrelevantes  las  imprecisiones  de  Camilo  Alfonso Briceño Ordóñez sobre el  punto.    

         En  esas  condiciones,  advierte  la  Sala que a lo largo del primer  cargo  los  actores  no  hacen sino cuestionar la apreciación efectuada por los  falladores  a las pruebas, equivocando así la vía adecuada para estructurar el  ataque,  pues  ese  tipo de reparos deben orientarse por el sendero del error de  hecho  por  falso  raciocinio,  por supuesto, demostrando la vulneración de los  principios  de  la  sana  crítica, integrados por las reglas de la experiencia,  los postulados lógicos y las leyes de la ciencia.   

Los  libelistas  no  proceden de esa manera  sino  que  se  limitan,  en  realidad,  a  postular su propio enfoque acerca del  mérito  suasorio  arrojado  por  los  medios  de convicción, el cual oponen al  criterio  expuesto por los falladores, pretendiendo de la Corte prefiera el suyo  y  desestime  el  de  la  judicatura.  Olvidan  que  ese  tipo  de discrepancias  probatorias  no  son  admisibles en sede de casación, dada la doble presunción  de    acierto    y    legalidad    de   que   está   revestida   la   sentencia  impugnada.   

         En    el   segundo   cargo   acusan  al  Tribunal  de  incurrir  en  falsos  raciocinios y falsos  juicios de identidad.   

        Los  falsos raciocinios los derivan de la  violación   de   tres   reglas   de   la  experiencia,  esto  es:  (i)   “los  cupos  rotativos  de  créditos  en  modo  alguno  se erigen en garantía de una  obligación  específica  como  lo  era  la  cancelación  de  los  cánones  de  arrendamiento  mensual  de  dicho  establecimiento”;  (ii)  la sola manifestación acerca de la existencia de  un  cupo  rotativo  no  se  constituye  en  garantía  para  el  cumplimiento de  obligaciones  surgidas  de  un  contrato de arrendamiento, como tampoco lo es la  simple  afirmación  verbal  del  tesorero  de la respectiva Financiera, y (iii)  para  verificar  la  capacidad  económica  de  la persona con quien se pretende  celebrar  un negocio jurídico, lo primero que hace es acudir a las centrales de  riesgo.   

         En  la  confección de las dos primeras hipótesis catalogadas en la  demanda  como  reglas  de  la  experiencia  los  actores,  empero, parten de una  premisa  equivocada,  y  es considerar que en el fallo se dio por demostrado que  el  cupo  rotativo  de  crédito  constituyó  una garantía específica para el  cumplimiento  de  los  cánones  de arrendamiento, de modo que de presentarse el  siniestro  (el  incumplimiento)  el pago lo asumiría la Financiera a través de  tal  cupo.  En  realidad,  el Tribunal tomó la manifestación del arrendatario,  avalada  por  el tesorero de la Financiera, en el sentido de poseer esa clase de  operación   crediticia,  como  una  maniobra  engañosa  dirigida  a  acreditar  capacidad  de  pago  y así  obtener  la suscripción del contrato de arrendamiento y la consiguiente entrega  del  inmueble  objeto  del  mismo.  Así  se  deduce  del siguiente aparte de la  sentencia:   

         “…   las   procesadas   crearon  la  escena  para  fomentar  las  condiciones  que facilitaran obtener el convencimiento que se requería sobre la  capacidad  económica  para  hacerse  al  contrato  de arrendamiento y para ello  llevaron  direccionadamente a aquéllos ante el funcionario de la Financiera que  a    ellas    les    convenía    para   que   confirmara   la   operación   de  crédito”7.   

         Ahora  bien,  en  cuanto  a  la  tercera hipótesis esbozada por los  casacionistas,  se  tiene  que,  como  lo ha dicho la  jurisprudencia  de  la  Sala,  las  reglas  de la experiencia son todas aquellas  “generalizaciones   que  se  hacen  a  partir  del  cumplimiento     establece     e     histórico     de     ciertas     conductas  similares”8,   de   modo   que   para  que  ofrezca  fiabilidad  una  premisa elaborada a partir de un dato o regla de la experiencia  ha  de  ser  expuesta,  a modo de operador lógico, así: siempre o casi siempre  que   se  da  A,  entonces  sucede B9.   

         En  el  caso  materia de análisis, no resulta apropiado afirmar que  esa  pretensión  de  universalidad  se  concrete  en la regla expresada por los  censores,  pues  no aparece verificado que siempre o casi siempre quien pretende  celebrar  un  negocio  jurídico  con  otro  verifica la capacidad económica de  éste   a   través   de  las  centrales  de  riesgo.  La  experiencia  enseña,  contrariamente,  que  en muchas ocasiones esa capacidad se acredita a través de  otras  fuentes, como por ejemplo, demostrándose ostentar la propiedad de varios  inmuebles  o,  como  ocurrió  en  este  evento,  verificando  la  existencia de  operaciones  crediticias,  que  los  arrendadores  corroboraron  a  través  del  tesorero  de  la entidad financiera con la cual los arrendatarios adujeron tener  el cupo rotativo.   

         Como  queda  visto,  los  falsos  raciocinios  denunciados  por  los  actores carecen de una adecuada sustentación.   

A su turno, los falsos juicios de identidad  los    hacen    recaer    en   los   testimonios   rendidos   por   Fernando  Hernández Quijano y Sandra  Carolina Jiménez. En relación con  el  primero,  los  libelistas  atribuyen  al  ad  quem  cercenarle  el  aparte  donde  el  declarante refirió  acerca  de  la  ilegalidad  del  cupo  rotativo  de haberse gestionado el mismo,  atendida  su  cuantía.  Y  respecto  del segundo,  le reprochan mutarle la  afirmación  consistente  en  que  el  cupo  rotativo  solicitado  por las aquí  procesadas   les   fue   negado   por   registrar   en  su  contra  “malos  reportes”  en las centrales de  riesgo.   

         En   el   desarrollo   del  cargo  los  censores,  sin  embargo,  no  sustentaron  debidamente la trascendencia de los yerros. Se limitaron a señalar  que  los  denunciantes  tenían  la obligación de verificar tanto la condición  patrimonial  de la entidad financiera como los “malos  reportes”  registrados  por  las  procesadas  en las  centrales de riesgo, sin explicar de dónde surge esa obligación.   

El ataque, así visto, se quedó en la mera  postulación  de  la  personal  visión de los impugnantes acerca del alcance de  las  pruebas,  que  enfrentan al criterio apreciativo del Tribunal, a cuyo tenor  el  deber de auto-tutela que tenían los ofendidos se satisfizo cuando acudieron  al  tesorero  de  la  Financiera  Internacional  S.A.,  quien  les corroboró la  existencia  del  cupo  rotativo  de  crédito,  con lo cual aquéllos dieron por  acreditada   la   capacidad   económica   de  las  acusadas  para  cumplir  las  obligaciones  propias  del  contrato.  La  postura  oficial,  como  ya  se dijo,  prevalece  sobre la del casacionista, salvo la acreditación de yerros evidentes  a  través de las exigencias de sustentación anejas a esta sede extraordinaria,  situación que no se concretó en este caso.   

Atendidas,   por   tanto,  las  falencias  advertidas  en  los  dos  cargos  formulados,  la  Sala inadmitirá las demandas  objeto  de  examen,  considerando  además  la  no concurrencia de circunstancia  vulneradora  de  garantías  fundamentales  que  imponga superar los desaciertos  técnicos para decidir de fondo.   

Se  precisará,  finalmente,  que contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada         de         la         Sala10.   

                     

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR        las  demandas  de  casación   interpuestas   por   los   defensores   de  CLAUDIA    JIMENA    CÁRDENAS   SOTO   y  ROCÍO      SOTO      DE     CÁRDENAS.   

        De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley 906 de  2004 y en los términos  referidos    en   el   acápite   final   de   esta   determinación,    contra   la   misma   procede    la   insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                        MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                

              IMPEDIDO   

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ             LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr. Auto del 2 de mayo de 2012, radicación 26846.   

2  Página 26 del fallo de segundo grado.   

3  Página ídem.   

4 Folio  |25 carpeta No. 2.   

5 Cfr.  Sentencias  del   3 y 24 de octubre de 2002, radicaciones 15927 y 15298. En  el  mismo  sentido  auto  del  30  de  mayo  de  2007,  radicación 27174,   sentencia  del 1º de noviembre de 2007, radicación 25236 y sentencia del 21 de  julio de 2009, radicación 32099.   

6  Páginas 27 y 28 del fallo de segunda instancia.   

7  Página 21 ídem.   

8  Sentencia del 19 de noviembre de 2003, radicación 18787.   

9  Sentencia del 21 de noviembre de 2002, radicación 16472.   

10  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

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