40937(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 419  

Bogotá  D.C.,  diciembre once (11) de dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Conforme  a los lineamientos definidos en el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, emprende la Sala la constatación de las  exigencias  de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente en la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   LUIS  ENRIQUE PIRAGAUTA RODRÍGUEZ, contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá  el  7  de  diciembre  de  2012,  confirmatoria de la dictada por el Juzgado Doce  Penal  del  Circuito  de Conocimiento de la misma ciudad el 25 de julio del año  citado,  a  través de la cual lo condenó como autor penalmente responsable del  delito  de tentativa de homicidio en Jefferson Andrés  Arias Parra.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio   fueron   adecuadamente  sintetizados  por  el  Tribunal  en  los  siguientes términos:   

“El 6 de febrero  de  2010  a  las  11:30 de la noche en el establecimiento de comercio denominado  ‘Tablitas’,  ubicado en el barrio El Triunfo de  Bogotá,  LUIS  ENRIQUE  PIRAGAUTA RODRÍGUEZ lesionó con un arma cortopunzante  en  el  tórax y en la parte alta de la espalda a JEFFERSON ANDRÉS ARIAS PARRA,  heridas  que  de  no  haber  recibido  asistencia  médica  oportuna le hubiesen  causado la muerte”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencia  realizada el 19 de octubre de  2011  ante el Juzgado Cuarenta y Seis Penal Municipal con función de control de  garantías  de  Bogotá  se  impartió  legalidad  a  la captura de PIRAGAUTA  RODRÍGUEZ,  oportunidad en la  cual  la  Fiscalía  le imputó la comisión del delito de homicidio en grado de  tentativa, a la que se allanó.   

En  la  misma  diligencia,  el ente acusador  solicitó  la  imposición  de  medida de aseguramiento de detención preventiva  intramural, pero el juez se abstuvo de acceder a ello.   

          Presentado  el  escrito  de  acusación  junto con el allanamiento a  cargos,  el  asunto  fue  repartido  al  Juzgado  Doce  Penal  del  Circuito con  funciones  de  conocimiento  de  Bogotá,  despacho  que  el 25 de julio de 2012  profirió  fallo,  por  cuyo  medio  condenó  a  LUIS  ENRIQUE  PIRAGAUTA  a la pena principal de cincuenta y  cinco  (55)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso, como autor  penalmente responsable del delito objeto de acusación.   

          En  la misma providencia le fue negada la suspensión condicional de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

          Impugnado  el fallo por el defensor, el Tribunal Superior de Bogotá  lo  confirmó mediante proveído del 7 de diciembre de 2012, decisión contra la  cual  el  mismo  sujeto procesal interpuso recurso extraordinario de casación y  posteriormente  allegó  el  respectivo libelo, cuya admisibilidad se examina en  este auto.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de la causal segunda se casación  establecida  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurrente advera que  se  violó  el  derecho  a  la defensa de su procurado, pues se dio validez a la  aceptación   de   cargos  que  tuvo  lugar  en  la  audiencia  de  imputación,  “sin  tener  en  cuenta que la misma se hizo por el  ilegal  asesoramiento  de  quien  fungió  como  defensor  de confianza para esa  diligencia”.   

          Resalta    que   el   referido   profesional   fue   “ofrecido  como  Defensa  de  parte  del papá del mismo denunciante  (…)  por  lo  que PIRAGAUTA RODRÍGUEZ en principio declinó tal ofrecimiento,  acudiendo  a  la  Defensoría  Pública, la cual le asignó uno de sus Abogados,  pero  en  razón  a  (sic) la  insistencia  de los familiares del denunciante (familiares también de PIRAGAUTA  RODRÍGUEZ)  su  incapacidad económica y las amenazas de toda índole de que si  no  aceptaba  esa defensa y además aceptaba cargos saldría condenado a más de  20  años,  tuvo  que  seguir  los derroteros que le señaló el profesional del  derecho,  pues  siendo  una  persona  de extracto (sic)  humilde        y        bajo       –      albañil      –  sin  ninguna  clase  de educación,  pero  también  sin  ninguna  clase  de antecedentes y sin entender lo que se le  señalaba  en  la  audiencia,  pero  repitiendo  lo que previamente se le había  indicado  hizo  que  forjara  en  su contra una condena, sin defensa alguna para  explicar  los  pormenores  de  los hechos, porque (sic)  sucedieron,  los motivos determinantes y las causales  para  demostrar  ausencia de responsabilidad o por lo menos de justificación de  su actuar”.   

Para  concluir  aduce  que  en  el  fallo de  segundo  grado  se dijo que se negaba la “detención  domiciliaria  del  condenado  argumentando  el no cumplimiento de los requisitos  objetivo  y  subjetivo  del  art. 38 del C.P., cuando la pena impuesta no supera  los  5  años  y  PIRAGAUTA RODRÍGUEZ no tiene antecedentes de ninguna índole,  con       familia      constituida      y      arraigo      familiar”.   

          Con  base en lo expuesto, el defensor solicita a la Sala declarar la  nulidad  de  toda  la actuación por vulneración del derecho a la defensa de su  asistido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  dicho la Corporación que conforme al  estatuto  procesal  de  2004 corresponde al recurrente en casación demostrar el  quebranto  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo cual exige contar con  interés   para   impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación  del  recurso  y  demostrar la necesidad del fallo casacional para  cumplir  alguno de los fines establecidos por el legislador en su artículo 180,  esto  es,  la  efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  adjetiva.   

         En  el  examen  de  los  requisitos  de  admisibilidad      de      las     demandas     de  casación,  es  deber  de  la  Sala  constatar  en la  formulación  y  desarrollo  de las censuras el acatamiento de las exigencias de  lógica  y  pertinente  demostración definidas por el legislador y explicadas por la jurisprudencia, con el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este  recurso  extraordinario  en  una  instancia  adicional a las  ordinarias.      Tales      exigencias  se  orientan  a  conseguir el desarrollo de los libelos dentro de  unos  mínimos  lógicos  y  de coherencia en la postulación y demostración de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y  claros,  pues  no  corresponde  a la Corte  en su función reglada de orden constitucional y legal, develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

          En  cuanto  se  refiere al reproche formulado, advierte la Corte que  al  pretender  al  actor  la nulidad del diligenciamiento, era su deber señalar  claramente   la   especie   de   incorrección   sustantiva   que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos y las normas que estima conculcadas,  con  la  indicación  de los motivos de su quebranto. También era de su resorte  especificar  el  límite de la actuación a partir del cual se produjo el vicio,  así  como  la  cobertura  de  la nulidad, demostrar que procesalmente no existe  manera  diversa  de  restaurar  el  derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo incidencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  dado  que  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto.   

Dicho  lo anterior, puede constatarse que el  defensor  incurre  en  varias faltas a la técnica casacional, pues no procede a  explicar  la  forma  en que se produjo la violación al derecho de defensa de su  procurado,  dado  que,  en  virtud  del  principio  de trascendencia que rige la  declaratoria  de  nulidad  del  proceso,  es preciso acreditar la producción de  unos  resultados  adversos  y  lesivos a los intereses y derechos del sindicado,  pues  de  lo contrario, el vicio carece de trascendencia e imposibilita declarar  la pretendida invalidez.   

En efecto, aunque el casacionista plantea la  violación  del  derecho a la defensa técnica de LUIS  ENRIQUE  PIRAGAUTA  RODRÍGUEZ  en  la  diligencia  de  formulación  de  imputación,  en  la  cual  aceptó  el cargo endilgado por la  Fiscalía,  no atina a señalar de qué manera concreta ello se vio reflejado en  el fallo.   

Sobre   el   particular   ha   dicho   la  Sala:   

“Suficientemente  tiene        decantado        la        Corte1,     que     la  prosperidad  del  cargo  que  remite  a  la ausencia de defensa  técnica  o  su  abandono,  demanda  demostrar  efectivamente  causado  un daño  trascendente,   de   tanta   singularidad  él,  que  necesariamente  incidió  en  el  fallo,  a  la  manera  de  entender,  por vía  contraria,  que  de  haber  contado  con  un  profesional del derecho ejerciendo  eficientemente  su  labor  en  ese  preciso momento procesal, el resultado final  hubiese  sido  otro, dígase la absolución, o cuando menos una atemperación de  la responsabilidad penal”.   

“Al  efecto, la  Corte  ha  establecido  de antaño, pacíficamente, que únicamente en los casos  en  los  cuales  el  abandono  defensivo  operó  durante una etapa completa del  proceso,  dígase  la  instrucción  o  el  juicio,  se determina automática la  nulidad,  dado  que una tan profunda carencia representa clara violación de las  mínimas   garantías   procesales   y   ostensible  quebrantamiento    de       la      estructura      misma    de   la   

actuación     penal.    En  los demás casos, cabe agregar, dando cumplimiento al principio  de  trascendencia  es  menester  demostrar  efectiva  afectación del derecho de  defensa,  para  que  tenga eco la solicitud de nulidad  (subrayas fuera de texto).   

Desde luego, no basta, como infructuosamente  lo  pretende el impugnante, aducir toda clase de situaciones indemostradas en la  actuación,  tales  como  que  el  defensor  de  confianza  fue  sugerido por la  víctima,  que  los  familiares  presionaron  el allanamiento a cargos, que pudo  demostrarse   una   causal  de  exclusión  de  responsabilidad,  o  que  había  posibilidad  de establecer al verdadero responsable, pues nada de ello encuentra  siquiera  un  mínimo  de  acreditación  en  el  expediente y no pasa de ser un  cúmulo  de  especulaciones,  máxime  si  el  censor no sugiere en concreto una  realidad diversa a la aceptada por su patrocinado.   

Como viene de verse, la queja del recurrente  se  limita a reprobar de manera general la forma en que su antecesor orientó la  estrategia  defensiva  del  acusado,  sin  tener  en  cuenta  que  como ya lo ha  sostenido  de  tiempo  atrás  la  jurisprudencia  de  esta Colegiatura, resulta  improcedente  estructurar  el  reparo  por  violación  del derecho de defensa a  partir  de la crítica al ejercicio profesional de los defensores anteriores, en  cuanto ello hace parte de su particular percepción del asunto.   

Además,  pese  a  aducir  la violación del  derecho  a  la  defensa técnica de su asistido, no emprende esfuerzo alguno por  señalar  cuál  fue el perjuicio concreto que sufrió, es decir, de qué manera  habrían  variado  las  conclusiones  del  fallo si el defensor anterior hubiera  actuado  de  manera  diversa,  de  modo  que  se  desentiende  del  principio de  trascendencia  que  gobierna este medio de impugnación, en virtud del cual, las  irregularidades  que  no  comporten  afrenta  a  los  derechos  de  los  sujetos  procesales  carecen  de  virtud  para  disponer  la  casación  de  la sentencia  atacada.   

         De  otra  parte  se tiene, que como si se tratara de un dicho  de paso, considera irregular que el  Tribunal       negara       la      “detención  domiciliaria”  a  su procurado, sin tener en cuenta,  en  primer  lugar, que la citada figura no se dispone en el fallo de condena, en  el  cual  puede concederse la prisión domiciliaria; en segundo término, que no  señala  si  postula  un nuevo cargo, y de ser ello así, no indica la causal de  casación;   y  en  tercer  lugar,  que   el  requisito  objetivo  para  el  otorgamiento  de  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural se  determina  por  la  “pena  mínima  prevista  en la  ley”2  para  la conducta punible, no  por    el    quantum    de   la   sanción   impuesta,   como   erradamente   lo  asevera.   

En  suma,  es  evidente  que  en  manifiesto  desconocimiento  de la presunción de acierto y legalidad del fallo, el defensor  procede  a  plasmar su personal percepción fragmentaria e imprecisa del asunto,  sin  acreditar una hipótesis ajena a la aceptada libre y voluntariamente por su  procurado.   

Los   mencionados  equívocos  en  el  discurrir del recurrente imposibilitan a la Sala acometer  el  estudio  de  la  demanda,  pues  si  no  se  trata  de  un  alegato de libre  confección,  su  presentación  con base en discursos  indemostrados, y sin atenerse a las reglas lógicas y  argumentativas  que  la gobiernan, obliga a la Sala a inadmitirla de acuerdo con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, pues en virtud del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,  la  Corte  no se  encuentra facultada para enmendar tales incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación   procesal,   violación   de   derechos   o   garantías  del  acusado,  como  para  adoptar  la  decisión  de  superar  los defectos de la demanda y decidir de fondo, según lo  dispone el inciso 3º del artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.          INADMITIR el  libelo  casacional  presentado  por  el  defensor  del  acusado  LUIS ENRIQUE PIRAGAUTA RODRÍGUEZ,  de  acuerdo  con  las  razones  expuestas  en las consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de  2004,  es  facultad  de  la  parte  demandante  elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

              Impedido   

EUGENIO   FERNÁNDEZ  CARLIER                                       MARÍA        DEL        ROSARIO       GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                                ÉYDER      PATIÑO  CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Fallo  del  11  de julio de 2007. Rad. 24297. También en providencias del 11 de  julio  de  2002.  Rad.  11393,  18 de abril de 2002. Rad. 14609, 13 de agosto de  2003.  Rad.  15230,  22 de octubre de 2003. Rad. 20.571 y 26 de octubre de 2011.  Rad. 37601, entre otras.   

2  Artículo 38 de la Ley 599 de 2000.     

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