40618(20-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

                            EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER   

                            Aprobado Acta No. 386   

Bogotá,  D.  C., veinte (20) de noviembre de  dos mil trece (2013)   

ASUNTO  

Estudia la Corte la posibilidad de admitir la  demanda  de casación que por la vía discrecional presentó el apoderado de ANA  MARÍA  ROZO  RAMÍREZ  contra  el  fallo  de segunda instancia proferido por el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Cúcuta, mediante el cual confirmó  la  pena  de  42 meses de prisión que le impuso a la aludida persona el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  Adjunto  al  Juzgado  Quinto Penal del  Circuito  de dicha ciudad por los delitos de obtención  de    documento   público   falso   y   falsedad en documento privado.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  María  Antonia  Rozo  Ramírez  falleció  el  15  de agosto de 2002. A partir de esa fecha, ANA  MARÍA   ROZO   RAMÍREZ,   su  media  hermana,  realizó  una  serie  de  actos  fraudulentos  (como la obtención espuria de las escrituras públicas 2130 de 15  de  agosto  de 2002, 1529 y 1530 de 22 de agosto de 2002) para que los inmuebles  de  la  sucesión  quedaran  a nombre de ella o su hijo Miguel Javier Hernández  Rozo en detrimento de los derechos de los demás parientes.   

Particularmente,  ANA  MARÍA ROZO RAMÍREZ y  Flor  María Ramírez de Rozo, su madre, habrían suscrito el 23 de mayo de 2003  un  poder  a  una  abogada  para  tramitar  la  liquidación  de la herencia. No  obstante,  por  la  progenitora  firmó  a  ruego Nubia Stella Peñaranda Abril,  persona  que  para  tal  propósito  fue  víctima de un engaño por parte de la  primera,  hasta  el  punto  que  después  aseguró jamás haber hecho tal cosa.   

Dicho  documento se usó para protocolizar la  escritura  pública número 976 de 1º de agosto de 2003 en la Notaría Séptima  del  Círculo  de  Cúcuta,  con  la  cual se partió y liquidó, a favor de ANA  MARÍA  ROZO RAMÍREZ, los derechos como única heredera de los inmuebles de las  escrituras 1529 y 1530.   

Adicionalmente,  Flor María Ramírez de Rozo  murió  el  8  de  julio  de  2003.  El  9 de noviembre de 2004, ANA MARÍA ROZO  RAMÍREZ  le  confirió  a otro profesional del derecho, con el fin de adelantar  el  respectivo proceso de sucesión intestada, un poder en el cual manifestó no  conocer   “a  otros  herederos  con  igual  o  mejor  derecho”. Esta circunstancia también reñía con la  verdad.   

2.  Debido  a  lo  anterior,  la  Unidad  de  Patrimonio  Económico  y Fe Pública de la Fiscalía  General  de  la  Nación  ordenó  abrir el proceso y vinculó a ANA MARÍA ROZO  RAMÍREZ,   así   como   a   Miguel   Javier  Hernández  Rozo.  Clausurada  la  instrucción,  calificó  el mérito del sumario, acusándolos por las conductas  punibles,    en    concurso   homogéneo   y   heterogéneo,   de   abuso   de  condiciones  de  inferioridad,  falsedad    en    documento    público,   obtención   de   documento  público  falso,  falsedad en documento  privado     y    fraude  procesal.   

3.  Recurrido  el  llamado  a  juicio  por  la  defensa  de  ANA MARÍA ROZO RAMÍREZ, la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal, en providencia de 26 de enero de 2009, decidió lo  siguiente:   

3.1.   Revocó  parcialmente  la  acusación  y,  en  su  lugar, decretó la preclusión por los  delitos     de     abuso    de    condiciones    de  inferioridad,  falsedad  en  documento  público  y fraude  procesal,  debido  a  la  prescripción  de la acción  penal   durante  la  etapa  instructiva,  o  bien  a  la  atipicidad  del  hecho  concreto.   

3.2.  Y confirmó el  pliego   de   cargos   en  cuanto  a  las  conductas  punibles  de  obtención     de     documento    público    falso    (respecto   de   la  escritura  2130  de  15  de  agosto  de  2002),  obtención  de  documento  público falso (atinente   a   la   escritura  976  de  1º  de  agosto  de  2003),  falsedad    en    documento   privado   (relativa  al  poder conferido el 23 de mayo de 2003) y falsedad        en        documento       privado       (concerniente  al  poder otorgado el 9 de noviembre de 2004), según  lo  dispuesto  en  los  artículos  31,  288 y 289 de la Ley 599 de 2000, actual  Código Penal.   

El  primero  de  tales  comportamientos  fue  imputado  a  Miguel Javier Hernández Rozo y ANA MARÍA ROZO RAMÍREZ en calidad  de  coautores.  Los  restantes  le fueron atribuidos a esta última a título de  autora.   

4.  Conoció de la  etapa          siguiente         el   Juzgado  Quinto    Penal    del  Circuito   de   Cúcuta,  despacho  que  en audiencia  preparatoria  declaró la prescripción de la acción  penal,    y    la    respectiva    cesación    del  procedimiento,   por   el   delito  de  obtención  de  documento  público falso  relacionado con la escritura pública 2130 de 2002.   

5. En virtud de una  medida  de  depuración adoptada por la Sala Administrativa del Consejo Superior  de  la  Judicatura (acuerdo 7549 de 2011), la actuación fue remitida al Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  Adjunto correspondiente, autoridad que  condenó  a  ANA MARÍA ROZO RAMÍREZ, por los delitos  de    obtención   de   documento   público   falso  (dada  la escritura 976 de 2003) y falsedad en  documento         privado         (por  los poderes de 23 de mayo de 2003 y  9  de  noviembre  de 2004), a 42 meses de prisión, así como de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas. Igualmente, le concedió  el  mecanismo  sustitutivo  de  la prisión domiciliaria, le ordenó el pago por  concepto    de    daños  materiales  y dispuso la cancelación de varios documentos públicos como medida  para alcanzar el restablecimiento del derecho.   

6.  Apelada la sentencia por el defensor, el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Cúcuta la confirmó en los aspectos  materia de debate.   

7.  Contra    el    fallo    de     segunda    instancia,  presentó  el apoderado de ANA MARÍA  ROZO           RAMÍREZ          el              recurso    extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

1.   Luego  de  anunciar  que el fin para acceder a la casación por la vía discrecional era el  desarrollo  de  la jurisprudencia frente al tema de la demostración  de  las  facultades mentales de una persona, en el sentido de que  para  ello  “se deberá hacer uso de una especie de  tarifa     legal”1,  propuso el recurrente cinco  cargos.  Los  tres primeros, por violación indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de  errores de hecho en la apreciación de la  prueba.          El         cuarto,    también    por   la   indirecta,  pero  proveniente  de  un  error  de  derecho.  Y  el  último,   por   violación  directa.  Los    desarrolló   de   la   siguiente  forma:   

1.1. Falso  juicio de identidad. El  Tribunal dijo que ANA MARÍA ROZO RAMÍREZ buscó a Nubia  Stella  Peñaranda  Abril  para  que le firmara a ruego. Esta  última,  sin  embargo,  declaró que jamás le suscribió documento alguno a la  procesada  ni  le sirvió como testigo de una diligencia. Tergiversó, entonces,  a  la  deponente.  Pero  también le adicionó circunstancias, pues esta persona  jamás  sostuvo  haber  sido inducida en error por parte de la acusada. No está  demostrado,  por  consiguiente,  la  materialidad  del  delito  de  falsedad  en  documento  privado  ni,  por  contera,   la  de  obtención  de  documento  público  falso.   

1.2.   Falsos   juicios   de   existencia.  El  ad  quem  dejó  de  valorar  el  informe  grafológico de 11 de diciembre de 2006 y el testimonio de  la  enfermera  Yakeline  Camacho Toloza. Si hubiera tenido en cuenta lo primero,  habría  llegado  a  una  conclusión  distinta  a  la  de la falsedad del poder  conferido  el  23  de  mayo de 2003, por cuanto en el  dictamen  se  advierte  una  correspondencia  entre  la muestras tomadas a Nubia  Stella   Peñaranda   Abril   y   la   firma   que   de   ella   figura   en  el  escrito.  Y  si hubiera valorado lo segundo, habría  concluido   que   la  progenitora  de  ANA  MARÍA  ROZO  RAMÍREZ  sí  se  hallaba  en  pleno uso de sus  facultades  mentales  al momento de celebrar el negocio en las escrituras 1529 y  1530 de 22 de agosto de 2002.   

1.3.   Falso  raciocinio.     El  funcionario    de   primera   instancia,   en   criterio   ratificado   por   el  Tribunal,  le  otorgó  credibilidad  al  relato  de  María  Irene Gómez de Sandoval, en el sentido de que ella no sabía que estaba  firmando   a  ruego  la  escritura  pública  1529  de  2002,  a  pesar  de  que  “un   análisis   probatorio   serio”2      permitiría        concluir        lo  contrario.   

1.4. Falso juicio  de  convicción.  Los juzgadores concluyeron que Flor  María  Ramírez  de  Rozo  tenía  problemas de salud mental. Para ello,  otorgaron  valor  probatorio  a  determinados  declarantes  que  no  eran  profesionales  de la medicina, razón  por   la   cual   sus   percepciones  carecían  de  fundamentos.    Esta  circunstancia,   por   lo   tanto,   debía   acreditarse   mediante   análisis  técnico-científicos.   

1.5.          “Indebida     aplicación    de    la    norma”3.    La  conducta  de  ANA  MARÍA  ROZO  RAMÍREZ es atípica en cuanto al poder de 9 de  noviembre  de  2004,  pues  la  manifestación  plasmada  en  el documento de no  conocer  a  otras  personas  con  derechos  de herencia sobre los bienes de Flor  María  Ramírez  de  Rozo no tenía la vocación de generar efectos jurídicos.  El   escrito   atribuido   como  falso  únicamente  acreditaba  el  derecho  de  postulación  otorgado  al  profesional del derecho y  no  cualquier  otra  circunstancia.  Lo anterior está demostrado porque, según  los  medios de prueba que figuran en la actuación, fueron convocados dentro del  trámite  de  sucesión  los  interesados  en  el  mismo.  Además, el edicto de  emplazamiento  fue  fijado  por diez días, tal como aparece en el acta 74 de la  Notaría Cuarta del Círculo de Cúcuta.   

2. En  consecuencia,  solicitó a la Corte  casar el fallo recurrido.   

CONSIDERACIONES  

1. De conformidad con  lo  señalado  en el inciso 1º del artículo 205 de la Ley 600 de 2000 (Código  de  Procedimiento  Penal  aplicable al presente asunto), la casación procede de  manera  regular  contra  las  sentencias  de  segunda instancia emitidas por los  Tribunales  Superiores  de  los distritos judiciales del país, así como por el  Tribunal  Penal Militar, que correspondan a procesos adelantados por delitos con  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo señalado en la ley exceda de los  ocho años de prisión.   

Si  la decisión de segundo grado proviene de  un  juzgado  de  circuito,  o si el tope legal de la pena de prisión es de ocho  años  o  menos,  la  casación  únicamente  será viable de modo excepcional o  discrecional.  Es  decir,  en  la  medida en que la Corte lo considere necesario  para  respetar las garantías de quienes intervinieron en la actuación procesal  o  desarrollar  la  jurisprudencia,  tal  como lo consagra el inciso final de la  norma indicada.   

En  esos  eventos, la Sala tiene dicho que al  demandante  le  asiste  la  carga de presentar en forma racional y coherente las  razones  por  las  cuales  esta Corporación debería conocer de un asunto en el  cual  no  concurrieron  los presupuestos de la casación común, bien sea porque  el  pronunciamiento  resulta  necesario para el progreso de la jurisprudencia, o  bien porque hubo vulneración de garantías fundamentales.   

Pero,  adicionalmente,  la  demanda tiene que  elaborarse   con   el   debido  acatamiento  de  los  requisitos  formales  establecidos  por  la  ley  y la  jurisprudencia.  Esto  es,  en  virtud  de  los parámetros de formulación y de  sustentación  de  los  cargos  previstos  en  el  artículo  207  del  estatuto  procesal,  que  por  obvias razones deben ser consonantes con los argumentos por  los   cuales   el   recurrente   fundó  la  solicitud  a  través  de  la  vía  discrecional.   

De  ahí  que la demanda de casación nunca  podrá  equipararse a un alegato de instancia, máxime cuando los artículos 212  y   213   de   la   Ley   600  de  2000  exigen  una  presentación lógica y  adecuada  de cada una de las causales establecidas en  el      artículo      207      del     referido  ordenamiento,  así como el desarrollo de los cargos  que    por    los   yerros   de   trámite   o   de  juicio  haya  propuesto el recurrente, con  la  demostración  de su relevancia  para   efectos   de  la  decisión adoptada.   

2.  En este asunto,  las  penas  de  los  delitos de obtención de documento  público  falso  y falsedad en  documento  privado  por  los  cuales fue condenada ANA  MARÍA  ROZO RAMÍREZ ostentan sendos máximos de seis años de prisión, según  lo  previsto en los artículos 288 y 289 de la Ley 599 de 2000. Por lo tanto, el  demandante  tenía  la obligación de circunscribirse a las cargas propias de la  casación discrecional, conforme a lo ya analizado.   

El  profesional  del  derecho,  sin  embargo,  aunque  hizo  alusión  al  desarrollo de la jurisprudencia con el propósito de  tarifar   la   prueba   concerniente  a  las  enfermedades  mentales4,  tan  solo  propuso  un  reproche  (el  cuarto)  relacionado  con tal tema, mientras que los  demás  cargos  los  planteó  como  supuestos  yerros de juicio en los que, sin  embargo,  no  es  posible  derivar  racionalmente  un fin para acceder de manera  excepcional al recurso extraordinario.   

En cualquier caso, la propuesta de evolución  jurisprudencial  aducida  por  el  apoderado es poco afortunada, pues si bien el  artículo  249  de  la  Ley  600 de 2000 señala que los informes periciales son  procedentes  “[c]uando  se  requiera la práctica de  pruebas   técnico-científicas   o   artísticas”,  también  lo es que la apreciación de los mismos está sujeta a los parámetros  de  la  sana  crítica y no a un determinado valor previsto por la ley, ni mucho  menos  por  la  jurisprudencia.  E  incluso  el  ad  quem desestimó en el fallo  recurrido  la relevancia de determinar si Flor María Ramírez de Rozo, la madre  de  la  procesada,  tenía  deficiencias  psíquicas,  tal  como  se  verá más  adelante.   

Adicionalmente,  el  recurrente  presentó un  escrito     extenso     (de     48     páginas5)  que  de  ninguna  manera  se  compadece  con  la  naturaleza  y  complejidad  del  asunto resuelto por el juez  plural    (en    un    fallo    de    14   folios6).  Y,  aun  así,  le  faltó  presentar  las  pretensiones  concretas  atinentes  a cada uno de los reproches,  pues   únicamente   le   solicitó  a  la  Corte,  al  final  de  su  discurso,  “que   case   la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cúcuta, en la cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado  Penal del Circuito de Descongestión  Adjunto   al   Juzgado   Quinto   Penal   del  Circuito  de  Cúcuta”7.   

3.  Como  si  lo  anterior  fuese  poco,  ninguno  de los reproches que planteó se compadecen con  las  reglas de formulación y desarrollo de la demanda, sobre todo cuando, en la  mayoría  de  sus  planteamientos,  partió  de  presupuestos  contrarios  a  la  realidad de lo decidido por las instancias. Veamos:   

3.1. Primer, segundo  y  tercer  cargo.  Cuando en  casación  se  propone la violación indirecta de la ley sustancial por un error  de  hecho  en la valoración de la prueba, el demandante tiene la obligación de  establecer  que  ésta  obedeció  a cualquiera de las siguientes modalidades, a  saber:   

Falso  juicio  de  existencia.   Se   presenta  cuando  el  juez  o  cuerpo  colegiado, al proferir el fallo  objeto  del  extraordinario recurso,  omite   valorar   por  completo      el      contenido     material   de   un   medio  de  prueba  que   hace  parte  de  la  actuación  y    que,   por   lo   tanto,   fue   debidamente   incorporado  a  ésta; o también cuando  le  concede valor probatorio a uno que jamás fue recaudado y, por consiguiente,  supone su existencia.   

Falso   juicio  de  identidad.  Ocurre cuando el juzgador, al emitir  el   fallo   impugnado,  distorsiona  o  tergiversa  el  contenido  fáctico  de  determinado  medio  de  prueba,  haciéndole  decir  lo que en realidad no dice,  bien   sea   porque   lee   de   manera  equivocada  su  texto  o  le  agrega  aspectos que no contiene  u  omite  tener  en  cuenta  partes  relevantes  del  mismo.   

Falso raciocinio.  Se  constituye  cuando el  funcionario  valora  la  prueba  de manera íntegra,  pero   se   aleja   en   la   motivación   de   la  sentencia   de   los   postulados   de   la   sana  crítica,  es  decir, de una determinada  ley  científica,  principio  de  la  lógica o máxima de la experiencia.   

Estos  yerros  deben  ser trascendentes. Lo  anterior   implica  que,  ante   la   valoración  de  la  prueba     en     conjunto     por     el  Tribunal,  o   ambas  instancias  (según  sea  el  caso),    su   exclusión   conduciría  a adoptar una decisión distinta a la  impugnada.   

En  el presente asunto, si bien el demandante  formuló  en  el  escrito  dos  falsos juicios de existencia (segundo cargo), un  falso  juicio  de  identidad  (primer  reproche)  y  un falso raciocinio (tercer  cargo),  en  ninguno  de ellos estableció algún problema digno de ser abordado  en sede de casación.   

En  lo  atinente  a  los  falsos  juicios  de  existencia,  sostuvo, por un lado, que de haber valorado el Tribunal el dictamen  de  11  de  septiembre  de 2006, en el cual un experto en grafología dictaminó  que  la  firma en el poder de 23 de mayo de 2003 sí correspondía a la de Nubia  Stella  Peñaranda  Abril, habría concluido que no se presentó falsedad alguna  en el referido documento.   

Las  instancias, sin embargo, sí tuvieron en  cuenta  la  aludida prueba pericial. Simplemente, sustentaron en este particular  asunto  la  realización del tipo previsto en el artículo 289 del Código Penal  no  en el hecho de no haberse firmado el poder por quien aparece suscribiéndolo  a  ruego,  sino  en  el  acto de haber engañado a Nubia Stella Peñaranda Abril  para ello. Así lo explicó el funcionario de primera instancia:   

“[E]l  documento  poder  otorgado  por  ella y su señora madre Flor María Ramírez de  Rozo  a la abogada Maldonado Gutiérrez está igualmente probado que es falso en  su  estructura  material  y  formal, pues la manifestación de la voluntad de la  señora  Flor  María  Rozo  nunca  existió [porque]  ésta  no  lo firmó, haciéndolo a ruego la señora  Nubia  Stella Peñaranda Abril, documento que luego se usó como medio de prueba  para  protocolizar  la  escritura pública Nro. 976 del 1º de agosto de 2003 en  la  Notaría Séptima del Círculo de esta ciudad donde se adelantó el trámite  sucesoral,   situación   incuestionable   como   quiera  que  está  plenamente  establecido  que  la sindicada ANA MARÍA ROZO indujo al error mediante engaños  a  la  señora Nubia Stella Peñaranda Abril, como claramente lo afirma ésta en  su declaración:   

”          ‘(…)  Nunca, jamás, no aparece mi  firma  (…)  No  sé  por  qué  aparece  mi nombre y mi firma en ese documento  (refiriéndose  al  poder  visto al folio 157 del cuaderno Nro. 1 y cuyas firmas  están  al  folio  vuelto,  aclara  el  juzgado),  no  tengo la menor idea de la  pregunta  (…) Nunca fui con la señora ANA MARÍA ni conocía a la mamá de la  señora  ANA  MARÍA ni a la abogada en el memorial en el que aparezco firmando,  nunca  jamás tuve ninguna relación con la señora ANA MARÍA ROZO RAMÍREZ, ni  ningún  tipo  de  nada,  ni  le  serví  de  testigo a la señora ANA MARÍA en  ninguna      parte,      para      alguna      diferencia      [sic]’  […].   

”Declaración  de  la  señora  Peñaranda  Abril  libre, espontánea, que fluye sin existir el  más  mínimo  interés  particular,  perfectamente  creíble  por su veracidad,  acreditando  de esta manera la conducta dolosa de la acá procesada en relación  con  el  delito  de  falsedad  en  documento  privado  por el que se acusó a la  sindicada,  como  quiera  que  dicho poder, así falsificado, haciéndola firmar  como  testigo a ruego, sin corresponder ello a la realidad, se usó […]  en la Notaría Séptima en orden  a  evacuar  el  trámite  notarial  de  liquidación  de herencia de la causante  María   Antonia   Rozo  de  Ramírez”8.   

Y según el Tribunal:  

“[F]ue  la  acusada  quien  desarrolló  dicha  acción constitutiva de falsedad, por cuando  [sic]  fue la misma quien  habría  buscado  a  la  señora  Peñaranda  Abril inicialmente para la firma a  ruego   de   una   escritura,   [en]   esa  oportunidad,  bajo  el  engaño  de  que  se  trataba  de  un  certificado  de  supervivencia,  lo  cual  no  concuerda  con la realidad de los  hechos     jurídicamente     relevantes     en     este     proceso”9.   

Por  otro  lado,  manifestó  el  abogado que  tampoco   se  tuvo  en  cuenta  la  declaración  de  Yakeline  Camacho  Toloza,  enfermera  de  Flor María  Ramírez  de  Rozo, con la cual se hubiera podido concluir que durante la época  en  que fue firmado el poder la madre de la procesada estaba en pleno uso de sus  facultades mentales.   

No  obstante,  el  estado  psíquico  de esta  persona  se  trataba  de  una circunstancia que, de acuerdo con el Tribunal, era  por  completo  irrelevante  para  la  confirmación  del  fallo  adoptado por el  funcionario  a  quo.  Es  decir,  no  constituyó  fundamento de la decisión de  condena. En palabras del cuerpo colegiado:   

“[C]onsidera  la  defensa  que  los  efectos  al  tránsito  de  la  cosa juzgada respecto del  abuso  de  condiciones  de  inferioridad  fueron  resucitadas  por  el a quo al refutar que no existen los  elementos  de  convicción  que  respalden  la tesis planteada en el memorial de  alegatos  de  conclusión, por el que se proponía con fundamento en lo resuelto  por  el  doctor  Óscar  Hernández castro, segunda instancia del ente acusador,  que  la señora Flor María Rozo no fue inducida, porque carecía de condiciones  síquicas normales por la enfermedad.   

”Sobre  este  tema,  considera  la  Sala  que  el hecho de que tales circunstancias hayan sido  tocadas  en  la  segunda  instancia  resuelta  respecto  de  la  resolución  de  acusación  no  incide  de  ninguna  forma  en  la decisión del a quo objeto de  apelación,  puesto  que  la referencia que hace el fallador en este caso en sus  argumentos  no se refiere expresamente a la existencia o no de tales condiciones  de  inferioridad, […] si  se  mencionan  las  condiciones  en  que  se  encontraba la madre de la misma es  porque  hacen  parte  de  los  hechos  materia  del  proceso, sin embargo, no se  utilizan  concretamente  con  la  finalidad de tipificar la conducta”10.   

En lo que al falso juicio de identidad atañe,  el  demandante  aseguró  que  lo narrado por la testigo Nubia Stella Peñaranda  Abril  fue  tergiversado en los fallos de instancia. Sin embargo, lo anterior no  es  cierto. Tanto el juez de primer grado como el plural simplemente concluyeron  (a  partir  de aserciones de la declarante como “[n]o  sé  por  qué  aparece  mi  nombre  y  mi  firma  en  ese documento”11,       “[n]unca   fui   con   la   señora  ANA  MARÍA  ni  conocía  a  la  mamá”12     o     “ni  le  serví  de  testigo a la señora ANA MARÍA en ninguna parte  para   alguna  diferencia  [diligencia]”13)  que  la  procesada  la  engañó  para  que firmara el poder de 23 de mayo de 2003. No se  trata,  entonces, de una distorsión del contenido material del testimonio, sino  de una inferencia razonable.   

Y,   en  cuanto  al  falso  raciocinio,  el  profesional  del derecho cuestionó la credibilidad otorgada a la testigo María  Irene  Gómez  de  Sandoval.  Sin  embargo,  el  censor  no  se  refirió  en el  desarrollo  del  cargo  a  la  transgresión de una determinada ley científica,  principio  lógico  o  máxima  de  la  experiencia.  Tan  solo  adujo  de forma  genérica  que  “incurrieron  los  juzgadores  en el  error  mencionado  […]  al  haberse   apartado   de   los   postulados   de   la  sana  crítica”14,  o  bien  se  refirió a la  violación  de  un criterio lógico, pero sin especificar cuál (“el  fallador  de  segunda instancia vulneró las leyes de la lógica  que   indican   para  el  presente  caso  que  la  señora  Gómez  de  Sandoval  […]   habría  tenido  la  posibilidad  de  actualizar  su  conocimiento  en torno al negocio que se estaba  realizando”15). Igualmente, no explicó la  relevancia  de  lo  relatado por la deponente frente a la decisión adoptada por  las  instancias,  máxime  cuando  se trata de la persona que suscribió a ruego  las  escrituras  1529 y 1530 de 2002, comportamientos cuyas respectivas acciones  penales  fueron  declaradas prescritas, sin que se aprecie una relación directa  con  el  tema  de prueba de este asunto, que atañe a la escritura 976 de 1º de  agosto  de  2003, así como a los poderes conferidos el 23 de mayo de ese año y  el 9 de noviembre de 2004.   

3.2.    Cargo  cuarto.  Cuando  en  sede de  casación  se  propone la violación indirecta de la ley sustancial por error de  derecho  en  la  valoración de la prueba, el demandante tiene la carga procesal  de   (i)   precisar   la  modalidad  del  vicio,  que  puede obedecer a un falso juicio de legalidad y, de  manera   excepcional,   a   un   falso   juicio   de  convicción;  (ii)  indicar  el precepto desconocido o  vulnerado  por  el  ad  quem;  y  (iii) demostrar  que  el  error  determinó  o suscitó la decisión de la  parte  resolutiva  del fallo, de suerte que sin aquél hubiera debido proferirse  otra distinta.   

Acerca del falso juicio de legalidad, la Sala  tiene  dicho  que  se  da  cuando  el juzgador le otorga validez jurídica a una  prueba,  equivocándose  al considerar que cumple con las exigencias formales de  producción   e   incorporación,   o  cuando  le  niega  validez  al  medio  de  convicción, a pesar de haber observado tales requisitos.   

Y,  en  lo que al falso juicio de convicción  atañe,  éste  ocurre  cuando  el juzgador le niega a la prueba el valor que la  ley  le asigna o cuando le da uno que legalmente no le corresponde. Pero como el  ordenamiento  jurídico colombiano obedece al sistema de la persuasión racional  o  de  libre  valoración de la prueba, sólo se presentaría en contados casos,  como  cuando  el  juez  desconoce  la  tarifa  legal  negativa que el legislador  consagra  en  el artículo 314 de la Ley 600 de 2000, relativa a los informes de  la  policía  judicial  en  las  labores  previas  de  verificación,  o  la del  artículo  de  la  Ley  906 de 2004, Código de Procedimiento Penal aplicable al  sistema  acusatorio,  de  acuerdo  con  la cual “[l]a  sentencia  condenatoria  no  podrá  fundamentarse  exclusivamente  en prueba de  referencia”.   

En  el presente asunto, el demandante propuso  un  falso  juicio  de convicción con el fin de que la Corte desarrolle por vía  jurisprudencial  una  tesis en la que ‘se  tarife’ la  prueba  relativa  al estado mental de una persona. Se trata de una propuesta que  riñe  con  la  razón,  no sólo porque el recurrente ni siquiera se refirió a  norma  o  disposición  alguna  a  partir de la cual pudiera predicarse un valor  previamente  asignado  por  la  ley,  sino  además porque la prueba relativa al  estado  mental  de la madre de la procesada se trata de un aspecto completamente  inocuo   para   los   fallos  de  condena  (cf.  supra  2 y 3.1).   

3.3.   Último  cargo.      Cuando  en  casación  se  plantea la violación directa de la  ley  sustancial,  el recurrente tiene la carga de probar un yerro del ad quem en  la  selección  o  comprensión  de  una  norma  específica, bien sea porque no  reconoció  la  llamada  a  regular  el  caso  (falta  de aplicación), o porque  ajustó  de  forma  incorrecta  el  supuesto  fáctico  a  lo  previsto  en otra  disposición  (aplicación  indebida),  o  porque asignó al precepto elegido de  forma  adecuada  un  efecto  contrario a su contenido o un sentido jurídico del  cual carece (interpretación errónea).   

Una   censura   en   cualquiera   de  estas  modalidades,  entonces,  le  impone a quien la postula la obligación de aceptar  tanto  la  apreciación probatoria efectuada en el fallo objeto del recurso como  la   situación   fáctica   que   se   declaró   demostrada  a  raíz  de  tal  valoración.   

Lo  anterior  no  aconteció  en  el presente  asunto.  El  profesional del derecho adujo la atipicidad de la acción realizada  sobre  el  poder  de  9  de  noviembre  de  2004  con base en el hecho de que la  manifestación  contraria  a la realidad (“no conozco  a   otros   herederos   con   igual   o   mejor   derecho   al  mío”16)  no podía producir efectos  jurídicos,  pero  para  sostener  tal  postura  trajo a colación cuestiones de  índole  probatoria que no aparecen reconocidas en los fallos de instancia, como  el  contenido del acta 74 de la Notaría Cuarta del Círculo de Cúcuta y de las  comunicaciones  surtidas  dentro  del  trámite  de  la  escritura 2272 de 14 de  diciembre             de            200417.   

En  todo  caso,  la expresión en comento sí  tenía  la  facultad  de  producir efectos jurídicos, pues el artículo 2º del  decreto  902  de 1988 (por el cual se autoriza la liquidación de herencias ante  notario),  modificado  por  el  artículo 2º del Decreto 1729 de 1989, consagra  que  “los  peticionarios  o  sus apoderados deberán  afirmar  bajo  juramento,  que  se  considerará  prestado  por  la  firma de la  solicitud,    que    no   conocen   otros   interesados   de   igual   o   mejor  derecho”.  Por  lo  tanto,  la  manifestación en el  poder  era  la  que  habilitaba al representante de la procesada para solicitar,  exclusivamente  a  nombre  de ella, la liquidación de la herencia en detrimento  de los derechos de los demás parientes a quienes sí conocía.   

4. De conformidad con  lo  hasta  ahora  señalado,  la Corte no advierte algún error propuesto por el  recurrente.  Por  lo tanto, la demanda no será admitida. Y, de la misma manera,  como  la  Sala  tampoco  encuentra  violación  alguna  de  las  garantías  del  procesado,  ningún  pronunciamiento  oficioso hará contra la sentencia dictada  por el juez plural.   

En  virtud de lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda   de  casación  contra       la  sentencia de segunda  instancia  emitida  por  el   Tribunal   Superior   del  Distrito  Judicial        de        Cúcuta.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                            

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER          MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ  MUÑOZ    

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                 EYDER     PATIÑO  CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio 67 del cuaderno del Tribunal.   

2 Folio 87 ibídem.   

3 Folio  106 ibídem.   

4  Cf.  folios  98-99  ibídem:  “en lo  tendiente   a   acreditar  las  condiciones  médicas,  físicas  psicológicas,  psiquiátricas  o  cualquier  otro  tipo  de  circunstancia  que  requiera de la  experticia  de  un  profesional de la salud, se debe hacer uso de una especie de  ‘tarifa  legal’”.   

5 Folios 59-107 ibídem.   

6  Folios 5-19 ibídem.   

7  Folios 106-107 ibídem.   

8 Folio 99 del cuaderno de juicio.   

9 Folio  45 del cuaderno del Tribunal.   

10 Folios 14-15 del cuaderno del Tribunal.   

11 Folio 99 del cuaderno de juicio.   

12  Ibídem.   

13  Ibídem.   

14  Folio 90 del cuaderno del Tribunal.   

15 Ibídem.   

16 Folio 272 del cuaderno I de la actuación principal.   

17 Folios 103-104 del cuaderno del Tribunal.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *