40615(09-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 336.   

Bogotá, D.C., nueve (9) de octubre de dos mil  trece (2013).   

V    I   S   T   O  S   

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de JORGE ANTONIO MERCADO  RODRÍGUEZ,  contra  la  sentencia del 31 de agosto de  2012,  proferida en segunda instancia por la Sala Penal de del Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial de Barranquilla, que revocó la absolutoria dictada el 4  de  enero  de 2011 por el Juzgado Sexto Penal del Circuito de la misma ciudad y,  en  su lugar, condenó al procesado a la pena principal de 300 meses de prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  20  años;  al  declararlo  autor  penalmente  responsable de la  conducta  punible  de  homicidio agravado.  Al  sentenciado  se  le  negaron los sustitutos de la suspensión  condicional de la ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

H E C H O S  

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron  relatados  por el Tribunal Superior de Barranquilla en el fallo  de segundo grado, como se transcribe a continuación:   

“La  presente  actuación  tiene  su  origen  el  día 23 de octubre de 2005, en la terraza del  billar  El  Hormiguero,  ubicado  en  la  carrera  21  D  No.  85  A–54  barrio  Por  Fin  de la ciudad de  Barranquilla     –  Atlántico,  donde  fue  víctima  de  un atentado el señor HÉCTOR RAFAEL VEGA  ECHEVERRY,  por  parte  de  dos  sujetos  que  ingresaron  al  establecimiento y  accionaron  un  arma  de  fuego en contra de su humanidad causándole la muerte,  para  luego  emprender  la huida a bordo de unas motocicletas, una de las cuales  colisionó con un vehículo automotor.   

Con  posterioridad se logró establecer que  el  nombre  del  sujeto  que accionó el arma correspondía VÍCTOR COLVER, como  también  que  JORGE MERCADO conducía una de las motocicletas utilizadas en los  hechos.”    

ACTUACIÓN       PROCESAL   RELEVANTE   

El  23 de octubre de 2005 el C.T.I. informó  acerca    del   homicidio   de   Rafael   Héctor   Vega   Echeverry1. La Fiscalía  6   URI   de  Barranquilla  llevó  a  cabo  en  esa  fecha  la  inspección  al  cadáver2  e  inició  una  investigación previa3,  en  curso  de  la  cual  se  recibieron  las  declaraciones  de  Mónica  Patricia  Ramos  Durán4, Carmen Johana  Ferrer  Cáceres5   y   Héctor   Edison   Vega   Lozano6,    quienes   señalaron   a  JORGE    ANTONIO    MERCADO   RODRÍGUEZ,  alias  “Jorgito”  y  a  Víctor  Colver  Alvear  Daza,  alias  “Vitico”,  como  los  autores  del  atentado  contra  la  vida que se estaba  investigando.   

La  Fiscalía  13  Seccional de Barranquilla  ordenó  abrir  la instrucción el 28 de octubre de 2005 y dispuso la captura de  JORGE    ANTONIO    MERCADO   RODRÍGUEZ,  para  vincularlo  a  la  investigación  mediante  diligencia  de  indagatoria7.  No  obstante,  el  8  de mayo de 2006, hubo de declararlo persona  ausente8.   

Se  definió  la  situación  jurídica  del  sindicado  el  23  de  agosto  de 2006, imponiéndole medida de aseguramiento de  detención  preventiva  sin  beneficio  de libertad provisional por el delito de  homicidio                  agravado9.   

La  Fiscalía  17 Especializada de la Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos  y Derecho Internacional Humanitario con sede en  Bogotá,    escuchó    a   JORGE   ANTONIO   MERCADO  RODRÍGUEZ  en  diligencia  de  indagatoria  el  28 de  septiembre             de            201010,  oportunidad  en  la  que se  mostró ajeno a los hechos que se le imputaron.   

El  siguiente  11  de  noviembre se declaró  cerrada          la          investigación11   y   el   mérito   de  la  instrucción   se   calificó   el   16   de   diciembre   de   201012, profiriendo  resolución  de acusación contra JORGE ANTONIO MERCADO  RODRÍGUEZ,  por  el  homicidio  agravado  de  Héctor  Rafael Vega Echeverry.   

La  etapa  del  juicio  le  correspondió al  Juzgado  Sexto  Penal  del Circuito de Barranquilla, que asumió el conocimiento  el      31      de      marzo      de      201113;   celebró   la  audiencia  preparatoria    el    4    de    mayo    de   201114;   y,   la  vista  pública  durante  los  días 24 de mayo y 21 de junio de 201115.   

La   sentencia  de  primera  instancia  la  profirió    el    Juzgado    Sexto    Penal    del    Circuito    Adjunto    de  Barranquilla16    el    4    de    enero   de   201217,   de   cuya  naturaleza  y  contenido  se  hizo mérito en el acápite inicial de esta providencia. El fallo  fue  recurrido  en  apelación  por  los  delegados  de la Procuraduría y de la  Fiscalía  y  revocado  por el Tribunal Superior de Barranquilla mediante el que  es     objeto    del    recurso    extraordinario18.   

LA   DEMANDA   

Dos  cargos  dice  formular el demandante al  amparo  de  la  causal  primera  del  artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal,  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial, consistentes en falso  juicio de existencia y falso raciocinio.   

Primer   cargo.  Propone  falso  juicio de existencia por omisión, respecto de la indagatoria de  JORGE    ANTONIO    MERCADO   RODRÍGUEZ,  aseverando  que  su  defendido señaló a Erick Ramos como uno de  los  homicidas, puesto que alias “Vitico”, a su vez, le había comentado que  fue Ramos la persona que lo acompañó a cometer el crimen.   

Además,  que en esa oportunidad explicó el  procesado  que  a Carmen Johana Ferrer la obligaron a declarar los agentes de la  SIJIN,  para  que  dijera  que  ella  le había prestado la motocicleta y de esa  forma   involucrarlo   por   miedo  a  que  comprometieran  a  su  esposo  Erick  Ramos.   

Critica  que  no se hubiese tenido en cuenta  que  su  defendido  aseguró,  en curso de la indagatoria, que al momento de los  hechos  permanecía  en  su casa, sin que se esclareciera en dónde estuvo Erick  Ramos,  lo  que  le  permite al demandante suponer que persiste la duda que debe  resolverse  a  favor del procesado, a quien lo ampara también la presunción de  inocencia.   

“Si esta prueba  la  confrontamos  y la analizamos con las demás pruebas legalmente allegadas al  proceso,  podríamos  afirmar  que  el procesado no se encontraba el día de los  hechos  en  ese lugar, porque en declaración rendida por el hijo del occiso, el  señor  HÉCTOR  VEGA  LOZANO,  donde da fe que vio a la persona que había dado  muerte  a  su padre con un revólver en la mano, huyendo del lugar de los hechos  y  se percata que huye en una moto color negro, igualmente afirma que reconoció  a  dicho  señor, una vez que lo reconoció en la foto que le mostró la Sijin y  dice   que   cuando  lo  señalo  (sic)  se  dio  cuenta  que  se llama VÍCTOR y su alias era “VITICO”,  entonces  declaración  esta  que  da  fe,  dice la defensa que el acusado no se  encontraba  en  el  lugar de los hechos, y por las razones de trascendencia y de  relevancia  y  estimándola  con  las  demás  pruebas  se demuestra que la duda  permanece  intacta  y  si el juzgador hubiera hecho un estudio y una estimación  con  las  demás pruebas, daría lugar a variar las conclusiones del fallo y por  lo  tanto  modificar  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia de condenatoria a  absolutiva  (sic)  a favor  del acusado.”   

Concluye que el Tribunal sólo tuvo en cuenta  los  testimonios  de  Carmen  Johana Ferrer Cáceres y de Mónica Patricia Ramos  Durán,   para   condenar   a  JORGE  ANTONIO  MERCADO  RODRÍGUEZ.   

Segundo cargo. Acusa  la  sentencia  de  segundo  grado  por  falso raciocinio, puesto que el Tribunal  sustentó  la  decisión  en  los  testimonios de Carmen Johana Ferrer Cáceres,  Mónica Patricia Ramos Durán y Héctor Edison Vega Lozano.   

Con  fundamento en esas pruebas –agrega–  concluyó  la  segunda instancia que  las  “…circunstancias que nos ocupan proponen una  carga  indiciaria seria e insoslayable, pues la señora Carmen Johana Ferrer que  admite  haber alquilado la motocicleta AX100 por la suma de cincuenta mil pesos,  y  que  le  comenta  a  la cuñada “ellos hacen sus fechorías”, nos pone de  presente  como  fenómeno indicador que los sujetos “VITICO” y “JORGITO”  asistieron  al  arrendamiento  de  dicho  vehículo  motorizado  con  el cual se  perpetró  el  crimen  que nos ocupa, de manera tal que de este hecho indicador,  alquiler  o  adquisición  del  vehículo utilizado para el homicidio se infiere  entonces  el  hecho  desconocido,  y  es  que  estos  sujetos  vienen a resultar  coautores  e  intervinientes  del  hecho delictivo, con la conocida división de  tareas  en  la  cual  uno conduce y el otro increpa o ataca a su víctima… Por  cuanto  este, estuvo en todas las etapas del inter críminis desde el momento en  que  conseguían  el  transporte  necesario para entrar y salir rápidamente del  lugar  de  los hechos, como en la misma escena teniéndose que si Víctor Colver  alias   “VITICO”   era   quien   accionaba   el   objeto  bélico,  el  otro  necesariamente  conducía  la  motocicleta,  teniéndose  el  dominio  del hecho  necesario  para entrar dentro de la esfera de la coautoría criminal.”   

Transcribe  apartes  de las declaraciones de  Ferrer  Cáceres,  Ramos  Durán  y  Vega  Lozano y sostiene que, contrario a lo  considerado  por  el  Ad  quem,  esos  testimonios son el fundamento para que se  “…hubiera  dictado  un  fallo absolutorio a favor  del  acusado  o  del  procesado,  si  hubiera aplicado los postulados de la sana  crítica  al  momento  de  hacerle  el  estudio bajo la sana lógica, el sentido  común  y  la  experiencia,  porque  se  encuentran  grandes contradicciones que  cualquier    persona    del    común    las   podría   observar…”   

Así,  señala  que  Carmen  Johana  Ferrer  Cáceres    declaró   haberle   alquilado   la   motocicleta   a   JORGE   ANTONIO   MERCADO  RODRÍGUEZ  por  cincuenta   mil   pesos   durante   una  hora,  hecho  que  el  actor  considera  “incoherente”,  porque  para  la  época  ese  tipo  de vehículos se arrendaba durante todo el día por  doce  mil  pesos. Además, “…el sentido común nos  dice,  que  una  persona  no puede alquilar una moto por cincuenta mil pesos por  una  hora  sin  tener  una intención de cometer un delito, y mucho menos que la  cuñada  (Mónica)  dice que ellos estaban acostumbrado  (sic)  a fechorías, entonces quiere decir que CARMEN  estaba mintiendo u ocultado algo.”   

Argumenta  que Mónica Patricia Ramos Durán  declaró  que  Carmen  Johana  Ferrer  Cáceres,  su  cuñada,  le pidió que la  acompañara  a  formular  una denuncia, porque Erick Ramos le había prestado la  motocicleta  a  “JORGITO”,  lo  que  contradice la versión acerca de que la  motocicleta  fue  alquilada.  Afirma  que  ambas  se confabularon para decir que  Erick  se  la  había  prestado,  lo  que  “…da a  entender  que  están  escondiendo algo o encubriendo a alguien, por esta razón  sus  dichos  no  son  creíbles bajo la luz de la sana crítica, la lógica y la  experiencia.”   

Esas  razones le impedían al juzgador darle  credibilidad  a  los  testigos  de cargo “…y mucho  menos  tomarlos  como  un medio de un hecho indicador el alquiler o préstamo de  la  moto,  para  cometer  el  homicidio  en  esta  forma  inferir  en  el  hecho  desconocido,  situación  esta  completamente  inverosímil  a la luz de la sana  citita (sic), la lógica, el  sentido  común  y  la  experiencia,  por  estos  motivos  la defensa censura la  sentencia  formulada por el Honorable Tribual (sic).”   

Reprocha  al  Tribunal por haber considerado  que  el  alquiler  de  la  motocicleta  era  un  hecho indicador “…para  señalar en esta forma el hecho desconocido…”,  pues  resulta  ilógico que se hiciera esa inferencia a partir  de  los testimonios de Carmen Johana Ferrer Cáceres y de Mónica Patricia Ramos  Durán,  ya  que  “…estas dos declaraciones que no  son   increíbles  porque  hay  inferencias,  porque  si  abalizamos  (sic)  bajo la lógica, la sana crítica  y  el  sentido  común  y  la  experiencia en la declaración del señor HÉCTOR  EDISON  VEGA,  jamás  afirma  que el procesado se encontraba en el lugar de los  hechos,  tampoco  afirma  que  lo  vio  y  mucho  menos que lo reconoció, en el  momento  que  le  señalaron  el álbum de fotos en la SIJIN, ya que vio fue una  sola  persona  con  una  arma  en  la  mano  y  fue  el  que señalo  (sic)  en el álbum de la SIJIN, que se  llamaba  VÍCTOR  y  su  alias  era VITICO, entonces mal el Tribunal puede hacer  inferencia  y  sacar  como conclusión que el procesado era la persona que sacó  del  lugar  de  los  hechos  al autor del homicidio señor VÍCTOR COLVER ALVEAR  DAZA,  eso  no  se  encuentra  actualmente  probado  en el expediente, porque no  existe  una  prueba  que  lo  señale directamente, es decir testimonios y mucho  menos   indicios,   porque   éste   se   cae  por  su  propio  peso.”   

Considera  que  esos  errores  conducen a la  duda,  que  se  acentúa  por  la  fragilidad  de  las  pruebas  y pide casar la  sentencia para que se dicte en remplazo fallo absolutorio.   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

Primer        cargo.   

Censura la sentencia de segunda instancia por  error  de  hecho  consistente  en  falso  juicio  de existencia por omisión, en  relación  con  la indagatoria de JORGE ANTONIO MERCADO  RODRÍGUEZ,   puesto   que,   en   sentir    del  demandante,  el  Tribunal  no  tuvo  en  cuenta sus descargos, especialmente que  había  señalado  a Erick Ramos como uno de los autores del homicidio; dijo que  a  Carmen  Johana  Ferrer fue obligada a declarar que ella le había prestado la  motocicleta;  así  como  que  esta  misma persona lo involucró por miedo a que  comprometieran  a  su  esposo  Erick  Ramos; y, que el día del homicidio había  permanecido   en  su  casa,  sin  que  se  constatara  en  dónde  estuvo  Erick  Ramos.   

La jurisprudencia de la Sala ha reiterado que  se  incurre  en  error  de  hecho por falso juicio de existencia cuando se omite  apreciar  una  prueba  legalmente  aportada  al  proceso,  o  cuando se infieren  consecuencias  valorativas  a  partir  de  un  medio de convicción que no forma  parte del proceso.   

Una  alegación  correcta del error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia por omisión, requiere enmarcar la censura en  una  argumentación  lógica  y  consecuente  que  parta de la demostración del  desprecio  por la prueba y, una vez acreditado tal aspecto, se debe emprender el  examen  de  la  nueva  situación  probatoria que se generaría al considerar el  medio  de  convicción  exceptuado,  a fin de demostrar que el yerro evidenciado  reviste  idoneidad  suficiente  para  modificar  el  sentido  o el alcance de la  sentencia,   única   forma   de   justificar  el  proferimiento  del  fallo  de  sustitución.   

Luego  entonces, el error de hecho por falso  juicio  de  existencia  no  consiste en una ausencia de invocación formal de la  prueba  que  se  alega  omitida  en  la  sentencia,  sino  en el desconocimiento  absoluto  de  los  contenidos  probatorios  que  ellas suministran, porque puede  acontecer  que  dicho material de información haya sido traído a colación sin  identificar      formalmente      la      fuente19.   

En  suma,  la  pretensión  de  remover  la  presunción  de acierto y legalidad que reviste el fallo impugnado en virtud del  falso  juicio  de  existencia  por  omisión, conlleva a la confrontación de la  información  excluida con la suministrada por los elementos probatorios que sí  fueron  valorados  y  con  los  hechos y premisas que se fijaron a partir de los  mismos,  para  demostrar  que  se  declaró  probado  un  acontecimiento  que no  corresponde  a la realidad que subyace en el proceso20.   

Pues  bien,  al margen de los desaciertos de  orden  técnico  en  la postulación de la censura, lo cierto es que al actor no  le  asiste  la  razón,  porque  parte  de un sofisma al afirmar que el Tribunal  omitió   apreciar  las  disculpas  del  procesado  expuestas  en  curso  de  la  indagatoria,    cuando    es   claro   que   el   Ad  quem aludió a esas específicos pretextos, mismos que  desvirtuó  a  partir del contenido de otras evidencias, todo lo cual valoró al  motivar   la   revocatoria   del   fallo   absolutorio   proferido   en  primera  instancia.   

En efecto, se refirió el Juez Colegiado a la  situación    de    Erick    Ramos   –esposo        de        Carmen       Johana       Ferrer–  y  su posible inculpación; explicó  por  qué  no  le  restaba  credibilidad  al testimonio de Carmen Johana Ferrer,  descartando  que  quisiera  incriminar  a JORGE ANTONIO  MERCADO   RODRÍGUEZ   y  analizó  cómo  la  prueba  demostraba   que   el   procesado   sí  había  participado  en  los  hechos  y  especialmente  que  en  el  momento  del  homicidio  estaba  en  la  escena como  conductor   de   la   motocicleta   en   la   que   huyó   junto  con  el  otro  homicida:   

“Declaraciones  estas  de  las  cuales  si  bien  se encuentra acreditado que en un principio la  presunta  dueña de la moto miente o pretendía mentir con la denuncia que iba a  instaurar,  esto  no  lo  hace  en  procura de inculpar injustificadamente a una  persona,  como  sería  la  situación  del  aquí  procesado,  sino en punto de  exculpar  de  responsabilidad  a  su  marido  de una posible investigación como  cómplice   del   homicidio   (…),   por  cuanto  éste  efectivamente  tenía  conocimiento  de  que  la moto se facilitaba para la realización de actividades  delictivas.   

No  obstante  lo  anterior, si bien bajo la  hipótesis  de un (sic) moto  robada,  o rentada por ella o por su marido, lo cierto es que tanto las posibles  versiones  que  se  pudieran  manejar  por  las  señoras Carmen Johana Ferrer y  Mónica  Patricia Ramos Durán, siempre vinculan como aquellos que tenían en su  poder  las motocicletas a los alias “VITICO” y “JORGITO”, ya que si bien  primeramente  dice que la moto había sido hurtada por dos sujetos, lo cierto es  que  deja  claro  que  las  características  de  los presuntos delincuentes que  habían  hurtado  su  patrimonio eran las de los precitados delincuentes, sean o  no  sus  rasgos  físicos  los  que  pretendían  relacionar,  su intención era  direccionarlos  a  estos, aclarando que aquí lo que cuenta era la intención de  ésta,  por  cuanto  tenía  claro  que  no existía ningún hurto sino que para  evitar  reconocer  que  había  dado  su consentimiento en el uso de la máquina  motorizada, pretendió primeramente dar verdades a medias.   

Igualmente después dice que no, que no hubo  ningún  robo,  que ella alquiló la moto, por la suma de cincuenta mil pesos, y  que   cuando   supo   que   se  había  “caído”,  procedió  a  reclamarla,  manifestando  de  viva  voz  que aquellos que la habían retirado de su lugar de  habitación  eran  alias  “VITICO”  y “JORGITO”, haciendo la aclaración  que  quien  habló  y  la  convenció  de  llevarse  el  birodante  (sic)  fue el último de los precitados,  e inclusive fue este quien le dio el dinero.   

Declaraciones  estas  que  si  bien  en sus  periferias  o  contornos  son  ambivalentes,  en  el  tema  central son firmes y  lineales,  esto es, que la moto la tenía para uso el día del insuceso el aquí  procesado.   

Resultando ahora importante señalar que eta  (sic)  declaración,  fue  recepcionada   el   mismo  día  de  los  fatídicos  hechos,  unas  horas  más  tarde.   

(…)  

No  puede  pasar  por  alto la Sala que las  circunstancias   que   nos   ocupan   proponen  una  carga  indiciaria  seria  e  insoslayable,  pues  la  señora Carmen Johana Ferrer que admite haber alquilado  la  motocicleta  AX100 por la suma de cincuenta mil pesos, y que le comenta a la  cuñada  “ellos  hacen  sus fechorías”, nos pone de presente como fenómeno  indicador   que   los   sujetos   “VITICO”  y  “JORGITO”  asistieron  al  arrendamiento  de dicho vehículo motorizado, con el cual se perpetró el crimen  que  nos  ocupa,  de  manera  tal  que  de  este  hecho  indicador,  alquiler  o  adquisición  del  vehículo  utilizado para el homicidio se infiere entonces el  hecho  desconocido,  y  es  que  estos  sujetos  vienen  a  resultar coautores o  intervinientes  del  hecho  delictivo, con la conocida división de tareas en la  cual uno conduce y el otro increpa o ataca a su víctima.   

Pruebas  estas  que  analizadas en conjunto  llegan    a    superar    la    duda    en    la    que   cimento   (sic)       el       a–quo  su  sentencia absolutoria, y por  el   contrario   todas   estas  toman  la  forma  necesaria  en  la  cabeza  del  administrador  de justicia en punto de acreditar la responsabilidad penal por la  cual  fuere  llamado  a  juicio  el  aquí procesado, como coautor del Homicidio  Agravado  del  que resultó víctima la persona que en vida respondía al nombre  de Héctor Rafael Vega Echeverry.   

Por cuanto éste, estuvo en todas las etapas  del  inter criminis, desde el momento en que conseguían el transporte necesario  para  entrar  y  salir  rápidamente  del  lugar de los hechos, como en la misma  escena  teniéndose que si Víctor Colver alias “VITICO” era quien accionaba  el  objeto bélico, el otro necesariamente conducía la motocicleta, teniéndose  así  el  dominio  del  hecho  necesario  para  entrar dentro de la esfera de la  coautoría            criminal.”   

Además,  acerca  del señalamiento directo  que  hizo  el procesado contra Erick Ramos, de quien dijo ser uno de los autores  del  homicidio,  se ocupó también la primera instancia al compulsar copias con  destino   a   la  Fiscalía  General  de  la  Nación  para  que  adelantara  la  correspondiente            investigación21.   

A  lo  anterior debe sumarse que se echa de  menos  la  trascendencia  del  error, porque le correspondía al actor demostrar  que  sin  su  influjo  el  fallo hubiera sido diferente, aspecto que ni siquiera  trató  de  insinuar,  limitando su inconformidad a la interpretación subjetiva  de  algunos  textos y a la valoración de otros desde su particular perspectiva,  sin  contar  con que las explicaciones de JORGE ANTONIO  MERCADO  RODRÍGUEZ  que  dice  omitidas,  sí  fueron  analizadas en la sentencia impugnada.   

En  ese  orden de ideas, independientemente  del  error de hecho que pretendiera demostrar, no es suficiente que el libelista  asegure  que  el  Tribunal  dedujo  la  responsabilidad del procesado, porque no  apreció  los  medios  de  prueba  que  relaciona,  sino  que  estaba obligado a  referirse  al  verdadero  sentido y alcance de esos elementos de convicción que  presuntamente  se dejaron de apreciar y, además, demostrar que sin ellos, todos  los  demás  analizados  en  el  fallo  impedían  llegar  a la certeza sobre el  compromiso penal de su defendido.   

En  el  caso que se examina, el defensor no  propone  un  planteamiento  de  esa naturaleza; tampoco aborda críticamente las  motivaciones  del  fallo;  se limita a mencionar expresamente el falso juicio de  existencia  por  omisión,  pero nada dice acerca del verdadero fundamento de la  sentencia,  y  concretamente  lo concerniente a la autoría y la responsabilidad  de  su  defendido en el atentado contra la vida, es decir, ni siquiera alcanza a  desvirtuar  que  el  vehículo  estaba  en poder del procesado al momento de los  hechos  y  fue el medio de transporte que utilizaron él y Víctor Colver Alvear  Daza  durante  la  ejecución  del  homicidio  de Rafael Héctor Vega Echeverry,  mismo que chocaron contra otro automotor y dejaron abandonado.   

Asimismo, debió tener en cuenta que si bien  es  cierto  a  la aplicación indebida o a la falta de aplicación del principio  de  in  dubio  pro reo puede  llegarse  tanto  por la vía directa como por la indirecta de transgresión a la  ley  sustancial,  también  lo  es  que  los  antecedentes jurisprudenciales han  establecido  que  en  cada  eventualidad el desarrollo y demostración del cargo  debe  corresponder  al  camino  escogido para su denuncia y a la realidad que la  actuación revele.   

Y,   de  acudirse  a  la  vía  indirecta  –conforme se desprende de  la  demanda  en este caso–,  por  incurrirse  en errores de hecho o de derecho en la apreciación probatoria,  además  del  señalamiento  concreto  de  la  especie  de  error probatorio, el  casacionista  debe  demostrar que el fallador llegó a la conclusión equivocada  de  que  las pruebas no conducen a la certeza del hecho o la responsabilidad del  procesado     (aplicación     indebida),  o  erradamente  concluyó que los medios conducían a la certeza  requerida  y  condenó,  cuando  se  evidenciaba la incertidumbre que debió ser  resuelta   en   favor   del   procesado   (falta   de  aplicación).  Para  dicho  efecto,  tenía  por carga  presentar  una  argumentación  acorde  con  el  tipo  de  error cometido por el  juzgador  al  apreciar  los  medios  de  convicción, cometido que como viene de  analizarse, no observó el libelista.   

Ante  el  abandono  del  demandante por las  exigencias que vienen de reseñarse, el cargo será inadmitido.   

Segundo       cargo.   

También  propone el demandante un error de  hecho  por  falso  raciocinio, argumentando que frente a las contradicciones que  muestran  los testimonios de Mónica Patricia Ramos Durán, Carmen Johana Ferrer  Cáceres  y  Héctor Edison Vega Lozano, el Tribunal desconoció “…los  postulados  de  la  sana  crítica al momento de hacerle el  estudio  bajo la sana lógica, el sentido común y la experiencia…”   

De esa forma, reprocha que a su defendido se  le  hubiese  condenado  por  homicidio,  cuando  no  se  demostró ni directa ni  indirectamente  que  hubiese  estado en el lugar de los hechos y mucho menos que  hubiese  tomado  parte en la ejecución del delito, pues, el precio del alquiler  de  la  moto  superó  por mucho lo que se acostumbraba cobrar en la región; el  sentido  común  señala  que  se  quien  alquila una motocicleta por ese precio  tiene  la  intención  de  cometer  un  delito; no se sabe si la motocicleta fue  arrendada   o  entregada  en  comodato;  Héctor  Edison  Vega  Lozano  señaló  únicamente  a  alias  “VITICO”;  y,  el alquiler de la motocicleta no puede  considerarse  hecho  indicador  de  la  participación  en  la  comisión  de la  conducta punible.   

Con todo, el falso raciocinio difiere de los  falsos  juicios  de  identidad  y de existencia en que el medio de prueba existe  legalmente  y  su  tenor o expresión fáctica es aprehendida por el funcionario  con  total  fidelidad,  sin  embargo, al valorarla le asigna un poder persuasivo  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, y en tales eventos el  demandante  corre  con  la  carga  de  demostrar  cuál  ley  científica, cuál  principio  de  la  lógica o cuál máxima de la experiencia fue desconocido por  el  juez, e igualmente tiene el deber de indicar cuál era el aporte científico  correcto,  cuál el raciocinio lógico o cuál la deducción por experiencia que  debió aplicarse para esclarecer el asunto.   

No  sobra  destacar  que  tras  demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  la  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable a la parte que alega el  respectivo yerro.   

Ahora  bien,  en  lo que concierne al tema  de   los   principios  de  la  lógica  y  las  máximas  de la experiencia o del  sentido  común,  presupuestos  del cargo,   para   la  Sala  es  claro  que  los  razonamientos  del  Ad quem  en  los  que  se  soporta  la decisión condenatoria, no pueden controvertirse a  partir  de  la  simple  negación  de su validez o proponiendo axiomas que omite  confrontar  con  los  hechos demostrados para explicar cómo operan en los casos  que  plantea,  y  sin  siquiera  señalar  cuáles  serían los apotegmas que se  desconocieron  y  que  debieron  acogerse  en  la  valoración  de los medios de  persuasión.   

Sus reproches no pasan de ser afirmaciones  ficticias,  fundadas  en  su  concepción  de  cómo  debieron interpretarse las  evidencias que no favorecen a su defendido.   

No  tuvo  en  cuenta  el  libelista  que  los   principios   de   la   lógica   no  son  los  mismos  que gobiernan la experiencia y, si se trata de  señalar  su  violación, es menester precisar cuál en concreto de unos u otras  ha sido el postulado vulnerado.   

En  otras  palabras,  cuando el demandante  afirma  que  el  Tribunal  incurrió  en violación de  “…los  postulados  de la sana crítica al momento  de  hacerle el estudio bajo la sana lógica, el sentido común y la experiencia,  porque  se  encuentran  grandes contradicciones que cualquier persona del común  las  podría  observar…”;  o  que  “…el  sentido  común  nos dice, que una persona no puede alquilar  una  moto  por  cincuenta  mil  pesos  por  una hora sin tener una intención de  cometer  un  delito,  y  mucho  menos  que  la  cuñada (Mónica) dice que ellos  estaban  acostumbrado (sic) a  fechorías,  entonces  quiere  decir  que  CARMEN  estaba  mintiendo  u ocultado  algo.”;  o  que,  refiriéndose  a  Mónica Patricia  Ramos    Durán    y    Carmen    Johana    Ferrer    Cáceres   “…estas      dos     declaraciones     que     no     (sic)   son   increíbles   porque   hay  inferencias,  porque  si  abalizamos (sic) bajo  la  lógica,  la  sana  crítica  y  el  sentido  común y la  experiencia  en  la  declaración  del señor HÉCTOR EDISON VEGA, jamás afirma  que  el procesado se encontraba en el lugar de los hechos, tampoco afirma que lo  vio  y  mucho  menos que lo reconoció….”; no está  relacionando,  así  lo  diga,  ningún  principio  lógico  o  máximas  de  la  experiencia,  sino  tratando  de introducir presuntas fórmulas con el ánimo de  controvertir  la  decisión  del  Tribunal,  que  le  atribuyó a su asistido la  autoría y la responsabilidad en el homicidio.   

En  síntesis, el actor trata de anteponer  su  criterio  a  los  juicios valorativos de la segunda  instancia,  partiendo de simples conjeturas como que no existe ninguna evidencia  que  demuestre  la  autoría y responsabilidad de JORGE  ANTONIO  MERCADO  RODRÍGUEZ,  en la muerte de Héctor  Rafael Vega Echeverry.   

El libelista ni siquiera dice en dónde se  hallan  insertas  las  normas  de  la lógica y de la  experiencia  que  propone  o cómo operan para el caso  concreto,  tornándose  sus  afirmaciones  en  meras  peticiones  de  principio,  carentes    de   soporte   fáctico,   jurídico   o  probatorio.   

Si  de  verdad  esos  postulados  tuviesen  vocación   de   representar   reglas   de   la   experiencia   o   principios   lógicos,   cuando   menos  habría  de  explicar  en  dónde  residen sus características de generalidad y  universalidad.   

Tampoco  formula  ningún planteamiento que  desvirtúe   los   argumentos   de   la  segunda  instancia,  pues  –se          itera–,   no   aborda   críticamente   las  motivaciones  del  fallo;  se limita a mencionar reiteradamente la existencia de  falsos  raciocinios,  pero nada dice en relación con los verdaderos fundamentos  de  la  sentencia, los que en conjunto confluyeron para formar el convencimiento  del  Juez  Colegiado, necesario en la estructuración del correspondiente juicio  de reproche.   

En  su  real  contenido  argumental,  las  manifestaciones   del   demandante  apenas  constituyen  las  aseveraciones  que  pretende  contraponer  a  las inferencias de la segunda instancia, es decir, que  el  Tribunal  dedujo  la autoría y la responsabilidad en el delito precisamente        de  los  testimonios de Carmen Johana Ferrer  Cáceres,  Mónica  Patricia  Ramos Durán y Héctor Edison Vega Lozano, en cuyo  contenido  encontró  el  sustento  que  le  permitió refutar las coartadas del  procesado,  porque se demostró que la motocicleta utilizada en el homicidio fue  la    que    arrendaron    JORGE   ANTONIO   MERCADO  RODRÍGUEZ  y  Víctor  Colver  Alvear  Daza,  que ese  vehículo   se   lo   entregó   directamente   Carmen   Johana  a  MERCADO  RODRÍGUEZ; éste sujeto lo tenía  en  su  poder  precisamente al momento de los hechos; habiendo sido el mismo que  apareció  en la escena para facilitar la huida de alias “Vitico”, personaje  que,  por demás, fue reconocido como uno de los que ingresó al establecimiento  de  comercio  propiedad  de  la  víctima  y disparó contra Héctor Rafael Vega  Echeverry.  Finalmente,  porque  en la fuga la motocicleta, no solo fue divisada  por  Héctor Edison Vega Lozano, sino que fue estrellada, abandonada en el sitio  por  los homicidas y reconocida por el hijo de la víctima como la que estaba en  la escena y se usó en la fuga.   

Por   lo   demás,   en   punto   de  la  trascendencia,  si  en  gracia  de  discusión  se  dijera  que las afirmaciones  escuetamente  planteadas  constituyen reglas de la sana crítica, bien poco hizo  el  defensor  para  delimitar  el  alcance  de los presuntos yerros, pues obvió  referirse  a  la totalidad de elementos de convicción allegados al expediente y  a  la  forma en que esa presunta violación incide sobre el análisis probatorio  conjunto, al extremo de imponer la absolución de su asistido.   

Finalmente, en atención a que el demandante  estima  que no puede tomarse “…como un medio de un  hecho  indicador  el  alquiler o préstamo de la moto, para cometer el homicidio  en  esta  forma  inferir  en el hecho desconocido, situación esta completamente  inverosímil   a   la   luz   de   la   sana   citita  (sic),   la   lógica,   el   sentido  común  y  la  experiencia,  por estos motivos la defensa censura la sentencia formulada por el  Honorable  Tribual (sic).”, debe recordársele que si  su   intención   era  atacar  la  apreciación  de  la  prueba  indiciaria,  la  jurisprudencia  de  esta  Corte  reiteradamente ha sostenido que en desarrollo y  demostración  del  cargo,  el  censor  debe especificar si el yerro se cometió  respecto  de  los  medios demostrativos de los hechos indicadores, la inferencia  lógica,  o  en el proceso de valoración conjunta al apreciar su articulación,  convergencia   y  concordancia,  para  llegar  el  juzgador  a  una  conclusión  equivocada22.  Tarea  que  omitió el demandante, porque su inconformidad con la  prueba indirecta no pasó del simple enunciado.   

Este      cago     también     se  inadmitirá.   

En  mérito  de  lo expuesto, la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  JORGE  ANTONIO  MERCADO  RODRÍGUEZ, por su  defensor.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                                          MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  C.  No. 4, fol. 1.   

2  Ídem, fol. 2 al 5.   

3  Ídem, fol. 9.   

4  Ídem, fol. 11 al 13.   

5  Ídem, fol. 15 al 17.   

6  Ídem, fol. 19 al 21.   

7  Ídem, fol. 43 al 45.   

8  Ídem, fol. 72 y 73.   

9  Ídem, fol. 211 al 242.   

10 C.  No. 5, fol. 240.   

11  Ídem, fol. 264.   

12 C.  No. 6, fol. 22 al 32.   

13  Ídem, fol. 65.   

14  Ídem, fol. 72 y 73.   

15  Ídem, fol. 82, 83 y 85 al 90.   

16 Se  le   asignó   para   que   dictara   el  fallo,  en  cumplimiento  del  Acuerdo  PSAA11–8189  del  16  de  junio de 2011 del Consejo Superior de la Judicatura   

17  Ídem, fol. 106 al 122   

18 C.  No. 7, fol.  18 al 31   

19  Sala   de   Casación   Penal,   Sentencia   de   8   de  junio  de  2005,  Rad.  20.990.   

20  Sala   de  Casación  Penal,  Sentencia  de  13  de  septiembre  de  2006,  Rad.  22.581.   

21 C.  N. 6, fol. 122   

22  Sala  de  Casación  Penal,  Auto  de  5  de  diciembre  de  2002,  Rad. 18246 y  Sentencias  del  23  de  septiembre  y  26  de  noviembre de 2003, Rad. 14.093 y  11.135, en su orden, entre otras.     

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