40414(13-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 378  

          Bogotá      D.C.,      trece (13) de noviembre de dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el recurso de apelación  interpuesto  por  el  apoderado de víctimas contra la providencia emitida el 16  de  octubre de 2012 por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, por cuyo  medio   precluyó   la   investigación   adelantada  por  los delitos de falsedad ideológica en documento  público,   prevaricato   por  acción  y  por  omisión  en  contra  el  doctor  LUIS ALBERTO REYES HERRERA,  fiscal  especializado  de  la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos y Derecho  Internacional Humanitario.   

ANTECEDENTES RELEVANTES  

Ante el Tribunal Superior de Bogotá, el 14  de  marzo de 2012, con fundamento en la causal 4 del artículo 332 de la Ley 906  de  2004,  la  fiscalía  radicó  solicitud de preclusión de la investigación  adelantada  en  contra  del  doctor LUIS ALBERTO REYES  HERRERA,  denunciado  por  el  coronel  Publio  Hernán Mejía Gutiérrez, por la  supuesta  comisión de los  delitos  de:  i) falsedad ideológica en documento público por haber consignado  en  el  auto  del 17 de febrero de 2009, emitido en el proceso No. 3834, que los  términos  estuvieron  suspendidos  en  razón al paro judicial, afirmación que  considera  contraria  a  la  verdad;  ii)  prevaricato  por acción por negar el  cierre  investigativo  deprecado por la defensa y, iii) prevaricato por omisión  al exceder el término máximo de instrucción previsto en la ley.   

En  audiencia  del  16  de abril de 2012 el  Tribunal  escuchó  la  sustentación  de la solicitud y efectuó traslado de la  misma  a  la  defensa (material y técnica)   y   al   abogado   de   confianza   del  denunciante1;  posteriormente,  el  16  de  octubre  del  mismo  año,  decretó la preclusión  investigativa  por  la causal de atipicidad objetiva propuesta por la fiscalía,  determinación impugnada por el apoderado del denunciante.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

El Tribunal a quo  reseña   los   elementos   materiales   probatorios  recaudados  por  la Fiscalía en pos de verificar la materialidad de la conducta  y  la participación del indiciado en la misma y analiza las características de  la atipicidad objetiva y de los delitos atribuidos al indiciado.   

Enseguida revisa el cargo relacionado con la  falsedad  ideológica  en  documento público, coligiendo que la providencia del  17  de  febrero de 2009 no contiene aseveraciones contrarias a la realidad y que  la  denuncia obedece a una desafortunada lectura de la misma, por cuanto en ella  no  se dice que la Fiscalía Catorce de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y  Derecho  Internacional  Humanitario  no laboró entre el 3 de septiembre y el 16  de  octubre  de  2008  sino  que  el  paro judicial influyó negativamente en el  desarrollo  de esa actuación, tal como lo hizo constar cuando se desplazó a la  ciudad      de     Barranquilla.           

Frente al delito de prevaricato por acción  el    Tribunal   señala   que   el   doctor   REYES  HERRERA  mediante  providencia  del  23 de febrero de  2009  clausuró  parcialmente  la  investigación  al considerarla perfeccionada  respecto  del  concierto  para  delinquir,  más  no  así  en  relación con el  homicidio  agravado,  motivo  por  el  cual  dispuso  la  ruptura  de  la unidad  procesal.   

En  ese contexto, advera, el cierre parcial  de  la  investigación  no  es  manifiestamente  contrario  a la ley, pues está  autorizado  por  el  artículo 394 de la Ley 600 de 2000 que faculta al fiscal a  decretar  clausuras  parciales  frente  a determinados delitos o con relación a  algunos procesados.   

Lo  anterior  con  mayor  razón cuando las  explicaciones  otorgadas  por  el indiciado para sustentar el cierre parcial son  razonables  y  se  ajustan plenamente a la ley, a saber: i) la complejidad de la  investigación   por   versar  sobre  el  homicidio  de  19  personas,  ii)  los  expedientes  de  la  jurisdicción penal militar llegaron diez días antes de la  clausura  investigativa y, iii) la indagatoria no agota las pesquisas necesarias  para perfeccionar la instrucción.   

De otra parte, el Tribunal considera que el  hecho  de  sobrepasar el lapso instructivo no configura el delito de prevaricato  por  omisión,  dada la complejidad del asunto, máxime cuando el funcionario no  omitió,  retardó,  rehusó  o  denegó un acto propio de sus funciones; por el  contrario,  para  cumplir  con el deber constitucional de esclarecer los delitos  de      especial     gravedad,     continuó     la     investigación     hasta  perfeccionarla.   

Constituye   un   contrasentido,  agrega,  pregonar  el  prevaricato  por  acción  y  por  omisión  por el cierre parcial  decretado,  pues  un  mismo  acto  no  puede entrañar simultáneamente esas dos  conductas ilícitas.   

LA IMPUGNACIÓN  

El  apoderado  del  coronel  Publio       Hernán       Mejía      Gutiérrez      solicita  revocar  la  preclusión  dispuesta  por  cuanto  la Sala  mayoritaria  incurrió  en  grave  error  de  interpretación  al  analizar  los  acontecimientos  denunciados,  tal  como  lo  puso de presente el magistrado que  salvó voto.   

          Cuestiona  que  la  fiscalía haya saltado del plan metodológico a  la  solicitud  de  preclusión sin efectuar la imputación y la acusación, pues  en  su  opinión  existen  situaciones de suma gravedad que no quedaron claras y  deben  dilucidarse,  por  ejemplo,  el  peso  de  las  pruebas  practicadas  con  posterioridad  al  cierre de investigación, máxime cuando desde sus albores la  indagación  se  orientó  a  investigar  el  punible de homicidio sin que en su  desarrollo     surgieran     otros     hallazgos    que    comportaran    nuevas  imputaciones.   

Refiere    que    la    denuncia    del  coronel     Mejía     Gutiérrez     ha  dado  vueltas por más de 30 despachos judiciales a lo largo de  tres  años,  circunstancia  por la cual se perdieron algunos documentos anexos.   

          Señala   que   cuando   el   fiscal   clausuró   parcialmente  la  investigación  practicó  dos  pruebas sin incidencia en las pretensiones de la  defensa  o  en  la  resolución  de  acusación,  de suerte que se trató de una  maniobra  orientada  a  impedir  resultados  en  favor  en  la  defensa, pues el  vencimiento  de  términos  tiene  consecuencias  jurídicas  en la libertad del  procesado,   quien   llevaba   más   de  24  meses  en  detención  intramural.   

De  otra  parte,  añade,  si  el  fiscal  consideraba  que  la  investigación  era  compleja  debió  manifestarlo  en la  decisión  cuestionada  y  no  decir una cosa que no ocurrió, máxime cuando no  podía   suspender   términos   por  el  cese  de  actividades  de  los  demás  funcionarios  si  él  no estaba en paro. Tampoco podía congelar el proceso A y  seguir trabajando en el proceso B.   

De  otra  parte,  advera,  la diligencia de  Barranquilla  aducida  por  el fiscal como ejemplo del influjo negativo del paro  judicial  en su actividad investigativa sí se realizó, al punto que los medios  de  comunicación  estuvieron presentes. Por ello, opina, el Tribunal no valoró  en forma completa la secuencia de los hechos.    

Considera  que  el  punible  de falsedad se  configura  por cuanto se procede contra un servidor público que en ejercicio de  sus  funciones extendió un documento público con capacidad de servir de prueba  en   el  cual  consignó  una  afirmación  mendaz,  pues  el  fiscal  continuó  trabajando  sin  suspender  términos  procesales,  en  apoyo de lo cual aportó  numerosas   decisiones  proferidas  en  ese  lapso.  En  ese  orden,  opina,  la  intención   del   indiciado   fue   dividir  el  proceso  y  modular  el  lapso  investigativo más allá de lo permitido en la ley.   

Así   mismo,   afirma,  ni  siquiera  la  complejidad  de  una  investigación  permite  dilatar los términos procesales,  menos  en  un  evento  como  el  examinado  donde  la actuación no ostentaba la  densidad  pregonada  porque  se refería a una sola operación militar realizada  en  un  único  sitio, siendo suficientes los veinticuatro meses de instrucción  previstos en la ley.   

De  otra  parte, agrega, el prevaricato por  acción  no  nace  en  el cierre de la investigación sino en la solicitud de la  parte  de clausurar la fase instructiva por vencimiento de términos, momento en  el  cual  el  fiscal  aduce  que  por  el paro judicial puede extender el plazo,  decisión  contraria  a  derecho  porque  se  trata de un hecho que prima  facie  no  es  cierto, resultando  arbitrario e injusto.   

Considera que existen hechos por investigar  en    relación   con   los   punibles   atribuidos   al   fiscal   REYES  HERRERA. De igual forma, aduce, es  posible  que  al  profundizar  la indagación se encuentre que el funcionario no  actuó  con  dolo,  pero  esa  información actualmente no existe en el proceso,  luego  no  se  puede dictar preclusión por atipicidad subjetiva, máxime cuando  la   argumentación   de   la  fiscalía,  del  tribunal  o  de  cualquier  otro  interviniente                  no                 contempló                 esa  hipótesis.         

En   suma,   concluye,   el  a  quo incurrió en un triple error, pues  i)  la  tipicidad  objetiva  del  delito  de  falsedad  ideológica en documento  público  se  cumple, en tanto el fiscal en ejercicio de sus funciones consignó  en  el  auto  del  17  de  febrero  de 2009 una mentira; ii) dicha situación es  contraria   a   la   ley  y  prima  facie  vulnera  los  derechos  fundamentales  del  coronel  Mejía    Gutiérrez;   iii)   además,  irrespeta,  por  vía de omisión, la garantía constitucional de los términos,  los cuales existen como control de la actividad judicial.   

ARGUMENTOS DE LOS NO RECURRENTES  

1.        La       Fiscalía pide reconsiderar la condición  de     víctima     del     denunciante     Mejía  Gutiérrez  porque  no  acreditó  un  daño concreto  derivado  del  accionar  del doctor LUIS ALBERTO REYES  HERRERA,  en  tanto  las  consecuencias  aducidas  se  derivan  de  una inadecuada valoración del proceso matriz y no de la actuación  seguida contra el citado funcionario.   

De otra parte, considera que los argumentos  entregados  para  sustentar  el  recurso  no  se compadecen con la decisión del  Tribunal,  pues  ninguno apunta a controvertir las razones fácticas, jurídicas  y  jurisprudenciales  de  la  decisión,  motivo por el cual solicita declararlo  desierto.     

Subsidiariamente aduce que la imputación de  cargos  y la formulación de acusación no constituyen presupuesto para impetrar  la  preclusión  de  la  investigación,  por manera que tal argumento carece de  sentido  en  tanto  la  investigación  integral no opera en el sistema procesal  actual  como sí sucedía en la Ley 600 de 2000. En el evento examinado, añade,  investigó  ponderadamente  sin  hallar  elementos  materiales  probatorios  que  permitan  imputar  cargos,  por  cuanto objetivamente no se configura ninguna de  las conductas denunciadas.    

No hay falsedad ideológica, advera, porque  el  fiscal  no  dijo  en  el  auto  del 17 de febrero de 2009 que suspendía los  términos  sino  que  la  actividad  judicial  estuvo  afectada por fuerza mayor  originada  en  la  actividad  de  otros. En tal sentido, señala, la mayoría de  fiscales  de  la  Unidad  de  Derechos  Humanos declararon esa situación en los  procesos  donde  no  pudieron  realizar  las actividades probatorias previamente  ordenadas.  Por tanto, nunca se suspendieron los términos porque ese acto sólo  lo  pueden  hacer  las  secretarías  de  las  unidades, de suerte que el fiscal  simplemente   prorrogó   la  investigación  para  recaudar  unas  pruebas  que  consideraba fundamentales.   

Finalmente,  aduce,  el  proceder examinado  además  de  atípico  no  es antijurídico porque no generó daño alguno, dado  que   el   coronel   Mejía   Gutiérrez  siempre  tuvo  la  posibilidad de controvertir las decisiones del  fiscal REYES HERRERA.   

2.  El  Ministerio  Público   manifiesta   estar   de  acuerdo  con  la  determinación  porque  resulta  viable  acudir directamente a la preclusión en  los  eventos  donde  no hay prueba para imputar o acusar, siempre que se cumplan  las exigencias de los artículos 332 de la Ley 906 de 2004.   

De  igual  forma porque la causal invocada,  relativa  a  la atipicidad, se configura en las tres conductas denunciadas, pues  suspensión  y  prórroga de términos son figuras jurídicas diferentes. Siendo  ello   así,  lo  consignado  en  el  auto  censurado  es  la  prórroga  de  la  investigación,  medida  permitida  en  el  artículo 163 de la Ley 600 de 2000,  circunstancia   que   descarta   la   falsedad   ideológica   denunciada.    

En  otro  sentido,  añade,  con  el cierre  parcial  de  la  investigación  el  fiscal  desplegó  un único comportamiento  respecto  del  cual  no  puede  predicarse  al  mismo  tiempo el prevaricato por  acción  y  por  omisión,  menos  aun cuando el cierre parcial está permitido,  motivo  que elimina cualquier connotación delictiva de ese acto. Además, si el  prevaricato  se  aduce  por  la  prórroga  de  los términos, ello ocurrió por  fuerza mayor, dada la complejidad del caso.   

Finalmente,  afirma,  la  complicación del  caso  constituye  un  elemento  relacionado con la ausencia de responsabilidad y  por  ello  la preclusión debió apoyarse en la causal 2 del artículo 332 de la  Ley  906  de  2004.  Con  todo,  esa  circunstancia también puede configurar un  elemento  negativo  del  tipo,  siendo  posible  acudir  a  uno  u  otro  motivo  preclusivo.   

3. El doctor LUIS  ALBERTO  REYES  HERRERA  manifiesta  que  siempre  ha  reconocido,  incluso  en el auto cuestionado, que el término de instrucción se  superó.  Sin embargo, esa dilación estaba justificada no sólo por lo ocurrido  en  el  proceso  sino  en  otras  actuaciones donde se debió declarar la fuerza  mayor  por  el  cese  de  actividades  de  la  rama  judicial. De otra parte, la  constancia   que  dejó  en  el  proceso  sobre  el  traslado  a  la  ciudad  de  Barranquilla  no  es  mentirosa,  como  aduce el apoderado de víctimas, pues en  ella  se  aclaró  que  ante el cierre de la sede de la fiscalía habilitó otro  lugar para practicar la diligencia.   

Considera que la investigación era bastante  compleja  por  versar  sobre  muchos hechos y procesados y comportar un trámite  incidental  dispendioso,  situación que demandó su desplazamiento a diferentes  ciudades.  De  igual  forma  manifiesta que siempre actuó diáfanamente, siendo  injusto  que  se  ponga  en  tela  de juicio su actuación en otras instructivas  porque ésta es la única indagación en su contra.   

4.        El       defensor  pide  mantener la decisión del  a  quo  porque  el  cotejo  entre  la  denuncia  y  las  explicaciones  del doctor  REYES  HERRERA permite concluir cómo la queja obedece  a   una   equivocada   lectura   del  coronel  Mejía  Gutiérrez  del  auto del 17 de febrero de 2009, pues  en  él  no  se  consignó  ninguna  falsedad; por el contrario, la decisión de  extender  la  investigación  se debió a la situación de fuerza mayor generada  por  el  paro  judicial,  la  cual,  además, desestima la configuración de los  delitos atribuidos al funcionario.   

           CONSIDERACIONES DE LA SALA   

La  Corte  es  competente para conocer este  asunto,  de conformidad con lo establecido en el numeral 3º del artículo 32 de  la  Ley  906 de 2004, por tratarse de un auto proferido en primera instancia por  un Tribunal Superior.   

En  procura  de  definir  la  impugnación  propuesta,  la Sala abordará el estudio de los siguientes tópicos derivados de  los   argumentos  expuestos  por  las  partes  e  intervinientes:  i)  Sobre  la  legitimidad    del   denunciante   para   intervenir   como   víctima   en   la  actuación;   ii)  Si  se  sustentó el recurso; iii) Del caso concreto: a)  Del  delito  de  falsedad  ideológica en documento público, b) Del prevaricato  por acción y c) Del prevaricato por omisión.   

i)            Legitimidad para intervenir como víctima   

Como  la  fiscalía,  en  calidad  de  no  recurrente,     cuestiona    la    legitimidad    del    coronel    Publio  Hernán  Mejía  Gutiérrez para  intervenir  en la audiencia de preclusión porque en su criterio no acreditó un  daño  concreto  derivado  de  las  conductas  criminosas  atribuidas  al doctor  LUIS ALBERTO REYES HERRERA,  la  Sala revisará su estatus dentro de esta actuación, pues de prosperar dicha  censura no habría lugar a desatar la impugnación.   

De   acuerdo  con  lo  decantado  por  la  Corporación,  en  los punibles contra la administración pública y de justicia  la  víctima  es  el  conglomerado  social  en su conjunto por tratarse de tipos  penales  que  sancionan el mal uso de la función y del cargo, por manera que el  juicio  de reproche se circunscribe a determinar si con la conducta atribuida al  funcionario  se  afectó la credibilidad e integridad de la administración y el  funcionamiento  del  sistema  jurídico  administrativo.  En  otras palabras, el  comportamiento  del  sujeto  activo se estudia en sí mismo con independencia de  los efectos respecto de terceras personas.   

Igual  sucede  con  el  punible de falsedad  ideológica   en   documento   público,  donde  la  principal  afectada  es  la  credibilidad  en  el  contenido  de  los  documentos  públicos  y, por ende, la  sociedad en general como depositaria de ese valor social.   

Con  todo,  si  como consecuencia de uno de  esos   punibles   resulta   afectado  un  particular,  adquiere  la  calidad  de  perjudicado,  condición que lo legitima para intervenir en el proceso siempre y  cuando  señale  un  daño  real  y  concreto derivado del proceder investigado,  situación que debe verificarse en cada caso .   

Además,  al  emitir  la Ley 906 de 2004 el  legislador  colombiano optó por el término víctima para referirse a todas las  personas  naturales  o  jurídicas  que  individual o colectivamente han sufrido  algún  daño  como  consecuencia del injusto, dentro de las cuales, obviamente,  se  encuentran  los  perjudicados  en  tanto  también han padecido un menoscabo  derivado del delito.   

De  esta  manera, en la actual sistemática  procesal  penal,  respecto  de  la  intervención  en  el  proceso  penal, dicha  locución   hace   referencia   tanto  a  las  víctimas  directas  (sujeto  pasivo  del  delito)  como a los  perjudicados  o  víctimas  indirectas  del  punible2.   

En   el   evento   examinado  el  coronel  Mejía   Gutiérrez  fue  reconocido  como víctima por el Tribunal sin suministrarse ninguna explicación  sobre  tal  situación  y  sin  que  las  partes  e  intervinientes manifestaran  oposición en la oportunidad pertinente.    

Con  todo,  encuentra  la  Sala  que  si se  llegasen  a  configurar  las  hipótesis delictivas denunciadas, sería factible  pregonar  la  afectación  del  debido  proceso  del  quejoso, situación que le  reportaría  un  daño  concreto a sus derechos, razón por la cual se encuentra  legitimado para intervenir en este trámite procesal.   

Lo  anterior,  además,  porque la ley y la  jurisprudencia  exigen  la  acreditación  de  un  perjuicio  real,  concreto  y  específico,  cualquiera  sea  la  naturaleza  de  éste,  pudiendo ser de orden  material  o  moral, cometido que puede lograrse con la simple argumentación que  concatene  la  situación  del  peticionario  frente  a  los sucesos base de los  cargos  atribuidos  al  indiciado,  acompañada  de  la  prueba  sumaria  de  la  legitimidad  para intervenir. Obviamente, sólo con la sentencia se consolidará  tal  condición,  deviniendo  necesario iniciar en ese momento el incidente para  determinar      la      indemnización      o      medida     de     reparación  correspondiente.   

ii) Sustentación del recurso  

Dado que la Fiscalía pide declarar desierto  el  recurso  de  apelación  incoado  por  el apoderado del coronel Mejía  Gutiérrez  al considerar que no  fue  sustentado  en  debida  forma,  la  Sala  revisará  dicho  tema,  en forma  prioritaria.    

Desde  la  emisión  de  la sentencia de la  Corte  Constitucional  C-209  del  21  de  marzo  de 2007, constituye un aspecto  pacífico  en  la  jurisprudencia  nacional  que  las  víctimas, en punto de la  preclusión   de   la   investigación,  están  facultadas  para  impugnar  tal  determinación.   

Siendo  ello así, la Sala observa cómo en  el  evento  bajo  examen,  la pretensión de la fiscalía no puede prosperar por  cuanto  el  apoderado de víctimas, aunque de manera deshilvanada, controvirtió  aspectos  esenciales  de  la  determinación  impugnada  por cuanto señaló las  razones   por  las  cuales  considera  que,  contrario  a  lo  decidido  por  el  a   quo,   los   delitos  denunciados  sí  se  configuran  y  por  qué  la causal de atipicidad objetiva  argüida en la decisión no se concreta.       

Por  tanto,  el  recurrente expuso razones  concretas  en  torno  a  su  disenso,  motivo  por el cual la Sala conocerá del  recurso para decidir de fondo sobre las censuras formuladas.   

iii) Del caso concreto  

Son  tres  los  delitos  atribuidos por el  quejoso    al    doctor    LUIS    ALBERTO    REYES  HERRERA, a saber:   

i)  Falsedad  ideológica  en  documento  público  por  haber  consignado  en  el  auto del 17 de febrero de 2009 que los  términos  estuvieron  suspendidos  en  razón al paro judicial; ii) Prevaricato  por  acción  por negar el cierre investigativo deprecado por la defensa y optar  por  la clausura parcial y, iii) Prevaricato por omisión al exceder el término  máximo de instrucción de 24 meses previsto en la ley.   

Frente a estos cargos, con fundamento en la  causal  4  del  artículo 332 de la Ley 906 de 2004, relativa a la atipicidad de  la  conducta,  la  fiscalía  solicitó precluir la investigación, postulación  aceptada   por   el   Tribunal   a   quo.   

En  razón  de lo anterior, en atención a  los  reproches  formulados y a los argumentos suministrados por el Tribunal, las  partes  e  intervinientes  en  el  debate surtido en primera instancia, la Corte  procede  a  revisar los cargos con el propósito de establecer sí se configuran  los  delitos  atribuidos  al  doctor  REYES  HERRERA,  como  lo  aduce  el  impugnante,  o  si son atípicos  objetivamente,  como  se  afirma  en  la  decisión confutada.      

     

a. De la falsedad ideológica en documento público     

El auto del 17 de febrero de 2009 proferido  dentro   del   proceso   No.   3834,  seguido  contra  el  coronel  Publio  Hernán Mejía Gutiérrez y otros  ex  militares  por  los delitos de concierto para delinquir agravado y homicidio  en   persona   protegida,  contiene  la  siguiente manifestación tachada de falsa por el impugnante:    

“4.   De  conformidad  a  memorial  presentado por la defensa, en relación al vencimiento  de  términos de instrucción tenemos que al tenor de lo normado por el art. 329  de    la    ley    600    de   2000,   en   efecto   el   termino   (sic)  de  instrucción no puede superar  los  (24)  meses,  los  cuales contados a partir de nuestra resolución de fecha  febrero  (8)  de  (2007)  a la fecha se encuentran superado en (9) días, empero  son  aplicables en este evento las previsiones normativas del art. 166 de la ley  600  de 2000 donde se contempla la suspensión de los términos, cuando no halla  (sic)  despacho al publico  (sic)  por  fuerza mayor o  caso  fortuito,  es  de  todos  conocido  que durante el lapso de Septiembre 3 a  Octubre  16  del  año  inmediatamente  anterior,  la  actividad judicial estuvo  suspendida  por  el  llamado  “paro judicial”, así las cosas este evento se  erige  como  una  fuerza  mayor,  que  implica la suspensión de los términos y  garantiza  aun  (sic)  mas  (sic)  los derechos de los  procesados,  permitiendo  aun,  para  este  momento,  la  practica  (sic)   de   pruebas   en  tiempo,  mas  (sic)  sin embargo una vez  evacuado  este  auto  se  procederá  por  el  despacho  a  la  clausura  de  la  investigación”3.    

El  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  está  descrito  de la siguiente manera en el artículo 286  del Código Penal:   

“El  servidor  público  que  en ejercicio de sus funciones, al extender documento público que  pueda  servir  de  prueba, consigne una falsedad o calle total o parcialmente la  verdad,  incurrirá en prisión de cuatro (4) a ocho (8) años e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas de cinco (5) a diez (10)  años”4.   

Se entiende por tipicidad la adecuación de  un  comportamiento  a la descripción de una conducta contenida en la ley penal.  Por  ende,  para  que  pueda  pregonarse  la  configuración  de esta categoría  jurídica  resulta necesario que la identidad entre el proceder investigado y la  genérica  delineación  del tipo sea integral, es decir, que todos los aspectos  considerados  en  la  norma concurran en la acción u omisión investigada, pues  si  falta  cualquier  elemento  no se concreta el delito y la actuación deviene  atípica.   

Ahora,  la  conducta  debe ajustarse a las  exigencias  materiales  definidas en el respectivo precepto de la parte especial  del   estatuto  penal  (tipo  objetivo),  tales  como  sujeto  activo,  acción,  resultado,  causalidad, medios y modalidades del comportamiento, y de otra, debe  cumplir  con la especie de conducta (dolo, culpa o preterintención) establecida  por  el  legislador  en cada norma especial (tipo subjetivo), en el entendido de  que,  acorde  con el artículo 21 del Código Penal, todos los tipos de la parte  especial  corresponden a conductas dolosas, salvo que la ley prevea expresamente  que se trata de procederes culposos o preterintencionales.   

          Pues   bien,  para  determinar  si  el  comportamiento  del  doctor  REYES HERRERA se adecúa al  tipo   objetivo   examinado   debe   analizarse   cada  uno  de  sus  elementos,  así:   

Elemento    del  tipo             

Se  configura?             

Explicación  

Que  se  trate  de un  servidor público             

SI             

El indiciado es fiscal  especializado,  nombrado  por  resolución  No.  0-0650  del  1/3/07  y  acta de  posesión  del  7  de  marzo  del mismo año (Folios 28 y 29 del C. No. 2)   

En  ejercicio  de sus  funciones             

SI             

La  decisión  fue  proferida  en  desarrollo  de las labores que como fiscal delegado desempeña el  indiciado  

Al extender documento  público que pueda servir de prueba             

SI             

La resolución del 17  de  febrero  de  2009  es  un  documento  público  con  aptitud legal de probar  diversas situaciones  

Consigne una falsedad o  calle total o parcialmente la verdad             

NO             

Las   afirmaciones  contenidas en la determinación cuestionada se resumen así:      

a. Se     reconoce     el     vencimiento    de    términos.    Hecho  VERDADERO   

b. Se  menciona la realización de un paro en el sector judicial entre  el  3  de  septiembre y el 16 de octubre de 2008, suceso que en VERDAD acaeció.   

c. A  partir  de lo anterior, el fiscal considera aplicable al proceso  el  artículo  166 de la Ley 600 de 2000, relativo a la suspensión de términos  por fuerza mayor o caso fortuito.     

Este aparte no es un hecho respecto del cual  pueda  afirmarse  su  ajuste  o  no  a  la realidad. Se trata de una valoración  jurídica,  cuyo  acierto  no  se  determina  en  punto  del delito de falsedad.  

La   confrontación  de  la  resolución  suscrita  por  el  doctor  REYES HERRERA con  el  contenido  del  artículo  286 del estatuto penal nacional  arroja  como  resultado  que  no  están presentes todos los elementos del tipo,  situación  que  impone ratificar la decisión impugnada por cuanto se configura  la  causal  de atipicidad objetiva pregonada por la fiscalía y decretada por el  Tribunal.   

Lo  anterior  por cuanto en la resolución  del  17  de  febrero  de  2009  el doctor LUIS ALBERTO  REYES  HERRERA no consignó ningún hecho falso, pues  aunque  adujo  que  al  caso  le era aplicable el artículo 166 de la Ley 600 de  2000,  referido  a la suspensión de términos por fuerza mayor o caso fortuito,  tal  afirmación no constituye un acontecimiento histórico respecto del cual se  pueda  afirmar  o  infirmar  su existencia, pues se trata de una interpretación  jurídica  aplicada  a un suceso realmente acaecido (el  cese  de  actividades  en  el sector judicial). En ese  contexto,   si   bien  es  posible  cuestionar  la  hermenéutica  dada  por  el  funcionario  al  precepto, la misma no configura la manifestación mendaz propia  del delito de falsedad.   

De esta manera, el acierto o desacierto de  la  interpretación  dada  por el doctor REYES HERRERA  al  artículo  166  de  la  Ley  600  de  2000  y  su  aplicación  en el referido proceso debía revisarse en relación con el punible  de  prevaricato  por  acción  por  ser  el  tipo  penal  que recoge el supuesto  fáctico propuesto, esto es, aplicar una norma impertinente.   

Sin  embargo,  considerando dicho reproche  planteado  en  la queja y aducido por el impugnante al señalar la improcedencia  de  suspender  términos,  la  Sala  advierte que tampoco se configura el delito  mencionado  porque  el  simple  desacierto  de  una decisión no materializa esa  conducta   delictiva  en  tanto  también  se  requiere  que  la  decisión  sea  “manifiestamente  contraria  a  la  ley”, situación que no concurre en este caso.   

En   efecto,   una   determinación   es  ostensiblemente  contraria  a  la ley cuando de bulto, a simple vista, sin mayor  esfuerzo  se  detecta su contrariedad con ella. En el caso de la especie, aunque  la   resolución   proferida   por  el  doctor  REYES  HERRERA  pueda  ser  calificada  de equivocada, no se  observa  abiertamente  contraria  al  ordenamiento jurídico en la medida que el  cese  de  actividades  de  la rama judicial existió y perturbó la labor de los  despachos  judiciales,  incluidos  los  que  no  se unieron al paro, en tanto la  administración  de  justicia  es  ejercida por múltiples operadores jurídicos  que  conforman  un  engranaje  susceptible  de ser afectado cuando un sector del  sistema  suspende  labores,  verbi gratia,  retrasando  diligencias  y  dificultando  la práctica de pruebas  ordenadas          con          antelación5.   

Por  ende, la interpretación del contexto  fáctico  vivido  por los operadores jurídicos de la fiscalía con ocasión del  paro  judicial,  aunque  pueda  ser  calificada  de desacertada, no se vislumbra  abruptamente  alejada de la normatividad, pues el cese de actividades en la rama  judicial  en  verdad  ocurrió  y aunque no impidió el ejercicio de las labores  del  indiciado,  sí  las  dificultó, circunstancia que objetivamente permitía  considerar    la    fuerza    mayor    habilitadora   de   la   suspensión   de  términos.   

En  suma,  contario  a lo sostenido por el  recurrente,  en  la resolución del 17 de febrero de 2009 no se consignó que la  Fiscalía   14  de  la  Unidad  de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario  participó  del  cese  de  actividades  de los empleados de la rama  judicial.  Lo  allí  sostenido  fue  que el paro judicial constituyó causal de  fuerza  mayor posibilitadora de la suspensión de términos, interpretación que  si  bien  puede  ser  calificada  como  desacertada,  no se muestra abruptamente  alejada  de  la  ley, dado el contexto fáctico de la época en que el indiciado  tramitó  el  proceso  en  contra  del  coronel Mejía  Gutiérrez.   

     

a. Del  prevaricato  por  acción       

Según  el  denunciante  este  delito  se  concreta  porque  el doctor LUIS ALBERTO REYES HERRERA  negó  la  clausura  investigativa  deprecada  por la  defensa  en  razón  al  vencimiento  de  términos.  En ese orden, cuestiona el  cierre  parcial  decretado  por  el  fiscal  instructor y el irrespeto del plazo  legalmente    establecido    para   adelantar   la   investigación.     

          Pues  bien,  la  revisión  de expediente indica que la defensa del  coronel  Publio Hernán Mejía Gutiérrez  solicitó  el  cierre  investigativo,  petición  que  el  doctor  REYES  HERRERA  desestimó  mediante  auto  del  17 de febrero de 2009, al considerar que la instrucción no  estaba  perfeccionada  y que el artículo 166 del Código de Procedimiento Penal  lo  autorizaba  para  extender  los  términos  en  razón  al  paro  del sector  judicial,  pues  tal  situación configuraba la causal de fuerza mayor reseñada  en  la norma. Así mismo, en proveído del 23 de febrero del mismo año, dispuso  la  clausura  de  la  investigación  respecto  del  delito  de  concierto  para  delinquir,  lo  cual comportó la ruptura de la unidad procesal en relación con  el punible de homicidio agravado.   

          El   delito  de  prevaricato  por  acción  está  definido  en  el  artículo  413  de  la siguiente manera:            

“El  servidor  público   que   profiera   resolución,  dictamen  o  concepto  manifiestamente  contrario  a  la ley, incurrirá en prisión de tres (3) a ocho (8) años, multa  de  cincuenta  (50)  a  doscientos  (200)  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  de   cinco   (5)   a   ocho  (8)  años”6.      

De esta manera, el prevaricato por acción  precisa  de una resolución, dictamen o concepto ostensiblemente contrarios a la  legislación,  de  forma  tal  que  su  contenido,  sin  mayor dificultad, torna  notoria   la   ausencia  de  fundamento  fáctico  y  jurídico,  así  como  su  contradicción  con  la normatividad, rompiendo abruptamente la sujeción que en  virtud   del  artículo  230  de  la  Carta  Política  deben  los  funcionarios  judiciales al texto de la ley.   

          Así  ocurre,  por  ejemplo,  cuando las decisiones se sustraen sin  argumento  alguno  al texto de preceptos legales claros y precisos, o cuando los  planteamientos  invocados  para  ello no resultan de manera razonable atendibles  en  el  ámbito  jurídico,  verbi gratia,   por   responder   a   una   palmaria   motivación   sofística  grotescamente  ajena  a  los  medios  de  convicción  o  por  tratarse  de  una  interpretación contraria al nítido texto legal.   

          Con  un  tal  proceder  debe advertirse la arbitrariedad y capricho  del  servidor  público  que  adopta  la  decisión,  en  cuanto  producto de su  intención  de  contrariar  el  ordenamiento  jurídico,  sin  que, desde luego,  puedan  tildarse  de  prevaricadoras  las  providencias  por  el único hecho de  exponer  un  criterio  diverso  o novedoso y, de manera especial, cuando abordan  temáticas  complejas  o  se  trata  de  la  aplicación  de preceptos ambiguos,  susceptibles  de  análisis  y  opiniones disímiles7.   

En  ese  orden,  encuentra  la Sala que la  determinación  de  negar  el  cierre  de  investigación  respecto de todos los  hechos  y  optar  por  la  clausura  parcial  no configura el aludido delito por  cuanto  no  es  una  decisión  manifiestamente  contraria  a  la  ley.  Por  el  contrario,  el  cierre  parcial  es  una  figura  jurídica  propia  del sistema  procesal  contenido  en  la ley 600 de 2000, cuya aplicación está deferida por  la  ley  a  la  autoridad  encargada de adelantar la investigación, quien es la  encargada  de  ponderar  en  cada  caso  si  encuentra  o  no  reunida la prueba  necesaria  para  calificar  o si en relación con alguno de los delitos o de los  procesados                   debe                  continuar                  la  investigación.           

          En  efecto,  de  acuerdo  al  artículo  394 de la Ley 600 de 2000,  “cuando  existan  varias  personas  vinculadas  al  proceso  o  se  investiguen  delitos conexos y concurran las circunstancias para  cerrar  la investigación en relación con un solo sindicado o conducta punible,  el    Fiscal    General   de   la   Nación   o   su   delegado,   la   cerrará  parcialmente”.   

          Por  tanto,  el  cierre  parcial  constituye  una  figura jurídica  instituida  en el procedimiento nacional, razón por la cual su uso no puede ser  considerado  delictivo,  como  lo  sostiene el recurrente. Lo anterior con mayor  razón  si  se  observa  que  el  fiscal  adujo  no  encontrar  perfeccionada la  investigación  respecto  del  delito  de  homicidio agravado, situación que se  enmarca   dentro   de   una   de  las  hipótesis  contempladas  en  el  aludido  precepto.      

          De   igual   forma,   el   artículo  89  ibídem  prevé  la  ruptura  de  la  unidad procesal  cuando  se  trate  de  delitos conexos siempre y cuando no se afecten garantías  constitucionales.  Siendo  ello  así,  la  Sala observa cómo el cierre parcial  cuestionado  no  infringió  derechos  de las partes, por cuanto éstas pudieron  ejercer  los  derechos  de  defensa  y  contradicción sin ninguna dificultad al  interior  de  las  dos  actuaciones surgidas a raíz de la separación procesal.   

Aún  más,  nótese  cómo ni siquiera el  impugnante  señala las prerrogativas vulneradas con esa decisión, limitándose  a  solicitar  la  protección  de  los  términos  procesales sin considerar que  aunque  son  una  garantía para los diversos intervinientes en el proceso penal  no  son  absolutos,  pues,  en  algunos eventos, pueden ser ponderados de cara a  otros     principios     constitucionales,    verbi  gratia,  el derecho de las víctimas y de la sociedad  a conocer la verdad de los hechos.   

     

a. Del prevaricato por omisión     

El canon 414 del Estatuto Penal prevé que  incurre   en   el   delito   de   prevaricato   por   omisión   “el  servidor  público  que  omita,  retarde, rehúse o deniegue un  acto  propio  de  sus funciones”, por manera que ese  tipo  penal  se  configura  cuando  se  conjuga  alguno  de  los verbos rectores  reseñados con el deliberado propósito de apartarse de la ley.   

          Pues  bien,  resulta claro que los términos procesales hacen parte  de  la garantía fundamental del  debido proceso estipulada en el artículo  29  Superior,  por cuanto las actuaciones penales deben adelantarse dentro de un  plazo  razonable  que  materialice  las  garantías  de  celeridad  y  seguridad  jurídica  debidas  a  las  partes y evite los eventuales abusos en el ejercicio  del  ius puniendi originados  en investigaciones de carácter indefinido.   

No  obstante,  el  simple  agotamiento del  límite  cronológico  previsto  en  la ley para la ejecución de un determinado  acto  procesal,  no  constituye  el  delito de prevaricato por omisión, como lo  postula  el  recurrente, pues lo sancionado es la omisión, denegación o demora  injustificadas.   

En tal sentido, la Corte Constitucional ha  señalado  cómo  “el  mero  incumplimiento  de los  plazos  no constituye por sí mismo violación del derecho fundamental indicado,  ya  que  la dilación de los plazos puede estar justificada por razones probadas  y  objetivamente insuperables que impidan al juez o fiscal adoptar oportunamente  la     decisión”8.   

En  el  evento bajo examen, la complejidad  del  proceso  No.  3834  explica  la  demora  en  la  clausura investigativa por  tratarse  de  una  actuación a la que estaban vinculados siete ex militares por  la  comisión  de  varios  delitos  (un concierto para  delinquir      y      diecinueve     homicidios     agravados),     situación  que comportó el recaudó probatorio en varias ciudades  del país, entre ellas Bogotá, Valledupar y Barranquilla.   

Entonces,  no  acierta  el  impugnante  al  pregonar  la simplicidad de la indagación; por el contrario, era una actuación  dificultosa  por involucrar a varios miembros del Ejército Nacional acusados de  actuar  conjuntamente con grupos organizados al margen de la ley y de asesinar a  18  personas  que fueron presentadas como delincuentes dados de baja en combate.  Por  tanto,  la  naturaleza de los delitos, la condición de los procesados y el  número de conductas punibles, reafirman la complejidad del asunto.   

          De  otra  parte, el recurrente considera que la fiscalía no podía  solicitar  la  preclusión  de  la  investigación  porque  no  había formulado  imputación  ni  acusación  en  contra  del  indiciado.  Empero,  tal argumento  desconoce  la  estructura progresiva del sistema procesal acusatorio, acorde con  la  cual  una vez instaurada la denuncia o iniciada de oficio la indagación, el  Fiscal  elabora  el programa metodológico orientado a constatar la materialidad  y autoría de los hechos investigados.   

Si luego de desplegar amplias y suficientes  labores  investigativas,  a  partir  de  los  elementos  materiales probatorios,  evidencia  física  o  información  legalmente  obtenida,  logra  establecer la  configuración   del   delito   e  inferir  razonablemente  la  autoría  o  participación  en  el mismo, imputará cargos al investigado. Por el contrario,  si  no  obtiene  dicha  convicción y, además, encuentra presente alguna de las  causales  previstas  en el artículo 332 de la Ley 906 de 2004, podrá solicitar  la preclusión de la investigación.    

Entonces,   la   preclusión   de   la  investigación  no  requiere  la  previa  formulación  de imputación y/o de la  acusación,  como  postula  el  recurrente,  y,  por ello, puede solicitarse tan  pronto  el fiscal obtenga el convencimiento y la prueba necesaria para demostrar  alguna  de  las  causales  contempladas  en  el  artículo  332 de la Ley 906 de  2004.    

Obviamente,  en algunos casos es posible  que  una  vez  formulada  la  imputación se acopien nuevos elementos materiales  probatorios  que  evidencien  la  configuración  de  alguna  de las causales de  preclusión  enlistadas  en  el  citado  canon,  evento  en el cual la Fiscalía  estará  legitimada  para postular la figura preclusiva. Incluso, si en la etapa  del  juicio sobrevienen las causales 1 y 3, la fiscalía, el Ministerio Público  o la defensa pueden acudir a ella.   

Consecuente  con lo expresado, se concluye  que  las  actuaciones atribuidas por el coronel Publio  Hernán  Mejía  Gutiérrez  al  doctor  LUIS  ALBERTO REYES HERRERA no concretan,  desde  el  punto  de vista objetivo, conducta típica alguna, motivo por el cual  la  Colegiatura  confirmará  la  determinación proferida por la Sala Penal del  Tribunal Superior de Bogotá.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1º. CONFIRMAR la  decisión impugnada.   

2º. Informar que  esta  determinación  queda  notificada  en  estrados  y  contra ella no procede  recurso alguno.   

Devuélvase al Tribunal de origen.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                              FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                                                                                                                                        (     impedido           )   

EUGENIO FERNÁNDEZ  CARLIER                                                 MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ         ( impedido )   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ                                   EYDER    PATIÑO   CABRERA                         

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  La  intervención  del  apoderado  de la víctima se concretó en audiencia del 2 de  mayo de 2012.   

2   En   tal   sentido,  ver  el  proveído  del  6  de  julio  de  2011,  Rad.  No.  36513.   

3 Cfr.  Folio136 cuaderno No. 2 de la fiscalía.   

4 A la  pena  señalada  se  debe  añadir  el  incremento  dispuesto  por la Ley 890 de  2004.   

5  En  este  sentido, en su desplazamiento a la ciudad de Barranquilla, según adujo el  indiciado  y  convino  el  apoderado  del denunciante, no se pudo ingresar a las  instalaciones  de  la  fiscalía,  razón  por  la  cual  se debió habilitar un  espacio  diferente  para el recaudo probatorio, lo cual, a no dudarlo, dificulta  la labor investigativa del ente acusador.   

6  A  estas  penas  debe  aplicársele  el aumento punitivo consagrado en  la Ley  890 de 2004.   

7   Cfr.  Sentencias  del  8 de octubre de 2008, Rad. No. 30278 y del 18 de marzo de  2009, Rad. No. 31052.   

8 Cfr.  Corte Constitucional C-604 de 1995.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *