40267(11-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Aprobado Acta N° 36.  

Bogotá  D.C.,  once  de  febrero de dos mil  trece.   

V I S T O S  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado judicial de  ALCIBIADES  DE  ASÍS  BUSTILLO CERVANTES, en contra de quien se siguió proceso  penal  por  el  delito  de  peculado  por apropiación en favor de terceros, que  culminó  en  primera  instancia  con  fallo  condenatorio  proferido  el  15 de  diciembre  de  2010  por  el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de Bucaramanga,  confirmado  en  su  integridad  por  el  Tribunal  Superior  de  esa  ciudad, en  decisión  del   11  de  julio de 2011, en el cual se le condenó a él y a  Osvaldo  Ernesto  Saavedra  Ballesteros,  Arturo Enrique Vargas Nucci, Guillermo  Enrique  Hoenigsberg  Bornacelli  y  Fernando Jorge Thorne Brown, a la pena de 6  años  de  prisión,  multa  en  cuantía de $200.000, e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual lapso a la sanción  aflictiva  de  la libertad, junto con el pago de perjuicios por el equivalente a  1.072.42  salarios  mínimos  legales  mensuales,  otorgándole  el subrogado de  prisión domiciliaria.   

HECHOS   Y   DECURSO  PROCESAL   

Fueron  resumidos  por la Corte en decisión  anterior1, de la siguiente manera:   

“El  diecisiete  de  noviembre  de  mil  novecientos  noventa y tres, el Consejo de Gobierno de la Alcaldía Distrital de  Barranquilla   autorizó   al   Alcalde  para  contratar  por  la  modalidad  de  administración  delegada,  las  obras  de  remodelación  interna y externa del  edificio  ubicado  sobre el Paseo Bolívar entre las carreras 43 y 44, adquirido  al Banco de la República y donde funcionaba la Alcaldía.   

“Así  el veintisiete de diciembre de mil  novecientos  noventa  y  tres,  el  Alcalde BERNARDO HOYOS MONTOYA, luego de las  resultas  de  un ‘concurso  de  méritos’  para  la  selección  del  contratista  celebró  contrato  de  obra  pública  con el  arquitecto    FERNANDO   JORGE   THORNE   BROWN,   por   un   valor   total   de  $1.490.744.524,55.   

“Quedó  estipulado  en la clausula (sic)  quinta  que  el  contratista recibiría a la firma del contrato el 40% del valor  total  de  los  costos directos y gastos administrativos fijados en la cláusula  tercera,  correspondiendo a THORNE BROWN el equivalente al 25% de los honorarios  de la administración pactados en la misma cláusula.   

“Con  lo  demás  debía  constituirse un  fondo  rotatorio  que  sería  administrado por el interventor del contrato y el  contratista,  según  lo  estipulado  en la cláusula sexta. El 60% restante del  valor  contractual  se  pagaría  contra  actas  de  recibo  parcial de la obra,  debidamente soportadas.   

“Pese a estas claras previsiones y sin que  nada  hubiere  modificado  la  esencia   del  contrato,  en  marzo  de  mil  novecientos    noventa    y   cuatro   el   contratista   ya   había   recibido  $1.401.342.180.55,  esto  es el 94% del precio total de la contratación sin que  se hubiesen iniciado las obras.   

“Cinco  meses  después,  agosto  de  mil  novecientos  noventa  y  cuatro,  entre los contratantes se suscribe adición al  contrato  relacionado  con  la obra, significándole al Distrito de Barranquilla  el    desembolso    de   otros   casi   mil   quinientos   millones   de   pesos  ($1.495.000.000).   

“Y  en  mayo de mil novecientos noventa y  ocho,  cuando nuevamente fungía como Alcalde el Padre BERNARDO HOYOS MONTOYA, a  favor  del  contratista  fue  girada  otra  importante  suma  cercana a tres mil  quinientos  millones  de  pesos  ($3.471.121.704.00),  dinero  acordado entre la  administración  y  el abogado JUAN PABÓN ARRIETA representante del contratista  THORNE  BROWN  para  finiquitar  pleitos  suscitados por el original contrato de  diciembre de mil novecientos noventa y tres”.   

1.2.-  Después  de  algunas  incidencias  procesales  que  no  son  del  caso  referir  ahora,  una vez adelantada la fase  correspondiente  a la instrucción, y previa clausura de ésta por razón de los  hechos  relacionados  con  el  contrato  de  obra  pública  celebrado  el 27 de  diciembre  de  1993,  el 6 de mayo de 20052  un  Fiscal  Delegado  adscrito  a  la  Unidad  Nacional de Delitos contra la Administración  Pública  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución  de  acusación  en  contra  de  OSVALDO  ERNESTO SAAVEDRA  BALLESTEROS,  GUILLERMO  ENRIQUE  HOENIGSBERG  BORNACELLY, ARTURO ENRIQUE VARGAS  NUCCI,   ALCIBÍADES  DE  ASÍS  BUSTILLO  CERVANTES  y  FERNANDO  JORGE  THORNE  BROWN,  como  presuntos  responsables  del  delito de  peculado  por  apropiación,  en beneficio del tercero THORNE BROWN y  a  éste  por  el presunto cargo de peculado por apropiación en  beneficio   propio”,   conducta  definida  por  el  artículo  133  del Decreto 100 de 1980, “señalando para el infractor pena de  prisión  de  cuatro  a quince años, dado que la cuantía supera quinientos mil  pesos,   e   interdicción   de   derechos   y   funciones  públicas  por  diez  años”3  (se destaca), mediante decisión que el  6  de enero de 2006  fue íntegramente confirmada  por   un   Fiscal   Delegado  ante  la  Corte  Suprema  de  Justicia4,  al conocer  en  segunda  instancia  de  la  apelación  promovida  por  la  defensa  de  los  acusados.   

1.3.-  La  etapa  de  juicio  fue  asumida  inicialmente    por    el    Juzgado    Segundo    Penal    del    Circuito   de  Barranquilla5,   y  posteriormente por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito  de  Bucaramanga6  (por  virtud  del  cambio  de  radicación dispuesto por la Corte  mediante  providencia  de  18  de  julio de 2007),  en donde se culminó la  audiencia                  pública7  y el 15 de diciembre de 2010  se  puso  fin  a  la  instancia  condenando a cada uno de los procesados OSVALDO  ERNESTO  SAAVEDRA  BALLESTEROS, GUILLERMO ENRIQUE HOENIGSBERG BORNACELLY, ARTURO  ENRIQUE  VARGAS  NUCCI,  ALCIBIADES DE ASÍS BUSTILLO CERVANTES y FERNANDO JORGE  THORNE  BROWN,  a  las penas principales de seis (6) años de prisión, multa en  cuantía  de  dos  cientos  mil  pesos  ($200.000.00)  e inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un término igual al de la pena  privativa  de  la  libertad,  a  consecuencia  de hallarlos coautores penalmente  responsables  del  delito de peculado por apropiación definido por el artículo  133  del  Decreto  100  de 1980, modificado por el artículo 2º de la Ley 43 de  1982,  al tiempo que les negó la suspensión condicional de la ejecución de la  pena,   pero   sí   les   otorgó   la   prisión   domiciliaria,  entre  otras  determinaciones8.   

1.4.-  Recurrida  esta  decisión  por  la  defensa        de        los        procesados9,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga por medio del fallo proferido el 11 de julio  de     2011     resolvió    impartirle    íntegra  confirmación,  al conocer en segunda instancia de la  apelación                interpuesta10.   

1.5.-  Contra la  sentencia  de  segunda  instancia,  los procesados GUILLERMO ENRIQUE HOENIGSBERG  BORNACELLY  y  ARTURO  ENRIQUE VARGAS NUCCI; así como los defensores de OSVALDO  ERNESTO  SAAVEDRA BALLESTEROS, FERNANDO JORGE THORNE BROWN y ALCIBIADES DE ASÍS  BUSTILLO   CERVANTES   11   interpusieron   recurso  extraordinario  de  casación,  el cual fue concedido por el ad quem12   y  los  respectivos  defensores  presentaron  las  correspondientes demandas13,  siendo  admitidas         por        la        Corte14.”   

        En  sentencia  del  4 de septiembre de 2004, la Sala emitió fallo  de casación en el cual se decidió no casar la sentencia atacada.   

LA  DEMANDA   

El  representante  del condenado, acude a la  primera  causal  de  revisión  consignada  en el artículo 220 de la Ley 600 de  2000:   

“Cuando  se  haya  condenado  o impuesto  medida  de  seguridad  a dos o más personas por una misma conducta punible  que  no  hubiese  podido ser cometido sino por una o por un número menor de las  sentenciadas”   

Respecto  de la causal, el demandante estima  necesario  precisar  lo  ocurrido  de  acuerdo  a  su  particular  óptica, para  concluir,  en  cuanto  aspectos  pertinentes para lo que aquí interesa, que las  normas       legales       regulatorias       del       asunto      –Decreto 0270 de 1991- y el cronograma  del  flujo  de  los  dineros del empréstito obtenido por la Alcaldía Municipal  del   Banco  Central  Hipotecario  “modificaron  o  complementaron  la  cláusula  de  pago  del  contrato  y  otorgaron  facultades  expresas  al Secretario de Hacienda para efectuar los desembolsos al contrato de  Administración    Delegada    hasta    en    un   solo   contado…”.   

Además,  que el Contrato de Administración  Delegada,   le  transfirió  funciones  públicas  exclusivamente  al  condenado  Fernando  Thorne  Brown,  y  relevó  “del manejo,  administración,  subcontratación,  contabiliazación,  control y rendición de  cuentas   de   los   recursos  del  contrato  de  Administración  Delegada,  al  interventor,  el  Secretario  de  Hacienda,  el  Director  de  Presupuesto  y el  Tesorero,  por  la  naturaleza del contrato, por consiguiente la responsabilidad  era  de  una  sola  persona,  es decir del Administrador Delegado”.   

Añade  el  defensor  especial  de  BUSTILLO  CERVANTES,  que para el momento en el cual el contratista Thorne Brown sacó los  dineros  del  Fondo  Rotatorio y los trasladó a una fiducia, cuyos rendimientos  constituyen  el  monto  del peculado atribuido a todos los condenados, no había  sido  designado  su representado como interventor y, así mismo, está claro que  para  el  manejo de esos dineros de la fiducia, no se requería la firma  o  autorización de ALCIBIADES DE ASÍS BUSTILLO.   

Entonces,     concluye    “A  ALCIBIADES  BUSTILLO  CERVANTES,  como  interventor no se le  podía  exigir  que  ejerciera  control  sobre una cuenta particular, personal y  desconocidos   (sic)   por   el   interventor,   es   decir   sobre   la  cuenta  F.A.M.”   

Acorde con lo anotado, advierte el demandante  que  ha  podido  demostrar  una  diferencia  sustancial  entre  la  “verdad    formal    y    la   verdad   declarada”,  en  tanto,  se  condenó  a  personas que no intervinieron en los  hechos,  ya  que  el  delito  “sólo  podía   cometerse         por        el        Administrador        Delegado…”   

A  manera  de  anexos  de  la  demanda,  el  accionante,  además del poder para actuar conferido por el condenado, presentó  copias  de  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancias;  certificación de  ejecutoria  de  los  mismos;  y  copias  de  innumerables  piezas procesales que  entiende sustentan su postura.   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

Dado  que  la  acción  de  revisión,  como  mecanismo  excepcional y extraordinario, busca derrumbar la intangibilidad de la  cosa   juzgada,   para  su  postulación  es  necesario  cumplir  con  estrictos  requisitos,  en  ausencia  de los cuales surge indefectible la inadmisión de la  demanda.   

Por  regla general, conforme lo dispuesto en  el  artículo  192  de  la Ley 906 de 2004, la acción de revisión opera contra  sentencias condenatorias ejecutoriadas.   

Plena   legitimidad,  entonces,  tiene  el  demandante  para  incoar la acción en contra de los fallos de primera y segunda  instancias  que  condenaron  a  su  patrocinado  legal  como autor del delito de  peculado  por  apropiación  a  favor de terceros, dado  que, además, esas  sentencias  se  encuentran  ejecutoriadas,  como  así  se  hace  constar  en la  certificación allegada a la demanda.   

Es  claro,  igualmente, que el demandante se  halla    habilitado    para   actuar   en   sede   de   revisión   –artículo 221 de la Ley 600 de 2000-,  ya  que  el  condenado  le  confirió  expreso poder para el efecto, tal cual se  consigna en el documento adosado a la demanda.   

No  obstante,  la  Sala tiene que relevar la  absoluta  impropiedad  del  cargo  postulado  por  el demandante, o mejor, de su  sustentación,  pues,  lejos  de  presentar  argumentos  o  hechos novedosos que  adviertan  injusto  el  fallo,  se  ocupa  de  traer  a colación disquisiciones  teóricas  propias  de las instancias, intentando revivir oportunidades perdidas  o,  cuando  menos,  utilizar  el  mecanismo  de  revisión  para hacer uso de la  argumentación  obviada  en el recurso extraordinario de casación que, conforme  la  sentencia  proferida  por  la  Sala el 4 de septiembre de 2012, confirmó lo  decidido por las instancias.   

Frente a lo buscado aquí por el accionante,  ha  de  reiterarse  que posibilidad de derrumbar el principio de la cosa juzgada  surge  excepcionalísima,  en los casos puntuales donde evidente se determina la  injusticia  del fallo porque se allegan elementos objetivos nuevos que no fueron  considerados al momento de tramitarse las instancias.   

Pero,  es  indispensable  destacarlo,  ni la  naturaleza  ni  los  fines  de la acción de revisión, permite instituirla como  especie  de  mecanismo  de corrección de yerros o escenario habilitado para que  un  nuevo  defensor  presente  mejores  argumentos o lea de manera diferente los  medios  probatorios  allegados  al proceso ordinario culminado y cubierto con la  pátina de la cosa juzgada.   

Mucho  menos  si,  como sucede con el libelo  presentado  por  el  profesional  del  derecho  que  atiende  los  intereses  de  ALCIBIADES   DE   ASÍS  BUSTILLO,  la  propuesta  de  revisión  parte  de  las  particulares  e  incontrovertidas  conclusiones  que  de  forma  por  lo  demás  interesada  extrae de los elementos de juicio recabados, las cuales muy lejos se  hallan  de perfeccionar la causal propuesta y cuando más representan discusión  probatoria  o  dogmática  propia de los alegatos de instancia debidos presentar  en curso del proceso.   

Acerca de la causal consignada en el numeral  1°  del  artículo 220 de la Ley 600 de 2000, en oportunidad anterior, respecto  de  un  asunto  que  registra  identidad  fáctica  con el que ahora se examina,  sostuvo              la             Corte15:   

“Toda  el  desarrollo  argumental  del  demandante  se  dirige,  con  enorme  profusión  teórica,  a  demostrar que su  representado  legal,  y  la  esposa de éste, también condenada, no podían ser  vinculados   como  autores  del  delito  de  celebración  de  contrato  sin  el  cumplimiento   de   requisitos   legales,   para   lo  cual  realiza  particular  interpretación  de la normatividad que regula el caso, advirtiendo que la norma  general  a  través de la cual se vincula a quienes contratan con el estado como  funcionarios públicos, para efectos penales, no aplica en su caso.   

Si en las sentencias, como se precia de la  copia   de  ellas  aportada,  los  funcionarios  de  primero  y  segundo  grados  disertaron  ampliamente acerca de la condición de particulares de los esposos y  la  forma  en  que  se  asumen  sujetos  calificados,  servidores  públicos, en  análisis  del  mismo  tipo  de  normatividad  que ahora invoca el demandante en  revisión,   lo  que  claramente  surge  es  que  éste  pretende  utilizar  tan  especialísimo  mecanismo  para controvertir jurídicamente la motivación de lo  decidido  y  no  a  efectos  de  demostrar objetivamente una realidad histórica  distinta  de  la  conocida  en  el  proceso,  que  determine  incontrastable  la  inocencia de su protegido legal.   

Huelga decir que la acción de revisión no  es  el  escenario  adecuado  para tan subjetiva discusión, ni la causal primera  del   artículo   220   de   la   Ley   600   de  2000,  comporta  ese  tipo  de  alcances.   

Cuando el numeral primero en cita consagra  como  causal  de  revisión  que la condena haya sido proferida por una conducta  que  no  pudo  ser  cometida  por  todos  los condenados, sino por uno solo o un  número  menor,  evidentemente  está  diseñando  un  elemento  de controversia  concreto  y  objetivo,  que amerita de demostración eminentemente fáctica y no  jurídica o subjetiva.   

En  otras  palabras,  lo  que  la justicia  material  propia de la acción de revisión reclama, es que el demandante aporte  elementos  de  juicio  radicados  en lo fáctico y consecuencial probatorio, que  demuestren  que  una  determinada  conducta  punible  implicó la participación  material   de  un  número  inferior de personas a las que fueron objeto de  reproche jurídico penal.   

En ese caso, es obligación del demandante  alegar  y  probar  que  el  hecho,  en  su demostración objetiva o fáctica, no  admitía     la    presencia    o    intervención  material   de   ese   número  plural  de  personas  condenadas,   como   podría   suceder,   apenas  para  ejemplificar  con  fines  ilustrativos,  cuando  se  condena  por  prevaricato,  además de quien firma la  providencia,  a  otras personas como ejecutoras materiales, o cuando en curso de  una  riña  intempestiva  donde  varias personas, sin concierto previo, llevan y  disparan  sus  armas, se da muerte a una de ellas, quien recibe un solo disparo,  y  se condena a un número plural de los intervinientes, a título de ejecutores  materiales.   

Por el contrario, si como aquí sucede, el  demandante  no niega, en el plano fáctico objetivo, que la empresa de propiedad  de  su  representado legal y la esposa de éste, contrató con el ente local, es  claro  que  el tema derivó hacia aspectos jurídicos o teóricos que en nada se  emparentan   con   la   causal   primera,  razón  suficiente,  por  la  abierta  improcedencia  del  alegato  planteado,  para inadmitir este tópico de  la  demanda.”   

En  el  caso concreto, como ya se anotó, el  demandante   busca   entronizar   la   que  entiende  mejor  forma  de  examinar  jurídicamente  el comportamiento atribuido a su representado legal –y en general a todos los funcionarios  de  la  Administración  Municipal  condenados  por las instancias-, a partir de  hechos  y  pruebas  que  fueron examinados hasta la saciedad en su sede natural,  solo  que  desde  perspectiva  diferente,  en  lo  que a los jueces de primera y  segunda instancias compete.   

Por  lo  demás,  cabe  resaltar,  el  ahora  demandante  no  solo  yerra en lo formal al tratar de revivir extemporáneamente  discusiones  cubiertas  por  el  manto  de  la  ejecutoriedad, sino que trata de  acomodar   los   hechos   a  esa  impertinente  discusión  jurídica  planteada  hoy.   

En efecto, cuando el accionante sostiene que  por  virtud  de la normatividad regulatoria del contrato y la cronología de los  desembolsos  ejecutados  por  el Banco Central Hipotecario, era posible entregar  al  contratista  todo  el  monto  de  lo  pactado, apenas antepone su particular  criterio   al   de  los  falladores,  pues,  estos  claramente  advirtieron  que  independientemente  de  que  el  Decreto  270  de 1991 o el Decreto 222 de 1983,  expresamente  referenciado  por la primera instancia-, permitiesen tal largueza,  lo  cierto  del  caso  es que una de las cláusulas del contrato, que constituye  ley para las partes, limitaba ese monto inicial apenas al 40%.   

Además, no es cierto que el delito atribuido  a  BUSTILLO  CERVANTES, se hiciese consistir en que no vigiló cómo manejaba la  fiducia el contratista.   

Si bien, el monto del peculado se registró  consecuencia  de  los  rendimientos  financieros  obtenidos  por Thorne Brown en  dicha  fiducia,  que  no  destinó  al  objeto  del contrato, la responsabilidad  conjunta  endilgada  a  los  funcionarios  públicos  adscritos  a  la Alcaldía  Municipal,   incluido   BUSTILLO   CERVANTES,   estribó   en  que  autorizaron,  permitieron  o consintieron que al contratista en cuestión se le entregara casi  la  totalidad  del  precio  pactado,  en lugar del 40% dispuesto en la cláusula  contractual,  con  lo  cual  precisamente se posibilitó que tan alta suma fuera  utilizada  como  fuente  de rendimiento financiero y no destinada de inmediato a  cubrir las exigencias de lo obligado remodelar.   

En  lo  que  atiende  específicamente  al  interventor  ALCIBIADES  DE  ASÍS  BUSTILLO,  en  ningún  momento  los  fallos  advierten  que   participara  en la fiducia o pudiera controlar cómo desde  esa  cuenta  se  pagaban  dineros;  pero,  se  dijo,  cuando asumió la labor de  interventoría  conocía  que  no  podía  haberse  pagado  desde un comienzo la  totalidad  del  precio  pactado,  pese  a  lo  cual,  encargado  de  la labor de  certificar  los  avances de obra para facultar los pagos periódicos, nunca hizo  ver el desfase y avaló con su rúbrica la ilegalidad del hecho.   

Entonces,  con  la  posibilidad  de  tomar  medidas  para  revertir la situación –incluso  porque  una  de  las  cláusulas  del contrato expresamente  establecía  la  obligación  de  que todos los gastos que afectaran los dineros  depositados  a  nombre  del  contratista  debían  contar con el visto bueno del  interventor-  el  condenado, no obstante conocer que todo el monto de lo pactado  se  había  depositado  de  forma  irregular desde un comienzo, guardó silencio  permitiendo  que esa alta suma fuera destinada a obtener réditos en la fiducia.   

Así   las   cosas,  como  el  demandante  desarrolló  un  alegato  propio  del  recurso  extraordinario  de  casación, y  discute  asuntos  ajenos a la causal de revisión propuesta, se impone inadmitir  la  demanda,  acorde  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 223 de la Ley 600 de  2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R    E  S    U  E    L  V    E   

       INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada     por     el    apoderado  del  condenado  en el proceso que se  siguió  en  contra  de  ALCIBIADES DE ASÍS BUSTILLO  CERVANTES     y     otros,     por    el            delito       de       peculado         por  apropiación  a  favor  de  terceros,  de conformidad con las razones consignadas en la parte  motiva de esta providencia.   

       Contra     esta     decisión     procede     el     recurso    de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado  

LUIS  BERNARDO  ALZATE GÓMEZ                              GUILLERMO     ANGULO  GONZÁLEZ   

                                          Conjuez                                                                                   Conjuez   

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                           ALFONSO      DAZA  GONZÁLEZ   

                         Magistrado                                                         Conjuez   

RICARDO    POSADA    MAYA                                        WILLIAM MONROY VICTORIA   

              Conjuez                                                                                  Conjuez   

YEZID VIVEROS CASTELLANOS  

Conjuez  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Sentencia  de  casación del 4 de septiembre de 2012, radicado 38126.   

2  Fls. 274 y ss. cno. 4.   

3 Fls.  53 y ss. cno. 22.   

4 Fls.  29 y ss. cno. original Fiscalía de Segunda Instancia.   

5  Fls. 13. cno. 29   

6  Fls. 22 cno. 35.   

7 Fls.  142 y ss. cno. 34   

8  Fls. 1 y ss. cno. 38   

9  Fls. 135 y ss. cno. 38   

10 Fls.  8 y ss. cno. Tribunal   

11  Fls. 133  y ss.  cno. Tribunal   

12  Fls. 227  y ss. cno. Trib.   

13  Fls. 2 y ss. cno 2 Trib.   

14  Fls. 11 cno. Corte.   

15  Auto     del    12    de    mayo    de    2010,    radicado    32817.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *