40093(15-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                   

                            Magistrado Ponente:   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 266.   

          Bogotá,   D.C.,   quince   (15)   de   agosto   de  dos  mil  trece  (2013).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la demanda de revisión instaurada a  nombre   del   condenado  ALEXÁNDER  RAMÍREZ  SÁNCHEZ,  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Sincelejo, el 11 de  febrero  de  2011,  confirmada con modificaciones por la Sala de Decisión Penal  del  Tribunal  Superior  del  mismo  distrito  judicial el 29 de junio del mismo  año,  y  casada parcial y oficiosamente por esta Corte en el fallo proferido el  18  de  abril de 2012, por cuyo medio el demandante quedó condenado a las penas  principales  de  54   meses  de prisión y multa de 35,25 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a la accesoria de inhabilitación de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad,  como autor del delito de lesiones personales dolosas agravadas.   ANTECEDENTES   DEL  CASO   

          Los  hechos  fueron  sintetizados en los siguientes términos en el  fallo             de            casación1:    

         

“El 25 de abril  de  2009  desconocidos  rompieron el vidrio trasero, lado derecho, del vehículo  camioneta  de  servicio  particular  de  placas  BUI 373 que ALEXÁNDER RAMÍREZ  SÁNCHEZ  había dejado estacionado cerca de una residencia situada en el barrio  Alto  Ford o Petaca de la ciudad de Sincelejo, mientras asistía a una reunión.  De  allí  extrajeron  varios  elementos,  entre ellos una carpeta contentiva de  documentos personales.   

A los dos días, RAMÍREZ SÁNCHEZ recibió  una  llamada  del  señor Mercedes Berrío Mercado, quien le manifestó tener en  su  poder  la  mencionada  carpeta,  la cual había sido encontrada en el barrio  Sevilla  por  el  reciclador  Julio  Miguel  Cogollo Escobar. Acordaron entonces  encontrarse  ese  mismo  día,  a  las cinco de la tarde, en el sitio denominado  “La  Piscina”  ubicado  en  la  salida a Tolú para hacerle entrega de dicha  pertenencia.   

Al  sitio  convenido  concurrió  RAMÍREZ  SÁNCHEZ  en  compañía  de Humberto Rafael Oviedo Acosta, empleado suyo, quien  descendió  del  automotor  en  el  cual  se  desplazaban,  el  mismo objeto del  latrocinio,  solicitando a Berrío Mercado subiera al rodante. Como este último  no  aceptó  la invitación, ALEXÁNDER RAMÍREZ le propinó un disparo con arma  de  fuego  que  impactó  en  su maxilar inferior, cayendo al piso de inmediato.  Oviedo  Acosta  lo  levantó  y  subió a la camioneta, en la que fue trasladado  hasta  otro  lugar y allí fue transbordado a un vehículo de servicio público,  el  cual  lo  llevó  hasta  el  Hospital  Universitario,  en  donde recibió la  respectiva atención médica.      

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  A  instancias  de  la Fiscalía, el 8 de  junio  de 2009 el Juzgado Primero Penal Municipal de Sincelejo, con funciones de  control  de  garantías,  realizó  audiencia  preliminar,  en  cuyo  desarrollo  dispuso    librar    orden    de    captura    en    contra    de   ALEXÁNDER RAMÍREZ SÁNCHEZ.   

2. En audiencia preliminar realizada al día  siguiente  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  de  la  misma ciudad, se  legalizó     la     aprehensión    de    RAMÍREZ  SÁNCHEZ.  Allí  mismo,  la  Fiscalía  le  formuló  imputación  por  el  delito  de  homicidio  en grado de tentativa y el despacho  judicial    lo    afectó    con   medida   de   aseguramiento   de   detención  domiciliaria.   

3.   Oportunamente,   la  Fiscalía  Sexta  Seccional     presentó    escrito    de    acusación    contra    ALEXÁNDER          RAMÍREZ         SÁNCHEZ,         atribuyéndole  el  delito de “tentativa  de homicidio agravado”.   

4.  Correspondió  tramitar  la  fase  del  juzgamiento  al  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la  mencionada ciudad,  funcionario  que  realizó  la  audiencia de formulación de acusación el 24 de  agosto  de 2009, en cuyo desarrollo imputó al procesado el punible de tentativa  de  homicidio,  de  conformidad  con  los artículos 27 y 103 del Código Penal.   

5. El Juez celebró la audiencia preparatoria  el  18 de septiembre del mismo 2009 e instaló el juicio oral el 1º de marzo de  2010,  concluyéndolo  al  día siguiente cuando anunció como sentido del fallo  uno de carácter condenatorio.   

6. La lectura de la sentencia ocurrió en la  audiencia  que realizó el 11 de febrero de 2011. El a  quo  condenó  a  ALEXÁNDER  RAMÍREZ  SÁNCHEZ  a  la pena de 8 años y 7 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor del delito de homicidio en  grado de tentativa.   

7.  Contra  el fallo de primera instancia la  defensa  interpuso  el recurso de apelación, por cuya vía el Tribunal Superior  de  Sincelejo  lo  modificó para condenar al acusado a las penas de 72 meses de  prisión  y  47  salarios  mínimos  legales  mensuales de multa, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  determinado  para  la sanción privativa de la  libertad,  como  autor  responsable  del  delito  de lesiones personales dolosas  agravadas,  esto  último  de  acuerdo  con el numeral 4º del artículo 104 del  Código Penal.   

8.   Inconforme   con   la  sentencia  del  ad  quem,  el  mismo sujeto  procesal  acudió  al  recurso  extraordinario de casación, pero la demanda fue  inadmitida  por la Corte en auto del 15 de febrero del cursante año, en el cual  se   evidenció,   sin  embargo,  la  posible  vulneración  de  las  garantías  procesales  del  acusado,  por  cuya  razón  ordenó que una vez se surtiera el  trámite  de  insistencia  regresara  la actuación al despacho de la Magistrada  ponente para proveer sobre el particular.   

9.  En  el  fallo dictado el 18 de abril de  2012,  la  Corte  decidió casar parcialmente la sentencia de segunda instancia,  para  rebajar  la  sanción  impuesta  a 54   meses   de  prisión  y  35.25 salarios mínimos legales mensuales las penas principales,  y  en  el  primero  de  esos montos la pena accesoria,  tras  encontrar  que  el  fallador  dedujo al acusado una circunstancia de mayor  punibilidad  que  no  fue  contemplada  ni  fáctica  ni  jurídicamente  en  la  acusación.   

LA DEMANDA  

         

         La  acción  de  revisión se promueve al  amparo  de  la  causal  7a.  del          artículo          192  de la Ley  906  de  2004,  esto  es,  “cuando    mediante  pronunciamiento  judicial,  la  Corte  haya  cambiado favorablemente el criterio  jurídico  que  sirvió para sustentar la sentencia condenatoria, respecto de la  responsabilidad.”   

         En   orden  a  fundamentar  su  propuesta, sustentado en un conocido  tratadista  nacional,  se  refiere  al  concepto  de línea jurisprudencial y su  método  de estructuración,  para   destacar  que  en  este  evento  el   problema   jurídico  tiene   que   ver   con  “la  congruencia  entre lo solicitado por  la  Fiscalía  y  lo decidido por el Juez  Vs. debido proceso, derechos de defensa, de doble instancia, juez  natural    y    principio   (non   reformatio   in   pejus)”    

         Cita       como       sentencia  arquimedica, la proferida por  esta  Sala el 21 de marzo de 2012, radicado No. 38256,  a  la  cual  superpone el nicho citacional   de la  sentencia  que sirvió de base para la decisión de condena, esto es, la dictada  el  8  de  junio  de  2011,  radicado  No.  34022  y de la sentencia de la Corte  Constitucional  C-025  de 2010, de las cuales, dice, se obtiene que el escenario  legal  y  constitucional se ha construido esencialmente en torno a las tensiones  producidas   en  las  decisiones  judiciales  que  comprometen  una  congruencia  fáctica  absoluta  y  jurídica variable,  con  y  sin previa solicitud de la Fiscalía, siempre y cuando la  nueva  imputación  verse  sobre  un delito del mismo  género,  de  menor  entidad,  se  respete el núcleo  fáctico  de  la  acusación  y  no  se  afecten  los  derechos  de las partes e  intervinientes.   

         Destaca   que  en  la  sistemática  de  tendencia  acusatoria,  el  principio  de congruencia consagrado en el artículo  448  de  la  Ley 906 de 2004, consagra expresamente que el acusado no podrá ser  declarado  culpable  por  hechos que no consten en la acusación “ni   por   delitos   por   los   cuales   no   se   ha   solicitado  condena”,  normativa  de  carácter  eminentemente prohibitivo y reguladora del poder punitivo del Estado,  ya  que  limita  el  poder de decisión del operador judicial, en salvaguarda de  las  garantías  fundamentales  del  sujeto  procesal,  del debido proceso y del  derecho de defensa.   

         En  esa  línea  jurisprudencial,  agrega, se tienen dos sentencias  iniciales,  del 29 de junio de 2006 y 13 de julio de 2007, radicados Nos. 24.529  y   15843,   respectivamente,   las   cuales   califica   como   “sentencias   fundadoras   de  línea”,  donde  la  congruencia entre lo solicitado por la fiscalía y lo decidido por el  juez,  pasa  por  la  exigencia  de  una  congruencia  fáctica  absoluta  y una  congruencia  jurídica variable con previa solicitud de la fiscalía, sentencias  de las cuales destaca algunos apartes que considera relevantes.   

         Prosiguiendo   a   esas   sentencias,   destaca   las   del  28  de  febrero, 21 de marzo, 25 de abril, 27 de julio y 5 de  octubre  de  2007,  radicados  Nos.  26.087,  25.862,  26.309,  26.468 y 28.294,  respectivamente,  las cuales define como “sentencias  consolidadoras     de     la     línea     trazada     por    las    sentencias  fundadoras”.   

         De    la    primera   destaca   algunos  apartes    para    concluir    que   en  ella  se pone de presente la tensión  entre  el  principio de congruencia y las garantías fundamentales del acusado a  un  debido  proceso,  defensa  y  juez  natural, resaltando la importancia de lo  dispuesto en el artículo  448   de   la   Ley   906   de   2004,  cuando  prohíbe  condenar  por   un   delito   respecto   del   cual   no  se  ha  solicitado  condena.           

         A su vez, en  la  sentencia  del  radicado  No.  25.862,  se  introduce un elemento nuevo a la  tensión    destacada,    que    tiene    que    ver    con    el   principio  de  non reformatio in pejus,  para  extender  la congruencia incluso a lo  apelado  por  el  procesado  en  su  favor,  como un    límite   a   lo   que          decide  el  juez  o  tribunal  de  segunda  instancia,   pues   el  primero define la competencia funcional del segundo.   

        En  esa  lógica,  agrega,  el  recurso  limita la competencia del  superior  jerárquico  y  prohíbe  al  juez  de  segunda  instancia  que actúe  ex oficio en los procesos  sancionatorios,   al   punto   que   de   modificarse  los  cargos  en  sede  de  segunda  instancia,  se  genera  un  “sorprendimiento”            respecto  de las conductas en relación  con  las  cuales,  dada la oportunidad en que se produce la variación, ya no se  puede  ejercer  el  contradictorio, pues al variar la  calificación  jurídica  del  comportamiento,  varia  la  práctica  probatoria  apuntada     a     esa     nueva     situación    defensiva,    “independientemente  del presupuesto de identidad fáctica o de los  hechos”,  viéndose  afectada la igualdad de armas  entre  las  partes,  el  derecho  de  defensa y de doble instancia, en cuanto el  superior  jerárquico  decidió con base en preceptos jurídicos no alegados con  anterioridad  a  la  sentencia  y  que  por  ende introducen elementos nuevos de  controversia.   

        Además,   en   tales   eventos,   el  juez  superior  se  termina  pronunciando  sobre  unos  hechos  o  motivos  de los cuales el juez inferior se  abstuvo  de  pronunciarse,  por  no  ser  relevantes  al  caso  en  estudio.  En  consecuencia,    concluye,   la   decisión   final  tiene  origen  en  un  único  juez, en este caso el  superior.   

        Agrega  que  en la tercera de las sentencias citadas, radicado No.  26.309,  de  la  cual  cita los apartes pertinentes,  se  relieva  la  obligación  de  la  fiscalía  de  precisar  los  artículos  del  Código  Penal  en  los  que  encajan los hechos  narrados,  obligación  cuyo incumplimiento genera la  desatención  grave de una carga procesal que deja a los jueces sin herramientas  para proferir un fallo justo.   

        Igualmente,  en  las sentencias de los  radicados  Nos.  26.468  y  28.294, la Corte ratifica  las  decisiones  anteriores,  afianzando el principio de congruencia, siempre en  el  sentido  garantista  que  caracteriza  a  la nueva sistemática de tendencia  acusatoria.   

           Bajo    esa    misma  línea       jurisprudencial,      sostiene,  se destaca la sentencia del  15    de   mayo   de   2008,   radicado   25.913,   consolidadora   del    concepto   de   “congruencia  fáctica   absoluta   y   jurídica   variable   con   previa  solicitud  de  la  fiscalía”, a la cual le sigue la sentencia del 15  de   julio   de   2008,  radicado  29.994,  en  la  cual se reafirma que “la  Fiscalía   es   la   dueña   de   la   acusación,   de   forma   exclusiva  y  excluyente”                         , planteando una  situación  de  características similares a la situación que se presenta en el  presente  caso,  pues  se trata de una disputa del ejercicio de la acción penal  por  parte del juez a la  Fiscalía,  al  condenar  por un delito de lesiones personales en vez del delito  por  el  cual  se  acusó  de  tentativa  de  homicidio, conductas que contienen  exigencias   normativas   y  punibilidad  distintas,  además  de  que  desde el punto de vista procesal, son de competencia de jueces  de     diferente     jerarquía    –penal  municipal,  en  el primer caso, y penal del circuito, en el  segundo-,  y  que  para  que  el  último  adquiera  competencia,  es necesario que la Fiscalía solicite  el  decreto de la conexidad de la primera de esas conductas con la segunda, a la  luz del artículo 51-2 de la Ley 906 de 2004.   

            

        La     línea    analizada,    dice,  conduce  a  la  sentencia  del  3  de junio de 2009,  radicado      No.      28.649,     que     califica     como     “dominante”,       ya    que   no   sólo   hace   parte  sobresaliente  de  la  sentencia  C-025  de  2010  de  la  Corte Constitucional,  sino   que  anuncia  la  respuesta  correcta  y vigente al problema de la congruencia entre lo solicitado  expresamente   por   la   Fiscalía   y  lo  decidido  por  el  juez,  cuando  expresa a manera de cláusulas bajo qué condiciones el  juez  puede  condenar  por  un  delito  distinto  al  de  la  acusación, en los  siguientes términos:   

“a)  es forzoso que la fiscalía así lo  solicite    de    manera    expresa;   b)  la  nueva  imputación  debe  versar sobre un delito del mismo  género;  c)  el  cambio  de  calificación  debe  orientarse hacia una conducta  punible  de  menor  entidad;  d)  la tipicidad novedosa debe respetar el núcleo  fáctico  de  la  acusación;  y, e) no debe afectar los derechos de los sujetos  intervinientes.”   

         Sostiene  que  ese  patrón decisional  unificado  llega  hasta  la  sentencia  del  24  de agosto de 2009, radicado No.  31.900,  donde se expresa que de acuerdo con la Ley 906 de 2004, “en  relación  con el juzgador, la audiencia de formulación de la  acusación  resulta  ser  el escenario pertinente y la ocasión oportuna para la  discusión    y    fijación    definitiva    del    juez    natural”,   a   través   de   los   mecanismos   de   impugnación  de  competencia y definición  de   los  mismos,  y  la  discusión  de  la posible parcialidad del juez, a través de la formulación de  impedimentos y recusaciones.   

                     A  partir  de  allí,  agrega,  se  genera  un  cambio radical del  patrón    decisional,   a   uno   donde   se   sostiene   que   “la  congruencia  fáctica  es  absoluta  y  la  jurídica variable  sin    previa    solicitud    expresa  de la fiscalía…”, siempre que se  den   ciertos   presupuestos,  criterio  que  quedó  plasmado  en  las  sentencias  del 16 de marzo, 7 de  abril   y   8   de   junio   de   2011,  radicados  Nos.  32.685,  35.179  y 34.022, respectivamente, siendo la última la que sirvió  de  referente  jurisprudencial  para  sustentar  la sentencia condenatoria aquí  demandada.   

        No   obstante,   en   el  punto  del  agotamiento  de  estas  tres  sentencias,  se  produce  un  cambio  igual  de  radical,  volviendo al criterio  jurídico  anterior  a  ellas, en el que se  introduce el requisito de “previa  solicitud  expresa  de la fiscalía” para variar la  calificación  jurídica  sostenida  en la acusación, resaltando la importancia  del  mandato  contenido en el artículo 448 de la Ley  906  de  2004 cuando prohíbe condenar por delitos en  relación   con  los  cuales  no  se  ha  solicitado  condena,  cambio  que  se produce en las sentencias del 7 de diciembre de 2011 y  21  de  marzo de 2012, radicados 37.596 y 38.256, respectivamente, de las cuales  trascribe   los  apartes  que  considera  relevantes  frente    al    tema,  especialmente  de  la  última,  donde  claramente se  condensa  ese  criterio,  agregando,  además,  que:   

“(…)  si  no  hay  solicitud expresa de  condena,  tampoco puede emitirse fallo en ese sentido, pero si el hecho o delito  respecto  del  cual  la  Fiscalía  no  hace  esa  reclamación  fue  objeto  de  controversia  en  el juicio, el asunto no puede dejarse en suspenso, sino que se  impone  un  fallo de absolución. En el supuesto contrario, es decir, el hecho o  delito  sobre  el  que  no  se  pidió condena no fue debatido en el juicio, hay  lugar  a la ruptura de la unidad procesal, con la compulsa de copias respectivas  en   aras   de   que   la   Fiscalía  adopte  las  determinaciones  que  estime  conducentes.”   

        Por  lo  tanto,  destaca  el  demandante,  el  punto  exacto de la  variación   del  criterio  que  favorece  al  aquí  condenado  se sustenta en esta última decisión, en  cuanto,   de  un  lado,  establece  las exigencias que deben cumplirse para que  excepcionalmente el  juez  se  aparte  de  la  imputación  jurídica  formulada  por  la  Fiscalía,  entre          ellas:          (i)   la   necesidad   de   que  la  misma  se      “solicite     de     manera  expresa”  por  el ente  acusador;           y          (ii) que si  el  delito  respecto  del  cual la Fiscalía omite la  reclamación  de condena,  fue   discutido   en   el   juicio,   se impone la absolución.   

        En  este  caso,  advierte, el     Tribunal     obvió     este  precedente,  para sostener, con base en la sentencia  del  8  de  junio  de  2011, radicado No, 34.022, que los jueces de instancia se  pueden  apartar  de  la  imputación  jurídica  formulada  por  la  Fiscalía  hacia  una  degradada, siempre y cuando la      misma      esté   comprendida   dentro  del  mismo  género,  comparta el núcleo fáctico y la nueva atribución sea más favorable  a los intereses del procesado.   

        El  precedente  favorable,  dice,  era aplicable al caso concreto,  pues  la Fiscalía jamás elevó, de manera expresa, solicitud de condena por el  delito   de   lesiones   personales,   por   el  que  finalmente      se      condenó      a      su  representado.   

        Así,  en  el escrito de acusación se  imputó   a  ALEXÁNDER  RAMÍREZ    SÁNCHEZ   el   delito   de  tentativa  de  homicidio  agravado, imputación ratificada en la  audiencia  de formulación de acusación celebrada el  24  de  agosto de 2009 y en los alegatos finales presentados por la Fiscalía.   

        Por   lo  demás,  agrega,  el  ente  acusador  no  podía  elevar  petición  de  condena  por  el  delito  de lesiones  personales,     pues     en     tal     evento,     como    acto    “antecedente-consecuente”,  debió  solicitar  en la  audiencia    de    formulación    de   acusación  que  “se  decretara la  conexidad    procesal   de   dicho   delito   con   el   que   fue   objeto   de  imputación…”,   para   que  a  la  luz  de  lo  preceptuado  en  el artículo 51, numeral 2, de la Ley 906 de 2004, el  Juez  Penal del Circuito adquiriera competencia para adelantar  el   juicio   por   un   delito   que   era   de   competencia  del  juez  penal  municipal.   

        Aunada  a  la anterior argumentación, se encuentra demostrado que  el  delito  de  lesiones  personales  por el cual fue  condenado      el     procesado     sí  fue  objeto  de  controversia en el  juicio  y  que,  por  tanto,  en  aplicación del criterio favorable   destacado   se   impone  un  fallo  sustituto de absolución.   

        Afirma  que  cuando  el  Tribunal  optó por condenar por lesiones  personales,    conducta    por   la   cual    la    Fiscalía   no   solicitó   condena,   partió  de  la  desestimación  del  fallo  de  primera instancia  expedido  por  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Sincelejo, que había  condenado  por  tentativa  de  homicidio,  por el que  se  acusó e hizo solicitud expresa de condena.   

                                                 

        Después  de  trascribir  los apartes del juicio que demuestran la  anterior  afirmación,  solicita a la Corte que en aplicación al nuevo criterio  favorable,  se  admita la acción invocada y en su oportunidad se dicte el fallo  sustitutivo  de  absolución  a  favor  de  su  representado,  por  el delito en  relación con el cual fue acusado y se solicitó su condena.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  Sala ha determinado que la alegación de  la  causal  7ª  del  artículo  192  de  la  Ley 906 de 2004, según la cual la  acción   de  revisión  procede  “cuando  mediante  pronunciamiento  judicial,  la  Corte  haya  cambiado favorablemente el criterio  jurídico  que  sirvió para sustentar la sentencia condenatoria, tanto respecto  de  la  responsabilidad como de la punibilidad”, debe  cumplir como mínimo los siguientes requisitos:   

     

a. Que  se  dirija  contra  una sentencia ejecutoriada cuya condena se  haya  fundamentado  en  un  criterio  jurisprudencial  específico  de  la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal;   

b. Que  el  referente  jurisprudencial  de  la  Sala  Penal  se cambie  mediante  un  fallo  proferido con posterioridad a la providencia que se revisa;   

c. Que  a  través  de un análisis comparativo se pueda demostrar que  fundamentado  en  el  nuevo  razonamiento jurídico el proveído atacado habría  sido más beneficioso para el demandante.     

Sobre esta causal, en vigencia de la Ley 600  de  2000,  que  la  consagraba  en el numeral 6º del artículo 220, señaló la  Sala     que     “es  indispensable  que  el  actor  no  solamente demuestre cómo el fundamento de la  sentencia  cuya remoción se persigue es entendido por la jurisprudencia de modo  diferente,  sino  que,  de  mantenerse,  comportaría  una  clara  situación de  injusticia,  pues  la  nueva  solución  ofrecida  por  la  doctrina de la Corte  conduciría  a la sustitución del fallo”, y que por  tanto,    “no    resulta    suficiente    invocar  abstractamente  la  existencia  de un pronunciamiento del máximo tribunal de la  jurisdicción  ordinaria,  o  de  señalar  uno concreto pero desconectado de la  solución  del caso, sino que resulta indispensable, además, demostrar cómo de  haberse  conocido  oportunamente  por  los juzgadores la nueva doctrina sobre el  punto,    el    fallo    cuya    rescisión    se    persigue    habría    sido  distinto”2,  criterio que  cabe  reiterar  frente  al  mismo supuesto establecido  ahora en el numeral 7º del artículo 192 de la Ley 906 de 2004.   

En  el presente caso, el accionante arguye  que  la  Sala  de  Casación  Penal  varió  su  postura  en  relación  con los  condicionamientos  requeridos para que el juez pueda variar, en la sentencia, la  calificación  jurídica  de  la  conducta  por  la  cual  la  Fiscalía acusa y  solicita condena.   

Así,  tras  un  extenso  recorrido de las  posturas  asumidas por la Sala frente a este tópico, el censor ilustra cómo la  jurisprudencia  ha  admitido que el juez pueda variar la calificación jurídica  de  la  conducta  imputada, por la cual se acusa y solicita condena, siempre que  se  den  ciertas  condiciones,  en  una  de las cuales estriba, precisamente, la  discusión   que   fundamenta   la   pretendida   variación   favorable  de  la  jurisprudencia  que  se  invoca  como  sustento de la causal de revisión que se  alega.   

Aduce el censor que tales condicionamientos  de   la  potestad  excepcional  del  juez  para  variar,  en  la  sentencia,  la  calificación  jurídica  de  la  conducta, han girado en torno a los siguientes  presupuestos:   

a)  Que  medie  solicitud  expresa  de  la  Fiscalía;  b) que la nueva imputación verse sobre un delito del mismo género;  c)  que el cambio se oriente hacia una conducta punible de menor entidad; d) que  se  respete  el  núcleo  fáctico  de  la  acusación;  y  e) que no se afecten  derechos de los intervinientes.   

      

El punto en discusión, según la demanda,  estriba   en   el   primer   requisito,   pues   de  acuerdo  con  el  recorrido  jurisprudencial  que  se  trae en la misma, la Sala ha variado su criterio entre  la  exigencia  y  no  exigencia de la petición expresa de la Fiscalía, aspecto  que,  dice  el  revisionista,  finalmente definió en el auto del 21 de marzo de  2012,  radicado  No.  38.256,  en  la  que  se volvió al criterio recogido, que  advierte   la   necesidad   de   que   la  Fiscalía  solicite  de  manera  expresa  que el juez se aparte  de  la  imputación  jurídica  formulada  en  la acusación, para viabilizar su  cambio,      siempre,      claro     está,     se     den     los     restantes  condicionamientos.   

A  esa  conclusión  llega el censor, tras  citar los siguientes apartes del antecedente invocado:   

“9.4.  Como  se  ha  resaltado, por regla  general  la  Ley  906  del  2004  no  permite  al  juzgador  fallar por hechos o  denominaciones   jurídicas   distintas   de   aquellas  que  fueron  objeto  de  acusación,  pero la Corte ha admitido la posibilidad de que excepcionalmente el  juez  se  aparte  de  la  imputación  fáctica  y  jurídica  formulada  por la  Fiscalía,  lo  cual  puede  hacer  siempre  y cuando, además de que no se debe  desbordar  el  marco  fáctico,  se  cumplan,  en  su integridad, las siguientes  exigencias:   

    

* Es   necesario  que  la  Fiscalía  así  lo  solicite  de  manera  expresa.   

* La  nueva imputación debe versar sobre un delito del mismo género.   

* El  cambio  de  calificación  debe  orientarse  hacia una conducta punible de menor  entidad.   

* La  nueva   adecuación   típica   debe   respetar   el   núcleo  fáctico  de  la  acusación.   

* No  debe  afectar  los  derechos  de  partes  e intervinientes (sentencias del 27 de  julio  de 2007, radicado 26.468, y del 3 de junio de 2009, radicado 28.649; auto  del 7 de abril de 2011, radicado 35.179).     

9.5.  La  jurisprudencia ha dicho que en el  sistema  de  la  Ley  906  del  2004,  la solicitud de absolución, hecha por la  Fiscalía,  implica  el  retiro  de los cargos, tanto que, a voces del artículo  448,  en ningún caso el juez puede emitir condena por delitos por los cuales el  acusador  no  haya  pedido  esa  decisión  (sentencia  del 13 de julio de 2006,  radicado 15.843).   

En estricto sentido, cuando el juez condena  por  un  delito no contemplado en la acusación o respecto del cual la Fiscalía  no  pidió  ese tipo de decisión, lo que hace es asumir oficiosamente una nueva  acusación,  “pues en últimas tan obligado está el funcionario judicial para  absolver  por el delito acusado, en  los casos en que la fiscalía renuncia  a  la  acusación,  como  lo  está  para  condenar o absolver solamente por los  hechos  y  la denominación jurídica que han sido objeto de acusación y no por  otras” (sentencia del 3 de junio de 2009, radicado 28.649).   

Si  se  ha  dicho  que  la acusación de la  Fiscalía  comporta  un  todo  complejo  entre  su  escrito,  la formulación en  audiencia  y el alegato al final del juicio oral (en este caso exclusivamente en  lo  atinente a lo jurídico), con igual alcance se entiende que la habilitación  al  juzgador  surge  desde  que  la solicitud de condena a que alude el apartado  final  del  artículo  448 se encuentre consignada (de manera expresa, eso sí),  en cualquiera de esas tres fases.   

9.6.  Si  el  fiscal  es el “dueño de la  acusación”  y al momento de radicar el escrito que la contenga lo que hace es  una  manifestación  expresa  de  sus pretensiones ante el juez de conocimiento,  nada  impide  que  antes de que se haga efectiva la formulación en la audiencia  respectiva  pueda  retirar  su  escrito,  esto  es,  los cargos, en tanto en esa  instancia  se  está  ante  un acto de parte, que aún no ha impulsado actividad  jurisdiccional    y,   como   acto   de   parte,   bien   puede   desistir   del  mismo.   

Igual,  si  no  hay  solicitud  expresa  de  condena,  tampoco puede emitirse fallo en ese sentido, pero si el hecho o delito  respecto  del  cual  la  Fiscalía  no  hace  esa  reclamación  fue  objeto  de  controversia  en  el juicio, el asunto no puede dejarse en suspenso, sino que se  impone  un  fallo de absolución. En el supuesto contrario, es decir, el hecho o  delito  sobre  el  que  no  se  pidió condena no fue debatido en el juicio, hay  lugar  a la ruptura de la unidad procesal, con la compulsa de copias respectivas  en   aras   de   que   la   Fiscalía  adopte  las  determinaciones  que  estime  conducentes.” (subrayas fuera del texto).   

   

El  hecho  de que en esta ocasión la Sala  haya  comentado  un  criterio  que,  como lo acepta el  mismo  demandante,  expresamente recogió en la sentencia de casación del 16 de  marzo  de  2011,  radicado  No.  32.685, en la que retomando otros antecedentes,  dijo:   

“Si  bien  en el precedente citado por el  defensor             de            (…)3,  la  Corte consideró que en  la  sistemática  prevista  en  la  ley  906  de  2004 el juez puede condenar al  acusado  por  un delito distinto al formulado en la acusación, siempre y cuando  (i)  el  ente  acusador  así  lo solicite de manera  expresa,  (ii)  la  nueva imputación verse sobre una  conducta  punible  del  mismo  género,  (iii) la modificación se debe orientar  hacia  un  delito  de menor entidad, (iv) la tipicidad novedosa debe respetar el  núcleo  fáctico de la acusación, y (v) no se debe afectar los derechos de los  sujetos  intervinientes,  aquella  primera exigencia  merece  ser  modificada  en  el  sentido  que  los jueces de instancia se pueden  apartar  de  la  imputación  jurídica  formulada  por  la  fiscalía hacia una  degradada,  siempre  y  cuando  la  conducta delictiva que se estructura en esta  etapa  procesal  no obstante constituir una especie distinta a la prevista en la  acusación,  esté  comprendida  dentro  del  mismo género, comparta el núcleo  fáctico  y  la  nueva  atribución  soportada  en los medios de prueba sea más  favorable  a  los intereses del procesado….”(se ha  destacado).   

Oportunidad  en la cual reiteró la Sala que  en  relación con la imputación fáctica, los jueces de instancia, bajo ningún  pretexto,  se pueden apartar de los hechos y menos cuando estos no constan en la  acusación  en  los  términos  de  que  trata el artículo 448 de la Ley 906 de  2004;   pero  tratándose  de  la  imputación  jurídica,  esa  posibilidad  se  viabiliza  siempre  que “se trate de otro delito del  mismo    género    y    de    menor   entidad”4   

,  degradación  que  opera   siempre y  cuando  los  hechos  constitutivos  del  delito  menor  hagan  parte del núcleo  fáctico contenido en la acusación.   

En el precedente citado por el censor como  base    de    su    pretensión   revisora,  nunca se hizo una manifestación  expresa  sobre  la  voluntad de recoger el criterio que a partir de la sentencia  casación del 16 de marzo de 2011 se viene ratificando  pacíficamente,  al  punto  que ni siquiera se reflexionó con mayor profundidad  sobre  el  requisito  específico  aquí alegado, por lo que puede afirmarse que  dicho  precedente  apenas  contiene un comentario aislado de un antecedente que,  en  punto  de la exigencia de solicitud expresa de la Fiscalía para proceder al  cambio  de  la  calificación  jurídica  en la sentencia, ya no tenía vigencia  alguna, como no lo tiene en la fecha.   

          En  efecto,  revisada la jurisprudencia que sigue al caso citado por  el  censor –auto del 21 de  marzo  de  20125-,   se  encuentran  varios  antecedentes  que  ratifican  la  tesis  plasmada  en  la  decisión del 16 de marzo de 20116.   

          Así,  en  el  auto  del  3  de  julio de 2013, radicado No. 33.790,  ratificó la Sala:   

“Para que no  quede  ninguna  duda  sobre la falta de razón en la propuesta que el demandante  presenta,  cabe  señalar, según ha sido indicado por la jurisprudencia de esta  Corte7,   que  de  conformidad  con  lo  dispuesto por el artículo  337.2   del   Código  de  Procedimiento  Penal,  la  Fiscalía  tiene  la  obligación  de  incluir en el  escrito  de  acusación  “una  relación  clara  y  sucinta  de  los hechos jurídicamente relevantes, en  un  lenguaje  comprensible”,  cuya importancia se ve acentuada con lo previsto  por  el   artículo  443  ejusdem,  alusivo  a  los  turnos  para alegar de  conclusión,  según  el  cual  en su intervención final el fiscal debe exponer  “los   argumentos   relativos   al   análisis   de  la  prueba,  tipificando  de  manera circunstanciada la conducta por la cual ha  presentado  la  acusación”; y que encuentra plena  coherencia  en  lo  dispuesto  por  el  artículo 448 de la Ley 906 de 2004, que  establece  que la persona que haya sido formalmente acusada por la Fiscalía, no  podrá  ser  declarada  culpable “por hechos que no  consten    en    la    acusación,    ni   por   delitos   por   los   cuales   no   se   ha  solicitado  condena” (se destaca).   

Esto  significa,  en  principio, que entre  acusación  y  fallo  debe  existir  perfecta armonía  principalmente  en  sus aspectos personal   (sujetos)   y   fáctico  (hechos  y  circunstancias), pues si alguno de ellos no guarda la  debida  identidad,  se  quebrantan  las  bases  fundamentales  del  proceso y se  vulnera  el  derecho  a  la  defensa,  en  cuanto  el  enjuiciado  no  puede ser  sorprendido  en  la  sentencia  por  hechos  no  imputados  en la acusación, ni  condenado  por  comportamientos definidos como delito, respecto de los cuales el  Fiscal no lo demande expresamente.   

De  esa  manera  surge  claro,  que  es con  relación  a los hechos jurídicamente relevantes de la acusación y demostrados  en  el  juicio,  que  el Fiscal puede solicitar la condena y el Juez proferir el  fallo  correspondiente,  teniendo  en  cuenta  el  carácter  provisional  de la  calificación jurídica de la conducta incluida en la acusación.   

En  este  sentido  no  puede  dejarse  de  considerar  que  sólo al término del debate probatorio resulta posible afirmar  que  la  calificación  jurídica de la conducta es definitiva, toda vez que son  los  hechos que en el curso del juicio se lograron demostrar por las partes, los  que  le  permiten  al  juez  cumplir  con su función constitucional de prodigar  justicia,  verificando si la adecuación típica propuesta por la Fiscalía como  fundamento  de  la  solicitud  de condena, coincide o no con lo acreditado en el  juicio,  y  realizando la tipificación definitiva según lo que declare probado  en    él,    a    fin    de    aplicar   las   correspondientes   consecuencias  jurídicas.   

Así  las  cosas,  resulta  claro  que  el  acusado  no  puede ser sorprendido en la sentencia con imputaciones fácticas no  incluidas  en  la  acusación,  ni  declarado  penalmente  responsable  por  las  imputaciones  jurídicas  que  no  hayan  sido  expresamente  solicitadas por la  Fiscalía  al  término  del  debate  oral, como tampoco se le pueden desconocer  aquellas  circunstancias  favorables  que  redunden  en  la determinación de la  pena,  pues  de  hacerlo,  en  cualquiera  de  dichas eventualidades se viola el  principio de congruencia entre sentencia y acusación.   

Lo  expuesto  en  manera  alguna  implica  sostener  que, de acuerdo con lo acreditado en la fase probatoria del juicio, el  juez  no  se  halle  facultado  para  condenar por un delito de menor entidad al  imputado   por   la   Fiscalía,   para   excluir  circunstancias  genéricas  o  específicas  de  agravación  punitiva  o  para  reconocer  cualquier  clase de  atenuante  genérica  o  específica que observe configurada, es decir, variar a  favor  del  acusado  la  calificación jurídica de la conducta específicamente  realizada  por  la  Fiscalía, pero respetando siempre el núcleo fáctico de la  acusación  objeto  de  controversia  en el juicio oral, como la Corte ha tenido  ocasión           de           reiterarlo8…”      (Se ha destacado).   

          Y  en  auto  del  28  de marzo de 2012, radicado No. 36.621, dijo la  Sala:   

“Necesario es  señalar,   en   pos   de   consolidar  una  línea  jurisprudencial     sólida     frente    a    tal  temática,   que   con  la entrada en vigencia de la Ley 906 de 2004, la Sala  ha  superado  la  tesis, en su momento reinante sobre el denominado principio de  congruencia                 estricto9,   para  abrir  paso  a  una  postura  morigerada frente a las facultades del juez en la sentencia10:   

“…Ahora,  si  bien  el  principio  de  congruencia  impide  al  juez, cuando dicta el fallo, modificar completamente la  denominación  jurídica  de  los  hechos,  ello  no  es óbice para degradar la  conducta  a  favor  del procesado; por ejemplo, tomando en cuenta circunstancias  que  redunden  en beneficio del procesado, atenuantes específicas o genéricas,  o  incluso  condene  por  una ilicitud más leve, siempre y cuando no se afecten  los derechos de los demás intervinientes”.”   

          Véase  cómo  en  esta  última  decisión,  proferida  siete días  después  de  aquella  que  cita  el  demandante  como  base  de  su pretensión  revisora,   la   Sala   ratifica   su   propósito   de  consolidar  una  línea  jurisprudencial  sólida  que  deje  atrás  ese concepto rígido de congruencia  estricta,  que  impedía  al  juez,  al momento de dictar el fallo, modificar la  denominación  jurídica  de  los  hechos efectuada por la Fiscalía, para abrir  paso  a una postura que faculte la potestad oficiosa para degradar la conducta a  favor  del  procesado,  siempre  que  se  respete  el  núcleo  fáctico  de  la  acusación    y    no    se    afecten    los    derechos    de    los    demás  intervinientes.                          

En tales condiciones, el punto resaltado por  el  demandante  no  puede  tenerse como referente para su pretensión revisoria,  pues  ya la Sala ha dicho que para que una determinada decisión, por sí misma,  constituya   precedente   jurisprudencial,   es   necesario  combinar  criterios  cuantitativos y cualitativos:   

“Los  primeros  dicen  relación  con la  existencia  de  un  conjunto  de  decisiones que de manera reiterada y pacífica  aborden  a  profundidad  un tema de derecho y lo desarrollen, entendiéndose que  esa  reiteración  implica  ya  una  decantada  posición  que  reclama  de  los  operadores judiciales asumirla o continuarla.   

“A  su  turno,  el  aspecto  cualitativo  remite  a  la  trascendencia  y  consecuencias  de  esas  decisiones, ora porque  efectivamente  asume  el estudio detallado de una cuestión problemática, ya en  atención  a  que se busca que esa solución hallada sirva de guía o norte para  que   casos   similares   se   resuelvan   de   igual   manera…”11   

Conceptos  que  aplicados al caso concreto,  llevan  a   descartar  que  el  auto invocado por el demandante contenga un  precedente  de  cambio  jurisprudencial  relevante,  pues  allí nunca se buscó  reformar  los  condicionamientos  para facultar la potestad oficiosa del juez en  orden  a  modificar,  en  la sentencia y a favor del procesado, la calificación  jurídica  que  de  la  conducta  haga  la  Fiscalía,  máxime  cuando lo allí  consignado  no  ha  sido objeto de reiteración en posteriores providencias, por  lo  que,  por  sustracción  de  materia,  mal  puede hablarse de un conjunto de  decisiones  pacíficas  y reiteradas que resuelvan el tema en el sentido alegado  en la demanda.   

          Ahora,  tampoco  tiene razón el demandante cuando esgrime que en el  antecedente  que  cita  como  presupuesto  de  su  pretensión,  la  Corte quiso  establecer  una  subregla  jurisprudencial, según la cual, cuando no se cumplen  todas  las  condiciones  que  activan  la  facultad  oficiosa  del fallador para  modificar  en la sentencia, a favor del procesado, la calificación jurídica de  la  conducta –entre ellas,  la   petición   expresa   de   la   Fiscalía-,   y   el   delito  respecto  del  cual  la Fiscalía omite la reclamación de condena  fue discutido en el juicio, se impone la absolución.   

Lo que se extracta del apartado citado en la  demanda12,   es  simplemente  una  tautología  que  evidentemente  tiende  a  significar  cómo  el  silencio  del Fiscal respecto de una específica conducta  discutida en juicio, obliga a la absolución.   

Pero, ello no dice ninguna relación con la  posibilidad  de  que  el  funcionario  degrade  la denominación jurídica de la  conducta  en  los  términos  que  configuran la línea jurisprudencial vigente,  pues,  sobra anotar, en este caso efectivamente el Fiscal se pronunció y pidió  condena     por     la    conducta    objeto    de    acusación    –homicidio   tentado-,   lo  que  desde   luego   se   aparta   ostensiblemente  del  caso  regulado  en  la  cita  descontextualizada  que  trae el demandante, remitida, se repite, a los casos en  los que el pronunciamiento de condena se omite.   

Finalmente, además de que ninguna razón le  asiste  al  censor  cuando  aduce  que  el  Juez  Penal  del  Circuito no tenía  competencia  para dictar sentencia por el delito de lesiones personales, pues en  tal  evento  se generó la prórroga automática de competencia en los términos  del  artículo 55 de la Ley 906 de 2004, tal punto no es objeto de discusión en  casación y nada tiene que ver con la causal que se invoca.   

En  tales condiciones, se impone el rechazo  de la demanda.    

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

Rechazar  la  demanda  de  revisión  presentada  a  nombre  del  condenado  ALEXÁNDER  RAMÍREZ  SÁNCHEZ,  por  las  razones  consignadas en la  anterior motivación.   

          Contra      esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA                               PAULA      CADAVID  LONDOÑO   

                                         Conjuez                                                                          Conjuez   

DIEGO      EUGENIO      CORREDOR  BELTRÁN                       MAURICIO  LUNA BISBAL   

                                         Conjuez                                                                        Conjuez   

RAMIRO ALONSO MARÍN VÁZQUEZ                     RICARDO POSADA MAYA   

Conjuez                                                                             Conjuez   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Radicado No. 37.337   

2  Revisión 21685, 11 de diciembre de 2003.   

3  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  sentencia  junio  3  de  2009, radicado 28.649.   

4  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia  del  27 de julio de 2007, Radicado 26.468, Corte Suprema de Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia  del 3 de junio de 2009, Radicado 28.649,  sentencia del 31 de julio de 2009, Radicado 30.838.   

5  Radicado 38.256   

6  Radicado 32.685   

7 Cfr.  Sentencia de Casación de 4 de mayo de 2011. Rad. 32370.   

8 Cfr.  Cas. 32685. 16 de marzo de 2011   

9  “…la  jurisprudencia de la Sala ha acogido lo que  podría   denominarse  como  el  principio  de  congruencia  estricto,  bajo  el  entendido  que  el  juez  no  puede  condenar  por  conducta punible diferente a  aquella  por  la que se acusó, ni siquiera para favorecer al implicado, al paso  que,  para  el  fiscal la congruencia es flexible o relativa, en tanto que puede  pedir  condena  por  delitos diferentes al de la acusación siempre que la nueva  calificación  se  ajuste  a los hechos y sea favorable para el acusado”. Cfr.  sentencia del 27 de julio de 2007. radicación número 26468.   

10  Cfr. sentencia del 7 de septiembre de 2011, radicación 35293.   

11  Auto   de   única   instancia   del   1   de   agosto  de  2011,  radicado  No.  29.877   

12  “…si  no  hay  solicitud expresa de condena, tampoco puede emitirse fallo en  ese  sentido,  pero  si el hecho o delito respecto del cual la Fiscalía no hace  esa  reclamación  fue  objeto  de controversia en el juicio, el asunto no puede  dejarse  en suspenso, sino que se impone un fallo de absolución. En el supuesto  contrario,  es decir, el hecho o delito sobre el que no se pidió condena no fue  debatido  en  el  juicio,  hay  lugar a la ruptura de la unidad procesal, con la  compulsa  de  copias  respectivas  en  aras  de  que  la  Fiscalía  adopte  las  determinaciones que estime conducentes.”     

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