39144(03-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

Luis Guillermo Salazar Otero  

Aprobado Acta No. 095  

Bogotá,  D.C.,  tres (3) de abril de dos mil  trece (2013)   

ASUNTO  

La Sala se pronuncia sobre la admisibilidad de  la  demanda  sustento  del  recurso  de casación interpuesto por el defensor de  ÁLVARO    MORÓN    CUELLO,    contra    la    sentencia    del   20  de  septiembre de 2011 proferida por el  Tribunal  Superior de Valledupar, mediante la cual confirmó la emitida el 30 de  julio  de  2010 por el Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  de  esa  ciudad  que lo  condenó  a  cien  (100) meses  de  prisión, como autor del delito de concierto para promover grupos armados al  margen de la ley y determinador de constreñimiento al sufragante.   

HECHOS  

En  la sentencia de  segunda instancia son narrados así:   

“El 13 de enero  de  2002  en  la  finca  “California”,  municipio  de  El  Paso Cesar, Víctor  Joaquín  Ochoa Daza, es secuestrado por miembros del  bloque   norte   de  las  autodefensas  al  mando  y  cumpliendo  órdenes   de  Rodrigo  Tovar  Pupo  alias  “Jorge   40”,  quien  condiciona  su  liberación  a  la  renuncia de Juana  Ramírez,  a la aspiración  a  la  Cámara de Representantes como miembro del MRL,  movimiento  político  que  califica  de  corrupto  y  sanciona     al     impedir     que     sus     candidatos     encabecen   listas   al   Congreso   de   la  república para el período  constitucional 2002-2006.   

Acatando     la    presión  Juana  Bautista  Ramírez,  declina y  pasa  a  ser segundo renglón de la lista al Senado de  Álvaro Araujo Castro, en tanto el MRL, es obligado a  apoyar    la    candidatura    de    Álvaro  Morón Cuello a la Cámara,  para lo cual debe designar un candidato suyo como segundo en  la lista.   

Así mismo, en el  proceso  de  elección  del  rector de la Universidad  Popular  del  Cesar  iniciado  a  mediados  de 2004, el consejero Federman Cotes  Torres       acude       al       Corregimiento    Villa    Germania    de  Valledupar,  donde  el  comandante  39  del  Bloque Norte de las Autodefensas le  comunica  que  debe  respaldar la candidatura de José  Guillermo  Botero  Cotes,  la  cual  es  impulsada  entre  otros  por  el doctor  Álvaro      Morón  Cuello”1.   

ANTECEDENTES  

El  11 de julio de  2008,  la  Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia profirió  resolución  de  acusación    contra    el    doctor    ÁLVARO  MORÓN CUELLO como autor del delito de concierto para  promover    grupos   armados   al   margen   de   la   ley   y   determinador   de   la   conducta   punible  de  constreñimiento al sufragante.   

El 17 de septiembre de 2008, por renuncia del  doctor  MORÓN  CUELLO  a  la  curul que ocupaba       y       aceptada       por       la      Cámara  de Representantes, se  dispuso  con fundamento en lo dispuesto en el parágrafo  único  del  artículo  235  de  la  Carta  Política   en   concordancia   con  el  inciso  2  del  numeral  7  del  artículo  75  de  la  ley  600  de  2000, remitir el  proceso    al    Juzgado   Penal   del   Circuito   Especializado   reparto   de  Valledupar     para    el    adelantamiento    del  juicio.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Con  sustento  en  la  causal  primera  del  artículo  207 de la ley 600 de 2000, en la demanda se proponen errores de hecho  por  falso  raciocinio, falso  juicio de existencia y falso juicio de identidad.   

1.   Falso   juicio   de  identidad  en  la  apreciación del testimonio de Juana Bautista Ramírez Orozco.   

En  opinión  del  casacionista,  el Tribunal  cuando  utiliza  la expresión “para que su lugar lo  ocupe  otro”  distorsiona la versión de la testigo,  al  hacerle  decir que la exigencia de la renuncia a su aspiración, tenía como  objetivo que otro ocupara su lugar, esto es, MORÓN CUELLO.   

2.  Falso  raciocinio  en  la valoración del  testimonio de Víctor Eliécer Ochoa Quintana.   

El  error  se  estructura en que frente a las  disímiles  versiones del testigo, silencio, incriminación y retractación, los  jueces  acogieron  la  segunda  sin  hacer  reflexiones,  lo  cual  les llevó a  vulnerar  “el proceso racional de construcción del  conocimiento”  es  decir  las  leyes de la lógica y  específicamente   “la   inferencia”.   

3.  Errores  de  hecho  en la valoración del  testimonio de Federman Cotes Torres.   

3.1 Falso raciocinio.  

El vicio obedece a un proceso de apreciación  inapropiado,  al  acoger el a quo la segunda versión del testigo a pesar de ser  infundada  y  presentar  vicios  lógicos,  lo  cual  le  obligaba  a analizarla  siguiendo   las   orientaciones   de   la   Corte  frente  a  versiones  de  esa  naturaleza.   

3.1 Falso juicio de existencia.  

Expresa   que   cuando   el  juez  advierta  contradicciones  en las declaraciones de un testigo, debe examinar su coherencia  interna   con   las   pruebas   que   las   afirmen  o  las  nieguen.   

En  ese  sentido, le correspondía cotejar lo  dicho  por  Cotes  Torres  con  las  manifestaciones  de Moisés Segundo Andrade  Racines,  Carlos  Emilio  Oñate  Gómez,  candidatos  a la rectoría de la UPC,  consejeros  que  participaron  y  votaron en el proceso de elección del rector,  vinculados,  contradictores  y  ajenos a la campaña de José Guillermo Botero a  la  rectoría  de  la  UPC, el móvil de la declaración del testigo y la prueba  documental      referida      a     sus     calidades     personales.   

4.  Errores  de  hecho en la apreciación del  testimonio de Dioselina Ramírez Osorio.   

4.1   Falso   juicio   de   existencia  por  omisión.   

El error obedece a la falta de confrontación  del  testimonio  de  ella  con  los  de  Luz  Irina Pérez, Dairo Méndez, David  Galván,   Sadith  Armenta,  Jader  Fonseca,  Jesús  Alfonso  Domínguez,  Juan  Francisco  Prada  y  William  de Jesús Ovalle, quienes la infirman y han debido  tenerse en cuenta al hacer el juicio de responsabilidad.   

Además  dejó  de  valorarse  la  sentencia  condenatoria  contra Ramírez Osorio por el delito de homicidio y las respuestas  a  los  derechos de petición,  con  los cuales se evidencia que no cursó estudios de enfermería ni laboró en  medicina   legal   ni   en   el   hospital,  contrario  a  lo  señalado  en  su  declaración.   

42. Falso juicio de identidad  

El  reparo está sustentado en la afirmación  hecha  en  la  sentencia,  de  acuerdo con la cual a la declaración rendida por  Dioselina  Ramírez  Osorio  el  19 de diciembre de 2008 asistió el acusado, lo  cual no es cierto.   

CONSIDERACIONES  

La  demanda  no  reúne  los  requisitos  de  contenido  exigidos  en  el  numeral  3 del artículo 212 de la ley 600 de 2000,  porque  aun  cuando  denuncia  la  violación indirecta de la ley sustancial por  errores  de  hecho,  los  desarrolla  sin observar la técnica de casación para  cada uno de ellos.   

El  impugnante  con  la  proposición  de los  cargos  persigue  como  propósito  un nuevo debate probatorio en esta sede, sin  tener  en  cuenta  que en la impugnación extraordinaria se estudian los errores  de  juicio  o de procedimiento cometidos por el juzgador, los cuales corresponde  sustentar    mediante    un    discurso   lógico   jurídico   que   los   haga  evidentes.   

En  efecto,  cuando  se  postula  el  falso  raciocinio  por violación de las reglas de la sana crítica, el recurrente debe  señalar  lo  expresado  objetivamente  por  el  medio  probatorio sobre el cual  predica  el  error, las inferencias hechas por el juzgador y el mérito suasorio  otorgado,  para  enseguida  mencionar los principios de la lógica, la ciencia o  la   regla  de  experiencia  ignoradas  y  cuál  era  la  aplicable.   

Los  falsos  juicios  de  existencia  y  de  identidad  recaen  en  la  contemplación  material  de la prueba. El primero se  presenta  por  omisión  de la prueba existente o suposición de una que no hace  parte  de  la  actuación, en cuya demostración resulta necesario confrontar la  sentencia con el proceso.   

El  segundo  impone  individualizar  el medio  sobre  el  cual recae el error, confrontar su literalidad con lo expresado en el  fallo  demostrando  que a él se llegó por adición, mutación o alteración de  su  contenido  material,  señalar el sentido dado en la sentencia y cuál es el  que corresponde.   

Los   errores   formulados  en  los  cargos  propuestos  en  la  demanda  deben  trascender  a  la sentencia, para lo cual al  recurrente  se  le  impone  demostrar  en  cada  uno  de ellos que de no haberse  presentado,   el   sentido   de   la   sentencia   es   distinto  al  fijado  en  ella.   

1. Los errores por falso raciocinio  

En  los  cargos  por  falso  raciocinio,  el  recurrente  no  obstante  citar  la  prueba  testimonial objeto del error, omite  señalar  lo  inferido  por  el  Tribunal  de  ellas,  el mérito otorgado y los  principios  o  reglas de la ciencia, la lógica y la experiencia ignoradas en su  proceso de valoración.   

1.1  En  efecto,  en  la  apreciación  del  testimonio  de  Víctor  Eliécer Ochoa Quintana atribuye a los juzgadores en el  proceso   racional   de   construcción  del  conocimiento  haber  vulnerado  la  “inferencia”, que no es  regla  de  la  lógica  sino un proceso deductivo mediante el cual se extrae una  consecuencia   de   un  hecho  conocido,  mientras  el  error  parece  referirlo  “al     proceso    de    motivación    de    la  sentencia”,  al  no explicar por qué es creíble la  versión acogida y no la retractación de ella.   

De  ahí  que  señale que el testigo mintió  determinado  por  su  padre,  quien  al  igual  que  su hermano Elías no tenía  motivos  para  pensar  que  el  acusado tuviera vínculos con los grupos armados  ilegales,  luego  el  error  de  juicio pretende mostrarlo con sustento en otras  pruebas,  respecto  de  las  cuales  no  enuncia  el  sentido  otorgado  por  el  Tribunal.   

Las expresiones hechas en la demanda sobre el  apego  ciego,  injustificado  e  inexplicado a una de las versiones del testigo,  además  de  genéricas  no  evidencian  el  error postulado, en tanto que si el  reparo  radica  en  que  por  falta  de  un “trabajo  analítico”   la   retractación  del  testigo  fue  rechazada en el fallo, la clase de vicio necesariamente era otra.   

Al  margen  de  la  falencia  anotada,  en la  sentencia  el  Tribunal se ocupa de la versión de Ochoa Quintana y su posterior  retractación,  sin  darle  ninguna  credibilidad  a   esta, de modo que el  casacionista  estaba  obligado  a  demostrar  que  en el análisis probatorio el  juzgador  transgredió  las  reglas  de  la  sana  crítica. Como no lo hace, su  discurso  se  queda  vacío  de  contenido y sin posibilidad de ser examinado en  esta sede.   

1.2 En igual defecto incurre en el reparo a la  apreciación  de la versión de Cotes Torres, al señalar que el proceso lógico  de   valoración   “fue  inapropiado”    porque    la    acogida    en    el    fallo   es   “completamente    infundada    probatoriamente   y   con   vicios  lógicos”,   mientras   la  rechazada  “resulta  coherente  y respaldada en otras pruebas”,  con  lo  cual  termina  por  hacer crítica probatoria ajena a la  impugnación extraordinaria.   

En  ninguna parte del reparo señala cual fue  el  principio  de  la lógica, la ciencia o la regla de la experiencia ignoradas  por   el   Tribunal  en  la  ponderación  de  dicho  testimonio,  sin  que  los  cuestionamientos  generales al mérito suasorio otorgado a la prueba constituyan  adecuado desarrollo de la censura postulada.   

Por lo demás, el recurrente pasa por alto que  debido  a  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad del fallo de segundo  grado,  el  análisis  probatorio  del  juez  prevalece  sobre el de los sujetos  procesales  mientras  no  se aparte de las reglas de la sana crítica, ya que en  el  sistema  de  persuasión  racional  goza  de  una  libertad  relativa  en la  apreciación de los medios de convicción.   

2. Falso juicio de identidad  

2.1  En  el  falso  juicio de identidad en la  apreciación  de  la versión de Juana Bautista Ramírez Orozco, el casacionista  equivoca  la  vía  propuesta  porque  según  la  transcripción  parcial de la  sentencia  hecha  en la demanda el error recae en la inferencia del Tribunal, la  cual es atacable por falso raciocinio.   

Cuando con sustento en la citada declaración,  el  juzgador infiere que la declinación de Juana Ramírez a su aspiración a la  Cámara  de  Representantes es “para que su lugar lo  ocupe  otro”, no la tergiversa ni la pone a decir una  cosa  distinta  a  lo  dicho  por  ella, según se constata en la transcripción  literal hecha en la demanda.   

En  este  evento,  como  se dijo al inicio la  clase de error es otro.   

2.2  Tampoco  constituye  un  falso juicio de  identidad  por  adición del testimonio de Dioselina Ramírez, la afirmación en  el  fallo de primera instancia de acuerdo con la cual el acusado estuvo presente  en  la declaración rendida el 19 de diciembre de 2008, error que no reprocha al  Tribunal  y  desde luego sin ninguna trascendencia frente al principio de unidad  jurídica  inescindible  de  la  sentencia,  dada la identidad de sentido de los  fallos de los juzgadores.   

Esta es la razón por la cual en el reparo, el  casacionista  no  hace  mayores  consideraciones  y  circunscribe su actividad a  reproducir  un aparte de la declaración que nada tiene que ver con aquel hecho,  confusión  inexcusable  máxime si en su desarrollo incumple con los requisitos  de técnica exigidos en su formulación.   

3. Falso juicio de existencia  

3.1  En  relación  con  los cargos por falso  juicio  de  existencia,  el  impugnante  omite su obligación de transliteral la  prueba  testimonial  y  documental  omitida  que confirma o desmiente a Federman  Cotes  Torres  y  Dioselina  Ramírez  Osorio,  para  cuyo  propósito  resume o  sintetiza  lo dicho por ella en orden a descalificar su credibilidad.   

Al  igual  que  en  la  proposición de otros  cargos,   el   recurrente  pasa  por  alto  el  principio  de  unidad  jurídica  inescindible  de  la  sentencia, en cuyo caso estaba obligado a demostrar que el  error  de  juicio   propuesto  se  predica tanto de la sentencia de primera  como de segunda instancia.   

3.2  En  esas  circunstancias,  si  el  a quo  apreció  el  testimonio  de  Moisés Segundo Andrade Racines, el error de hecho  puede ser de otra naturaleza pero no el postulado en la demanda.   

Igual  puede  afirmarse  en  relación con la  declaración  de  Carlos  Oñate  y  la prueba que muestra la enemistad de Cotes  Torres  con  la  familia  del  acusado a las cuales se refiere el Tribunal, cuya  falta  de  coincidencia  entre  el  casacionista  y  éste  acerca de su alcance  valorativo,  no  constituye motivo para acudir a la casación y mucho menos bajo  la modalidad del vicio denunciado.   

Ni  tampoco  es  desarrollo  del  cargo,  la  afirmación  genérica que los implicados Fredis Socarrás, Johnny Meza Orozco y  Emiliano  Piedrahita  refutan  a  Cotes  Torres,  lo  mismo que los otros cuatro  candidatos  a  la  rectoría de la UPV, para lo cual el impugnante cita solo las  fechas  de  las  declaraciones y los minutos en los cuales puede consultarse las  respuestas a los temas mencionados.   

Método en el cual insiste para demostrar que  los  consejeros  del  Consejo  Superior  de  la  Universidad  Popular y los ocho  ciudadanos  vinculados  o  ajenos  a  la  campaña  de  José  Guillermo  Botero  controvierten  o  niegan  a Cotes Torres, cuando afirman que en la elección del  rector    del    año    2005   no   hubo   presiones   ni   intervención   del  paramilitarismo.   

Esa   manera   de   presentar   la   prueba  supuestamente  omitida, impide a la Sala hallar estructurado el reparo propuesto  en  la  demanda,  en  cuanto  se  desconoce lo que literalmente dijo cada uno de  ellos,   para   determinar   su   alcance  probatorio  y  contrastarlo  con  las  conclusiones de la sentencia.   

3.3  Por  ese  camino  equivocado menciona el  nombre  de ocho declarantes, cita la fecha de su versión, los minutos del audio  o  el proceso del cual fueron trasladados, para señalar que a pesar de infirmar  el  testimonio  de  Dioselina  Ramírez  Osorio  no  fueron  tenidos  en  cuenta  “al      momento     de     confeccionar     el  raciocinio”.   

Y  aun  cuando  en  el  reproche  reproduce  literalmente  algunas  de las respuestas dadas por William de Jesús Ovalle, sin  ninguna  reflexión  concluye  que “Es evidente, con  estos  testimonios  dejados  de  valorar,  que el dicho de Dioselina Ramírez es  mentiroso”.   

Además,  la mención que el Tribunal hace de  Ovalle  Suárez  y  Dairo  Méndez  Muñoz,  a los que considera junto con otros  integrantes  del  G-8,  para  advertir  que  el  debate electoral de 2002 no fue  pacífico  sino  precedido  de  presiones  y de una serie de conductas punibles,  pone  de  presente  que  en  este  evento  la  clase  de  error  a  proponer era  otro.   

Finalmente  que la prueba documental sobre la  existencia  de  una  condena  por  un  delito  de  homicidio o que no cursó los  estudios  que  dijo  tener  ni  laboró  en  los establecimientos que mencionó,  muestra    mendacidad    en    la    testigo    debido    a   sus   “condiciones   inmorales”,   es  una  apreciación  del  casacionista  que  no confronta con lo que en la sentencia se  dice de ella.   

Bajo   los   supuestos   errores  de  hecho  mencionados  en  la  demanda, el casacionista busca reabrir el debate probatorio  agotado  en  las  instancias  con  desconocimiento  del  carácter  del  recurso  extraordinario,  en  cuya  sede se juzgan errores de juicio o de procedimiento y  no disparidad de criterios valorativos.   

Basta  con  comprobar  que  la  demanda es un  resumen  de  las  alegaciones  presentadas  por  la  defensa  para  sustentar la  apelación  interpuesta contra el fallo de primera instancia, razón por la cual  no  es  más  que  un  escrito  de  instancia en la cual se atribuye al Tribunal  supuestos  errores  de hecho en la apreciación de la prueba, mientras que en su  proposición  el  casacionista  no los desarrolla de acuerdo con la técnica que  gobierna   a   la   casación   o   equivoca   su  especie  dentro  del  género  correspondiente.   

En  consecuencia la Sala la inadmitirá, en  tanto  sus  defectos  de  técnica  son  evidentes,  los  cuales  no  entrará a  subsanar,  corregir  o  enmendar en virtud del principio de limitación previsto  en  el  artículo  216  de  la  ley  600 de 2000 y de la naturaleza rogada de la  impugnación extraordinaria.   

Tampoco  dispondrá su trámite oficioso, por  cuanto  de  la  revisión  de  la  actuación  no  se  advierte la afectación o  vulneración   de   las   garantías   fundamentales   del   acusado.   

En  mérito de lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

Inadmitir  la demanda de casación presentada  por el apoderado de ÁLVARO MORÓN CUELLO.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Notifíquese  y  devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JOSÉ  FRANCISCO  ACUÑA  VIZCAYA                                        JOSÉ   LUIS   BARCELÓ  CAMACHO            

Conjuez                                                                                    Magistrado   

FERNANDO        A.       CASTRO  CABALLERO                                                MAURICIO LUNA  VISBAL              

Magistrado                                                                                          Conjuez   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ                                             WILLIAM       MONROY       VICTORIA                

Magistrado                                                                                       Conjuez   

                                 

JUAN     CARLOS     PRÍAS   BERNAL                                              LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

         Conjuez                                                                                       Magistrado   

                                                                                            

JULIO  ANDRÉS  SAMPEDRO ARRUBLA   

Conjuez  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1 20 de  septiembre  de  2011,  Tribunal  Superior de Valledupar,; folios 225 y 226, cdno  original de segunda instancia.     

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