38306(06-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

                     SALA DE CASACIÓN PENAL   

Magistrado Ponente  JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

Aprobado acta N° 29  

Bogotá,  D.  C., seis (6) de febrero de dos  mil trece (2013)   

I.  VISTOS   

Resuelve  la  Sala  el recurso de apelación  interpuesto  por  HÁROLD GAMBOA VELÁSQUEZ,  ex  Juez  Primero Laboral del Circuito de Buenaventura, contra la  sentencia  proferida  el  6  de  diciembre  de 2011 por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Buga, que lo condenó a la pena de ochenta y un (81) meses  de  prisión  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas  por  igual  lapso, como autor del delito de peculado por apropiación  en   favor   de  terceros  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo   y  cesó  procedimiento  en  su  favor respecto del peculado por apropiación originado en  el proceso laboral instaurado por Pastor Valencia Cuero.   

II.  HECHOS   

          Durante   los   años  de  1992  a  1995,  el  acusado  GAMBOA   VELÁSQUEZ     en   su  calidad  de  Juez  Primero  Laboral del Circuito de Buenaventura, dirimió cinco  procesos  laborales  en  virtud  de  los  cuales,  condenó a la entidad estatal  demandada,  Fondo de Pasivo Social de la Empresa Puertos de Colombia en adelante  FONCOLPUERTOS,  a  pagar  a  favor  de  los  demandantes una serie de acreencias  laborales  e  indemnizaciones  moratorias a las cuales no tenían derecho según  la acusación, así:   

1.    En   beneficio   de   Manuel   Lamberto   García   Satizabal1,   ordenó,  en sentencia  del  30  de  junio de 1993, le cancelaran la suma de $3´017.669,05 por concepto  de  diferencia  de  pensión  de jubilación reajustada desde el 25 de agosto de  1989,  decisión que implicó para el estado erogación total de $18’788.754,66   según   consta   en  la  resolución   No.  0788  de  octubre  20  de  2006  emanada  del  Ministerio  de  Protección  Social, Grupo Interno de Trabajo para la gestión del pasivo social  de la Empresa Puertos de Colombia, en adelante GIT.   

2.  A   favor   de   José   de   los  Santos  Ibarguen2, el ex juez,  en sentencia del 23 de  mayo  de  1994,  ordenó  el pago de $2’194.787,79  por  concepto  de  diferencia de pensión de jubilación  reajustada  en  razón  a  la  no  inclusión  de  los  rubros  de  vacaciones y  vacaciones  de  retiro,  lo  cual  generó  un  desembolso  para  el  Estado  de  $28’379.630,45 conforme lo  señala  la  resolución No. 0760 de octubre 5 de 2006 emanada del Ministerio de  Protección Social -GIT-.   

3.    Con    destino    a   Antonio     Abad    Riascos    Riascos3,     GAMBOA     VELÁSQUEZ  decidió,  en  sentencia  del  2  de junio de 1994, le  cancelaran    la    suma    de    $2’774.906,74  para  reajustar  la  pensión  de  invalidez  por  la no  inclusión  de  la prima proporcional de servicio, lo cual generó un pago total  de  parte del Estado de $25´132.542,53 según se advierte en la resolución No.  0825  de  octubre  27  de  2006  emanada del Ministerio de la Protección Social  –GIT-.   

4.   Dentro   de   proceso  promovido  por  Julia     Elena    Bravo    Escrucería4,  con  decisión  del 18 de julio de 1995, el ex juez laboral condenó  a  Foncolpuertos  a  pagarle  a  título  de indemnización moratoria la suma de  $15’513.359,94  por  no  habérsele  expedido  el  certificado  médico  de  egreso  como  requisito para  considerar  terminado  el  contrato  de  trabajo  y  $4´654.007  de agencias en  derecho;  obligación  ejecutada  ante el mismo funcionario quien el 20 de enero  de  1998 declaró terminado el proceso por pago y ordenó la entrega del título  en cuantía de $53´322.516.99.   

5. A Pastor Valencia  Cuero5  el  entonces  juez  laboral  con sentencia del 28 de septiembre de  1992  le  reajustó  la  pensión  de  jubilación  en $327.99 pesos mensuales a  partir  del 8 de abril de 1989, lo cual generó un gasto conjunto para el estado  de  $2’243.682,12 como lo  evidencia  la  resolución  No. 0754 de octubre 4 de 2006 emanada del Ministerio  de    la    Protección    Social    –GIT-.   

Sentencias   que   al   surtir   el  grado  jurisdiccional   de   consulta,   fueron   revocadas  por  la  Sala  Laboral  de  Descongestión  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  y  de  Pereira6   mediante  proveídos  calendados  24  de  enero,  28 de junio, 15 de agosto de 2002; 23 de  octubre  y  11  de  diciembre  de  2003,  respectivamente, con fundamento en las  diversas  irregularidades  en  las  que habría incurrido el doctor GAMBOA   VELÁSQUEZ,   en   consecuencia,  absolvió  a  FONCOLPUERTOS  de  las  pretensiones  demandadas  por los antiguos  trabajadores  y  ordenó  al  Ministerio  de la Protección Social adelantar las  acciones     pertinentes     para     recuperar    las    sumas    indebidamente  canceladas.   

III. ANTECEDENTES PROCESALES  

1.            Por solicitud  del  Ministerio  de la Protección Social el 17 de abril de 2007 la Fiscalía 20  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bogotá ordenó  apertura  de  instrucción en  contra   de   HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  ex  Juez  Primero  Laboral del Circuito de Buenaventura, por haber  emitido    sentencia    favorable   a   Julia   Elena  Bravo (radicado 16422).   

2.  En diferente auto de la misma fecha, dispuso la conexidad procesal  de  las  investigaciones  que en forma separada se seguían en su contra por los  ordinarios  laborares  fallados a favor de Antonio Abad  Riascos      (radicado     16428),     José    de    los    Santos    Ibarguen    Albornoz    (radicado    16455),    Pastor   Valencia  Cuero     (radicado     16457)    y    Manuel    Lamberto    García   Satizabal  (radicado 16444).   

3.   Mediante  resolución  del  22  de  junio  de  2007  la  Fiscalía vinculó a GAMBOA  VELÁSQUEZ  como persona ausente y  le  nombró defensor de oficio. De igual modo, con decisión del 14 de diciembre  de  2007  le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  beneficio  de  excarcelación por el delito de peculado por apropiación a favor  de  terceros en concurso homogéneo y sucesivo agravado, y  le precluyó la  investigación  por el de prevaricato por acción al hallar prescrita la acción  penal.   

4.  Clausurada la fase instructiva, el 27 de  junio   de   2008   el   Fiscal   acusó   a   GAMBOA  VELÁSQUEZ  de  los  delitos  referidos  conforme a lo  previsto  en  el  artículo  133  del  Decreto  100  de  1980, modificado por el  artículo  19 de la Ley 190 de 1995, el cual cobró ejecutoria el 30 de julio de  2008.   

5.  La  Sala Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Buga, llevó a cabo las audiencias preparatoria y pública  emitiendo   sentencia  condenatoria  el  6  de  diciembre  del  2011,     decisión    apelada    por    el  procesado.   

IV.       SENTENCIA    IMPUGNADA   

1.  El  Tribunal  Superior de Buga, luego de  resumir  los  hechos, la actuación procesal la acusación y la intervención de  los  sujetos  procesales  en  la  audiencia  pública,  analizó  el  tema de la  prescripción  de  la  acción  penal  del  peculado por apropiación a favor de  terceros  y   declaró  que  ésta  se  había concretado en la etapa de la  instrucción   para  el  caso  de  Pastor Valencia  Cuero, toda vez que por la época del fallo (1992), el  valor  pagado  en  favor  del  ex trabajador fue inferior a 50 salarios mínimos  legales          mensuales          vigentes7, lo que hacía que el tiempo a  contabilizar  fuera  menor,  conforme  la  sentencia 31922 del 3 de diciembre de  2009 proferida por esta Corporación.   

En  seguida, tras examinar las fechas de las  providencias  laborales  y  el  monto  finalmente cancelado en virtud de ellas a  Manuel Lamberto García Satizabal, José de los Santos  Ibarguen,  Antonio  Abad  Riascos  y  Julia Elena Bravo Escrucería,  definió  que los pagos realizados a estos ex portuarios fueron en  cuantías  superiores  a los 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes, en  consecuencia  se  amplió  el  término  prescriptivo  de  la  acción penal del  peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros  según el artículo 133 del  Decreto  100  de  1980  sin  que  se  hubiese  concretado la prescripción de la  acción penal en estos casos.   

          2.  Con  base  en  la  Constitución, el a  quo  hizo  énfasis  en  la  competencia  territorial  otorgada  por  el  Consejo  Superior  de  la Judicatura a las Salas Laborales de  Descongestión  que  conocieron de la consulta y revocaron las sentencias objeto  de  juzgamiento,  órgano  administrativo  facultado para propender por la buena  gestión   de   la  Rama  Judicial,  elaborar  el  mapa  judicial,  redistribuir  despachos,  crear,  suprimir,  fusionar cargos etc. normas desarrolladas en  la  Ley  270  de  1996  en  donde  su  artículo  63  permite adoptar medidas de  descongestión   en  aras  de  hacer  efectivos  los  principios  de  celeridad,  oportunidad  y  acceso  de  los  ciudadanos  a  la  administración de justicia.   

3.  El  juez  colegiado de primera instancia  descartó  la tesis defensiva según la cual los peculados objeto del proceso ya  fueron    perseguidos    penalmente    cuando   se   condenó   a   GAMBOA   VELÁSQUEZ  por  enriquecimiento  ilícito,  toda vez que son tipos penales autónomos que pueden ser investigados  o  fallados bajo la figura de concurso material de conductas punibles, pues unos  penan  el incremento injustificado del patrimonio del condenado mientras que los  otros  sancionan  el haber permitido con sus fallos el incremento patrimonial de  otras personas.   

4.  En relación con el grado jurisdiccional  de  consulta,  el  Tribunal señaló que no deduciría consecuencias adversas al  procesado,  toda  vez que de conformidad con la sentencia 34175 del 10 de agosto  de  2010  emitida por la Corte, para los años de 1997 y 1998 no era unánime la  posición  doctrinal  y jurisprudencial acerca de la obligatoriedad de consultar  las   decisiones   adversas   a  los  establecimientos  públicos  como  lo  era  Foncolpuertos.   

5.  Encontró  demostrado  que  el  doctor  HÁROLD GAMBOA VELÁSQUEZ, en  ejercicio  de sus funciones profirió sentencias a favor de varios ex portuarios  sin que les asistiera derecho así:   

a)   En   relación   con   José  de  los  Santos  Ibarguen,  a quien  según  el  acusado  la  empresa  no  tuvo  en cuenta los rubros de vacaciones y  vacaciones  de retiro al momento de liquidarle la pensión, el Tribunal señaló  que  tal  afirmación  carece  en  absoluto de pruebas que permitan verificarla,  pues  omitió  allegar  al  proceso  las  resoluciones  que así lo acreditaran;  además  en  el acta de inspección judicial practicada a la hoja de vida del ex  portuario,  no  relacionó  los  factores  salariales  que  tuvo  en  cuenta  la  demandada  para liquidar la pensión quedando esa información a la recordación  del  funcionario,  razón por la cual tal diligencia no sirve para demostrar los  hechos cuestionados.   

También   advirtió   el   a  quo, que el acusado en dicha sentencia  señaló  que la calidad de miembro de la organización sindical de José de los  Santos  estaba acreditada “con la contestación a la  demanda  en  la  cual  se  afirma  por  parte  de  la  empresa  que a este se le  cancelaron     sus     acreencias    laborales    conforme    a    las    normas  convencionales”,   aserción mendaz toda vez que  la   empresa  no  contestó  la  demanda,  permitiendo  así  beneficiar  al  ex  trabajador con las prebendas a las que no tenía derecho.   

b)     Respecto     de    Antonio   Abad   Riascos  y  Manuel   Lamberto   García   Satizabal  a  quien    GAMBOA    VELÁSQUEZ     les  reliquidó  la  pensión  de jubilación afirmado que se había  omitido  reconocerle  la  prima  proporcional de servicios, el Tribunal señaló  que  dicho  factor  no  fue  concretado  por  el actor en la demanda ni debatido  durante  el  desarrollo  del  proceso, con lo cual el acusado obró por fuera de  sus   facultades  ultra  y  extra  petita,  contrariando el artículo 25 del Código de Procedimiento Laboral  y  el  305  del  Código  de  Procedimiento  Civil que dice: “… No  podrá  condenarse  al  demandado  por  cantidad superior o por  objeto  distinto  del  pretendido  en  la  demanda,  ni por causa diferente a la  incoada  en ésta…”, violándose el principio de la  congruencia.   

Señaló  el   Tribunal  que  no  es de  recibo  la argumentación de la defensa según la cual el acusado tuvo en cuenta  los  factores  no  alegados  por el demandante porque en la inspección judicial  logró  constatar  que la empresa los omitió al momento de liquidar la pensión  de  jubilación, pues tal criterio desconoce la garantía al derecho de defensa,  el  cual implica que la parte demandada debe saber desde antes del fallo de qué  debe defenderse.   

Sobre  el  proceso  de Abad Riascos también  indicó    que    la    Convención   Colectiva   de   Trabajo   fue   adjuntada  extemporáneamente,  el  15 de junio de 1994, cuando la audiencia de juzgamiento  se  había realizado días antes, el 2 de junio, haciéndose inexplicable que el  condenado  fundamentara  su  decisión  en  una  convención que no obraba en el  expediente.   

c)   Atinente  al  proceso  promovido  por  Julia     Elena    Bravo    Escrucería   a  quien  se  le canceló la indemnización moratoria por no  habérsele  expedido  el  certificado  medico  de  retiro  como  requisito  para  considerar  terminado  el contrato de trabajo, señaló el Tribunal que conforme  al  numeral  4º  del artículo 17 de la Convención,  para tener derecho a  tal  indemnización la actora debía probar que dentro de los 5 días siguientes  a  su retiro había acudido a realizarse la valoración, pues de lo contrario se  concluiría  que  dificultó  tal reconocimiento lo cual conllevaría a negar su  pretensión,    hecho   que   no   acreditó   debiendo   haberse   negado   tal  pedimento.   

6.  Concluyó el Tribunal que las sentencias  laborares   aludidas   fueron  ilegales  y  se  pagaron  con  dineros  oficiales  concretándose  el  delito  de  peculado  por  apropiación a favor de terceros,  advirtiendo  el dolo en que a pesar de los insalvables defectos sustanciales que  tenían  las demandas, “el ex juez se dio a la tarea  de  acomodarlas en dirección a lo que deseaba tener como base para condena, por  fuera   de   las  facultades  ultra  y  extra  petita;  omitió  valorar  pruebas  y  no  motivó sus fallos;  condenó  sin  pruebas  fundantes  de  la  decisión;  renunció  a su cargo sin  asegurar  su  pensión ni entradas económicas legales;  huyó   del   país   hacia  la  República  de  Venezuela    sin    su    familia    a   sabiendas   que   se   le   investigaba  penalmente”.       

Por último, dosificó la pena con base en  el  delito  mas grave cual fue el del Julia Elena Bravo  Escrucería,  y  de conformidad con  lo dispuesto  en  la  Ley  190  de  1995  que  establecía  para  el peculado por apropiación  prisión  de  6  a 15 años, interdicción de derechos y funciones públicas por  el  mismo  término  y  multa  equivalente al valor de lo apropiado, partió del  mínimo  de la pena o sea 6 años toda vez que no se imputaron circunstancias de  agravación  y lo aumentó en razón del concurso así: 4 meses y diez mil pesos  en  la  multa  por el peculado cometido en el proceso promovido por José  de  los  Santos  Ibarguen; 3 meses y  diez  mil  pesos  en  la  multa  por el de Antonio Abad  Riascos;  2  meses y diez mil pesos en la multa por el  de  Manuel Lamberto Satizabal,  para  un  total  de  81 meses de prisión, interdicción de derechos y funciones  públicas    por    el     mismo   lapso   y   multa   de   $53’352.000,99.   

Como indemnización de perjuicios materiales,  condenó  a  GAMBOA VELÁSQUEZ  a  cancelar a favor del Fondo de Pasivo Social de la Empresa Puertos de Colombia  la       suma       de       $125’623.444,63,  indexada  al  momento del pago, cuantía equivalente al  total de lo ilegalmente apropiado.   

Por  no  encontrar reunidos los presupuestos  para  su  concesión,  negó  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena y la prisión domiciliaria.   

V. LA   IMPUGNACIÓN:  

El  acusado HÁROLD  GAMBOA     VELÁSQUEZ  presentó  su inconformidad respecto de los siguientes  aspectos:   

    

1. Prescripción     

Señaló   que   dentro  de  los  procesos  ordinarios  laborales  adelantados  por Manuel Lamberto  García  Satizabal,  José  de  los  Santos  Ibarguen  y  Antonio  Abad  Riascos  Riascos,  fueron  canceladas  sumas  de  dinero  cuyas  cuantías  no superaban los 50 salarios mínimos legales mensuales a la fecha en  que  se  efectuaron  tales  pagos,  en  consecuencia  las  acciones  penales  se  encuentran     prescritas     debiendo     ordenarse     la     cesación     de  procedimiento.   

2.   Grado   Jurisdiccional  de  Consulta.   

Al respecto afirmó el sindicado que estando  clara  la  inviabilidad  de la consulta para las decisiones por él adoptadas en  los  procesos laborales aquí investigados, estas resultan ajustadas a derecho y  ejecutoriadas  desde  entonces,  sin  que  pudieran  ser  revocadas  por vía de  consulta como lo hicieron las Salas Laborales de Descongestión.   

Acusa, entonces, a la Sala Administrativa del  Consejo  Superior  de  la Judicatura de haber desconocido esa prerrogativa, así  como  las  del  debido  proceso  y  seguridad jurídica al ordenar consultar sus  sentencias,  y de infringir también las normas sobre competencia territorial ya  que  el  artículo  10  del  Código  Procesal Laboral asigna los juicios contra  establecimientos  públicos  al  juez  del  domicilio  del demandado o del lugar  donde  se  haya prestado el servicio a elección del demandante, en virtud de lo  cual  el  Tribunal  de  Buga  era  el  competente,  sin  que  se  hubiese podido  redistribuir los procesos a otras sedes territoriales.   

En  suma, para el recurrente, las sentencias  revocatorias  dictadas  por la Sala de Descongestión por vía de consulta deben  rechazarse  y  excluirse  del  aporte  probatorio  para  deducir responsabilidad  dentro del proceso penal objeto de análisis.   

3. Análisis probatorio.  

El acusado  defiende la legalidad de sus  decisiones así:    

a) En relación con la inspección judicial a  la   hoja   de   vida   de   José   de   los  Santos  Ibarguen afirmó que, por motivos logísticos no todas  las  veces  era posible obtener fotocopias de los documentos puestos de presente  al  momento  de  realizar  tal  diligencia  en  la  empresa,  sin embargo, en su  criterio  ello  no  era importante por cuanto la ley no exige al juez reproducir  los  folios  examinados,  sino  dejar  constancia  de  los  hechos  y resultados  percibidos   conforme   el   numeral  2º  del  artículo  246  del  código  de  Procedimiento  Civil,  a  lo  que procedió según constancia dejada en el acta,  elemento  de  convicción  suficiente con base en el cual reliquidó la pensión  al  constatar  que  la  empresa  no había incluido el valor de las vacaciones y  vacaciones    al   retiro,   y   si   la   inspección   judicial   “no   servía”   para  demostrar  la  omisión  de  la empresa como señaló el a quo, entonces ha debido desvirtuarla  la  Sala  Laboral  o la Fiscalía y comprobar si lo plasmado en la diligencia de  inspección judicial no correspondía a la realidad.   

Reconoció  como  un  error  involuntario el  haber  señalado  en  la sentencia que la calidad de miembro de la organización  sindical  estaba  acreditada  en la contestación de la demanda realizada por la  empresa,  cuando ésta no la había presentado, situación, en su criterio   intrascendente  pues  en  el acta de inspección judicial, luego de examinada la  resolución  de  reconocimiento  de  la  pensión, dejó constancia que ésta se  hizo con base en la convención colectiva.   

b)  En los procesos laborales promovidos por  Antonio       Abad      Riascos      y   Manuel  Lamberto  García  Satizabal,  ante  el  cuestionamiento  por la falta de congruencia  entre   lo   pedido  y  lo  fallado  afirmó  el  recurrente  que:  “es  suficiente  que  el  actor  en  la demanda manifieste que su  pensión  no  fue  liquidada correctamente conforme a la convención colectiva y  la   ley,  por  no  haberse  incluido  todos  los  factores  salariales,  porque  precisamente  los  factores  hacen  parte integrante de la base para liquidar la  pensión;  así  que  cuando  se  está  solicitando  la  reliquidación  de  la  pensión,  ello  envuelve  implícitamente  la  inclusión de todos los factores  porque    eso    es    intrínseco,    inherente    y    va    ligado    a    la  pretensión”,  y  si la empresa demandada no hubiere  entendido  el  contenido  de  las  demandas, era a ella a quien le correspondía  proponer  la correspondiente excepción de ineptitud por falta de los requisitos  formales, lo que no aconteció.   

Además,  afirmó  que  en  la diligencia de  inspección  judicial  realizada  a  instancia  de la parte actora, constató la  información  requerida  para la prosperidad de las pretensiones, no haciéndose  necesario  que  la demanda indicara lo mismo, postura avalada por el superior en  muchas  decisiones  contra Foncolpuertos que fueron a segunda instancia, sin que  se  incumpliera  con  el  artículo  25  del  Código  de Procedimiento Laboral.   

c)  Respecto de la irregulararidad advertida  dentro  del  proceso  laboral  a  favor de Antonio Abad  Riascos  donde  la  convención colectiva fue aportada  con  posterioridad  a  la  audiencia  de juzgamiento, señaló el recurrente que  “la Sala de Decisión Penal no tuvo en cuenta   que  en  la  reliquidación  de  la  pensión  del  ex trabajador se incluyó la  “prima  proporcional  de  servicios”,  porque este factor no tiene su origen  únicamente    en    la    convención    colectiva    sino   también   en   la  “ley”.   

d) En cuanto a la expedición del certificado  médico  de  egreso  a  favor  de  Julia  Elena  Bravo  Escrucería,  señaló  el  ex  juez que en el proceso  obra  copia  del oficio de fecha 7 de octubre de 1991 mediante el cual el galeno  de  la  empresa  Puertos  de  Colombia  comunicó  al  jefe  del Departamento de  Personal  y Bienestar Social su práctica, de donde se deduce que ella acudió a  la  empresa  con  tal fin, careciendo de relevancia verificar que lo hizo dentro  de  los  5  días  siguientes  a  la  fecha  de retiro, sin embargo la copia del  certificado  no le fue entregado quedándose sin conocer su estado de salud, con  lo  cual  la  empresa  incumplió  tal  obligación,  debiendo  así conceder la  petición reclamada.     

4. Atipicidad de la conducta.  

Para   el   recurrente,   las   anteriores  afirmaciones  demuestran  la ausencia de pruebas relativas a su actuar doloso, y  confirman  que  las  decisiones  proferidas estuvieron ajustadas a la ley, a las  pruebas   recaudadas   a   la   convención   colectiva   y  a  los  precedentes  jurisprudenciales  aplicables  en  materia  laboral, a diferencia de lo ocurrido  con  las  Salas  de  Descongestión,  que  se pronunciaron sin tener competencia  territorial violando el debido proceso.   

En  su  criterio,  la  improcedencia  de  la  consulta  para  la  época  de  emisión  de estos fallos laborales hicieron que  adquirieran  firmeza  y  debieran  ser  pagados,  como ocurrió con tantas otras  condenas  confirmadas  por  las  Salas Laborares de los Tribunales Superiores de  Cali  y  Buga,  sin  que  a  la  fecha  ninguno  de  estos magistrados haya sido  investigado  penalmente  por  los  mismos  delitos  que le atribuyen a él   “con  total  desconocimiento  de un trato jurídico  igual”.   

Considera necesario referirse al delito de  prevaricato  pues  aunque  se  declaró  la  prescripción  de  la acción penal  respecto  del  mismo,  en  el  fallo  se  tiene  como  el  medio idóneo para la  apropiación  del  erario  público  en favor de terceros; es así como luego de  citar  variada  jurisprudencia,  argumentó  que  para  deducir la comisión del  peculado,  es necesario que la decisión sea manifiestamente contraria a la ley,  situación  que  no  se  configura  en  este caso, en la medida que las Salas de  Descongestión   Laboral   calificaron   las  determinaciones  de  desacertadas,  hipótesis  que  no  admite conducta prevaricadora, máxime cuando desde antaño  existen   interpretaciones  y  precedentes  jurisprudenciales  acordes  con  las  decisiones laborales cuestionadas.   

De  otra  parte,  el libelista transcribe el  precepto  que  consagra  el  delito  de  peculado por  apropiación,   y  controvierte  los  argumentos  del  a quo alusivos a su facultad  para  administrar  los  bienes  que  en  este  caso  pertenecían  a  la entidad  descentralizada Foncolpuertos.   

Luego  de  varias  hipótesis  el recurrente  concluye:  “la  tesis  adoptada  por  la  Sala  de  Decisión  Penal  sobre  la disponibilidad jurídica de los bienes oficiales que  tiene  todo  juez  que  lo  convierte  en administrador de tales bienes y que le  permiten  la  apropiación  de  los  mismos,  no  es  aplicable a los operadores  judiciales,  porque  precisamente  las  condenas  al  pago de sumas de dinero se  desprenden  de  una decisión judicial que hace parte de la labor de administrar  justicia  y  si  esa decisión es contraria a la ley, indudablemente la sanción  penal  es  por  el  delito  de  prevaricato  por  acción  y  no de peculado por  apropiación   a   favor   de   terceros   …”  en  consecuencia  si  alguna  conducta  delictual  cabe  enrostrarle,  sería  la de  prevaricato  por  acción,  sobre la cual se declaró la figura extintiva ya referida.   

Por  último, afirma cómo en el expediente  reposa  copia de la sentencia proferida en su contra por el Tribunal Superior de  Buga,  de  fecha  12  de  marzo  de  2002,  la  cual lo condena por el delito de  enriquecimiento  ilícito  derivado  del  punible  de  peculado, en consecuencia  ahora  no  puede  ser juzgado por este último so pena de afectarse el principio  del      non     bis     in     ídem.           

Con  sustento en las anteriores razones, el  doctor   GAMBOA  VELÁSQUEZ  solicita  revocar la sentencia impugnada y, en su lugar, absolverlo de todos los  cargos.   

VI. CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE:   

1. Competencia  

La  Corte  es  competente  para resolver la  apelación  contra  la sentencia proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Buga,   de conformidad con lo dispuesto en el numeral 3º del  artículo  75  de la Ley 600 de 2000, atendiendo a la condición de Juez Primero  Laboral  del Circuito de Buenaventura que desempeñaba el procesado HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ para el momento  de los hechos y la relación con el ejercicio de sus funciones.   

Conforme a lo estipulado en el artículo 204  del  estatuto  procesal  penal en mención, la labor de la Corte se contraerá a  examinar  los  aspectos  sobre  los cuales se expresa inconformidad, incluyendo,  como  lo  autoriza  esta  preceptiva,  los temas inescindiblemente vinculados al  objeto  de  la  censura sin que resulte posible hacer más gravosa la situación  del recurrente, en razón a ser apelante único.   

Dado  que  el  fondo  del  debate  y  los  argumentos  propuestos  por  el  recurrente  ya  han  sido  abordados  en  otras  ocasiones  por  la Corporación, se retomarán criterios expuestos en anteriores  determinaciones.   

2.  De  la  prescripción  de  la  acción  penal.   

Según  el  recurrente,  la cuantía de las  obligaciones  impuestas  en  contra  de  Foncolpuertos y a favor de Manuel  Lamberto  García  Satizabal, José de los Santos Ibarguen y  Antonio  Abad  Riascos  por  las que se le atribuye el  peculado,  no alcanzan los 50 salarios mínimos legales mensuales exigidos en el  artículo  133  del  Decreto  Ley 100 de 1980 modificado por la Ley 190 de 1995,  encontrándose así  prescrita la acción penal.   

No  le  asiste  razón al sindicado pues en  decantado  criterio  la  Sala  ha  señalado  que el monto a considerar no es el  cancelado  por  reajuste  pensional  con  retroactividad  al  momento  en que se  reconocieron  las jubilaciones de los trabajadores según aparece en  cada  una de las sentencias examinadas,  como   se   insinúa,   sino   la  totalidad  de  lo  desembolsado  por  la  entidad  demandada  como  consecuencia  de  las  órdenes  impartidas         en         el        fallo8,         toda  vez  que al reajustarse la pensión, además de cancelarse las  sumas  dejadas  de  percibir  hasta  el  momento  de  su reconocimiento, su pago  continúa hacia el futuro en la cuantía ordenada en la sentencia.   

Es así como el peculado que se analiza, no  obstante   ser   de  ejecución  instantánea,  conlleva  efectos  patrimoniales  diferidos  en  el  tiempo hasta cuando efectivamente cese la apropiación de los  recursos  estatales, dado que la obligación impuesta en los fallos a la empresa  demandada   comporta   una   sucesión   de  actos  parciales  finalísticamente  orientados  hacia  la  obtención  del  resultado criminal, los cuales deben ser  sancionados.   

Y   ratificando   este   planteamiento,  recientemente,  y  sobre  un caso similar respecto del mismo procesado, expresó  esta Sala:   

“…el momento  de  comisión  del  hecho  punible y sus implicaciones en la prescripción de la  acción  penal,  dependen  de la modalidad de la conducta en cada caso concreto.  Si  se  trata  de un solo acto, el período de prescripción de la acción penal  deberá  contabilizarse desde el momento de su realización y si se trata de una  sucesión  de acciones, deberá serlo a partir de la última, conforme lo prevé  el artículo 84, inciso 2°, del Código Penal.   

Admitir  que no forma parte de la cuantía  el  reajuste pensional pagado a partir de la ejecutoria de los fallos laborales,  equivaldría  a consentir que no hubo apoderamiento respecto de los recursos que  desembolsó   periódicamente   Foncolpuertos  con  posterioridad  al  pago  del  retroactivo,  pues, el ilícito apoderamiento únicamente recaería en las sumas  sobre  las  que,  representadas  en  títulos  judiciales,  tenía  disposición  material el acusado.   

Se  insiste,  al  proferir cada una de las  sentencias   HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  dispuso  el  pago  de  incrementos  pensionales  a  favor  de los  demandantes,  en las cuantías que el mismo acusado señaló; y ordenó que esas  cantidades  se  siguieran cancelando en adelante, lo cual permite determinar, de  una  vez,  que  la  cuantía de lo apropiado no puede fijarse por las cantidades  inicialmente  entregadas, sino por todos los valores que alcanzaron a cobrar los  ex  trabajadores  amparados  en  los fallos, es decir, autorizados por una orden  judicial.   Y,  se  relieva,  no  es  posible  escindir  ninguno  de  los  pagos  periódicos,   de   la   decisión   —acto    de    disposición    jurídica    único    atribuido   al  procesado—  que conforma  la conducta punible por la cual se acusó al funcionario judicial.   

Si   se   dijera,   por   ello,  que  lo  ilícitamente  apropiado  corresponde  apenas  a  lo  que se pagó en calidad de  retroactivo  pensional, debería significarse, de un lado, que la disponibilidad  jurídica  sobre  los  bienes es fragmentada en el acusado, y del otro, que esos  otros  dineros  periódicamente pagados tienen fuente legal, o cuando menos, que  la  posibilidad de recuperación se halla en el limbo porque no obedecen al acto  delictuoso                examinado”9.   

Fundamento de lo anterior, es la atribución  al  procesado  de  la  disponibilidad  jurídica  de  los  bienes,  que no de su  disponibilidad   material,   por  lo  que  resultando  imposible  advertirse  un  desplazamiento   inmediato   del   bien,   necesario   es   verificar   que  esa  “facultad  legal  de  ordenar  a otros la entrega o  pago,  se  traduzca  en  el  cumplimiento  de  la decisión, que puede operar en  momento  más  o  menos  cercano  a su expedición, o diferirse en el tiempo, de  conformidad     con     la     naturaleza     de     lo     ordenado”10.   

En  consecuencia, toda vez que la totalidad  de   lo   desembolsado   a  favor  de  José  de  los  Santos  Ibarguen  fue  de  28’379.630,    para  Antonio     Abad   Riascos   $25’132.542  y  a  Manuel  Lamberto  García  Satizabal  $18’788.754,   sumas   superiores   a  50  salarios  mínimos  de  la  época,  el  termino  prescriptivo  no  se encuentra  disminuido  por  la  cuantía  sino que es la sanción plena prevista en el tipo  básico  aumentado  en  una tercera parte conforme el canon 83 del Código Penal  para  los  delitos  cometidos  por  servidores  públicos, razón por la cual la  acción penal no se encuentra extinguida por el paso del tiempo.   

3.   Grado   Jurisdiccional  de  Consulta   

1.    Aún   cuando   el   a  quo no derivó consecuencias jurídicas  por  la  ausencia  del  trámite  de la consulta lo cual relevaría a la Sala de  tratar  el  tema,  sin  embargo  estima  necesario  hacer algunas precisiones al  respecto.   

Según  el  recurrente  las  decisiones  proferidas   por  los  Tribunales  Laborales  de  Descongestión  revocando  las  sentencias  por  vía  de  consulta  están  viciadas de nulidad y no podían se  apreciadas  dentro  del proceso penal, toda vez que por la época en que el juez  de  primera  instancia  falló dichos procesos, no existía la consulta para las  entidades  descentralizadas,  empresas comerciales del Estado o establecimientos  públicos, postura que para este momento es avalada por la Corte.   

Para  la  Sala,  carece  de fundamento este  análisis  toda  vez  que  la  responsabilidad  penal  por  las  conductas a él  atribuidas  no  proviene  de  la  decisión  adoptada en la consulta, sino de la  constatación  realizada  por  parte  del  Tribunal  a  quo  del  manifiesto  alejamiento de sus decisiones en  relación  con  la  ley aplicable al caso y el material probatorio obrante en el  proceso,  situación  que  a  su  vez  propició el pago de dineros indebidos en  detrimento   del   patrimonio   público,   configurándose   el   peculado  por  apropiación en favor de terceros.    

2.  En  cuanto al proceso de descongestión  laboral  ordenado  por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  el cual creó Salas especiales en Bogotá y Pereira para tramitar la  consulta  de  los  procesos adelantados contra Foncolpuertos, el sindicado adujo  que  si bien el artículo 63 de la Ley 270 de 1996 lo autorizó para implementar  programas  de  descongestión,  en  su ejecución debió respetar la competencia  territorial,  tal  como  lo disponen los artículos 15 de la Ley  1285  de  2009  y  10  del  Código Procesal Laboral, donde era el Tribunal de Buga el  competente  para  fallar  la consulta, en consecuencia tales decisiones resultan  viciadas por violar el debido proceso.   

Sobre  este  aspecto,  la  Corporación  en  reiterada  jurisprudencia  ha  señalado  que  el  artículo 63 de la Ley 270 de  1996,  vigente en la época de implementación del programa de descongestión de  Foncolpuertos, autorizaba a  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura redistribuir los  asuntos   entre   los  diferentes  tribunales  y  despachos  judiciales  que  se  encontraran al día, a lo cual procedió conforme tal norma:    

“ARTÍCULO 63.  DESCONGESTIÓN.  La  Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura,  en  caso  de  congestión  de  los Despachos Judiciales, podrá regular la forma  como  las  Corporaciones  pueden  redistribuir los asuntos que tengan para fallo  entre  los  Tribunales  y  Despachos  Judiciales  que  se  encuentren  al  día;  seleccionar  los  procesos  cuyas  pruebas,  incluso  inspecciones,  puedan  ser  practicadas  mediante  comisión  conferida  por  el  Juez  de  conocimiento,  y  determinar  los  jueces  que  deban  trasladarse fuera del lugar de su sede para  instruir   y   practicar   pruebas  en  procesos  que  estén  conociendo  otros  jueces”.   

Sólo con la Ley 1285 de 2009, modificatoria  del  artículo  63  de  la Ley 270 de 1996, se dispuso que la redistribución de  procesos  en  virtud  de  programas  de descongestión debía acompasarse con la  competencia  territorial.  Por  tanto,  cuando  se  ordenó la consulta para los  procesos  laborales objeto de esta investigación, no existía ninguna limitante  al respecto.   

Es  más,  en  relación  con la naturaleza  jurídica  de  los  jueces  de  descongestión,   la  Corte  Constitucional  señaló  la  facultad  del Consejo Superior de la Judicatura para determinar su  ámbito  de  acción  territorial, sin que ello comporte vulneración de ninguna  garantía:   

“Así  mismo,  la  norma  dispone  que  “los   jueces   de   descongestión   tendrán  la  competencia  territorial  y  material  específica que les señale el acto de su  creación”.  Los  jueces  de  descongestión no son  cargos  permanentes  y  por  tanto  no forman parte de la estructura misma de la  administración  de  justicia.  Son  cargos creados de manera transitoria por el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  dentro  de  la  facultad  prevista en el  artículo  257-2  de  la  Constitución  y  de  conformidad con las políticas y  programas   de   descongestión   judicial  establecidos  por  dicho  organismo.   

Por  lo  mismo,  la creación de jueces de  descongestión  no  es  en  sí  misma contraria a la Carta Política, en cuanto  contribuye  a  garantizar  la  eficacia  de  la  administración de justicia. No  obstante,  su  implementación debe ajustarse a los preceptos de orden Superior,  lo   que   se   examinará   en   detalle   al  analizar  el  artículo  15  del  proyecto.   

En  este punto ha de tenerse en cuenta, en  primer  lugar,  que  su  designación  debe hacerse con cabal observancia de las  garantías  fundamentales  en materia de juez natural y de sujeción a las leyes  preexistentes  al acto imputado, de manera tal que no se llegue a configurar una  atribución  “ex  post  facto”  de competencias judiciales. En consecuencia,  para  la creación de los jueces de descongestión se ha de partir siempre de la  base  de  la  pre-existencia  de  determinada  categoría  de jueces, que tienen  previamente  definida  su  competencia  en forma clara y precisa y en cuyo apoyo  habrán  de  actuar los jueces creados con una vocación esencialmente temporal.  Dicha  circunstancia  evita  la  violación  del  principio del juez natural, en  cuanto  no  se  permite la creación de jueces o tribunales “ad hoc”, puesto  que  será  posible  conocer  siempre  de  antemano cuál será la categoría de  jueces     competentes     para     decidir    cada    patrón    fáctico    en  particular”11.   

En   consecuencia,   los   Tribunales  de  Descongestión   Laboral   eran  competentes  por  el  factor  territorial  para  desarrollar la labor encomendada.   

4.  Análisis de los procesos laborales   

1.  Sostiene  el censor en el caso Ibarguen  que,   contrario   a   lo  consignado  en  el  fallo  de  primera instancia, la práctica de la inspección  judicial  no  exige  el  acopio físico de los documentos expuestos sino que tal  práctica  es facultativa del funcionario, pues basta con dejar constancia en el  acta  de  los  hechos  y resultados percibidos conforme lo señalado en  el  numeral  2º  del  artículo  246  del  Código de Procedimiento Civil, para que  tenga  plenos  efectos,  máxime  cuando  no  se  desvirtuó  la  buena  fe  del  funcionario  demostrando  que  lo  consignado en el acta de inspección difería  del contenido de los documentos inspeccionados.   

Tal  argumento no es de recibo para la Sala  toda  vez  que  en  las diligencias de inspección judicial a documentos, éstos  deben  ser  incorporados  conforme  lo  señala el artículo 247 idídem el cual  establece   unas  reglas  especiales  para  la  inspección  de  “muebles  o  documentos”  conforme a las  cuales,  “Cuando  la  inspección deba versar sobre  cosas  muebles  o  documentos  que se hallen en poder de la parte contraria o de  terceros,     se     observaran     previamente    las    disposiciones    sobre  exhibición”.    

Al  punto,  el inciso tercero del artículo  284  de  dicho estatuto procesal, señala: “Trámite  de     la     Exhibición:     …    “Presentado  el documento, el  juez  lo  hará  transcribir o reproducir, a menos que quien lo  exhiba  permita  que se incorpore al expediente. De la  misma  manera  se  procederá  cando  se exhiba espontáneamente el documento”  (negrilla  fuera  de texto).   

Lo  anterior  muestra  de  manera  clara la  inconsistencia  de los argumentos del recurrente y el evidente incumplimiento de  los  requisitos  legales  por  parte  del doctor GAMBOA  VELÁSQUEZ  al  momento  de  realizar la diligencia de  inspección  judicial  a  la hoja de vida del ex portuario, la cual no tenía la  capacidad  jurídica  de  probar  los aspectos consignados en el acta levantada,  hecho  que  sumado  a  la  ausencia  total  de otro tipo de soportes probatorios  dentro  del  expediente,  hacía imposible que decidiera a favor del ex empleado  como  sin  recato alguno lo hizo y mucho menos afirmar que lo cobijaban derechos  convencionales,  razones  suficientes para aseverar la improsperidad del reclamo  puesto de presente.   

2. La Sala no comparte el criterio esbozado  por  el  sindicado  según  el  cual  en  los  procesos laborales promovidos por  Antonio       Abad      Riascos      y      Manuel     Lamberto     García  Satizabal, bastaba con que el trabajador refiriera una  incorrecta   liquidación   pensional  para  que  el  juez  laboral  tuviera  la  obligación   de   revisar   uno   a   uno   todos   los  factores  que  la  conforman.   

El  mencionado argumento, como lo expuso el  Tribunal  a quo, es contrario  al  artículo  25  del  Código  de  Procedimiento Laboral, conforme al cual las  demandas  deben indicar lo que se pretenda con precisión y claridad y, al canon  305  del  Código  de  Procedimiento Civil, donde advierte que la sentencia debe  estar  en  consonancia  con  los  hechos  y  las  pretensiones  aducidos  en  la  demanda   y  “no podrá condenarse al demandado  por  cantidad  superior  o  por objeto distinto del pretendido en la demanda, ni  por  causa  diferente a la invocada en ésta. Si lo pedido excede de lo probado,  se le reconocerá solamente lo último”.   

En  los  eventos  bajo examen la demanda no  precisó  los  factores  presuntamente  omitidos  en consecuencia el funcionario  judicial  al analizar uno a uno aquellos a fin de establecer cúal fue el que se  dejó  de  aplicar  en  la  liquidación,  desbordó sus funciones y el contexto  fáctico  y  jurídico  propuesto  en  la  demanda,  sin  estar  habilitado para  pretermitir  la  constatación  de  los  requisitos mínimos del libelo y, menos  aún,  para  apartarse de la causa petendi.   

Sobre el punto, la Sala de Casación Laboral  en la sentencia de 10 de marzo de 1998 señaló:   

“El  derecho  de  defensa  y  el  debido  proceso  exigen  que  la relación jurídica procesal quede delimitada al inicio  en  el  juicio. Es por eso que el demandante al elaborar su demanda laboral debe  ser  cuidadoso no sólo al formular las pretensiones sino de manera muy especial  al  presentar  l  os  hechos  que  constituyen  la  causa  petendi.  Si bien las  falencias  en  cuanto  a  las  primeras  pueden ser reparadas en los juicios del  trabajo  por  el  juzgador  de  primer grado, en desarrollo de la facultad extra  petita,  a  condición  de  que  los  hechos  que le sirve n de apoyo hayan sido  planteados  y  discutidos  en juicio, no puede ese mismo funcionario, ni ningún  otro,  corregir  el  rumbo  del  proceso trazado por el accionante, alterando la  causa petendi en que éste fincó su acción.”   

En  ese  orden,  tal  como  lo concluyó el  a  quo, era inviable atender  demandas   genéricas   que   no  especificaban  los  factores  omitidos  ni  su  cuantía.   

3.    En   el   caso   Bravo  Escrucería, el impugnante aduce la  vulneración  por  parte  del  empleador de la regla contenida en la Convención  Colectiva  del Trabajo conforme a la cual, la relación laboral culminaba con la  realización  del  examen  médico  de  egreso  y  la  consecuente  entrega  del  certificado  al  trabajador. De esta manera, en el evento bajo análisis, aunque  el  examen sí se practicó, el patrono incumplió la obligación de suministrar  copia  del  mismo,  razón  por  la  cual  era  legítima  la  condena impuesta.   

Para  desvirtuar  tal  afirmación, la Sala  revisará  la  normatividad  laboral  aplicable  al caso. Así, el numeral 4 del  Artículo 17 de la Convención Colectiva de Trabajo, preveía:   

“Tampoco  se  considerará  terminado  el  contrato  de  trabajo  mientras  no se practique el  examen  médico  de  que  trata  el  artículo  3°  del  Decreto  2541  de 1945  (artículo  57,  ordinal 7° del Código Sustantivo del Trabajo), y no se le dé  el  correspondiente  certificado  de salud al trabajador, a menos que éste, por  culpa  eluda, dificulte o dilate dicho examen”.    

A  su  turno,  el  canon  57-7  del Código  Sustantivo   del  Trabajo  establece  como  obligación  especial  del  patrono:   

“7.  Dar  al  trabajador  que  lo  solicite, a la expiración del contrato, una certificación  en  que  conste  el  tiempo  de  servicio,  la  índole de la labor y el salario  devengado;   e   igualmente,  si  el  trabajador  lo  solicita,  hacerle  practicar  examen  sanitario y darle certificación sobre el  particular,  si  al  ingreso o durante la permanencia en el trabajo hubiere sido  sometido  a  examen  médico.  Se  considera  que  el  trabajador,   por  su  culpa,  elude,  dificulta  o  dilata  el  examen,  cuando  transcurridos  cinco  días,  a  partir  de  su  retiro  no se presenta donde le  médico  respectivo  para  la práctica del examen, a pesar de haber recibido la  orden  correspondiente”.  (subrayas  fuera de texto)  .      

La lectura de las reglas transcritas imponen  colegir  que  la  obligación  para  la empresa de realizar el examen médico de  retiro  y  la consecuente entrega de la certificación solo se produce cuando el  trabajador  los  exija,  en consecuencia, la  sanción  por  la  no  entrega  del  certificado médico procede  cuando  el  patrono  se  niega expresamente a suministrarlo al trabajador, hecho  que  debe argumentarse y probarse en el proceso, pues la desidia o renuencia del  interesado  para  recibir  el  documento  no puede generar derechos en su favor,  más  aún  cuando  la  sanción  moratoria sólo procede cuando se establece la  mala fe del empleador.   

En  ese  orden de ideas, la Sala Laboral de  esta Corporación señaló:   

“No obstante lo  anterior,  la  Sala  quiere referirse al fondo del ataque para recordar, como lo  ha  hecho  en  innumerables  veces  que  la  sanción  moratoria  que establece el artículo 1° del decreto  797  de  1949  para  el  caso  de  que no se paguen oportunamente las acreencias  laborales  de  los  trabajadores  del  sector  oficial,  precepto este que se ha  equiparado  a  la  disposición  contenida  en  el artículo 65 del C.S.T. y que  repite   la   norma   convencional  invocada  por  el  recurrente,  no  es de aplicación automática  sino que obliga al fallador  a  examinar  la conducta asumida por el empleador, para deducir si obró de mala  fe.   

El  cargo  tiene razón en cuanto a que el  sentenciador  de  segundo  grado no examinó el documento que acredita el examen  médico  de ingreso practicado al demandante para deducir de ello la obligación  de  practicarle  también  examen  médico  a su egreso,  pero debe la Sala  observar  que  aun  así  y  si  fuese  posible  llegar  a la sede de instancia,  la  Corte  no  podría  pasar  por  alto  que  con lo  expresado  en  la  demanda  (folio  2),  y  en  el  documento  de  folio  18, es  indiscutible  que  la  empresa ordenó oportunamente el examen médico de egreso  al  actor, que el mismo se practicó y que también oportunamente se expidió la  correspondiente  certificación;  todo ello demuestra, cuando menos, una postura  de  buena fe por parte de la demandada que no podría desvirtuarse por la única  circunstancia  de  que  el actor no hubiese reclamado el mencionado certificado;  pues  debe  resaltarse  que en ningún momento el recurrente aduce una prueba de  que    el    demandante    se   hubiera   presentado   a   recibirlo.   

Teniendo en cuenta lo anterior, advierte la  Sala  que  la  negativa  de  la  entidad  a  entregar  al  trabajador el aludido  certificado,   solo  podría  deducirse  de  que  estuviera  demostrado  que  el  ex-trabajador  se  presentó  a recibir el certificado y que la empresa no quiso  entregárselo”12.    (subrayas   fuera   de  texto).    

En el caso de la especie, el examen médico  de  egreso  a la señora Bravo Escrucería se practicó, como consta en la copia  del  oficio  de  fecha  7  de  octubre  de 1991 mediante el cual el galeno de la  empresa  comunicó al Jefe del Departamento de Personal y Bienestar Social dicha  valoración,  si  embargo  esta  omitió  probar  la  renuencia  de la empresa a  entregarle  tal  documento  a pesar de haberlo solicitado, razón por la cual no  era  procedente el reconocimiento de la indemnización ordenada por GAMBOA        VELÁSQUEZ.     

4. Sobre la ausencia de dolo  

Si  bien  para el impugnante las decisiones  laborales  por  él proferidas se ajustaron rigurosamente a la ley y a la prueba  obrante   en  el  expediente,  lo  cual  conduce  a  que  el  proceso  penal  no  contenga   elementos suasorios de su accionar doloso, la Sala, contrario  sensu  encuentra que fallar de  forma   favorable  las  pretensiones  del  libelo  sin  reunir  los  fundamentos  fácticos  ni  jurídicos  para  tal reconocimiento, emitir condena en relación  con  prestaciones  sociales  que  no  habían sido postuladas ni debatidas en el  proceso,  aplicar  términos de la convención a ex empleados que no tenían ese  derecho,    y   admitir   demandas   con   ostensibles   imprecisiones   en   lo  pedido, constituyen acciones  delictivas  que  revelan  la voluntad de HÁROLD GAMBOA  VELÁSQUEZ de infringir la ley con el claro propósito  de  favorecer  a  los  demandantes  en detrimento de la parte demandada y, sobre  todo,  de  los  recursos  de  ésta,  habida  cuenta  que  las  sanciones contra  Foncolpuertos,  como era de  conocimiento  de  los  operadores  judiciales  de  la  época,  las  asumía  el  presupuesto de la nación.   

Por  otra  parte,  la  Corte  disiente  del  criterio   del  doctor  GAMBOA  VELÁSQUEZ  encaminado  a  desvirtuar  el peculado bajo el argumento según el  cual,  la  disponibilidad  jurídica de los bienes oficiales que tiene todo juez  no  lo  convierte en administrador, y si adopta un decisión contraria a la ley,  incurre  en prevaricato por acción y no en peculado por apropiación a favor de  terceros.   

Para esta Corporación, los funcionarios sí  mantienen  una  relación  jurídica  con  los  bienes oficiales respecto de los  cuales           adoptan          decisiones13,  toda vez que de una u otra  forma,  están  disponiendo sobre el destino final de los mismos, por manera que  al  apartarse  de  los  mandatos  legales  podrían  ocasionar  una apropiación  indebida,  pues  sin  su concurso, sin su orden, no se obtendría tal resultado.   

Sobre  el  alcance  del  peculado, la Corte  señaló:   

“En el entendido de que la relación que  debe  existir  entre  el  funcionario  que  es  sujeto  activo de la conducta de  peculado  por  apropiación  y  los  bienes oficiales puede no ser material sino  jurídica  y  que esa disponibilidad no necesariamente deriva de una asignación  de  competencias,  sino  que  basta que esté vinculada al ejercicio de un deber  funcional,  forzoso  es  concluir  que  ese  vínculo  surge entre un juez y los  bienes  oficiales  respecto de los cuales adopta decisiones, en la medida en que  con  ese  proceder  también  está  administrándolos.  Tanto  es  así  que en  sentencias  judiciales  como  las  proferidas  por  el implicado en los procesos  laborales  que  tramitó  ilegalmente,  dispuso de su titularidad, de manera que  sumas  de dinero que estaban en cabeza de la Nación (FONCOLPUERTOS –Ministerio  de  Hacienda  y  Crédito  Público),  pasaron  al  patrimonio de los ex trabajadores de la Empresa Puertos  de  Colombia  y del abogado que los representó, siendo indiscutible que el acto  de  administración  de  mayor  envergadura  es  aquel  con el cual se afecta el  derecho           de           dominio.”14   

En  consecuencia,  el  doctor  GAMBOA     VELÁSQUEZ     debe  responder por el delito de peculado, dado que en su condición  de   Juez   Laboral,  al  tramitar  procesos  sometidos  a  su  jurisdicción  y  competencia,  desarrolló actos de disposición jurídica sobre bienes estatales  que  comportaron  la  apropiación  de  recursos  por  parte  de terceros que no  ostentaban derecho a obtenerlos.   

En  otro  aspecto,  el  doctor HÁROLD                 GAMBOA                VELÁSQUEZ    de  manera  errada  arguye  que  por  haber sido condenado como autor del punible de  enriquecimiento  ilícito  derivado del delito de peculado, no puede ser juzgado  por   este   último   so   pena   de  afectar  el  principio  del  non bis in ídem.   

Sobre el punto, en decisión de quien ahora  cumple igual cometido señaló:   

“          El razonamiento del memorialista carece  de  aptitud  para  los  efectos  planteados,  pues  si bien es cierto el ex Juez  Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura fue condenado por el delito de  enriquecimiento  ilícito  descrito  en  el  artículo  148 del Código Penal de  198015   (hoy   412   del   estatuto   sustantivo   de   200016), también  lo  es que no por ello puede predicarse que esa condena torne en ilegítimo este  proceso  adelantado  por  la conducta punible de peculado por apropiación, como  si  el  trámite  de  esta  actuación  violara  el  principio  del  non  bis in  ídem.    

         El  argumento  esgrimido  por el defensor parte de una imprecisión  conceptual,   según   la   cual  el  enriquecimiento  ilícito  supone  que  la  ‘conducta  fuente’,   es   decir,  aquella    situada   en   la   génesis   del  incremento  patrimonial,  es  necesariamente  atípica  y por lo tanto, al condenarse al servidor público por  dicha  conducta  punible se está calificando, de una vez por todas y con fuerza  de     cosa     juzgada,     la     ‘conducta       fuente’ como no constitutiva de delito.    

         La  hipótesis  del  defensor es equivocada.  Sobre este tema,  ha  dicho la Sala de tiempo atrás, que la calidad de subsidiario del tipo penal  de     enriquecimiento     ilícito     no     significa     que    ‘la    conducta   fuente’  no  constituya  delito,  sino  que  –cosa  muy diferente- de  su  naturaleza  delictiva no exista prueba a la hora de fallar el proceso por el  injustificado  incremento  patrimonial.  De allí que la subsidiariedad del  enriquecimiento   ilícito   no   descarta   que,   una  vez  emitido  el  fallo  condenatorio,  no  pueda  investigarse  y  fallarse  respecto de la ‘conducta      fuente’,  en caso de la aparición de prueba  sobre  su  tipicidad.  Lo  anterior  porque,  insiste  la  Corte,  la  sentencia  condenatoria  por  enriquecimiento  ilícito  no  tiene la virtud de juzgar como  atípico  –con fuerza de  cosa  juzgada  material-  el  comportamiento  gracias  al  cual  se  produjo  el  incremento patrimonial.   

…..  

         Ahora   bien,   al   revisar   la  decisión  condenatoria  por  el  enriquecimiento  ilícito, queda en claro que, al contrario de lo que pregona el  apoderado  judicial  del  procesado,  dicha  providencia  no descartó que en el  fundamento  del  incremento  patrimonial  existiera  un delito: lo que se lee en  dicha  determinación es la precisión referente a que el incremento patrimonial  tuvo  lugar  en  la  misma  época en que el procesado ejerció como funcionario  judicial,   y  que  el  aumento  de  sus  activos  carecía  de  justificación.   

        De  manera  que  la  condena  contra el ex Juez Primero Laboral del  Circuito   de   Buenaventura,  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  por  enriquecimiento  ilícito  en  el  que  incurrió  por  haber  incrementado injustificadamente su  propio  patrimonio,  no  tiene  la  virtud  de inhibir o hacer improcedentes las  investigaciones  y  condenas  por  haber  desposeído  a  la  administración de  recursos  financieros  a favor de terceras personas, pues se trata de hechos del  todo                    diferentes17”.   

        Entonces,  se advierte clara la posibilidad del concurso18   

entre  el  enriquecimiento  ilícito y el  denominado    ‘delito  fuente’  -es decir aquél  que  determina  el  incremento  patrimonial  injustificado-, incluso en aquellos  casos  en  los  que ambos punibles afecten el mismo bien jurídico, pues inciden  de  manera  autónoma  e independiente el bien jurídico tutelado sin que exista  entre  ellos  una  relación de dependencia, en la medida que el enriquecimiento  ilícito  comporta  necesariamente  el  incremento patrimonial injustificado del  servidor  público,  elemento  no  requerido  en  el  peculado  por apropiación  ejecutado en favor de terceros.   

Aún   más,   revisado   el   fallo   de  condena   emitido  por  el Tribunal Superior de Buga el 12 de marzo de 2002  contra   el  doctor  GAMBOA  VELÁSQUEZ por el punible de enriquecimiento ilícito,  la   Sala  encuentra  que  en  él  se  estableció  un  incremento  patrimonial  injustificado  pero  no  se  indicó  que  proviniera del punible de peculado y,  menos  aún,  se señaló una apropiación de recursos en particular, razón por  la  cual  carece  de  fundamento  la  postulación  defensiva  analizada en este  acápite.   

En  suma,  los  argumentos esbozados por el  recurrente   no   logran  persuadir  a  la  Sala  de  la  inocencia  del  doctor  HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  razón  por  la  cual se impone confirmar la sentencia impugnada respecto de los  motivos de inconformidad.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR   la  sentencia  del  6  de diciembre de 2011 proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Buga, conforme con lo expuesto.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JOSÉ         LEONIDAS       BUSTOS             MARTÍNEZ   

JOSÉ           LUIS         BARCELÓ    CAMACHO                                                                                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ                                                                                  GUSTAVO            ENRIQUE          MALO         FERNÁNDEZ   

   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                                                             JULIO   ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                                                                     

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Sentencia  del  30  de  junio  de  1993. c.o. proceso laboral de Manuel Lamberto  García. Folio 15 ss.   

2  Sentencia  del  23 de mayo de 1994. c.o. proceso laboral de José de los Santos.  Folio 156 ss.   

3  Sentencia  del  2  de  junio  de  1994.  c.o.  proceso  laboral   folio  31  ss.   

4  Sentencia   del   18   de   julio  de  1995.  c.o.  proceso  laboral  folio  168  ss.   

5  Sentencia  del 28 de septiembre de 1992. c.o. proceso  laboral folio 222.   

6  Nota:     El    grado  jurisdiccional  de  consulta en el caso de JULIA ELENA  BRAVO  E.,  fue  resuelto  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Pereira el 11 de diciembre de 2003.   

7   El    Salario    Mínimo    Legal    Mensual    para  1992   era   de   $   65.190,   por   lo   que   50  s.m.l.m.v.            ascendían        a        $3.259.500  y la  suma  cancelada a favor del trabajador correspondió a  $2.243.682,12.   

8  Segunda Instancia radicado 39541 del 26 de septiembre de 2012.   

9 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  Penal  de  Casación, sentencia del 21 de marzo de  2012,  radicación No. 38384.   

10  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala Penal de Casación, sentencia del 21 de marzo  de 2012, radicación No. 38384.   

11   Cfr. Sentencia C-713 de julio 15 de 2008.   

12  Cfr. Sentencia del 29 de enero de 1998, Rad. No. 10248.   

13  Cfr.  Providencias  del 6 de marzo de 2003, Rad. No. 18021; 16 de marzo de 2011,  Rad. No. 35839, entre otras.   

14  Sentencia del 6 de marzo de 2003, Radicado 18.021.   

15  “ART.  148.Modificado.  L. 190/95, arts. 18 y 26. Enriquecimiento ilícito. El  servidor  público  que  por  razón  del  cargo  o  de  sus  funciones, obtenga  incremento  patrimonial  no justificado, siempre que el hecho no constituya otro  delito,  incurrirá  en  prisión de dos (2) a ocho (8) años, multa equivalente  al  valor  del enriquecimiento e interdicción de derechos y funciones públicas  por el mismo término de la pena principal.”   

16  “ART.  412.  Enriquecimiento  Ilícito.  El  servidor  público que durante su  vinculación  con  la  administración,  o  quien  haya  desempeñado  funciones  públicas  y en los dos años siguientes a su desvinculación, obtenga, para sí  o  para  otro,  incremento patrimonial injustificado, siempre que la conducta no  constituya  otro  delito, incurrirá en prisión de noventa y seis (96) a ciento  ochenta  (180)  meses,  multa equivalente al doble del valor del enriquecimiento  sin  que  supere  el  equivalente  a  cincuenta  mil  (50.000) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  de  noventa  y  seis (96) a ciento ochenta (180) meses.”   

17   Corte  Suprema  de  Justicia   radicado 33201 del 7 de  abril de 2011   

18  Cfr.  Providencia  del  19  de mayo de 2000, Rad. No.  8067.  En  igual  sentido,  la  Corte  ha  avalado  la  posibilidad del concurso  material  entre  los  delitos de cohecho y enriquecimiento ilícito en decisión  del 28 de mayo de 2008, Rad. No. 29705.     

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