38218(13-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.39  

Bogotá D.C., trece (13) de febrero de dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación   presentada   por  el  defensor  del  procesado  JUAN  CARLOS  VARGAS  GONZÁLEZ,  contra  la  sentencia  de  segundo  grado de 6 de septiembre de 2011  mediante  la  cual  el Tribunal Superior de Bogotá confirmó con modificaciones  la  que  profirió  el  Juzgado Décimo Penal del Circuito de Descongestión del  mismo  Distrito  Judicial,  por  cuyo medio lo condenó como autor del delito de  abuso  de  confianza  agravado por la cuantía en concurso homogéneo y falsedad  en documento privado también en esa modalidad concursal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  Tribunal así:   

“Mediante denuncia penal presentada el 8 de  julio  de  2005,  la  firma  General  Motors  Colmotores  S.A.,  (en adelante GM  Colmotores),  mediante  apoderado, informó que desde el año 1986 contrató con  el   señor   JUAN   CARLOS   VARGAS   GONZÁLEZ  la  prestación  de  servicios  profesionales  independientes  como  intermediario de seguros, con el fin de que  el  contratista adquiriera y administrara las pólizas de seguros requeridas por  la compañía para el cumplimiento de su objeto social.   

“En virtud de este contrato, el procesado,  representante  legal de la firma Vargas González y Cía. Ltda., debía reportar  su  gestión  ante  el  Departamento  de  Tesorería  de  la  Vicepresidencia de  Finanzas de GM Colmotores S.A.   

“El  31 de mayo de 2005, GM Colmotores S.A  dio  por  terminado  el contrato, luego de advertir que VARGAS GONZÁLEZ desvió  cuantiosos  recursos  que la empresa le pagaba para el cumplimiento de los fines  convenidos  hacia  el  pago de pólizas no autorizadas y al cubrimiento de otros  beneficiarios que no tenían ninguna relación con GM Colmotores.   

“El  hallazgo se dio porque el 31 de marzo  de  2005  Seguros  Bolívar informó a la empresa que tenía una cartera vencida  de  $143.275.617  por pólizas de salud que tomó la compañía, cuyas primas no  fueron  pagadas  a  la  aseguradora entre diciembre de 2004 y marzo de 2005. Sin  embargo,  GM  Colmotores demostró que sí había desembolsado los recursos para  el  pago  total  y  oportuno  de  las  primas  mensuales  de  todas las pólizas  adquiridas.  Fue así como se logró descubrir que VARGAS GONZÁLEZ retiraba los  cheques   girados   por   GM  Colmotores  para  dichos  fines,  desprendía  los  comprobantes  de pago adjuntos a los cheques y los cambiaba por instrucciones de  pago  distintas  a  las  ordenadas por la empresa. De esta manera, el acusado se  apropió  de los dineros pagados por GM Colmotores para efectuar pagos distintos  a los autorizados por la compañía, a favor de terceros.   

“También se descubrió que en una póliza  colectiva  de automóviles adquirida por la empresa que amparaba 689 vehículos,  cuyas  primas  se pagaban cumplidamente, solo 355 correspondían a vehículos de  empleados  de  GM  Colmotores,  lo  que  le  generó a la compañía una cartera  morosa  con COLSEGUROS por $155.884.752,oo. Los demás vehículos correspondían  a empresas ajenas a la compañía denunciante.   

“El monto de lo apropiado fue inicialmente  estimado  en  la  denuncia  en $478.309.135. La tasación final efectuada por la  juez  a  quo  ascendió a la suma de $190.589.152 equivalentes a 499,57 salarios  mínimos legales mensuales vigentes en el año 2005”.   

La   Fiscalía   General  de  la  Nación  abrió    formal    investigación    y    vinculó    a    través   de   indagatoria   a   VARGAS    GONZÁLEZ.    Al   no   ser   imperioso  resolverle  la  situación  jurídica  conforme  con  la  normatividad  penal   adjetiva  de  2000,  al  momento  de calificar el mérito sumarial,  mediante    providencia    de   24   de   enero   de  2007  profirió   resolución  de  acusación  por  los  delitos  de hurto agravado por la confianza y la  cuantía  en  concurso  homogéneo  y  falsedad  en  documento  privado también  en     ese     modo  concursal.   

En   firme   la  acusación  el  11  de  marzo  de  2008  con  su confirmación por la Unidad de  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal de Bogotá, la fase del juicio la adelantó  inicialmente  el  Juzgado Cuarenta y Nueve Penal del Circuito de la misma ciudad  pero   correspondió  al  Décimo  de  la  misma categoría y lugar   emitir   fallo   el   19   de   octubre   de  2010  al   condenar   a   JUAN   CARLOS   VARGAS  GONZÁLEZ  como  autor de  los   delitos  objeto  de  acusación,      a  las   penas     de  cuarenta       y       cinco       (45) meses de  prisión     y     de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas,  así  como al pago de 499.57 salarios mínimos legales mensuales  vigentes   por  concepto  de  perjuicios  materiales,  concediéndole  la prisión  domiciliaria.   

En   virtud   del  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  defensor  del procesado, el Tribunal Superior de Bogotá a  través  de  sentencia  de  6  de  septiembre  de 2011 confirmó la condena pero  precisó,   respecto   del  delito  contra  el  patrimonio  económico,  que  se  estructuraba  el  concurso  homogéneo  de  abuso  de  confianza agravado por la  cuantía  y  no  el  de hurto agravado por la confianza, de ahí que redosificó  las  sanciones  al  fijarlas  en  treinta  y  dos  (32)  meses  de prisión y de  interdicción   ciudadana,  multa  de  veinte  (20)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  manteniendo  la  cifra  de  perjuicios  determinada por el  a  quo,  al  tiempo  que  le  concedió la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

Por  lo  anterior,  el  defensor  impugnó  extraordinariamente  tal  proveído  con  la respectiva demanda de casación, de  cuya admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Repara  únicamente en los delitos contra el  patrimonio  económico  endilgados  a  su asistido aclarando previamente que los  pagos  realizados  a  terceros  correspondían  a  empleados  de  Colmotores que  suscribían  las pólizas pero no autorizaban descuentos por nómina, quienes no  le pagaron oportuna y mensualmente al procesado.   

De esa forma, formula cuatro cargos: los dos  primeros  por  nulidad, y los restantes por violación indirecta y directa de la  ley sustancial, respectivamente.   

Primer   cargo:   Violación   al   debido  proceso   

Pone  de  presente  que  el  fiscal  en  la  acusación   debió   observar   los   artículos  398  y  442  del  Código  de  Procedimiento  Penal  a  fin  de  indicar  los hechos investigados con todas las  circunstancias  de  modo,  tiempo  y  lugar,  evaluar  las pruebas y exponer las  razones  por las cuales compartía o no los alegatos de las partes, porque sólo  hizo  el  análisis  probatorio  y  jurídico  de  la denuncia presentada por GM  Colmotores  sin  demostrar técnica y financieramente que  VARGAS GONZÁLEZ  se apoderó del dinero.   

Que  tal  irregularidad no se subsana con la  mención  hecha  por  el  fiscal  respecto  del  delito de hurto agravado por la  confianza  cuando  impuso  la medida de aseguramiento, porque la consonancia que  se  exige es entre la acusación y la sentencia, ni  tampoco se corrige con  la  variación  de  la  calificación  adoptada  por el Tribunal del ilícito de  hurto   agravado   a   abuso   de  confianza,  porque  no  precisó  los  hechos  circunstanciados, ni analizó las pruebas.   

En este sentido, señala que ante la ausencia  de  motivación  de  la  acusación,  el  procesado  y las partes no tuvieron el  conocimiento de los detalles de la conducta.   

Y  que  si  la  acusación deriva de haberse  apropiado  VARGAS  GONZÁLEZ  de unos dineros sin que se hubiese probado que los  mismos   pasaron  a  su  ámbito  de  dominio,  resulta  evidente  que  no  hubo  apoderamiento  para  endilgarle  el hurto agravado o el abuso de confianza, pues  el  no  pago  de  algunas  primas obedeció a la mora en que incurrieron algunos  empleados de cancelarle  oportunamente a aquél.   

Por   último,   hace   énfasis   en  una  contradicción  en  el  fallo cuando se dice que no hubo apropiación de dineros  por  parte  del  VARGAS  GONZÁLEZ,  porque GM Colmotores giraba los cheques con  destino  a  empresas  aseguradoras, y él no podía cambiar a nombre de quien se  giraban  esos títulos valores, pero luego se indica que se apropiaba del dinero  al   desprender  los  comprobantes  adjuntos  y  cambiar  las  instrucciones  de  pago.   

Por  lo  tanto,  pide a la Corte declarar la  nulidad  de  la  actuación  desde  la  resolución de acusación, decisión que  estima,   no  puede  ser  parcial  respecto  del  delito  contra  el  patrimonio  económico,   sino  total,  porque  vulneraría  las  garantías  fundamentales,  debiendo correr un ilícito la suerte del otro.   

Segundo  cargo (subsidiario): Infracción al  derecho a la defensa   

Reproduce   íntegramente  los  anteriores  argumentos  para  pedir  en  esta  oportunidad  la  anulación también desde la  calificación  del sumario, al estimar que la irregularidad denunciada es lesiva  del derecho a la defensa.   

Causal  primera: Primer cargo (subsidiario):  Violación indirecta de la ley sustancial   

Pregona   la   infracción  del  principio  in  dubio pro reo, así como  la  aplicación  indebida  de  los artículos que tipifican los delitos de hurto  agravado  por  la  confianza y abuso de confianza agravado (en concurso material  homogéneo y sucesivo).   

Para  el  fin  anterior,  radica  un  yerro  fáctico  por  falso juicio de identidad, al tomar el fallo de primera instancia  la  denuncia  y  las declaraciones aportadas por la parte civil que reproducían  los  términos  de  aquella,  cuando  muchas de esa personas se enteraron de los  hechos  por  medio  de  otras,  y por no haberse especificado en la decisión de  segunda instancia en cuáles  declaraciones se basaba.   

Pone  de  manifiesto  que  los  falladores:  i) le concedieron eficacia a  los  testimonios  de cargo sin un análisis ponderado, desconociendo que dada la  subordinación   con   la   empresa   no  merecían  credibilidad;  ii)  no  le  dieron  relevancia al único  testigo  de  la  defensa  Helga Lucía Vargas González, que si bien tenía nexo  con  el procesado no podía faltar a la verdad; y iii)  tampoco   corroboraron   las   manifestaciones   del  enjuiciado  en  una  valoración  que  “significó la  distorsión,  la  tergiversación  del  contenido  real de las declaraciones, en  cuanto   los   juzgadores  cercenaron,  omitieron  valorar  lo  expuesto  en  su  integridad por los testigos”.   

Luego de señalar como normas infringidas los  artículos  7°,  24,  232 y 277 de la Ley 600 de 2000, así como los artículos  239  inciso  1°,  241  numeral  2°,  267, numeral 1° y 289 del Código Penal,  insiste   en   que  su  asistido  no  se  apropió  de  los  dineros  “sólo  le  dio  aplicación diferente a los pagos, pero no para  él  sino  para  la  aseguradora  tratando  de  poner  al día la mora que dejan  empleados  y exempleados”, por ello, asegura que ante  la  duda probatoria se imponía la absolución de su representado, sentido en el  cual  solicita  a  la  Corte  emitir  el  fallo  una  vez  case la decisión del  Tribunal.   

Segundo  cargo  (subsidiario):  Violación  directa de la ley sustancial   

Denuncia  la exclusión evidente de la norma  que  exige  resolver  las dudas a favor del procesado, así como la que consagra  la  antijuridicidad  material  y la aplicación indebida de las que tipifican el  hurto  agravado  por  la  confianza  y  el  abuso de confianza, al concluirse la  existencia  de  duda  probatoria,  máxime  que  no  se  probó  que los dineros  apropiados  entraron  a  formar  parte  del patrimonio del procesado o de algún  tercero.   

Consecuentemente,  estima  infringidos  los  artículos  7° y 24 de la Ley 600 de 2000; 9°, 11, 13, 239, 241, 267 y 289 del  Código  Penal,  y pide a la Sala casar el fallo a fin de absolver al enjuiciado  de los cargos endilgados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cargos por nulidad  

La  Sala  ha insistido que tratándose de la  causal  de  casación  orientada a conseguir la anulación del diligenciamiento,  el  demandante  ha de señalar claramente la especie de incorrección sustantiva  determinante  de  tal  sanción procesal, los fundamentos fácticos y las normas  conculcadas,  así como indicar el límite de la actuación a partir del cual se  produjo el vicio y su cobertura invalidante.   

Para el fin anterior, el recurrente no puede  desatender  los  principios  que  gobiernan  las nulidades, debiendo señalar la  específica  causal  que  legalmente  la  consagra,  y  según  el  principio de  instrumentalidad  de  las formas, argumentar en dónde se origina la falencia de  actividad  y  si ésta no cumplió con la finalidad para la que estaba prevista,  al  tiempo  que debe objetivar y demostrar que el vicio afectó las garantías o  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción  y  el  juzgamiento, conforme al  principio  de  trascendencia,  pero  principalmente,  acreditar  que  el  sujeto  procesal  no  coadyuvó  con  su  conducta  a la configuración de la actuación  irregular  de acuerdo al principio de protección, ni que lo hubiese convalidado  con su consentimiento según el principio de convalidación.   

Precisamente  por  ello, si bien el defensor  pregona  la  infracción  al  debido  proceso  y  al  derecho  a  la defensa, la  precariedad  demostrativa  de las censuras, así como el uso de premisas falsas,  vaticina su no admisión.   

En  efecto,  no  corresponde  a  la realidad  procesal  la  afirmación  del  impugnante  acerca de la imprecisión fáctica y  ausencia  de  motivación jurídica y probatoria de la resolución de acusación  y  que  ese funcionario hubiera remitido a las consideraciones de la imposición  de  medida de aseguramiento, porque sencillamente no medió la resolución de la  situación  jurídica,  ya  que la normatividad procesal no lo hacía imperativo  una  vez  se vinculara al procesado a la investigación dada la menor entidad de  los delitos en estudio.   

De  otro  lado, es notoria la argumentación  judicial  del  calificatorio,  la  relación  de  pruebas y su valoración, y el  análisis  de  las reclamaciones que varias compañías aseguradoras le hicieron  a  GM  Colmotores por el no pago de primas de múltiples pólizas, las funciones  asignadas  a  VARGAS  GONZÁLEZ  como  mandatario,  la  relación  de personas y  vehículos  amparados  contractualmente  sin  algún vínculo o autorización de  esa  empresa,  así como abundante prueba testimonial y técnica que permitieron  acreditar la tipicidad de las conductas.   

A  su turno, en la resolución de acusación  in  extenso  se anotaron las  razones  por  las  cuales  no  se acogían las manifestaciones excupaltorias del  procesado  basadas  en  su autonomía para adquirir y pagar las pólizas, porque  era  evidente  que  alteró  las órdenes de la compañía mandante sin que ello  pudiera  considerarse  como  un  simple  incumplimiento  civil en la función de  intermediación en seguros.   

Fue   por   ello   que   el  Tribunal  al  advertir la confianza de la  empresa   depositada  en  quien  le  había  prestado  servicios   de   administración   de  pólizas     de     seguro  por  espacio  de  19  años,  y evidenciar  que   los   movimiento   ilícitos  que  VARGAS  GONZÁLEZ empezó a efectuar  con  los  recursos     que     le     entregaba    la    compañía,  en  el  ámbito  del  bien  jurídico  del patrimonio económico  se configuraban  los  delitos  de  abuso  de  confianza,  porque   la   apropiación   no   se   dio  cuando  GM  Colmotores  giraba  los  cheques  con  destino a las empresas aseguradoras,  sino  al   momento  en  que  el  incriminado  desprendía  los  comprobantes   de   pago  adjuntos  a  los  títulos  valores  y  cambiaba  las  instrucciones  de  pago  del   mandante            dándoles      una     destinación  diferente.   

En palabras de esa Corporación:  

“…si  bien  es  cierto  existía  una  relación  de  confianza  entre  la  empresa  denunciante  y  el aquí         procesado,  dicha  relación  no  obedecía  a  circunstancias de hecho de  orden personal, sino a un  vínculo    jurídico,   es   decir,   a  un contrato precario que venía ejecutándose normalmente desde  hacía  casi  20  años entre las dos partes, en virtud de sucesivas prórrogas.  En  efecto,  nótese  que  VARGAS  GONZÁLEZ  no  era  un  empleado  subordinado  a  GM Colmotores, sino un  contratista  que  le  prestaba  a  la  empresa servicios profesionales de manera  independiente     que     se    ganó   su   confianza  precisamente     por     la     labor    que  desarrolló    normalmente    durante   casi   dos  décadas.   

“…la  relación  que el acusado tenía  con    el    dinero    que   la   empresa   desembolsaba   para   los  específicos  fines del contrato no  era    un    vínculo    de    hecho   derivado   de   las   circunstancias   propias  de  una  relación  personal  de  confianza  entre las partes, sino un poder eminentemente jurídico  que   el   administrador  ejerce      sobre     la     cosa     administrada,     es     decir,  una  mera  tenencia en virtud de un  título     no     traslativo     de     dominio,    elemento    fundamental  que  define la conducta típica  de      abuso     de     confianza”.   

Además    de    que    el    defensor  indiscriminadamente  repara en el hurto agravado y el abuso de confianza, cuando  su    asistido   sólo   fue   condenado   por   éste   último   en   concurso  homogéneo,  sofísticamente asevera que el Tribunal  incurrió  en  contradicciones cuando admitió que VARGAS GONZÁLEZ no se había  apoderado   de   dineros   de   GM   Colmotores   y  pese  a  ello  lo      condenó,     pasando  por  alto que se trataba de la  precisión  del  marco  temporal  en  que  se desarrolló la conducta lesiva del  patrimonio   económico   cuando   esa   Colegiatura  aclaró que:   

“[la  apropiación]  no  ocurrió         ‘bajo    la    esfera    de   vigilancia   del   dueño’       (en      palabras  de la juez a quo), o dentro de  su  órbita  de  dominio,  presupuesto fundamental del tipo penal de hurto, sino  fuera  de ella. En efecto, la víctima GM        Colmotores        giraba        los       cheques   con   destino  a  las  empresas  aseguradoras,  y el procesado después de recibirlos se apropiaba de su valor en  dinero   cuando   desprendía   los   comprobantes   adjuntos   y  cambiaba  las  instrucciones    de    pago.    En    otras    palabras,    se   apropiaba  del  dinero  cuando  éste  ya  estaba     fuera     de     la     órbita de custodia de su propietario”.   

Recuérdese que la Corte ha enfatizado en las  diferencias  ónticas entre las conductas de apropiarse o apoderase, distinción  que  no  es simplemente semántica, pues responde a una específica modalidad de  afección del bien jurídico de carácter patrimonial.   

“[el]  núcleo  rector  del tipo penal del  abuso  de  confianza,  contiene  un  juicio  de  valor  que  hace énfasis en la  relación  que  surge  entre  la  víctima  y  los  bienes (la mera tradición),  mientras  que  en el hurto, el apoderamiento, si bien también corresponde a una  expresión  jurídica, mira más a la ontología de la conducta, a una relación  fáctica.   

“Si se quiere, en el abuso de confianza la  apropiación  tiene explicación en un marcado acento jurídico, pues ella surge  como  consecuencia de la entrega en confianza de un bien que se recibe a título  no  traslaticio  de  dominio,  mientras  que  el  apoderamiento en el hurto dice  relación  con  una  situación  con  acento fáctico que el derecho valora como  indeseable”.  1       

Así las cosas, las censuras carecen de la  aptitud suficiente para su admisión.   

Cargos  por  violación de la ley sustancial   

Tampoco  en la formulación de los reproches  por  violación  directa  e  indirecta  de  la  ley  sustancial guarda el censor  lealtad  con  los  fallos,  porque  no  es  verdad  que  se  haya  reconocido la  existencia de incertidumbre probatoria.   

No  desconoce  la Sala que la presunción de  inocencia  tiene  su  realización  plena  en  la  aplicación  del principio de  resolución  de duda en favor del procesado, pero aquí el impugnante no realiza  una  explicación  metódica al respecto, si de un lado, merced a  un error  en  la  producción  o apreciación de un elemento de prueba se evidenciaría el  estado  de  incertidumbre  de la responsabilidad penal de VARGAS GONZÁLEZ, o de  otro,  si  es  que  en  la  motivación  de la sentencia los jueces de instancia  reconocieron  tal estadio y, sin embargo, en la parte resolutiva de la decisión  condenaron.   

Para  el primer cargo, pese a que formula un  yerro  fáctico  por falso juicio de identidad, no especifica en qué consistió  la  tergiversación  probatoria  y  sólo se duele de la credibilidad otorgada a  los  testigos  de  cargo  dada la relación de subordinación que tenían con GM  Colmotores,  y a cambio resaltar que la declarante aportada por la defensa Helga  Lucía  Vargas González, hermana y Secretaria de la compañía comandada por el  procesado  sí  merecía  crédito,  con  lo cual se ubica en el ámbito de otra  modalidad  de  error, por falso raciocinio, sin que tampoco detalle el desafuero  en el proceso intelectivo del Tribunal.   

Paralelamente,   no   se   detiene  en  la  demostración  de  la trascendencia del supuesto yerro, sin  comprobar así  que  con los elementos probatorios abordados en su estudio por los juzgadores no  se  soportaría  el fallo y la declaración del compromiso penal del enjuiciado.   

Ahora,  en  el  otro  cargo  que  postula el  recurrente  por  violación  directa  de  la ley no explica cómo el juez plural  pese  a  haber  reconocido  la  duda  probatoria  la  desatendió  en  la  parte  resolutiva  de  la  decisión,  pero además, como ya se puso de presente, asume  una  postura  sofística  toda  vez  que  de  las  consideraciones judiciales se  desprende  que no se avizoró alguna duda, pues la única divergencia fue con la  adecuación  típica  de  los  comportamientos lesivos del patrimonio económico  (de  hurto  agravado  a  abuso de confianza), modificación que en manera alguna  perjudicó  al  procesado,  no  sólo porque se trataba del mismo bien jurídico  protegido  y  mismo  sujeto  pasivo  de la acción, sino porque no se alteró el  aspecto  fáctico  o  núcleo  básico  de la acusación y el nuevo nomen             iuris   resultaba   favorable   dada  su  punibilidad.   

Así  las cosas, el defensor no cumple   con   las    exigencias  legales  dispuestas  para que proceda la  admisión  de  su  libelo de casación por la vía excepcional, además, la Sala  no  observa  con  ocasión  del  trámite  procesal  o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos  o  garantías  de  VARGAS  HERNÁNDEZ como para que se  hiciera  necesario  el  ejercicio  de la facultad legal oficiosa que le asiste a  fin  de  asegurar  su protección en los términos del artículo 216 del Código  de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000).   

En  mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

NO   ADMITIR   la   demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor de JUAN CARLOS VARGAS HERNÁNDEZ, por las razones  dadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ            

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                 

MARÍA  DEL  ROSARIO                       GONZÁLEZ                       MUÑOZ        GUSTAVO         ENRIQUE         MALO        FERNÁNDEZ            

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                 JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                                                             

                                             JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                         NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

                                                          Secr   etaria  

    

1  Corte  Suprema  de  Justicia. Sala de Casación Penal. Sentencia de Casación de  24 de enero de 2007. Radicación 22412.     

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