37951(19-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 189  

Bogotá,  D.C.,  diecinueve (19) de junio de  dos mil trece (2013).   

V    I   S   T   O  S   

El   Juzgado  18  Penal  del  Circuito  de  Medellín,  en  virtud  del  allanamiento  a  cargos  efectuado por ELKIN  MAURICIO  PIÑEROS CRUZ,   por   medio   del   cual   aceptó  su  responsabilidad  en  el  delito  de  estímulo  a  la  prostitución de menores,  emitió  sentencia el 8 de junio de 2011, imponiéndole las penas principales de  prisión  por  ciento  treinta  y dos (132) meses, multa de doscientos treinta y  cuatro   (234)   salarios   mínimos   legales   mensuales  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  la  sanción  privativa  de la libertad, negándole los subrogados  penales.   

Apelada  esta decisión por su defensora, el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de la misma ciudad la modificó, en  providencia  de  29  de  septiembre  de  2011,  para  fijar la pena principal de  prisión  y  la accesoria en diez (10) años y seis (6) meses, confirmándola en  lo demás.   

Contra   esta  determinación  la  defensa  interpuso  el recurso extraordinario de casación, admitido por la Sala el 18 de  octubre de 2012.   

Realizada  la  audiencia de sustentación de  que  trata  el  artículo  184  del  Código  de  Procedimiento  Penal, la Corte  resuelve de fondo el asunto.   

HECHOS Y ANTECEDENTES PROCESALES  

1.   Diversas   labores   investigativas  permitieron   establecer   la   existencia  de  una  organización  dedicada  al  reclutamiento  de  menores de edad en la ciudad de Medellín para que ejercieran  la  prostitución  en  el  departamento del Meta. Se determinó que ELKIN  MAURICIO  PIÑEROS CRUZ fungía como  administrador  de  uno  de  los  establecimientos de lenocinio en los que éstas  llevaban a cabo dicha actividad.   

2.  Librada  orden  de  captura  en  su  contra por el Juzgado 5° Penal  Municipal  con  función de control de garantías de Medellín, la misma se hizo  efectiva  el  17 de septiembre de 2010. El 18 siguiente, en diligencia celebrada  ante  el  Juez  15  de  esa  especialidad, se declaró su legalidad, se formuló  imputación  por  las  conductas  punibles  de  estímulo  a la prostitución de  menores  (artículo  188A  del  Código Penal), trata de personas (artículo 217  ibídem)   -cargos   a   los   cuales   PIÑEROS  CRUZ  se   allanó-  y,  por  petición  de   la   Fiscalía,     se    le    impuso    medida    de   aseguramiento  privativa  de  la   

libertad consistente en detención preventiva  en         establecimiento        carcelario.1   

3. Correspondió emitir sentencia al Juzgado  18  Penal  del Circuito de Medellín. No obstante, en proveído de 25 de octubre  de  2010, el estrado judicial decretó la nulidad del allanamiento al considerar  que  la  imputación  conculcaba  el  principio  de  legalidad. En consecuencia,  ordenó  rehacer  el  trámite para que esta se adicionara con otros cargos que,  en   su   criterio,  fueron  pasados  por  alto  por  la  Fiscalía.2   

4.  Impugnada  esta  determinación  por  la  Fiscalía  y  la  defensa, fue confirmada parcialmente  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de  Medellín,  el  1°  de  febrero  de 2011. La Corporación encontró acertada la  postura  del a quo respecto a  que  tratándose del delito de trata de personas se omitió imputar la causal de  agravación  prevista  en  el  artículo 188B, numeral 1, del Código Penal, por  recaer  la  conducta  en  menores  de  edad,  pero  en  cuanto al estímulo a la  prostitución  de  menores revocó la decisión de invalidar el trámite, por la  aceptación   de   responsabilidad   frente   al   ilícito  y  la  ausencia  de  contraprestación   punitiva   derivada  del  reconocimiento,  conforme  expresa  prohibición   legal   de   la   cual   se   informó  al  procesado3. Así, dispuso  que  la  primera  instancia  emitiera  la sentencia correspondiente.4   

5.  Una vez celebrada en el Juzgado 18 Penal  del  Circuito  de  Medellín  la audiencia contemplada en el artículo 447 de la  Ley   906   de   2004,  fueron  proferidos  los  fallos  reseñados.5   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

La   defensora  pública  de  PIÑEROS   CRUZ   presentó   el  recurso  extraordinario     para     postular     un    cargo  único   en   contra   de  la  sentencia  de  segunda  instancia,   con fundamento en el artículo 181, numeral 2°, de la Ley 906  de  2004,  invocando  la  nulidad  de  la actuación por haberse vulnerado, a su  juicio, el debido proceso y el derecho de defensa.   

Reseña  que  a  su prohijado se le formuló  imputación  por  las  conductas  punibles de trata de personas y estímulo a la  prostitución  de  menores,  concurso  de  delitos  frente  al  cual se declaró  responsable,  dice,  en atención a la expectativa de una dosificación punitiva  previsible  que  dejaba  de lado el ejercicio de la acción penal tratándose de  otras  ilicitudes.  Tal  adecuación jurídica de los hechos investigados no fue  de  recibo  para el juez de conocimiento y el funcionario decretó la nulidad de  la  imputación,  lo  que, sostiene, impelía a interrogar de nuevo al procesado  para  corroborar  si persistía en el allanamiento. Sin embargo, recuerda que al  impugnarse   esta   determinación   el  Tribunal  dividió  la  aceptación  de  responsabilidad,  la dejó en firme únicamente para el delito de estímulo a la  prostitución  de  menores  y  dispuso  la ruptura de la unidad procesal ante la  ausencia  de  violación  a  las  garantías  fundamentales,  pues  adujo que de  emitirse   una   sentencia   condenatoria   adicional  a  aquella  producto  del  allanamiento,   podía   acudirse   a   la   acumulación  jurídica  de  penas.   

Bajo   estos  supuestos,  afirma  que,  al  someterse  a  control  de  legalidad  el  allanamiento de cargos de PIÑEROS  CRUZ, en lugar de verificarse por  el  juez  de conocimiento, según lo establece el artículo 293 de la Ley 906 de  2004,  que  la  aceptación  correspondiera  a  un  acto libre y espontáneo, se  escindió,  sin su consentimiento, el contenido de la manifestación plasmada en  la   admisión   de   responsabilidad.  Este  proceder,  aduce,  constituye  una  intromisión  indebida  en su voluntad y desdibuja la legitimidad de la facultad  sancionatoria  del  Estado,  toda  vez  que lo deja ad  portas  de  sufrir  una doble condena, “cercenándole  la  posibilidad  de  retractarse, acudir a un juicio  para  controvertir  la prueba que ha modificado la arista factual o simplemente,  infirmar  su  deseo  de allanarse a este nuevo concurso de tipos, que por demás  está     decirlo,     dista     del    primeramente    imputado”.   Se  trata  de un yerro trascendente y, en estas condiciones,  sostiene,  cuenta  con  la  magnitud  necesaria  para  que  la Corte disponga la  invalidación  del  trámite  desde  la  formulación  de la imputación, con el  objeto  de  restablecer  la  capacidad  decisoria  del procesado socavada con la  sentencia del Tribunal.   

LA AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

1.  La  defensora retomó los planteamientos  expuestos  en  la  demanda  e  insistió  en  que  por  variarse las condiciones  iniciales  en  que  se  produjo  el allanamiento, y restringirse la capacidad de  determinación  del  implicado,  se  vulneró  el debido proceso y el derecho de  defensa,  reiterando  la  solicitud  de  nulitar  la  actuación  con  el fin de  examinar  si  éste  decide  o  no  aceptar  la  nueva  denominación  jurídica  endilgada.   

2. El Fiscal Delegado ante la Corte, señaló  que  las  inquietudes  planteadas  en  la demanda de casación constituyen temas  definidos  por  la  administración  de  justicia  dentro  del  marco  normativo  aplicable,  siendo  la  libelista  quien  tiene una percepción equívoca de las  figuras   de   allanamiento   a   cargos  y  acumulación  jurídica  de  penas.   

En  primer  lugar,  hizo  énfasis en que la  pregonada  violación  al debido proceso resulta hipotética al fundamentarse en  un  menoscabo que no se ha materializado, pues la eventual emisión de una nueva  sentencia  condenatoria  por  la conducta punible de trata de personas agravada,  no  supera la mera probabilidad. Luego, indicó que la aceptación vertida en el  allanamiento  se  hizo  de manera libre y consciente, ha de entenderse realizada  para  cada  delito  y  no  respecto de una unidad jurídica, por lo que no puede  predicarse   escindido   el  contenido  de  la  voluntad  en  ese  acto.  Ahora,  otorgársele   al   procesado  una  nueva  oportunidad  para  que  replantee  su  reconocimiento  de  responsabilidad conduciría a desnaturalizar el principio de  irretractabilidad   propio   de   esta   modalidad   de   terminación   de   la  actuación.   

De otra parte, manifestó que la posibilidad  real  de  aceptar  cargos  en  la  actuación penal derivada de la ruptura de la  unidad  procesal,  conjura  cualquier  presunto  desconocimiento  al  derecho de  defensa,  como  tampoco el Tribunal vulneró garantías fundamentales, ya que de  proferirse   otra   sentencia   condenatoria  los  parámetros  de  acumulación  jurídica  de  penas  vendrían  a  equipararse,  en ese caso, con las reglas de  dosificación  punitiva, como si se fijara la sanción con una sola providencia,  al tratarse de un concurso de conductas punibles.   

De esta manera, al no demostrarse afectación  a  los  derechos  del  sentenciado  solicita desestimar la demanda, en especial,  cuando  existe  la  posibilidad  de  desvirtuar en la nueva actuación que ha de  adelantarse    por    el    delito    de   trata   de   personas   su   efectiva  configuración.   

3.  Por último, el Procurador Delegado ante  esta  Corporación,  reseñó  que  los  allanamientos  y los preacuerdos están  sometidos  al  principio  de legalidad, según lo evidencia la jurisprudencia de  la    Corte    Constitucional   y   de   la   Sala6,  siendo  deber  del  juez  de  conocimiento  examinar  el  particular,  pues no basta que sólo constate que la  renuncia  al juicio es un acto libre y espontáneo, sin violación de garantías  fundamentales y con la concurrencia de un mínimo probatorio.   

Efectuó un análisis del artículo 293 de la  Ley  906  de  2004,  para  puntualizar  que  el  allanamiento a cargos no admite  retractación,  sólo  puede  ser infirmado en el evento de acreditarse un vicio  en  el  consentimiento  y  ello  aquí  no  sucedió  al  ser  indiscutible  que  PIÑEROS  CRUZ reconoció su  responsabilidad  en  el  delito  de estímulo a la prostitución de menores, fue  por  esa  conducta  punible  que  se  emitió  sentencia  condenatoria  y  en su  oportunidad  se  le  puso  de  presente  que por la aceptación no iba a recibir  ninguna  contraprestación.  Por  eso, en su sentir, el manejo que le dieron los  juzgadores  de  instancia  al  ilícito de trata de personas fue legítimo, pues  estuvo  orientado  a  resguardar el debido proceso de cara a la vulneración del  principio de legalidad.   

Igualmente,  adujo  que  la  potencial doble  condena  que  anticipa  la recurrente no supera el ámbito de lo incierto y, por  tanto,  no  puede  pregonarse  la  conculcación  de  derechos  fundamentales ni  invocarse  su  protección  sobre  situaciones  indefinidas en los términos que  proclama,   circunstancia   que   aunada   a  la  existencia  del  instituto  de  acumulación  jurídica  de  penas,  el  cual,  en ese contexto, contraería los  mismos  efectos  a  la hora de dosificarse la sanción con una única decisión,  conlleva  a  la  falta  de  asidero de la censura, que impetra desestimar.    

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

   

1. El problema jurídico planteado a la Sala  supone,   en  esencia,  determinar  si  se  violó  el  debido  proceso  por  la  invalidación  parcial  de  las  diligencias  que  culminaron  con  la sentencia  condenatoria  que  ahora  se  ataca  en  sede  extraordinaria  y,  de  ser así,  verificar  si  en este caso concreto ello conduciría inexorablemente a decretar  la nulidad de lo actuado, según lo reclama la defensora.   

2. En estas condiciones, lo primero que debe  decirse  es que los postulados constitucionales y legales que regulan el sistema  penal  acusatorio  contemplan  la  actividad  de la Fiscalía sometida a control  jurisdiccional,  el cual incluye no sólo la validación de algunos de sus actos  investigativos  y decidir acerca de la restricción de garantías fundamentales,  por  conducto  del  Juez  de  Control  de  Garantías,  sino que también abarca  impartir  legalidad  a aquellos casos de disposición de la acción penal por la  aplicación  del  principio  de  oportunidad  y  la  preclusión, esto último a  través  del  Juez  de  Conocimiento,  quien  además verifica la procedencia de  terminar   anticipadamente  la  actuación  por  vía  de  los  allanamientos  y  preacuerdos.   

De esta manera, el juez cuenta con potestades  destinadas  a  vigilar y decidir respecto del ejercicio de la acción penal cuya  titularidad  se ha conferido a esa entidad. No obstante, se trata de un contexto  que  debe matizarse en la dinámica que orienta su labor dentro de un sistema de  adversarios,  que  supone  para  su  adecuado funcionamiento un juez imparcial y  subordinado  al  principio  acusatorio, por virtud del cual, no hay trámite sin  acusación,  pues  esta  no  puede  ser  formulada  por el juzgador “en  tanto  hay  separación  absoluta  entre  las  funciones  de  acusación         y         juzgamiento”.7   

3. Ahora bien, de la sistemática procesal y  para  el  tema que concita a la Sala, surge incuestionable que el acta en que se  recoge  el  allanamiento  a  los  cargos  endilgados  durante  la  audiencia  de  formulación  de  imputación  equivale  al  escrito  de acusación, tal como lo  determina  el artículo 293 de la codificación aludida. La imputación también  es  un  acto  de  parte  a  cargo  de  la  Fiscalía, con el cual se comunica al  indiciado  la  pretensión  que  a  través  del  trámite subsiguiente aspira a  obtener   en   su   contra,   determina  de    forma  provisional  su situación      jurídica  respecto  a  los  hechos investigados    con   la   precisión   típica   de   los   cargos,  para  garantizar el derecho  de  defensa y dar cabida a un ejercicio reflexivo que  permita      contemplar      su     aceptación.8   

Así, la formulación de imputación conlleva  a  que  la  Fiscalía  y la defensa, dentro de las responsabilidades que les son  propias   hayan   valorado,   sopesado,   evaluado,   por   un  lado,  el  marco  fáctico-jurídico  al que habrá de estar sometido el curso de la actuación y,  del  otro, el sendero procesal que habrá de seguirse, ya bien sea a través del  juicio  oral  y público o con el reconocimiento de responsabilidad unilateral o  consensuado.  También  supone  un  estudio acucioso de la Fiscalía plasmado en  una   imputación  leal,  acorde  y  coherente  con  los  sucesos  investigados,  concreta, inteligible y susceptible de ser aceptada.   

De   suerte   que,  una  vez  definida  la  formulación  de  los hechos jurídicamente relevantes por parte de la Fiscalía  y  particularmente cuando han sido aceptados por el imputado, no tiene cabida en  el  modelo  acusatorio  que  el  juez se ocupe de aquello que no le compete. Por  tanto,  cuando  invalida  la  imputación para que en su lugar sea complementada  como   en   su   opinión   corresponde,  está,  nada  menos,  que  controlando  materialmente la acusación.    

Lo    anterior,   porque   es  a  la  Fiscalía  en  un  sistema  de  adversarios    a   quien   compete   agotar   una  investigación  idónea  y  postular la pretensión punitiva adecuada con la que  se  espera  restablecer  el  equilibrio quebrantado con la comisión del delito,  esa  es  su  función  en la arquitectura del modelo.  La  defensa  es  la llamada a oponerse a tal designio  y,  por  ello,   ambos   constituyen   los   únicos  legitimados  para  actuar  en  el  proceso. Si bien es  cierto  se  admite  la  participación del Ministerio  Público     y     de     las     víctimas     en    el    trámite,  no  lo  es  en  condición  de  partes  sino  de  intervinientes,  siendo  su injerencia limitada y, en el último caso, canalizada prevalentemente  por      conducto     del     ente     acusador.9   

4.  Ahora  bien,  aunque  las providencias de  los  juzgadores  de  instancia  al  inmiscuirse en la  calificación    que    de   los   hechos   hizo   la   Fiscalía   llegarían  a  constituir     una     violación     al    debido  proceso   dentro   de  la  perspectiva  integral      de      un     sistema  acusatorio, al contrario de  lo    alegado    por    la   demandante,    dicha  situación      no      satisface      el      principio     de     trascendencia     que    rige        la        declaratoria   de   nulidades,     es     decir,    el  yerro  no  constituye   un   vicio   de   tal  entidad  que  la  invalidación  de  las  diligencias  sea la  única alternativa para solucionarlo,  pues,   como  acertadamente  lo  refirieron  los  no  recurrentes  durante la audiencia de sustentación, el  libelo   se   funda   en   la  premisa  referida  a un menoscabo a las garantías  fundamentales  que  no  ha ocurrido y que por     ahora     no     supera     el     ámbito    de    lo  teórico.    Veamos:   

4.1.          La  aceptación  de responsabilidad de  ELKIN    MAURICIO   PIÑEROS   CRUZ   contempló     dos    esferas:    i)  respecto    de    un  acontecer  fáctico  y,        ii)        con  relación  a  una  calificación   jurídica.   En  lo  referente  a  la  primera,  no  se  observa  que  el  Tribunal      hubiese      modificado      su      contenido,      porque ha permanecido incólume durante  la actuación:   

“Para  el caso en cita, se advierte como  el  señor ELKIN MAURICIO PIÑEROS CRUZ, un  ex  capitán  de  la  policía, de manera directa solicitaba a  L.M.U.  en  Medellín  jóvenes  para  laborar  en  los  establecimientos  de su  compañera  (y  madre  de  uno de sus hijos), R.C. y  mantenía  contacto con el sobrino de esta O.F.M.D. y con los administradores de  los  prostíbulos  ubicados  en  Acacias  y  Villavicencio  para  coordinar  captación,  traslado y (sic)  acogida  de  las  sujetos  pasivos  de  la  trata  de personas a sabiendas de la  ilicitud   en   que   incurría,   como   se  desprende  del  contenido  de  las  conversaciones  interceptadas en forma legal y que documentan para este caso, su  compromiso  en  actividades  de  trata de personas y  estímulo  a  la  prostitución  de  menores,  que  también se evidencian en el  hallazgo  de los giros realizados como pago de comisiones por envío de mujeres,  amen  de  tiquetes  situados  a nombre de la precitada captadora U.U., quien era  asistida  de  manera  tangencial  en las actividades de trata de personas por su  compañero   permanente   S.A.F.R…”.10   

En    lo  que  tiene que ver con la  denominación    jurídica    de    estos   hechos,   la   Fiscalía,   durante   la   formulación   de  imputación,     contextualizó    múltiples    sucesos,   pero    de   manera   circunstanciada  individualizó   el  juicio  de  reproche  respecto  al   compromiso  penal  del     procesado,  así:   

“Señor  ELKIN    MAURICIO    PIÑEROS    CRUZ  con  fundamento  en esta información y en esta evidencia que la  fiscalía  viene de relacionarle es que la fiscalía infiere en los términos de  los  artículos  286  y  287  del  C.P.P.  que  usted  sería  autor  y  presunto responsable del delito de  trata  de  personas  de  que  trata  el artículo 188 A del Código Penal  modificado  por  la  Ley 985 de  2005…  en  calidad  de  autor    material    de    la    misma   en   la   modalidad   de   trasladar    y   recibir,  toda  vez  que  a través de su gestión como se escuchó en los  audios  usted  realizaba  y  es  coautor,      mejor      dicho,  es  autor  en  lo  referente  a  algunos  de  los  verbos  en lo  referente a recibir y es  coautor  en  lo que tiene  que   ver   con  acoger,  porque    se   tiene  documentado  en  esas escuchas que usted colaboraba con esa gestión, digamos la  administrativa  que  estaba prestando en la  actividad  ilícita  a  través  de  esas  llamadas…  se  le  atribuye  esa  conducta,  entonces,  como  autor  material  que  tiene  prevista esa pena de trece (13)  a   veintitrés   (23)  años…   y  se  le  imputa  en  un  concurso  heterogéneo  con  el  delito  de estímulo a la prostitución de menores de que  trata  el  artículo  217  del Código Penal modificado por la Ley 1236       de      2008… en calidad de autor material y en  lo  referente  para  administrar en este caso para coadministrar… con    pena    imponible    de   diez  (10)     a     catorce     (14)  años de prisión… conducta que a  usted  se  le  atribuye en calidad de autor material,  la   pena   imponible   por   estos  delitos  será  la  de  la  pena  mayor  en  este  caso  la  de  la  trata…  (sic)  incrementable hasta en otro tanto en virtud de lo dispuesto por  el   artículo  31  del  Código  Penal,  en  razón  del  concurso  de  conductas punibles…debiéndole  aclarar  que  por  efecto  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  199      de     la     Ley 1098 de  2006,  Código  de  la  Infancia  y  Adolescencia…  usted  tiene  el  derecho o la posibilidad  de  allanarse,  de  aceptar  estos  cargos,  usted  no está obligado a tener que asistir  a   un   juicio   por   razones   de   economía  procesal,  celeridad y hasta  de        su        propia        dignidad….  Si  usted  quiere  usted  puede      en     esta     audiencia     aceptar     esos     cargos…  pero  usted  no  tendrá    derecho    a    beneficio    o    rebaja   de  pena  en  cuanto  al delito de estímulo a la prostitución de  menores,    porque  ese    delito   está  ubicado  en el capítulo  de      libertad,      integridad      y     formación     sexuales….   en  aras  de  la  claridad y reitero en acatamiento de ese principio de legalidad…  este  delegado  entiende  y le ofrece que en relación con el delito de trata de  personas…   usted   se   le  impondría  una  pena  entre  trece  (13)        a       veintitrés  (23)  años y tendría una  rebaja  de  hasta  el  50% de la pena por no estar enlistado en las conductas de  que   trata   el   artículo   199,   no  así  en  lo  referente  al  artículo  217,  que  también  le  fuera  imputado,  eso si le aclaro que si usted decidiera aceptar los cargos esa  decisión   es   irretractable…   después  no  puede  arrepentirse  o  volver  atrás…”.11     

El procesado aceptó sin condicionamientos  esta  imputación,  luego  de  haber  recibido  la correspondiente asesoría por  parte  de  su  defensor y explicársele los  alcances  de su decisión por la juez de control de garantías  ante  la  cual  se  efectuó  el  reconocimiento  de responsabilidad.12    

4.2.  Entonces,  pese  a  que según  se anotó, podría cuestionarse  la   manera   en  que  la  judicatura  desconoció        la    labor    funcional    de    la   Fiscalía   que,   aquí  no  se  ofrece  ab initio  extravagante   cuando  tipificó  los  hechos  investigados  conforme  la  formulación de imputación,  no            puede           aseverarse         la   verificación   de   un  vicio  de  estructura  de  tal  repercusión  que  conduzca  a  materializar  un  vicio  de  garantía,  plasmado  en  el  quebrantamiento  del  derecho  de  defensa, ya sea  impidiéndolo,   dificultándolo  o  haciéndolo  nugatorio,  debido  a  que  la  decisión   de   decretar   la   ruptura  de  la  unidad  procesal  per   se  no  genera  nulidad13,   y   la  aceptación  fáctica  por  el delito de estímulo a la prostitución de menores  se  ajustó al tipo contemplado en el artículo 217 del Código Penal, siendo el  fallo  proferido  consistente  con  la  imputación jurídica efectuada por este  ilícito.  Así  mismo,  porque  de  modo  expreso  se  le  puso  de  presente a  PIÑEROS   CRUZ   que  por  explicita  prohibición  legal  no  iba a recibir contraprestación punitiva por  dicho  reconocimiento  de responsabilidad; de esta forma, no tendría sentido la  posibilidad  de  ofrecerle  una  nueva  oportunidad  para  aceptar cargos por el  injusto,  toda  vez  que ello sólo tendría cabida si se hubiese acreditado que  al   momento   de   adoptar   tal   determinación   el   consentimiento  estuvo  viciado14,  lo  que  aquí  no  se  hizo  y  no  se  vislumbra fehaciente, en  atención  a  las condiciones en que se realizó, esto es, de manera informada y  con  plena  conciencia  de las consecuencias generadas con la aceptación que no  era  otra  que  la  condena  sin  rebaja de pena, se repite, como responsable de  estímulo a la prostitución de menores.   

4.3.  De  otra  parte, en lo que respecta al  delito   de   trata   de   personas,  no  existen  parámetros  susceptibles  de  constatación    que    lleven    indefectiblemente   a   concluir   que,   como  paradójicamente  lo propone quien defiende sus intereses, el implicado va a ser  objeto   de   una   inevitable  sentencia  condenatoria,  pues  en  el  trámite  correspondiente  es  viable  discutir la configuración del delito, la agravante  por  recaer  la  conducta  en  menores  de  edad  o pregonar la conculcación al  principio   de   non   bis   ibídem.   Esta  situación  descarta  la  necesidad de adentrarse en el debate  dogmático  propuesto  por  la  censora,  respecto  al  estudio  de  un concurso  aparente  de  conductas delictivas, ya que no es este el escenario adecuado para  discutir el particular.   

Igualmente, se reitera, el acontecer fáctico  materia  de  las  diligencias  no  ha  sido  objeto  de  controversia,  sólo la  calificación  jurídica  de  una  de las conductas punibles enrostradas. Por lo  tanto,  si  es  deseo  del  implicado, puede marginarse de aceptar cargos por la  misma,  someterse  al  trámite  ordinario y cuestionar la tipificación de esta  conducta  punible,  adoptándose  la decisión final en la sentencia respectiva.  Así,  es  palmario que la vigencia al derecho de defensa permanece indemne y la  función   de  garantía  que  cumplen  las  formas  procesales  a  salvo.    

4.4.  Y,  por último, es necesario poner de  relieve  que  en  este caso se verificó una aceptación pura y simple a cargos,  sin  ningún  cláusula  rescisoria sometida a resultados hipotéticos; de ahí,  la  imposibilidad  de  alegar  que la modificación de las condiciones iniciales  deviene  en la pérdida de fuerza ejecutoria del allanamiento: en contrapartida,  si   se   tratara  de  una  negociación  que  presupone  el  haber  pactado  la  aceptación,  en  ese  caso,  sí  sería  viable  discutir  la ilegalidad de la  condena  parcial  por  la  divergencia  de  lo  decidido  con  lo acordado entre  Fiscalía y procesado. Acerca del tema, señaló el Tribunal:   

“Pese  a lo sugestivo que puede resultar  esta  alegación  de  la  defensa,  para  evaluar su real dimensión es menester  tener  presente  que  el  allanamiento  a cargos es una decisión unilateral del  procesado,  ante  la  imputación formulada por la fiscalía y si bien conforma,  al  modo  de la aceptación de una oferta en el derecho comercial, un acuerdo de  voluntades,  lo  cierto  es  que  su  conformación depende autónomamente de la  voluntad del procesado.   

Por  supuesto  que  esta  aceptación  es  independiente  por  cada delito cuya responsabilidad se admita, ya que puede ser  separada  para  cada uno de ellos como quiera que no hizo parte de un proceso de  negociación  en  los que su consideración conjunta se estimara obligatoria por  la fuerza y particularidades del acuerdo.   

Que  el  procesado y su defensor estimaran  ventajosa  la  aceptación de cargos por la deficiente imputación del delito de  trata  de personas y de una vez decidieran aceptar cargos por un delito del cual  no  iban a tener ningún descuento punitivo, es una decisión que les pertenece,  que  les  es propia al tomarla con la deliberación y por las razones que a bien  tuvieran.   

En  otras  palabras,  las  consecuencias  penales  de  la  aceptación  de  cargos  por el estímulo a la prostitución de  menores  se  mantienen  en una y otra situación y si algún disfavor le resulta  no  es  por  la  aceptación de este delito sino por la agravación del otro, lo  cual  no  es  motivo  que  obligue  a  replantear la voluntad del procesado para  indagarle sobre ella.   

Si  la aceptación de responsabilidad por  el  delito por el que se procede se había hecho sin condicionamiento alguno, no  puede  inferirse  que  al  variar  la  situación respecto de otro delito, fuera  obligatorio  para  el  juez  establecer una condición (sic) no establecida para  replantear   la   manifestación   expresa   y   unilateral   de   admisión  de  responsabilidad.   

Entonces, por esta vía tampoco encuentra  el  Tribunal  irregularidad  alguna,  restando decirle a la defensa que su queja  sobre  que  se  condenará  por  un  concurso  distinto  al  aceptado,  no tiene  consistencia  para  modificar  la decisión recurrida, ya que ello no depende de  la  aceptación de cargos por el estímulo a la prostitución de menores, sino a  la  modificación  de la atribución del delito de trata de personas, asunto que  bien   puede   discutir   en   el   proceso  respectivo,  si  lo  considera  del  caso”.15   

Esta  solución  no  puede  calificarse  de  novedosa,  pues  la  normatividad  no  plasma que la aceptación de cargos esté  supeditada  a un reconocimiento “en bloque” al preverse la posibilidad de su  aceptación        total       o       parcial16,   además,  no  existe  un  imperativo  para  el  juzgador  concerniente  a  admitir  la  totalidad  de  esa  aceptación,  como  quiera  que  la validación del reconocimiento depende de la  legalidad  de  lo acordado en el entendido de que ello no comporte violación de  garantías  fundamentales, por tanto, si esto se cumple parcialmente respecto de  alguno  o  algunos  de  los  cargos imputados, así debe declararse.17   

En    consecuencia,   si   PIÑEROS  CRUZ  se  allanó  a  cargos  al  momento  de  formulársele  imputación  y  se  trató  de  una decisión libre,  consciente,  informada,  voluntaria,  el  juez de conocimiento estaba habilitado  para   proferir   fallo   condenatorio  anticipado,  por  lo  que  aludir  a  la  invalidación  parcial por razón del otro delito, en las condiciones prohijadas  por  la  recurrente,  significa de forma velada la retractación de lo aceptado,  actitud  que  está  proscrita  tratándose  de  esta  modalidad de terminación  anticipada de la actuación.   

5.  De  esta  manera  se  tiene que, pese a  quebrantarse  la lógica conceptual y de roles del sistema acusatorio en punto a  la  calificación  jurídica  de  la  conducta, no se conculcaron las garantías  fundamentales  del implicado, toda vez que su derecho de defensa puede ejercerse  a  plenitud  en  la  actuación derivada de la ruptura de la unidad procesal, lo  que  incluye  la  posibilidad  de  interponer  los recursos de ley, y la condena  emitida  en su contra se ajusta al contenido de la manifestación de aceptación  de  responsabilidad.  Entonces,  se  insiste,  no  se vislumbra la trascendencia  necesaria  para  retrotraer las diligencias, ello sin mencionar lo precisado por  los  no  recurrentes  en  el  sentido  de  la  existencia  del  instituto  de la  acumulación  de  penas,  el cual acarrea que eventualmente dicho asunto culmine  con un resultado idéntico a aquel aquí propuesto desde el inicio.   

6.  En suma, la situación plasmada en el  sub  iudice no cuenta con la  entidad  suficiente  para  originar  la  nulidad  de  la  actuación, en aras de  corregir  un  vicio  que  termina  siendo  intrascendente  una vez cotejadas sus  consecuencias  con  el respeto a las garantías fundamentales del procesado, por  lo  tanto,  el cargo único no  prospera.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

       R E S U E L V E   

NO    CASAR    la   sentencia  recurrida.   

Contra   el   presente   fallo   no   procede   recurso  alguno.   

Comuníquese      y  cúmplase   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                     FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                      GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO                                                                                                                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

               Secretaria     

1  Folio 13 cuaderno actuación   

2  Fl. 40 c.a   

3  Ley   1098   de   2006,   artículo   199,   numeral  7   

4  Fl. 58 y s.s c.a   

5  Fl. 111 y s.s c.a / Fl. 139 y s.s c.a   

6  Citó,  entre  otras, las sentencias C-1260 de 2005 y  la emitida dentro del Rad. 37668, el 30 de mayo de 2012   

7  Cfr.   Rad.  31063,  sentencia  de  8  de  julio  de  2009   

8  Acerca  de  la  naturaleza  de  la  formulación  de  imputación  puede  consultarse, entre otros Rad. 31280, sentencia de 8 de julio  de 2009 y Rad. 34022, sentencia de 8 de junio de 2011   

9  Sobre  el  ámbito  de  intervención  de la víctima  puede  consultarse  Corte Constitucional, sentencia C-209 de 2007, C-651 de 2011   

10  Cfr. Fl. 19 c.a   

11  Cfr.    Récord    1:15:35    y    s.s,    cuarta  grabación   

12  Cfr.  Récord 18:00 y s.s  quinta grabación   

13  Ley 906 de 2004, artículo 50   

14  Cfr.  Rad.  39707,  sentencia  de  13  de  febrero de  2013   

15  Fl. 149 c.a   

16  Ley 906 de 2004, artículo 353 y 367   

17  Cfr.  Rad.  36367,  sentencia  de  7  de diciembre de  2011     

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