37259(06-03-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado        acta        No.  69         

Bogotá,     D.    C.,    seis  de  marzo  de dos mil trece.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de     la     demanda     de     casación     presentada    por    el  defensor  del      acusado      CARMEN     ALONSO     RANGEL  COLLANTES.   

ANTECEDENTES  

1.-  La cuestión fáctica, a que se contrae  la    actuación,   fue  reseñada  por  el  Tribunal  de la manera siguiente:   

“[E]l día 11 de  abril  de 2010, en el sector La Playa, jurisdicción del municipio de Bochalema,  N.  de S., a la tienda ‘La  Carrampla’, de propiedad  de  PEDRO  AVELINO ORTIZ MARIÑO, llegó CARMEN ALONSO  RANGEL  COLLANTES,  a  eso de las cinco y media de la  tarde,  en  compañía  de  su  esposa  MARÍA EUGENIA MOLINA VILLAMIZAR, ISMAEL  MARTÍNEZ,  NELSON  MORENO  y  dos  muchachos  más. CARMEN ALONSO pidió cuatro  cervezas,  se  sentaron  a tomárselas; y a eso de las  siete  de  la  noche ingresaron a dicho establecimiento JAIRO LUIS SÁNCHEZ GIL,  OLMEDO  QUINTERO,  le manifiesta a PEDRO AVELINO que le iba a pagar la cuenta de  mercado,  que  se  había ganado $200.000,oo de una madera que había vendido, y  OLMEDO   dijo:  Vengo  a  arreglar  cuentas  con  unos   (…)  que  le  pegan  a los borrachos; y de  inmediato  los  que estaban sentados se levantaron y CARMEN ALONSO agarró de la  camisa   a  OLMEDO  diciéndole:  si  viene  a  tomarse  una  cerveza  tómesela  tranquilo,  no  venga  a  montar  gorro,  al  tiempo  que  le dio una de las dos  cervezas  que  tenía  en  la  mano,  pero  OLMEDO procede a regarla en el piso,  motivo  por el cual intervino MARÍA EUGENIA llevando a OLMEDO hacia la cabecera  del  bolo  para  tranquilizarlo. Mientras JAIRO, quien no había pedido cerveza,  se  encontraba  sentado  en  una mesa, CARMEN ALONSO le pregunta a PEDRO AVELINO  que  quién  era ese muchacho, contestándole AVELINO que era el mayordomo de la  casa  vecina,  que  era sobrino de JESÚS HERRERA, instante en que CARMEN ALONSO  se  dirige  a  donde  estaba JAIRO y con amabilidad le ofrece una cerveza que es  aceptada  por  aquél, se la toma rápido, y en dos oportunidades le es ofrecida  cerveza,  luego  RAMONA, la esposa de PEDRO AVELINO, se fue con JAIRO a hacer la  cuenta,  CARMEN  ALONSO  se  retira  y  se recuesta en la camioneta, en una mano  tenía  la  cerveza  y  la  otra  la  tenía  atrás, miraba a JAIRO, sin mediar  palabra  alguna CARMEN ALONSO tomó su revólver con las dos manos y le apunta a  JAIRO  que se encontraba cerca a él, disparándole en  tres  ocasiones, JAIRO cae al piso y CARMEN ALONSO se acerca a él disparándole  en  otras  tres  oportunidades  y  se aleja del lugar carretera abajo, como a 50  metros  de  allí,  bota  las  vainillas,  calza  de nuevo su arma y unos metros  adelante hace dos disparos más”.   

2.-  El 9 de enero de 2011  la Fiscalía  presentó  el caso ante el Juez Segundo Penal Municipal con funciones de control  de  garantías de Pamplona, en audiencia preliminar de legalización de captura,  formulación  de  la  imputación  y  solicitud  de  imposición  de  medida  de  aseguramiento  en  contra  del  indiciado  CARMEN  ALONSO  RANGEL  COLLANTES. La  imputación  se  efectuó  por  el  concurso  de delitos de homicidio agravado y  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego,  descritos y  sancionados  en los artículos 27, 103, 104 (numerales 6 y 7), y 365 del Código  Penal de 2004.   

Con  posterioridad  a  la  formulación de la  imputación  y antes de que se presentara escrito de acusación, el 2 de febrero  de  2011, la Fiscal, el imputado, su defensor, la víctima y el representante de  ésta,  suscribieron  un preacuerdo en el cual el imputado   acepta su  responsabilidad penal por ambos delitos.   

3.-  En  cumplimiento  de  lo dispuesto en el  artículo  293 de estatuto procesal penal (Ley 906 de 2004), el caso fue llevado  ante  el  Juez  Primero  Penal  del  Circuito  con  funciones de conocimiento de  Pamplona,  autoridad  que en audiencia celebrada el 25 de febrero de 2011,   le  impartió  aprobación al preacuerdo, después de verificar la asistencia de  la  Fiscalía,  el Ministerio Público, el apoderado de la víctima, el imputado  y  su  defensor,  y  que  el  imputado  aceptó  los  cargos  de  manera  libre,  consciente,  voluntaria, sin presión ni apremio de ninguna índole, debidamente  informado  y  asesorado  por  su  defensor   y  sin  que  se  advirtiera la  violación  de  sus  derechos fundamentales, fijando fecha para llevar a cabo la  individualización de la pena y el proferimiento de la sentencia.   

4.-  El  1º  de  abril  de  2011, el Juzgado  condenó  a  CARMEN ALONSO RANGEL COLLANTES, a la pena principal de 18 años, 10  meses  y  17  días,  y  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  mismo  término de la pena aflictiva, al  tiempo  que  no  le  concedió la suspensión condicional de la ejecución de la  pena  ni  la  prisión domiciliaria, a consecuencia de hallarlo autor penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado y fabricación,  tráfico  y  porte  de armas de fuego o municiones, para cuya individualización  tuvo  en  cuenta “la dosificación acordada entre la  Fiscalía  y  Defensa,  por  obedecer  al  marco  punitivo  legal de los delitos  imputados  al  procesado  y  no  vulnerarse  garantías  fundamentales. Además,  porque  el  artículo  351  de  la  Ley  906 de 2004 dispone que los preacuerdos  obligan al Juez de conocimiento”.   

5.- Contra este fallo la defensa recurrió en  apelación,  para solicitar la nulidad de lo actuado aduciendo la violación del  debido  proceso  y  el derecho de defensa argumentando que el acta de preacuerdo  no  cumplió  con los requisitos establecidos para el escrito de acusación, que  en  la  audiencia  de legalización de captura el anterior defensor no interpuso  recurso  alguno  pese  a  que  la  carpeta  de  la Fiscalía aludía a elementos  materiales  probatorios  que  presentaban  contradicción,  en  la  audiencia de  formulación  de imputación el imputado no aceptó los cargos, y se llegó a un  preacuerdo  sin  que  se  hiciera  un  análisis  de  las  pruebas,  entre otras  objeciones  formuladas,  pero el Tribunal, mediante el suyo de 22 de junio   de  2011,  que  ahora  la  defensa  del procesado CARMEN ALONSO RANGEL COLLANTES  impugna  en casación, no decretó la nulidad demandada y lo confirmó en lo que  fue materia de impugnación.   

6.- Contra la sentencia de segunda instancia,  la  defensa  del  procesado  RANGEL    COLLANTES,    oportunamente   interpuso  recurso   extraordinario   de   casación   mediante   la  presentación  de  la  correspondiente   demanda   sobre   cuya  admisibilidad  se  pronuncia  la   Corte.   

LA DEMANDA  

Después de resumir los hechos e identificar  las   partes   intervinientes   en   el  trámite  y  la  sentencia  materia  de  impugnación,  así  como  de  hacer  un relato de lo actuado en las instancias,  dos     cargos       dice      postular  el  recurrente  contra  la  sentencia   del  Tribunal,  acusándola  de incurrir en “violación indirecta de  la     ley     sustancial”    por    “error  de derecho” como “cargo     principal”      y  “falso   juicio   de   legalidad   (o   error   de  aducción)”       en      el      “cargo subsidiario”.   

Respecto      del      “error  de  derecho” sostiene que el  Tribunal  “se equivocó ostensible y flagrantemente  en  la  interpretación  de  una  de  las normas” en  cuanto  a  los  requisitos  del  preacuerdo,  pues, en su criterio, “el  ACTA  DE  PREACUERDO  legalmente  se  asimila  al ESCRITO DE  ACUSACIÓN  en  consecuencia,  en  su   estructura  y formación debe estar  sujeto  sin  ninguna excepción a las formalidades previstas en el artículo 337  de    la    Ley    906    de    2004”.   

En  este caso, dice, los hechos narrados por  la   Fiscalía   no   son   claros   y   no   expresan   la   tipicidad   de  la  conducta,  como  igual  ocurre  con  las  causales de  agravación  del homicidio y las circunstancias que sustentan la imputación del  delito de fabricación, tráfico y porte de armas de fuego.   

Sostiene que al imputado no se le explicaron  los  alcances del artículo 31 del C.P. sobre el concurso de conductas punibles,  y  tampoco  los  límites  máximos  y  mínimos  de  pena  establecida para las  conductas atribuidas.   

Estima  que  “el acta de preacuerdo  en  las  condiciones  en  que  fue  concebida y suscrita, es  ampliamente  vulneradora  de  los  derechos  fundamentales  del debido proceso y  defensa  que  le  asisten  a  mi  representado, en la medida de no haber quedado  consignado,   definido   y   considerado   clara  y  expresamente  una  adecuada  imputación  fáctica  y  jurídica  como  la  exigida  por  el  legislador,  lo  que   es  claramente  vulnerador  de  los  principios  de  legalidad  de la  tipicidad y legalidad de la pena”.   

Anota  que  no  se  puede  presumir  que  su  asistido  hubiere  sido  enterado de todos y cada uno de los aspectos señalados  por  el solo hecho de haber manifestado que entendió el contenido del acuerdo o  que  estuvo  asistido  de  defensor, “máxime cuando éste en su condición de  interviniente  y  representante  de  los intereses de él en su momento, tampoco  estuvo  atento  y ejerció ninguna acción dirigida a  garantizar  la  preservación  de  los  derechos  procesales y de defensa que lo  amparaban”.   

Advierte  que  en la sentencia hay ausencia  absoluta  de  motivación  en  cuanto omite precisar los fundamentos fácticos y  jurídicos que sustentan la decisión.   

Con   fundamento   en   estas   y   otras  consideraciones         de         similar         estirpe,         solicita a la Corte casar la sentencia  recurrida    y    decretar   la   nulidad   de   lo  actuado.   

              

SE CONSIDERA  

1.- Tal como ha sido repetidamente dicho por  la    Corte1,  en  esta  ocasión resulta pertinente reiterar que la casación  no  es  instancia  adicional a las ordinarias del trámite, y por lo mismo no ha  sido  concebida  como  un  instrumento  que  permita la continuación del debate  fáctico  y  jurídico  llevado  a  cabo  en  un proceso ya culminado, sino que,  por   su  propia  naturaleza  corresponde  a  una sede única que parte del  supuesto  de  la terminación del juicio con el proferimiento de la sentencia de  segunda  instancia  y,  además,   que  ésta no solamente es acertada sino  legal,  por  ajustarse en un todo al ordenamiento jurídico, cuya desvirtuación  compete al demandante.   

De  conformidad  con  la ley de rito, dicho  propósito  sólo  puede  lograrse  mediante  la  presentación  de  una demanda  escrita,  en  la  que  se  identifique  la  sentencia recurrida, se acrediten la  legitimidad  y  el interés para recurrir, se expresen con claridad y precisión  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de la pretensión, y se demuestre la  objetiva   configuración   de   uno  o  varios  de  los  motivos  de  casación  taxativamente previstos por el Código de Procedimiento Penal.   

Acorde  con  los  principios  que  rigen la  utilización  del  instrumento extraordinario de impugnación, en el libelo debe  demostrarse  igualmente, la necesaria intervención de la Corte para cumplir, en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines propios del recurso extraordinario,  los  cuales aparecen previstos por el artículo 180 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004.  De ninguna otra manera podrían ser entendidas las expresiones  contenidas  en  los   artículos  181  y  183 ejusdem, según las cuales la  casación   resulta   procedente   contra   sentencias   de   segunda  instancia  “cuando    afectan    derechos    o   garantías  fundamentales”  y  que  en  la  demanda  se  debe  señalar  “de manera precisa y concisa” las causales invocadas y sus fundamentos.   

En esta oportunidad  debe insistirse en  recalcar  que  en  el  sistema  procesal  de  que trata la Ley 906 de 2004 no se  libera  al demandante del deber de cumplir con unos mínimos requisitos de forma  y  contenido  que  le  permitan superar el necesario juicio de admisibilidad que  por  ley  compete  realizar  a la Corte. Tanto es esto, que el artículo 184 del  mencionado  estatuto la faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en  las  cuales  se  establezca que el impugnante carece de interés, o cuando no se  señala  el  motivo  de  casación  en  que  apoya la pretensión desquiciatoria  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  o  cuando  en el escrito se dejan de  desarrollar  clara  y  precisamente  los  cargos  que  a  su  amparo  pretendió  formular,  “o  cuando  de  su contexto se advierta  fundadamente   que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso”.   

Entre    los   mencionados   requisitos  establecidos  por  el original artículo 183 de la Ley 906 de 2004 (esto es, con  anterioridad  a  la modificación introducida por el artículo 98 de la Ley 1395  de    20102),   se destaca que el censor tiene el deber de interponer el  recurso  dentro  de  la  oportunidad  legalmente  prevista,  esto  es dentro del  término  común  de  los  60  días siguientes a la última notificación de la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal,  y  la carga de  acreditar   la  existencia  de  interés  para  acudir  a  sede  extraordinaria.   

El  demandante  tiene  por  deber señalar,  además,   con   absoluta   precisión  la  causal  o  causales  que  apoyan  su  pretensión;  enunciar,  desarrollar  y  sustentar  de manera clara y precisa el  cargo  o  cargos  que  a su amparo pretenda proponer y; demostrar con la nitidez  requerida,  que  la  intervención  de  la Corte en el asunto particular resulta  necesaria  para  cumplir  alguna  de  las  varias  finalidades previstas para el  recurso,  tales  como  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las  garantías  de  los intervinientes en el proceso, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

En  dicho sentido la Sala tiene establecido  que:   

“La  debida  sustentación  del  cargo  propuesto  implica  para  el  censor,  entre  otras exigencias, desarrollarlo en  forma  completa,  conforme  al  principio de sustentación suficiente, de suerte  que  la demanda se baste a sí misma para lograr la infirmación total o parcial  de  la  sentencia,  según  el  caso,  y  hacerlo  de manera clara y precisa, en  términos  tales  que  el  alcance de la impugnación surja nítido, para que el  juez   de   casación   pueda   dar   a   los   reproches   planteados  adecuada  respuesta.   

“También  es  exigencia  indeclinable  demostrar  que la intervención de la Corte es necesaria para la realización de  los  fines  de  la  casación,  lo  cual  significa  que  la demanda, además de  hallarse   adecuadamente   presentada  y  debidamente  sustentada  (idoneidad  formal),  debe  ser fundada  (idoneidad  sustancial),  es  decir,  estar  razonablemente  llamada  a  propiciar la infirmación total o  parcial  de  la  sentencia, o un pronunciamiento unificador de la Corte sobre el  tema debatido.   

“A  esta  conclusión  se  llega  tras  consultar  el  contenido del artículo 184 ejusdem, donde se incluye como causal  de  no selección de la demanda de casación, el que se advierta fundadamente de  su  contexto  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  propias  del  recurso,  es  decir,  que  no  sea  necesario para materializar la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes  y  la  reparación de los agravios inferidos a éstos (artículo  180)3.   

2.- En todo caso,  la  adecuada  sustentación  del  recurso,  sin  la cual no es posible acceder a  éste,   “exige  que  el  demandante  demuestre  que  el juzgador cometió un error al tomar la decisión,  bien  de  juicio (in iudicando) o de actividad (in procedendo), para cuyo efecto  no  basta  afirmar  que  una  determinada  infracción  se cometió, sino que es  necesario  precisar  en qué consistió, qué repercusiones o implicaciones tuvo  en  la  decisión  recurrida,  qué  consecuencias desfavorables se derivaron de  ella  para  la  parte  impugnante,  y  por  qué la intervención de la Corte es  necesaria   para   el   cumplimiento   de   los  fines  del  recurso”4.     

3.-    La    Corte    ha  precisado,  asimismo,  que  la  existencia  o  inexistencia  de  interés  para  recurrir,  aspecto  que importa destacar en el presente caso, se  vincula  con  el  concepto de agravio. Si la parte procesal ha sufrido perjuicio  con  la  decisión,  porque  es en todo o parte desfavorable a sus pretensiones,  tendrá  en  principio  derecho  para impugnar, y por el contrario, si no recibe  perjuicio  con  la  decisión,  por  ser  en  todo favorable a sus pretensiones,  carecerá  de  interés  para demandar su revisión5.   

4.-    En  aplicación  de  estas  directrices,  la  doctrina y la jurisprudencia penal han  entendido  que  el sujeto procesal carece de interés para recurrir en casación  cuando  la  sentencia  impugnada  satisface integralmente sus pretensiones, bien  porque  acoge  sus  posturas  defensivas, o porque se  dicta  en  total correspondencia con los acuerdos que ha realizado dentro de los  marcos  de  la  justicia  consensuada, y que tampoco  tiene   interés  para  hacerlo  cuando  siendo  la  decisión  desfavorable  es  consentida        por       el       afectado6.   

Por   esto   tiene  establecido  que  la  limitación  al  derecho a controvertir los aspectos aceptados o concertados con  la  Fiscalía se erige en garantía de seriedad del acto consensual y expresión  del  deber  de  lealtad que debe guiar las actuaciones de quienes intervienen en  el  proceso  penal,  única manera de que el sistema pueda ser operable, pues de  permitirse   que   el   implicado   continúe   discutiendo   ad   infinitum  su  responsabilidad  penal,  no  obstante  haber  aceptado  los cargos imputados, el  propósito  político  criminal  que   justifica  el  sistema de lograr una  rápida  y  eficaz  administración  de justicia a través de los acuerdos, y de  obtener  ahorros  en las funciones de investigación y juzgamiento, se tornaría  irrealizable.     

La  Corte ha indicado que la limitación a  la  posibilidad  de  discutir o controvertir los términos de las aceptaciones o  acuerdos,  ha  sido  normativamente  regulada  por la ley a través de lo que la  doctrina     y     la     jurisprudencia     ha    denominado    principio    de  irretractabilidad7, que comporta, precisamente,  la  prohibición de  desconocer el convenio realizado, ya en forma directa,  como  cuando  se  hace  expresa  manifestación  de  deshacer  el convenio, o de  manera   indirecta,  como cuando a futuro se discuten expresa o veladamente  sus términos.    

La  aceptación  o  el acuerdo no sólo es  vinculante  para la fiscalía y el implicado. También lo es para el juez, quien  debe  proceder a dictar la sentencia respectiva, de conformidad con lo convenido  por  las  partes,  a  menos  que  advierta  que el acto se encuentra afectado de  nulidad   por   vicios   del   consentimiento,   o   que   desconoce  garantías  fundamentales,  eventos  en  los  cuales debe anular el acto procesal respectivo  para  que  el  proceso  retome los cauces de la legalidad, bien dentro del marco  del   procedimiento   abreviado,   o   dentro  de  los  cauces  del  juzgamiento  ordinario.        

Y  si  bien es cierto que por estos mismos  motivos,  es  decir,  cuando  el proceso abreviado se adelanta con fundamento en  una  aceptación  o  acuerdo  ilegal,  o  con  quebrantamiento de las garantías  fundamentales,   los  sujetos  procesales  están  legitimados  para  buscar  su  invalidación  en  las  instancias  o  en  casación, también resulta claro que  estas  nociones  difieren  sustancialmente  del  concepto  de retractación, que  implica,  como  se  ha  dejado  visto,  deshacer  el acuerdo, arrepentirse de su  realización,  desconocer lo pactado, cuestionar sus términos, ejercicio que no  es  posible  efectuar  cuando  su  legalidad  ha  sido verificada y la sentencia  dictada.   

5.- En cuanto tiene  que    ver    con    la    causal    segunda    de  casación,          por         “desconocimiento  del  debido proceso por afectación sustancial  de   su   estructura   o   de   la   garantía   debida   a  cualquiera  de  las  partes”,   cuya   configuración  inexorablemente  daría  lugar  a  declarar  la  nulidad  de  lo  actuado o de parte del trámite  procesal,        asimismo       la       Sala8   tiene   precisado  que  los  motivos  de  ineficacia de los actos procesales -a que  se  alude en el Libro III, Título VI, artículos 455 y siguientes de la Ley 906  de  2004-,   no  son  de postulación libre, sino  que,  por  el  contrario,  se  hallan  sometidos  al  cumplimiento  de  precisos  principios que los hacen operantes.   

En   este  sentido,  la  jurisprudencia  ha  señalado  que   de  acuerdo  con  dichos  principios, solamente es posible  alegar   las   nulidades   expresamente   previstas   en  la  ley  (taxatividad);   no  puede  invocarlas  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  motivo   invalidatorio,   salvo   el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica,  (protección);  aunque  se  configure  la  irregularidad,  ella  puede  convalidarse  con  el consentimiento  expreso  o  tácito  del  sujeto perjudicado, a condición de ser observadas las  garantías  fundamentales  (convalidación);  quien alegue la nulidad está en la obligación de acreditar que  la  irregularidad  sustancial  afecta  las  garantías  constitucionales  de los  sujetos  procesales o desconoce las bases fundamentales de la investigación y/o  el      juzgamiento      (trascendencia);  no  se declarará la invalidez de un  acto  cuando  cumpla  la  finalidad  a  que  estaba destinado, pues lo  importante  no es que el acto procesal se ajuste estrictamente a  las  formalidades  preestablecidas  en  la ley para su producción -dado  que  las  formas  no  son  un  fin  en  si mismo-,   sino  que  a  pesar  de  no  cumplirlas  estrictamente, en  últimas  se  haya  alcanzado  la  finalidad  para  la  cual está destinado sin  transgresión  de  alguna  garantía  fundamental  de  los  intervinientes en el  proceso  (instrumentalidad) y;  además,  que  no  existe  otro  remedio  procesal, distinto de la nulidad, para  subsanar       el       yerro       que      se      advierte      (residualidad).           

De manera que en sede de casación, no basta  con  solamente  invocar  la existencia de un motivo de ineficacia de lo actuado,  sino  que  compete   al  demandante  precisar  el tipo de irregularidad que  alega,  demostrar  su  existencia, acreditar cómo su configuración comporta un  vicio  de garantía o de estructura, y, tal vez lo más importante, demostrar la  trascendencia   del  yerro  para  afectar  la  validez  del  fallo  cuestionado.   

Tampoco  puede  olvidarse  que si lo que se  persigue  con  la casación es denunciar la presencia de varias irregularidades,  cada  una  de  ellas con entidad suficiente para invalidar la actuación o parte  de  ella,  resulta  indispensable  que se sustenten en capítulos separados y de  manera  subsidiaria  si  fueren  excluyentes,  pues sólo así puede acatarse la  exigencia  de  claridad  y precisión en la postulación del ataque y respetarse  los  principios  de  autonomía  y  de  no  contradicción de los cargos en sede  extraordinaria.   

6.- En      el      caso      que      se     estudia     el        procesado,  debidamente  informado  y asistido por su defensor,  libre  y  voluntariamente  suscribió  con  la  Fiscalía  un  preacuerdo  en  el cual aceptó los cargos que le fueron  formulados    en   la   audiencia   preliminar   de  imputación,   por  el  concurso           de          delitos de  homicidio  agravado y fabricación, tráfico o porte  de  armas  o  municiones,  agravado, en su orden, tipificados por los artículos  27,  103, 104, numerales 6  y    7   del  Código  Penal, y los incrementos  punitivos  establecidos  en  el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, y  365  del  Código  Penal, modificado por el artículo 38 de la  Ley 1142 de 2007.   

Con  el  solo  propósito  de  patentizar  la  sin  razón  del  planteamiento propuesto por el  libelista,   plausible   se  ofrece  traer  a  colación  aquellos  apartes  del  “Acta  de Preacuerdo”  suscrita  por  el implicado RANGEL COLLANTES y leída  en   la   audiencia   de   verificación   de   legalidad   ante   el   Juez  de  Conocimiento,  que denotan precisamente lo contrario  a lo expuesto en el libelo:   

“Previamente a cualquier consideración,  el  fiscal  delegado  advierte  al  imputado,  en  presencia de su defensor, los  derechos  y garantías fundamentales que le asistente  y  que  se  hallan  consagrados  en  el artículo 8 del Código de Procedimiento  Penal.  Después  de hacer una lectura de la disposición en cita le explica los  alcances  de  la  autoincriminación,  del  derecho  a tener un juicio público,  oral,  contradictorio, concentrado, imparcial, con inmediación de las pruebas y  sin  dilaciones  injustificadas,  y de las consecuencias de renunciar a ellos al  hacer  alegaciones  de  culpabilidad  por  virtud  de un preacuerdo. Asimismo le  informa  que,  de  hacerlo,  tendrá una rebaja de hasta la mitad de la pena por  imponer   por  el  juez  en  sentencia  condenatoria,  excepto  si  solicita  la  eliminación  de  alguna  causal de agravación punitiva en la acusación, o que  se  tipifique  de  otra forma la conducta en la alegación conclusiva del fiscal  con  el  propósito de aminorar la pena, eventos en los cuales no habrá lugar a  ninguna otra rebaja de pena.   

“Finalmente  le  advierte que en ningún  caso  tendrán  valor  alguno las conversaciones que se adelanten para llegar al  propósito de esta diligencia.   

“Acto  seguido  procede  a  exponer  los  siguientes   

“4.-         Hechos:   

“Ocurren    el    11    de   abril   de  2010,  en  la  Vereda  de  la  Selva,  sector  La  Playa,  jurisdicción del Municipio de Bochalema, en  la    tienda    ‘La  Carrampla’,    de  propiedad  del  señor  Pedro  Avelino  Ortiz  Mariño,  lugar a donde llegó el indiciado CARMEN ALONSO  RANGEL  COLLANTES,  a  eso de las cinco y media de la tarde, junto con su esposa  MARÍA  EUGENIA  MOLINA  VILLAMIZAR  y cuatro personas más, entre ellos: Ismael  Martínez, Nelson Moreno y dos muchachos.   

El  citado  RANGEL  COLLANTES  pide cuatro  cervezas  y  se  sientan en una banca a tomárselas, aproximadamente a las siete  de  la  noche,  ingresa  a  la  tienda Jairo Luis Sánchez Gil, junto con Olmedo  Quintero  y  le  manifiesta  a  Pedro  Avelino,  que le iba a pagar la cuenta de  mercado,  que  se  había  ganado $200.000,oo de una madera que había vendido y  Olmedo  expresó:  vengo  a  arreglar  cuentas con unos (…) que le pegan a los  borrachos,  de  inmediato  los  que estaban sentados en la banca se levantaron y  Carmen  Alonso  agarra  de  la  camisa  a  Olmedo y le dice a la vez: si viene a  tomarse  una cerveza, tómesela tranquilo, no venga a montar gorro, dándole una  de  las  dos  cervezas  que tenía en su mano, pero este procede a regarla en el  piso,  razón para que interviniera la señora María Eugenia, llevando a Olmedo  hacia la cabecera del Bolo para tranquilizarlo.   

“Jairo  estaba  sentado  en  una  mesita  descansando,  no  había pedido cerveza; CARMEN ALONSO pregunta a Pedro Avelino,  quién     es    ese    muchacho?    contestándole  que  era el mayordomo de  la  casa  vecina y que era sobrino de Don Jesús Herrera; entonces CARMEN ALONSO  se  va a donde Jairo y con amabilidad le ofrece una cerveza y es aceptada, se la  toma  rápido y por dos oportunidades le ofrece cerveza, luego la señora Ramona  esposa  de  Pedro  Avelino  se fue con Jairo a hacer la cuenta. CARMEN ALONSO se  retira  y se recuesta en la camioneta en una mano tenía la cerveza y la otra la  tenía  atrás  y miraba a Jairo y sin mediar palabra alguna CARMEN ALONSO   toma  su  revólver  con las dos manos y le apunta a Jairo y ya cerca de él, le  dispara  por tres oportunidades y estando Jairo en el piso le brinca encima y le  dispara  por tres oportunidades más, agarra el revólver por el cañón y se va  a  pie  por  la  carretera  abajo,  como  a  cincuenta  metros se para, bota las  vainillas, calza el arma y más abajo hace dos disparos más.   

“En   el  protocolo  de  necropsia  se  concluye:   ‘causa  de  muerte.  1.-  Shock  Hipovolémico.  2.-  Laceración  Cardiaca.  3.- Hemotórax  masivo.    Manera    de   muerte:   Violenta.   

“5.-         Formulación         de         la         imputación.   

“Homicidio   agravado   conforme   los  numerales 6 y 7 del Art. 104 del Código Penal.   

“Fabricación, tráfico o porte de armas  o municiones, Artículo 365 Código Penal.   

“6.- Términos  de  la  aceptación  de culpabilidad por preacuerdo con la Fiscalía:   

“El   imputado  CARMEN  ALONSO  RANGEL  COLLANTES,  contando  con la asistencia de su defensor público, doctor J. L. D.  para  que  represente  sus  intereses  en la presente actuación, SE ALLANA  INTEGRALMENTE  a  los  cargos  que  en  desarrollo de la audiencia preliminar el  Fiscal  Seccional  de  Pamplona  en  turno de disponibilidad le formuló ante el  Juzgado    Segundo    Penal    Municipal    con    Funciones   de   Control   de  Garantías,  por  los  hechos  y  conductas punibles  referidos  en los numerales 4 y 5 del presente escrito y por consiguiente acepta  que  los  elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física e información  legalmente  obtenida  hasta el día de hoy por parte del organismo persecutor de  la  acción  penal  y  de los cuales da cuenta el documento adjunto a esta acta,  así  como  su  allanamiento,  libre  y  voluntario,  son  el  fundamento  de su  acusación   ante  el  juez de conocimiento y a cambio de ello la Fiscalía  General  de  la  Nación,  a  través  del Fiscal de Conocimiento, siguiendo los  parámetros  del artículo 351 del Código de Procedimiento Penal, le otorga una  rebaja  equivalente  al  CUARENTA  Y CINCO (45%) de la pena a imponer, por tanto  pactan  que  en  definitiva  la  pena principal a la que se verá expuesto, como  consecuencia  de  su  declaración  de culpabilidad, atendiendo la ocurrencia de  circunstancia  de  menor  punibilidad, como lo es la contemplada en el artículo  55.1,  esto  es,  el  de carecer de antecedentes penales, la pena se dosificará  dentro  del cuarto mínimo, por lo tanto será de cuatrocientos doce  (412)  meses  de  prisión,  correspondiendo  el  45%  a  185.4  meses  y  quedando  en  definitiva  la  sanción  en  doscientos  veintiséis meses y dieciocho días de  prisión,  (226.6) lo que es igual a dieciocho (18) años, diez meses y 17 días  de  prisión,  sanción  ésta  que hemos convenido, luego de hacer el descuento  correspondiente  al  mencionado ofrecimiento, la cual impondrá su juez natural,  en  el  evento  de que las halle ajustadas a derecho, sin perjuicio de las penas  accesorias  y  demás  sanciones que por su comportamiento haya lugar a proferir  en  contra  de  sus  intereses  como tampoco de otros  beneficios  que  a  favor suyo consagra nuestro ordenamiento jurídico y que son  del resorte exclusivo del juzgador.   

“En   constancia  se  firma  por  todos  los intervinientes, una  vez leída y aprobada integralmente la presente acta”.   

A     continuación,    en  el acta se relacionan los elementos materiales probatorios, la  evidencia  física y la información legalmente obtenida que la Fiscalía haría  valer  durante  el  juicio,  en  caso  de  no aprobarse el preacuerdo, entre los  cuales  figuran,  la  inspección  técnica  al cadáver, el informe pericial de  necropsia,  entrevistas  realizadas  a los testigos, la respuesta a la solicitud  de  antecedentes  del  imputado  así  como  del  Departamento   de Control  Comercio  de Armas Seccional Cúcuta, el formato de captura, el acta de derechos  del  capturado  y  de  las  audiencias concentradas de legalización de captura,  imputación,  y  medida  de aseguramiento, así como la relación de los nombres  de    los    testigos    que    depondrían    en   el   juicio,   entre   otros  medios.        

Esto    significa   que   RANGEL    COLLANTES    conocía   la  realización  del  concurso  de  conductas  típicamente  antijurídicas  que le  fueron  imputadas,  que  admitía  la  responsabilidad  por  dichos delitos, que  aceptaba  que  se  le  condenara  por los mismos, y que renunciaba al derecho de  tener  un  juicio  público,  oral,  contradictorio,  concentrado  e  imparcial;  también,  a  la  garantía  de  no autoincriminarse, a la facultad de presentar  pruebas  en  su  favor  y  a  controvertir  las  evidencias recaudadas y las que  eventualmente  el  órgano  acusador  pudiera  allegar en su contra; así como a  discutir  el  fallo  en relación con los aspectos voluntariamente admitidos, es  decir,  su  responsabilidad  penal  por  los  cargos  que  les fueron imputados,  a    cambio   de   una   sustancial   rebaja   en  la  pena  para  el  caso  de   que   el  proceso  culminara  por  la  vía  ordinaria,  la cual fue fijada de antemano en el preacuerdo celebrado con la  Fiscalía  y  aprobado  por  el Juez, careciendo, por  tanto,  de  interés  jurídico  para impugnar las sentencias por estos motivos,  pero  manteniendo la posibilidad de controversia, aunque circunscrita eso sí, a  las  decisiones  que  tienen  que  ver con la pena, la forma de su ejecución, y  eventualmente,   la  indemnización  de  perjuicios,  aspectos        que        aquí       no       son       discutidos.      

7.- Si  son  analizados  tanto  individualmente  como  de conjunto los  dos cargos formulados en  la    demanda    presentada    por    el   defensor   del   procesado  CARMEN  ALONSO  RANGEL COLLANTES, claramente se establece que  en  ambos se discute, por  vías    distintas,    la   responsabilidad   penal   del   procesado  en  los  delitos  por  los  cuales  mediante  la  suscripción  de  un preacuerdo con la  Fiscalía,   aceptó   cargos,   a   partir  de  la  afirmación  de  que  no se reunían los presupuestos  establecidos   para   el   escrito  de  acusación,  en  cuanto no contiene una relación clara y sucinta  de    los    hechos    jurídicamente   relevantes,  tras  considerar  que los  hechos  narrados  “son  completamente  dispersos y  confusos” a tal punto que no expresan la tipicidad  y   tampoco  define  las  circunstancias  fácticas  de  las  circunstancias  de  agravación,  condiciones en las cuales no debió aceptar el preacuerdo,  y  que  la  sentencia  carece  de motivación porque omite precisar los fundamentos  fácticos   y   jurídicos   que  la  sustentan,  en  alegación   que   resulta   inaceptable   en  esta  sede,  por  constituir  una  retractación   velada  de  la  aceptación  que  el  imputado  hizo en el curso del proceso, y carecer por  tanto de interés jurídico para hacerlo.    

Exigir,  como  lo  plantea  el recurrente,  que  el  preacuerdo debe reunir todos los requisitos  establecidos   para   la  acusación,   tan   sólo   porque   el   documento  que   lo   contiene  ha  de  ser presentado ante el juez de conocimiento como  escrito  de  acusación,  o  sugerir, como al parecer  lo   hace,   que   en   la  actuación  debe  obrar  prueba  incontrovertible  de  la responsabilidad del  procesado   en   los  hechos  que  sustente  la  imputación  fáctica  y  jurídica,  como  presupuesto  necesario para dictar  sentencia,  no  es  serio,  pues  es  de  obviedad  suma  entender  que si en la  audiencia   preliminar   de   imputación,   o  con  posterioridad        a        ella,  pero  antes de la acusación, se  presenta  acuerdo o aceptación de cargos, la Fiscalía cesa automáticamente en  su  actividad  investigativa, y que la sentencia debe dictarse con fundamento en  la  evidencia  recogida  hasta  ese  momento  y  la aceptación que el    procesado    hace    de    su  responsabilidad,  no  siendo  consecuente,  por  tanto, que la parte propicie la  cesación  de  la  actividad investigativa argumentando que acepta los hechos, y  luego  demande  el  proferimiento  de  sentencia  absolutoria o la nulidad de la  actuación   o   de   la  sentencia  por  falta  de  fundamentación  fáctica  o  jurídica  pretextando  violación   de  garantías  fundamentales  en  la  aceptación  de  los  cargos  formulados    o   errores   en   la   apreciación  probatoria.   

En   el   caso   analizado,   en  el  acta  del  preacuerdo,  la  Fiscalía       presentó       ante      el      juez      de      conocimiento   unos   hechos  y  unos  elementos  materiales  probatorios  legalmente  obtenidos,  como  fundamento  de  la   imputación  por  los  delitos de homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de  armas de fuego. No se  trataba,  desde  luego,  de evidencia cierta e inequívoca de la responsabilidad  del  detenido  en  dicho  concurso  de  delitos,  dado  el precario estado de la  investigación,  pero  sí  de  elementos  de  juicio  suficientes  para inferir  razonablemente  que  podía estar incurso en el mismo, y por tanto, de evidencia  jurídicamente  apta  para  acusar  y dictar sentencia de aceptarse el    acuerdo,    como    finalmente  aconteció.  De suerte que, su desconocimiento sobre la base de que no   se  expresaron  con  claridad  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos     de     la    acusación,    deviene  impertinente,  resultando inadmisible la censura que  por  la  vía de la violación indirecta     de    la    ley    el                  libelista                  formula.        

8.-  De  otra  parte,  si  bien  el  demandante sostiene que se configuró la violación del debido  proceso  “y  de  contera, en expresa violación al  derecho  de  defensa”,  en  razón  a  que, según  aduce,   el             profesional   del  derecho  que  anteriormente  asistió        al        imputado,  no   desempeñó   adecuadamente    su    misión    que    le    fue  encomendada,    toda    vez    que    en  las  audiencias  preliminares “no  estuvo   atento   y  no  ejerció  ninguna  acción  dirigida  a  garantizar  la  preservación   de   los   derechos   procesales   y  de  defensa”  que  amparaban  a su representado, es  lo  cierto  que  en  realidad  su  discrepancia  con  el fallo no se funda en la  denuncia  de  una concreta irregularidad trascendente que vicie de ineficacia lo  actuado,  sino con el sentido de la decisión adoptada por la segunda instancia,  tan   sólo   porque   no   se   le   dio   la   razón   cuando   recurrió  en  apelación.   

Tanto  es esto, que a la mejor manera de un  alegato  de  instancia,  y con absoluta prescindencia de los términos en que se  pronunció  el  Tribunal  al  resolver  la  nulidad que se le planteó cuando la  defensa  sustentó  el  recurso de apelación, se dedica a descalificar sin más  la  actuación  del  defensor  que  asistió  al  acusado durante las         audiencias            preliminares  de    legalización   de   captura,   formulación    de    imputación   e  imposición  de medida de aseguramiento, y     posteriormente     de     aprobación    del    acuerdo    ante    el    juez    de  conocimiento,   pero  sin  darse  a la tarea de  refutar,  como era su deber, los precisos y certeros términos en que respondió  el  Tribunal  los  reparos  formulados  al  fallo de  primera   instancia,  y  sin  acreditar  de  manera  objetiva,  cómo,  de  haber actuado el profesional del derecho en la forma como  al  parecer lo sugiere, el  sentido   de   la   decisión   o   la  suerte  del  proceso              habrían       sido      sustancialmente  distintos.   

Al  efecto  pertinente  resulta  traer  a  colación,  cómo  en  lugar  de acreditar que su asistido estuvo desprovisto de  asistencia       técnica       durante       la  actuación,   se  dedica  a  expresar  críticas   generales  a  la  actuación  del  anterior  defensor,  y  a sugerir,  mas  no a demostrar, que aceptó por  error  su  responsabilidad  penal en los hechos jurídicamente relevantes que le  fueron imputados.   

Para  que  la  censura  por  violación del  derecho  de  defensa  técnica tuviera alguna viabilidad en sede extraordinaria,  el demandante tenía que  demostrar  que  el  enjuiciado  careció  totalmente  de  asistencia profesional  durante     el    trámite    procesal  por  falta  de  designación  de un abogado, o que pese a contar  nominalmente  con  uno, el profesional encargado de su ejercicio desatendió por  completo    los   deberes   que   el   cargo   le   impone,   generando  una situación de desamparo total  frente  a  la  parte  acusadora,  y  no dedicarse a cuestionar la gestión de su  antecesor    bajo   el   supuesto   indemostrable   de   que   si   el ahora recurrente hubiera actuado en  las audiencias preliminares o la de verificación de  legalidad    del   preacuerdo   suscrito   con   la  Fiscalía,  la  suerte  del  procesado  habría sido  diversa.   

En  este  sentido,  y a fin de hacer    evidente   la   falta    de    sustento    y   razón  en  la  protesta,  debe  connotarse   que   en   la  audiencia  de   verificación  de  la  legalidad  del  preacuerdo,   una   vez   leído  el  documento  respectivo  y  formulada la imputación, el juez  preguntó      al     procesado     si     había  entendido    los    términos   de   lo  acordado  con la Fiscalía y si aceptaba su responsabilidad por  los  cargos que le fueron  formulados, y después de  verifica   el   pleno   uso  de  las  condiciones  y  facultades  mentales  del imputado  y  que estuviera debidamente asesorado por su defensor, decidió  impartirle  aprobación,  sin  que  la  defensa  o el Ministerio Público dejara  constancia   alguna  en el sentido de habérsele  violado  alguna  garantía fundamental, sin que ahora  pueda  juzgarse  su  actividad,  de  cara a los resultados del   proceso,  finalmente plasmados en la  sentencia.   

           

Ahora,     que     el    anterior  defensor hubiere aconsejado  al  imputado  que  no  se  allanara  a cargos o que no  recurriera  la medida de  aseguramiento,   no   significa   que  el   profesional   del  derecho  cuya  gestión  el  recurrente  inopinadamente   ahora  censura,  por  haber  adoptado   una   actitud   pasiva   pero  vigilante  frente  al  deber de protección de los intereses de  su  representado, haya violado el derecho de defensa  técnica,   pues   las  constancias       procesales       dan   cuenta   que   en  la   parte   relevante   del  proceso,  esto  es  en  la  que tiene que ver con suscripción               del              preacuerdo, participaron la Fiscal, el imputado,  su  defensor,  así  como  la  víctima  y  el  representante  de ésta, quienes  igualmente  hicieron  presencia en la audiencia de verificación de la legalidad  del  preacuerdo  a  la que también      concurrió     el     Ministerio    Público,    con  lo  cual  el  presunto  vicio,  cae  en el vacío,  pues  la actuación se llevó a cabo con total transparencia, y  respetando siempre las garantías de todas las partes.   

    

El recurrente en  casación  no  toma  en  cuenta,  que  la  jurisprudencia  se ha orientado por indicar que el defensor, sea  de  confianza,  de  oficio  o  vinculado al servicio de defensoría pública, en  ejercicio  de  la  función de asistencia profesional, goza de total iniciativa,  pudiendo  intervenir  en el juicio oral de la manera que considere pertinente, y  que  no por estar en desacuerdo con la estrategia asumida, o haber sido adversos  los  resultados  del  juicio,  hay  lugar  a  sostener que el derecho de defensa  técnica  ha  sido  violado  por ausencia de defensor idóneo, pues la ley no le  impone  al  abogado  derroteros  en  torno  a  la estrategia, contenido, forma o  alcance  de  sus  propuestas,  ni la aptitud de estas gestiones se establece por  los        resultados        del       debate9.   

            

La  Sala  no puede dejar de insistir en que  el  demandante nada dice  sobre  las  motivaciones  que  tuvo  el  Tribunal  para  denegar  la pretensión  anulatoria  de  lo  actuado  por  lo  que  consideró  violatorio del derecho de  defensa  técnica,  y  al  no  hacerlo  deja  incólume  la doble presunción de  acierto   y   legalidad   en   que   se   amparan   las  sentencias  de  segunda  instancia.   

9.-  Para mayor  ilustración  de  lo  que  viene  de  exponerse,  basta con traer a colación el  siguiente   aparte   del   fallo   de   segunda  instancia  y  que  el  demandante  no se da a la tarea de  controvertir:   

“Verificado  entonces  el  acuerdo,  tal como lo hizo el juez A-quo, encuentra la Sala, desde  ya,  que en efecto la negociación adelantada entre imputado y Fiscalía, con la  presencia   del   defensor,  cumple  con  toda  la  requisitoria  legal,  amén,  obviamente,  de  que no aparece que se hubiera violado algún principio legal, o  algún  derecho  fundamental al imputado, tal como en este último sentido alega  el  defensor  contractual  que,  en síntesis, como antes se dejó sentado en el  acápite  respectivo,  dice  que  el  debido proceso, por una parte, se vulneró  porque  no  se expresaron concretamente, ni fácticamente, ni jurídicamente las  causales  de  agravación  del  homicidio  perpetrado y, ni siquiera se adujo su  descripción  típica;  como  igual  sucedió  con  el  otro  ilícito  imputado  –y aceptado-, el porte  específico  de  un  arma  de  fuego; lo cual no es cierto, ya que en el Acta de  Preacuerdo,   claramente  se  expresó  que  el  delito  principal  era  el  de  Homicidio  Agravado  conforme los numerales 6 y 7 del  artículo  104  del  Código  Penal,  y  el de Fabricación, Tráfico y Porte de  Armas  de  Fuego  o  Municiones,  de  que trata el artículo 365 ibídem; para a  continuación  dejarse  constancia  de  la  asistencia  del  defensor  público,  abogado  (…) y del allanamiento de tales imputaciones precisadas en desarrollo  de   la   audiencia   preliminar   de  imputación  celebrada  ante  el  Juzgado  Segundo Penal Municipal,  de  manera  libre  y  voluntaria, otorgándose una rebaja acordada del 45% de la  pena  a  imponer,  partiéndose del mínimo de las penas previstas al no existir  constancia  de  antecedentes  penales;  fijándose una sanción definitiva de 18  años,   10   meses   y   17   días   de  prisión,  fuera  de  las  accesorias  correspondientes.  Sanción  ésta  que  inclusive  no  es  objeto  del  recurso  interpuesto  y  que  fue  aceptada  sin  reparo  alguno  por  todos  los sujetos  procesales,  tal como aparece en el acta suscrita por la Fiscal, el Imputado, el  Defensor y la compañera de la víctima.   

“Por  otro aspecto, tampoco emerge que el  derecho  a una defensa técnica haya sido conculcado porque el defensor público  en  su  momento  no  haya  apelado  la  legalización de la captura; o porque en  principio  no  hubiere  propuesto  el  preacuerdo, el cual según lo consigna el  actual  defensor,  provino  al  parecer  del  propio  imputado,  sin  que por el  defensor  se  hiciera  un  análisis  de las pruebas  debatidas,  afirmaciones que aunque tratan de demeritar la actitud de aquél, no  tienen  fundamento  concreto  alguno, menos cuando no aparecen indicativos sobre  la  viabilidad  seria  acerca del uso de los expresados medios defensivos, menos  cuando  la  imputación  no  resistía  el menor enfrentamiento, como tampoco la  captura;  y  sobre la aceptación de cargos, proviniere de donde fuere, se tiene  que  fue  con  la  voluntad  libre,  consciente y ajena de cualquier apremio del  imputado,  en  presencia  de  su  defensor,  amén  de que el juez, insistente y  repetidamente,   le   explicó   su   alcance,   como   quedó  en  el  acta  de  negociación”.   

10.- Sin llegar,  entonces,  el recurrente a  demostrar  que  evidentemente  la  garantía  a  que alude en la demanda ha sido  conculcada,     pues     se     limita     a     sugerir     que    el  anterior  defensor  del  procesado  adoptó    una    actitud   pasiva   toda   vez   que   no   pidió  pruebas,    pero    sin    saberse    el   exacto   contenido  de  los  medios  ni  la incidencia que  eventualmente  tendrían  en  el  sentido  del  fallo,  y  que  no recurrió la  medida   de   aseguramiento  como  muy  seguramente   lo   habría   hecho  el  casacionista  si  hubiera  estado  al  frente  de la  defensa,  resulta  manifiesto  que  el  reparo  que  propone  queda  sin  demostración,  pues al sustentarse en meras conjeturas, se  ofrece  sustancialmente  incompleto,  por  ende  inidóneo  para los propósitos  perseguidos en la demanda.   

Lo  que  se  advierte  en  últimas,  es la  divergencia  de criterios del recurrente con la actividad del defensor realizada  durante   las  audiencias  preparatorias,  pero  sin enunciar expresamente, tampoco demostrar, la concreta  configuración  de  un  desacierto  que diera lugar al desquiciamiento del fallo  por  desconocimiento  de  la  defensa técnica, lo que impide que la demanda sea  admitida  al  trámite para el estudio de mérito de la censura que propone, sin  que  en  este  caso  resulte necesario superar sus defectos para cumplir con los  fines de la casación mediante la emisión de un fallo de fondo.   

   

11.- En   síntesis,  la  demanda  estudiada  no  cumple  las  exigencias  mínimas  legal  y  jurisprudencialmente  establecidas para su estudio de fondo.  Por  tanto, se la inadmitirá y se ordenará la devolución del diligenciamiento  al  Tribunal de origen, de conformidad con lo previsto en el artículo 184 de la  Ley  906 de 2004,  pues no se advierte la necesidad de superar sus defectos  de  forma  y  contenido para la realización de los fines de la casación, ni la  violación  de  garantías  fundamentales  que  la  Corte  esté  en el deber de  proteger de manera oficiosa.   

12.-  Contra  esta  decisión procede el  mecanismo  de  insistencia  por  parte  del  demandante,  de  conformidad con lo  establecido  en  el  artículo  184  inciso  segundo ejusdem, en la oportunidad,  forma   y   términos   precisados  por  la  Corte10.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de    casación    presentada    por   el  defensor  del acusado CARMEN  ALONSO  RANGEL  COLLANTES, por  las razones expuestas en la motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal del origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                             JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cfr. auto de casación del 5 de diciembre de 2007. Rad. 28653.   

2 Ley  1395  de 2010. Art. 98. “El artículo 183 de la Ley 906 de 2004 quedará así:   

“Artículo 183. Oportunidad.  El  recurso se interpondrá ante el Tribunal dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  última  notificación y en un término posterior  común  de  treinta (30) días se presentará la demanda que de manera precisa y  concisa señale las causales invocadas y sus fundamentos.   

Si  no  se  presenta  demanda  dentro  del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso de reposición”.   

3  Cfr.   por  todos,   auto  de  casación  de  9  de  junio  de  2008.  Rad.  29019   

4  Cfr. Auto casación de 26 de septiembre de 2007. Rad. 28053.   

5  Cfr. Auto casación de 11 de abril de 2007. Rad. 26645   

6  Casación  15488  de  16  de julio de 2001 y Casación 24026 de 20 de octubre de  2005.   

7  Artículo  37 B numeral 4° del Decreto 2700 de 1991, artículo 40 de la ley 600  de 2000 y 293 de la ley 906 de 2004.   

8  Cfr. por todos, auto de casación de junio 9 de 2008. Rad. 29092   

9  Cfr. Casación de junio 13 de 2002. Rad. 11324   

10  Casación 24322. Auto de 12 de diciembre de 2005.     

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