36324(04-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

                            Magistrado Ponente   

                            EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER   

                            Aprobado Acta No. 404   

Bogotá,  D.  C.,  cuatro   (04)   de   diciembre   de  dos  mil  trece  (2013)   

ASUNTO  

Resuelve la Sala el recurso extraordinario de  casación  que  presentó  el  apoderado  de HAROLD WILLIAM PEJENDINO MADROÑERO  contra  la sentencia proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cundinamarca,  mediante  la  cual  confirmó  la  pena principal de 480 meses de  prisión  y  5.200  salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa que le  impuso  a  dicha  persona el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de  Cundinamarca    por   los   delitos   de   homicidio  agravado,   desaparición  forzada,  secuestro  simple  agravado,   desplazamiento  forzado  y  concierto  para  delinquir agravado.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  RELEVANTE   

1. Los hechos materia  de   imputación   fueron   descritos   por   las  instancias  de  la  siguiente  manera:   

“Durante  el  primer  semestre  del  año  2003,  hizo  presencia  en  el  municipio de Viotá  [Cundinamarca] un grupo de  personas    que    se    presentaron   como   miembros   de   las   ‘autodefensas     campesinas    del  Casanare’,   del  cual  hacía  parte  HAROLD  WILLIAM  PEJENDINO  MADROÑERO,  sargento  del  Ejército  Nacional  adscrito  al  Batallón  Colombia  28  Aerotransportado y comandante y  subcomandante  del  Pelotón  Cometa  4, que tenía como objetivo asesinar a los  presuntos  colaboradores  de  la  guerrilla  y  personas  que  tuviesen ideas de  izquierda,  por  lo  que,  con lista en mano, cometieron una serie de homicidios  atroces  contra  varios  ciudadanos  de esa región, entre ellos, Wilson Duarte,  Luis  Eduardo Micán Tarquino, Miriam Clavijo, Antolín Viracacha, Édgar Rubio,  Gonzalo  Peña,  José  Gómez, José Leopoldo Sánchez, Agustín Vargas, Adelmo  Sánchez,  Ernesto  García  y  Jairo  Humberto  Ochoa, personas estas a quienes  sacaron  de  sus  residencias  y  posteriormente  asesinaron. Obra dentro de las  diligencias  que  a los tres primeros los desmembraron y los decapitaron creando  así zozobra en toda la provincia.   

”Igualmente, el  grupo  al  margen  de  la  ley desapareció forzadamente a Israel García, José  Ananías   Mora,   Noelia   Aguirre,  Alejandro  Izquierdo  y  Arturo  Pedreros,  secuestró  a la menor D.J.Z. y produjo el desplazamiento de cientos de personas  a  la cabecera municipal, quienes llegaron a Viotá procedentes de las veredas y  atemorizadas  con  la  situación  que  se  estaba viviendo en zona rural de esa  región”1.   

2.  Por lo anterior,  la  Fiscalía General de la Nación ordenó la apertura del proceso, vinculó en  indagatoria  a  HAROLD  WILLIAM  PEJENDINO MADROÑERO, le definió la situación  jurídica  imponiéndole  medida de aseguramiento de detención preventiva en su  contra  y,  una  vez cerrada la investigación, calificó el mérito del sumario  el  21  de  diciembre  de  2005,  acusándolo  por  las  conductas  punibles  de  homicidio   agravado   (en  concurso        homogéneo),       desaparición  forzada,  secuestro  simple  agravado,   desplazamiento  forzado  y  concierto  para  delinquir   agravado,  según  lo  dispuesto  en  los  artículos  104  numerales  2,  4,  6  y 7, 165, 168, 170 numerales 1 y 2, y 340  inciso 2º de la Ley 599 de 2000, actual Código Penal.   

Dicha resolución quedó ejecutoriada el 14 de  enero  de  20062.   

3.   Asumió  el  conocimiento  de  la  etapa  siguiente  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito  Especializado  de  Cundinamarca,  despacho  que  condenó  al  procesado por los  delitos  atribuidos  a  480  meses  (o  40  años)  de prisión y 5.200 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  de multa, así como a la accesoria de 20  años  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas.  Igualmente,  ordenó  el  pago  de  perjuicios derivados de la ejecución de las  conductas  punibles  y le negó cualquier mecanismo sustitutivo de la ejecución  de la sanción privativa de la libertad.   

4. Impugnado el fallo  por  la  defensa,  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca lo  confirmó en los aspectos materia de debate.   

5.   Contra   la  decisión  de  segunda  instancia,  el  apoderado  de  HAROLD  WILLIAM PEJENDINO  MADROÑERO presentó el recurso extraordinario de casación.   

La  Corte  declaró  ajustada  a  derecho  la  demanda,  razón por la cual la representante del Ministerio Público emitió el  concepto respectivo.   

LA DEMANDA  

1.  Al amparo de la  causal  tercera del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal, propuso el  recurrente  dos  cargos,  uno principal y el otro subsidiario, ambos por haberse  dictado  el  fallo  de  segunda  instancia  en un juicio viciado de nulidad. Los  desarrolló de la siguiente manera:   

1.1.  Primer    cargo.    Falta   de   defensa   técnica.   Durante  la etapa instructiva, el abogado de confianza del sindicado  renunció  el 11 de octubre de 2005. La Fiscalía, al día siguiente, dispuso no  aceptarla  hasta cuando se designara un nuevo defensor por parte del procesado o  se  nombrara  uno  de oficio. Luego de esta actuación, sin que se haya resuelto  algo  en  uno  u otro sentido, fueron practicados nueve testimonios, se declaró  el  cierre  de  la investigación el 3 de noviembre de 2005 y el 21 de diciembre  de ese año fue proferida la acusación.   

El  6 de enero de 2006, el abogado que había  renunciado  fue  a  la secretaría del organismo instructor a reiterar que ya no  era  el  defensor  del procesado y no quiso notificarse del pliego de cargos. El  13  de marzo de 2006, se le expidieron copias a un nuevo abogado de confianza y,  el  24  de  agosto  siguiente,  el  expediente  fue  remitido  al reparto de los  juzgados.   

En  este  orden  de  ideas,  HAROLD  WILLIAM  PEJENDINO  MADROÑERO  careció  de  defensa  técnica  desde la renuncia (11 de  octubre  de 2005) hasta el día en el cual se realizó la audiencia preparatoria  (20  de noviembre de 2006). Dicha ausencia fue transcendente, porque durante ese  lapso   fueron   adelantadas  actuaciones  importantes  (declaraciones,  cierre,  calificación)  en  las  cuales la inactividad del abogado jamás hubiera podido  catalogarse  de estrategia defensiva. Hubo entonces falta absoluta de asistencia  letrada.   

1.2. Segundo cargo.  Violación  del  debido  proceso.  Se omitió notificar  personalmente  al  defensor  del  pliego  de  cargos.  En  este  asunto, ante la  renuencia  del abogado de confianza del procesado, la Fiscalía no designó a un  defensor  de  oficio  para  que  se enterara de forma personal de la resolución  acusatoria  y,  en  cambio,  procedió  a  notificar  dicha providencia mediante  estado.  Se desconoció, por consiguiente, lo preceptuado en el artículo 396 de  la  Ley 600 de 2000, de suerte que jamás se produjo la ejecutoria del llamado a  juicio.   

2.  En consecuencia,  solicitó  a  la  Corte,  en  lo atinente con el primer cargo, casar el fallo de  segunda  instancia  y declarar la nulidad de todo lo actuado desde el momento de  la  renuncia  del  defensor. Y, en lo relativo al reproche subsidiario, casar la  sentencia  recurrida  para  decretar  la  invalidez  del  proceso a partir de la  notificación de la resolución acusatoria.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

1.  La representante  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación  se opuso a las pretensiones del  demandante. Al respecto, indicó lo siguiente:   

1.1. Primer cargo.  La  Fiscalía  le  comunicó  tanto  al  defensor  de  confianza  como  al  procesado  de  la  resolución  de  aceptar la renuncia del  apoderado  sólo  cuando  se  posesionara  otro  profesional  que garantizara el  derecho  de  defensa  técnica.  Lo  ideal  hubiera sido aceptar la renuncia del  abogado,  correrle  traslado  al procesado y designar un defensor de oficio ante  su  eventual  silencio,  de  acuerdo  con  lo  señalado  en el artículo 69 del  Código  de  Procedimiento Civil, norma aplicable según la jurisprudencia de la  Corte en estos asuntos.   

Condicionar la aceptación de la renuncia del  asistente  letrado,  sin  embargo, no tuvo efectos negativos frente al ejercicio  del  derecho  de  defensa,  pues  el  abogado  tenía  el  deber legal de seguir  ejerciéndola  hasta  cuando  fuera  aceptada  aquella,  conforme  a  la aludida  disposición.  Y su inactividad hasta que fue nombrado un nuevo defensor tampoco  afectó  la  aludida  garantía,  en  la  medida  en  que el vacío defensivo no  resultó  ostensible  o  manifiesto,  ni  le  ocasionó un perjuicio concreto al  procesado.   

1.2.   Segundo  cargo.  La  acusación  se  le  notificó al procesado  personalmente.  El  entonces defensor recibió la comunicación de la Fiscalía,  pero  se  negó  a  notificarse  del  llamado  a  juicio.  Por  lo  anterior, la  resolución  fue notificada mediante estado, que fue desfijado el 11 de enero de  2006.  Por  lo tanto, el ente instructor cumplió con el trámite previsto en el  artículo   396   del   Código  de  Procedimiento  Penal,  según  el  cual  la  notificación personal debe efectuarse al acusado o a su defensor.   

2.  En este orden de  ideas,  solicitó  a  la  Corte  no  casar  el  fallo materia del extraordinario  recurso.   

CONSIDERACIONES  

1.  Cargo  principal. Violación del derecho  de asistencia letrada   

1.1. El  artículo 29 de la Constitución Política consagra, a favor de  toda  persona  a  quien  en  materia  penal  se  la  sindique  por un delito, el  “derecho  a  la  defensa  y  a  la asistencia de un  abogado  escogido  por  él,  o  de  oficio,  durante  la  investigación  y  el  juzgamiento”   

A  su  vez,  el  artículo  8 de la Ley 600 de 2000, Código Procesal Penal aplicable al presente  asunto,  establece  que  “[e]n  toda  actuación se  garantizará   el   derecho   de   defensa,   la   que   deberá  ser  integral,  ininterrumpida, técnica y material”.   

Dicho  precepto,  según el artículo 24 del  mismo  estatuto, es, en tanto norma rectora, de carácter obligatorio, prevalece  sobre  cualquier  otra  disposición  del  código  y debe ser utilizado        como        fundamento  interpretativo.   

La Sala, acerca de  la   defensa  técnica,  o  derecho  de  asistencia  letrada,  ha  dicho  que  la  violación  de  esta garantía se presenta  cuando  el  procesado  carece de un abogado que lo represente. Y así mismo si el profesional  del  derecho,  ya  sea  de  confianza o nombrado de oficio, abandona su gestión  defensiva durante el transcurso del proceso   

“[C]oncretamente  frente   al   derecho   de  defensa,  ha  sostenido  la  Sala  que  su  vulneración  deviene  en  inobjetable  cuando  el procesado ha  permanecido  desprovisto  de  ella durante la actuación procesal, esto es, ante  la  absoluta falta de defensa técnica, que bien puede  presentarse  porque  no  habiendo  designado  defensor  de  confianza  el Estado  permaneció  indiferente ante dicha situación, absteniéndose de proporcionarle  uno  que  asuma  la  protección  de  sus  intereses.  También  cuando  a  pesar  de estar dotado formalmente de un defensor, éste ha  desatendido  por  completo  los deberes que el cargo le impone, abandonando a su  propia   suerte  a  quien  debe  asistencia  técnica,  al  punto  que  aparezca  ostensible  que  no  actuó  o  que  estratégicamente  tampoco ejerció ningún  control  o  vigilancia  sobre  el  proceso para que al final el fallo de condena  hubiere    podido    evitarse,    o    por    lo   menos   atenuarse”3.   

No    obstante,   igualmente    ha    precisado    la   Corte   que  la  ausencia  de  defensor  o    el   abandono   de  la  gestión   sólo  son  susceptibles    de    invalidar    la    actuación  procesal  cuando  en  las  circunstancias    particulares    del    caso    concreto    terminan     siendo    relevantes:   

“[S]i  en  un  momento  determinado  el  procesado  dejó de tener asistencia técnica, ello no  significa  que  la  actuación  así  cumplida  devenga en ineficaz por ese solo  motivo,  ya  que  en  virtud  del  principio  de  trascendencia  que  orienta la  declaración   de   nulidades,  sólo  si  la  irregularidad  afecta  de  manera  irreparable   las   garantías  del  sujeto  procesal,  o  desconoce  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción  o  el  juzgamiento,  resulta  inevitable su  criterio.   

”Tal posición  encuentra  arraigo  en  que  si  la irregularidad es oportunamente corregida, de  manera   que   el  abogado  designado  pueda  ejercer  adecuadamente  los  actos  defensivos  que pudo haber realizado durante el tiempo que el procesado careció  de  defensa técnica, debe entenderse que el derecho no ha sido conculcado o que  se  ha restablecido, pues ningún sentido tendría invalidar el proceso para que  la   defensa   vuelva   a   tener   una   oportunidad  que  ya  tuvo”4.   

En  cuanto  al  trámite  de  la    renuncia    del    defensor  de  confianza,  es  aplicable,  en  virtud  del principio de  integración  de  que  trata la norma rectora contenida en el artículo 23 de la  Ley  600 de 20005,  el  inciso  4º  del  artículo  69  del Código de Procedimiento  Civil   (o   de   los   Decretos   1400  y  2019  de  1970),  modificado  por el  artículo  69  del  Decreto 2282 de 1989, que dice:   

Artículo     69-.     Terminación  del  poder.  […]  /  La  renuncia  no  pone  término  al  poder  ni  a la sustitución, sino cinco días  después  de  notificarse  por  estado  el auto que la admita y se haga saber al  poderdante  o sustituidor por telegrama dirigido a la dirección denunciada para  recibir  notificaciones personales, cuando para este lugar exista el servicio, y  en  su  defecto  como  lo  disponen  los  numerales  1º  y  2º  del  artículo  320.   

Con fundamento en  esta   disposición,  la  Sala     ha    entendido    que    “la  simple  expresión del mandatario de renunciar al encargo, por  sí  misma,  no  puede entenderse como productora de efecto alguno, toda vez que  las  responsabilidades y representación no culminan sino hasta que la autoridad  judicial         haya         expresado        su        aceptación”6:   

“En cuanto a  la  afirmación  que  hace  el  casacionista,  en el  sentido  de  que  el  artículo 69 del C. de P. Civil no es aplicable al proceso  penal  y  que  cuando el profesional del derecho renuncia al mandato abandona la  defensa,  por  lo que debe procederse, inmediatamente, a aceptarla y a notificar  con  prontitud al sindicado para que designe un nuevo defensor o si no lo nombra  designarle  uno  de  oficio,  ninguna  razón  le  asiste,  ya  que  al no estar  expresamente  regulada  esta materia es aplicable el artículo 69 mencionado, al  tenor  del  artículo  21 del C. de P. Penal, y, además, porque tal precepto se  aviene  a  la naturaleza del proceso penal y de la garantía de la defensa, como  quiera  que  con  él  se  cumple  el postulado de que la defensa debe ser real,  permanente  y continua, imponiéndole al abogado la carga de seguir al frente de  ella  hasta  cuando  se  acepte  y  corra  un término prudencial, que la ley ha  fijado  en  5  días,  para  que  se  proceda  a  su  reemplazo,  sin  que  tampoco  con  ello  se  afecte  el  derecho al trabajo del  abogado,  sino  que  obedece,  como  señala  el Delegado, al cumplimiento de la  función   social  de  la  profesión”7.   

En  razón  de  esta  postura,  la Corte ha  considerado   que  no  existe  una  vulneración  trascendente  del  derecho  de  asistencia  letrada  cuando el defensor del procesado presenta renuncia al poder  y  “tal  dimisión  no  fue comunicada a éste, ni  hizo  pronunciamiento  alguno  el  instructor  acerca  de  la  misma”8:   

“Para  el  presente   evento,   y   con   sujeción  al  mencionado  precepto  [artículo  69  del  Código  de  Procedimiento Civil],  el abogado que asistió al procesado  como  defensor  desde  la  indagatoria  no quedó relevado de tal encargo con la  presentación  de  la  renuncia,  toda  vez que como la misma no fue aceptada su  mandato  se  extendió  hasta  el 18 de junio de 2002, fecha en la que el fiscal  designó en su reemplazo un abogado de oficio.   

”En  segundo  lugar,  si  alguna  duda  quedara  en  cuanto  a la preservación del derecho de  defensa  técnica  del procesado en el lapso comprendido entre la renuncia de su  primer  defensor  y  la  posesión del que de oficio designó la Fiscalía, bien  porque,  en  gracia  de  discusión,  se  acepte  que  cinco  días  después de  presentada  la  declinación  se entendía la cesación del mandato, o ya porque  atendida  la  circunstancia  de  que el instructor no comunicó al interesado la  dimisión  del  encargo  ni  se  pronunció acerca de tal renuncia, lo cual pudo  determinar  la  pasividad  o  inercia  del  primer  defensor  por  la equivocada  convicción   de   sentirse   liberado   de  sus  responsabilidades,  la  revisión  de  lo  actuado  despeja cualquier prevención al  respecto”9.   

Adicionalmente,  ha  dicho  la Sala que una  pretermisión  en  tal  sentido continúa siendo irrelevante aun en el evento de  que  la  renuncia  del  abogado,  no  comunicada  al  defendido,  abarque  desde  poco  después  de  proferida  la  definición de la  situación    jurídica    hasta    la    emisión    de   la   resolución   de  acusación:   

“En estricto  sentido  jurídico,  cabe  precisar,  no  puede aducirse que el procesado estuvo  huérfano  de defensa durante el lapso al cual se hace relación, sencillamente,  porque  la  sola renuncia al cargo, sin la consecuente respuesta del funcionario  aceptándola   o   negándola,   no  constituye  circunstancia  que  faculte  la  separación  de  la misión encomendada al profesional del derecho, como así lo  ha  venido  sosteniendo  la Sala, por remisión a la  normatividad que regula el procedimiento civil.   

”Para  los  efectos  legales,  entonces,  el acusado sí estuvo representado por un defensor  idóneo,  el  cual  lo  acompañó  en  la diligencia de indagatoria y solicitó  copia  de  algunas piezas procesales, hasta que el acusado decidió remplazarla,  una  vez  proferido  el  auto de llamamiento a juicio, y asumió otro abogado, a  quien se notificó la resolución acusatoria.   

”Si se dijera,  por  otra  parte,  que  la  primera de las defensas no se ejerció materialmente  después    de    emitirse    el    auto    resolutorio   de   la   situación      jurídica      del      procesado      –cuando     se     presentó     la  renuncia–, o de ella es  posible  advertir  inactividad  de la función, es necesario precisar, en primer  lugar,  que  la  omisión no tuvo lugar durante toda la instrucción,  como  lo  sostiene  el censor en el epígrafe del primer cargo,  sino  apenas  durante  un  lapso  que  va  desde la resolución de la situación  jurídica  hasta  la  notificación  del  auto  de  llamamiento  a juicio; y, en  segundo  término, que la posibilidad de decretar la nulidad nace, en este caso,  de  que  se  demuestre  cabalmente  el daño que produjo la inactividad en cita,  verificando  qué  fue  lo  que  dejó de hacer el defensor en pro del acusado y  cómo  ello  incidió en la decisión condenatoria que se controvierte a través  del       mecanismo       excepcional      de      la      casación”10.   

El  fundamento  para  considerar  que  el  abandono    por    parte   del   profesional   del  derecho        que        renunció     no     lesionó  el  derecho  de  defensa,  según el  aludido    precedente,  consistió     en     señalar    que   el   daño  ocasionado   durante   las   actuaciones   procesales  adelantadas  con  tal  situación   irregular  fue  irrelevante:   

“En  este  sentido,  ya  suficientemente  tiene  decantado  la Corte que la prosperidad del  cargo  que  remite  a  la  ausencia  de  defensa  técnica o su abandono demanda  demostrar  efectivamente  causado  un  daño trascendente, de tanta singularidad  él  que  necesariamente incidió en el fallo, a la manera de entender, por vía  contraria,  que  de  haber  contado  con  un  profesional del derecho ejerciendo  eficientemente  su  labor  en  ese  preciso momento procesal, el resultado final  hubiese  sido  otro, dígase la absolución, o cuando  menos una atemperación de la responsabilidad penal.   

”Al efecto, la  Corte  ha  establecido  de antaño, pacíficamente, que únicamente en los casos  en  los  cuales  el  abandono  defensivo  operó  durante una etapa completa del  proceso,  dígase  la  instrucción  o  el  juicio,  se determina automática la  nulidad,  dado  que una tan profunda carencia representa clara violación de las  mínimas  garantías  procesales  y  ostensible quebrantamiento de la estructura  misma  de  la  actuación  penal.  En  los  demás  casos,  cabe  agregar, dando  cumplimiento  al  principio  de  trascendencia,  es  menester demostrar efectiva  afectación  del  derecho  de  defensa  para  que  tenga  eco  la  solicitud  de  nulidad”11.   

Este criterio, según el cual el abandono de  la  gestión  que  no  comprende  toda una etapa procesal debe ser trascendente,  figura  en  fallos  como  el  de  12  de  octubre de  2003:   

“[L]a defensa  como  unidad, para que pueda entenderse garantía constitucional, debe ser real,  permanente  y  continua  tanto en la investigación como en el juzgamiento, esto  es,   durante   todo   el   trámite  procesal,  ya  que  sin  posibilidades  de  contradicción  no es posible concebir legítimo hoy día el proceso, reitera la  Sala.  Pero  ello no significa que si se ha dejado de  tener  en un determinado momento la actuación así cumplida, o la subsiguiente,  resulte  ser  por  ese  solo  motivo  ineficaz,  pues en virtud del principio de  trascendencia  que  orienta  la declaratoria de nulidades, sólo si la anomalía  afecta  realmente  las  garantías  de  los  sujetos procesales, o desconoce las  bases   fundamentales   de   la   instrucción   o  el  juzgamiento,      su      declaración      deviene     inevitable”12.   

Así mismo, en la sentencia de 8 de octubre  del mismo año:   

“Distinto de  la  estrategia  defensiva es el abandono del encargo. La primera presupone actos  positivos  de  gestión  o  una actitud expectante frente al tracto procesal. La  segunda,  ausencia absoluta de actividad defensiva, e indiferencia por la suerte  del  proceso.  Frente  a  la  primera  hipótesis, cualquier ataque o crítica a  posteriori  orientada  a  obtener la nulidad de lo actuado, sobre el supuesto de  que  la estrategia fue incorrecta, resultará impertinente. Frente a la segunda,  en  cambio,  habrá lugar a demandar la nulidad del proceso por falta de defensa  técnica  cuando  la  ausencia  del  defensor  haya  comprendido  toda  la  fase  instructiva,  o  todo  el juzgamiento, o cuando siendo temporal haya afectado el  derecho   de  defensa  del  procesado”13.   

1.2. En el asunto  que  concita  la atención de la Sala, HAROLD WILLIAM  PEJENDINO   MADROÑERO  fue  vinculado  mediante  indagatoria  a  la  actuación  procesal   en   diligencia   adelantada   el  12  de  mayo  de  200514.  En esa  oportunidad,  designó  como  defensora  de confianza a Martha Sofía Fernández  Boyacá15,  persona  que  lo representó durante  el acto de sindicación.   

Al  día  siguiente, 13 de mayo de 2005, la  Fiscalía  le  resolvió  la situación jurídica al  procesado,  en  el  sentido  de  imponerle medida de aseguramiento de detención  preventiva16.  De  dicha  providencia,  fue  notificado personalmente tanto el  sindicado17  como  su defensor Félix Orlando Vargas Cubides, a quien el ente  instructor,  en  resolución  de 31 de mayo de 200518,     ya    le    había  reconocido  personería jurídica con el poder otorgado por PEJENDINO MADROÑERO.   

El  11  de  octubre  de 2005, el abogado de  confianza  presentó un escrito en el cual renunciaba  al  mandato, aduciendo no haber recibido pago alguno  por       su       gestión       profesional19.   

La Fiscalía, mediante providencia del 12 de  octubre  siguiente,  dispuso “oficiar al mencionado  profesional  del derecho, informándole que, habida cuenta de los establecido en  el  art.  8  del  CPP,  en  aras  de  garantizar  la  defensa ininterrumpida, se  aceptará   la   renuncia   presentada   una   vez   se   posesione   un   nuevo  defensor”20.   

Así mismo, ordenó comunicarle al procesado  de  “la renuncia de su apoderado judicial para que  manifieste  si  nombra  un  nuevo  defensor  o,  si  es  su  deseo,  el despacho  procederá  a  nombrarle uno de oficio”21.   

Las   respectivas  comunicaciones  fueron  dirigidas   a   la   dirección   del  defensor  de  confianza,  así como al  sitio  en  el  cual  estaba  recluido  el sindicado22.   

A   raíz   de   una   disposición   de   la   Fiscalía   que  databa  desde  el   26   de   septiembre   de   200523,       el   12  y  13  de  octubre  de  ese  año  fueron  practicadas  las  declaraciones  de  Roger  Amed   Zea24,   Carlos   Aníbal   Osorio   Meza25,     Wilson     Suárez  Rico26,   Miguel   Rodríguez   Patalloro27,  Jesús  Alberto  Méndez  Quintero28,     Darío    Bonilla    Mayorga29,     Fáber    Sánchez  Mendivel30,    Nelson    Fernando    Ramírez31   y   Edu   Eliu  Pacheco  Pérez32.   

En      las      respectivas       actas       de      tales      testimonios,   obran   sendas   constancias  del  funcionario     instructor,    según   las   cuales  no  se  hicieron   presentes  “los    señores    defensores,   pese   habérseles   comunicado   la   práctica   de   la  […]  diligencia”33.   

El  3  de  noviembre  de  200534,   la  Fiscalía   decretó  el  cierre  parcial  de  la  investigación  respecto  del  procesado   HAROLD   WILLIAM   PEJENDINO  MADROÑERO.  Dicha  decisión  le  fue  enterada personalmente a  este  último35.  A  su vez, se le envió comunicación al abogado Félix Orlando  Vargas      Cubides      para     lo     propio36.     La     resolución  terminó     siendo  notificada  por  estado fijado el 1º de diciembre de  200537.   

La calificación del mérito del sumario fue  proferida    el   21   de   diciembre   de   200538,  de la cual el acusado se  notificó  de  forma  personal  el  27 de diciembre39.   

El  6  de  enero  de 2006, la asistente del  Fiscal  suscribió  una constancia, en el sentido de que el abogado de confianza  Félix  Orlando  Vargas  Cubides  se  comunicó  con  ella telefónicamente y le  preguntó     por  “el   motivo  por  el  cual,  a  pesar  de  haber  presentado  su  renuncia  desde octubre, se le están  enviando        notificaciones       de       la       calificación”40.    También   obra   en  esa  pieza procesal que la asistente le replicó que  “la    renuncia   en   materia   penal   no   es  automática”41  y  que,  a la   vez,   “su   defendido  no  hizo  manifestación      alguna      respecto      de     su     renuncia”42.  Por  último, obra en la  constancia  que,  no  obstante, el abogado se negó a  notificarse    de    la   resolución   acusatoria  “en   razón   a  que  presentó  renuncia  desde  octubre”43.   

La acusación, en  todo  caso,  fue  notificada  mediante estado que se  fijó     el     11    de    enero    de    200644.   

El   10  de  marzo  siguiente,  HAROLD WILLIAM PEJENDINO MADROÑERO le otorgó poder al abogado  Mario     Ignacio    Díaz    Góngora,  de la Defensoría Pública, para que  fuera     su     nuevo     asistente     letrado45.   

El  traslado  de  que  trata  el  artículo 400 corrió desde el 6 de  octubre   de   2006   hasta   el   27   de  ese  mismo  mes  y  año46, sin que  durante  ese  lapso  la  defensa del procesado presentara petición de nulidad o  probatoria  alguna.  Dicha actuación, sin embargo, le había sido comunicada al  abogado  Félix  Orlando  Vargas  Cubides,  y  no al  defensor  Mario  Ignacio  Díaz  Góngora,  mediante  telegrama           número           159347.   

El abogado Félix Orlando Vargas Cubides, en  escrito    allegado    el   24   de   octubre   de  200648,  reiteró  que  presentó “memorial  de  renuncia al poder”49.  Adicionalmente,   señaló   que   “de  NO  haber  existido  el  nombramiento  de un nuevo defensor de  confianza  o  de  oficio,  se  estaría  en  frente  de una nulidad por falta de  defensa”50  (mayúscula  dentro  del  original).   

La  audiencia  preparatoria  del  juicio  se  llevó a cabo el 20 de  noviembre             de            200651.      Para    la    realización    de   dicha  diligencia,  fue citado52        y    estuvo    presente    el    defensor   Mario   Ignacio   Díaz  Góngora53,  profesional  que puso en  consideración  de  la  juez a quo la  práctica   de   varios   testimonios,  que  fueron  decretados            oficiosamente   por  el  despacho  (Fabio  Roa  Ramos,  Hernando Albeiro Salinas Niño,  Róbinson  Taqui Tacuma,   Elkin  Abde  Velandia  Sepúlveda,  Alexis  Barón  Robin,  Carlos  Villanueva Vásquez, Rubén Danilo Yate Lizcano,  Raúl  Romero  Carvajal,  William  Sánchez Micán, Dilia Lozano, Óscar Guzmán  Mahecha  y  José  del  Carmen  Rubiano  Avendaño54).   

1.3. Teniendo en  cuenta   el   recuento  procesal  que  antecede,  la  Sala advierte que no hubo  afectación  alguna  del  derecho de defensa técnica  del cual ha sido titular el procesado.   

En  primer  lugar,  la Corte no comparte la  postura  del  recurrente  según la cual el procesado  “estuvo  sin  la asistencia de un abogado desde el  día  11  de  octubre de 2005 hasta el día 20 de noviembre de 2006, fecha en la  cual       se       realiza      la      audiencia      preparatoria”55.   

En  criterio  del  demandante,  la  sola  renuncia al poder por parte del defensor de confianza  generó   una  irregularidad  sustancial  frente  al  derecho   de  defensa  técnica.  Lo  anterior,  sin  embargo,  no  es  cierto,  porque  el  artículo 69 del Código de Procedimiento  Civil,   aplicable   en  virtud  del  principio  de  integración,  señala  que  “[l]a   renuncia   no   pone  término  al  poder  […],  sino cinco días  después  de  notificarse  por  estado  el auto que la admita y se haga saber al  poderdante” de la aludida situación.   

En otras palabras, el abogado Félix Orlando  Vargas  Cubides,  pese  a su manifestación expresa de renunciar ante el no pago  de  honorarios, siguió representando legalmente los intereses de HAROLD WILLIAM  PEJENDINO  MADROÑERO  hasta el 10 de marzo de 2006,  fecha  en  la  cual  el  procesado  designó  a  un nuevo defensor de confianza,  máxime  cuando  la Fiscalía, mediante resolución que les fue comunicada tanto  al  sindicado  como  a  su entonces asistente letrado, adujo que la decisión de  admitir  la  renuncia al  poder     conferido     sólo    sería    emitida  cuando  el primero escogiese, como era su derecho, a  la  persona  que lo representaría técnicamente en la actuación procesal penal  o,  en  su  defecto,  manifestase  el  deseo  de que la Fiscalía le nombrase un  defensor de oficio.   

Respecto  de  tal  proceder  por  parte del  organismo  instructor,  la  Sala no advierte anomalía alguna que riñera con el  derecho.  Tampoco  encuentra  que  dicho  condicionamiento  pusiera en riesgo el  ejercicio   del  derecho  de  defensa,  sino  que,  por  el  contrario,  buscaba  garantizar  la eficacia de la norma rectora contenida  en el artículo 8 del Código Penal.   

No obstante, es cierto que lo jurídicamente  correcto,  frente al silencio de HAROLD WILLIAM PEJENDINO MADROÑERO de elegir a  un  nuevo  defensor  o  de pedir que se le designase uno oficioso, consistía en  haberle  nombrado uno de oficio antes de proceder con  el  cierre parcial de la investigación, pues dada la  manifestación  de  renuncia  del  abogado Félix Orlando Vargas Cubides, no era  absurdo  ni  contrario  a  la  experiencia  colegir, a partir de ese momento, un  abandono  de  la gestión profesional, pese a la subsistencia del deber legal de  seguir asistiéndolo jurídicamente.   

Como  esta  circunstancia,  sin embargo, no  puede  predicarse  de  toda  la  etapa  de instrucción, sino de una parte de la  misma  (que  abarca  la  práctica  de  unos  medios  de prueba, el cierre de la  investigación  y  la calificación del mérito del sumario), debe establecerse,  según  la  línea  jurisprudencial  de  la  Sala  citada en precedencia, que el  aparente  alejamiento  de  los  deberes  por  parte  del  abogado  de  confianza  repercutió    de   manera   efectiva   en   el   ejercicio   del   derecho   de  defensa.   

Pero   el   demandante  no  demostró  la  trascendencia  del  referido  abandono.   

Según   el  recurrente,  la  supuesta  relevancia  de  la  pretermisión  por  parte  de  la  Fiscalía  radicó  en dos aspectos: (i) la     práctica    de    nueve    declaraciones    testimoniales,  “en       las       cuales       no      hubo  contrainterrogatorios”56;   y  (ii)       el  adelantamiento              del   cierre   de  la  investigación  y de la acusación sin la  posibilidad  de  presentar alegatos previos a la calificación, ni de interponer  recursos.   

Estos  supuestos  desde  ya  la  Sala  los  encuentra  infundados.  Por  un  lado,  en  la Ley 600 de 2000, el ejercicio del  derecho  de  contradicción  no se concreta únicamente en la facultad por parte  de  la  defensa  de  interrogar a los testigos de cargo, como lo ha precisado de  manera  reiterada  la Corte, e incluso el interrogatorio por parte de la defensa  a  los  testigos  de  cargo,  aunque  está  permitido  en  el referido estatuto  procesal,  carece  de  la  misma  relevancia  que en el sistema de la Ley 906 de  2004.   De   acuerdo   con   la   Sala:   

“[M]ientras  que  en los procesos acusatorios de corte de adversarios el contrainterrogatorio  es  pieza fundamental de la formación e incorporación de la prueba testimonial  en  el  juicio, en la medida en que a las partes les corresponde disponer acerca  de  la  materia del proceso, en los procesos de origen continental europeo es un  trámite  con  valor  accesorio  o, en la mayoría de los casos, intrascendente,  toda  vez  que  el  funcionario no sólo es el que decreta, adelanta y dirige la  práctica  del  medio  probatorio,  sino que además, debido a los principios de  investigación  integral  y  de imparcialidad en la búsqueda de la verdad, debe  interrogar  al  testigo  de  tal  forma que indague tanto en lo que le favorezca  como en lo que perjudique al sindicado.   

”[…] En este  orden  de ideas, si bien es cierto que el interrogatorio por parte de la defensa  a  los  testigos de cargo  está  contemplado  y permitido en el Código de Procedimiento Penal anterior al  nuevo  sistema acusatorio, carece, en principio, de la trascendencia que en este  último  ostenta  el  examen  cruzado  de  cualquier  deponente  como método de  formación y práctica de la prueba.   

”En palabras  más  sencillas,  dentro  de  la Ley 600 de 2000, el contrainterrogatorio de los  testigos  que  declaran  en contra del procesado no hace parte de la esencia del  debido  proceso  probatorio,  al  contrario  de  lo  que sucede en la Ley 906 de  2004”57.   

Además,   aun   en   el  evento  de  que  contrainterrogar  a  dichos  deponentes  hubiese sido  indispensable  para  el  ejercicio de la defensa, el  inciso   1º   del   artículo   401   de  la  Ley  600  de  2000  contempla  la  posibilidad de solicitar,  durante  la  etapa  del  juicio, “la repetición de  aquellas  [pruebas]  que  los    sujetos    procesales   no   tuvieron   la   posibilidad   jurídica   de  controvertir”.  Y,  en  este  asunto,  ninguna  de las pruebas testimoniales cuya práctica ‘sugirió’ el abogado de confianza durante la  realización   de  la  audiencia  preparatoria  (y  que  por  lo  demás  fueron  decretadas  por la funcionaria a quo) implicaba volver a practicar alguna de las  nueve   declaraciones   en   las   cuales   no   estuvo   presente  el  entonces  defensor.   

De hecho, en este  asunto   careció   de  cualquier  relevancia  para  los efectos del ejercicio del derecho de asistencia  letrada  la  práctica de  las  declaraciones de Roger Amed Zea, Carlos Aníbal  Osorio  Meza,  Wilson  Suárez Rico, Miguel Rodríguez Patalloro, Jesús Alberto  Méndez  Quintero,  Darío  Bonilla  Mayorga,  Fáber  Sánchez Mendivel, Nelson  Fernando Ramírez y Edu Eliu Pacheco Pérez.   

En  primer  lugar,  dichos medios de prueba  fueron  adelantados  los  días  12  y  13  de octubre de 2005, es decir, a más  tardar  dos días después de que se presentara la renuncia al poder del abogado  Félix  Orlando  Vargas  Cubides  el 11 de octubre de  ese  año.  Por lo tanto, incluso en el evento de que  la  Fiscalía  hubiese  admitido  la dimisión del profesional del derecho en la  decisión  condicionada que emitió al día siguiente, saltaba a la vista que el  defensor   de   confianza   de   HAROLD  WILLIAM  PEJENDINO  MADROÑERO  seguía siendo dicha persona tanto  legal  como  materialmente,  no  sólo por los cinco  días  a  los  cuales  alude el artículo 69 del Código de Procedimiento Civil,  sino  además  porque,  conforme  a la constancia que  obra  en  cada una de las  actas,    a    éste    se   le   había   comunicado   de   la   realización    de    tales    pruebas  testimoniales.   

Y,  en  segundo  lugar,  las  sentencias  de  primer  y segundo grado  tuvieron    como    fundamento    elementos   de   conocimiento   distintos    a    los    que    fueron    objeto    de    recaudo    por    parte   de   la  Fiscalía   los   días  12  y  13  de  octubre  de  200558.   

Es  más, de la lectura de cada una de esas  piezas  procesales,  se  advierte  que ninguno de los  declarantes,  todos  ellos  de la Policía Nacional,  admitió   tener  conocimiento  específico  alguno  acerca  de  grupos  armados  ilegales  que operaban en la región, ni de cualquier  otro  acontecimiento  principal  o  accesorio  que  interesase  al  tema   de   prueba  (Roger  Amed  Zea:  “nunca  llegué  a  tener  conocimiento  de  esos  grupos”59,  Carlos  Aníbal  Osorio  Meza:    “se   escuchaban   comentarios   de   la  comunidad”60,   Wilson  Suárez  Rico:  “se     tuvo     conocimiento     […]  en  forma  indirecta  debido  a  comentarios”61,    Miguel    Rodríguez  Patalloro:   “totalmente   desconozco”62,  Jesús  Alberto  Méndez  Quintero:   “simplemente   eran  afirmaciones  de  informes      de      inteligencia”63,  Darío  Bonilla        Mayorga:       “no       tengo  conocimiento”64, Fáber Sánchez Mendivel:  “esos  comentarios no se manejan allá”65, Nelson Fernando Ramírez:  “conocimiento   exacto   no   tengo,   de  pronto  comentarios”66 y Edu Eliu Pacheco Pérez:  “no  tuve  conocimiento  de  que  por allá había  paramilitares”67).   

Por  otro  lado,  la  Sala  ha señalado que la no intervención de la  defensa  frente  a la posibilidad de impugnar la clausura de la investigación o  de  presentar  alegatos  previos  a  la calificación del mérito del sumario no  constituye,  por  sí  sola,  anomalía  o  irregularidad sustancial:   

“[T]ampoco  puede  sostenerse,  en  abstracto, por ocasión del que se reputa abandono de la  profesional  del derecho, que incluyó el momento de cierre de la investigación  y  la  posibilidad  de  presentar  alegatos  precalificatorios,  se  generó  un  resultado  gravoso  pasible de haberse evitado de intervenir adecuadamente ella,  pues    no   aprecia   la   Corte   –ni        el        recurrente       lo       postuló–,  dentro  de  lo  que  se recogió  probatoriamente  en  la  etapa instructiva, evidente u ostensible posibilidad de  cambiar   el  rumbo  del  proceso  con  la  emisión  de  un  interlocutorio  de  preclusión   o   que   relacionada  una  forma  de  intervención   atenuada  o  una  distinta  y  más  benigna  calificación  del  delito”68.   

Es más, ante la  efectiva       comunicación       (tanto al procesado como al         defensor)  de condicionar la aceptación de la  renuncia,   la   Corte  advierte  que  la  inactividad  del  abogado,  desde el momento en que presentó la  dimisión  hasta  que  su  defendido nombró un nuevo  abogado,      obedeció     a     una     simple  estrategia  por parte de  aquél,   circunstancia  que  por  lo  demás  devino  en  dilatoria  cuando  el  profesional      del     derecho     no     quiso  notificarse     de     la    resolución de acusación.   

De  ahí  que  la  determinación  de  la  Fiscalía  de  no  proceder  a  realizar  acto  correctivo  alguno  frente a las  manifestaciones  del  entonces defensor no pueden ser consideradas contrarias al  ordenamiento  jurídico,  máxime  cuando el artículo 142 numeral 2º de la Ley  600   de  2000  prescribe  como  deber  del  servidor  judicial  “[e]vitar  la  lentitud procesal, sancionando y rechazando de plano  las  maniobras  dilatorias  o  manifiestamente  inconducentes,  así  como todos  aquellos  actos  contrarios  a  los  deberes  de  lealtad,  probidad, veracidad,  honradez  y  buena fe”69.   

Por  último, si  bien  es  cierto  que  el juzgado de primer grado le comunicó al abogado Félix  Orlando   Vargas   Cubides,   y  no  al  defensor  escogido  por  el  procesado,  del traslado de que trata  el  artículo 400 de la Ley 600 de 2000, también lo es que la Corte ha indicado  al  respecto  que  dicha  actuación  no  requiere de  providencia  que  la  ordene  y  que,  de  dictarse,  tampoco es susceptible de notificación:   

“[S]e  tiene  que  en  punto  del  traslado dispuesto en el  artículo  400  de  la  Ley 600 de 2000 para que los sujetos procesales preparen  las  audiencias,  invoquen  nulidades originadas en la etapa de instrucción que  no  se  hayan resuelto y soliciten la práctica de pruebas, ha dicho la Sala que  no  se  exige ni siquiera pronunciamiento de juez, pues el ordenamiento procesal  adscribe    esta    función   exclusivamente   a   la   secretaría,  en cuanto debe pasar ‘las  copias  del  expediente  al despacho y el original quedará a  disposición      común      de      los     sujetos     procesales’,  actuación  de  simple  impulso  procesal  que  no  se  encuentra señalada por el legislador como susceptible de  notificación,  al  punto  que  tampoco  procede  contra ella recurso alguno, de  conformidad  con lo establecido en el artículo 176 del mencionado ordenamiento,  y procede por simple mandato legal.   

”Evidente  resulta  entonces,  en  el  caso de la especie, que la queja de la recurrente es  infundada,  en  cuanto  no  puede  reclamar  para su  defendida  la notificación personal de una actuación que no sólo carece de la  condición  de  providencia judicial, sino que además no existe precepto alguno  que  imponga  su  notificación, motivo por el cual se advierte que no se aviene  con  el derecho al debido proceso que precisamente con base en la invocación de  su  amparo  se  pretenda  exigir  el cumplimiento de procedimientos ajenos a las  formas propias del trámite.   

”Ahora,  si  bien  es cierto que algunos funcionarios acostumbran a proferir un auto por cuyo  medio  avocan  conocimiento del proceso en la fase del juicio y a su vez ordenan  que  por  secretaría  se  surta  el  traslado  previsto en el artículo 400 del  estatuto  procesal  penal,  oportuno  se  ofrece  señalar  que  dicha práctica  judicial  no  conduce  a  concluir que debe notificarse a los sujetos procesales  acerca  de  la  oportunidad  que les concede la ley en la etapa de la causa para  solicitar  la  declaratoria  de  nulidad  o el decreto y práctica de pruebas, y  tampoco  a  echar  de  menos  la  notificación  personal  de quien se encuentra  privado  de  la  libertad,  en  cuanto  corresponde a cada uno de aquellos estar  atentos  a  la iniciación de la etapa del juicio para intervenir de conformidad  y  en  las  oportunidades  establecidas  para ello por el legislador”70.   

Y,  de todos modos, cualquier irregularidad  presentada  frente  al  traslado  del artículo 400 del Código de Procedimiento  Penal  quedó  subsanada en este caso cuando, durante la audiencia preparatoria,  la   juez   consideró   y   accedió   a   todos  los  pedidos  o  ‘sugerencias’  que el abogado de confianza Mario  Ignacio     Díaz     Góngora    le    presentó  dentro de la misma.   

En  este  orden  de  ideas,  el  reproche  principal planteado por el demandante no está llamado a prosperar.   

2.   Cargo  subsidiario. Vulneración  del debido proceso   

2.1. El  artículo  396  de  la  Ley 600 de  2000,  que  trata  acerca  del trámite de notificación de la calificación del  mérito   del   sumario,   señala   que   la  resolución  de  acusación  debe  notificársele  de  manera  personal al procesado o a  su  defensor, de suerte que, enterado así cualquiera  de  ellos,  los  demás  sujetos  procesales  serán  notificados mediante estado:   

Artículo     396-.     Notificación   de   la  providencia  calificatoria.  La   resolución   de   acusación  se  notificará  personalmente  así:   

Al defensor y al procesado que estuviere en  libertad,  se  les  citará  por  el  medio  más eficaz a la última dirección  conocida  en  el  proceso,  por  comunicación  emitida  a  más  tardar el día  siguiente hábil a la fecha de la providencia.   

Transcurridos ocho (8) días desde la fecha  de  la  comunicación  sin  que  comparecieren, se presentare excusa válida del  defensor  para seguir actuando o exista renuencia a comparecer, se le designará  un  defensor  de  oficio, con quien se continuará la  actuación.   

Notificada personalmente la resolución de  acusación  al  procesado  o  a  su  defensor,  los demás sujetos procesales se  notificarán por estado.   

Si    la   providencia   calificatoria  contiene acusación y preclusión, se notificará en  la  forma  prevista  para la resolución de acusación; si fuere de preclusión,  se notificará como las demás decisiones interlocutorias.   

2.2. En  este  caso,  el  demandante  propuso  la violación del debido  proceso,     por     desconocimiento   del   trámite  consagrado  en  el  artículo  396  del  Código de Procedimiento Penal,  dado  que  el  entonces  defensor  de  confianza del  procesado,  Félix  Orlando Vargas Cubides, se negó a notificarse personalmente  de    la    providencia    acusatoria    y,    sin  embargo,  la Fiscalía no  procedió  a  nombrar  un defensor de oficio con el cual, en su criterio, debía  continuarse con la actuación.   

Tal  como se reseñó en precedencia (1.2),  si  bien es cierto que el  abogado   de   confianza   de  HAROLD  WILLIAM  PEJENDINO  MADROÑERO  no  quiso  notificarse  de  manera personal de la resolución de acusación, también lo es  que   el   procesado,   quien   estaba   privado   de   la   libertad,   sí  se  enteró  personalmente   del  contenido  de  la  providencia,  razón  por  la  que  la  notificación  por  estado  respecto de  los   demás   sujetos   procesales,   incluido  el  defensor,  de  ninguna manera configuró  una  vulneración del debido proceso.  Por  el  contrario,  no  es  más  que  el  estricto  acatamiento    a   lo   regulado   por   la   norma  citada.   

Pero, adicionalmente, aun en el evento de la  existencia  de  alguna irregularidad en la notificación a la defensa material o  técnica  de  la  resolución  que  calificó  el  mérito  del  sumario,  ésta  habría  sido convalidada  en  cualquier  caso  desde  el  momento  mismo  en  el  cual el nuevo abogado de  confianza  de  HAROLD  WILLIAM PEJENDINO MADROÑERO acudió por vez primera a la  actuación    durante   la   etapa   del   juicio   y   no   solicitó    la    nulidad   por  la  supuesta  anomalía.  Ello,  por  cuanto    debería    entenderse   que,   en   el   peor   de   los   casos,  hubo  notificación de la  resolución      acusatoria     por     conducta  concluyente.   

Este  reproche,  en  consecuencia, también  está destinado al fracaso.   

En  virtud de lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,     administrando    justicia    en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad  de la  ley,   

RESUELVE  

1.  NO  CASAR  la  sentencia   proferida   por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca.   

Contra  esta  decisión,  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese,       cúmplase  y  devuélvase  al juzgado de  origen   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                            

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER          MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ  MUÑOZ    

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                  EYDER  PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folio  2  del  cuaderno 18 de la actuación principal y 32-33 del  cuaderno del Tribunal.   

2 Folio  2 del cuaderno 15 de la actuación principal.   

3    Sentencia    de   3   de   diciembre   de   2001,   radicación  11085.   

4 Sentencia de 30 de mayo de 2007, radicación 22917.   

5  Artículo     23-.     Remisión.     En  aquellas  materias  que  no se hallen expresamente reguladas en  este  código,  son  aplicables  las  disposiciones del Código de Procedimiento  Civil  y  de  otros  ordenamientos  procesales,  siempre  que no se opongan a la  naturaleza del proceso penal.   

6 Sentencia de 30 de mayo de 2007, radicación 22917.   

7  Sentencia  de 15 de marzo de 2001, radicación 13530. En el mismo  sentido,  fallos  de  30  de  mayo  de 2007, radicación 22917, y 11 de julio de  2007, radicación 24279.   

8  Sentencia de 15 de marzo de 2001, radicación 13530.   

9 Sentencia de 30 de mayo de 2007, radicación 22917.   

10 Sentencia de 11 de julio de 2007, radicación 24297.   

11 Ibídem.   

12  Sentencia de 12 de octubre de 2003, radicación 20132.   

13 Sentencia de 8 de octubre de 2003, radicación 17404.   

14  Folios 155-174 del cuaderno 12 de la actuación principal.   

15  Folio 155 ibídem.   

16  Folios 176-184 ibídem.   

17 Folio 187 ibídem.   

18  Folio 205 ibídem.   

19  Folio 206 del cuaderno 13 de la actuación procesal.   

20  Folio 207 ibídem.   

21  Ibídem.   

22 Cf. folios 268-269 ibídem.   

23  Folio 201 ibídem.   

24  Folios 211-213 del cuaderno 13 de la actuación principal.   

25  Folios 214-216 ibídem.   

26  Folios 217-219 ibídem.   

27  Folios 220-221 ibídem.   

28  Folios 222-224 ibídem.   

29  Folios 225-226 ibídem.   

30  Folios 227-228 ibídem.   

31  Folios 229-232 ibídem.   

32  Folios 233-236 ibídem.   

33  Folio  211  ibídem.  En  el mismo sentido, folios 214, 217, 220, 222, 225, 227,  229 y 233 ibídem.   

34  Folio 271 ibídem.   

35 Folio 272 ibídem.   

36  Folio 273 ibídem.   

37  Folio 213 del cuaderno 14 de la actuación principal.   

38  Folios 237-250 ibídem.   

39  Folio 278 ibídem.   

40  Folio 290 ibídem.   

41  Ibídem.   

42  Ibídem.   

43  Ibídem.   

44 Folio 2 del cuaderno 15 de la actuación principal.   

45  Folio 53 ibídem.   

46  Folio 3 del cuaderno 17 de la actuación principal.   

47  Folio 7 ibídem.   

48  Folio 9 ibídem.   

49  Ibídem.   

50  Ibídem.   

51 Folios 25-28 ibídem.   

52  Folios 16 y 19 ibídem.   

53  Folio 28 ibídem.   

54  Folios 25-26 ibídem.   

55  Folio 76 del cuaderno del Tribunal.   

56 Folio 76 del cuaderno del Tribunal.   

57 Sentencia de 1º de julio de 2009, radicación 25606.   

58  Cf.  folios  118-201  del  cuaderno  18  y 32-51 del cuaderno del  Tribunal.   

59    Folios    211    del    cuaderno    13    de    la   actuación  principal.   

60  Folio 215 ibídem.   

61  Folio 217 ibídem.   

62  Folio 220 ibídem.   

63  Folio 223 ibídem.   

64  Folio 226 ibídem.   

65  Folio 227 ibídem.   

66  Folio 229 ibídem.   

67  Folio 233 ibídem.   

68 Sentencia de 11 de julio de 2007, radicación 24297.   

69  En  similar  sentido,  artículo 139 numeral 1º de la Ley 906 de  2004.   

70 Auto de 25 de agosto de 2004, radicación 22691.     

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