39851(14-11-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.   

Bogotá,  D.  C.,  catorce   (14)   de   noviembre   de  dos  mil  doce  (2012).   

ASUNTO  

Decide  la  Sala el recurso extraordinario de  casación  presen-tado  por  los  apoderados de JIMMY GARCÍA RINCÓN y VÍC-TOR  JULIO  GIL DÍAZ contra el fallo proferido por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de Bogotá. En éste, revocó la absolución dictada a favor de dichas  personas  por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de esta ciudad  y,  en  su lugar, los condenó a 80 meses de prisión y 182,84 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes de multa como coauto-res responsables del delito de  receptación.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  A  mediados  de  2004,  las autoridades descubrieron que el petróleo transportado por vehículos  de  la  empresa  Ecopetrol,  por  la ruta que de la planta Castilla 1 va a la de  Vasconia,  aparecía  almacenado  en bodegas pertenecientes a comercia-lizadoras  de  Honda, Puerto Salgar y Bogotá. Una de ellas era la empresa Copeco Ltda., de  la  cual hacían parte JIMMY GARCÍA RINCÓN y VÍCTOR JULIO GIL DÍAZ, personas  que compraban el combustible sabiendo de su procedencia.   

2.  Debido  a  lo  anterior,  la  Unidad  de  Fiscalías  Delegadas  ante  los  Jueces  Penales del  Circuito  Especializados  ordenó  la  apertura  formal  del  proceso,  vinculó  mediante  indagatoria  a  los  referidos  y  se  abstuvo de imponerles medida de  detención  preventiva  por el delito de apoderamiento  de  hidrocarburos previsto en el artículo 44 de la Ley  782  de 2002. Clausurada la instrucción, calificó el mérito del sumario en su  contra,  en  el  sentido  de variar la imputación jurídica y de acusarlos como  coautores  de  receptación,  según  lo contemplado en el inciso 2º del artículo 447 de la Ley 599 de 2000,  actual  Código  Penal,  con la reforma introducida por el artículo 4 de la Ley  813 de 2003.   

3. Apelado el pliego  de  cargos  por  el  apoderado  de  la  parte  civil  en cabeza de Ecopetrol, la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal, en resolución de 4 de diciembre de 2007,  lo  modificó  al  precisar  que  el llamado a juicio debía ser por la conducta  punible    de    apoderamiento   de   hidrocarburos  en     lugar     de     la     de     receptación.   

4.  Conoció  de la  etapa  siguiente el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Bogotá,  despacho  que  absolvió  a  ambos  procesados de los hechos y cargos materia de  atribución.   

5. Impugnado el fallo  por  la  parte  civil,  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá lo  revocó  integralmente  y,  en  su  lugar,  condenó  a  JIMMY GARCÍA RINCÓN y  VÍCTOR     JULIO     GIL     DÍAZ    por    el    delito    de    receptación,  de acuerdo con  “los incisos  2º  y  3º  del artículo 447 de la Ley 599 de 2000, con la modificación de la  Ley   813   de   2003”1,  a  80  meses  de  prisión,  182,84  salarios  mínimos legales mensuales vigentes de multa y la accesoria de  ley  por un tiempo igual a la sanción privativa de la libertad. Así mismo, les  negó     tanto     la     suspensión    condi-cional    como    la    prisión  domiciliaria.   

6.   Contra   la  decisión  de  segundo  grado, los apoderados de JIMMY GARCÍA RINCÓN y VÍCTOR  JULIO   GIL   DÍAZ  interpu-sieron  el  recurso  extraordinario  de  casación.   

Declarados  los  escritos  de  sustentación  ajustados  a derecho, la Procuraduría General de la Nación emitió el concepto  respectivo.   

LAS DEMANDAS  

1.    En    nombre   de   JIMMY   GARCÍA  RINCÓN   

1.1.  Tres  cargos  formuló  el recurrente, uno principal y dos subsidiarios. Los dos primeros, con  fundamento  en  la  causal  segunda  de casación; y el último, al amparo de la  tercera. Los sustentó de la siguiente forma:   

1.1.1.  Falta  de  consonancia  entre  la  resolución  de  acusación  y  la  sentencia de condena  (principal).  La  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal acusó a los procesados por  apoderamiento    de   hidrocarburos.   El  juzgado  a quo los absolvió por ese delito. Pero el ad quem los  condenó  como  coautores  de receptación.  De  esta  forma, agravó la situación jurídica de JIMMY GARCÍA  RINCÓN,  sin  haberse dado la figura de la variación de que trata el artículo  404  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  por  cuanto reconoció la falta de  mérito  para  condenar  por  el  hurto  de  hidrocarburos  y,  en todo caso, lo  declaró  responsable  por  haberlo adquirido. Si no había prueba para condenar  por  la  conducta atribuida, tampoco podía predicarse una eventual disminución  de       la       responsabilidad.      El      delito      de      receptación  es,  además, de estructura  diferente  y  nunca  fue  debatido  en  el juicio. La conclusión probatoria del  Tribunal,  por  consiguiente,  debía  conducirlo  a  confirmar  la  providencia  absolutoria.   

1.1.2.  Falta  de  congruencia        entre       acusación       y       fallo       (subsidia-rio).        El  Tribunal condenó aplicando una agravante que no fue imputada ni  fáctica  ni  jurídicamente  en  el  pliego  de  cargos:  la del inciso 3º del  artículo  447  del  Código  Penal,  que  se  refiere  a  una cuantía del bien  superior  a  los  1.000  salarios mínimos legales mensuales vigentes al momento  del  hecho.  Ni la calificación del mérito del sumario de primera instancia ni  la  de  segunda  se  ocuparon  por  establecer el valor de los hidrocarburos que  había  comprado  JIMMY  GARCÍA  RINCÓN.  Por lo tanto, el ad quem vulneró el  principio    de    consonancia    en    detrimento   de   las   garantías   del  procesado.   

1.1.3.  Violación  del     derecho     de     defensa     (subsidiario).  El  fallo  impugnado  no  le  permitió al procesado  ejercer  contradicción.  En  el  hurto  de  hidrocarburos,  el  verbo rector es  apoderarse.  En  la receptación, lo son adquirir, poseer, convertir, transferir  o  realizar actos de ocultación o encubrimiento. La defensa variaba dependiendo  de  cada  una  de  esas  atribuciones. En la acusación de segunda instancia, la  Fiscalía  desechó  toda  posibilidad  de  configuración respecto del tipo del  artículo  447  del  Código  Penal. La estrategia, por ende, estuvo orientada a  refutar  la realización del apoderamiento de los hidrocarburos. Y el procesado,  por  lo  tanto, nunca tuvo la oportunidad de defenderse de la imputación por el  delito        de        receptación.   

1.2. En consecuencia,  el  demandante solicitó a la Corte casar el fallo recurrido y, en relación con  el  primer  cargo,  declarar la ausencia de responsabilidad del procesado. En lo  atinente  al  segundo,  excluir  de  la  pena  la  circunstancia  de agravación  prevista  en  el  inciso  3º  del  artículo  447  del  Código Penal. Y, en lo  relativo  al  tercero,  declarar la nulidad de la sentencia de segunda instancia  para que dicte el ad quem el pronuncia-miento correspondiente.   

2.   En   nombre   de   VÍCTOR  JULIO  GIL  DÍAZ   

2.1.  Propuso  el  demandante  dos  reproches,  uno principal y el otro subsidiario. El primero, al  amparo  de  la  causal  segunda;  y el último, con base en la del numeral 1 del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000. Los desarrolló así:   

2.1.1.  Ausencia de  consonancia  entre  acusación y sentencia. Para variar  la  calificación  jurídica,  había que aplicar la norma del artículo 404 del  estatuto   procesal.   Al  Tribunal,  por  lo  tanto,  le estaba vedado modificar la denominación del delito  y,  sin  embargo,  lo  hizo,  alterando el núcleo básico de la imputación. El  tipo   de  hurto  de  hidrocarburos  tiene  un  bien  jurídico  distinto  a  la  receptación  y,  además,  representan circunstancias de hecho diferentes, pues  ‘apoderarse’   no   es   igual   a   ‘adquirir’.  Son comportamientos disímiles y el  procesado  jamás  tuvo  la  posibilidad  de  defenderse  respecto  del tipo del  artículo 447 del Código Penal.   

2.1.2.  Violación  directa  de la ley sustancial. El Tribunal adujo que el  hidrocarburo  hallado  en  la  empresa Copeco ascendía a 59.079 galones, de los  cuales  la  mayor  parte  carecía de justificación. Pero jamás precisó cuál  era  el  valor del combus-tible no acreditado, ni afirmó que era superior a los  1.000  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes. Sin embargo, condenó al  procesado  por  la agravante consagrada en el inciso 3º del artículo 447 de la  Ley  599  de 2000. Si hubiera dosificado la pena correctamente, se habría hecho  acreedor a la prisión domiciliaria.   

2.2. En consecuencia,  solicitó  a la Sala casar el fallo materia de impugnación para, en lo atinente  al  primer  cargo,  absolver a VÍCTOR JULIO GIL DÍAZ. Y, respecto del segundo,  reducir  la pena al mínimo de 4 años de prisión y 5 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  de  multa  señalado en el inciso 2º del artículo 447 del  Código  Penal, así como reconocerle el mecanismo sustitutivo de la prisión en  el lugar de residencia.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

1.  La representante  de  la  Procuraduría  General  de la Nación se pronunció por grupos acerca de  los  reproches  propuestos  en  los escritos de demanda. Lo hizo de la siguiente  manera:   

1.1. Cargo principal  y  segundo  subsidiario presentado en nombre de JIMMY GARCÍA RINCÓN, así como  primero   en   representación   de   VÍCTOR   JULIO  GIL  DÍAZ.  No  hay violación del principio de congruencia. El núcleo esencial  de  la  impu-tación  fáctica  en  la  resolución  acusatoria de segundo grado  radicó  en  la  acción,  por parte de los procesados, de comprar hidrocarburos  sustraídos  a  Ecopetrol. Dicha atribución perma-neció intacta a lo largo del  debate.  La  discusión  tuvo  lugar  frente  a  la adecuación jurídica de esa  conducta  y  al  alcance  interpretativo  dado  a  la misma. El Tribunal, por lo  tanto,    podía    condenar   por   la   conducta   punible   de   receptación,  que  es de menor entidad a  la   de  apoderamiento  de  hidrocarburos,  aun  en  su  modalidad  agravada,  sin  tener  que acudir a la variación de la calificación  jurídica  de  que  trata  el  artículo 404 de la Ley 600 de 2000. Esto último  incluso lo reconoció el funcionario a quo.   

1.2.  Primer  cargo  subsidiario  en  nombre  de  JIMMY GARCÍA RINCÓN y  último   en   representación   de   VÍCTOR   JULIO  GIL  DÍAZ.  En  la  acusación  de  primera  instancia  (a  partir de la cual la  segunda   modificó  la  calificación  jurídica  provisional  de  apoderamiento    de    hidrocarburos   a  receptación),   no   fue  atri-buida  la  causal  de  agravación  del  inciso  3º  del artículo 447 del  Código  Penal. Tampoco se precisó cuál era el volumen del combustible hurtado  y  posteriormente  adquirido  por  los procesados. La Fiscalía Delegada ante el  Tribunal,  a  su  vez,  omitió  cualquier  referencia  acerca  del  valor de lo  sustraído.  Sin  embargo,  el  cuerpo colegiado ad quem afirmó que la cantidad  hallada  a  los  procesados  era  de  59.079  galones y, con fundamento en ello,  dedujo  la  agravante.  Esta circuns-tancia no sólo desbordó el marco fáctico  de  la imputación, sino además impidió el ejercicio del derecho de defensa de  los procesados en lo que a tal aspecto atañe.   

2.  Por lo tanto, la  Procuradora  solicitó  a  la  Sala  casar de manera parcial el fallo materia de  impugnación  con  el  fin de volver a dosificar la pena, esta vez excluyendo la  causal del inciso 3º del artículo 447 de la Ley 599 de 2000.   

CONSIDERACIONES  

1. Precisión inicial  

Como          las           demandas         presentadas         por        los         apoderados     de  JI-MMY  GARCÍA  RINCÓN y  VÍCTOR  JULIO  GIL  DÍAZ  fueron  declaradas  desde  un    punto    de    vista    formal   ajustadas a la ley, la  Sala  tiene  la  obligación  de  resolver  de  fondo  los problemas     jurídicos     allí  planteados,  en  armonía  con los fines  de   la  casa-ción   de   buscar   la  efectividad   del   derecho   material,  respetar   las   garantías  de  quienes  intervinieron en la actuación, reparar  los  agravios  inferidos  a  las  partes y unificar la  jurisprudencia.   

Para ello, la Corte  tendrá       que       desentrañar,  en  aras  del eficaz desarrollo de la  comunicación  establecida,  lo  correcto de las aserciones de diversa índole usadas por sus interlocutores,  de  modo  que  atenderá  cada  postura  desde  la  perspectiva  jurídica  más  coherente y racional posible.   

Así   mismo,  abordará  la  respuesta de  los   cargos   de  idéntica  manera  a   la   de   la   Procuradora    Delegada    en    su   concepto,  es  decir,  en  razón  de  los   contenidos   materiales   comunes.    Por   un   lado,   abordará   los  reproches  concernientes  a  la  violación del principio  de  consonancia, así como a  la  conculcación del derecho de defensa, respecto del  tipo  penal  imputado  en la acusación (apoderamiento  de          hidrocarburos         –artículo   44  de  la  Ley  782  de  2002)  y  el  delito por el  cual  fue  dictada  la  sentencia de segunda instancia  (receptación –artículo  447  del Código Penal).  Y,   por   el  otro,  analizará  los  relativos  al  reconocimiento    de    la    circunstancia    de    agravación    que   trata  acerca  de  una  cuantía  superior  a  1.000  salarios mínimos legales mensuales vigentes en la  conducta  contra la eficaz y recta  impartición de justicia.   

2. De la falta de consonancia entre acusación  y fallo   

2.1.  A  partir del  auto  interlocutorio  de  14  de  febrero de 2002 (radicado 18.457), la Corte ha  señalado  de  manera  pacífica y reiterada que el trámite de variación de la  calificación  jurídica  previsto  en  el  artículo  404 de la Ley 600 de 2000  (estatuto  procesal  penal  aplicable  al  presente asunto) procede única-mente  “para   hacer   más  gravosa  la  situación  del  procesado      […]  (verbigracia,    de    homicidio    culposo    a    doloso;   de   cómplice   a  coautor)”2.   

Lo  anterior  implica que, si el criterio del  funcionario  judicial es el de variar la denominación jurídica atribuida en el  pliego  de  cargos  por  una  que  le represente al procesado degradación de la  responsabilidad  penal,  no hay motivo alguno para acudir a la señalada figura.  En palabras de la Sala:   

“[…]  como  consonancia   no  implica  perfecta  armonía  o  identidad  entre  el  acto  de  acusación   y   el   del   fallo,  sino  señalamiento  de  un  eje  conceptual  fáctico-jurídico  para  garantizar el derecho de defensa y la unidad lógico y  jurídica  del  proceso,  no  se desconoce la congruencia si el juez, al decidir  sobre  los  cargos  imputados, condena atenuadamente, por la elemental razón de  que  si  puede  absolver,  puede atenuar, siempre y cuando se respete el núcleo  básico   de   la  conducta  imputada”3.   

Por ‘núcleo       básico       de       la      imputación’,   la   Corte   entiende   aque-llas  circunstancias  de  hecho  que  sean  objetivas y esenciales para su atribución  jurídico penal:   

“[…]   en  nuestro  sistema,  la  imputación  hecha  en  la  resolución  de acusación es  fáctica  y  jurídica.  Lo  que  es procedente modificar es la segunda, pues el  artículo   404   se   refiere   a   ‘la  variación  de  la  calificación  jurídica provisional de la  conducta  punible’, es  decir,  que el comportamiento, naturalísticamente considerado como acto humano,  como acontecer real, no puede ser trocado.   

”Pero como la  conducta  humana  comprende  una  fase  subjetiva  y  una objetiva o externa, es  necesario que la Sala haga algunas precisiones al respecto.   

”La  primera  corresponde  a  la imputación subjetiva y la segunda a la imputación objetiva.  En  consecuencia,  la  imputación fáctica comprende la imputación subjetiva y  la  objetiva.  La primera se puede modificar, no así la segunda en cuanto a sus  elementos  esenciales,  ya que puede ser cambiada en cuanto a las circunstancias  de  tiempo, modo y lugar en que se cometió el acto. Por lo tanto, lo intangible  es  el núcleo central de la imputación fáctica o conducta básica”4.   

Por  supuesto,  la  determinación de cuáles  elementos  objetivos  de la conducta punible imputada son básicos o esenciales,  y  cuáles  no, depende de la razonable valoración efectuada por el funcionario  judicial  en  cada  caso  concreto y que, como tal, puede ser materia del debate  judicial por parte de los sujetos procesales.   

Adicionalmente,  ha  dicho  la  Sala  que  la  “modificación  de  la  adecuación  típica  puede  hacerse  dentro de todo el Código Penal, sin estar limitada por el título o el  capítulo  ni,  por  ende, la naturaleza del bien jurídico tutelado”5:   

“En  la  ley  procesal   actual   [Ley  600  de  2000],   a   diferencia   de  la  anterior,  la  imputación  jurídica  provisional  hecha  en  la  resolución  acusatoria es específica (art. 398.3),  (por  ejemplo,  homicidio  agravado  previsto  en los artículos 103 y 104.1 del  Código  Penal),  sin  que  se  exija  el señalamiento del capítulo dentro del  correspondiente  título,  lo  que  significa  que para efectos del cambio de la  adecuación     típica     o     de     la     congruencia,    esos    límites  desaparecieron”6.   

Lo importante, en cualquier evento, es que la  sentencia  no  recaiga  en  hechos  diferentes  a  los  que fueron materia de la  acusación,  pues  a  las  instancias  les  está vedado trascender los límites  contenidos  en  el  núcleo  de la imputación fáctica. Es decir, al emitir sus  fallos,  los  funcionarios  no pueden mutar las circunstancias de la resolución  acusatoria  en  su  esencia,  ni  incorporar  otros  que  los  varíen de manera  sustancial.  De  ser  así,  habría  un menoscabo intolerable a la consonancia.  Según la Sala:   

“La  intangibilidad  del  núcleo  esencial de la imputación fáctica implica que no  puede ser cambiado ni extralimitado.   

”Si se altera,  se  estará en presencia de otro comportamiento, y si se extralimita o desborda,  se  estarán  atribuyendo otros hechos, otra conducta punible, no incluida en el  pliego   de  cargos”7.   

2.2.  En el presente  caso,  los  recurrentes  plantearon  (bien  sea  a  modo  de  transgresión  del  principio  de  congruencia  entre  acusación  y fallo, quebranto del derecho de  defensa  o  viola-ción  directa  de  la  ley  sustancial)  la  ilegalidad de la  sentencia   condenatoria   de   segunda  instancia  emitida  por  el  delito  de  receptación de que trata el  artículo  447  incisos  2º  y 3º del Código Penal, debido a que el llamado a  juicio  lo  fue  por  el  tipo  de  apoderamiento  de  hidrocarburos  previsto  en  el artículo 44 de la Ley  782 de 2002.   

Los  argumentos empleados en sustento de esta  postura   son,  en  síntesis,  los  siguientes:  (i)  no se dio trámite a la variación de la calificación  jurídica  señalada  en  el  artículo  404 de la Ley 600 de 2000; (ii)  el  Tribunal reconoció la ausencia  de  pruebas  para  condenar  por el hurto de hidrocarburos; por lo tanto, no era  posible   degradar   la   responsabilidad   penal  de  aquello  que  no  existe;  (iii)  al contemplar verbos  rectores   y   bienes   jurídicos  distintos,  los  delitos  tratan  acerca  de  circunstancias  de  hecho  diferentes (apoderarse del combustible no es lo mismo  que  adquirirlo);  y (iv) los  procesados  jamás  tuvieron  la  opción  de  adoptar una estrategia de defensa  frente   a   la   configuración   de   la   conducta  punible  de  receptación.   

Ninguno de estos criterios es contundente. En  primer  lugar,  la  variación de la calificación jurídica procede únicamente  para  agravar  desde un punto de vista sustancial la situación del imputado. El  delito  por  el  cual  tanto  JIMMY GARCÍA RINCÓN como VÍCTOR JULIO GIL DÍAZ  fueron  llamados  a  juicio  por  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal tenía,  para  la época de los hechos, una pena privativa de la libertad de 6 a 10 años  de  prisión y una de multa de 1.000 a 8.000 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,   tal   como   lo   establece  el  artículo  44  de  la  Ley  782  de  20028.  Y  el  injusto  por el que a la postre fueron condenados estipula  una  sanción  de 4 a 8 años de prisión y de 5 a 500 salarios mínimos legales  mensuales  de  multa, aumentados de una tercera parte a la mitad en razón de la  cuantía,  lo  que  arroja  como  resultado  prisión  de 5 años y 4 meses a 12  años,  así  como  multa de 6,66 a 750 salarios mínimos, tal como se deriva de  los  incisos  2º  y 3º del artículo 447 de la Ley 599 de 2000, modificado por  el   artículo   4   de   la   Ley   813   de  20039.   

Salta  a  la vista que la sanción pecuniaria  del  tipo  contra  la  recta  y  eficaz  impartición de justicia es, por obvias  razones,  mucho  más  favorable que la prevista por el comportamiento contra el  orden  económico  y social. Pero frente a los límites de la pena de reclusión  en  establecimiento carcelario, es de aclarar que, en este asunto, el ámbito de  movilidad   dentro   del   cual  el  Tribunal  debía  individualizarla  era  el  correspondiente  al cuarto mínimo, debido a la no imputación de circunstancias  genéricas  de  mayor punibilidad. En el fallo impugnado, dichos extremos fueron  correctamente   fijados   en   64   y   84   meses10.  Por  su  parte,  el  cuarto  mínimo  para  la conducta punible de apoderamiento de  hidrocarburos  oscila entre 6 y 7 años o, lo que es lo  mismo,  entre  72 y 84 meses. Por lo tanto, la pena de privación de la libertad  del    delito    de    receptación    también  era  más beneficiosa para los intereses de los procesados  que la atribuida en la resolución acusatoria de segundo grado.   

Lo que hubo, entonces, fue una disminución de  la  responsa-bilidad  penal del cuerpo colegiado frente al cargo atribuido en el  llamado  a  juicio.  Como ya se anotó en precedencia (2.1), ello era viable sin  tener  que  considerar  la  naturaleza  del  bien  jurídico  ni, en general, la  necesidad   de   aplicar   la  figura  del  artículo  404  de  la  Ley  600  de  2000.   

En  segundo  lugar,  no  es  posible  brindar  apreciación  alguna  acerca  de  la  adecuación  jurídica, las pruebas que la  apoya-ban,  las  circunstancias  fundantes  del  verbo rector y demás elementos  objetivos  del  tipo,  sin  tener en cuenta la conducta fáctica atribuida en el  pliego  de  cargos,  ni tampoco una clara noción de lo que en ésta constituía  el  núcleo  esencial materia de imputación. Los demandantes arguyeron en estos  sentidos  de  manera  impersonal  y  abstracta,  como  si  los  hechos objeto de  señalamiento  por  parte  del  organismo  acusador  fuesen irrelevantes para la  solución de los problemas planteados.   

De  la  lectura  de la acusación ad quem, la  Sala   advierte  que  el  aspecto  central  de  la  imputación  fáctica  puede  sintetizarse   en   el  siguiente  enunciado:  “los  procesados   compraron   el  com-bustible  sustraído  de  Ecopetrol”.    En    palabras    de   la   Fiscalía   Delegada   ante   el  Tribunal:   

“No cabe duda  que  para  el caso que nos ocupa, el hidrocarburo fue sacado por parte de varios  conductores  de  la planta Castilla con destino hacia la planta de Vasconia. Sin  embargo,  mucho  de  aquel  combustible  jamás llegó a su destino, teniéndose  probado  en  estas  diligencias  que  los  conductores  se apoderaron del mismo,  dejándolo  en  la  empresa  Copeco  Ltda.,  en donde al parecer era adquirido a  título  de  compra  por  los aquí procesados VÍCTOR JULIO GIL y JIMMY GARCÍA  RINCÓN”11.   

En  este  específico  punto, no se presentó  alteración  alguna  frente  a  la  atribución formulada por el investigador de  primera  instancia.  Según  la  Unidad  Delegada  ante  los  Jueces Penales del  Circuito Especializados:   

“Es claro para  esta  fiscalía  […] que  los  señores VÍCTOR JULIO GIL DÍAZ y JIMMY GARCÍA RINCÓN en verdad eran los  coadministradores  y  representantes  legales  de  la  firma  Copeco Ltda. y que  ellos,  en  su  actividad  comercial,  adquirían  hidro-carburo sin importar su  origen,  en  algunas ocasiones a personas naturales, incluso hasta supuestamente  desconocidos  para ellos, consignando soportes documentales irresponsables y sin  la  debida  información  en  cuanto  hace  relación  a  la  cantidad  de crudo  adquirida,  valor  y origen del mismo, condiciones que daban la oportunidad para  que  los asociados pillos, encargados directamente de  hurtarsen                [sic]  el  crudo  de  Ecopetrol por el  camino  y  que  era  transportado  en  tracto-camiones  desde la planta Castilla  –Meta–,  tuvieran  además  el escenario,  lugar  y  clientela  precisa  y  presta  para  colmar su itinerario criminal del  delito   de   hurto”12.   

A su vez, el Tribunal, en la sentencia objeto  de  extraordinario  recurso,  condenó  a  los  procesados como responsables del  delito   de   receptación,  porque  “adquirieron  de  varios de los conductores  condenados  crudo producto del hurto perpetrado a la planta Castilla”13.   

Si lo anterior es así, como en efecto lo fue,  le  asiste  la  razón  al  concepto de la representante del Ministerio Público  según  el cual la modificación de la calificación jurídica en momento alguno  representó  un  cambio  en los hechos, ni menos en el núcleo intangible de los  mismos,  sino  que  obedeció  a  una  cuestión  principalmente  valorativa, de  índole jurídico penal.   

De  esta manera, no era correcto acudir, como  lo  hizo  uno  de  los  recurrentes,  a  una  supuesta imposibilidad de degradar  jurídicamente  lo que desde el punto de vista ontológico jamás existió, pues  la  conclusión  fáctica  del  Tribunal  nunca  excedió  ni  desbordó  en  lo  sustancial las proposiciones acusatorias en comento.   

La   diferencia   en  los  verbos  rectores  jurídicamente     imputados    para    cada    tipo    punible    (‘apoderarse’  en  el artículo 44 de la Ley 782 de  2002            y            ‘adquirir’  en  el  artículo 447 del Código Penal) tampoco implica la atribución de distintas  circunstan-cias  de  hecho.  No se trata, entonces, de que apreciar un acto como  uno  de  apoderamiento  representa  en  forma inequívoca la exteriorización de  comportamientos  que  nunca  equivaldrán  a  una  conducta  de adquisición, ni  viceversa.  El  problema  para los jueces consistía en cómo valorar, a modo de  predicado  jurídico,  el  supuesto fáctico intangible, es decir, la compra del  combustible  hurtado. Para la calificación de segundo grado, dicho hecho podía  encuadrarse   en   un   delito   contra  el  orden  económico  y  social,  como  contribución  cardinal  a  una  acción  concertada de hurto. De acuerdo con la  Fiscal ad quem:   

“En principio,  esta  conducta,  al  parecer  desplegada  por los sindicados, encuadraría en el  tipo     penal     de     receptación,  por  cuanto  es  un  hecho cierto que los mismos adquirieron un  producto que tenía una procedencia ilícita.   

”Pero es que  el  conocimiento que los procesados GIL y GARCÍA tenían sobre el origen ilegal  del  combustible,  contrario  a  lo que manifiesta la defensa, era obvio; tan es  así  que  recibieron  el hidrocarburo no solo una, ni dos, ni tres, sino veinte  veces  por  parte de los conductores que directamente ejercieron la apropiación  del     bien,     pues     eran    quienes    tenían    la    oportunidad    de  transportarlo.   

”Y  si  bien  esta  Delegada  se  encuentra  de  acuerdo  con  la  defensa  en  que  no  puede  manifestarse,   como  lo  hacía  el  apoderado  de  la  parte  civil,  que  los  tracto-camiones  remplazan  de  alguna  manera  el oleoducto, no debe dejarse de  lado  que  el hurto no se predica respecto de los aquí sindicados GIL y GARCÍA  porque  hayan  sido  directamente  quienes hayan realizado la conducta, pero sí  porque  su  aporte  era de vital importancia para la comisión de la conducta de  hurto de hidrocarburos.   

”Y es que no  puede  verse  la participación de los procesados como un hecho aislado, del que  ni  siquiera  hayan  tenido  conocimiento,  pues  como se indicó en precedencia  fueron   múltiples   las  ocasiones  en  que  los  conductores  descargaron  el  combustible       en       la       empresa       Copeco       Ltda.”14   

En cambio, para el ad quem, el acto de comprar  combustible  sustraído  correspondió,  sencillamente, a la realización de una  conducta  punible  contra  la  recta  y  eficaz  impartición  de justicia en la  modalidad          de          ‘adquirir’. En  palabras del Tribunal:   

“El hurto de  hidrocarburos  o  sus  derivados  […] fue  el  tipo  penal por el cual se condenó a los conductores que  ofrecían  el  crudo  a  diferentes  empresas,  entre  ellas,  a Copeco, pero la  relevancia  que  construye  la  parte  civil  de  ésta, en el estratagema de la  operación  delictual para su apoderamiento, no fue probada en el investigativo,  no  se  logró  establecer  que  las  acciones  realizadas  por  los  procesados  estuvieran  concatenadas  y  previamente  defi-nidas  dentro  del  andamiaje que  pretende    construir    el    apoderado    alrededor    de    los   conductores  condenados.   

”No encuentra  esta  Corporación  que  haya  sido posible determinar el plan común previo, el  presunto  acuerdo  realizado  entre  los  acá  procesados y los conductores, ni  tampoco  lo  esencial  de  su  contribución,  pues la adquisición del crudo la  podía  haber  realizado  cualquier  otra  empresa como efectiva-mente ocurrió,  pues  recordemos que no fue sólo Copeco quien recibió el crudo, sino que otras  empresas  también  compraban de similar manera el combustible, es decir, si los  acá  procesados  no hubieran cedido al ofrecimiento y no lo hubieran adquirido,  otra   empresa   posiblemente   lo   hubiera   realizado,   desvirtuándose  tal  característica.   

”Tampoco  se  encuentra  probada  su  intervención en la fase ejecutiva del reato de hurto de  hidrocarburos,  ningún  medio  nos indica que GARCÍA y GIL tuvieran ingerencia  [sic]    en    dicho  apoderamiento”15.   

En  tercer lugar, el problema de calificar la  conducta     fáctica     imputada    como    un    delito    de    apoderamiento  de  hidrocarburos o uno de  receptación estuvo presente  en  el  debate  jurídico  surtido  durante  el  proceso. De hecho, riñe con la  realidad  de  lo  actuado  que  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal eliminara  toda  posibilidad  de  configuración  del  tipo  del  artículo 447 del Código  Penal,  tal  como  lo  adujo  uno  de  los demandantes. Esto se evidencia en las  transcripciones         que         anteceden16.  Tampoco  es cierto que las  dos  adecuaciones típicas del comportamiento jamás pudieron discutirse durante  la  etapa  del  juicio.  Por  el  contrario, el a quo consideraba jurídicamente  viable  degradar  la acción contra el orden económico y social a una contra la  recta  y  eficaz  impartición  de  justicia,  sin  la  necesidad  de aplicar el  artículo 404 del estatuto procesal. Así lo explicó en su fallo:   

“[…]  en el  caso  sub  examine,  se  puede  variar  la  calificación,  máxime que no se ha  modificado  el  núcleo  esencial  de  la imputación; que si ello es así, y al  verificarse   que,   presunta-mente,   se  hallan  incursos  en  el  punible  de  receptación, consagrado  en  el artículo 447 de la norma sustancial penal, modificado por el artículo 4  de  la  Ley  813  de  2003,  él  determina  una  pena  menor  que  el  hurto de  hidrocarburos,  con  lo  cual,  eventualmente,  podría proferirse una sentencia  condenatoria por conducta punible menos gravosa.   

”Empero,  […]  se debe establecer  con  certeza  que  se  compró  o adquirió el crudo (bien mueble), cuyo origen,  mediato  o  inmediato,  lo  sea en un delito y, en el presente caso, se ha dicho  que  el crudo encontrado en los tanques 3, 4 y 5 en la empresa Copeco es similar  al  que produce Castilla I, irrogándose, a contrario sensu, que no es idéntico  ni      igual”17.   

El   Tribunal,  por  su  parte,  compartió  “el  análisis  realizado  por  el  a  quo sobre la  posibilidad  de  degradar  la  conducta  de  hurto  de hidrocarburos por la cual  fueron     acusados     GARCÍA     y     GIL     a     la    de    receptación”18.   

La diferencia entre la decisión del juez y la  del  ad  quem,  por  consiguiente,  obedeció  a  que  el  primero aseguraba que  “el  objeto de la conducta no se puede predicar que  sea   el  que  fue  materia  del  hurto”19,  mientras  que  el  segundo  concluyó que el combustible incautado a la empresa Copeco era  “de   las   mismas   características  físicas  y  químicas  que  el  crudo  de  Castilla”20.  Fue,  en  últimas,  una  discrepancia  probatoria,  que  no  conllevaba  desviación  del  núcleo  central  de  los  hechos  imputados  y  ni  siquiera de las únicas dos  denominaciones    jurídicas    (apoderamiento   de  hidrocarburos          y          receptación)  que  fueron abordadas a lo  largo del proceso.   

Recuérdese  además  que,  desde el referido  interlocutorio  de  14 de febrero de 2002, la Sala había advertido a la defensa  técnica  acerca de la necesidad de estar pendientes de todas las calificaciones  de  menor  entidad  a  la  imputación  jurídica  formulada  en  el  pliego  de  cargos:   

“[…]  los  sujetos  procesales  deben  ser  muy  cuidadosos  en presentar, en sus alegatos,  frente  a  la  realidad  probatoria y al entendimiento de las normas jurídicas,  aquellas  posibilidades  de  atenuación de responsabilidad a las que se podría  acudir,  en subsidio de la absolución”21.   

En  este  orden  de  ideas, la defensa de los  procesados  sí  tuvo  la  oportunidad  de  defenderse acerca de la atribución,  tanto     fáctica     como    jurídica,    del    delito    de    receptación.   

En consecuencia, los reproches que respecto de  estos  temas  interpusieron  los  apoderados  de JIMMY GARCÍA RINCÓN y VÍCTOR  JULIO GIL DÍAZ están destinados al fracaso.   

3. De la agravante de la cuantía  

3.1.  Desde el fallo  de  23 de septiembre de 2003 (radicación 16320), la Corte ha precisado que para  el  reconocimiento  de las circunstancias de agravación de la conducta punible,  ya  sean  específicas o genéricas, éstas deben estar imputadas tanto fáctica  como  jurídicamente en la resolución acusatoria o su equivalente de una manera  clara e inequívoca:   

“Si  bien  tradicionalmente   para  la  Sala  bastaba  con  el  planteamiento  fáctico          […]   para  deducir  la  agravante,  […] amplió su criterio  y  a partir de allí comenzó a exigir que en la resolución acusatoria tanto la  imputación  del  delito  o  de los delitos como toda  causal     de     agravación     –genérica  y específica–  debía ser determinada diáfanamente  desde   el  punto  de  vista  fáctico  y      desde      el      punto      de     vista     jurídico”22.   

3.2. En este asunto,  los  recurrentes  reclaman  que  el  Tribunal,  de modo contrario a derecho, les  aplicó  a  los procesados la circunstancia específica de agravación contenida  en  el  inciso  3º  del  artículo  447  del  Código  Penal,  según  el  cual  “[s]i  la  conducta  se  realiza sobre un bien cuyo  valor  sea  superior a mil (1.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes,  la   pena   se   aumentará   de   una  tercera  parte  a  la  mitad”.   

De  manera  independiente a los errores en la  formulación  de  los respectivos cargos, a los demandantes les asiste la razón  en el tema de fondo por ellos propuesto.   

En efecto, la Sala encuentra que la agravante  ni  siquiera  fue  atribuida  fácticamente  en  el  llamado  a  juicio.  En  la  acusación  de segunda instancia, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal no hizo  mención  o  referencia  alguna  a  la  cantidad  ni  al  valor  del combustible  adquirido  por los procesados. Simplemente, adujo, como ya se indicó (2.2), que  JIMMY    GARCÍA   RINCÓN   y   VÍCTOR   JULIO   GIL   DÍAZ   “recibieron  el  hidrocarburo  no  sólo  una, ni dos, ni tres, sino  veinte  veces  por  parte  de  los  conductores  que  directamente ejercieron la  apropiación  del  bien”23.  Lo  anterior  no determina  clara  ni  inequívocamente  el volumen total del objeto material del delito, ni  mucho menos conduce a su cotización.   

Es  más,  en  el pliego de cargos de primera  instancia  (que  calificó  el mérito del sumario por el delito de receptación),  el funcionario instructor  no  sólo  omitió  pronunciarse  desde el punto de vista jurídico acerca de la  configuración  de  la  causal  en comento (en la medida en que sólo acusó por  “el  artículo  447 de la Ley 599/2000, inciso 2º,  modificado    por    el    artículo    4   de   la   Ley   813/2003”24),  sino  que  en  la  parte  motiva  de  la  decisión  tampoco  la precisó, desde una perspectiva fáctica,  como  relevante para efectos de la realización del injusto o de su valoración.  Únicamente,  al  reseñar  la  prueba  (en  particular  el  informe de policía  número  0535  de  11  de  mayo  de  2004), plasmó que en la sede de la empresa  Copeco  “se  encontró e incautó una gran cantidad  de        hidrocarburo        (aprox.       55.342,89       galones)”25.   Esto   último   no   es  suficiente  para  considerarla  una  imputación  en  el  sentido sustancial del  término,  esto  es,  en  el  de  un señalamiento en el cual se afirmara que el  combustible  objeto  de  la receptación estaba valorado por encima de los 1.000  salarios mínimos para la época de los hechos.   

En  el  fallo  impugnado,  sin  embargo,  el  Tribunal  condenó a los procesados por “los incisos  2º  y  3º  del artículo 447 de la Ley 599 de 2000, con la modificación de la  Ley   813   de   2003”26,  es  decir, “en  atención  al  valor  del  bien  [que]  supera     los     1.000     salarios     mínimos  legales”27.  Lo  anterior,  por  cuanto  “en  la inspección judicial realizada a la empresa  Copeco,  de  59.078  galones  de  hidrocarburo  que  se  encontraron,  tan  solo  pudie-ron  respaldar  con  la  documentación presentada la existencia de 16.769  galones”28.   

Como lo indicó la Corte en precedencia (2.2),  el   núcleo  fáctico  esencial  de  la  imputación  era  que  “los    procesados    compraron   el   combustible   sustraído   de  Ecopetrol”.  El  ad quem, en este particular evento,  lo   amplió   a   “los  procesados  compraron  el  combustible  sustraído  de Ecopetrol, cuya cuantía superaba los 1.000 salarios  mínimos  mensuales  vigentes  para  el  2004”. Y le  reconoció  a  este último agregado efectos sustanciales que les representaba a  los  procesados,  de  una  pena de 4 a 8 años de prisión y de 5 a 500 salarios  mínimos  de  multa, un incremento sustancial de una tercera parte en el mínimo  y de la mitad en el máximo, en franco detrimento de sus intereses.   

No sobra añadir que la defensa jamás tuvo la  oportunidad  de  debatir  o  cuestionar  lo  referente a la concreta cantidad de  hidrocarburo  incautado,  o  a la del volumen no justificado, y menos a su valor  monetario.  Ni  siquiera  en  el  fallo  de  primera  instancia (que, como ya se  indicó  –2.2–,  también estudió la configuración  típica   del   delito   de  receptación)  se hizo alusión a tales circunstancias. Éstas sólo aparecieron  en la providen-cia de segundo grado.   

Como  esta situación implica la vulneración  de  la  consonancia  predicable entre la acusación y sentencia, la Sala casará  de  manera  parcial la decisión proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá,  en  el  sentido de excluir de la calificación jurídica  definitiva  de  los  hechos  la agravante del inciso 3º del artículo 447 de la  Ley  599  de  2000,  modificada  por  el artículo 4 de la Ley 813 de 2003. Así  mismo,   procederá   a   reajustar   la   sanción  imponible  en  el  apartado  siguiente.   

4. Dosificación punitiva  

La  pena  prevista  en  el  inciso  2º  del  artículo  447 del Código Penal, modificada por el artículo 4 de la Ley 813 de  2003  (que alude al delito de receptación   cuando   “se  realiza  sobre  medio  motorizado,  o  sus  partes  esenciales, o sobre mercancía o combustible que se  lleve  en  ellos”), es de 4 a 8 de prisión y de 5 a  500 salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa.   

Frente a la sanción privativa de la libertad,  el  ámbito  de  movi-lidad es el del cuarto mínimo, como ya se precisó (2.2),  que  corresponde a una pena de 4 a 5 años de prisión o, lo que es lo mismo, de  48 a 60 meses.   

Como  en  el  fallo objeto del extraordinario  recurso  el  Tribunal,  de  unos  límites  que  oscilaban  de  64  a  84 meses,  individualizó  la  pena en 80 meses debido a la gravedad del delito29,  la Corte,  en  un  ámbito  que  va  de 48 a 60 meses, respetará de manera proporcional el  criterio  del  ad quem y, por lo tanto, el monto quedará en 57 meses y 18 días  de  prisión. No se trata, entonces, de que la pena debía fijarse en el mínimo  previsto  por  la  ley,  como lo solicitó uno de los recurrentes, pues en estos  eventos  lo que prevalece es el criterio de las instancias (en el presente caso,  el  de  la  segunda),  a  menos  que  se  haya  evidenciado  la existencia de un  error.   

En cuanto a la multa, de unos extremos de 6,6  a  192,45  salarios  mínimos  (equivalentes  al cuarto mínimo de una pena cuyo  límite  máximo  era  750  salarios), el ad quem impuso una de 182,84 salarios.  Por  ende,  de  un  cuarto  mínimo  que debe oscilar de 5 a 128,75 salarios, la  sanción    equivale    a    122,35    salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes.   

En  consecuencia,  la  Sala reducirá la pena  impuesta  a  los procesados JIMMY GARCÍA RINCÓN y VÍCTOR JULIO GIL DÍAZ a 57  meses  y  18  días  de  prisión,  así como a 122,35 salarios mínimos legales  mensuales vigentes de multa.   

Así  mismo,  precisará  que la accesoria de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas quedará en  57 meses y 18 días.   

Por  último,  un demandante aseveró que, al  excluirse  la  causal  de  agravación del inciso 3º del delito de receptación,   se   satisfarían   los  requisitos  del  numeral  1º  del  artículo  38 del Código Penal, relativo al  mecanismo  sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria, motivo por el cual éste  debería  concedérsele  a  su  protegido  (y,  por contera, al otro procesado).   

Tras revisar la actuación, la Corte encuentra  que  el Tribunal negó la reclusión en el lugar de residencia de JIMMY GAR-CÍA  RINCÓN  y  VÍCTOR  JULIO GIL DÍAZ, toda vez que no se satisfacía el elemento  objetivo  según  el  cual  “la sentencia se imponga  por  conducta  punible  cuya  pena  mínima  prevista en la ley sea de cinco (5)  años   de  prisión  o  menos”.  Con  la  decisión  adoptada  en  el  presente fallo, dicho requerimiento se cumple. Sin embargo, el  ad  quem  no  hizo  pronunciamiento  alguno  acerca  de  la procedencia o no del  requisito   subjetivo   consagrado   en   el   numeral   2º   de  la  norma  en  comento30.   

Al  respecto,  es  de  mencionar que, para la  Sala,  abordar un estudio en tal sentido desbordaría su competencia, pues es el  juez  de  ejecución  de  penas y de medidas de seguridad la autoridad llamada a  referirse  a  la  concesión  o no del instituto, sobre todo cuando en cualquier  decisión  que  adopte  este  último  es  posible ejercer el derecho a la doble  instancia,   lo   que   no   se  daría  en  este  evento.  En  palabras  de  la  Corte:   

“No obstante  la     objetiva     constatación     del     vicio     alegado     […],  la  Sala ha precisado que en sede de casación no es  posible  alegar  la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  de  la sentencia, bien  porque  los  juzgadores  de  instancia  no  hayan hecho referencia al tema de la  sanción  alternativa,  o bien porque la hubiesen negado con razones equivocadas  o  que  en  todo  caso  no  comparte  el  recurrente,  toda  vez  que el juez de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad,  en  eventos como el presente,  conserva   competencia  para  hacer  el  respectivo  pronunciamiento”31.   

Por  lo tanto, la Sala también aclarará que  el  fallo  impugnado  permanecerá incólume en todos los demás aspectos que no  fueron objeto de modificación.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTI-CIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.  CASAR  de manera  parcial  la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bogotá,  en  razón  del  segundo  reproche  presentado  en nombre de JIMMY  GARCÍA  RINCÓN  y  del  único  subsidiario  interpuesto en representación de  VÍCTOR JULIO GIL DÍAZ.   

2.  En consecuencia,  EXCLUIR  de la calificación  jurídica  de  la  conducta  la  circunstancia  prevista  en  el  inciso 3º del  artículo  447  de  la  Ley 599 de 2000, modificado por el artículo 4 de la Ley  813 de 2003.   

3.   Así  mismo,  REDUCIR  la  pena  impuesta  contra  cada  uno  de  los procesados a 57 meses y 18 días de prisión y 122,35  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes de multa, por la conducta punible  de receptación.   

4.  ACLARAR  que la  sanción   accesoria   de   inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas asciende a  57 meses y 18 días.   

5.  PRECISAR  que el  fallo  impugnado  permanecerá  incólume  en  los demás aspectos que no fueron  objeto de modificación.   

Contra  esta  decisión,  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                            

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   GUSTAVO ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO           JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

                     

      

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio 30 del cuaderno del Tribunal.   

2 Auto de 14 de febrero de 2002, radicación 18457.   

3  Ibídem.   

4 Ibídem.   

5  Ibídem.   

6 Ibídem.   

7  Ibídem.   

8  En la actualidad, el tipo está contemplado en el artículo 327-A  de  la  Ley 599 de 2000, adicionado por el artículo 1º de la Ley 1028 de 2006,  con   el   nombre   jurídico  de  apoderamiento  de  hidrocarburos,    sus    derivados,    biocombustibles   o   mezclas   que   los  contengan, y pena de 8 a 15 años de prisión y 1.300  a 12.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa.   

9 Hoy  en  día,  el  delito del artículo 447 del Código Penal ha sido modificado por  el  artículo  45  de  la  Ley  1142  de  2007.  Por  otro  lado, la conducta de  receptación    (de  hidrocarburos)  está  consagrada  en  el artículo 327-C de la Ley 599 de 2000,  adicionado  por  el  artículo  1º  de  la Ley 1028 de 2006, con pena de 6 a 12  años  de  prisión y 1.000 a 6.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes  de multa.   

10 Folio 30 del cuaderno del Tribunal.   

11   Folio   16   del   cuaderno   de   segunda   instancia   de   la  Fiscalía.   

12    Folios   209-210   del   cuaderno   VIII   de   la   actuación  principal.   

13  Folio 20 del cuaderno del Tribunal.   

14  Folios  16-17  del  cuaderno  de  la  Fiscalía  Delegada ante el  Tribunal.   

15 Folios 19-20 del cuaderno del Tribunal.   

16   Véase   la   cita   de  la  nota  al  pie  de  página  número  14.   

17  Folios 131-132 del cuaderno X de la actuación principal.   

18 Folio 20 del cuaderno del Tribunal.   

19  Folio 132 del cuaderno X de la actuación principal.   

20  Folio 23 del cuaderno del Tribunal.   

21 Auto de 14 de febrero de 2002, radicación 18457.   

22   Sentencia   de   29   de   septiembre   de   2003,   radicación  19734.   

23   Folio   17   del   cuaderno   de   segunda   instancia   de   la  Fiscalía.   

24  Folio 219 del cuaderno VIII de la actuación principal.   

25  Folio 209 ibídem.   

26 Folio 30 del cuaderno del Tribunal.   

27  Ibídem.   

28  Folio 26 ibídem.   

29 Folio 30 ibídem.   

30 Cf. folio 31 ibídem.   

31  Sentencia  de  5  de  octubre de 2011, radicación 35670. En este  caso,  la  Corte  consideró  que  no  había  lugar  a  anular la sentencia por  motivación  incompleta, debido a que la primera instancia, en decisión avalada  por  el  ad  quem,  negó  en  su  fallo el mecanismo sustitutivo de la prisión  domiciliaria  por  la  única  razón  de  que  no  se cumplía con el mecanismo  objetivo  del  numeral  1 del artículo 38 del Código Penal. Dicha apreciación  fue,  en  criterio  de  la  Sala,  “manifiestamente  errada”,  motivo por el cual quedó “privado  el  sujeto  pasivo  de  la  acción  penal de conocer las  razones   ciertas   y   correctas   por   las  que  se  le  negó  el  señalado  mecanismo”.     

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