39761(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ                             MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 382.   

Bogotá, D. C., diecisiete (17) de octubre de  dos mil doce (2012).   

VISTOS  

La   Sala   examina   lo   relativo  a  la  admisibilidad   de  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  HERNANDO  JORDÁN  ARCHILA, por cuyo medio  sustentó   el   recurso   de   casación  interpuesto  contra  la sentencia del 2 de mayo de 2012 mediante la  cual  el  Tribunal Superior de Bucaramanga confirmó el fallo proferido el 31 de  agosto  de  2011 por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma sede, que  condenó  al  procesado  a  la  pena  principal  de  38 meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por   igual   lapso,  como  autor  del  delito  de  hurto  agravado.   

HECHOS  

          El Tribunal los resumió en los siguientes términos:   

          “El  11  de  junio  de  2005,  Gabriel  Torres  Salazar y Hernando  Jordán  Archila  celebraron  un  contrato que denominaron “compraventa” por  valor  de  $38.000.000 sobre el vehículo de placas BVG-351; en su condición de  vendedor  Jordán  Archila  entregó el rodante y el traspaso suscrito por Saúl  Aguillón  Jaimes  en el establecimiento denominado Serviautos, en presencia del  mecánico   automotriz   y   propietario  del  taller  referido,  Alonso  Bustos  Bermúdez,  a  quien  se  le  dejó el vehículo con el fin de que realizara los  arreglos  y  reparaciones previamente acordadas a cargo de Jordán Archila, pues  en  el  contrato  se  comprometió a entregar en óptimo estado el automotor que  había  sido  objeto  de  un  accidente  automovilístico,  por lo que demandaba  reparaciones generales.   

          El  señor  Torres  Salazar  se ausentó del país entre el 4 y 7 de  octubre  de  2005,  tiempo  durante  el  cual  el automóvil aún reposaba en el  taller  Serviautos  por  demora  en  la consecución de repuestos; al regresar a  esta  ciudad  el  adquirente  se  percató  que el vehículo ya no estaba en tal  establecimiento  y  al  pedir  explicaciones  sobre  el  suceso, el mecánico le  manifestó  que Hernando Jordán en compañía de Eduardo Vega alias “Tato”,  lo  había  retirado del establecimiento; inclusive, tiempo después lo enajenó  al señor Darío Espinosa Cuéllar”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Con    base    en    la   denuncia   presentada   por   Gabriel  Torres  Salazar,  la Fiscalía 23  Seccional  con sede en Bucaramanga adelantó inicialmente investigación previa.  Mediante  resolución del 9 de mayo de 2006 decretó la apertura de instrucción  penal,   en   cuyo  desarrollo  vinculó  mediante  indagatoria  a  HERNANDO JORDÁN ARCHILA.   

          El  instructor  dispuso  la  clausura  de  la investigación el 9 de  noviembre  de  2007  y luego, el 13 de diciembre siguiente, calificó el mérito  del  sumario  con resolución de acusación, por el delito de hurto agravado por  la confianza.   

La etapa del juicio correspondió al Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito de la precitada ciudad, cuyo titular puso fin a la  instancia con la sentencia del 31 de agosto de 2011.   

En virtud de la apelación interpuesta por la  defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga mediante la sentencia del 2 de  mayo de 2012 le impartió confirmación.   

Atendido  el  sentido  de  la  decisión  de  segunda  instancia,  el  mismo sujeto procesal acudió al recurso extraordinario  de casación.   

LA  DEMANDA   

          Al  momento  de  reseñar  la  actuación  procesal el actor pone de  presente  que  durante  el  desarrollo del proceso los profesionales del derecho  designados  para  asistir  al sindicado asumieron una actitud pasiva, sin que ni  siquiera  hayan  pedido  la  realización  de  una conciliación, y es así como  solamente  su  defensor  de  oficio  intervino  en  la audiencia pública, luego  careció  de defensa técnica. Adicionalmente, añade, el acusado permaneció en  todo  momento  privado  de  la libertad por cuenta de otro proceso, y a pesar de  que  la Fiscalía sabía esa circunstancia, no fue notificado de las decisiones,  razón por la cual también se le vulneró la defensa material.   

          Dicho  lo  anterior, el actor formula dos cargos contra la sentencia  del  Tribunal,  la  primera al amparo de la causal primera, cuerpo segundo de la  Ley  600  de 2000 y el segundo bajo el auspicio de la causal tercera de la misma  disposición legal.   

          En    el    primer   cargo   denuncia  la  violación indirecta de la ley sustancial, derivada de  error de hecho por falso raciocinio.   

          Sustenta  el  reproche  predicando la vulneración de los postulados  de  la  sana  crítica,  concretada  en  la  desestimación  de  los  argumentos  expuestos  en  la  sustentación del recurso de apelación, en donde se planteó  la  inexistencia  de  defensa  técnica  y  material, por cuanto el procesado al  estar  privado  de  la  libertad  debió ser llevado para la realización de una  conciliación.   

          Además,  cuestiona  al  Tribunal por fundamentar la responsabilidad  del  procesado  única  y  exclusivamente  en  los  testimonios del denunciante,  desechando  el  material  probatorio  favorable  a  aquél, a partir del cual se  conoció   desde  un  principio  que  los  hechos  corresponden  a  una  acción  civil.   

          En    el   segundo   cargo   aduce  que  la sentencia se emitió en un juicio viciado de nulidad,  pues  para nada se tuvieron en cuenta los principios generales de la valoración  de    la    prueba,    los    medios    de    prueba    ni   el   principio   de  imparcialidad.   

          En  desarrollo  de  la  censura critica una vez más al ad  quem  por  ocuparse  solamente  de los  testimonios  de  los  presuntos  ofendidos,  sin  advertir  que  el procesado se  encontraba  privado  de  la  libertad durante el desarrollo del proceso, lo cual  imponía  que  compareciera a ejercer la defensa material, en cuanto careció de  la técnica.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          En  virtud  del carácter extraordinario del recurso de casación y,  consecuentemente,  para diferenciarlo de los alegatos propios de las instancias,  el  legislador  en el numeral 3º del artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal  impone  al  demandante el cumplimiento de unos presupuestos de adecuada y  lógica   sustentación,   sin   los  cuales  el  libelo  está  llamado  a  ser  irremediablemente   inadmitido,   conforme   lo   establece   el  artículo  213  ibídem.   

          Dichos  requisitos  se relacionan con la acertada enunciación de la  causal  y  con la adecuada formulación del cargo, para lo cual se deben indicar  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos,  así  como  las  normas  que se  consideran  infringidas.  A esas exigencias, las cuales operan de manera general  para  todas  las causales, es necesario añadir las pautas que la jurisprudencia  de  la  Corte,  a efectos de la cabal comprensión de los reproches denunciados,  ha  establecido  en  forma  particular  respecto  de  cada uno de los motivos de  casación.   

          Observa   la   Sala  que  el  actor  no  satisface  los  mencionados  presupuestos de sustentación en la demanda que presenta.   

          En  efecto, empiécese por destacar cómo al reseñar la actuación,  sin  seguir  un  orden  lógico  en  la  argumentación,  menciona  una serie de  situaciones  para  significar  que  el  procesado careció de defensa técnica y  material,  exposición que, por lo demás, esboza a manera de un mero alegato de  instancia,  pues  no  la  concreta  en la estructuración de un cargo fundado en  alguna de la causales de casación.   

Cuando ya se ocupa de cuestionar formalmente  el   fallo   impugnado,   el   demandante   opta   por   formular   dos  cargos,  el  primero por violación  indirecta  de  la  ley sustancial y el segundo por nulidad, desconociendo de esa  forma  el principio de prioridad que rige en sede de casación, conforme al cual  el  actor debe postular los reproches asegurándose de  presentar  primero aquellos  que   buscan  la  invalidación  de  la  actuación  y  luego  sí  postular   los   que  sólo  tienen  por  objetivo  quebrar  la  sentencia,  cuyo  fundamento  estriba en que si prospera el inicial cargo, se tornará  innecesario   entrar   a   estudiar   las  demás  censuras  denunciadas  en  la  demanda.   

         

          Las  anteriores,  de todas maneras, no son las únicas falencias que  exhibe  el  libelo.  Se  observa  adicionalmente  que  en  los cargos formulados  enuncia  un  motivo  casacional,  pero desarrolla temas completamente distintos,  desatendiendo   el   principio   de  autonomía  que,  igualmente,  gobierna  la  impugnación extraordinaria.   

          En  efecto, en el primer cargo atribuye   al   Tribunal  incurrir  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  el  cual  se  presenta  cuando  el  juzgador  en la valoración del  conjunto  probatorio  desconoce  de  manera ostensible los principios de la sana  crítica,  de  manera  que para su estructuración adecuada corresponde al actor  identificar  la  prueba o pruebas indebidamente apreciadas, indicar cuál fue el  postulado  de  la  lógica,  la ley de la ciencia o la máxima de la experiencia  desconocidas  y  cuál  principio  de  la  sana  crítica, en su defecto, debió  aplicarse  y,  por  último, acreditar las implicaciones del error en el sentido  de la decisión atacada.   

          Ningún   esfuerzo   argumentativo   realiza  el  casacionista  para  fundamentar  dicho  yerro.  Contrariamente,  plantea  la inexistencia de defensa  técnica  y  material,  deslizando  así  el  discurso  hacia los terrenos de la  causal tercera de casación   

          Es  más,  cuestiona  también al Tribunal no considerar las pruebas  favorables  al  procesado,  con lo cual termina por adentrarse hacia los predios  del error de hecho por falso juicio de existencia por omisión.   

          Por    su    parte,    en    el   segundo  cargo, aun cuando postula la nulidad de la actuación,  entremezcla  en  la  fundamentación  argumentación  propia  de  la  violación  indirecta,  en  cuanto reprocha al ad quem desconocer  los  principios  de la valoración probatoria y, en fin,  ocuparse  solamente  de  los  testimonios  de  la  acusación, sin que, de todas  maneras,  acometa  la  fundamentación  concreta  de  un  yerro casacional de la  referida naturaleza.   

          Aparte  de los desaciertos antes evidenciados, encuentra la Sala que  el  actor  en  los  dos  cargos formulados coincide en plantear la existencia de  irregularidades   invalidantes,   de  una  parte,  por  la  actitud  pasiva  del  profesional  del  derecho  que  asistió  al  procesado  y,  de  la otra, por la  privación   de   la   libertad   dispuesta   en   contra   de   éste  en  otro  expediente.   

          Sin  embargo,  advierte  también  la  Corte  que  el  demandante se  limitó  a  enunciar  tales  vicios  sin fundamentar su trascendencia, y es así  como,  en  el primer caso, omitió explicar por qué la inactividad del defensor  no  pudo  obedecer  a  la  actitud  que suelen adoptar algunos profesionales del  derecho,    denominada    por    la    Sala   estrategia   defensiva1   y   cuyo  propósito es obtener posteriores dividendos procesales.   

          A   su   turno,   el   libelista  dejó  de  considerar  que  la  no  intervención  activa  del acusado en el curso del proceso obedeció al abandono  voluntario  al cual optó respecto de las posibilidades materiales de defensa de  que  disponía, pues el prenombrado estaba enterado a cabalidad de la existencia  de   la   actuación   procesal,   en  tanto  incluso  rindió  declaración  de  indagatoria,  sin  que en tal decisión hubiese influido su posterior privación  de  la  libertad,  de  lo  cual,  por  lo  demás,  no dio cuenta oportuna a los  funcionarios judiciales.   

En   relación  con  lo  último  anotado,  advertido  sea,  el  impugnante  desconoce el principio de corrección material,  acorde  con  el  cual  los  fundamentos  de la demanda deben corresponder con la  realidad  procesal,  pues no es cierto que la Fiscalía haya tenido conocimiento  de     la    detención    ulterior    de    JORDÁN  ARCHILA.   

          En  tales  condiciones,  se  impone  concluir  que  el  libelista no  satisfizo  los presupuestos de adecuada y lógica sustentación inherentes a los  ataques  seleccionados,  razón  por  la  cual la Sala inadmitirá la demanda en  cuestión.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  HERNANDO  JORDÁN  ARCHILA,  conforme   a   las  razones  expresadas  en  la  presente  decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo   187   del   estatuto   procesal   penal,  contra  esta  providencia    no    procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                LUIS     GUILLERMO    SALAZAR    OTERO               

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1   Cfr.  Sentencia  del  26  de  septiembre  de  2002,  radicación  12647.     

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