39639(04-09-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 329.   

Bogotá  D.C.,  septiembre cuatro (4) de dos  mil doce (2012).    

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  del   libelo   de   casación   presentado   por  el  defensor  de  JOSÉ  RAMIRO  BECERRA  MALDONADO con el  objeto  de  sustentar  el recurso extraordinario de casación interpuesto contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá  el  pasado  29  de mayo, a través de la cual confirmó la dictada el 9 de marzo  anterior   por  el  Juzgado  18  Penal  del  Circuito  de la misma sede que  condenó  al  mencionado  como  autor  de  los  delitos de falsedad en documento  público y estafa, ambos agravados.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  ad-quem,  de  la siguiente  manera:   

“En  el  mes  de noviembre de 2009, JOSÉ  RAMIRO  BECERRA MALDONADO, ex oficial del Ejército Nacional, convino con Rafael  Alonso  Cárdenas Cepeda y Luis Alain Cepeda Pérez negociar unos vehículos que  por  su intermedio remataba dicha institución.  Fue así como recibió del  primero  de los nombrados $ 13.000.000 y del segundo $ 16.500.000, sugestionados  de  que la transacción se verificaría por los documentos varios que entonces y  con  posterioridad  les  entregó  el  procesado, supuestamente expedidos por la  División  de  Transporte  del  Ejército  Nacional,  los  cuales  a  la  postre  resultaron falsos”.   

Por  razón de los hechos anteriores, el 18  de  marzo  de  2011  se  celebró  audiencia preliminar ante el Juzgado 57 Penal  Municipal  con  Función de Control de Garantías de Bogotá, en cuyo desarrollo  se  formuló  imputación  en  contra  de JOSÉ RAMIRO  BECERRA  MALDONADO  por los delitos de estafa agravada  (arts.  246 y 247-4 del C.P.) y falsedad material en documento público agravada  (arts.     287    y    290-2    ibídem), los cuales el imputado aceptó.   

Verificada  la  legalidad  del allanamiento  durante  audiencia  realizada  el  11 de noviembre ulterior, el Juzgado 18 Penal  del  Circuito  con  Función de Conocimiento de la misma ciudad, profirió fallo  de  primer  grado el 9 de marzo siguiente por cuyo medio condenó a BECERRA    MALDONADO    a   las   penas  principales  de  setenta y dos (72) meses de prisión y multa por valor de 33.33  salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes   y   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  lapso  igual  al  de  la  pena  privativa de la libertad, tras encontrarlo autor  penalmente  responsable de los delitos aceptados. En la misma determinación, le  negó  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y el sustitutivo  de la prisión domiciliaria.   

   

Recurrida  en apelación esta decisión por  la  defensa del procesado, el Tribunal Superior de Bogotá la confirmó el 29 de  mayo del año en curso.   

Contra  esta  última  decisión,  la misma  parte,  de manera exclusiva, la recurrió extraordinariamente, mediante demanda,  de cuya admisibilidad se pronuncia la Sala.   

LA  DEMANDA   

         El  defensor  del  procesado  formula  dos censuras contra el fallo  impugnado     por    “falta    de    aplicación,  interpretación  errónea,  o  aplicación  indebida  de una norma del bloque de  constitucionalidad,    constitucional    o   legal,   llamada   a   regular   el  caso”.   

En el primer cargo,  señala  que  el  juez  se  equivocó  al  agravar  la  conducta  del  procesado  “por         interpretar        ‘documentos  relacionados  con  medios  motorizados’…”,  pues el que origina la ilicitud  “es  un documento informativo de un remate donde se  relacionan   un  lote  de  vehículos  sin  determinar  sus  características”  y  no,  como  lo  entiende  el  legislador,  frente a  documentos  en  relación  directa  con  los  automotores,  como  la licencia de  propiedad,   seguro  obligatorio,  revisión  técnico  mecánica,  licencia  de  conducción, tarjeta de operaciones o el contrato de compraventa.   

Como  el  juzgador  agravó  la  pena  con  fundamento  en  documentos atinentes a “relaciones a  circunstancia    (sic)  extrínsecas”, se configura, a su juicio, una clara  interpretación   errónea   del   parágrafo   final   del  artículo  290  del  C.P.      

En    el    segundo   reparo,  por  su  parte,  empieza por recordar que su prohijado padece de  una  grave  enfermedad  incompatible  con  la  reclusión intramural, la cual lo  obliga  a  someterse  a  tratamiento de diálisis que le impidió asistir, en el  decurso  de  la  actuación,  a  las  audiencias,  por  lo  que se le otorgó el  beneficio de la detención domiciliaria.   

A pesar de lo anterior, reseña, de forma  sorpresiva  en  la  sentencia  de  primera  instancia  se  le negó su solicitud  elevada  durante  el  término  del  artículo  del  447  del  estatuto procesal  tendiente  a  que  se  le  concediera la “detención  domiciliaria”,  aplicando  “la  tan nefasta y olvidada teoría del peligrosismo, manifestando que por ser  copia  y  no  originales  de  la historia clínica y demás documentos, que como  estaba  siendo  procesado  por  falsedad   en documento, como no podríamos  estar   frente   a   un   nueva  falsificación  de  mi  defendido  (sic)”,  incurriendo   el   juzgador,  adicionalmente,  en  incongruencia  al  citar  las  normas.   

Acto  seguido,  pregona  que  el recurso de  apelación  interpuesto  contra  el fallo anterior se fundamentó en la referida  incongruencia   normativa   y  si  bien  el  ad  quem  reconoció  que el inferior no acertó en ello sí lo  hizo  al  negar  la figura por no contarse con el informe respectivo de Medicina  Legal.   

De  esta  forma,  sostiene, se incurrió en  aplicación   indebida   de   una   norma   del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional  o  legal  “ya  que el beneficio que  presenta  el  artículo  68  del C.P., no es más que una extensión del derecho  fundamental   a  la  vida,  a  la  salud,  y  a  una  vida  digna”.   

En  consecuencia,  advierte,  la  tesis del  Tribunal  es  formalista,  pues,  ante  la  dificultad de obtener un dictamen de  Medicina  Legal, la Unidad Investigativa de la Defensoría del Pueblo emitió un  experticio  en donde se destacó la incompatibilidad de la detención intramural  con  el  tratamiento  que  se  le  debe  garantizar  a  su  defendido,  en tanto  “el  grado  de  higiene  debe  ser  muy  alto  y la  alimentación   especial   y   adecuada”,  concepto  respaldado con un diagnóstico del Hospital Militar.     

Con  fundamento  en lo expuesto, solicita  casar  el  fallo  “y  se  revoque,  en  cuanto a el  (sic)   agravante  en  la  falsedad,  se  redosifique  la  pena  y  se  conceda  el beneficio de reclusión  domiciliaria”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Lo  primero  que se impone determinar es si al recurrente le asiste  interés  para  plantear  los  temas  ventilados  en sede extraordinaria, habida  cuenta  que  la  impugnación  se endereza contra un fallo anticipado por razón  del  allanamiento  del  implicado JOSÉ RAMIRO BECERRA  MALDONADO   a   los  cargos  verificado  durante  la  audiencia  de  formulación de imputación con el aval del juez de conocimiento,  tema  de  mayúscula  incidencia  para  el análisis que corresponde acometer en  esta  oportunidad  procesal,  pues,  de conformidad con el artículo 184, inciso  segundo de la Ley 906 de 2004:   

         “No  será seleccionada, por auto debidamente motivado que admite  recurso  de  insistencia  …,  la demanda que se encuentre en cualquiera de los  siguientes  supuestos:  Si  el  demandante  carece de  interés,   prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se advierta que  no   se   precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso” (subraya fuera de texto).   

                

Ciertamente, ha reiterado la Sala que cuando  el  procesado acepta los cargos atribuidos en su contra opera el principio de no  retractación,  surgiendo  la imposibilidad para quien efectúa tal asentimiento  en  forma  libre,  informada  y  consciente  de  discutir  en  relación  con la  responsabilidad  penal  admitida,  bien  sea  para  pregonar  posteriormente  su  inocencia   (retractación   total)   o  en  procura  de  buscar  una  forma  de  degradación  (retractación  parcial),  salvo  demostrarse que en dicho acto se  incurrió   en   vicios  de  consentimiento  o  en  vulneración  de  garantías  fundamentales,  tal  como lo prevé el inciso cuarto del artículo 351 de la Ley  906 de 2004.   

Acudir  a este tipo de mecanismos, también  se  ha  precisado,  implica para el procesado renunciar a una de las etapas  del  proceso,  como  en  este caso lo fue el juicio, así como a la controversia  que  dentro  de  sus  cauces  normales se generaría, en cuanto estos mecanismos  están  basados  en  una  filosofía  premial,  esto  es,  que frente al acto de  conformidad  del procesado en beneficio de la celeridad procesal y del ahorro de  esfuerzos  para  la  administración  de  justicia,  se  le  otorga un incentivo  punitivo  significativo  (aquí  lo  fue  del  50  %  de la pena), por lo que no  resulta  posible  frente  a  esta  clase de instituto jurídico acudir al fácil  expediente de la retractación posterior.   

El  principio  de  no retractación, además, encuentra consagración  expresa  en  el  inciso  segundo  del  referido artículo 293 de la Ley  906  de  20004, según el cual luego  de  que el juez de conocimiento acepta el allanamiento  le   está   vedado   a   los   intervinientes retractarse de sus términos.   

No  obstante  lo  anterior,  la  Sala tiene  sentado  que,  como ya se destacó, frente a la limitante para impugnar en estos  eventos  existen  algunas  excepciones referidas a  (i) cuando se demuestre  en  forma clara que en dicho acto se incurrió en vicios de consentimiento; (ii)  la  vulneración  de  garantías fundamentales; y, (iii) la inconformidad con la  dosificación  punitiva o los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la  libertad1.   

Pues  bien,  es  evidente  que el planteamiento contenido en la primera  censura      dista     de     los     anteriores   temas  que  habilitan  para  impugnar,  en  cuanto  se  circunscribe  a  discutir en torno a la aplicación de  la  circunstancia  de  agravación  del delito de falsedad en documento público  debidamente  aceptado  por  el procesado durante la audiencia de formulación de  imputación      de      manera      informada,  libre, consciente, voluntaria  y  asistido  por  defensor,  motivo      por      el     cual     está impedido  para  buscar  formas  de  retractación  frente a lo aceptado, cuando por virtud  de        ese        acto        renunció a tal  facultad.     

Adicionalmente, se reitera, porque ese acto  de  aceptación  gozó  de  aprobación por el Juzgado 18 Penal del Circuito con  Función  de  Conocimiento  de  Bogotá  mediante  decisión adoptada durante la  audiencia  realizada  el  11  de noviembre de 2011, contra la cual la defensa no  interpuso recurso alguno.   

De lo expuesto en  precedencia,  surge  como  conclusión  razonable  que  el  defensor  carece  de  interés     para    proponer    el    tema     aludido    en    este reproche,  lo  cual  torna ineludible  su  inadmisión,  sin  que encuentre la Sala la necesidad de dictar fallo de fondo  superando   la   falencia   o   casar  oficiosamente  la  decisión impugnada por  advertir      vulneración      de     garantías  fundamentales.   

Ahora  bien,  situación  distinta emana en  relación    con   la   segunda   censura,   dado   que   se  postula  un  vicio  relacionado  con los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la libertad  por   no  haberse  otorgado  a  su  prohijado  el  beneficio  de  la  reclusión  domiciliaria  previsto  en  el  artículo  68  del C.P., no obstante encontrarse  acreditada la grave enfermedad que padece.   

Al respecto lo primero que debe indicarse es  que  al  haberse  enderezado  esta propuesta por la vía de la causal primera de  casación  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  censor estaba  obligado  a  respetar  los  fundamentos  fácticos y probatorios de la decisión  impugnada  para  así  concentrar  su  atención  exclusivamente  en el error de  juicio  que  sin  mediación  alguna  recae  sobre  la norma sustancial, pues si  pretende  ventilar  discusiones en derredor de la apreciación de la prueba o de  los  supuestos  fácticos,  para  ello  cuenta con la causal que por antonomasia  está  concebida  para  tal  efecto,  esto es, la violación indirecta de la ley  sustancial  contenida  en  el numeral 3° del mencionado artículo 181 de la Ley  906 de 2004.   

Ha  dicho la Sala que la violación directa  de  la  ley  sustancial  sólo  se  refiere  al  yerro  en  el  que incurren los  sentenciadores  cuando  a  partir  de  la  ponderación  de los hechos objeto de  juzgamiento  legal  y  oportunamente allegados a la actuación, dejan de aplicar  la  disposición  que  se  ocupa  de la situación en concreto, en cuanto yerran  acerca  de  su existencia (falta de aplicación o exclusión evidente), realizan  una  equívoca  adecuación de los hechos probados a los supuestos que contempla  el  precepto  (aplicación  indebida), le atribuyen a la norma un sentido que no  tiene   o   le   asignan   efectos   diversos   o   contrarios  a  su  contenido  (interpretación errónea).   

Por  tanto,  cualquiera sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro de los juzgadores recae  necesaria  e inmediatamente sobre la normatividad, circunstancia que traslada el  debate  a  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea porque se deja de lado el  precepto  regulador de la situación específica demostrada, ora porque el hecho  se  adecua a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos  o  bien  porque  se desborda la intelección propia de la disposición aplicable  al  caso  concreto, todo lo cual exige, como punto de partida, la aceptación de  la  realidad  fáctica  definida  en  las  instancias e inmodificable dentro del  proceso que, según ya se dijo previamente, no respeta el censor.   

En   efecto,   contrariando  la  anterior  exigencia,  el demandante construye su cuestionamiento contra el fallo impugnado  apartándose  de  la  valoración  probatoria  del juzgador en punto del estudio  relacionado  frente  a  la  gravedad  de la enfermedad que padece el implicado y  así  colegir  que  no  se  satisfacía el presupuesto subjetivo que habilita la  concesión  de la reclusión domiciliaria. Desde esa perspectiva es claro que la  vía   adecuada   para  emprender  ese  planteamiento  era,  necesariamente,  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  en  la  medida  en  que  hubiera  demostrado  que  en  dicho  proceso  de  ponderación probatoria el sentenciador  incurrió  en  errores  de  hecho  por falsos juicios de existencia, identidad o  raciocinio  o  de derecho por falsos juicios de legalidad o convicción, nada lo  cual   desarrolla  en  detrimento  de  las  posibilidades  de  admisión  de  la  censura.   

Al  contrario, lo que se advierte es que en  el  fondo  la  propuesta se contrae a exponer su criterio personal en el sentido  de   que   ha   debido   otorgarse   el   beneficio   aludido  en  favor  de  su  defendido.   

Actitud esta que, como mucho se ha dicho, no  tiene  cabida  en  esta  sede  por  no  estar concebida como tercera instancia y  porque  tampoco logra desvirtuar la doble presunción de acierto y legalidad que  gobierna  al fallo, para lo cual es preciso demostrar yerros trascendentes en la  apreciación de las pruebas con incidencia en la ley sustancial.   

Máxime   cuando   se   observa   que  el  casacionista   distorsiona  los  términos  tanto  del  informe  de  actividades  periciales  rendido  por  la  Unidad  Operativa de Investigación Criminal de la  Defensoría   del   Pueblo  del  13  de  marzo  del  año  en  curso2,  como de la  constancia  expedida  el  día  anterior  por  el  director médico del Hospital  Militar  Central3,  al  señalar  que  el  tratamiento para su cuadro patológico es  incompatible con su reclusión intramural.     

En efecto, el primer documento en  referencia  concluye que “Sanidad   carcelaria,   o   quien   le   corresponda,  debe  procurar  lo  necesario  para garantizar ambiente adecuado  para  evitar riesgo de infecciones al igual garantizar el suministro de la dieta  estricta  que  requiere  el  paciente  diabético  y  renal, el suministro de la  medicación  y  garantizar  el cumplimiento y asistencia a la realización de la  hemodiálisis       en       institución       médica      adecuada  tres  veces  por  semana; día de por  medio,  como  mínimo  porque  si  hay  deterioro  podría  requerir  una  mayor  intensidad.  Y  al  igual  tener fácil acceso a los servicios especializados de  nefrología  y  demás valoraciones referidas y la realización de los exámenes  que  se  deriven,  e  informar  al  juzgado si está en capacidad de brindar esa  atención”.   

Por su parte, en el segundo, se advierte que  los  pacientes  con  hemodiálisis requieren tratamiento tres veces por semana y  “ambientes   adecuados   para  evitar  riesgos  de  infecciones,  seguir  una  dieta  estricta  para  el  paciente  renal  y adicionalmente tener fácil acceso a servicios de nefrología  por  riesgos  y  complicaciones  inherentes  a  su enfermedad por lo que se debe  garantizar  el  cumplimiento  y  asistencia  a su sesiones de hemodiálisis de 4  horas, tres veces por semana”.   

Es  decir, en momento alguno se infiere que  el  tratamiento  es incompatible con el régimen intramural, sino que debe tener  unas especiales condiciones.   

En razón de las falencias advertidas frente  a  cada una de las censuras, se impone la inadmisión de la demanda allegada por  el  defensor de JOSÉ RAMIRO  BECERRA  MALDONADO,  como así se declarará, sin que  encuentre  la  Sala  necesario  dictar  fallo  de  fondo  superando los defectos  indicados  o  casar  oficiosamente  la  decisión  impugnada  para  enmendar  la  vulneración     de    garantías    fundamentales.   

Ahora  bien,  habida     cuenta    que    contra    esta  decisión  procede el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir   para  que  se  aplique  el  referido  instituto  procesal,  habrán  de  acatarse   las   reglas  fijadas por la Sala para su  aplicación4.   

         

        En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por el defensor  de   JOSÉ   RAMIRO   BECERRA  MALDONADO,     por     las    razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

        De   conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y, en los términos referidos en el  acápite  final  de  esta  determinación,  contra  esta  decisión  procede  la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ               MUÑOZ       LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO     

JULIO             E.            SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Cfr.,  entre  otros,  autos de 21 de febrero de 2007, rad. No 26.587 y de 11 de mayo de  2009, rad. 31326.   

2  A  partir del folio 188 de la carpeta.    

3 Fol.  187 ibídem.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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