39421(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ       

          Aprobado Acta N° 376.   

Bogotá  D.C.,  octubre diez (10) de dos mil  doce (2012).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala en relación con la  admisión  de  la demanda de casación presentada por la defensora del procesado  JOSÉ   DE   LA  CRUZ  LEÓN  SAAVEDRA  contra  la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de Tunja el 21 de marzo del año en curso, mediante la cual confirmó,  con  modificaciones,  la  dictada el 13 de julio anterior por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito de la misma sede que lo encontró responsable del delito de  fraude procesal.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los   primeros   se   declararon  por  el  ad  quem,  de la siguiente  forma:   

         “Carlos  Giovanny  Riaño  Salcedo  y  JOSÉ  DE  LA  CRUZ  LEÓN  SAAVEDRA,  en  su  condición  de  representante  legal  de  LEONCARS, acordaron  celebrar   dos   contratos   de   mutuo  por  $22.000.000.00  y  $24.000.000.00,  respectivamente,  para que el primero adquiriera dos microbuses al concesionario  METROKIA,  pero  LEONCARS sólo desembolsó $22.000.000.00 correspondiente a uno  de  los  créditos.  Para  respaldar  los  dos préstamos JOSÉ DE LA CRUZ LEÓN  SAAVEDRA  le  exigió  a Carlos Giovanny Riaño Salcedo la firma de dos pagarés  por  $22.000.000.00  y  $24.000.000.00 y firma de 47 letras de cambio a favor de  LEONCARS Ltda.   

         Debido  al  incumplimiento  de  JOSÉ  DE  LA  CRUZ LEÓN SAAVEDRA,  METROKIA  no  entregó  uno  de los automotores a Carlos Giovvany Riaño, motivo  por  el  cual el comprador renunció al préstamo por $24.000.000.00, celebrando  con  su  acreedor un contrato de transacción el 6 de marzo de 2003 en el que se  comprometió  a  devolver  a  LEONCARS  la  suma  de $22.503.000.00 que incluía  capital  e  intereses  y  JOSÉ  DE LA CRUZ LEÓN SAAVEDRA se obligó a entregar  todos  los  documentos  suscritos  para  el otorgamiento de los créditos, entre  ellos  los  dos  pagarés, 47 letras de cambio y carta de despignoración, deber  que  incumplió porque no devolvió un pagaré explicando que la Fiscalía se lo  había   solicitado  y  tampoco  levantó  la  prenda  sobre  el  vehículo  UQY  041.   

         

         Carlos  Giovanny  Riaño Salcedo estando dispuesto a cumplir con su  obligación,  no  pudo  hacer efectivo el pago en efectivo debido a que JOSÉ DE  LA  CRUZ  LEÓN  SAAVEDRA  no  lo recibió al considerar que le debía reconocer  $10.000.000.00  más  de  lo  pactado,  razón por la que el acreedor y a la vez  denunciante  mediante  pago  por  consignación el 16 de mayo de 2.003 saldó la  deuda.   

         El  procesado JOSE DE LA CRUZ LEON SAAVEDRA teniendo en su poder un  pagaré  de  los  solicitados para respaldar la deuda, demandó ejecutivamente a  Carlos   Giovanny   Riaño   Salcedo   presentando   dicho   título  valor  por  $34.128.000.00,  correspondiendo  ese  proceso  por  reparto  al Juzgado Segundo  Civil del Circuito de Tunja.   

         El  23  de  julio  de 2003 el Juzgado Segundo Civil del Circuito de  Tunja  libró  orden de pago por los trámites del proceso ejecutivo con título  prendario,  contra  el  señor  Carlos  Giovanny  Riaño  Salcedo  y  a favor de  LEONCARS  LTDA. En la misma fecha y en atención a la medida cautelar impetrada,  el  mismo  Juzgado  decretó  el embargo del vehículo automotor de placas UQY –  041,  para  lo  cual  se  libró  el respectivo oficio dirigido al Secretario de  Tránsito  y  Transporte  de Tunja. El 26 de septiembre de 2003 se llevó a cabo  diligencia de secuestro del mencionado automotor”.   

Con base en los hechos referidos, se dispuso  la   apertura   de  instrucción,  en  cuyo  marco  fue  vinculado  LEÓN  SAAVEDRA,  mediante diligencia de  indagatoria,  en contra de  quien,  una  vez  clausurada  la  investigación,  se  profirió  resolución de  acusación  el  8  de  mayo  de  2007  como  posible  autor del delito de fraude  procesal,  decisión  que  fue  confirmada  por  la  Fiscalía  Delegada ante el  Tribunal de Tunja el 29 de enero de 2010.    

   La  etapa  del juicio correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito del mismo lugar, el cual,  tras  surtir  el  correspondiente rito legal, dictó sentencia el 13 de julio de  2011,  por  cuyo  medio  condenó  a  JOSÉ DE LA CRUZ  LEÓN  SAAVEDRA  como autor penalmente responsable de  la  conducta  punible  endilgada a las penas principales de cincuenta (50) meses  de  prisión,  multa  por  valor  de  200  salarios mínimos legales mensuales e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por cinco  (5) años.   

Igualmente,   lo   condenó  al  pago  de  perjuicios  materiales  en  las  sumas  estipuladas,  a  la  vez que le negó el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y le  otorgó el sustitutivo de la prisión domiciliaria.    

Contra la anterior determinación interpuso  recurso  de  apelación  directamente el sentenciado y a través de su defensor,  siendo  desatados  por  el  Tribunal  Superior  de  Tunja mediante sentencia del  pasado  21 de marzo, impartiéndole confirmación, salvo en lo concerniente a la  condena  en  perjuicios,  punto  que  revocó,  al  no  encontrarlos debidamente  demostrados.   

Inconforme con la sentencia del ad-quem,  la  defensa     del   condenado,   en   forma   exclusiva,   promovió   en  su  contra  recurso  extraordinario  de  casación,  mediante  demanda  sobre  cuya  admisibilidad se  pronuncia  la  Sala.     Dentro  del  término  legal,  presentó  alegato  el  apoderado  de la parte civil en su condición de sujeto procesal no  recurrente.   

LA DEMANDA  

          La  casacionista  formula  tres censuras contra el fallo impugnado,  en  su  totalidad por la causal primera del artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial, originada en errores de hecho  por  falso juicio de existencia por suposición probatoria (primer cargo), falso  juicio   de   identidad  (segundo  cargo)  y  falso  juicio  de  existencia  por  suposición probatoria (tercer cargo).   

         Para  fundamentar  los  dos primeros reparos la casacionista expone  argumentos  similares,  esto  es,  que  los  juzgadores  llegaron a conclusiones  erradas  a  partir  de  los  medios  probatorios  obrantes  en relación con los  siguientes  aspectos  que  hubieren  determinado  la  atipicidad  de la conducta  imputada:   (i)   al   establecer  el  alcance  del  documento  presentado  como  transacción,  en  cuanto  no  tiene  el  efecto  extintivo  de  la  obligación  atribuido  y  (ii)  dado  que realmente no existió proceso judicial de pago por  consignación.   

         En  el  tercer  cargo,  por  su parte, argumenta que se vulneró el  principio  in dubio pro reo,  pues  “la  obligación  del deudor contenida en una  pagare   (sic)   no   se  extinguió  el día 6 de marzo de 2003 con la sola suscripción del documento de  transacción;    la    obligación   contenida   en   el   pagare   (sic)   que   se  ejecuto  (sic)  se extinguió legalmente el día 1  de      febrero      de       2006,      cuando      cobro     (sic)  ejecutoria el fallo judicial, que  declaro  (sic) extinguida la  obligación.   

         Lo  anterior, añade, porque si el denunciante hubiera cumplido con  la  obligación  en  la fecha indicada, su defendido no hubiera tenido derecho a  ejecutarlo  y fue ese incumplimiento el que lo determinó a instaurar el proceso  ejecutivo,  de manera pues que la obligación se extinguió con los fallos allí  proferidos  al  darle  prosperidad  a  la  excepción innominada de transacción  “y no como consecuencia de la suscripción del acta  de  transacción el día 6 de marzo de 2003, como lo determinaron los falladores  en la decisión impugnada”.   

         Lo  realmente  sucedido,  entonces,  fue  que  el denunciante en su  calidad   de   obligado  mutuario  “se  vio  en  la  imposibilidad  de  pagar  el  dinero  mutuado,  y además con posterioridad a la  consignación  realizada  por  el  mutuante  el  día  26  de diciembre de 2002,  presento  (sic) unas cartas  dirigidas    a    Leoncards    (sic)   diciendo  que se abstenga de realizar el desembolso, iniciando así  el     quebrantamiento     de    la    buena    fe    contractual”.   

         Ante  ello,  prosigue,  como única salida el denunciante optó por  dilatar  las  actuaciones  procesales interponiendo en contra de su representado  una  querella  penal  por  el  delito  de  estafa y luego se suscribió el nuevo  acuerdo   de   pago.   Por   consiguiente,   “está  demostrado  cronológicamente, que la demanda ejecutiva fue presentada dos meses  después  de  incumplido  el  nuevo  acuerdo  de  pago o acta de transacción, y  además  que  no existía el pago total del capital y de los intereses acordados  en el contrato de mutuo comercial”.   

         Luego,  sostiene,  fue  que  el  juzgado  civil  resolvió de fondo  “dándole prosperidad a la excepción de novación,  decisión  que  fue recurrida, y el día 1 de febrero de 2006, la sala civil del  Honorable   tribunal   de   Tunja   (sic),    revoco   (sic)   el  fallo  declarando  la extinción de la obligación por la forma  de la transacción”.   

         Así  las  cosas,  concluye,  su  prohijado hubiera incurrido en el  delito   imputado   sólo  “si  una  vez  declarada  judicialmente   la   extinción  de  la  obligación  hubiese  iniciado  acción  ejecutiva  para  cobrar  doble  vez la misma obligación, o hubiese ejecutado el  contrato  de  transacción  al  mismo  tiempo  que  se ejecutaba el pagare   (sic), pero eso no sucedió  así;  el  pago  acordado en la transacción no se cumplió el día 9 de mayo de  2003,   y   el  proceso  ejecutivo  se  inicio  (sic)  el quince (15) de julio de 2003, como consecuencia de  ese incumplimiento”.   

         Como  petición  frente  a cada uno de los reproches, depreca casar  el  fallo impugnado y, en su lugar, sea proferido uno de carácter absolutorio a  favor de su prohijado.       

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

          El  apoderado  de  la parte civil presenta escrito donde refuta los  hechos    sobre    los    cuales   se   sustentan   las   afirmaciones   de   la  demanda.   

         Así,  pregona  que  se  logró demostrar tanto en el proceso penal  como  en  el  civil  ejecutivo  que  la  transacción  extinguió la obligación  contenida  en  el contrato de mutuo, como se declaró en las sentencias dictadas  al  cabo  de la segunda actuación referida, la cuales hicieron tránsito a cosa  juzgada  y  fueron  objeto  de  acción de tutela promovida por el implicado sin  éxito alguno.   

         De  otro lado, sostiene, los dineros no  fueron  desembolsados  en  la forma como se alude en la demanda y la renuncia al  otorgamiento  del  segundo crédito estuvo orientada por el mismo implicado ante  las  garantías  exigidas  y  no por la supuesta incapacidad de pago. Tampoco es  verdad   que   su   defendido  haya  incumplido  la  transacción,  “pues  a  la  fecha  de  su  vencimiento  (9  de mayo de 2003) se  presento   (sic)  a  hacer  entrega  de  los  dineros  al  acreedor, negándose éste a recibirlo, lo que se  puso  en  conocimiento de la fiscalía que para ese momento conocía del proceso  gestándose  el  pago  por  compensación  en al (sic)  Banco  Agrario  de  Tunja  conforme a las directrices  dadas  por  la  autoridad  en mención”.      

         Finalmente  recalca  que  este  no  es  el  primer  proceso  que el  sindicado  afronta  por  esta  conducta  y que de acuerdo a lo manifestado no se  incurre en la causal de casación invocada.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

De  manera  reiterada ha venido diciendo la  Sala   que  en  vigencia  de  la  Ley  600  de  2000  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de casación se cuenta con dos opciones:  por una parte, la  forma  tradicional  o normal, regulada en el inciso primero del artículo 205 y,  por  otra, a través del mecanismo excepcional o discrecional, contemplado en el  inciso tercero de la misma preceptiva legal.   

En   el   primer   evento,  el  medio  de  impugnación  es  viable  contra  las sentencias proferidas en segunda instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial y por el Tribunal Penal  Militar,  por  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo exceda de ocho años.   

En el segundo, lo será para cuando el fallo  de  segundo  grado  no  sea  proferido por los mencionados Tribunales o para los  eventos  en  que  el  delito  por  el  cual  se procede esté reprimido con pena  privativa   de   la   libertad  inferior  al  quantum  señalado en precedencia o sanción no restrictiva de  la  libertad,  en  cuyo caso la Sala podrá admitir discrecionalmente la demanda  de  casación presentada si así lo considera necesario para el desarrollo de la  jurisprudencia  o  la garantía de los derechos fundamentales, siempre y cuando,  además,  el  libelo  cumpla  con  los  restantes  requisitos  exigidos  por  la  ley.   

       

Interesa  destacar que, por tratarse de dos  modalidades  diversas,  con  presupuestos  disímiles,  resulta  inadmisible  su  reclamo  simultáneo.  Es  necesario,  entonces,  que del contexto de la demanda  aflore, sin vacilación, la selección de una de las dos vías.   

En  ese  orden  de  ideas,  es  necesario  establecer  cuál  de  las dos alternativas para acceder al medio extraordinario  de   casación   resultaba   expedita  y  si  la  casacionista  cumple  con  los  presupuestos establecidos legalmente en orden a su admisión.   

         Pues  bien,  en  primer  lugar  téngase  en consideración que aun  cuando  el  fallo  de  segundo  grado  objeto de impugnación extraordinaria fue  proferido  por  una  de  las  autoridades  expresamente  señaladas  en la norma  procesal  referida,  como  en  efecto  lo  es  el Tribunal Superior de Tunja, al  procesado   JOSÉ   DE   LA   CRUZ   LEÓN  SAAVEDRA  se  lo condenó, a través de la sentencia impugnada,  por    una    conducta    punible   que   no   colma   la   exigencia   punitiva  señalada.   

En  efecto, se lo declaró responsable como  autor  del  delito  de  fraude  procesal,  cuyo  máximo  punitivo,  conforme lo  sanciona  el artículo 453 del C.P. es de ocho (8) años de prisión, razón por  la  cual  deviene evidente que a la impugnante sólo le quedaba como alternativa  para  acudir  a  este  medio de impugnación la vía discrecional prevista en el  inciso  tercero  de  la  última  norma  en  cita,  asumiendo,  por  tanto,  las  obligaciones  y  exigencias  dispuestas por el legislador en esta materia, labor  que  definitivamente  no  acometió,  pues  a  más  de  no haber hecho mención  siquiera  tangencial a esta modalidad, ninguna referencia glosó en punto de los  motivos  que  franquean  su acceso, ni tampoco se infieren de la fundamentación  presentada.             

De  tiempo  atrás tiene señalado la Corte  que  en  punto  de  la casación discrecional compete al demandante expresar  con  claridad y precisión los  motivos   por   los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial  o  en procura de proteger las garantías fundamentales de las partes o  intervinientes  procesales,  en  virtud de la naturaleza eminentemente rogada de  este medio de impugnación.   

         Si  de  lo  primero  se  trata,  deberá  demostrar la necesidad de  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de un tema  jurídico  especial,  bien sea para unificar posturas conceptuales encontradas o  con  el  fin  de  actualizar  la  doctrina  o  para  abordar  un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la utilidad de brindar solución al asunto y, a la par, servir de guía a  la actividad judicial.   

Empero,  si el objetivo trazado es asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales  tiene la obligación de demostrar la  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento en el fallo recurrido, circunstancias  que,  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la sola referencia  descriptiva hecha en la sustentación.   

         Como  nada  de  lo anterior se cumple en el libelo, por limitarse a  ventilar  supuestos errores del juzgador en la apreciación probatoria, pero que  más  son  el  reflejo  de su visión personal acerca de la forma cómo debieron  haber   sido  valorados  los  distintos  elementos  de  prueba  acopiados  a  la  actuación,  lo cual, según reiteradamente lo tiene dicho la Sala, no configura  vulneración  de  garantías  fundamentales, salvo aquellos particulares eventos  en  que  se  advierta defectos graves de motivación1,  punto sobre el cual nada se  dice  en  la  demanda,  la  conclusión  que  emana  necesariamente  es la de su  inadmisión,  sin  que,  por  consiguiente,  resulte preciso revisar si el cargo  formulado  contra  el  fallo de segundo grado atacado reúne los presupuestos de  lógica  y  de  adecuada  argumentación, también exigidos para su admisión en  esta sede.   

         Por  virtud de las falencias reseñadas, se arriba a la conclusión  anunciada  de  inadmitir  el libelo a tenor de lo normado en el artículo 213 de  la  Ley  600  de  2000 y, además, porque no se advierte que dentro del presente  trámite,  o  en  la sentencia, se hubiera incurrido en violación de garantías  fundamentales que fuera necesario conjurar oficiosamente.   

         

         Lo  señalado  constituye razón suficiente, según lo ha precisado  la  Corte,  para  inadmitir  el  libelo  de  casación allegado por la defensora  de  JOSÉ  DE  LA  CRUZ  LEÓN  SAAVEDRA.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación   presentada   por   la    defensora  de  JOSÉ  DE  LA  CRUZ LEÓN SAAVEDRA, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

         Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ               MUÑOZ        LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO     

JULIO             E.             SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Cfr.  Sentencia del  9 de febrero de 2006, radicación 26493.     

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