39203(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 239  

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de junio de  dos mil doce (2012)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  José  Edith  Franco Gómez contra la sentencia dictada  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  el 20 de marzo de 2012, mediante la cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado Octavo Penal del Circuito de la misma  ciudad,  el  30  de noviembre de 2010, que lo condenó como autor de la conducta  punible  de  acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años en concurso  homogéneo y sucesivo.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“Entre septiembre de 2008 y abril de 2009,  en  esta  ciudad  (Cali), José Edith Franco Gómez tuvo relaciones sexuales con  la  niña…,  quien  para  entonces  tenía 12 años de edad, hechos que fueron  puesto en conocimiento de la autoridad por la madre de la menor”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  el anterior acontecer, la Fiscalía  General  de  la  Nación  presentó  escrito  de  acusación contra José  Edith Franco Gómez por el delito de  acceso   carnal  abusivo  con  menor  de   catorce  agravado,  en  concurso  homogéneo y sucesivo.   

2.  Celebradas  las  audiencias    preparatoria    y    del   juicio  oral,       el       Juzgado       Octavo      Penal      del       Circuito      con  funciones  de      conocimiento      de     Cali,         el         30         de        noviembre     de     2010, dictó sentencia de primera instancia  en   la   que  condenó  a  José    Edith    Franco    Gómez   a  la  pena  principal  de  14 años de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la privativa de la libertad, como  autor  de  la  conducta  punible  de  acceso carnal abusivo con menor de catorce  años en concurso homogéneo y sucesivo   

   

3.  Apelado  el  fallo  por  el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Cali,  el  20  de  marzo  de  2012,  lo  confirmó en su  integridad.   

Contra  la  anterior  decisión,  la defensa  técnica interpuso recurso de casación.   

L   A      D  E  M  A  N  D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Al amparo de las causales segunda y tercera,  según  la  sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de 2004,  presenta dos  cargos, así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en      un     juicio     viciado     de     nulidad     por     “irregularidades  sustanciales  con  las  que  se  violó  el debido  proceso,  porque  el  Tribunal Superior de Cali no advirtió que la formulación  de  acusación  fue  imprecisa,  abstracta e incompleta, afectando el derecho de  defensa  como  garantía  de  rango constitucional, al haber equivoco claramente  diferenciado  en  sus  alcances  que  reclama el correspondiente control legal y  constitucional y los necesarios correctivos”.   

Enuncia  la formulación de acusación hecha  por  la  Fiscalía General de la Nación, a partir de lo cual concluye que no se  garantizó   el  derecho  del  defensa  del  procesado,  cuando  “los   hechos  no  se  le  dan  a  conocer  de  manera  detallada  y  circunstanciada”.   

Anota  que  se  imputaron  al  delito  unos  agravantes, que no corresponden al contenido de la norma formulada.   

Después     de             analizar,            en    extenso,         los        principios    de   taxatividad,   

acreditación,  protección, convalidación,  de   instrumentalidad,   de   trascendencia   y   residualidad,  acota  que  “no  se  puede formular una imputación fáctica de  manera  sorteada  como  lo hace el fiscal al imputar el concurso homogéneo, sin  precisar  exactamente  los  días, el mes o los meses y la horas en que la menor  fue abusada…”.   

Luego de reitera lo expuesto, comenta que el  escrito  de  acusación  no cumple los requisitos señalados en el artículo 337  de  la  Ley  906  de  2004,  habida  cuenta  que no se mencionaron los supuestos  fácticos  o la concreta conducta realizada por el acusado y su adecuación a la  descripción  típica  del  delito de acceso carnal abusivo con menor de catorce  años.   

   

Comenta  que el ente acusador no estableció  la  verdad  histórica, real y objetiva,  “y en  ese  orden  de  ideas no se pudo efectuar la justicia material, lo cual sólo es  posible  si  en  el  escrito  de acusación se hubiese concretado debidamente el  elemento fáctico…”.   

Acota  que se privó a la defensa de ejercer  una   controversia   probatoria,  en  tanto  desconocía   los  aspectos  y  circunstancias  que  rodearon  la  conducta  desplegada por el acusado en varias  ocasiones.   

Como normas vulneradas cita los artículos 29  de  la  Constitución Política, 8.3 del Pacto internacional de Derechos Civiles  y  Políticos, 8.2 de la Convención  Americana de Derechos Humanos y   8, 288, 337, 457, 458 del Código de Procedimiento Penal.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada,  declarando  la  nulidad  a  partir  de  la  audiencia  de  formulación de acusación.   

Segundo cargo  

Acusa al sentenciador de haber transgredido,  de  manera  indirecta,  la ley sustancial “por error  de  hecho  por  falso raciocinio, porque el Tribunal Superior de Cali no tuvo en  cuenta  los  postulados  de  la sana crítica, al no observar las máximas de la  experiencia    o    sentido    común,    cuando    entró    a    valorar   las  pruebas…”.   

Aduce  que  la  decisión  de  condena  del  juzgador  “a  simple  vista  delata un razonamiento  ilógico   y   desatinado,   evidentemente   subjetivo   y  personal”.   

Comenta que el falso raciocinio consistió en  que  no  se  valoró  las  pruebas  de  acuerdo  a  la experiencia por parte del  sentenciador,  la  retractación  realizada por la menor ante el sicólogo de la  Defensoría Primera de Familia CAIVAS de Cali.   

Recalca que el Tribunal no se podía apoyar,  “como    lo    hizo,  en    el   dicho   del   cual   se   retractó   la  menor”,   para lo cual pasa a emitir personales  opiniones   

acerca de  la retractación.  

Aduce  que  se debió tener en cuenta que la  menor  tenía  poca  afectividad  y problemas de mando por ausencia paterna, tal  como  lo dio a conocer el Investigador Sicólogo del CTI, de lo cual concluye el  libelista  que  “pudo  influir  en  la  menor  para  desquitarse de su defendido…”.   

Acota que se debió corroborar la causa de la  retractación,           dado           que          la          “sindicación”   de  ésta  tiene  poca  lógica,   pues   se   apartó   del   hecho   según  el  cual  “la  menor  recibía  dinero  del  acusado  que es un motivo para no  acusarlo  y  el  Tribunal  no  se  fijó que la menor de tiempo atrás ya tenía  relaciones  y  que  por  ello  su señora madre denunció a Fernando…”.   

Expresa  que  el  sicólogo  no  manifestó  cuáles  fueron  los  principios  científicos  que  le  sirvieron  de apoyo, si  empleó  test  sicológicos y qué resultaron arrojaron etc., así mismo, estima  que  la  conclusión  en  cuanto  a  que  la testigo en su relato era confiable,  ofrecía  credibilidad  y  seguridad,  en tanto era coherente y precisa, resulta  infundada,  motivo  por  el  cual  considera  que  si  la  experticia se hubiese  apreciado  conforme  a  lo  indicado  en el artículo 420 de la Ley 906 de 2004,  “probablemente  no se habría tenido en cuenta para  proferir sentencia”.    

Advierte  que no se le dio credibilidad a la  versión  de  Jackeline Potes Peláez. De igual forma señala que la regla de la  experiencia  que  debió  tener  en  cuenta  el  Tribunal  para apreciar la  retractación      de      la     menor     es      que     “generalmente   cada  vez  que  se  denuncia  un  abuso  sexual,  no  necesariamente        tiene        que       haber       sucedido”.   

Recalca  que  el  sentenciador  realizó una  valoración  incorrecta  de  la prueba, yerro que condujo a la condena de Franco  Gómez.   

Como  normas  vulneradas cita los artículos  150  de  la  Ley 1098 de 2006, 372, 373, 377, 378, 379, 380, 381, 382, 383, 402,  404 y 420 de la Ley 906 de 2004.   

Anota que las normas sobre la cuales recae la  “violación directa”, es  el  artículo  208  del  Código  Penal  y  7°  del  Código  de  Procedimiento  Penal.    

Aduce   que   para   proferir   sentencia  condenatoria  se  requiere que de las pruebas se arribe al grado de conocimiento  más allá de toda duda razonable.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar el  fallo  impugnado  “sometiendo  las  sentencias  del  juzgado   y   el   Tribunal…,   al   examen   de   legalidad,   el   cual   se  reclama…”.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la existencia de los vicios que denuncia y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan la casación, de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al casacionista compete postular el yerro a través de las  causales  de  casación  contempladas para el efecto, demostrando cómo el mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

2.1  En  lo  relativo  a los presupuestos de  lógica  y debida fundamentación de la  nulidad,  la  Sala   ha     puntualizado     que     si     bien    la   acreditación de esta   

causal de casación es menos exigente que la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar  el  límite  de  la  actuación  a partir de la cual se  produjo  el  vicio,  así  como  la  cobertura  de  la  invalidez, demostrar que  procesalmente  no existe manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo  más   importante,  evidenciar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

2.2 Por su parte, los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en tanto que se excluye un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral,  o  se  supone   otro,  se  tergiversa  su contenido material  haciéndose  derivar  una  verdad que no emerge del mismo o cuando se aprecia en  abierta contrariedad con las reglas que rigen la sana crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, en  el  evento  en  que  el  juzgador  al valorar la probanza se aparta de la tarifa  legal de pruebas o se inventa una no regulada en la ley.   

En el punto de la postulación de la censura,  el  actor  debe  enseñar a la Corte la clase del error y el falso juicio que lo  determinó.  De  igual manera, respecto a la trascendencia del vicio,  debe  evidenciar  cómo  los  medios  de prueba de haber sido incorporados y valorados  correctamente,  necesariamente  el  fallo habría sido favorable a los intereses  que representa.   

Y,  por último, también indicar a la Corte  cómo  el  citado  vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es, que se  seleccionó  una  norma  que  no era la llamada a gobernar el asunto  o, se  excluyó   otra   que   sí   resolvía  todos  los  extremos  de  la  relación  jurídico-procesal.   

3.  En  lo  que  atañe   al   primer  cargo  que  el  libelista postula por la vía de la   

causal  de nulidad por violación del debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa,  se  advierte  que  se quedó en el simple  enunciado,  falencia  que  la  Corte no puede suplir, en virtud del principio de  limitación  que  rige  esta  impugnación,  razón  por  la  cual  el  mismo se  inadmitirá.   

De  acuerdo  con  la  enunciación,  fácil  resulta  inferir  que  el casacionista realiza una critica de orden probatorio a  los   cargos  que  la  fiscalía  atribuyó  a  Franco  Gómez en el escrito de acusación.   

En  efecto,  la  actividad argumentadora del  censor  únicamente  se  centra  en  inferir que la mencionada pieza procesal no  contiene    la    verdad   histórica,   “real   y  objetiva”,  en  tanto no se precisó la hora, día y  mes  en  que la menor fue presuntamente abusada, afirmaciones que se quedaron en  el  plano  de  señalamiento,  en  tanto  no  presenta  línea  alguna  a fin de  demostrar su hipótesis.   

Como  el  propio  casacionista  lo indica al  hacer  referencia  a  los  principios  que  rigen la declaratoria de nulidad, al  postulante  compete  enseñar la existencia del vicio y su puntual trascendencia  frente  al  proceso,  que  en  el  asunto que compete a la Corporación estudiar  sería  el  de  derecho  de  defensa,  en  la  medida en que no se puntualizaron  aspectos   y   circunstancias,   lo   cual   afectó   el  legitimo  derecho  de  confrontación.   

De  todas formas, valga reiterar que el tema  propuesto   por   el   libelista   fue   objeto  de  estudio  por  el  Tribunal,  concluyéndose   atinadamente  en  la  inexistencia  de  la   irregularidad  denunciada. Textualmente el juzgador de segunda instancia anotó:   

“2.-  Estas  alegaciones de la defensa  para  pedir  la  declaratoria  de ineficacia del proceso, no pueden tener eco en  esta  Colegiatura toda vez que, si se escucha de manera desprevenida el registro  de  la  audiencia  de  legalización  de  captura,  imputación e imposición de  detención  preventiva  al  aquí acusado -que se desarrolló durante una hora y  cuarenta  minutos,  la  conclusión es que al procesado le quedó claro el hecho  que  se  le imputó y, por  ende,  no se puede sostener que en la audiencia de acusación, se le sorprendió  convocándolo  a  juicio por un hecho que no se le mencionó al iniciarse contra  él el proceso penal. En efecto:   

“a.-  La imputación se llevó a cabo en  la  misma audiencia celebrada el 25 de noviembre de 2009 a partir de las 2:30 de  la  tarde,  a continuación del acto judicial de legalización de la captura del  aquí  encartado,  en  el  que  la  Fiscalía  le dejó claro que su captura fue  ordenada  porque en varias oportunidades, hasta el mes de abril de 2009 accedió  carnalmente  a  la  menor G.A.A. de 12 años de edad (R:00:08:30). Cierto es que  el  Fiscal  al  momento  de  hacer  la imputación (R:0:28:00) dio muestra de su  falta  de  preparación  y  de  técnica en su intervención, pero no por eso se  puede  afirmar  que  al  imputado  no  le  quedaron  claros los hechos que se le  atribuyen,  pues  tal  aspecto  había sido precisado momentos antes en la misma  audiencia -en el acto de legalización de la captura-.   

“Así  las  cosas,  la apelante no puede  hacer  el  fraccionamiento de tal acto procesal para afirmar que al procesado no  se  le  precisaron  los  hechos  materia  de  imputación  pues  la audiencia de  imputación  no  se  regula  por  un  procedimiento  formulario,  sacramental  o  ritualista   extremo;   está   regida   por  el  principio  básico  del  cabal  entendimiento  de  las  cosas por parte del destinatario de la acción penal. En  tal  virtud,  si  al  momento  de la legalización de la captura la Fiscalía le  dejó  claro  al implicado que él accedió carnalmente a la menor G.A.A., de 12  años  de  edad,  en  varias oportunidades hasta el mes de abril de 2009, no era  estrictamente  necesario  que  le repitiera esto como condición de eficacia del  acto de imputación.   

“b.-  El  Juez,  ante  la  objeción del  defensor  en  el  sentido  de  que  la  Fiscalía  no  había  precisado  en  la  imputación  los  hechos y las circunstancias de éstos de manera clara, valoró  la  situación  y  concluyó  que  la  imputación  se  ajustó plenamente a los  requisitos   del   artículo   288   del  Código  de  Procedimiento  Penal, porque  el  ente  fiscal  le  imputó  al  señor Franco     Gómez     ‘el  hecho  de  haber  tenido  acceso  carnal con la ofendida que es  menor  de  14 años años’  (R:00:37:40).   

“c.-  El  imputado, ante la pregunta del  Juez,  en  el  sentido  de  si  comprendió  los  cargos, respondió  “yo  comprendí, si señor” (R: 00:39:40) –   

“d.- Manifestación clara de que el aquí  implicado  no  le  quedó  duda  sobre  los hechos o sobre la conducta que se le  endilga,  es  que el defensor se declaró conforme y no interpuso recurso contra  la  imposición  de  la  medida de aseguramiento que adoptó el Juez en la misma  audiencia,   para   lo   cual   el   Fiscal   aludió   a   los   mismos  hechos  (R:01:40:00)”.   

Es  verdad que los razonamiento del juzgador  hacen  referencia  a  la audiencia de formulación de imputación; empero, si se  confrontan  estos  cargos  con  los  atribuidos  en el escrito de acusación, se  advertirá  que  forman  una  unidad  en  cuanto  al  núcleo  central fáctico,  anteriormente  referenciado, esto es, el de haber accedido carnalmente en varias  oportunidades  a  la  menor  en  los  años  2008 y 2009, a lo cual el procesado  siempre  manifestó  comprender  los  motivos  por  los  cuales  fue  llevado  a  comparecer ante la justicia.   

De   tal  manera,  la  censura  carece  de  fundamento   

En    lo    atinente   al   segundo  reproche, que funda por la vía de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, por error de hecho por falso  raciocinio, carece de la correspondiente demostración.   

En  torno  al  falso  raciocinio,  la  Sala  advierte  que  el  demandante  desconoce  los  parámetros  de  lógica y debida  fundamentación,  pues  no  enseña  cuál  fue  la  regla  de  la sana crítica  agredida  en  el  acto de estimación de los elementos de juicio, de qué manera  lo  fue  y su incidencia con la parte dispositiva de la sentencia, con relación  a las plurales decisiones adoptadas en el fallo recurrido.   

Recuérdese  que  el  falso  raciocinio  se  presenta  cuando  a  una  prueba  que  existe  legalmente  y  es  valorada en su  integridad,  el  juzgador  le  asigna  un  mérito  o  fuerza de convicción con  transgresión  de los postulados de la sana crítica. Esta especie de desacierto  exige  al  demandante  indicar el postulado científico, de la lógica o máxima  de  la  experiencia  desconocido  por  el  juez y cómo incidió en el resultado  final del proceso.   

En esa medida, carece de fundamento las tesis  expuestas  por  el  censor,  en tanto no se evidencia una errada apreciación de  los  elementos  de  conocimiento  sino  una  personal forma de estimar la unidad  probatoria,  la  cual  no constituye yerro para ser postulado en casación, como  anteriormente se dedujo.   

La  anterior  conclusión  obedece  a que la  actividad  demostrativa  del  demandante  únicamente  la  funda  en criticar al  sentenciador  por  no  haber dado crédito a la versión que rindió al interior  del   proceso  la  menor  en  la  cual  exculpó  al  procesado  del  compromiso  penal.   

Así  mismo,  critica la eficacia probatoria  del  peritaje  sicológico  practicado  a la víctima, pero basado en personales  opiniones  que  no  evidencian  la  existencia  del  yerro  que  le  atribuye al  sentenciador.  Idéntica  situación debe predicarse con relación al testimonio  de  la  señora  Jackeline  Potes,  compañera  del  procesado, puesto que sólo  presenta  personales opiniones que no demuestran la posible equivocación en que  incurrió el sentenciador al estimar su relato.   

De  todas  formas,  la Corte advierte que el  sentenciador  no  incurrió en ningún desatino en el acto de valoración de los  elementos  de  juicio, a fin de establecer el compromiso penal de Franco Gómez.  Veamos:   

“(ii)  Idéntica  afirmación le hizo la  misma   menor   al  médico  forense  Orlando  Soloma  Matos  con  ocasión  del  reconocimiento  médico  que  le practicó, es decir, en desarrollo de este acto  de  aseguramiento  de un medio material de prueba la menor le dijo al médico de  manera  clara  e  inequívoca  que había sido accedida carnalmente por el aquí  acusado  en  varias  oportunidades  y  le  explicó  la  ciencia  de  su  dicho;  afirmaciones  que  el  médico  consignó  en  su  informe  y,  como  testigo de  acreditación  del  mismo,  confirmó  en  el  testimonio  en  el juicio oral la  existencia de esas afirmaciones.   

“(iii)  No  se requería de una especial  experticia  sicológica  para  que  la  Juez  valorara  la  credibilidad  de esa  afirmación  de  la  menor en contra del aquí acusado, pues para ello acudió a  las  reglas  de la sana crítica, una de las cuales indica que si una menor como  G.A.A.  hace  una  afirmación  de  esa  naturaleza al médico que la examina es  porque  el  hecho  existió.  Luego, el informe sicológico al que se refiere la  apelante  no  fue  valorado  por  la  Juez  propiamente  como un medio de prueba  autónomo  para  adquirir  el  conocimiento  de  lo  ocurrido. Por lo mismo, tal  objeción no es sustancial.   

“d.- Cierto es que en el juicio oral, en  cámara  Gessel,  la  menor se retractó de lo que había afirmado en la fase de  la   investigación   ante   el   médico   forense;  pero  también  es  cierto  que:   

“(i)  El Juez no puede valorar de manera  fraccionada  este  medio porque su deber es valorar en conjunto todos los medios  allegados  válidamente  al  proceso,  razón por la que la jurisprudencia tiene  sentado que:   

“No  es  regla  del pensamiento judicial  penal  (tarifa  probatoria negativa) predicar que si el testigo que ayer imputó  ante  el  órgano  de  investigación  y  hoy se retractó o nada contesta en el  juicio,  por  esa razón le imprima un sentido absolutorio a la sentencia. Dicho  de  otra  manera,  el juez tiene el deber constitucional y legal de apreciar las  pruebas  válidamente  aducidas  al proceso y fallar en justicia, de conformidad  con  el  sistema de persuasión racional con apoyo en los medios probatorios con  los que cuenta el proceso.   

“(ii) La Juez descartó la retractación  de  la  menor  en  el juicio porque las explicaciones dadas por ésta riñen con  las  reglas  de  la  experiencia,  según  las  cuales  nadie  le  atribuye a un  semejante  la comisión de un crimen por un hecho tan nimio: que el implicado le  cobró  la  totalidad  del  pasaje  cuando  en oportunidades anteriores sólo le  había      cobrado      $500;     ‘valoración   del   Juez   que   nada  tiene  de  subjetivo  ni  de  especulativo.   

“e.- El hecho de que la madre de la menor  califique  a  ésta  como  mentirosa tampoco desvirtúa la ocurrencia del hecho,  pues  tanta  credibilidad  le ofreció la versión de su hija sobre la relación  sexual  con  el aquí implicado que inmediatamente puso el hecho en conocimiento  de la Fiscalía.   

“El  hecho  de  que la madre de la menor  haya  denunciado  a  otras dos personas por haber tenido relaciones sexuales con  su  hija, no demuestra que la conducta del aquí implicado no existió ni que la  víctima   mintió   cuando   afirmó   haber  tenido  relaciones  sexuales  con  él”.   

En  tales condiciones, ninguno de los cargos  postulados  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  ponen  de  relieve la  existencia  de  los  yerros  denunciados,   razón  por  la cual deviene la  inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión   del   fallo impugnado o dentro de la actuación se violaron  los  derechos  o  las  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo   para   decidir   de  fondo,   según  lo  dispone   el   inciso   3°   del   artículo  184  de   la  Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir  la demanda de casación presentada a nombre del procesado  procede  el  mecanismo de insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004,  impera  precisar que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para  que  se  aplique  el referido instituto procesal, la Sala ha definido las reglas  que   habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta reconsidere lo decidido.   

También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  José Edith Franco Gómez.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO             FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ           

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO       JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                         

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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