39063(22-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ Aprobado Acta No. 313.   

         

Bogotá, D. C., agosto veintidós (22) de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  los  procesados WALTER   CHOGO   NIETO   y  DUVERNEY  TRIANA  ALDANA  con el objeto de  sustentar   el   recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia  proferida  el  14 de marzo del año en curso, a través de la cual el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  confirmó  la  dictada  el 28 de noviembre  anterior   por   el   Juzgado   Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  del  mismo  departamento  que  condenó a los mencionados por el  delito de secuestro extorsivo.   

HECHOS  

Los  declararon los juzgadores de instancia,  de la siguiente manera:   

“En la noche del 10 de diciembre de 2009,  cuando  el  señor  José  Yesid  Fajardo  Méndez, arribó al inmueble familiar  ubicado  en  el  barrio Pozo Ortiz del municipio de La Palma, para dejar allí a  su  hijo  Jhayber, la compañera de éste, y su nieto menor de edad, mientras su  descendiente  se  bajó  del  vehículo  para  abrir  la puerta del garaje, hizo  presencia   un  individuo  que  le  preguntó  dónde  quedaba  el  terminal  de  transporte  y  otras  preguntas,  simultáneamente  llegó al lugar un vehículo  marca  Mazda,  del cual descendió un sujeto quien procedió a obligar a Jhayber  a  abordar  el vehículo en el cual fue llevado contra su voluntad, en tanto que  el  otro personaje  desenfundó un arma de fuego con la que intimidó a los  demás  presentes  a  fin  de  evitar que tuvieran algún tipo de reacción. Sin  embargo  ante  las voces de auxilio de la esposa del raptado, los vecinos dieron  aviso  a  la  autoridad  policiva  quien  adelantó  el  operativo  logrando  la  ubicación  del  vehículo  donde  efectivamente  se  encontraba  Jhayber  Yesid  Fajardo  Ariza,  quien expuso a los uniformados que los dos individuos que se lo  llevaron  y  que  fueron aprehendidos en ese mismo lugar, le manifestaron que se  encontraba  secuestrado  y  que  sólo  recobraría  la  libertad hasta tanto su  progenitor,  el  señor  José  Yesid Fajardo cancelara una deuda que tenía con  alias       ‘El  Burro’…”.      

Los sujetos aprehendidos respondieron a los  nombres   de   WALTER   CHOGO   NIETO   y   DUVERNEY  TRIANA  ALDANA,  a  quienes  se  legalizó su captura en la audiencia celebrada al  día  siguiente  ante  el  Juzgado  Promiscuo Municipal de La Palma. En la misma  audiencia  concentrada,  la  Fiscalía les formuló imputación por el delito de  secuestro  extorsivo,  por  el  cual  se  les  dictó  medida  de  aseguramiento  privativa  de  la  libertad  en  establecimiento  carcelario.  Los  imputados no  aceptaron su responsabilidad.   

El 7 de enero de 2010, la Fiscalía presentó  escrito  de  acusación  en  contra de los mencionados por la conducta imputada,  sancionada  en  el  artículo 169 del C.P., modificado por el 1° de la Ley 1200  de 2008.   

El  anterior  cargo fue reiterado durante la  audiencia  de  formulación  de acusación, celebrada el 17 de junio ulterior en  el   Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Conocimiento  de  Cundinamarca.   

Luego,  ante  el  Juzgado  Primero Penal del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  del mismo departamento se evacuaron  las  audiencias  preparatoria  y de juicio oral, a cuyo término dictó fallo de  primer   grado   el   28  de  noviembre  de  2011,  mediante  el  cual  condenó  a   los   acusados   como  coautores  penalmente responsables del delito de secuestro extorsivo a las penas  principales  de  trescientos  veinte (320) meses de prisión y multa de 2.666,66  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  término  de 20 años. En la misma decisión, el juzgado les  negó  el  subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  el  sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Contra  el fallo de primer grado, la defensa  de   los  sentenciados  interpuso  recurso  de  apelación,  sobre  el  cual  se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  el 14 de marzo del año en  curso, impartiéndole confirmación.   

En desacuerdo con la providencia anterior, el  defensor   conjunto  de  los  implicados  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  por  cuyo  motivo la demanda presentada con el fin de sustentarlo se  remitió   a  esta  Sala,  aprestándose  al  estudio  sobre  su  admisibilidad.   

LA DEMANDA  

         

          Plantea   un  único  cargo  sustentado  en  la  causal  tercera  de  casación  prevista  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por “violación  de  la  ley  sustancial  por  vía  indirecta herror  (sic)        de  hecho”, que condujo a la falta de aplicación de los  artículos  29  y  228  de  la  Constitución     Política;  6°  (legalidad);  9°  (conducta punible) y 32-1 (caso fortuito y fuerza mayor); 8°  (obrar  bajo  insuperable coacción ajena) y 9° (miedo insuperable) del Código  Penal  y  por  aplicación  indebida  de  los  artículos  7°  (presunción  de  inocencia);   8°  (defensa);  12  (lealtad)  y  falta  de  aplicación  de  los  artículos    380,    381    y   382   del   estatuto   procesal,   “referidos   a   los   criterios   de   valoración   probatoria,  conocimiento  más  allá de toda duda acerca del delito y de la responsabilidad  del  acusado  para  condenar  y conocimiento de cada uno de los medios de prueba  que no viole el ordenamiento jurídico”.   

En  sustento  de la pretensión, el defensor  comienza  por  reseñar  que  el  Tribunal  desnaturalizó  el  contenido de los  testimonios  de  José Yesid Fajardo Méndez, Jhayber  Yesid  Fajardo Ariza y Leidy  Johanna  Gaitán,  de  cuyo  contenido extrae algunos  apartes,   y   de   los   cuales,  aduce,      se      concluye      que      los      procesados  no hicieron ningún tipo de exigencia  económica  y  que  todo  ocurrió  en el breve  lapso  de  tres  o  cuatro minutos desde cuando Jhayber       fue      obligado   a   subir   al   vehículo   hasta   cuando  fueron      abordados     por     la  Policía,  cercenando  y distorsionando su contenido,  pues  “no  toma  en  cuenta  el mérito probatorio,  guardo  (sic) silencio a las  respuestas    de   los   testigos”,   situación  que  también  se  verificó  respecto  de  los  testimonios  de Víctor Julio Díaz  Caballero,  Ana  Dolores  Moreno Miranda y   Edison   Marín  Marín.   

         Además,  agrega,  surge una insuperable     duda     en  relación  con  el  propósito  criminal perseguido, en virtud de  que  la  propia víctima señala que no fue sometida,  ni   se   bajó   del   vehículo  por  temor  a  que  le  hicieran  algo  a  su  familia.   

Acto  seguido, en el capítulo “fundamentos        de        los       cargos       –errores     que     registra    el  fallo”  afirma  que  se  incurrió  en error de hecho por falso raciocinio, pues no existe prueba directa  ni   indicios  que  comprometan  a  sus  patrocinados  en  la  conducta  punible  “de  acuerdo  a lo ya puntualizado con los testigos  es  aquí  cuando  el  Tribunal  conforme  a  la  regla de la experiencia debió  sopesar  el  valor  de  la prueba, sólo dijo que eran argumentos pueriles de mi  representado,   sin   demostrar   el   elemento   fáctico  que  rodea  el  tipo  penal”  para  justificar  que     actuaron     con     dolo,    evidenciando     ello    falta    de    rigor,    análisis   y  ponderación.   

El   Tribunal,   prosigue,   se   apartó  abiertamente  de  las  reglas  de  la  sana  crítica  por  las  mismas  razones  señaladas,   pues   no   dio   mérito,     con     objetividad,  a  la  duración  de  la  retención y a la ausencia de exigencia  económica    “dejando    entrever   la   duda”  y  desconociendo  la  valoración  en  conjunto de la  prueba.   

          Por  idénticas razones afirma que también se incurrió en error de  hecho  por  falso juicio de existencia, en cuanto  nada dijo el fallador en  torno   a   las   expresiones  referidas  de  los  testigos  y  omitió  valorar  objetivamente  las  deponencias de Víctor Julio Díaz  Caballero,  Ana  Dolores Moreno Miranda y Edison   Marín   Marín   y    “seguramente   esas   versiones  fortalecían  las  ya comentadas de los testigos presenciales y víctimas de los  hechos   materia   de   esta   casación”.  Por  el  contrario,  el  Tribunal  arribó  a  conclusiones  parciales,  producto  de  no  analizar  en  conjunto  la  prueba,  de  modo que la tesis de que los implicados  hacen   parte   de   una   organización  criminal  contraría  lo  dicho  por los  testigos presenciales.   

Finalmente afirma  que   si  el  ad  quem  no  hubiera       incurrido      en      los      errores      indicados,   las   conclusiones   habrían  sido  distintas,    como    que    sus    defendidos    no    hacían   parte   de  una  organización  criminal,  ante  lo  cual la sentencia  es    desproporcionada,  resultando  “imperioso  precisar  que  el  testigo  de  cargo  aún  más cuando es víctima pretende un  resultado  negativo  y  un  interés de venganza para su opositor”.   

Así las cosas, estima, no está demostrada  la  existencia  de  secuestro  alguno,  menos  de índole extorsivo “con  la  atenuante  que  tan  solo  transcurrieron tres o cinco  minutos de este episodio”.   

Con  fundamento en lo expuesto,  depreca  casar  el  fallo  y,  en  su  lugar, se absuelva a sus  defendidos.        

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

Según criterio reiterado de esta Sala, para  que  la  demanda de casación sea admitida, acorde con las preceptivas previstas  en  la  Ley  906  de  2004,  resulta  imperativo el cumplimiento de una serie de  presupuestos  orientados  a  que  contenga una exposición lógica y debidamente  argumentada,  como  así  se  desprende,  en  primer  lugar, de lo normado en el  inciso segundo del artículo 184, según el cual:   

“(N)o   será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la causal, no  desarrolla   los   cargos   de   sustentación…”  (subraya fuera de texto).   

Igualmente,   y  en  segundo  orden,  de  lo  advertido  en  el  artículo  183  del  mismo estatuto,  modificado  por  el  98  de  la  Ley  1395  de 2010,  conforme  al  cual  el recurso extraordinario  de  casación  se interpondrá mediante demanda   “que  de    manera    precisa    y   concisa  señale  las causales invocadas y sus fundamentos” (subraya fuera de texto).   

A  los  criterios  contenidos  en  estas  disposiciones,  se  aúna  la  necesidad  de  proferir el fallo con el objeto de  cumplir    alguno   de   los   fines   del   recurso,   a  los  cuales     refiere     la  última  parte del segundo inciso del mencionado artículo 184  de  la  misma  codificación, al señalar que también se inadmitirá la demanda  “cuando de su contexto  se  advierta fundadamente que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades      del      recurso”.   

Es  decir  que  con  la  Ley  906  adquieren  significativa  importancia  los  fines  del recurso, hasta el punto de que en el  inciso  siguiente de la misma preceptiva, se establece que la Corte “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior  conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Del  mismo  modo es viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  pero  no  se  hace  necesario proferir fallo de  fondo, se procederá a su inadmisión.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  ha llevado a exigir que, para su admisión, de la demanda debe aflorar  la  necesidad  del pronunciamiento de fondo para satisfacer alguno de sus fines,  no  otros  que  los  previstos  en  el  artículo  180  del  estatuto  procesal.   

Pues  bien,  con  respecto  al  único cargo  contenido  en  el libelo presentado por el defensor de  WALTER      CHOGO      NIETO     y     DUVERNEY  TRIANA  ALDANA,  dígase que no  satisface  los  presupuestos de admisibilidad señalados en precedencia, por las  siguientes razones:   

En primer lugar, en cuanto hace abstracción  total  de la obligación señalada de precisar la necesidad del fallo atendiendo  los  fines  para los cuales está instituido el recurso establecidos, como ya se  dijo,  en  el  artículo  180  del  estatuto  procesal,  en  cuanto “El  recurso  pretende  la  efectividad  del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos   a  estos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia”,  debiendo  aflorar  el vínculo entre la propuesta contenida en la  censura  y  uno  cualquiera  de  tales objetivos que dotan de sentido al recurso  extraordinario.     

En  segundo  lugar, dado que la propuesta es  contradictoria  y  confusa,  esto  es,  no goza de los presupuestos de claridad,  precisión  y  concisión  exigidos en las normas transcritas para su admisión.  Ello, a su vez, por dos razones fundamentales:   

Una,  por  inconsistencias  mismas  de  las  disposiciones  sustanciales  que señala como transgredidas, al citar normas que  o     resultan     contradictorias    entre    sí    o,    simplemente    nunca  desarrolla.   

En  efecto,  es  incompatible  argumentar al  interior  de  un  mismo  cargo  que  se  verificaban las causales excluyentes de  responsabilidad  del  numeral  1°  del artículo 32 del Código Penal (por caso  fortuito  y  fuerza  mayor)  con  la  del  8° (obrar bajo insuperable coacción  ajena)  o  con  la  del 9° (miedo insuperable) del Código Penal; incluso, cada  una  de  ellas  comporta  elementos  independientes  que impiden su postulación  simultánea.   Todavía  peor cuando se observa que ninguna es desarrollada  en la censura, resultando su proposición meramente enunciativa.   

Lo  mismo  ocurre  con las normas procesales  referidas,  al  hablar  de  violación  por  aplicación indebida del derecho de  defensa  y  de  desconocimiento  de  preceptos  concernientes  a  la valoración  probatoria  (arts.  380  a 382 del estatuto adjetivo), cuya invocación no sólo  resulta   contradictoria   entre  sí,  sino  cuando  especialmente  la  primera  garantía  (por  violación  del  derecho de defensa) se opone conceptualmente a  las normativas sustanciales anotadas en precedencia.     

Y dos, porque en el único tema que realmente  se  esboza  en  el  libelo,  relacionado  con  la  incorrecta valoración de las  pruebas,  también  incurre  en  la  misma falencia al proponer, respecto de las  mismas  pruebas  y  por las mismas razones, todas las modalidades existentes del  error de hecho.   

Recuérdese   cómo,  de  acuerdo  con  la  jurisprudencia  reiterada  de  la  Sala  el  error  de  hecho  en la valoración  probatoria  se  origina  en  falsos  juicios  de  existencia,  falsos juicios de  identidad  y  falsos  raciocinios. Sobre su esencia y forma de ataque es preciso  tener en cuenta lo siguiente:   

–  El  falso  juicio  de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio  de prueba es excluido de la valoración efectuada  por  el  juzgador  no  obstante  haber  sido allegado al proceso en forma legal,  regular  y  oportuna  (ignorancia  u  omisión)  o  porque lo crea a pesar de no  existir  materialmente  en el proceso (suposición o ideación), otorgándole un  efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente  está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  controvertida  y  en  favor  del  interés  representado -lo cual  comporta  la  necesidad  de  demostrar  que  el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

–  El  falso juicio de identidad se verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de la prueba  para  hacerla  decir  lo  que  ella  no  expresa  materialmente.  También se ha  expuesto  que  en  esa modalidad de desacierto en la apreciación de las pruebas  igualmente  incurre el juzgador cuando toma una parte de la prueba como si fuera  el  todo, en tanto ello constituye una forma de distorsión, pues, en su proceso  de  valoración,  se  le suprimen apartes trascendentes, omitiendo de esa manera  su apreciación integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva, resulta necesario para  quien  propone  esta  clase  de  error, ante todo, individualizar o concretar la  prueba  sobre la cual recae el supuesto yerro; luego, ha de evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su  sentido.   Acto  seguido, debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  ha  de mutarse a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

–  La última de las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual se configura cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,  está  compelido  a demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

Queda  claro,  por  consiguiente,  que tales  yerros  responden  a una naturaleza y forma de comprobación distinta, luego mal  podía  el libelista, como así lo hizo, instaurarlos coetáneamente respecto de  las  mismas  pruebas,  es decir, sosteniendo al tiempo que fueron tergiversadas,  omitidas  y  valoradas  en  contravía  con  las  reglas  de  la  sana  crítica  –las cuales, dicho sea de  paso,  nunca identifica-, sin reparar que cada una de esas posibilidades resulta  excluyente de las otras.   

De  acuerdo  con los principios que rigen el  recurso  de  casación,  por  conservar  su naturaleza rogada y erigir un juicio  técnico-jurídico  que  obliga  al demandante a sustentar su propuesta mediante  una  argumentación  coherente,  es  necesario  que  cuando  se trata de asuntos  conceptualmente  diversos  y,  con  mayor  razón  cuando  tienen  fundamento en  diversas  causales  de  casación, las censuras deben ser abordadas por separado  (principio  de  autonomía)  máxime  si,  como  aquí  sucede,  son excluyentes  (principio de no contradicción).   

Dichas  exigencias  con  el  fin de conjurar  confusiones  argumentativas  y temáticas que puedan entorpecer el entendimiento  de  la propuesta, pues si bien se tiene dicho de tiempo atrás que el recurso de  casación   cuenta  con  una  serie  de  reglas  técnicas,  señaladas  por  el  legislador  y  desarrolladas  por la jurisprudencia, con el propósito de que no  se  convierta  en  una tercera instancia, lo cierto es que aquéllas no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la formulación y desarrollo  de  sus  reparos,  de  suerte  que  resulten  inteligibles  en cuanto precisos y  claros,  dado que no corresponde a la Sala en su función constitucional y legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias  alegaciones de los recurrentes en casación.   

Todavía mayor surge la inconsistencia de la  censura  cuando  lo  que en el fondo se persigue, al margen de la esencia de los  yerros  valorativos  invocados,  es  imponer  la  visión personal del censor en  torno  a  su credibilidad sobre la construida por los falladores de instancia en  cuanto  a  que  de su contexto no se reparó en el efímero tiempo de retención  de  la  víctima  y  la  ausencia de exigencia económica, en una actitud que no  sólo  deja  sin  demostración  el  error  formulado, sino que, además, atenta  contra  la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación –en   cuanto   se   concentra  en  la  producción  de errores que afectan la constitucionalidad o legalidad del fallo,  sin  que constituya una tercera instancia- y con la doble presunción de acierto  y   legalidad  que  lo  gobiernan  -en  cuya  virtud  prevalece  el  juicio  del  sentenciador sobre la opinión subjetiva del recurrente-.   

Tanto más cuando respecto de algunos medios  de  prueba,  a saber: los testimonios de Víctor Julio  Díaz   Caballero,   Ana   Dolores  Moreno  Miranda  y  Edison  Marín  Marín,  ni  siquiera  señala  en  dónde  radicó  el  desvío  valorativo,  limitándose a  señalar  de  forma  especulativa  que  “seguramente  esas  versiones  fortalecían  las  ya comentadas de los testigos presenciales y  víctimas de los hechos materia de esta casación”   

En  consecuencia,  al  campear en el escrito  confusión,    ambigüedad,    indeterminación,    falta   de   argumentación,  desconocimiento  de  la  naturaleza  extraordinaria del recurso y de los errores  viables  en  la  sede,  deviene  forzosa  la  inadmisión del libelo,  en  atención  a  lo  normado  en  los  aludidos  artículos 183 y 184 de la Ley 906 de 2004, debiendo dejar en claro la  Sala  que ni del contenido de la demanda ni de la revisión del proceso surge la  necesidad  de  superar  tales defectos en procura de cumplir alguno de los fines  del   recurso   extraordinario   previstos  en  el  artículo  180  ibídem  o que haga imprescindible activar  el mecanismo de la casación oficiosa.    

         

Por último, señálese que habida cuenta de  que  contra  la  decisión  de  inadmitir  la  demanda  de  casación procede el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de acatarse sobre el particular1.   

         

        En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el defensor  de  los  procesados  WALTER  CHOGO NIETO y   DUVERNEY  TRIANA  ALDANA,     por     las     razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

        De   conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y, en los términos referidos en el  acápite  final  de  esta  determinación,  contra  esta  decisión  procede  la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ     LEONIDAS    BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ               MUÑOZ       LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO     

JULIO             E.            SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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