36331(07-11-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado Acta Nº 411  

Bogotá  D.  C.,  siete (07) de noviembre de dos mil doce (2012).   

MOTIVO DE LA PROVIDENCIA  

Decide  la  Sala  el  recurso  de casación  propuesto   en   nombre   de  DIOSNAÍN  CARVAJALINO  ANGARITA  y FABIÁN ENRIQUE  LÓPEZ   PEÑALOZA  contra  el  fallo  del  Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial   de  Valledupar  (Cesar) que confirmó el emitido en el Juzgado  Promiscuo   del  Circuito  de  Aguachica, mediante el  cual       fueron  condenados     como  coautores  de    hurto    calificado    en    grado   de   tentativa.   

SÍNTESIS FÁCTICA Y PROCESAL  

1.  En     Gamarra     (Cesar),  en  horas  de  la  tarde  del  2  de  noviembre  de  2007 fueron  aprehendidos        DIOSNAÍN       CARVAJALINO  ANGARITA  y FABIÁN ENRIQUE  LÓPEZ    PEÑALOZA   en  momentos  en  que  intentaban  arrebatarle,  mediante  intimidación,  a Cenobio  Sanguino  Baca  un  camión  tipo  estacas,  marca Dodge, de placas RAJ-184, el cual era conducido por éste  cuando  se dirigía, por solicitud de aquéllos, a recoger un cargamento de yuca  en  la  zona  rural, labor por la cual los citados supuestamente le cancelarían  doscientos       ochenta       mil       pesos1.   

2.  Una    vez    fueron   escuchados   en   indagatoria   CARVAJALINO   ANGARITA  y  LÓPEZ  PEÑALOZA, el 9 de noviembre del  mismo  año  les  fue resuelta de manera provisional su situación jurídica con  detención  preventiva,  y  agotada la fase instructiva el 2 de enero de 2009 la  Fiscalía   General   de  la  Nación  profirió  contra  ellos  resolución  de  acusación  como  coautores  de  hurto calificado, en modalidad de tentativa, de  acuerdo  con los artículos 27, 239 y 240, numeral 4, inciso 4, de la Ley 599 de  2000,  con  las  modificaciones  de la Ley 1142 de 2007, artículo 37, pliego de  cargos  confirmado  el  siguiente  16  de  febrero,  con ocasión del recurso de  apelación   interpuesto   por   el   defensor   de  los  procesados2.   

3.  La  siguiente  fase  se  adelantó en el  Juzgado   Promiscuo   del  Circuito      de      Aguachica      (Cesar),   cuyo   titular   emitió  el  9    de   febrero       de      2010      sentencia      en  la  que  declaró a los acusados penalmente responsables de los  cargos  atribuidos,  y en tal virtud a cada uno le impuso pena principal de ocho  (8)   años   y   cuatro  (4) meses de prisión, así  como   la   accesoria   de   inhabilidad   para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la privativa  de  la libertad, se abstuvo de condenarlos al pago de  perjuicios,  y  le  negó  a  ambos  procesados la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva de la  intramural,   decisión   que   fue   apelada   por  el  apoderado judicial de los encausados3.   

4. El Tribunal  Superior        del        Distrito        Judicial        de       Valledupar         (Cesar),    mediante    pronunciamiento    del   26     de     julio     del     2010  confirmó   la   referida   providencia,     fallo     de     segunda  instancia contra el  cual  la  misma  parte interpuso   y   sustentó   el  recurso  de  casación,  cuya  demanda  fue declarada por la Sala formalmente ajustada y  respecto  de  la  misma  el  delegado  de la Procuraduría General de la Nación  rindió      el      concepto      de     rigor4.   

LA DEMANDA  

5. Propone   el   actor   dos  cargos  sustentados  de  la  siguiente  forma:   

5.1. Con base en  el  artículo  207,  numeral 3, de la Ley 600 de 2000, sostiene que la sentencia  se  profirió  en  una  actuación  afectada  de nulidad por desconocimiento del  principio   del   juez  natural,  vicio  previsto  en  el  artículo  306-1  del  ordenamiento   procesal   citado,   relativo  a  la  falta  de  competencia  del  funcionario judicial.   

En   esencia   para  el  demandante  tal  irregularidad  se  presenta  porque  según  dictamen pericial la cuantía de la  ilicitud  fue  de  treinta y cinco millones de pesos con referencia al automotor  del  que  los acusados pretendían apoderarse, sin reparar los juzgadores que el  delito  quedó  en  modalidad de tentativa, lo cual implica que no hubo desmedro  patrimonial  alguno  y que el bien nunca estuvo fuera de la esfera de dominio de  su  dueño  o  tenedor, de suerte que la norma procesal que debió aplicarse fue  el  artículo  78  del  Código de Procedimiento Penal que atribuye a los jueces  penales  municipales  el  conocimiento  de  los  delitos  contra  el  patrimonio  económico  iguales o inferiores a cincuenta salarios mínimos mensuales legales  vigentes.   

Solicita  casar  el  fallo  e invalidar lo  actuado  desde el momento en que asumió la causa el Juez Promiscuo del Circuito  de  Aguachica,  con  el  fin  de  que  se  reponga  la  actuación  por  el juez  competente.   

5.2. De manera  subsidiaria   en   el  segundo  reproche  invoca  el  motivo  extraordinario  de  impugnación  consagrado en el artículo 207-2 de la Ley 600 de 2000, relativo a  la falta de consonancia de la sentencia con los cargos imputados.   

Transcribe  el  acápite  relativo  a  la  calificación  jurídica  de  la  conducta de la providencia acusatoria, y luego  emprende  igual  ejercicio  en  lo  relativo  a  la  sentencia,  en cuanto a las  consideraciones  hechas  al  dosificar  la pena, para evidenciar que en ésta se  dedujo  como  circunstancia genérica de agravación la prevista en el artículo  58-10  del Código Penal, la cual no fue imputada en el pliego de cargos, motivo  por  el  que pide casar el fallo atacado para retirar la atribución del aludido  motivo de intensificación punitiva.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

6. El agente del  Ministerio  Público,  en  lo  referente  a  la primera censura, tras una amplia  disertación  concerniente  al  principio  del  juez  natural, señala que en el  asunto   estudiado   ninguna   circunstancia  permite  afirmar  la  ausencia  de  competencia  de  los  juzgadores  de  instancia, dado que si bien se trata de un  punible  en  grado  de  tentativa,  dicha  modalidad  en  nada modifica el valor  comercial  del  bien  que  fue objeto del intento de apoderamiento ilegal, y por  consiguiente  la  cuantía  del  delito,  aun  cuando  la  acción no se hubiese  agotado  completamente,  seguirá  siendo la misma, es decir, la que corresponde  al  valor  de  los  objetos, la cual en este caso se fijó por un auxiliar de la  justicia en treinta y cinco millones de pesos.   

En consideración de lo anterior puntualiza  que tal reproche no está llamado a prosperar.   

Y acerca del segundo cuestionamiento, luego  de  fijar  el  marco  conceptual  del  principio  de congruencia como uno de los  elementos  esenciales  del  debido  proceso,  el  representante  de  la sociedad  señala  que,  en  efecto, los juzgadores quebrantaron el aludido axioma, ya que  en  parte  alguna  de la acusación se dedujo la causal genérica de agravación  destacada  por  el  actor  en  la  demanda, motivo por el que resulta forzosa la  intervención  de  la  Corte  para  reparar  el  agravio en los términos que lo  reclama el censor.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

7.    El  demandante,  en  el  primer  cargo, aspira a quebrar la presunción de legalidad  que   ampara   a   las  sentencias    de    primera    y    segunda    instancia,    integradas    en   una   unidad   jurídica  inescindible  dado  que  la  declaración  de  justicia  en  ellas  expresada  es coincidente, aduciendo la  falta  de  competencia  del  funcionario  judicial  encargado  del  juzgamiento,  yerro que como motivo de  anulación          se          enmarca    dentro   de   la   causal  tercera,    y   así  acertadamente    lo   propuso   el   censor,   pero  su    demostración    debe    desarrollarse    de  conformidad    con  la  primera, sea  por  la  vía  directa  o  indirecta  de violación de la ley  sustancial,  a  fin  de  precisar   la   forma  como  se  produjo  el  error  de  juicio  por  parte  del  fallador.   

En  efecto,  el  ejercicio     de     acreditación     del    dislate    implica    identificar   el   error   de  selección  normativa  (aplicación   indebida   o  exclusión  evidente),  o    de   carácter   hermenéutico   del   precepto   (interpretación errónea),       o       bien,  si  la  irregularidad  obedeció  a  yerros en el proceso de  aprehensión  y  valoración probatoria, postular alguno de los errores de hecho  o   de  derecho  (falso  juicio  de  existencia,  de  identidad,  falso  raciocinio; falso juicio de convicción o de legalidad, en su  orden).   

Obsérvese  que  en  el cargo analizado la  argumentación  deriva hacia un desatino jurídico, pues el actor no discute los  hechos  ni  la valoración probatoria, habida cuenta que la queja estriba en que  como  el  delito  contra  el  patrimonio  económico  quedó  en la modalidad de  tentativa  y  por  ende no hubo efectivo apoderamiento del objeto material de la  ilicitud   (un   vehículo   automotor),   la   cuantía  determinada  por  el  valor  del  aludido  bien  ($35`000.000) resultaría  intrascendente  para  fijar  la competencia funcional en la fase de juzgamiento,  de  suerte  que,  según  el  censor, por esa circunstancia el asunto debió ser  conocido,  no por un juez  penal  del circuito conforme al artículo 77 de la Ley 600 de 2000, sino por uno  penal  municipal  de  acuerdo  con el artículo 78 del mismo estatuto, es decir,  plantea un error de selección normativa.   

8. Pues bien, no  obstante  la  adecuada  presentación  formal  del reproche, en lo sustancial la  queja,  como  igual  lo  concluyó  el  Delegado  de la Procuraduría, carece de  acierto  y  por  ende  de  vocación  de  éxito,  dado  que  la  tentativa como  dispositivo  amplificador  del  tipo proyecta sus efectos, exclusivamente, en el  ámbito  de  la  consecuencia penal señalada para el comportamiento descrito en  la ley como delito al que esté referida aquélla.   

En   la   aplicación   del  dispositivo  amplificador  de  la  tentativa,  doctrinal y jurisprudencialmente se asiente en  varias                clasificaciones5:  así,   se   denomina  simple   o       inacabada      la  hipótesis  en la que la ejecución  de  la  conducta  delictiva  que  se  ha  propuesto  se interrumpe cuando apenas  principia  su  ejecución por la interposición de un factor ajeno a la voluntad  del  agente, que le impide su consumación; acabada o  frustrada  cuando el agente ha cumplido con todos los  actos   que   estaban  a  su  alcance  pero  el  resultado  no  se  produce  por  circunstancias      extrañas      a      su      querer;     y     desistida aquella en la cual el agente  después  de  haber iniciado la ejecución de la conducta delictiva o de haberla  completado,  de manera voluntaria resuelve poner fin a su empresa y evita que el  resultado se produzca.   

De acuerdo con el texto legal (Ley  599  de  2000, artículo27) a las  dos  primeras  modalidades  corresponde  un  mismo  descuento  consistente en la  imposición  de  una pena “no menor de la mitad del  mínimo   ni   mayor   de   las  tres  cuartas  partes  del  máximo”   de  la  sanción  consagrada  para  la  respectiva  conducta  punible,   y  en  la  tercera  hipótesis  el  precepto  otorga  una  reducción  “no  menor  a  la  tercera  parte  del  mínimo ni  mayor a las dos terceras  partes del máximo”.   

En   palabras   de   la   doctrina   la  tentativa:   

“…es  la ejecución incompleta del hecho  tipificado  en  la  ley  penal;  es  —como           decían           los          antiguos—        un       conatus,  un  acto  o  delito  que  se  empieza  a  ejecutar  y  nunca  llega  a  consumarse,  un  delito  imperfecto, a  diferencia  de  la adecuación normal en la que la conducta encaja a plenitud en  el     tipo     penal    respectivo”6.   

“La tentativa  representa  el  mínimo  general de injusto material que el sujeto debe realizar  en  cada  caso  para  llegar  a caer bajo la concreta amenaza penal de las leyes  incriminatorias.   …/…  La  imperfección  es  relativa  a  la  consumación    formal   —satisfacción    de   todos   los  elementos  que,  según  la ley, son necesarios y suficientes para realizar todo  el   injusto   del   hecho   de  una  determinada  figura  delictiva—,  frente  a  la  cual la tentativa  aparece      siempre      y      necesariamente     como     un     minus  objetivo,  como  un  resultado  típico  de  daño  o de peligro que no alcanza para la consumación, a pesar de  la  intención.  El  sujeto  hace  en  el conato punible menos de lo que quería  hacer,  comete  un  injusto  menor  con  la intención o el dolo de cometer otro  mayor  que  no  sobreviene  por la interposición de factores ajenos a su propia  voluntad.   La  tentativa  es  siempre,  por  definición,  delito  inconsumado,  realización  criminosa interrumpida por factores involuntarios antes  de alcanzar el grado requerido para  la  consumación  por  el  tipo correspondiente, desencadenamiento causal que su  autor   no   ha   podido  llevar  a  ‘feliz      término’”7.   

En  armonía con los conceptos citados, la  tentativa  como dispositivo amplificador del tipo no muda o cambia los elementos  estructurales  de  la  conducta  punible  con  relación a la cual se predica su  estructuración,  de  suerte que, en tratándose de delitos contra el patrimonio  económico,  en  los que el monto del agravio a ese bien jurídico, por voluntad  del  legislador,  es  consustancial para determinar la competencia funcional, no  desaparece   ni   se   modifica   hacia   una   estimación  menor  —como  al  parecer  lo  entiende  el  demandante—  por  el  hecho  de  que la intención del autor de apropiarse de un objeto de determinado  valor  haya  sido  frustrada  en  una  etapa  en  la  que  no  alcanzó efectiva  consumación.   

Baste   lo   anterior  para  afirmar  la  improsperidad  del cargo,  habida  cuenta  que en el asunto analizado la valía o precio comercial del bien  del  que pretendieron apoderarse los acusados, supera ampliamente la cuantía de  cincuenta    salarios   mínimos   mensuales   legales   vigentes   ($21’685.000)   para   la  época  de  los  hechos8,  que  como  límite  de  competencia  entre  los  jueces penales  municipales  y  del  circuito  fija  el  ordenamiento  en  las  normas adjetivas  invocadas por el actor.   

9.  El segundo  reproche,  propuesto  con sustento en la causal segunda de casación prevista en  el  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, vicio de garantía que consiste en la  falta  de  consonancia  entre  el  fallo  y  el  pliego de cargos con el que fue  convocado a juicio el sujeto pasivo de la acción penal.   

Tal  y  como  lo  resalta  el  Agente  del  Ministerio   Público,   el   principio   de   congruencia   entre  sentencia  y  acusación  se  erige  en  base  esencial  del  debido  proceso,  pues  el  pliego  de  cargos constituye  el  marco  conceptual,  fáctico  y  jurídico  de  la  pretensión  punitiva  del  Estado,  sobre  la cual se soportará el juicio y el  fallo,  garantía que se refleja en el derecho de defensa ya que el procesado no  puede  ser  sorprendido  con circunstancias que no haya tenido la oportunidad de  conocer  y  menos  de  controvertir,  amén  de  que  con  base en la acusación  obtiene  la  confianza  de  que,  en  el peor de los  eventos,  no  recibirá un fallo de responsabilidad por aspectos no previstos en  esa resolución.   

La  precisión  de la acusación impide al  juez  agravar  la  responsabilidad  del  acusado  al  adicionar  hechos  nuevos,  suprimir  atenuantes  reconocidas  en  la  acusación  o  incluir  agravantes no  contempladas  en  ella  o  en la variación de la calificación jurídica cuando  haya  mediado prueba sobreviniente, so pena de infringir el denominado principio  de  congruencia integrado por la correspondencia entre lo imputado, lo juzgado y  lo sentenciado.   

En   tratándose   de   circunstancias  específicas   de   agravación   de   una   determinada  conducta  punible,  la  jurisprudencia  de  la Corte ha sido reiterativa en que es imprescindible que en  la  actuación  se encuentren debidamente demostradas y que su atribución en el  pliego  de  cargos  esté  precedida  de  la necesaria motivación y valoración  jurídico-probatoria,  toda  vez que como elementos integrantes del tipo básico  en  particular,  requieren  de  las mismas exigencias de concreción y claridad,  con  el fin de que el procesado no albergue duda frente al cargo que enfrentará  en  el juicio o respecto de consecuencias punitivas en los eventos en que decide  voluntariamente  aceptar  responsabilidad  con  miras a un sentencia anticipada,  pues  aquéllas delimitan  en  cada  caso  concreto  los  extremos  mínimo  y  máximo  de  la  sanción a  imponer.   

Por     su    parte,    acerca  de  las causales genéricas de  mayor  punibilidad  contempladas  en  el  artículo  58  de  la Ley 599 de 2000,  superado  como  se  encuentra  el  criterio de que su valoración es del resorte  exclusivo  del  fallador  al  dosificar  la  pena,  lo  mismo que la distinción  doctrinal      entre      “objetivas”      y  “subjetivas”,  hoy por hoy existe consenso en la  jurisprudencia9  en  cuanto  a  que éstas  deben  ser  atribuidas  en  la  resolución acusatoria de manera  expresa,  tanto  fáctica  como  jurídicamente  sin  que  esto  se  traduzca en  convertir  en  presupuesto de la imputación la enunciación numérica del texto  legal,  como  quiera  que  para  ello  es  suficiente  la valoración objetiva y  subjetiva  de la circunstancia de mayor intensidad punitiva mediante raciocinios  que  no  permitan  la  duda acerca de su atribución a efectos de que puedan ser  consideradas  en  el  fallo, ya que, de lo contrario, al computarlas el juzgador  atentaría contra el principio de congruencia.   

10. En  el  asunto  que  concita  la  atención de la Sala el juzgador  consideró  la  concurrencia  de  la  causal de mayor  punibilidad    relacionada    con    ejecutar   la  conducta  delictiva  en  coparticipación  criminal, prevista en el  numeral 10 del artículo 58 del Código Penal, situación que a  la  postre  lo  hizo  ubicarse  dentro  del  ámbito de movilidad de       los      cuartos             medios,   cuando   correspondía   no  sobrepasar el primero.   

En efecto, en la resolución de acusación,  al  puntualizar  la  calificación  jurídica provisional que correspondía a la  situación  debatida, en la que en parte alguna se resaltó como motivo de mayor  gravedad  la  intervención  plural  de personas en la ejecución imperfecta del  punible, el ente investigador señaló:   

“El delito por  el   cual  se  acusa  al  señor  FABIÁN  ENRIQUE  LÓPEZ  PEÑALOZA  y DIOSNAÍN CARVAJALINO ANGARITA se  encuentra      estipulado     en     el     LIBRO     SEGUNDO,     TÍTULO   VII,   DELITOS   CONTRA   EL  PATRIMONIO  ECONÓMICO,  Capítulo  Primero,  Del  Hurto,  Arts. 240, numeral 4,  inciso  4,  modificado por el art. 37 de la Ley 1142 de 28 de junio de 2007, que  introdujo  aumento de pena  de   7   a   15   años   de   prisión   y   art.   27   del   C.P.”   10.   

Pese a la claridad del recuento fáctico y  jurídico  hecho en el pliego de cargos, el a-quo, tras reconocer en consonancia  con  la determinación aludida que el comportamiento acreditado consistió en un  delito  de  hurto calificado, pues el objeto material del mismo fue un vehículo  automotor,   cuya   efectiva   ejecución   quedó  frustrada  por  la  oportuna  intervención  de  las  autoridades,  fijó  los  extremos  punitivos  mínimo y  máximo   en   cuarenta   y   dos   (42)      y      ciento      treinta      y     cinco     (135)     meses     de    prisión,  respectivamente,  para  luego dividir esa franja en cuatro cuartos de movilidad,  y    hacer    a    continuación   la   siguiente   individualización   de   la  sanción:   

“Ya a nivel de  dosificación  de  la  pena  se  observa  que existe el agravante descrito en el  numeral   10   del   artículo   58   del   Código  Penal,  que  es,  obrar  en  coparticipación  criminal,  pues  no  es  mentira  que  los  aquí  acusados se  asociaron  en  fuerzas  para  cometer  el  delito  querido  mas no consumado por  circunstancias  ajenas a su voluntad, sin embargo como no registran antecedentes  penales,  lo  que  es  una  circunstancia  de  menor  punibilidad descrita en el  numeral  1  del  artículo  55  ibídem,  el  Despacho  se moverá dentro de los  cuartos medios acatando lo ordenado en el artículo 61 ejusdem.   

”En  consecuencia,   el   juzgado   impondrá   a   los  procesados  FABIÁN   ENRIQUE   LÓPEZ   PEÑALOZA  y  DIOSNAÍN  CARVAJALINO  ANGARITA  una  pena  principal  de  cien  (100) meses de  prisión,  lo  que  equivale  a ocho (8) años más cuatro (4) meses”11.   

Como   fácilmente   se   constata   es  palmario  que  el  a-quo  no  atendió  el pliego de  cargos   en   el   que   no   se  dedujo     circunstancias    de    mayor    punibilidad,    y  ello,  valga  la  pena  aclarar,  a  pesar  de que para   la   época   del   fallo  de  primer  grado,  la  discusión  acerca de la necesaria  deducción  en  esa  pieza procesal de las circunstancias de intensificación de  la   pena   previstas  en  el  artículo  58  del  Código  Penal,  desde    algo    más    de   un   lustro   atrás   había   sido  zanjado  por  la  jurisprudencia  con ocasión de la  entrada  en  vigencia  de la Ley 600 de 2000, Código de Procedimiento Penal por  el   cual   se   tramitó   el   presente   asunto12.   

Consecuente con la calificación jurídica  señalada  en  el  pliego  de  cargos,  por  la ausencia de agravantes punitivas  específicas  o  genéricas predicables del comportamiento reprochado, y ante el  reconocimiento  por  parte  del  juzgador  de  primer grado de una circunstancia  general  de menor represión, era forzosa la individualización de la pena en el  cuarto  mínimo o primer cuarto de movilidad, conforme expresamente lo ordena el  artículo 61, inciso segundo, de la Ley 599 de 2000.   

El Tribunal no se percató de dicho yerro,  y  sin  el  menor  reparo  confirmó  la condena, incurriendo así las instancias en desconocimiento de los  términos   y   alcances   de   la   acusación   al   sorprender  a              los        enjuiciados  con  la  inclusión de un   supuesto   fáctico  y  jurídico  de  mayor  punibilidad  no  conocido        por        aquéllos,    vicio    trascendente    que  afectó  las garantías de defensa y congruencia, en  los  términos  alegados por el actor y respaldados por el Agente del Ministerio  Público.   

Por    las   anteriores   razones   se  impone   declarar  la  prosperidad  de  la  segunda  censura,   y   proceder   a   la   corrección    del    dislate  en cuestión eliminando como criterio  de     dosificación     de     la     pena     la  circunstancia de mayor punibilidad contemplada en el  artículo  58,  numeral  10  del  Código  Penal,  que  sin  haber sido deducida  fáctica  y  jurídicamente  en  la  acusación  fue  atendida por los falladores.   

10.1.  Dado  que  la  individualización de la pena para el  delito    de    hurto    calificado   debió   hacerse  en  el  primer  cuarto  de  movilidad,  el  cual  fluctúa    de   cuarenta   y   dos   (42)  meses  a  sesenta  y  cinco  (65)  meses   y   siete   coma   cinco   (7,5)  días  de  prisión,  puesto  que  el a-quo reconoció de manera  válida  la  circunstancia  de  menor  punibilidad consistente en la carencia de  antecedentes  penales  (Ley  55-1  de  la Ley 599 de  2000),  atendiendo  el  mismo  criterio  proporcional  del  fallador de  primer  grado  para  no  imponer  el  mínimo  del  rango  en  el que se movió,  mutatis    mutandis,  la     Sala     le  impondrá  a cada uno de  los    acusados    una    sanción    principal    de    sesenta    (60)   meses   de   prisión.   

La  pena accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas, de conformidad con el artículo  52   del   Código   Penal,   se   ajustará   al   mismo   lapso   de   la   de  prisión.   

10.2. Puesto que  lo  encausados,  según  da  cuenta  la  actuación,  se  hallan  privados de la  libertad  por  razón  de  este  proceso  desde  el  2  de noviembre de 2007, es  evidente  que a la fecha de suscripción de esta sentencia aquéllos han saldado  su  deuda  con la sociedad, por lo que resulta procedente otorgarles la libertad  inmediata  por pena cumplida, previa verificación de que no sean requeridos por  otra autoridad judicial.   

Para efectos de librar las correspondientes  boletas  de  libertad  se  comisionará  al  Presidente  de  la  Sala  Penal del  Tribunal   Superior   del   Circuito   Judicial  de  Valledupar,  habida  cuenta que los procesados están recluidos en la cárcel de  esa comprensión territorial.   

En  mérito  de  lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

1. NO  CASAR  la  sentencia recurrida con  base en el primer cargo propuesto en la demanda.   

2.  CASAR  PARCIALMENTE  la  sentencia   impugnada   en   razón   de   la   prosperidad   del   segundo  reproche  propuesto  por  el  actor.  En consecuencia, de  acuerdo  con  lo  puntualizado  en  la parte motiva, se IMPONE a cada uno de los  procesados        DIOSNAÍN        CARVAJALINO  ANGARITA   y   FABIÁN  ENRIQUE    LÓPEZ    PEÑALOZA   la   pena    principal   de   sesenta         (60)  meses de prisión, así como la accesoria de inhabilidad para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la privativa  de la libertad.   

3. CONCEDER      a      DIOSNAÍN   CARVAJALINO   ANGARITA  y  FABIÁN   ENRIQUE   LÓPEZ   PEÑALOZA, libertad inmediata por pena cumplida.   

Previa constatación de que los procesados  no  sean  requeridos  por  otra  autoridad  judicial,  para efecto de librar las  correspondientes  boletas  de  libertad,  se  comisiona al Presidente de la Sala  Penal  del Tribunal Superior del Circuito Judicial de  Valledupar.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese  y devuélvase al Despacho de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                        FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO E. MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO      JULIO ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cuaderno  principal, folios  1-13.   

2  Ídem,  folios  19-26,  38-43,  29,  60, 99-105, 115,  126-132, 148-150, 172-174, 189-194 y 212-215.   

3  Ídem, folios 264-273 y 295-300.   

4  Cuaderno  del  Tribunal,  folios  3-16 y 36-46. Cuaderno de la Corte, folios 6 y  8-28.   

5  Cfr.  Sentencia  de  segunda  instancia de 23 de septiembre de 2009, radicación  Nº 30877.   

6  Velásquez    V.    FERNANDO.    “Derecho   Penal  –      Parte  General”.  Librería  Jurídica  COMLIBROS, cuarta  edición, 2009, pág. 951.   

7  Fernández   Carrasquilla,  JUAN.  “Derecho  Penal  –   Parte   General  – Teoría del Delito y  de  la Pena” Vol. 2. Librería IBAÑEZ, 2012, pág.  742.   

8  Según  el  Decreto 4580 de diciembre de 2006, el salario mínimo en el 2007 fue  de $ 433.700.   

9  Cfr.  Entre otras, sentencias del 30 de junio de 2004, Radicación Nº 18874; 20  de  abril  de 2005, Radicación Nº 21576; 31 de agosto de 2005, Radicación Nº  23678; y 9 de febrero de 2006, Radicación Nº 23750.   

10  Cuaderno principal, folios 189-194.   

11  Ídem, folio 272.   

12  Cfr.  Sentencia de Única Instancia de 23 de septiembre de 2003, Radicación Nº  16320.     

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