33587(03-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 33587  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado    acta    No.    24         

Bogotá,     D.    C.,    tres  de  febrero de dos mil doce.   

Decide  la  Corte  el recurso de reposición  interpuesto  por  el  defensor del sentenciado GERMÁN  ALBERTO  ESTUPIÑÁN  APARICIO, contra la providencia  por medio de la cual inadmitió la demanda de revisión presentada.   

La providencia impugnada.-  

Por  auto  proferido  el  14 de diciembre de  2010,  teniendo  presente  los presupuestos de admisibilidad establecidos por el  artículo  222  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, la Corte inadmitió  la  demanda  de  revisión  presentada  a nombre del sentenciado GERMÁN ALBERTO  ESTUPIÑÁN   APARICIO,  tras  considerar  manifiesta  y  objetiva  ausencia  de  idoneidad  formal  y  sustancial  en  la  causal  tercera  de  revisión  que el  demandante aduce.   

Observó    al    efecto    lo siguiente:   

“Como presupuesto  de  admisibilidad  del  libelo demandatorio de la revisión, cuando de la causal  tercera  se  trata,  establece  la  ley  la  obligación  para  el accionante de  relacionar   “las   pruebas  que  se  aportan   para   demostrar  los  hechos  básicos  de  la petición”, esto es, allegarlas con  la  demanda  y  acreditar  al  tiempo  que tienen la virtualidad de modificar el  sentido  del  fallo,  es  decir,  que  reúnen  los  dos extremos mencionados en  precedencia:  la  novedad  y  trascendencia,  pues de no cumplirse esta carga se  impone como consecuencia la inadmisión del libelo.   

“Esto  no  lo  satisface  en  la  demanda.  Si  bien  anuncia  que  con  posterioridad al fallo  aparecieron  unas  pruebas  que apuntan a demostrar la inocencia del sentenciado  ESTUPIÑÁN  APARICIO,  como  así  lo  afirma  respecto  de  las diligencias de  versión   y   las  declaraciones  supuestamente  rendidas  por  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ  en  el  marco  de  las  previsiones de la Ley 975 de 2005,  por  parte  alguna  precisa con el rigor exigido para el extraordinario instrumento a  que  acude,  qué  en  concreto  se  establece  de  dichos  medios, por qué son  novedosos,  y  de  qué  manera  su  apreciación  tiene entidad suficiente para  modificar  el  fallo  en  sentido  sustancialmente  distinto y opuesto al que se  persigue derruir.   

“Así, desconoce  el  carácter  rogado  que  la revisión ostenta, y traslada a la Corte el deber  para  el demandante en revisión de acreditar la pertinencia y conducencia de la  prueba  que  aduce  en  orden  a demostrar la inocencia o la inimputabilidad del  procesado,   lo  cual  resulta  inadmisible.         

“De otra parte,  el  demandante  pretende  que  durante  el  período  probatorio se recauden los  aludidos  medios  que  supuestamente  obran  en  el  trámite  seguido  ante  la  Fiscalía  General  de  la Nación, Unidad Nacional para la Justicia y la Paz, y  que  se  reciban  los  testimonios  de  ISAÍAS MONTES HERNÁNDEZ y JOSÉ MIGUEL  VALERO  SANTANA,  incumpliendo de este modo  la obligación prevista por la  ley  procesal  penal  de  aportar  las  pruebas con que se demuestran los hechos  básicos de la pretensión.   

“No  se percata  que  precisamente  a propósito de facilitar la satisfacción de este requisito,  el  ordenamiento  civil  establece  los mecanismos a los que puede acudirse para  lograr   el   recaudo   de   aquellas  pruebas  anticipadas  que  se  consideren  indispensables  para la iniciación de un proceso judicial, sin que en ejercicio  de  la  acción  de  revisión  resulte  procedente  solicitar que su recaudo se  produzca  posteriormente,  puesto  que  con  dicha  postura  no logra saberse de  antemano  lo  que  el  medio  podría  aportar  para  los  fines  del  motivo de  revisión aducido.   

“En   estas  condiciones,  resulta  evidente  que  la  Corte se encuentra imposibilitada para  conocer  el  contenido  de  las  pruebas  que  el  demandante  indica,  su  real  incidencia  en  orden  a establecer la posibilidad de levantar los efectos de la  cosa  juzgada  judicial y, de contera, remediar la injusticia material en que se  afirma  incurrió  el  sentenciador,  ameritando  por  ende,  la inadmisión del  libelo  por  incumplir  los  presupuestos  de  admisibilidad  establecidos en el  ordenamiento procesal.   

“Lo  anterior  sin  perjuicio de reconocer  que,  en  algunos  casos  -en   los  que deba resolverse la tensión que se  genera  entre el carácter rogado de la acción de revisión y la posibilidad de  suplir  alguna  de  esas cargas cuando el interesado justifica el incumplimiento  de  sus  deberes-,  la Corte considere que deba darse paso a las normas rectoras  que  consagran  mandatos  superiores,  tales  como  el principio de igualdad, de  acceso  a la administración de justicia y el de la finalidad del procedimiento,  los  cuales  establece  el  ordenamiento  jurídico como proyección del derecho  fundamental  al  debido  proceso  y,  en  consecuencia,  disponga  la  práctica  anticipada de la prueba no aportada por el actor.   

“En el caso que se examina, no se presenta  una  situación  que  obligue el complemento oficioso de los requisitos formales  que  se  extrañan,  dado  que  el  actor no refirió razones que justifiquen el  incumplimiento  del  deber  procesal que le corresponde de aportar los elementos  que  fundamentan  la  demanda.  Tampoco  propuso  a  la  Corte la posibilidad de  solventarlos.   

“De todos modos,  cabe   advertir   que   en  el  presente  evento,  la  postulación  no  refleja la novedad de las pruebas o de los hechos a los que se  refiere  la causal tercera de revisión, destinados a acreditar la inocencia del  demandante en el delito que ameritó su condena.   

“Conforme  se precisó en el resumen de la  demanda,  el  actor  dedica  su  empeño a elaborar una nueva valoración de las  pruebas  allegadas  a  la  actuación,  para  oponerla  a la que adelantaron los  jueces  en  las  instancias  del proceso, pero sin acreditar la razón o razones  por  las cuales los medios de convicción que propone se recauden, eventualmente  por  ostentar  un  mayor valor frente a la prueba en que se fundó el fallo cuya  remoción  pretende, tendrían la posibilidad de derruir los supuestos fácticos  de  la  declaración  de  condena,   por  acreditar la inocencia del señor  ESTUPIÑÁN  APARICIO  en  los hechos por los cuales resultó sentenciado en las  instancias.   

“Pero aun si lo  expuesto  no  resultare  suficientemente ilustrativo del particular criterio que  al  parecer el demandante posee del instrumento extraordinario a que acude, cabe  advertir  que  al  indicar  que  “el señor Andrés  Bermonth  Martínez,  dio  una  falsa  declaración en contra de mi defendido el  señor   GERMÁN   ALBERTO  ESTUPIÑÁN  APARICIO”,  evidencia  que  la pretensión es denunciar que la sentencia proferida en contra  de  su  representado  se  fundamentó  en  prueba  falsa, para lo cual ha debido  acudir  a  los  lineamientos  establecidos  para la causal quinta de revisión o  demostrar   objetivamente   su   configuración,   nada   de  lo  cual  siquiera  ensaya.       

“En       tal       hipótesis,  correspondía   al   actor  demostrar,  mediante  fallo debidamente ejecutoriado,  que  la  prueba  en  que  se  soportó la decisión cuya remoción persigue, fue  declarada  judicialmente falsa, porque, se insiste, no se trata de perseguir una  revaloración  de  la  prueba  recaudada en el proceso, sino de demostrar que la  misma  no es auténtica porque así se determinó judicialmente en una sentencia  que hizo tránsito a cosa juzgada.   

“En el asunto que  ocupa  la atención de la Corte, el demandante omite cumplir este imprescindible  requisito,  pues no allega una decisión judicial que hubiere declarado la falta  de  veracidad  de  las  pruebas  en  las  que  se soporta la sentencia objeto de  revisión.   

“Sin demostrar,  en  los  términos  en  que  la ley lo exige, la falsedad de la prueba en que se  apoya  la  sentencia,  el demandante se dedica a suponer que el testigo de cargo  faltó  a  la  verdad  tan  sólo  porque  eventualmente en otras actuaciones se  contaría  con versiones contrarias, expuestas por algunos de los partícipes en  los  hechos  por los que su asistido fue condenado, pero sin llegar a acreditar,  con  el  rigor demandable en revisión, que de los referidos medios se establece  la   inocencia   de   su  representado”.    

El recurso.-  

En      escrito      oportunamente  presentado1,   el  defensor  interpone  recurso  de  reposición  contra  la  providencia  de  la  Corte, con el propósito de que se  revoque y se admita la demanda de revisión que instauró.   

Comienza por manifestar que la Corte no tomó  en  cuenta  que  a  la  demanda  se adjuntaron las solicitudes formuladas por la  accionante   a   la   Fiscalía  General  de  la  Nación  solicitando  toda  la  información  correspondiente  a  las  declaraciones  del  señor Isaías Montes  Hernández,  pero  dicha  entidad respondió que se trata de información que no  es  pública,  “que  solicite a la Corte Suprema de  Justicia  que ella misma pida dichas declaraciones”.  Agrega  que  con la demanda  de  revisión se aportan  todos   los  datos  de  la  Fiscalía  que  adelanta  las  investigaciones   referidas, así como aquellas en las que reposan las  declaraciones  rendidas  por  el señor Montes, en las cuales acepta su autoría  en los hechos por los que se condenó a su poderdante.   

Señala  que  para  la  parte accionante le  resulta  imposible  tener  acceso  a expedientes reservados, y siendo esa una de  las  pruebas  nuevas  requeridas  para  demostrar  la  inocencia de su asistido,  solicita  oficiar a la Fiscalía indicada para que remita la información que le  fue   negada   por  lo  que  califica  de  “simple  formalismo” y agrega que Isaías Montes Hernández  en  audiencia de formulación de imputación por el hecho concreto de la masacre  ocurrida  el  17  de julio de 1999 en el municipio de Tibú, Norte de Santander,  en  diligencia  que  se llevó a cabo ante la Magistrada con función de control  de  garantías, reconoció la autoría de los hechos los cuales se condenó a su  representado.   

Anota  que  en  la  demanda  de  revisión  igualmente  se solicitó escuchar en declaración a  los  señores Isaías Montes Hernández y José Misael Valero Santana, pese a lo  cual   se   responde   que   no   se   aportaron   las   pruebas.   “Dicha  prueba  se  solicita a su honorable despacho para que la  decrete.  Pero  cómo puede el accionante probar su inocencia si ni el honorable  despacho   escucha   la   declaración   del  verdadero  autor.  El  Código  de  procedimiento  penal  indica  claramente  cuáles  son los medios de prueba y su  despacho  desconoce  tal  ordenamiento  al  negar  la  práctica  de  la  prueba  solicitada”.   

Considera,  finalmente,  que  el  Código  Contencioso  Administrativo  establece que cuando una  información   o   documentación   reposa  en  una  de  sus  mismas  entidades,  “este ente es decir la Corte debe solicitarlo a la  Fiscalía”,  figura de la prueba trasladada negada  en este caso.   

Con    fundamento    en   lo   expuesto  solicita  a la Corte admitir la demanda “puesto  que  sí se aportan las pruebas, sólo que se pide sean  ordenadas”;  ordenar   a  la  Magistrada  con  función  de  Garantías  de  Justicia  y  Paz, remitir las declaraciones rendidas por Isaías  Montes  Hernández  y;  por  último,  escuchar  a los señores Isaías Montes y  José  Misael  Valero,  “con  el fin de conocer la  verdad    de    los    hechos    por   los   que   fue   condenado   el   señor  Estupiñán”.   

SE CONSIDERA:  

         

Como lo tiene establecido la jurisprudencia  de  esta  Colegiatura,  si  los  recursos ordinarios buscan enmendar errores que  aparezcan  en  las  providencias judiciales, mediante una nueva oportunidad para  su  examen, el de reposición constituye un medio para que el juez -en este caso  la  Corte-  vuelva  sobre  la decisión proferida y, si es del caso, la revoque,  reforme,  aclare o adicione. Para estudiar su viabilidad es necesario, a más de  la  oportunidad, que se motive el recurso, es decir, que por escrito se expongan  las  razones de hecho y de derecho por las cuales la providencia está errada, a  fin  de  que proceda su revocación o modificación2.   

En el evento sub judice, se observa que los  argumentos    que    expone    el    defensor   del   sentenciado   Estupiñán  Aparicio para insistir en  que  se  admita  la  demanda de revisión interpuesta, no conducen a adoptar una  decisión  distinta  de  la asumida por esta Corporación cuando se resolvió inadmitirla.   

Tómese  en cuenta que en la oportunidad en  que  se calificó la idoneidad del libelo,  se indicó que de conformidad con el  Código  de  Procedimiento  Penal,  en respeto por la  seguridad  jurídica  que  la  inmutabilidad y definitividad que la cosa juzgada  otorga  al  fallo  en  firme, cuando la acción se apoya en la causal tercera de  las  previstas  por  el  artículo  220  de  la  Ley  600  de 2000, es     presupuesto     insoslayable  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio  de  la  acción  de  revisión,  que  el  demandante  no  solamente  acate  el  deber  de relacionar las pruebas  que  pretende  hacer  valer  para  sustentar  su  pretensión, sino que       cumpla   la  doble  obligación  de aportarlas  con  la demanda y acredite  al  tiempo  cómo dichos  medios  de  convicción  no  solamente  son  novedosos,  es  decir que no fueron  considerados    en    el    fallo,    sino   que   de   haber   sido   conocidos  oportunamente  en  las  instancias  ordinarias  del  proceso,  el  sentido  de  la decisión habría sido  sustancialmente  distinto  y  opuesto  a aquella  cuyo  desquiciamiento  se  promueve,  pues  con  ellos se  habría  podido  demostrar la inocencia del procesado  o  su  inimputabilidad  en  el  hecho  por el que resultó condenado.   

De  no  cumplirse esto en la demanda, es de  entenderse     que     la     pretensión    en    ella    contenida,  se orienta por la prolongación del  debate   sobre   hechos,  pruebas  y  argumentos  ya  considerados  y  definidos  procesalmente,  en desconocimiento de la razón de ser y finalidad de la acción  de revisión.    

Lo  que  viene  de  exponer  la Sala, tiene  sentido   sólo   si  se  logra  comprender  a  la  revisión  como  instrumento  extraordinario,      el     cual     parte  del  supuesto  que el  juicio  de  responsabilidad  penal del acusado culminó con el  fallo  con  que  se  puso  fin  al  proceso,  y  que  su  ejecutoria  determinó  que  hiciera  tránsito a  cosa  juzgada  judicial,  es  decir,  de obligatorio  acatamiento  por  las  partes,  los particulares y las autoridades, cuya     remoción     solamente     es    posible    mediante  la  demostración  de  alguno  de  los  precisos motivos  establecidos    en    la   ley,   previa  la  presentación  de  demanda  por  quien  tenga legitimidad e  interés    para   acudir   a  él,  y   que  satisfaga  rigurosamente  todos  y  cada  uno  de  los requisitos al   efecto   establecidos   por   el  ordenamiento.       

Precisamente porque la acción de revisión  corresponde  a  una  actividad  posterior  a  la  culminación  del proceso, que  comprende  la  elaboración  del  libelo según precisos requisitos formales, la  invocación  de  concretas  causales  legales,  el correcto señalamiento de los  fundamentos  jurídicos y fácticos, y una adecuada sustentación compatible con  la  naturaleza  de la causal que se invoca, lo cual, evidentemente es materia de  especiales  conocimientos  jurídicos,  es que solamente puede ser intentada por  quien   tenga  la  calidad  de  abogado  titulado,  legalmente  autorizado  para  ejercer la profesión, lo  que  reafirma  aún  más  el  carácter  eminentemente técnico y rogado que el  instrumento  ostenta, a que se ha referido persistentemente la jurisprudencia de  esta   Corte3.     

Si ello es así,  resulta  claro  que  no  le  compete a esta Corporación, en casos particulares,  indicarle a las partes o  intervinientes  la  manera  de  ejercer  sus  derechos,  ni suplir las falencias  formativas  que  evidencien  en  el  conocimiento  y  aplicación del mencionado  instrumento,  sino  simple  y  llanamente  a  poner  de presente los desaciertos  técnicos,    lógicos,    jurídicos    o    de    fundamentación    fáctica,  determinantes  de  la inadmisibilidad de  la demanda.   

Ahora bien, en el caso de autos es claro que  el   recurrente   no  toma  en  consideración  estas  precisiones  básicas,  y  tal  vez por ello es que,  apartándose  del deber de lealtad que como principio rector gobierna el sistema  procesal,  no  solamente  no  es fiel a la objetividad que la actuación ofrece,  sino  que  pretende que la Corte desconozca sin más  tanto  la  normativa que  rige    la    materia,  como   el   amplio   y  metódico  desarrollo  jurisprudencial  en  torno  a la naturaleza y fines de la  revisión,  así como el  alcance  de  las  causales de procedencia y los presupuestos de admisibilidad de  la demanda.   

Al  efecto  debe  connotarse  que  no  es  cierto,   como   se   aduce   por   el  recurrente,  que  la  Fiscalía,  en  respuesta a la petición de  información  elevada  por  la  defensa  del  sentenciado  en torno a la masacre  ocurrida  el  17  de julio de 1999 en el Municipio de Tibú, Norte de Santander,  le   hubiere  indicado  que   “solicite a la Corte Suprema de Justicia  que  ella  misma pida dichas declaraciones”, pues una tal sugerencia no consta  en  el oficio que corre  a folios 129 y 130 del cuaderno original, la cual,  en  todo  caso,  no  sería  en manera alguna vinculante para esta Corporación,  menos  frente  a  la  naturaleza rogada y técnica que la revisión ostenta, los  requisitos   establecidos   en   el   ordenamiento  para  su  ejercicio,  y  las  posibilidades  otorgadas  por  los  Códigos  de Procedimiento Penal y Civil, en  torno  a  la  práctica  de pruebas anticipadas cuando se las quiera hacer valer  como   tales   en   el   curso   de   un   trámite  judicial  que  se  pretenda  iniciar  (Cfr. artículos 294 y ss. del C.P.C. y 153  y ss. de la Ley 906 de 2004).   

Pero   si   lo   anterior   no  resultare  suficientemente  ilustrativo de la sin razón del planteamiento propuesto por el  recurrente,  debe decirse que la Fiscalía no es dependencia de la Corte Suprema  y  en  esa  medida no tiene cabida en este caso la consideración según la cual  “la   información   o   documentación   reposa   en   una   de   sus  mismas  entidades”.   

Y si en gracia de  discusión  pudiera  llegar a admitirse que la prueba que el demandante aduce se  halla  al  alcance  de esta Corporación, es lo cierto que ello tampoco suple el  deber  del  libelista  de demostrar,  mediante los cotejos correspondientes  con  el  contenido  del fallo cuya firmeza y obligatoriedad pretende remover, no  solamente  la  novedad  del medio, en cuanto no fue objeto de consideración por  el   fallador,   sino  que  de  haberlo  conocido  oportunamente,  cotejado  con  las  demás pruebas          válidamente  recaudadas  y  que  le  sirvieron  de  soporte,  habrían dado a modificar el  supuesto  fáctico,  por ende, la declaración de justicia contenida en su parte  resolutiva,  nada  de  lo  cual,  como ya se dijo, siquiera intenta.        

               

En  estas condiciones, resulta evidente que  la  Corte se encuentra imposibilitada de conocer el contenido de las pruebas que  el  demandante  indica,  su real incidencia en orden a establecer la posibilidad  de  levantar  los efectos de la cosa juzgada judicial y, de contera, remediar la  injusticia  material  en  que se afirma incurrió el sentenciador. Esta falencia  no  podía  conducir  a nada diverso de que la Corte cumpliera la obligación de  inadmitir  la  demanda,   de acuerdo con lo establecido en el artículo 223  del estatuto procesal del año 2000.    

     

Cabe   destacar,   por  último,  que  en  la  providencia  objeto  de disenso la Corte puso de  presente  que  la  pretensión  del  demandante  era  denunciar que la sentencia  proferida  en  contra  de  ESTUPIÑÁN  APARICIO se fundamentó en prueba falsa,  pues,  en  criterio  del  libelista, “el señor Andrés Vermont Martínez, dio  una  falsa  declaración”  en  contra  de su representado, para lo cual debió  acudir  a la causal quinta de revisión y someterse a los lineamientos normativa  y     jurisprudencialmente     establecidos     para     su     desarrollo     y  demostración,  nada  de lo cual hizo, pues en lugar  de  demostrar  la falsedad de la prueba en que se apoya la sentencia, se dedicó  a  suponer  que  el  testigo mintió, tan sólo porque otros de los presuntos  partícipes  en los hechos,  manifiestan  que éstos ocurrieron de una manera diversa a como fue declarada en  el  fallo  cuya  remoción  persigue,  pero sin llegar a demostrar, con el rigor  exigido en revisión, la inocencia de su representado.   

Como  quiera  que  ninguno  de los     argumentos     expuestos  por  la  Corte en la providencia ameritada es  rebatido  en  la  sustentación  del  recurso  de  reposición  interpuesto  por la defensa, la decisión objetada resulta inconmovible, máxime  si  lo  que  se observa es tan solo una reiteración de los planteamientos sobre  la  inocencia  de  su  cliente,   pero  sin  ajustarse  a  los lineamientos  señalados   por   la   ley   y   ampliamente   precisados  de  antaño  por  la  jurisprudencia,  en relación con la causal de revisión que aduce, así como el  manifiesto   desconocimiento   de   que   la   reposición  no  es  un       recurso      que  establezca término probatorio que  dé  lugar  a  considerar los medios que adjunta a un  escrito   posterior  y  extemporáneamente   allegado,   que   por   lo   mismo,   no  pueden  ser objeto de consideración por la  Sala.    

Se  tiene,  entonces,  que no asistiéndole  ninguna  razón  al  libelista, como para que la Corte reconsidere el sentido de  la decisión asumida, se mantendrá la providencia impugnada.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E:   

NO  REPONER  la  providencia  objeto  de  impugnación, mediante la cual se inadmitió la demanda  de  revisión  propuesta  a  nombre  del  sentenciado  GERMÁN  ALBERTO  ESTUPIÑÁN  APARICIO.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado  

Excusa justificada  

FRANCISCO          ACUÑA  VIZCAYA                                                    JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO   

                Conjuez                                                                                           Magistrado   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                  WILLIAM MONROY VICTORIA   

                        Magistrado                                                                   Conjuez   

JUAN       CARLOS       PRÍAS  BERNAL                                                         HUGO QUINTERO BERNATE   

                    Conjuez                                                                             Conjuez   

Excusa     justificada                                                                          Excusa justificada   

YESID            REYES  ALVARADO                                                     LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

              Conjuez                                                                                     Magistrado   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Fls.  199 y ss. cno. Corte.   

2 Cfr.  Auto de revisión de agosto 21 de 1997. Rad. 10926   

3 Cfr.  por   todos,   auto   de   revisión   de   17   de  septiembre  de  2003.  Rad.  19899.     

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