31009(25-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 31009  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. Luis Guillermo Salazar  Otero   

Aprobado Acta No. 147  

Bogotá,  D.C.,  veinticinco (25) de abril de  dos mil doce (2012).   

ASUNTO  

Decide  la  Sala el recurso extraordinario de  casación   interpuesto  por  el  defensor  de  los  procesados  Virgilio  Díaz  Espinosa,  Hermógenes  Martínez  Anchícoque  y  Henry Navia Imbachi contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Medellín el 3 de julio de  2008,  confirmatoria  de  la  emitida en primera instancia por el Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma ciudad el 1° de noviembre de  2007,  mediante  la  cual  fueron  condenados a la pena principal de 28 años de  prisión  y  multa  equivalente a 300 s.m.l.m., como responsables de los delitos  de homicidio agravado y tortura.   

HECHOS Y ACTUACIÓN RELEVANTE  

Acoge  la  Sala  la  síntesis  del  episodio  fáctico contenido en el fallo impugnado, así:   

“Historia   la  foliatura  que  el  4 de abril de 2002 a eso de las diez y media de la noche, en  el  municipio  de  Copacabana,  más  exactamente  en el centro recreacional Las  Ballenas  de  Comfama,  se  sintió la presencia de extraños porque violentaron  unos  candados  del  taller  de mantenimiento, razón por la cual los vigilantes  reportaron  el  hecho a la sede ubicada en el barrio Prado Centro de Medellín y  fue  así  como el supervisor salió acompañado de otros dos empleados hasta el  lugar  y  después  de  una  búsqueda  hallaron  escondido  al  sujeto  que  se  identificó  como  Edison  de Jesús Watstein Calle, quien llevaba un costal con  varios  elementos  hurtados.  De  inmediato se dio aviso a la autoridad policiva  del  municipio,  haciendo  presencia  tres  patrullas comandadas por el Capitán  Virgilio  Díaz  Espinosa,  hombre  que  recibió  al  capturado y junto con los  agentes  Hermógenes Martínez Anchícoque y Henry Navia Imbachi se lo llevó en  el  vehículo oficial siendo las 00:30 horas del día 5, y ya a la 1:30 horas se  reportaba  la  muerte  violenta del retenido, cuyo cadáver apareció detrás de  la  pista  de  Incolmotos-Yamaha  del vecino municipio de Girardota, presentando  disparo  de  arma  de  fuego  y  heridas  con  arma  blanca, sin que los agentes  pudieran  dar  cuenta  razonable  del  destino  del capturado al asegurar que lo  dejaron  en  libertad  en  la  bomba  de gasolina con el fin de protegerlo y que  ubicara  transporte.  Explicaciones  que no encontraron ningún sustento lógico  en  el  procedimiento  antecedente  y  subsiguiente  a los hechos”1.   

Las  averiguaciones  preliminares  por  estos  hechos   estuvieron   a  cargo  de  la  Fiscalía  82  Seccional  de  Girardota,  allegándose  a  dicho  efecto  las  actas  de  inspección  y levantamiento del  cadáver   y  el protocolo de necropsia, en las que se evidencia múltiples  y  superficiales  heridas con arma blanca a la altura del cuello y un dedo de la  mano   derecha   y   varios  orificios  producidos  por  proyectil  de  arma  de  fuego2,    así    como    las    declaraciones   de   Jairo   de   Jesús  Cubides3  y  de  los  empleados  de la división de vigilancia de la Caja de  Compensación    de    Antioquia    (Comfama)    Raúl    de    Jesús    Posada  Piedrahita4,    John    Humberto    Celis   Hoyos5,   Argiro   Humberto  Salazar  Barrera6,   Raúl   de  Jesús  Ríos  Arboleda7,  Hernán  de  Jesús  Vanegas  Loaiza8,   Humberto   Miguel   Saez  González9    y    Leopoldo    Higuita  Girón10.   

Practicada inspección judicial al Comando de  Policía           de           Copacabana11  y allegada constancia sobre  la  denuncia  que por el delito de hurto calificado presentara la Administradora  del   Parque  Recreativo  “Las  Ballenas”          de          Comfama12,  el 23 de enero de 2003, se  dispuso  remitir  las  diligencias  ante  la  Justicia  Penal  Militar  para  su  conocimiento13.   

Una  vez  avocado el asunto, el 17 de febrero  posterior   el   Juzgado   155  de  Instrucción  Penal  Militar  abrió  formal  investigación14,  escuchándose inicialmente  los  testimonios  de los policiales Hermógenes Martínez Anchicoque15,   Rafael  Arcángel            Cano           Zapata16     y     Nilson    Efren  Mena17.   

El  19  de diciembre postrer y ante solicitud  del  Ministerio  Público  que  se  encontró  puesta en razón, las diligencias  fueron    regresadas    a    la    Fiscalía   General   de   la   Nación   por  competencia18,  pasando  al  conocimiento  de  la  Fiscalía  20 Especializada de  Medellín.   

Ampliado el dictamen médico en relación con  las   heridas  presentadas  por  Edison  de  Jesús  Watstein  Calle19 y aportados  los    testimonios   de   los   policiales   Agustín   Portocarrero20 y Wilson de  Jesús           Fonnegra           Tolosa21,  se escuchó en indagatoria  a      Hermógenes      Martínez     Anchicoque22    y    Virgilio    Díaz  Espinosa23.   

Acopiadas  declaraciones  de Giovany Mauricio  Fernández24     y     Luis     Fernando    Díaz25,  se resolvió la situación  jurídica  de  los  indagados  decretándose  su  detención  preventiva por los  delitos   de   homicidio   agravado   y   tortura,26    vinculándose    a   la  instrucción     a     Henry     Navia    Imbachi27,   de   modo  que  una  vez  aportada  nueva prueba testimonial y cerrada la investigación, el 10 de febrero  de  2005  se profirió resolución acusatoria en contra de los imputados por los  delitos            en           referencia28.   

El  3  de  marzo  posterior,  el delegado del  Ministerio  Público  solicitó se remitiera el expediente ante el Consejo de la  Judicatura  tras  considerar  que  le  correspondía conocer de este asunto a la  Justicia  Penal  Militar,  petición  respondida adversamente por el Juez Cuarto  Penal  del  Circuito  Especializado  mediante  prolijo auto del 5 de abril,  por    encontrar    que    la    competencia   era   propia   de   la   justicia  ordinaria29.   

Remitidas  de la Procuraduría General copias  de  los  fallos disciplinarios en las dos instancias proferidos en contra de los  acá                    procesados30,  una  vez rituado el juicio  se  emitieron  las  sentencias  de  primera y segunda instancia en los términos  glosados previamente.   

DEMANDA  

Cargos principales  

Cuatro  son  los  reproches  que  el  defensor del procesado postula contra la sentencia objeto de  la     impugnación     extraordinaria,     bajo    el    entendido    de    ser  principales.   

El           primero, acusa violación indirecta de la  ley      sustancial,      que      dice      derivada     de     “interpretación    errónea    del    hecho    indicador”,  con  quebranto  de las reglas de la lógica, la racionalidad y  la experiencia.   

Previa teorización sobre la prueba indiciaria  y  los  principios  que dice la reglan, asegura que la sentencia incurrió en un  paralogismo  sintáctico  con menoscabo de los principios de no contradicción y  razón suficiente.   

Para  el  actor,  en  este  caso, conocida la  muerte   de   una  persona  (hecho  indicador)  se  da  por  demostrado  que  la  responsabilidad   recae   en   los   tres   imputados,  a  través  de  indicios  “que  jamás  llevan  a  la certeza legal de que los  procesados    fueron   los   autores   de   la   conducta   criminal”.   

A  partir  del  análisis  contenido  en  la  sentencia  dice  el  censor  resultar  claro que no hubo un testigo directo; que  siempre  se  ha censurado la certeza en la prueba de indicios y que es necesario  desechar  apreciaciones  subjetivas,  de  donde enfatiza en que sólo se tuvo en  cuenta  el hecho indicador de la muerte para deducir otro no probado, como es la  autoría.   

Rechaza  que  se  tomara  en  contra  de  los  incriminados  el  hecho  de  carecer  el  libro  de población del Comando de la  debida  anotación  sobre la retención del ciudadano Watstein Calle, pues al no  existir  persona  detenida  no  procedía y especula en que de haberlo llevado y  permanecer  en  esas  condiciones  si  al  liberarlo  igual pierde la vida no se  habría responsabilizado a la autoridad.   

Los vigilantes adujeron no presentar denuncia  alguna  y ésta sólo se produjo 10 días después de los hechos, refiriendo por  lo  demás  una  cantidad  ínfima de los elementos que se supone eran objeto de  apoderamiento.   

Con  libertad de análisis que asume propicio  en  casación,  toma  las  fluctuaciones horarias según las distintas versiones  aportadas,   para hacer notar que los testigos Giovanny Mauricio Fernández  y  Luis  Fernando  Díaz  respaldan  la  versión  según la cual los policiales  liberaron  al  ciudadano  detenido  en  la  bomba  de  gasolina del municipio de  Copacabana la noche de autos, antes de la medida noche.   

Un  segundo            ataque    es  enfocado  por  violación  directa bajo el entendido de no haberse tipificado el  delito  de  tortura,  incurriéndose  en  “evidentes  errores   de   derecho   en   la   apreciación   de   las   pruebas”.     

Discrepa  el  libelista  con  la  sentencia  impugnada  en  tanto  dio  por  demostrado  el delito de tortura por el hecho de  encontrar  diversas  lesiones  superficiales  a nivel del cuello de la víctima.  Califica  el  dictamen  rendido  por  el  médico del Hospital de Girardota como  “exageradamente  superficial  y  carente de seriedad  científica”  y  en ampliación del mismo, con apoyo  en  otros  galenos  (lo  que  constituye una causal de nulidad por violación al  principio  de  legalidad,  pues  no fueron designados como peritos), asegura que  dichas  heridas  se  produjeron  con  arma  blanca,  sin  poder  sostenerse  con  certeza.   

Por  demás,  en vista de que la víctima fue  amarrada  por  los  celadores  de  Comfama,  pudieron  ser  éstos  quienes  las  infirieron,  o  el propio Watstein Calle, al cargar los elementos que pretendió  hurtar, con todo lo cual se descarta el delito de tortura imputado.   

La  tercera  tacha  se encamina por quebranto directo de la ley sustancial  y   descarta  la  concurrencia  de  la  agravante  derivada  de  condiciones  de  indefensión  de  la  víctima, bajo el entendido que se imputó “sin   que   existiera   demostración   en   el  proceso”  de  la  misma,  máxime  cuando  en  su  criterio  no  es dable  afirmarla a través de prueba indiciaria.   

En  el cuarto   cargo  y     bajo  el  mismo sentido directo de violación,  sostiene  el casacionista que el Tribunal “confundió  Tortura   con  una  posible  sevicia”,  figura  esta  última  que  no fue deducida en el pliego de cargos y se presenta cuando quiera  que  se  ocasionan  sufrimientos  o  padecimiento innecesarios a la víctima del  homicidio  antes de la herida mortal y revela mayor perversidad en el agente, de  donde  asume  que  las  heridas  superficiales  inferidas  a  Watstein  Calle no  posibilitan  sostener que se le puso en estado de indefensión o inferioridad, o  que  quien le hirió se aprovechó de él por encontrarse en tal situación, por  lo cual la agravante debe ser desechada.   

Cargos subsidiarios  

Son    presentados    por    vía    de  nulidad.   

El           primero  sostiene  que  se  socavaron las  bases  del juzgamiento como quiera que la resolución acusatoria no se notificó  a  los  sujetos  procesales,  restringiéndose  la  oportunidad  para que éstos  interpusieran los recursos ordinarios contra la misma.   

El           segundo  recuerda  que  pese  a  que  el  Ministerio  Público  solicitó al Juez 4° Penal del Circuito Especializado que  remitiera  el expediente ante el Consejo de la Judicatura a efecto de dirimir si  era  la justicia ordinaria o la penal militar la que debía conocer del proceso,  aquél  hizo  caso  omiso  al  pedido de cambio de jurisdicción y no le dio por  consiguiente  curso  a  la colisión negativa de competencias propuesta, de modo  que,  asegura,  no  se sabe con certeza cuál era el funcionario competente para  adelantar    el    juicio,   incurriéndose   así   en   evidente   motivo   de  nulidad.   

Bajo el mismo supuesto de ataque es presentado  el  tercer  cargo contra la  sentencia  impugnada, ahora acusándola de no haberse practicado “una  prueba trascendental” solicitada por  el  Procurador  Delegado,  consistente en que se allegara el acta de asignación  de  armas a cada uno de los policiales que prestaron servicio la noche de autos,  con   lo   cual   se   habría   podido   practicar  prueba  de  “hoplología    forense”   que   estima  determinante  en  orden  a  establecer  si  aquella  asignada al “oficial  de la Policía” fue la disparada  en  contra de la víctima, vicio en la actuación que asume lesiva del principio  de investigación integral.   

Finalmente,     como     cuarto   ataque   a  la  sentencia,  que  también   procura   la   nulidad   del   proceso,   afirma   la  existencia  de  irregularidades  sustanciales  con  afectación  del principio de investigación  integral,  en  la  medida  en  que los funcionarios judiciales no orientaron las  pesquisas  a averiguar sobre los mal llamados “grupos  de  limpieza  social”, con lo cual se llegó al punto  en    que    no    existe    “la   certeza   legal  objetiva” que permita concluir en la responsabilidad  de los procesados por los delitos que les han sido imputados.   

De  lo  sostenido  por  el  testigo  Giovanny  Mauricio  Fernández,  según  el  cual  en  el  sector  de los hechos y el río  Medellín  se  “encuentra  mucho  muerto”,  está  significando,  que se producen muchas muertes violentas  inferidas  por grupos de limpieza social, “los cuales  pudieron   haber   ocasionado   la   muerte   de  Edison  de  Jesús”.   

Sobre  la presencia de dichos grupos también  aludió  el  sindicado  Díaz  Espinosa  y  los  testigos Valmore Segundo Roca y  Rafael  Arcángel Cano, sin que se indagara sobre el particular con desmedro del  derecho de defensa y el debido proceso.   

Alude enseguida a que los fusiles que portaban  Navia  Imbachi  y  Martínez  Anchicoque  no  fueron disparados, pero tampoco se  demostró  cuál  de  los policiales tenía en su poder un arma corto-punzante o  cortante  con la cual se hubieran irrogado lesiones en el cuello y un dedo de su  mano  al  occiso,  no pudiéndose en dichas condiciones llegar al convencimiento  sobre la culpabilidad predicable en éstos.   

Repudia      el      “valor”  probatorio que los jueces le han  dado     a     la     prueba     indiciaria,     pues     la     “sobredimensionan  o le otorgan un valor a determinados hechos que no  tienen el alcance siquiera de indicios”.   

Reitera  entonces  que  el  “hecho  indicador”  de  la  muerte de una  persona  no  permitía inferir la responsabilidad de los imputados, pero sin una  debida   apreciación   de   los   indicios  el  sentenciador  desechó  algunos  testimonios   “suponiendo  que  mentían”,  sin  tomar  en  cuenta  las  explicaciones  que suministraron,  cuando  las  inconsistencias  en  que  incurrieron se explicaban por el paso del  tiempo,  como  conocidos autores en su doctrina sobre esta clase de pruebas (que  en extenso cita) han sentado desde antiguo.   

Así las cosas, para el libelista, el Tribunal  sustentó  “las torturas en presunciones y conjeturas  que   no   tienen   la   más   mínima   demostración   probatoria”,  toda  vez  que “no se probó si las  lesiones  superficiales  se ocasionaron en la humanidad por los policiales, o si  fue   producto   de   la   actuación  de  los  vigiles  de  Comfama”.   

Finalmente   alude   a   las  que  denomina  “presunciones     o     suposiciones”  del Tribunal, que refuta en su carácter indiciario, tales como  la  hora  en  que  el  hoy  occiso fue entregado a la autoridad, el hecho que se  sostuviera  que  no se presentaría denuncia por el hurto, o la secuencia según  la  cual  los  policiales  condujeron  a  Watstein  Calle  hasta la Estación de  Gasolina  de  Copacabana  y  luego se marcharon y “el  Capitán   se  acostó  a  dormir,  Martínez  continuó  como  centinela  y  el  Subintendente  Navia  fue  regresado  al parque Comfama, antes de producirse los  disparos”,  por lo que nada tuvieron que ver en esos  hechos.   

Solicita,  de acuerdo con las pretensiones de  los  cargos  expuestos,  se case la sentencia y absuelva a los procesados por la  totalidad  de  delitos  imputados,  o por el de tortura, o se declare la nulidad  acorde   con   aquellos   ataques   que   se   dedican  a  reseñar  pretendidas  irregularidades en los actos procesales, según el caso.   

CONCEPTO  DEL PROCURADOR Y CONSIDERACIONES DE  LA SALA   

La  respuesta  a  los  distintos  reproches  postulados  en  contra  de  la  sentencia  impugnada, al coincidir en el sentido  adverso  que  merecen desde la perspectiva del Ministerio Público y el criterio  de  la  Sala,  hace propicio que la síntesis del concepto y las consideraciones  se aborden de manera simultánea.   

Para  dicho  propósito,  lo  primero  que al  respecto  se  impone  es  clarificar  que  los reparos al fallo presentados como  principales,  en  estricto  sentido  no  ostentan  dicho carácter si se toma en  cuenta  que  los  aducidos como subsidiarios comprenden la legalidad misma de la  actuación  procesal que, en algunos casos, conduciría a invalidar cierto tramo  de  la  actuación,  de  donde  el  efecto  enervante  en  que se sustentan hace  imperioso  su  abordaje  prioritario  al  margen  de  la confusión que en dicho  sentido  ostenta  el  libelo  y  que  llevó  al  actor  a presentarlos en forma  supletoria.   

Cargos por nulidad  

A  través de simples enunciados que el actor  entiende  comprensivos  de  los  presupuestos  para  reclamar  la  nulidad de lo  actuado,   cuatro  son  los  reparos  que  incluyen  afirmados  quebrantos  al debido proceso y el derecho de  defensa.   

1.        El        primero   acusa   violación  al  debido  proceso  y  defensa,  derivado  de  la  falta  de advertencia sobre el carácter  notificable de la resolución acusatoria.   

1.1. En perfecta armonía con el criterio del  Procurador  Segundo  Delegado,  observa la Corte que la decisión emitida por la  Fiscalía  20  Delegada ante los Juzgados Penales del Circuito Especializados de  Medellín    el    10    de    febrero   de   200531,    en   que   se   acusó  formalmente  a  los  tres  imputados  por  los  delitos  de homicidio agravado y  tortura,    fue   notificada   personalmente   a   la   totalidad   de   sujetos  procesales.   

Así, al defensor del imputado Virgilio Díaz  Espinosa,   doctor   Luis   Alberto  Villegas  Moreno,  el  propio  día  10  de  febrero32,  a  los  acusados  Henry  Navia  Imbachi  y  Hermógenes Martínez  Anchicoque33   y   a   Virgilio   Díaz   Espinosa34   el   11  de  febrero,  al  Procurador   Especial   del   Ministerio   Público   el   día   1435   y   al  defensor  de  Navia  y  Martínez, doctor Carlos Mario Vargas Cárdenas el 20 de  ese  mismo mes36.   

1.2. Por ende, así como la naturaleza de una  decisión  no  proviene  de su forma sino de su esencial contenido, al margen de  que  en  el  pliego de cargos se hubiera dispuesto en su parte resolutiva que se  trataba   de   un   acto  de  “cúmplase”,  es  lo  cierto  que  dado  el contenido material del mismo, en  desarrollo  de los actos de publicidad, la Fiscalía se encargó de adelantar lo  concerniente  para  notificarla de manera personal, lográndolo en relación con  la totalidad de intervinientes.   

1.3.   Desde esta perspectiva, inane por  completo  emerge  el  reparo,  cuando  el  censor cree encontrar alguna clase de  motivo  para  afirmar  la  existencia  de  un vicio procesal en la anotación de  “cúmplase”  que  dentro  del  acápite  de  ejecución  del  acto  se dispuso (obviando por demás que la  imperatividad  de  su  notificación  es  por  ministerio  de la ley), con menos  vocación  de  éxito  cuando la realidad de haberse satisfecho en relación con  todos  los  sujetos  procesales  la  notificación  personal  de  la resolución  acusatoria,  desdice  de  la presencia de irregularidad alguna demandable, mucho  menos en casación.   

La falta de seriedad y razón del reproche son  evidentes.    

2.        El        segundo  motivo esbozado como invalidante  de  lo actuado, radica en no haberse dado trámite a la solicitud del Procurador  117  Judicial  Penal  elevada  al  inicio  de  la  etapa  del juicio para que la  actuación  se  remitiera  ante  la  Justicia  Penal  Militar  o ante el Consejo  Superior   de  la  Judicatura,  para  dirimir  una  eventual  disputa  sobre  la  jurisdicción que debía conocer de este proceso.   

2.1.  Sobre  éste  particular  se  tiene que  conforme  a  las  previsiones  del  art.  256.6  de la Carta Política y el art.  112.2.  de  la  Ley  Estatutaria  de la Administración de Justicia, corresponde  ciertamente  a  la  Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la  Judicatura  dirimir  los  conflictos  de  competencia  que se susciten entre las  distintas jurisdicciones.   

2.2.  Dicha intervención, no obstante, sólo  es  viable en relación con colisiones de competencia debidamente trabadas, o lo  que  es  igual,  en  aquellas  hipótesis  en que motu proprio o a iniciativa de  alguno  de  los  sujetos  procesales,  un  determinado  juez estima que no es el  competente  para  conocer  de  un  proceso,  o que sí le corresponde el mismo y  propone  a  otro  la disputa pertinente, quien a su vez acepta la confrontación  en  dichos términos presentada, situación ante la cual es forzoso que cada uno  de  los despachos manifieste las razones de sus respectivas posturas37.   

2.3.  Si,  como  lo  afirma  el  actor, en el  supuesto  de  este  caso  que  asume  configura  irregularidad  por  omitirse el  trámite  adecuado a un conflicto de esta índole, simplemente el Delegado de la  Procuraduría  (en  postura  antagónica a quien en precedencia actuando ante la  Justicia  Penal  Militar  solicitara  fuera remitido el expediente a la justicia  ordinaria),  pidió al Juez Cuarto Penal del Circuito Especializado de Medellín  reenviara  las  diligencias ante la justicia castrense y por auto del 5 de abril  de    200538,   éste  rechazó  con  motivación  abundante  en  razones  dicha  reclamación,   emerge  con  toda  claridad  que  nunca  se  trabó  formalmente  colisión  de  competencia  alguna  y  por  ende, menos aún debía remitirse al  Consejo Superior la actuación con miras a un pronunciamiento.   

2.4.  Coincidente la Corte con el criterio de  la  Delegada  en  este  caso,  en tanto es ostensible que al negarse el juez del  Circuito  a  rehusar el conocimiento del trámite que cumplía y consecuente con  ello  que  nunca  existió  conflicto  de  jurisdicciones, no se omitió ningún  trámite  pues  en  condiciones  semejantes el expediente no debía ser remitido  ante  el Consejo Superior según lo destacado, por lo que este reproche también  resulta manifiestamente infundado.   

3.  Los     reparos     tercero   y  cuarto  se  encaminan   también   por   nulidad  y  proponen  violación  al  principio  de  investigación integral.   

­­­­­­­­­­­­­­Aludió  en principio el actor al carácter trascendente que habría  tenido  para  la  investigación  allegar el acta de asignación de armas de los  uniformados  y  su  correspondiente  estudio  de  balística con los proyectiles  encontrados  a  la víctima, conforme lo reclamó el Procurador Judicial I Penal  192.   

3.1.  Ciertamente,  el Ministerio Público en  memorial   calendado   el   11  de  marzo  de  200439,   entre   otras   pruebas,  solicitó  la  que alude el actor y la Fiscal 20 Especializada en la resolución  del  día  30  posterior en que dispuso como impulsión procesal la práctica de  algunos  de  los  elementos  de  convicción  reclamados,  no  se  ocupó  de la  anterior40.   

Sin embargo, así como no encontró destacada  su  viabilidad  y  tácitamente  desechó  el  pedido  de  la  misma, tampoco el  Delegado  o  alguno  de  los  defensores  o  demás  sujetos  la requirieron, ni  insistieron  para  que  se  allegara,  lo  que  indica  muy  a las claras que no  ostentaba  el carácter definitorio, conclusivo o la significación que en orden  a  sostener quebrantado el principio de plena investigación aduce el demandante  ahora,  y  que  se  explica  en la reflexión según la cual dado que los hechos  investigados  carecen  de cualquier vínculo con las funciones discernidas a las  autoridades   policiales,   ninguno   de  los  intervinientes,  ni  las  propias  autoridades  investigadores,  consideraron  que  para  su  comisión se hubieran  empleado  armas  oficiales, razón que explica la pasividad de todos respecto de  este  elemento  no  aportado  al  expediente  y que en últimas el actor tampoco  sustenta  en  la  trascendencia  que  debía tener para acudir en esta sede a su  pedido.   

3.2.  Y  si  la  propuesta  de este reparo es  genérica  y  carente de un debido desarrollo explicativo sobre el mérito de la  reputada  prueba,  a  situación  distinta  no  está  avocado el reclamo que se  expone  en la última censura de este acápite también por pretendido quebranto  al  principio  de  investigación  integral,  pero  que  en  realidad acomete un  discurso  simplemente discrepante con el valor concedido a la prueba indiciaria,  en  donde  el  objetivo  primordial,  que  debió  ser  el único, dado el marco  sentado,  es  abandonado  con  decidido  tropiezo  para la propia viabilidad del  cargo.   

3.3.  En  primer término resulta conveniente  recordar,  que  la  violación  a  la  investigación  integral,  que como norma  rectora   previó  el  art.  20  de  la  Ley  600 de 2000, en sus distintas  expresiones  posibles supone mucho más que la simple falta de aporte al proceso  de  pruebas  por  parte  del  Estado,  como  en  forma  genérica  lo enuncia el  libelista  bajo la premisa de haberse tenido que averiguar más sobre los grupos  de  autodefensas en la región en que sucedieron los hechos, con una lacónica e  incompleta  indicación  del  fundamento  que  la haría imprescindible, máxime  cuando  en  el  caso  concreto  surgía como un imperativo requisito el deber de  indicar  de  modo claro y preciso el sustento de la censura bajo el entendido de  haberse  omitido específicas pruebas en el sentido indicado, cuya procedencia y  trascendencia  apareciera  ostensible,  o  que  la no aportación de un medio de  persuasión  se  evidencie  como  efecto  de  una  injustificada,  arbitraria  e  inmotivada negativa por parte del servidor judicial.   

3.4.  La absoluta falta de vinculación entre  estos  supuestos  teóricos  y  la  dinámica  de  los  elementos  aportados que  sirvieron  a  los  sentenciadores  para fallar, es evidente. El actor aludió de  manera  genérica  y  sin  fijar  por  tanto  la  relevancia  que en el contexto  probatorio  han  podido  tener las averiguaciones sobre la influencia de las AUC  en  el  sector  de los hechos, pero sobre todo a la relación que podrían haber  tenido  en  la ejecución del ciudadano Edison de Jesús Watstein Calle, o en la  directa  participación  que  se  evidenció tuvieron en el mismo los policiales  imputados,  esto  es, que al margen de los elementos que sustentaron su condena,  es  irrelevante fijar expectativas de favorabilidad a través de una hipotética  participación de otras personas en los hechos.   

Se  trata,  pues,  de  un  alegato carente de  seriedad  en  cuanto  al  sustento  que debió soportar la afirmación según la  cual  se  quebrantó  por  parte  del  Estado  Jurisdiccional  el deber de plena  investigación,  que  para  empeorar las cosas culmina en una crítica abierta y  fuera  de  contexto  de  la  prueba  indiciaria,  con  extensas  transcripciones  relacionadas con este medio indirecto de convicción.   

Esta   censura   es  también  impróspera.   

Causal primera  

1.  El  primero de los  cargos  que con auspicio en violación indirecta de la ley sustancial propuso el  actor   se   encaminó   por  lo  que  tuvo  a  bien  denominar  “interpretación    errónea    del    hecho    indicador”.   

Bajo esta inusitada formulación del reproche,  aglutinó  el  demandante  temas relacionados con una pretendida vulneración de  las  “reglas  de  la  lógica,  la racionalidad y la  experiencia”,   teorizando   sobre   los   métodos  deductivo  e  inductivo del razonar, así como mencionando sin nexo de relación  alguno  con  aquello  que  configura  el marco de discrepancia con la sentencia,  principios  lógicos,  citas  indiscriminadas  de  autores  que dice servirle de  fundamento  al  cargo  y que sintetiza abstrusamente en la afirmación según la  cual  la  sentencia  incurrió  en  un  “paralogismo  sintáctico  que  condujo  a  violar  los  principios  de  no  contradicción  y  pragmático  por  violación  del  principio  de  razón  suficiente”  que,  en  últimas,  traducen  una escueta inconformidad con la  valoración probatoria contenida en la decisión impugnada.   

1.1.  Tomando  como  imperativo  referente el  sentido  de  interpretación  errada aducido, surge difícil de entender el real  contenido y alcance de la censura.   

El  libelista  expresa  de  diversos modos su  disparidad  absoluta  de  criterio  apreciativo  de  las  pruebas,  para lo cual  incurre  en  el común defecto de aglutinar aquello que constituye los supuestos  de  análisis  cuando  de  construir  una prueba indiciaria se trata y ataca por  igual  y  sin  distinción,  tanto  los hechos indicadores como la conclusión o  inferencia obtenida bajo un mismo y equívoco parámetro.   

1.2.   Asume   en  consecuencia  con  igual  desacierto,  que es fuente de imputación la muerte de la víctima, que califica  de  “hecho  indicador” y  que  a  partir  del  mismo  se  llegó  a  concluir  la  responsabilidad  de los  incriminados,   sin   reparar   en   todos  aquellos  elementos  de  prueba  que  posibilitaron   construir   la   secuencia  fáctica  y  de  ese  modo  entender  consolidada   la   prueba   suficiente   para   hacer   un  juicio  positivo  de  responsabilidad en su contra.   

1.3. El escenario de valoración probatoria en  este  caso  y  de  ello  dieron buena cuenta al advertirlo los sentenciadores de  primer  y  segundo grados, careció de elementos de comprobación directos, pero  sí  contó con prolijos medios de convicción indirectos a través de conexos y  concordantes  indicios, con la potencialidad suficiente para arribar con base en  ello,  a  un  juicio  certero  sobre  la  responsabilidad  que  por  los  hechos  investigados  debía  recaer  en  algunos  de  los  integrantes  policiales  que  intervinieron  en  la  media  noche  del  día  4  de  abril de 2002, cuando fue  requerida  su presencia en inmediaciones del Centro Recreacional “Las    Ballenas”   de   Comfama,   tras  advertirse  la presencia de ladrones en su interior y haber aprehendido a Edison  de Jesús Watstein Calle.   

La  diversa  prueba  testimonial y documental  acopiada  permitió  reconstruir  el  episodio fáctico tomando entendimiento de  que  a  bordo de la patrulla conducida por el Capitán Virgilio Díaz Espinosa y  los   agentes   Hermógenes   Martínez   Anchicoque   y   Henry  Navia  Imbachi  pertenecientes  al  Comando  de Policía de Copacabana, pasadas las 12 y 30 a.m.  del  día  5  de  abril,  en perfecto estado de salud, fue transportado Watstein  Calle,  bajo  la  custodia y responsabilidad de tales autoridades y que a cierta  distancia  del  mismo,  apenas pasada la una de la mañana, policiales adscritos  al  mismo  Comando,  daban  alerta  al  vecino Comando de Policía de Girardota,  sobre  informaciones  de  disparos  y  luego en relación con el sitio exacto en  donde   yacía   un   cuerpo   sin   vida,   precisamente   el   del   ciudadano  aludido.   

1.4.  El  actor  casacional,  contrariando el  contenido  de  la  sentencia, dice haber tomado el Tribunal como hecho indicador  la  muerte  de  la víctima y acudir a “presunciones,  suposiciones  y  conjeturas”  para  concluir  en  la  responsabilidad  de  los  imputados,  cuando es perfectamente discernible que el  sentenciador  articuló  en  la  construcción indiciaria aquellas pruebas sobre  cuya  existencia y fiel contenido material no emerge reparo alguno, sin soslayar  los principios reguladores de esta clase de razonamientos.   

El  ad  quem,  bajo  la  regla de experiencia  según  la  cual  “si  los  agentes  de  policía se  llevaron  con  vida al capturado y éste momentos después aparece muerto por la  acción  de  un  arma de fuego, son ellos los causantes de ese hecho…”,  máxime  cuando “es apenas obvio  que  si  el  retenido  estaba  bajo  la  custodia de los policiales y luego yace  muerto  violentamente,  en quienes primero cae señalización de responsabilidad  es   precisamente   frente   a   quienes   tenían  el  deber  jurídico  de  su  vigilancia”  entiende  edificado  el  que  denominó  indicio de oportunidad.   

1.5.  Coadyuvando  en  ese  mismo  orden  sus  reflexiones,  reparó  el  Tribunal  a partir de constatar que los policiales no  registraron  en  el  Libro  de Población del Comando la aprehensión y custodia  del  ciudadano,  como tampoco su intervención, ni lo pusieron preso no obstante  estar  frente  a flagrante delito perseguible de oficio y contrasta entonces las  manifestaciones  posteriores  por  éstos dadas, la diferencia horaria en que se  empecinaron  contra  toda  evidencia,  encontrando  por  demás  protuberante la  mendacidad  de sus explicaciones y en cambio fuera de toda dubitación la propia  planeación  del  crimen,  como  que  desde un principio hicieron notar que casi  indefectiblemente   siguiendo   el  conducto  regular  sería  dejado  libre  al  “otro día”.   

El  actor  discrepa  con la imperatividad que  tenían  de  anotar  en  los  Libros  del  Comando  su  intervención,  o con la  disparidad  horaria  que  quisieron  auspiciar  para  desligarse de la coetánea  custodia  del  ciudadano  y su inminente muerte, o de las razones por las cuales  bajo  el  criterio de que no se instauraría denuncia no detuvieron al ladrón y  en  cambio  reivindica  la credibilidad que debió concedérsele a los dichos de  los  testigos  Giovanny Mauricio Fernández Pérez y Luis Fernando Díaz Zapata,  que  intentaron  favorecerlos,  pero que con un severo juicio de valoración los  juzgadores  hicieron  notar su tendencia benefactora a la postura defensiva pero  fuera de cualquier posibilidad de merecer fe en sus dichos.   

1.6. El Procurador Delegado, en respaldo de la  logicidad  reflexiva  del  Tribunal,  responde  al actor que no logra desvirtuar  “el  hecho  cierto  de  que  los  policiales estaban  obligados  a  llevar  a  Watstein  Calle  a  la estación luego de su captura en  flagrancia  y que no era potestativo de tales servidores realizar tal diligencia  o   dejarlo   en  libertad”  de  donde  el  Tribunal  infirió,   razonablemente   en   su  criterio,  “la  preparación    del    acto    de    ejecución   extrajudicial   del   presunto  delincuente”.   

1.7.  En vano, sin relación por demás a los  supuestos  de  un  cargo  que en orden a refutar la prueba indiciaría se trata,  dentro   de  los  supuestos  de  un  tácito  falso  raciocinio  (pues  son  las  conclusiones  el  objeto  de  inconformidad), el actor descuida  evidenciar  los  defectos  en  la  propia dinámica de los razonamientos que le sirvieron de  fundamento a la sentencia.   

Así, los testimonios de  Raúl de Jesús  Posada                   Piedrahita41,   John   Humberto   Celis  Hoyos42  y  Raúl  de  Jesús  Ríos  Arboleda43,  trabajadores  de  Comfama,  permitieron  fijar  con  extraordinaria precisión la hora en que los policiales  llevaron  consigo a la víctima y luego a partir de esa información recrear los  sucesos,  pues ya a la una de la mañana, a cierta distancia de aquél lugar, en  una  sincronía sólo explicable por el nexo causal que los liga inexorablemente  a  ese crimen, la violenta muerte de Edison de Jesús, elementos a partir de los  cuales  emergió  absolutamente  refutable  la  estratagema  defensiva  urdida a  partir  de  una  tozuda  variación  horaria  que  venida  al  traste  no podía  desvanecer la prueba así estructurada.   

2.    La   propuesta   del   segundo  cargo  es  “violación directa”,  bajo  el entendido de no tipificarse el delito de tortura; mismo tópico del que  se  ocupa  la  cuarta censura  bajo   análoga  vía,  con  el  argumento  de  haber  confundido  la  sentencia  “sevicia”     con  tortura.   

2.1.  En  cuanto a lo primero debe señalarse  que  de  manera prolija la doctrina de la Sala ha tenido oportunidad de precisar  que  en esta clase de quebrantos a la ley debe el actor allanarse a los hechos y  a  las pruebas que les sirven de sustento, premisa elemental a partir de la cual  se  tiene  en este caso que la víctima, de acuerdo con los elementos aportados,  ciertamente  fue  sometida  a  sufrimientos  previos a su eliminación, como que  varias  cortadas  superficiales  le fueron inferidas en la garganta y uno de sus  dedos  de  la mano derecha, cuando estaba con vida, sin que se pueda desde luego  descalificar  valorativamente  este  hallazgo  que refleja la necropsia, máxime  cuando  esta  constatación  posibilita  entender  que  se  produjeron  bajo  el  elocuente  cometido  de  causarle  aflicción  y sin que se pueda desligar de un  forzoso  propósito  de  obtener  del  sometido  ciudadano información, como lo  entendieron   los   juzgadores   (considerando  que  fueron  múltiples  cuantos  participaron  en  el  atentado  patrimonial),  pero  mucho  menos aducir en este  momento  que  se  puede  desvirtuar  esa  evidencia  al calificar el dictamen de  “exageradamente        superficial”  o de irregular o fuera de parámetros científicos por no estar  en  posibilidad  de  determinar el tipo de arma empleada, cuando para refutar su  contenido  existen mecanismos procesales como los de la objeción que, entonces,  debieron en su oportunidad ser empleados.   

2.2. En el mismo orden polémico de análisis  de  las  pruebas,  que  por  supuesto nada en absoluto tiene que ver con la vía  directa  acusada,  está  el argumento hipotético según el cual dichas heridas  se  las  pudo  ocasionar  la  propia  víctima  cuando  cargaba  algunos  de los  elementos  que  procuró apoderarse, o hasta los vigilantes de Comfama, dado que  como  precisamente  éstos  señalaron con claridad, Watstein Calle fue dejado a  cargo de los policiales en perfecto estado de salud.   

Nada   más   inviable  que  este  alegato,  entronizado  sin  parámetro  de sujeción técnico alguno, ni directriz mínima  de  referencia  a  la  vía  directa  gratuitamente  anunciada,  ni  la esperada  correlación con el objeto de discrepancia.   

2.3. Lo anterior es también predicable de la  cuarta censura, dispuesta por  la  misma  causal  y  sentido  de  ataque,  bajo  el  criterio  según  el  cual  persistiendo  en  la  no  tipificación del delito de tortura, se atribuye a los  actos  así  calificados  ser propios de la sevicia como circunstancia agravante  para el delito de homicidio.   

2.4.  Para  responder a esta propuesta, basta  señalar   que  no  solamente  la  disímil  cobertura  que  tienen  los  bienes  jurídicos  protegidos en los atentados contra la autonomía personal (propio de  la  tortura)  y  la  vida (correspondiente al homicidio), permiten anticipar una  respuesta  adversa  al  cometido de esta crítica, como que emerge fuera de toda  duda  la  independencia  que  en  cuanto  a su afectación es dable reconocer en  desarrollo  de  los  hechos objeto de escrutinio judicial en este caso, sino que  el  propósito  o  finalidad  derivado  de  cada  acto  conduce  a  refrendar la  autonomía  que  como  delito  tiene  la  tortura  frente  a  los  actos  que la  configuran   y   que   para   el   actor   constituirían   una   agravante  del  homicidio.   

2.5. En realidad, es bastante claro que en la  circunstancia  intensificadora específica de la pena para el homicidio derivada  de  la sevicia, se pone en evidencia la insensibilidad del victimario que irroga  un  plus  de sufrimiento a la víctima por el sólo cometido de hacerle un mayor  daño,  en  tanto  que  en  la  tortura, media un propósito diverso orientado a  obtener  información,  confesión,  castigo, coacción o intimidación en ella.  Desde  luego,  aun cuando en la práctica pueden los actos observados carecer de  una   nota   diferenciadora   en   su   estructura  objetiva,  precisamente  las  circunstancias  que  posibilitan  predicar concurrentes elementos subjetivos que  la  motivan,  no  solamente  permiten identificar la nota diferenciadora de cada  cual,  sino sostener con fundado criterio jurídico cuándo se está frente a un  concurso   delictivo   entre   homicidio  y  tortura  y  cuándo  frente  a  una  circunstancia agravatoria para el homicidio.   

Visto  lo anterior y coincidiendo la Sala con  el  criterio  del  Delegado,  acorde  con el cual “La  tortura  fue producida previa a la muerte para generar aflicción y dolor en sí  misma  y  así  adquirió  entidad  como conducta autónoma, frente al homicidio  cometido  después  por  los  mismos  sujetos  con  características  propias  y  agravado  de  forma independiente por la circunstancia de la indefensión. Todos  los  elementos  requeridos  para  que  se  configure el delito de tortura fueron  verificados  en  la  conducta  de  los  procesados sobre su víctima”, estas censuras no son viables.     

3.        El        tercer  ataque  también  se enfoca por la  vía  directa,  bajo  el  entendido  de no ser concurrente la causal séptima de  agravación  punitiva  para  el delito de homicidio, esto es, las condiciones de  indefensión de la víctima.   

3.1. Lo primero que sobresale en esta censura  una  vez  más,  es  la  confusión  del  casacionista sobre el fundamento de la  causal y el sentido del quebranto expuesto.   

Es  manifiesto  que  el  reproche  apenas fue  presentado  sin  desarrollo  alguno, con una precariedad notable, exponiendo sin  fórmula  de  juicio  una  nueva  contraposición  apreciativa, como trasunto de  entender  que  “es  imposible  de  demostrar  con la  prueba     por    indicios”    la    circunstancia  intensificadora de la pena en este caso deducida.   

3.2.  Baste  acotar  frente  a tan deleznable  ataque,  que  las  sentencias  dieron  por  acreditada  la agravante a partir de  diversas  pruebas  coadyuvantes  en dicho sentido, tales como los testimonios de  los  vigilantes  de  Comfama  que  precisaron  haber entregado la víctima a los  policiales  con  las  manos  amarradas  con  su  propia  correa  y que en dichas  condiciones  fue  ingresado  al  vehículo  oficial  en  que  fue puesto bajo su  custodia;  también  que  las  autoridades  estaban  representadas  por un grupo  numeroso  de  agentes  que portaban armas de fuego y que el ciudadano inerme fue  llevado  a  zona  despoblada  en  donde  después de ser torturado fue muerto de  varios disparos con arma de fuego.   

3.3. En condiciones semejantes, tal y como lo  señala   el  Ministerio  Público,  “la  causal  de  agravación  fue  imputada  fáctica  y  jurídicamente  y quedó establecida de  manera  tal  que  tiene  los fundamentos necesarios para proferir condena por su  ocurrencia”,  de  donde  tampoco  esta censura tiene  vocación de éxito.   

En  razón y mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  administrando  Justicia  en nombre de la República y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

NO  CASAR  el fallo  impugnado.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese,   cúmplase,   notifíquese   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Comisión de servicio  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                  FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                       LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO      ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                            JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Comisión de servicio  

Nubia Yolanda Nova  García   

Secretaria  

    

1  fl.384 c.4   

2  fl.12   

3  fl.21   

4  fl.31   

5  fl.34   

6  fl.36   

7  fl.38   

8  fl.41   

9  fl.52   

10  fl.57   

11  fl.69   

12  fl.85   

13  fl.89   

14  fl.91   

15  fl.141   

16  fl.143   

17  fl.149   

18  fl.166   

19  fl.201   

20  fl.222   

21  fl.226   

22  fl.262   

23  fl.273   

24  fl. 1 c.2   

25  fl. 7 c.2   

26  fl.25 c.2   

27  fl.133 c.2.   

28  fl.78 c.3   

29  fl.130 c.3   

30  fl.269 y ss c.3   

31  fl.78 c.3   

32  fl.99 c.3   

33  fl.101 c.3   

34  fl. 103 c.3   

35  fl.100 c.3.   

36  fl.105 c.3   

37  Art. 93 y ss Ley 600 de 2000   

38  fl.130 c.3   

39  fl.182 c.1   

40  fl.185 c.1.   

41  fl.31   

42  fl.34   

43  fl.38     

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