37646(26-10-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 37646  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  382  

Bogotá, D.C., veintiséis (26) de octubre de  dos mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el   defensor   del   procesado  Ofrei  Puello  Ortega  contra  el  fallo  del  6  de julio de  2011, por  medio  del  cual  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Cartagena confirmó  la  sentencia  de  primer grado  emitida  por  el  Juzgado 14 Penal Municipal de la misma ciudad, que lo condenó  por el delito de lesiones personales.   

H E C H O S  

El  Tribunal  los  resumió  de la siguiente  manera:   

“Al señor Ofrei Puello Ortega se le acusa  de  haber  agredido al señor Giuseppe Manzzoni el día 1º de abril de 2008, en  el  corregimiento  La  Boquilla,  sector  La  Playa,  luego  de  una  discusión  relacionada  con  la  compraventa  de  un  lote  adquirido  por  éste  para  la  ampliación  de  la  sede  de  la  Fundación Boca Azul, en la que Puello Ortega  procedió  a golpearlo, ocasionándole lesiones en su cuerpo, que posteriormente  dieron  lugar  a una incapacidad definitiva de veinticinco (25) días y secuelas  médico  legales  de  perturbación  funcional  del  órgano  de  la  visión de  carácter permanente.”   

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.  Instaurada  la  querella  por el ofendido el  1º  de  abril  de  2008,  el  22 de noviembre de 2010 ante el Juzgado 6º Penal  Municipal  con  función  de  control  de garantías de Cartagena, el fiscal 5º  Local   de   la   misma   ciudad   imputó   a   Ofrei   Puello  Ortega  el  delito  de  lesiones  personales dolosas (artículos 111, 114,  inciso  2º,  del  Código Penal), cargo que el imputado no aceptó, luego de lo  cual     fue     afectado     con     medida     de  aseguramiento  de  detención  preventiva  intramural.   

Una   vez   presentado   el   escrito  de acusación el 6 de diciembre de  2010,    la    audiencia    de    formulación    de  acusación  tuvo lugar el 8 de febrero de 2011 ante el  Juez  14 Penal Municipal con Funciones de Conocimiento de Cartagena; en ella, la  Fiscal   5ª   Local  de  Cartagena  acusó  a  Puello  Ortega  por  la  conducta punible que le fue imputada.   

La   audiencia  preparatoria se llevó a cabo el 28 de febrero de 2011  y  la pública del juicio oral  el  9  de  marzo  siguiente;  terminada  esta  última,  la funcionaria judicial  anunció  el  sentido  condenatorio del fallo y corrió a las partes el traslado  del  artículo  447  de la Ley 906 de 2004. Así, en audiencia celebrada el 5 de  abril  de  2011,  la  juez de conocimiento profirió el fallo por medio del cual  condenó   a  Ofrei   Puello   Ortega   a   las   penas  principales  de  60 meses de prisión y multa de 34,66 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por igual término que la pena  privativa  de  la  libertad,  como  autor  de  la  conducta  punible de lesiones  personales  dolosas  (artículos  111  y 114, inciso 2º, del Código Penal), al  tiempo  que le negó el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución  de la pena.   

Apelada la sentencia de primera instancia por  el  defensor  del  procesado,  recibió  confirmación  por  parte  del Tribunal  Superior  de  Cartagena,  a través de fallo de segundo  grado del 6 de julio de 2011.   

Inconforme  con  lo  resuelto,  el  apoderado  del sentenciado formuló el  recurso  extraordinario  de  casación  y,  de  manera  oportuna,  presentó  la  correspondiente demanda.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El impugnante postula tres cargos separados;  el  primero  por  falso  juicio  de  identidad  y  los  dos  restantes por falso  raciocinio,  con  los  cuales  aspira,  y  así  lo  solicita  a  la  Corte, que  ‘se     case     el  recurso’  y  se dicte una  sentencia  absolutoria  a  favor del sentenciado, toda vez que, en su sentir, el  juzgador   violó  los  principios  de  in  dubio  pro  reo  y  presunción  de  inocencia  de  que  tratan el  artículo   29   de   la   Constitución   Política.  Sus  argumentos  son  los  siguientes:   

Primer cargo  

Al   amparo   de   la   causal    de    casación    que    describe   el   artículo    181,  numeral   3°,   de   la   Ley   906    de    2004,    el    casacionista    alega   que     el   sentenciador    incurrió    en    falsos   juicios      de     identidad,     toda     vez     que  tergiversó      el     testimonio     de     Giuseppe   Manzzoni,   Milena   Cecilia  Bolaños  y  María   Rosario   Soprano,  lo  cual  lo  condujo  a   demostrar    la   autoría    y   responsabilidad   de   Puello  Ortega.   

En  sustento de su crítica, reprocha que el  juzgador  apreciara que María Rosario Soprano fue testigo presencial, cuando lo  que  aquella  dijo  fue que escuchó de la secretaria que el señor ‘pino’  estaba  en  el  suelo,  lo  que  la  convierte  en  testigo  de  referencia;  lo propio ocurre con el dicho de María  Cecilia  Bolaños,  pues ésta se encontraba en la biblioteca, lugar desde donde  el  cual,  según  así lo declaró la anterior deponente, no había visibilidad  al  lugar de los hechos; esta circunstancia, además,  se opone la versión  del  ofendido.  Por otra parte, agrega, los testigos se contradicen respeto  de       la       naturaleza      –cortopunzante  o  contundente-  del  objeto con que fue lesionada la  víctima,  de  lo cual se infiere que los hechos no ocurrieron como aquellos los  narraron.    

Segundo cargo  

Conforme  la  causal  que  orienta  al cargo  precedente,   el   impugnante  critica  que  el  fallador  incurrió  en  falsos  raciocinios    al   otorgarle   un   ‘valor  probatorio  positivo’  al  testimonio  del médico legista y a su informe técnico, pues,  según  dice, con fundamento en ellos demostró la ocurrencia de los hechos y la  responsabilidad  del  procesado,  deducción  que  convierte  dichos  medios  de  convicción  en   ‘un  verdadero    veredicto   sentenciador’  y,  por  lo tanto, configura un yerro de razonabilidad, por cuanto  dejan  de  advertir  lo  dicho  por el experto, en el sentido de que no existió  certeza  sobre  el  elemento  causal de la lesión, situación que ha debido dar  lugar a la aplicación de la absolución por duda probatoria.   

Por otra parte, denuncia que el sentenciador  hubiese  tenido en cuenta el testimonio de la investigadora del CTI Edith Combat  Herrera,  así  como  la inexistente entrevista que aquella le recibió a Puello  Ortega;  sostiene  que  la  funcionaria  del  CTI  nada dice de los hechos y, en  cambio,   se   limitó   a  dar  cuenta  de  los  actos  de  investigación  que  realizó.   

Tercer cargo  

Como en el cargo anterior, el censor pregona  que  el fallador ‘actuó de  una      manera     discriminatoria’  al  hacer  el análisis individual de los testimonios de descargo,  los cuales eran contradictorios entre sí.   

Así,  lamenta que mientras del dicho de los  declarantes  Margarita  Vitar Ramos, Rafael Jiménez y Milton Jiménez Gómez se  infiere  que  al  lugar  de  los  hechos  concurrieron  muchas personas y que la  lesión  sufrida  por  Giuseppe  Manzzoni fue el producto de su caída al lanzar  una  patada  contra  el  hoy  procesado,  el  sentenciador  de  manera genérica  apreció que dichas versiones eran inverosímiles.   

Solicitud del no recurrente  

El  apoderado  de  la víctima solicita a la  Corporación  que  inadmita  la  demanda  de  casación,  por cuanto reitera los  argumentos   defensivos  presentados  en  las  instancias,  no  se  requiere  el  cumplimiento  de las finalidades del recurso extraordinario y los cargos carecen  de un sustento adecuado.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  La Corporación anticipa su decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación,  toda  vez  que  no  cumple con los requisitos de lógica y debida  fundamentación  que  se desprenden de los artículos 183 y 184 de la Ley 906 de  2004;  en  particular, el libelista  no demuestra la necesidad del fallo de  casación  para cumplir algunas de las finalidades del recurso, es decir, lograr  la  efectividad  del  derecho material desconocido, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación de los agravios sufridos por éstos, o  bien  la  unificación  o  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  ni  presenta  un  desarrollo  suficiente  de  los cargos, conforme las lineamientos que ha trazado  la jurisprudencia de la Sala.    

En  general,  con  el  escrito  que pretende  sustentar  el  recurso  extraordinario,  el  recurrente  pasa  por  alto  que la  casación  no  es  un  instrumento para continuar el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso y, por lo tanto, que no le está permitido  realizar  cualquier  clase de cuestionamientos a manera de instancia adicional a  las  ordinarias  del  trámite.   Por  desconocer lo anterior, el censor no  enseña  a la Corte ningún motivo que justifique emprender el examen de control  constitucional  de  la sentencia de instancia, que llega a esta sede amparada en  la doble presunción de acierto y legalidad.   

El  recurrente  olvida las enseñanzas de la  jurisprudencia  para  postular y desarrollar los cargos que se orientan por vía  de   la   violación   indirecta   de  la  ley  sustancial,  como  enseguida  se  demuestra:   

1.  En  ninguno  de  los  tres  cargos  el  impugnante  le  enseña  a  la Corte cuál es la norma sustancial violada por el  juzgador,  menos aún precisa la modalidad de violación, esto es, si lo fue por  aplicación  indebida,  exclusión  evidente  o interpretación errónea. Por lo  tanto,  el  reproche  se  ofrece  incompleto  y,  por  lo  tanto, inidóneo para  satisfacer las pretensiones del recurrente.   

2. El libelista olvida que si el juzgador de  instancia  apreció  la prueba de manera conjunta, entonces debe ser de la misma  manera  en  que se ha de emprender en esta sede el ataque contra los defectos de  apreciación  probatoria.  De  allí  que  el  discurso  casacional encaminado a  demostrar  la  duda  probatoria  se presente desarticulado al ser postulados los  reproches  a  través  de tres cargos separados, cuando lo correcto habría sido  enfocar  la censura a través de un solo cargo de error de hecho, desarrollado a  través   de   sendos   reproches  de  falsos  juicios  de  identidad  y  falsos  raciocinios,   siempre  y  cuando  las  censuras  no  sean  incompatibles  entre  sí.   

3.  El cargo de falso juicio de identidad no  pasa  de  plasmar  la  mera  discrepancia del casacionista con las ponderaciones  probatorias   del  sentenciador,  sin  demostrar  en  estas  últimas  un  yerro  ostensible  y  trascendente.  Es  así que el recurrente se limita a identificar  inconsistencias  en  el  dicho de los testigos y a abogar porque en esta sede se  les  conceda  un  poder  suasorio  acorde con los intereses defensivos, pero por  parte  alguna  acredita  de  qué manera el fallador incurrió en cercenamiento,  agregación  o  tergiversación del sentido de la prueba, menos aún acredita la  trascendencia  del yerro frente a la totalidad del soporte probatorio del juicio  de condena.   

4.  Los  dos  cargos  de falso raciocinio se  apartan  ostensiblemente  de  las  enseñanzas  que ha fijado la Corte cuando de  atacar  la  sentencia a través de esta particular vía se trata. En particular,  el  libelista  omitió  identificar, como era su deber,  cuáles fueron las  reglas  de  la  sana  crítica  empleadas  por  el  juzgador y, al mismo tiempo,  demostrar  cómo  éste  las  aplicó de manera errónea al caso concreto, cuál  era  la  máxima  de  la  lógica,  de la ciencia o de la experiencia que debió  aplicar  y cómo con la corrección del yerro el fallo necesariamente habría de  mutar su sentido.   

El  casacionista,  entonces,  incurre  en el  error  común  de  limitar  su discurso a oponer su propia interpretación de la  prueba  a  la  del sentenciador, la cual llega a esta sede amparada por la doble  presunción de acierto y legalidad.   

En   consecuencia,   nada   demuestra   el  casacionista   al   criticar   que  el  juzgador  le  otorgara  un  ‘valor  probatorio positivo’ al testimonio del médico legista y a  su   informe   técnico,   o   apreciara  las  pruebas  de  manera  ‘discriminatoria’,   pues,   una   vez  más,  un  tal  razonamiento  carece de contenido para demostrar la materialidad de la causal de  casación invocada y su incidencia en el sentido de la sentencia.   

Además  de  lo  anterior,  resulta del todo  inocuo  el  ataque  que, a través del primer cargo de falso raciocinio, formula  el  impugnante a la apreciación judicial de la declaración de la investigadora  del  CTI,  toda  vez  que  el  Tribunal  precisó  que  dicho  testimonio no fue  determinante  para  la  condena,  y  que  la entrevista al acusado a la que hizo  referencia  la  aludida  funcionaria  no  podría  tenerse  en cuenta dentro del  proceso,  por  expreso  mandato  constitucional.  Por  lo  tanto,  el demandante  desconoce  ostensiblemente  el  contenido  del  fallo recurrido, lo que torna su  argumento intrascendente.   

5. Lo cierto fue que el juez individual y la  corporación  de  segunda  instancia tuvieron en cuenta las tesis defensivas que  aquí  propone  el  impugnante,  solamente  que  a la hora de apreciarlas no las  encontraron   razonables,   juicio   de  ponderación  que  no  extralimita  las  facultades  de  apreciación  razonada de la prueba que le asiste al funcionario  judicial  y que, para la Corte, se ajusta a la realidad probatoria surgida de la  actuación procesal.    

6.        En        conclusión, la demanda de casación, como  así  mismo  lo  anotó el representante de la víctima, adolece de una indebida  fundamentación,  motivo  por  el cual, como ya se anunció, la Corte dispondrá  su  indamisión  sin  que,  por otra parte, observe razones que ameriten superar  las  falencias  reseñadas  para  cumplir  con  algunos de los fines del recurso  extraordinario.   

7. Acotación final.  

Toda vez que contra la decisión de inadmitir  la   demanda   de   casación   procede  el  mecanismo  de  insistencia  según  lo  establece  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es  necesario  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite que ha de  regir  ese  instituto  procesal,  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha fijado los  siguientes                lineamientos1:   

a) La insistencia es  un  mecanismo  especial  que sólo puede ser promovido por el demandante, dentro  de  los cinco días siguientes a la notificación del auto pro medio del cual la  inadmite  la  demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decidido.  También  podrá  ser  promovido  oficiosamente  dentro del mismo  término   por   alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación      Penal      –siempre      que     el     recurso     no   hubiera     sido     interpuesto    por     el    Procurador  Judicial–,  el   Magistrado    disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado  voto  en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la  demanda,  o  bien  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia, someter  el  asunto  a consideración de la Sala o no hacerlo, evento este último que se  informará al peticionario en un plazo de quince días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E:   

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del   proceso   Ofrei Puello Ortega.   

SEGUNDO:  De conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de  la  Ley  906 de 2004, contra la determinación adoptada en el numeral primero de  esta    providencia    es    viable   la   interposición   del   mecanismo   de  insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                              JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO            SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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