37336(30-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37336  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  425  

Bogotá,  D.C., treinta (30) de noviembre de  dos mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el    defensor    del   procesado   William   Gaviria  Puello  contra  el  fallo  del  Tribunal  Superior  de  Cartagena   que  revocó  la  sentencia   absolutoria   de   primer   grado   y,  en  su  lugar,  condenó  al  procesado  por  el delito de  actos sexuales con menor de catorce años, agravado.   

H E C H O S  

El  Tribunal  los  resumió  de la siguiente  manera:   

“Los hechos materia del presente proceso se  refieren  como  atribuidos al señor William Gaviria Puello, profesor de música  de   la   institución   educativa   ‘José       Manuel       Rodríguez       Torices       –            Inem’ [ubicado en Cartagena de Indias] y se  le  señala  de  realizar  el  22 de octubre de 2008, actos libidinosos sobre la  menor  SHSHB,  proponiéndole a su vez el mantener una relación sentimental con  la  menor  a  cambio de prebendas, ofreciéndole en esa instancia la suma de dos  mil pesos para que no la delatara.”    

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.  Los hechos anteriores fueron denunciados  el  27  de  octubre  de  2008  por  Liliana  Esther Burgos Jiménez, madre de la  ofendida;  fue así como tras ser ordenada y cumplida la captura de William   Gaviria   Puello,  en  audiencia  preliminar  celebrada  el 20 de febrero de 2009 ante la Juez 3ª Penal Municipal  con   Función   de   Garantías   de   Cartagena  de  Indias,  se  legalizó  su aprehensión, se le formuló  imputación  por la conducta  punible  de  actos sexuales con menor de catorce años, agravada (artículos 209  y  211-2-4  del  Código  Penal),  la cual aquel no aceptó, y se le afectó con  medida     de     aseguramiento     de    detención  preventiva intramural.    

2.  El  escrito de  acusación   fue  presentado  el  20  de marzo de 2009; la audiencia de formulación  de acusación tuvo lugar el 6  de  mayo  siguiente  ante  el  Juez  5º  Penal  del  Circuito  con  Función de  Conocimiento   de   Cartagena;   en  ella,  la  Fiscal  Seccional  21  acusó  a  William  Gaviria  Puello como  autor  doloso  de  la  conducta  punible  de   actos  sexuales con menor de  catorce  años (artículos 209 del Código Penal, delito que contempla pena de 9  a  13 años de prisión, según la Ley 1236 de 2008, agravado según lo previsto  en el artículo 211-2-4 del mismo estatuto).   

La   audiencia  preparatoria fue realizada el 26 del mismo mes; la del  juicio  oral se inició el 24  de  junio  de  2009  y,  tras  numerosos aplazamientos, se desarrolló en sendas  sesiones  del 24 de febrero y 10 de marzo de 2010; en esta última, la fiscalía  pidió  la  condena  por  el  delito  de  actos  sexuales con menor de 14 años,  agravado,  según  los  artículos  209  y  211-2 del  Código  Penal), al tiempo que el funcionario judicial  de  conocimiento  anunció el sentido absolutorio de la  sentencia,  la cual fue emitida en audiencia del 25 de  mayo  de  2010  (fl.  95  –  107,    carpeta    principal)    y,    luego   de   su   lectura,   apelada    por   la   fiscal   delegada.   

3. En la sentencia de segundo grado del 10 de  junio    de    2011,    el   Tribunal   Superior   de   Cartagena   revocó el fallo recurrido y, en su lugar,  condenó   a  William  Gaviria Puello a la pena principal  de  13  años  de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas por término igual al de la pena privativa de  la  libertad,  como  autor  del delito por el cual fue acusado (artículos 209 y  211-2-4  del  Código  Penal).  En  auto  del 14 de junio siguiente adicionó  dicha  determinación,  en  el  sentido  de  ordenar  y  librar  la  orden  de  encarcelamiento  en  contra  del  sentenciado.   

Inconforme con lo resuelto, el apoderado del  procesado   formuló  el  recurso  extraordinario  de  casación  y,  de  manera  oportuna, presentó el correspondiente libelo.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El   impugnante  postula  un  cargo  único,  al  amparo de la causal de  que  trata  el  artículo  181,  numeral 3, de la Ley 906 de 2004, por medio del  cual  denuncia  que  el sentenciador incurrió en errores de hecho, determinados  por    falsos   juicios   de   identidad  en  la  apreciación  de  las  pruebas, los cuales lo condujeron a  violar  de  forma indirecta, por aplicación indebida, los artículos 209, 211 y  29  del  Código  Penal, y por interpretación errónea el 29, inciso 4º, de la  Constitución  Política,  7º  y  381 del Código de Procedimiento Penal.   Como  consecuencia  del cargo formulado aspira, y así se lo solicita a la Sala,  a  que  case  la  sentencia  demandada  y,  en  su  lugar,  se confirme el fallo  absolutorio de primera instancia.   

Sus argumentos se sintetizan de la siguiente  manera:   

El  libelista reprocha que el Tribunal, tras  considerar  las  versiones  de  los  testigos  de descargos, conforme las cuales  Gaviria   Puello  no  pudo  cometer  la  conducta  que  se  le  atribuye  por  encontrarse  en  la ceremonia  protocolaria  del recibimiento del nuevo rector del plantel y porque la menor se  hallaba  en  clase de castellano, según así lo demuestran el libro de actas de  asistencia       y       el       ‘parcelador      docente’,  terminara  por  calificarlas de genéricas e incapaces de brindar  certeza  sobre  el  paradero  del  hoy enjuiciado. Así mismo, critica que el ad  quem  dijera  de  ellas que “no muestran con grado de  certeza   que   efectivamente   el  profesor  Gaviria  Puello   se  encontraba  asistiendo  a  la  ceremonia  protocolaria  permanentemente  y que la clase de castellano concluyó en la hora  indicada en el registro”.   

El   libelista   señala   que  con  dicha  ponderación,  el  fallador,  en  su  intento de apoyar la regla de experiencia,  según  la  cual  los  delitos  sexuales  no  se  suelen  cometer  en  público,  tergiversó  y  cercenó  las  atestaciones  del  alumno  Jaime Andrés Álvarez  Hoyos,   de  los  docentes  Nilva  Galván,  Sandra  Castro  y  Jairo  Martínez  Rodríguez,  así  como  los  documentos  que  invitan  a  los  profesores  a la  mencionada  reunión  y  registran  la  asistencia  a clase de la menor, pruebas  todas  aquellas  que  sin  duda,  dice,  muestran  que  el profesor William  Gaviria Puello, para el momento en  que  se  dice  ocurrió el hecho, se encontraba en el aludido acto protocolario,  como  también que la niña asistía a la clase de castellano y, además, que el  salón de música se hallaba ocupado en un actividad artística.   

El casacionista subraya la inconsistencia en  el  dicho  de  la  madre  de la niña, pues aquella expresó que el abuso sexual  ocurrió  el  22  de octubre de 2008 (y así mismo lo consideró el sentenciador  al  relatar  los  hechos),  y  fue  a  partir  de  esa fecha que se percató del  particular  comportamiento  de  la ofendida y se produjo su ausencia del plantel  educativo;  lo  anterior, agrega, no se aviene a la realidad de los hechos, pues  el  acontecimiento  académico  que sirvió de referencia para fijar su fecha de  ocurrencia  (la  entrega de los boletines de evaluación) en realidad tuvo lugar  el  15  de  ese  mes;  por  lo  tanto, insiste, no es explicable que si el hecho  supuestamente  ocurrió  el  15,  la  madre  de  la víctima no hubiera visto el  anormal  comportamiento  de  ésta  sino a partir del 22, menos aún que hubiera  formulado la denuncia el 27 de octubre.   

Estima,  entonces,  que  la  equivocación  judicial   al  plasmar  erradamente  la  fecha  de  los  hechos  “parece  estructurada  para  salvar  la  evidente  inconsistencia que  ostentan las referidas versiones”.   

El censor admite que lo anterior no significa  que  la menor no haya experimentado el trauma que relató, pero sí deja ver que  de  manera  injustificada  le  atribuyó  el hecho al hoy procesado Gaviria Puello.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   La  Sala  anticipa  su  decisión  de  inadmitir   la   demanda   de   casación,  toda  vez  que  no  cumple con los requisitos de lógica y debida  fundamentación.   

2.   El recurrente pasa por alto que la  casación  no  es  un  instrumento para continuar el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso y, por lo tanto, que no le está permitido  realizar  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite.  Por  desconocer  lo anterior, el censor no enseña a la Corte ningún  motivo  que  justifique  emprender  el  examen  de  control constitucional de la  sentencia  de  instancia, que llega a esta sede amparada en la doble presunción  de  acierto  y  legalidad.  En particular, la Corporación encuentra que el  censor,  al  desarrollar  el  cargo orientado como de falso juicio de identidad,  incurre  en  el  error común de proponer una diversa apreciación de la prueba,  al  tiempo  que  omite el deber de analizar todos los soportes probatorios de la  sentencia.   

En  efecto,  dígase  en primer lugar que la  demostración  en  esta sede de cualquiera de las modalidades del error de hecho  exige  la acreditación de la materialidad del dislate cometido por el juzgador,  es  decir,  la omisión o la suposición probatoria, en el caso del falso juicio  de  existencia;  la  tergiversación,  agregación  o  mutilación del contenido  material   del   medio   de   convicción,   en   el   evento  del  falso  juicio  de identidad (como se invoca  en  el  libelo)  o  bien  la  violación  de  las máximas de la experiencia, la  lógica   o   la   ciencia   en   las  hipótesis  en  que  se  acude  al  falso  raciocinio.   Tanto  o más importante que lo anterior, es la demostración  de  la  trascendencia  de  la  equivocación,  lo  cual  solamente se logra tras  enseñar  de  qué  manera  la decisión no puede lógicamente subsistir al lado  del  vicio,  siempre  al  margen  de  la personal apreciación del casacionista,  pues,  como  ya  se  precisó,  el recurso extraordinario no está previsto para  enfrentar   diversas   interpretaciones   probatorias,  por  viables  que  estas  sean.   

Ha dicho la Sala1,  además,  que  cuando  el libelista emprende la censura a través del falso juicio  de  identidad  debe  evitar  confundir  la  prueba  con  lo  probado,  es  decir,  la materialidad del medio de convicción con el poder  suasorio  que  le  asigna  el  juzgador;  dígase,  entonces, que una cosa es el  contenido  de  la  prueba  -por ejemplo, la versión que de los hechos ofrece el  testigo-   y  otra  muy  distinta  que  el  sentenciador acoja o rechace la  veracidad  de  sus  atestaciones.  De allí que si el fallador aprecia como  alejada  de la realidad el relato del declarante ello no quiere decir que altere  su materialidad, sino que rechaza su poder de convicción.   

3.  Esto último es lo que ocurre en el caso  que  ocupa  la  atención  de  la  Corte,  pues  el casacionista reprocha que el  juzgador,  al  apreciar como genéricas las pruebas de descargo y, por esa vía,  negarles  la capacidad para demostrar la inocencia del procesado, tergiversó su  contenido  material.  Pero  este último yerro no se configura porque en ninguna  de  sus  partes  en  la sentencia aparece que el fallador hubiera negado que los  declarantes  Jaime  Andrés Álvarez Hoyos, Nilva Galván, Sandra Castro y Jairo  Martínez  Rodríguez  y  los documentos que cita el impugnante apunten a ubicar  al  hoy procesado en una serie de actividades que, según la tesis defensiva, le  habrían  imposibilitado  realizar  la  conducta  punible  que  se  le atribuye.   

Por  el  contrario,  el  fallo  impugnado en  verdad  reseña  (aunque  de  manera breve) el contenido de dichos testimonios y  documentos,  es  decir  que “el profesor Gaviria  Puello se encontraba asistiendo a  la  ceremonia  protocolaria permanentemente, y que la clase de castellano [en la  que  supuestamente  se  encontraba la menor] concluyó en la hora indicada en el  registro”,  solo  que  al  momento  de  apreciarlos  frente  al  restante  conjunto probatorio  estimó  que  “hay que indicar que los  mismos   no  muestran  con  grado  de  certeza”  las  conclusiones exculpatorias que de ellas deriva la defensa.    

En  contraste,  el fallador, sin exceder las  facultades  de  apreciación razonada que le asiste, halló creíble el conjunto  de  elementos  de  convicción  constituidos  por el dicho de la ofendida, de su  compañera  de estudios y de su madre, al tiempo que enfatizó muy especialmente  en  la  fortaleza  del  testimonio  de los peritos expertos en el comportamiento  humano,  sicóloga  y  siquiatra,  para  quienes  sin duda el relato de la niña  sobre   el   hecho   constitutivo   de   abuso  sexual  y  su  autor  es  veraz,  consideraciones  de  las  cuales  el recurrente no se ocupa de manera distinta a  oponerles su propia interpretación de los hechos.   

Ahora bien, las apreciaciones que edifica el  casacionista  sobre el error en que incurrió el juzgador al plasmar la fecha de  ocurrencia  de  los  hechos, las cuales concreta en la época en que la madre de  la  niña  notó su anormal comportamiento y en los motivos para que aquella los  denunciara  muchos días después de su ocurrencia, y de las cuales concluye que  “parece   estructurada   para  salvar  la  evidente  inconsistencia     que     ostentan    las    referidas    versiones”,  como también que el abuso sexual de que fue víctima la menor  sí  ocurrió  pero  no se le puede atribuir al hoy sentenciado, no son más que  apreciaciones  de instancia que discurren por un sendero distinto al considerado  en  la  providencia  recurrida, y no demuestran un yerro evidente y trascendente  en la ponderación judicial.   

Lo  anterior,  unido  a que el impugnante es  ostensiblemente  impreciso  en  señalar qué parte del artículo 29 del Código  Penal  fue violado por el juzgador y, además, omite todo sustento argumentativo  respecto  de  la manera en que, según así lo anuncia en el libelo, el fallador  interpretó   de  manera  equivocada  los  artículos  29,  inciso  4º,  de  la  Constitución  Política, 7º y 381 de la Ley 906 de 2004, le permite concluir a  la     Sala     que     el     discurso    casacional    deviene    intrascendente,  toda  vez que su autor no  enseña  la  necesidad  de  corregir  en  esta sede un error que afecte de forma  trascendente la constitucionalidad y legalidad del fallo recurrido.   

4.        En        conclusión,   la  demanda  de  casación  adolece  de  una  indebida  fundamentación,  motivo  por  el  cual,  como ya se  anunció, la Corte dispondrá su inadmisión.   

5.  Cuestión adicional   

Toda vez que contra la decisión de inadmitir  la   demanda   de   casación   procede  el  mecanismo  de  insistencia  según  lo  establece  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es  necesario  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite que ha de  regir  ese  instituto  procesal,  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha fijado los  siguientes                lineamientos2:   

a) La insistencia es  un  mecanismo  especial  que sólo puede ser promovido por el demandante, dentro  de  los cinco días siguientes a la notificación del auto pro medio del cual la  inadmite  la  demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decidido.  También  podrá  ser  promovido  oficiosamente  dentro del mismo  término   por   alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación      Penal      –siempre      que     el     recurso     no   hubiera     sido     interpuesto    por     el    Procurador  Judicial–,  el   Magistrado    disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado  voto  en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la  demanda,  o  bien  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia, someter  el  asunto  a consideración de la Sala o no hacerlo, evento este último que se  informará al peticionario en un plazo de quince días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

6.  Acotación  final   

Del  estudio  de  las  diligencias, la Sala  encuentra  una  posible vulneración de garantías fundamentales, por cuanto, al  parecer,  el procesado fue condenado de conformidad con la imputación formulada  en  el  escrito  de acusación y precisada en la correspondiente audiencia, esto  es,  por el delito de que trata el artículo 209, en asocio con el 211-2-4 de la  Ley  599  de 2000, sin tener en cuenta que la causal de agravación reseñada en  último  lugar  fue  declarada  exequible  de  forma  condicionada  por la Corte  Constitucional (sentencia C-251 de 2009).   

Por  lo  tanto,  una  vez  en  firme  esta  providencia  y,  si  fuere el caso,  surtido el trámite correspondiente al  mecanismo  de  insistencia,  la  actuación  deberá  regresar  al  Despacho del  Magistrado  Ponente  para  pronunciarse  de  manera  oficiosa  sobre  el  asunto  indicado.    

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del  procesado  William Gaviria Puello.   

SEGUNDO:  De conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de  la  Ley 906 de 2004, contra la determinación adoptada en el numeral anterior es  viable la interposición del mecanismo de insistencia.   

TERCERO:  En  firme  esta providencia  y,    si    fuere   el  caso,  agotado   el   trámite   de  la  insistencia,  regrese  la  actuación  al  Despacho  del Magistrado  Ponente    con   el   propósito   de   pronunciarse  oficiosamente    acerca    de    la    posible    vulneración   de   garantías  fundamentales.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                               JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                                              SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                             AUGUSTO       J.      IBÁÑEZ  GUZMÁN   

                        Comisión de servicio   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                            JULIO ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, autos del 17 de noviembre de 2010  y 9 de marzo de 2011, radicaciones No. 34294 y 34052, entre otros.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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