37315(01-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37315  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado: Acta No. 313-  

Bogotá D.C., primero (1°) de septiembre de  dos mil once (2011)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de la  procesada  YUDIS  MARÍA  PATIÑO,  contra la sentencia proferida el 13 de abril  del   año  en  curso,  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Así  resumió  el Tribunal la cuestión  fáctica:   

La señora LIGIA LEONOR ZAMORA DE OLIVEROS,  en  el  año  1998 contrajo una obligación de carácter monetario con el señor  JULIO  ACUÑA  MARTÍNEZ,  dineros  que  fueron  invertidos en la compraventa de  artículos  de  papelería  a la ALCALDÍA DE MANATÍ, en calidad de proveedora,  los  pagos  de  dicha entidad no se realizaron de manera oportuna, razón por la  cual  (sic)  llevó  a  la señora LIGIA ZAMORA a quedar mal con el señor JULIO  ACUÑA,  este  en vista de que no le cancelaban el dinero le dio poder al doctor  FRANCISCO  PEÑA para que instaurara un proceso ejecutivo, el cual solicitaba el  embargo  y  secuestro  del único bien que tenía, su sueldo como profesora y de  sus  bienes muebles, esta en aras de que esto no sucediera lo afectó a vivienda  familiar,  luego  decidió  venderlo  y  para  tal  efecto  debía  levantar  la  afectación,  para  resguardarlo  de  un  posible embargo mientras se vendía el  inmueble.   

Narran los hechos entonces que el día 7 de  noviembre  de  2000,  mediante  la  escritura  pública  No  3196 de la Notaría  Primera  del Circulo notarial de Barranquilla, la señora LIGIA LEONOR ZAMORA DE  OLIVEROS  simuló  una  venta  a  la  señora  YUDIS  MARÍA PATIÑO MEJÍA, del  apartamento  número  201  del  edificio  ELIZABETH  ubicado en la carrera 27 No  70c-26  de  esta  ciudad,  con  matrícula  inmobiliaria  número 040-308812, el  precio   de   la   venta   fue   por   la   suma   de  DIEZ  MILLONES  DE  PESOS  ($10´000.000).   

Posteriormente,  en  fecha noviembre 30 del  año  2000, mediante la escritura pública número 1267 de la Notaría Única de  Santo  Tomás,  las  partes,  tanto  compradora  como  vendedora  resolvieron el  contrato  de  compraventa  efectuado  mediante  escritura  número  3196  de  la  Notaría   Primera   del  Círculo  de  Barranquilla.  El  inmueble  salió  del  patrimonio  de  la  señora YUDIS MARÍA PATIÑO MEJÍA y regresó al patrimonio  de  la  señora LIGIA LEONOR ZAMORA DE OLIVEROS. La escritura de resolución del  contrato  de  compraventa  (1267)  se  aportó  a  la  oficina  de registro para  suscripción  el  día cinco (5) de diciembre, o sea cinco (5) días después de  su  celebración.  El  mismo día que en se resuelve el contrato de compraventa,  entre  YUDIS  MARÍA  PATIÑO  MEJÍA  y  LIGIA  LEONOR ZAMORA DE OLIVEROS, esta  última,  mediante  la escritura pública número 3447 de la Notaría Primera de  esta  ciudad,  de  fecha  noviembre  30  del  año 2000 da en venta a la señora  MILAGRO  HELEN  OLIVERO ZAMORA el mismo inmueble, por el precio de DIEZ MILLONES  DE  PESOS  ($ 10’000.000),  esta  escritura  es  llevada  a  la  oficina  de  registro  el día cinco (5) de  diciembre del 2000.   

La  señora YUDIS MARÍA PATIÑO MEJÍA, el  día  cinco  (5) de diciembre del 2000, mediante escritura pública número 4369  de  la  Notaría  Décima  del  círculo  notarial  de  Barranquilla,  ofrece en  hipoteca  a  la  señora  MARÍA  EUGENIA ISAZA GÓMEZ el inmueble ubicado en la  carrera  27  No  70c-26,  de  esta ciudad, por la suma de DIEZ MILLONES DE PESOS  (10´000.000).   

Al proceder la señora MARÍA EUGENIA ISAZA  GÓMEZ  a  su inscripción en la oficina de Registro de Instrumentos Públicos y  Privados  de esta ciudad, fue rechazada por no pertenecer el inmueble a quien lo  hipoteca1.   

2.  Adelantada  la  investigación, el 12 de  agosto  de  2003 la Fiscalía 36 Seccional de Barranquilla profirió resolución  de  acusación  por  el  delito  de  estafa, decisión que fue confirmada por la  Fiscalía  Tercera  Delegada  ante el Tribunal Superior de la misma ciudad el 22  de          agosto          de          20062.   

3.  El  30  de  agosto  de  2010, el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla  Adjunto,  condenó LIGIA LEONOR  ZAMORA  DE  OLIVEROS  y YUDIS MARÍA PATIÑO MEJÍA como autoras responsables de  la  misma  conducta punible y les impuso las penas principales de treinta y seis  (36)  meses  de  prisión  y multa de ciento veinte mil ($120.000.oo) pesos y la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas, por el mismo tiempo de la pena principal.   

Les  concedió la suspensión condicional de  la ejecución de la pena.   

4.  El  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  confirmó   en  su  integridad  la  decisión  del  A  quo3.   

LA DEMANDA  

El  defensor  de  la  procesada YUDIS MARÍA  PATIÑO   MEJÍA,   formula   dos  cargos  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  así:   

Cargo primero  

Con apoyo en la causal tercera del artículo  207   del   Código   de   Procedimiento   Penal,  manifiesta  que  “es  inapropiado  confundir las normas propias del juicio con los  grados  probatorios” y en este caso se desconocieron  los segundos.   

Así,   “al  desconocerse  la justificación del hecho, al desconocerse la injusta agresión,  representada  en la persecución que hace de manera (sic) de embargo y secuestro  del  bien  hipotecado”. Es  tal  la  injusta  persecución,  que  las  procesadas  se  ponen de acuerdo para  traspasar  el bien inmueble y evitar que sea embargado y secuestrado, pese a que  el  presunto  afectado ya tenía asegurado su pago, con el embargo del sueldo de  la procesada LIGIA ZAMORA.   

Además,  el A quo  no  tuvo en cuenta la falsificación de la firma de su  defendida,  quien  así lo manifestó en su injurada, irregularidad que no sólo  desconoce  el  debido  proceso  sino  que  repercute  en  la  actuación  porque  “una procesada conocida en el plenario, es víctima  de    su   falsificación,   de   la   falsedad   de   su   firma”.   

Por tanto, la nulidad se debe declarar desde  la  diligencia  de  indagatoria  porque  en  ella también adujo no conocer a la  denunciante,  es  decir, que nunca realizó negocio alguno con la señora María  Eugenia Isaza Gómez.   

Apunta   el   demandante,   “que  los  hechos  probatorios  que  debieron  realizarse,  (sic)  acotejarse  y  contra decirse” no se realizaron y por  tanto,  se debe casar la sentencia recurrida, pues al aceptarse una tal condena,  “necesariamente    caeríamos    en   un   fraude  procesal”.   

Concluye   que  el  defecto  de  actividad  nace “cuando se desconoce  que  el (sic) indagatorio eleva cargo, hice cargos contra desconocida. Al decir,  esa  firma  no  es la mía” y no tomársele juramento  alguno,   afectando   garantías   fundamentales   de   la  instrucción  y  del  juzgamiento, afectando a ambas procesadas.   

Invoca como normas vulneradas los artículos  29  inciso  4º del Código Penal, sobre causales de justificación del hecho, y  306  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  por lo cual solicita se declare la  nulidad  desde  la  diligencia  de  indagatoria  y se reinicie la investigación  conforme a derecho.   

Cargo segundo  

El casacionista invoca la causal primera del  artículo  207 del Código de Procedimiento Penal porque estima que se incurrió  en  violación  directa  de  la  ley sustancial, en cuanto se desconoció que su  defendida    actuó    “con    culpa   pero   sin  dolo”,    es    decir  “bajo  una  justificación del hecho”.   

De acuerdo a lo señalado en la injurada, se  desprende  que  su  actuación consistió en hacerle un favor a LIGIA ZAMORA y a  su  esposo, quienes en su afán de no perder el apartamento realizaron una venta  ficticia  del  mismo. Es decir, actuaron por la necesidad de defender un derecho  propio,  contra  injusta  agresión,  que  se  concreta  en  el embargo de dicho  inmueble.   

Insiste  que su defendida poco o nada sabía  de  la  transacción que estaba haciendo LIGIA ZAMORA y además se le falsificó  su  firma  y  sin embargo no se abrió la correspondiente investigación; que la  mala   fe   señalada  por  el  A  quo,  carece  de  respaldo procesal en el plenario, porque su representada  tiene  otros  bienes  con  que  responder ante cualquier proceso de embargo y en  ningún  momento  indujo  en  error  a  la  denunciante.  Además,  “no  escribió la totalidad de su pago por la hipoteca realizada,  donde  resultó  su  firma  falsificada  en  la  letra  de cambio apreciada como  título  valor  en  el  proceso  ejecutivo  llevado  en  el  juzgado  4º  civil  municipal”,  esto último  porque  la  letra  de  cambio  se  la  firmó  fue  al  señor  Isaza,  no  a la  denunciante,  situación  que no se puede desconocer porque estaríamos frente a  “una  violación sustancial por error de derecho en  la  percepción  de  la  declaración  de  inquirir”,  diligencia  que se surtió con el lleno de los requisitos. Así, la inexistencia  del dolo está demostrada y nunca hubo mala fe.   

Solicita se case la sentencia recurrida y se  revoque la condena en ella contenida.   

CONSIDERACIONES  

1.   La  demanda  de  casación  no  puede  formularse  a  manera  de  un  alegato  de  instancia, como parece entenderlo el  recurrente.  Además de los requisitos concernientes a la identificación de los  sujetos  procesales,  la  síntesis de los hechos materia de juzgamiento y de la  actuación,  entre  otros,  el  artículo 212 del Código de Procedimiento Penal  consagra  en  su  numeral 3º la obligación de enunciar la causal y formular el  cargo  indicando  en  forma clara y precisa    sus    fundamentos    y    las    normas    que    se    estimen  infringidas.   

Por   tanto,   las   causales   deben  ser  desarrolladas  de  manera  coherente  con  el  yerro  que  se  pregona, bien sea  in  iudicando o in     procedendo,    demostrando    su  trascendencia  en  la  parte resolutiva del pronunciamiento, de tal manera surja  palpable la ilegalidad del fallo recurrido.   

2. El censor se apartó por completo de esos  lineamientos   que   como  mínimo  debe  contener  una  demanda  de  casación,  consagrados  para demostrar, a partir de la correcta selección de alguna de las  causales,  el  error  que  se le atribuye al sentenciador y la manera como éste  incidió  en  su  decisión  a  tal  punto  que  si no existiera, otro sería el  sentido del fallo.     

2.1.  La viabilidad de un cargo formulado al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación  por presunto desconocimiento del  debido  proceso,  impone  el  cumplimiento de ciertas exigencias, que imponen al  demandante  la  necesidad  de  concretar  los  motivos  por  los  cuales se debe  invalidar  la  actuación,  esgrimir  en  forma  razonada  los fundamentos de la  censura  e  indicar  el  momento  procesal  a  partir  del  cual se presentó la  irregularidad   y   su   trascendencia   en   la   parte  resolutiva  del  fallo  recurrido.   

2.2.  En esta oportunidad, el defensor de la  procesada   YUDIS   MARÍA   PATIÑO   MEJÍA   reprocha   en   el  primer  cargo el desconocimiento del debido  proceso, pero no demuestra la  ocurrencia  de  ese  supuesto  vicio,  sino  que  involucra una serie de reparos  inentendibles,  cuya transcripción en su mayoría se hizo necesaria, impidiendo  con  ello determinar la clase de irregularidad que pretendió denunciar, pues al  afirmar  que  en  este  caso  se  desconocieron “los  grados  probatorios”  o la  justificación  del  hecho por injusta agresión, o el no tomarse juramento a la  implicada  cuando  en  diligencia  de  injurada  formula  cargos  a  un  tercero  desconocido,  no  patentiza  la  existencia de una irregularidad sustancial, con  capacidad de viciar el trámite adelantado.   

Desconoce  que  el debido proceso, entendido  como  la  sucesión integrada, gradual y sucesiva de actos regulados por la ley,  se   vulnera   cuando  se  ha  pretermitido  un  momento  procesal  expresamente  consagrado  en  la normatividad para la validez del que le sigue, o cuando se ha  construido  un  acto procesal con desconocimiento de los parámetros legales que  lo disciplinan.   

En   ese   contexto,   el  libelo  reporta  insuperables  defectos  de  orden  técnico y argumentativo, porque los confusos  razonamientos  que  esgrime  el  casacionista no se aproximan a demostrar algún  yerro  que  evidencie  el  desquiciamiento de las bases de la instrucción o del  juzgamiento,  pues  no  atinó  a  identificar la irregularidad ocurrida, ni las  disposiciones  que  por  tal  virtud  resultaron  vulneradas,  como  tampoco  la  incidencia  del  dislate  en  la  decisión  recurrida.  Todo  ello  descarta la  posibilidad  de vincular la alegación a la probable incursión del sentenciador  en    algún    error   in   procedendo.   

2.3.  Similares   deficiencias   se   advierten  en  la  formulación  del  segundo  cargo  en  el  que  apenas  anuncia  que  el  juzgador  incurrió  en  violación  directa de la ley  sustancial   porque   desconoció   que   su   defendida   actuó   “con  culpa  pero  sin  dolo”, pues al  tratar  de  demostrar el desacierto, incurre en la inadmisible falencia técnica  de  conducir  su alegato al plano netamente valorativo, en cuanto invoca algunas  de  las  explicaciones  que  YUDIS  PATIÑO  suministró  en la indagatoria para  concluir,  subjetivamente,  que  dicha  actuación se enmarca en la necesidad de  defender un derecho propio, contra injusta agresión.   

Bastante   se   ha   precisado   por   la  jurisprudencia  de  la  Sala,  que  la  violación  directa de la ley sustancial  comporta  la  ocurrencia  de  un yerro de juicio, en cuanto a la norma llamada a  gobernar  el  respectivo  supuesto de hecho. Por tanto, el debate se agota en el  plano  netamente  jurídico,  en  orden  a  demostrar que se dejó de aplicar el  precepto  correspondiente a una situación en concreto (falta de aplicación), o  que  se  aplicó  al  supuesto  de  hecho  la  disposición que no correspondía  (indebida  aplicación)  o  que  se  le  otorgó  a la norma aplicada un alcance  indebido (interpretación errónea).   

Como  consecuencia,  es  ineludible  que  el  demandante  acepte  la  forma  como  los  sentenciadores declararon los hechos y  valoraron las pruebas.   

En   contraposición   a   los  señalados  lineamientos,  se  percibe  que la verdadera discrepancia radica, justamente, en  la  declaración  fáctica y en la valoración probatoria de los sentenciadores,  pretendiendo  demostrar,  sin  respaldo  serio,  que su defendida es ajena a los  acontecimientos  delictivos y que, en definitiva, la inexistencia del dolo está  demostrada,  todo  ello,  en  total  alejamiento  del  análisis  jurídico  que  presupone  el  ataque  a la sentencia por la vía de la violación directa y que  atenta  contra  la  prosperidad  del recurso, porque se aprovecha este escenario  para  presentar  los  hechos y exponer una valoración de las pruebas distinta a  la  efectuada  por  el juzgador, quien arribó a la certeza de la ocurrencia del  hecho  y la responsabilidad de la procesada, con argumentos que el demandante no  enfrentó.   

Uno   de   ellos,   es   del   siguiente  tenor:   

En  lo  que respecta al llamado a juicio de  LIGIA  LEONOR  ZAMORA DE OLIVEROS Y YUDIS MARÍA PATIÑO MEJÍA, consta en autos  que  las  aquí  procesadas,  mediante  engaños  indujeron  y  mantuvieron a la  víctima  de  la  conducta  imputada MARÍA EUGENIA ISAZA GÓMEZ en error con el  único  fin  de  obtener  una  ganancia  dentro  de  la cadena delincuencial que  inició  con  las  simulación  de  venta  del  inmueble  y  la  posterior (sic)  falsificaron  de  la escritura pública suscrita en el Municipio de Santo Tomás  e  inscripción  de  la  misma  ante  la  Oficina  de  Registro  de Instrumentos  Públicos  para  evitar  que se registrara la hipoteca que fuera la prenda en el  préstamo de dinero.   

(…(  

Como se puede apreciar, estos testimonios y  demás  pruebas  obrantes  en  el  proceso,  nos  conducen a concluir, que LIGIA  LEONOR  ZAMORA  DE OLIVEROS Y YUDIS MARÍA PATIÑO MEJÍA se confabularon con el  único  objetivo  de  timar a la víctima MARÍA EUGENIA ISAZA GÓMEZ, para ello  realizaron  todo  tipo  de  argucias,  con  el único propósito de proveerse un  provecho  económico  para  sí,  pues  no  se  halla otro propósito a quien de  manera  dolosa  simuló  una venta para evadir el pago de acreencias y de manera  desahogada  lo  admite  ante  una autoridad judicial, así mismo el actuar de la  otra  sindicada YUDIS MARÍA PATIÑO MEJÍA al falsear la certificación laboral  que  aportó para el préstamo, que sin hacerse ningún tipo de estudio se puede  lógicamente  colegir  su  falsedad  puesto que esta sindicada en su indagatoria  admitió  cursar  sólo  hasta  IV  semestre  de Ingeniería Civil, es decir, no  ostenta  título  como  ingeniera,  por todo lo anteriormente expuesto se impone  sin  dubitación  que  son  autoras  de  la  ilicitud  de  estafa…4   

3. En síntesis, el libelista no concretó la  ocurrencia  de  un  error  al  interior  del  proceso con apoyo en la respectiva  causal  de  casación,  ni  expuso  de  manera  razonada,  clara  y  precisa los  fundamentos  de  las  censuras,  atendiendo  a las exigencias argumentativas que  pongan en evidencia la ilegalidad del fallo impugnado.   

Para  ese  efecto, era menester elaborar los  reproches  atendiendo  a  los  principios que rigen en casación, esto es, el de  sustentación  suficiente,  según  el  cual  la  demanda  debe  bastarse  a  sí  misma  para  propiciar la  invalidación      del      fallo;      el     de  limitación,  que  presupone  que  la  Corte  no puede  entrar  a  suplir  los  vacíos,  ni  corregir  las  deficiencias de la demanda;  el  de  crítica vinculante,  que  implica  que  la  alegación  se  debe fundar en las causales taxativamente  previstas  en  la  ley, atendiendo a los requisitos de forma y contenido de cada  reproche,  y  los  de  autonomía,  coherencia  y  no  contradicción  que   comportan  la  postulación  independiente  de  cada  censura en procura de mantener la identidad temática y  evitar la entremezcla de argumentos y propuestas excluyentes.   

Así  las  cosas,  la  demanda  deberá  ser  inadmitida y contra esta decisión no procede recurso alguno.   

4. Como la Corte ha revisado el expediente y  no  encuentra  protuberantes  causales  de  nulidad  ni  violación flagrante de  derechos fundamentales, no procede un pronunciamiento de oficio.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.           INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada   a  nombre  de  la  procesada  YUDIS  MARÍA  PATIÑO  MEJIA  y,  en  consecuencia, declarar desierto el recurso.   

2.  DEVOLVER  la  actuación  al Tribunal de  origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

JAVIER           ZAPATA  ORTIZ        

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ                               

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                                  SIGIFREDO       ESPINOSA  PÉREZ                         

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                                ALFREDO            GÓMEZ  QUINTERO                                            

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                              JULIO             ENRIQUE            SOCHA  SALAMANCA                                                    

         NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

         Secretaria   

    

1 Fls 7  y 8 C.Tribunal.   

2 Fls  243 a 255 C.O. y 5 a 16 C. Fiscalía segunda instancia.   

3 Fls 7  a 15 C. Tribunal.   

4  Fl  108 C.O.     

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