36715(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36715   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta Nº 340  

Bogotá D.C., veintiuno (21) de septiembre de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisión de la  demanda  de casación presentada en nombre de JEFFERSON  OLIVIA  LÓPEZ,  contra el fallo del Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial de Popayán (Cauca),  que  revocó  el  emitido en el Juzgado Promiscuo del Circuito de  Patía-  El  Bordo (Cauca), y  en  su  lugar  lo  condenó  como  autor  responsable  de lesiones personales en  modalidad culposa.   

HECHOS Y SÍNTESIS PROCESAL  

1.  La  situación  fáctica  que  originó  esta  actuación  fue  resumida  así  en  la sentencia  atacada:   

“El 13 de febrero  de  2010,  entre  las 16:40 y las 17:00 horas, sobre la vía Panamericana, cerca  al  sitio  conocido como La Lupa, kilómetro 37 + 400 metros de la vía Mojarras  – Popayán, se presentó  una  colisión  entre  la  motocicleta  marca  Honda  149 CC, de placas JIW-25B,  conducida  por  el  señor  Gustavo  Adolfo  Males Noguera, y el vehículo clase  Tracto  Camión  Diesel,  de servicio público, de placas XEK-116, piloteado por  JEFFERSON OLIVA LÓPEZ.   

”Como  producto  del   impacto,  el  conductor  de  la  motocicleta  resultó  lesionado,  siendo  dictaminado  con  incapacidad  médico  legal  de  25  días  sin  secuelas.  Su  vehículo además resultó semi-destruido.   

”El croquis del  siniestro,  elaborado  por  el servidor de policía judicial Juan Gabriel Varón  Chacón,  determinó  como  causa probable del accidente la invasión del tracto  camión en el carril contrario”.   

2.     La  correspondiente     formulación     de    imputación    contra    OLIVA  LÓPEZ  se  llevó  a cabo el 18 de  agosto  de  2010,  debido  a  que víctima y victimario no llegaron a un acuerdo  conciliatorio,  y  el  6  de  septiembre  siguiente  la  Fiscalía General de la  Nación  presentó  contra  el  citado  escrito  de  acusación como autor de la  conducta  punible de lesiones personales en modalidad culposa, según lo normado  en  los  artículos 111, 112 y 120 de la Ley 599 de 2000, con las modificaciones  de la Ley 890 de 2004.   

3.  En  el Juzgado  Promiscuo   Municipal   de   Patía   –     El     Bordo    (Cauca),  se adelanto el juicio oral y público que culminó el 13 de enero  de  2011,  con  la  lectura  de  la sentencia mediante la cual el titular de ese  despacho   absolvió   al  procesado  del  cargo  atribuido,  decisión  apelada  oportunamente por el representante del ente acusador.   

4.  El  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Popayán, mediante pronunciamiento de 31 de  marzo  de  2001  acogió la pretensión del impugnante y revocó la absolución,  para  en  su  lugar  condenar  al procesado por la conducta punible endilgada, e  imponerle   en   consecuencia   las   penas  principales  de  tres  (3)   meses   y   veintiún  (21)  días  de  prisión,  así  como  la  privación   del  derecho  a  conducir  vehículos  automotores  por  dieciséis  (16) meses, y le concedió la  suspensión  condicional de la sanción aflictiva por un lapso de dos (2) años,  fallo  de  segundo  grado  contra  el  cual el defensor del acusado interpuso el  recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

5.  Sostiene  el  demandante   que   el   Tribunal   en   la   sentencia  atacada  “violó  directamente  la ley sustancial por exclusión evidente del  principio  in  dubio  pro  reo,  en  materia  de interpretación errónea de las  normas   directamente   violadas   por  aplicación  indebida  como  fueron  los  artículos   7,   inciso   2,  3  y  381  de  la  Ley  906  de  2004”.   

Con el fin de sustentar esa propuesta señala  que   tal   incorrección   del   ad-quem   se   debe   a   que  “las   pruebas  no  son  contundentes,  precisas  y  concretas  para  asegurar   con   certeza”  la  responsabilidad  de  su  defendido  en  el  delito  endilgado  y  que “sólo eludiendo la aplicación de  las  reglas  de  la  sana  critica”  se  llega  a la  conclusión  contraria,  como  en efecto es dable del fallador de segundo grado,  pues  no atendió la impugnación de credibilidad de las declaraciones de cargo,  en  particular  la  de  la  víctima  por asistirle interés en el resultado del  proceso,  además  que  no  tuvo en cuenta que por los daños causados a la moto  era  posible  colegir  que  quien la piloteaba iba a exceso de velocidad, por lo  que   concluye   que   el   juzgador   de   segunda   instancia  “cae  en  un falso juicio de identidad violando de manera directa la  ley  sustancial…  producto también del falso raciocinio al no tener en cuenta  las   reglas   de   la  lógica,  la  experiencia  y  la  ciencia…”.   

Con  base  en  lo anterior solicita casar la  providencia  impugnada  y  emitir la de sustitución en la cual su prohijado sea  absuelto de la conducta punible por la que fue acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

6.  De conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, Código de  Procedimiento  Penal  que  gobernó  este  asunto, el recurso de casación es un  mecanismo  de  control  tanto constitucional (artículo  235-1)  como  legal  que procede contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  y  que,  de  acuerdo  con lo señalado en el  artículo   180   del   mismo  ordenamiento,  tiene  como  propósitos  alcanzar  (i)  la  efectividad  del  derecho  material,  (ii) el  respeto       de       las      garantías      fundamentales,      (iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos   y   (iv)   la  unificación de la jurisprudencia.   

Para  hacer efectivo el cumplimiento de esos  objetivos,  en  el  mencionado  régimen procesal se dotó a la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia  de  facultades  sustanciales  al conferirle, entre  otras,  la  potestad de superar los defectos de la demanda para decidir de fondo  cuando  los  fines de la casación, fundamentación de los mismos, posición del  impugnante  dentro  del  proceso,  e índole de la discusión planteada, así lo  ameriten.   

Lo anterior no implica, sin embargo, que este  mecanismo  sea  de  libre  configuración, desprovisto de todo rigor y que tenga  como  finalidad  abrir  un  espacio procesal semejante al de las instancias para  prolongar  el  debate  respecto  de puntos que han sido materia de controversia,  pues,  por el contrario, dada su naturaleza extraordinaria, quien acude al mismo  debe  ceñirse  a determinados requerimientos sistemáticos basados en la razón  y  en  la  lógica  argumentativa,  atinentes  a  la  observancia de coherencia,  precisión  y claridad en el desarrollo de cada uno de los reparos efectuados, y  desarrollarlos  conforme a las causales de procedencia previstas en el artículo  181  del  ordenamiento  procesal,  en  aras  de persuadir a esta Corporación de  revisar  el fallo de segunda instancia con el fin de corregir el pronunciamiento  que se revela contrario a derecho.   

De  ahí que el inciso 2º del artículo 184  de  la  Ley  906  de  2004 consagre que no será admitida la demanda si el actor  carece  de  interés  para acceder al recurso; el escrito es inconsistente, esto  es,  si  su motivación no evidencia la potencial violación de garantías y, en  términos  generales,  “cuando  de  su  contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades  del  recurso”, lo que puede presentarse  cuando  la  Corte  observe que los aspectos reprochados no tienen una incidencia  sustancial  en  relación  con  lo  decidido  en  el  caso concreto, o que puede  responder  a  los  planteamientos  del demandante sin recurrir a valoraciones de  fondo acerca de lo que ocurrió en la actuación.   

7.  Desde ahora la  Sala  advierte  que  en  el presente asunto la demanda no será admitida, ya que  los  reparos  consignados  en la demanda carecen de las exigencias inherentes al  motivo  de  impugnación  invocado,  falencia  que  la  reduce a un insustancial  alegato  de  instancia  con  el  que  el  actor  aspira  a  hacer  prevalecer su  percepción   interesada  y  subjetiva  del  acaecer  fáctico  respecto  de  la  apreciación   plasmada   en   las  instancias,  sin  desarrollar  un  verdadero  enjuiciamiento  crítico de las consideraciones que respaldan la declaración de  justicia contenida en la sentencia.   

Del   escueto  discurso  ofrecido  por  el  recurrente,  en principio y de acuerdo con las afirmaciones que lo encabezan, se  desprende  que  la  causal  de casación a la que acude es la prevista en la Ley  906  de 2004, artículo 181, numeral 1°, la cual se relaciona con la violación  directa    de    la    ley    por    “Falta  de  aplicación,  interpretación  errónea,  o  aplicación  indebida  de una norma del bloque de constitucionalidad, constitucional o legal,  llamada  a regular el caso”,  motivo  de  censura  cuyo desarrollo dialéctico no puede comprender aspectos de  orden  fáctico  o  probatorio, sino de estricto orden jurídico, y por lo mismo  debe  orientarse  a  demostrar que respecto de una norma de contenido sustancial  el juzgador incurrió en uno de los siguientes desatinos:   

i)  En  falta  de  aplicación  o exclusión  evidente,  lo  cual  suele presentarse, por regla general, cuando el funcionario  yerra  acerca  de la existencia de la norma y por eso no la considera en el caso  específico  que  la  reclama. Ignora o desconoce la ley que regula la materia y  por  eso  no  la  tiene  en  cuenta,  debido  a que comete un error acerca de su  existencia o validez en el tiempo o el espacio.   

ii)  En  aplicación  indebida,  vicio  que  consiste  en  una desatinada selección del precepto. El error se manifiesta por  la  falsa  adecuación  de  los  hechos  probados en relación con los supuestos  condicionantes  de  éste,  es  decir,  los sucesos reconocidos en el proceso no  coinciden con la respetiva hipótesis normativa.   

iii)  O,  por  último,  en  interpretación  errónea,  caso  en el cual el juez selecciona bien y adecuadamente la norma que  corresponde  al  suceso  en  cuestión,  y  efectivamente  la  aplica,  pero  al  interpretarla  le  atribuye  un  sentido  jurídico  que  no tiene, asignándole  efectos   distintos   o   contrarios  a  los  que  le  corresponden,  o  que  no  causa.   

Sin  embargo,  en el reproche analizado, una  construcción  lógico-argumental  semejante  a  la  atrás  referida no aparece  consignada  en  línea  alguna de la demanda, en la que apenas es ostensible que  la  inconformidad  del memorialista es la valoración de los elementos de prueba  que  sustentan  la  atribución  de  responsabilidad de su asistido en el delito  culposo  por  el que fue condenado, disertación con la que abandona la senda de  ataque  inicialmente  enunciada  y  que  hace improcedente el estudio del asunto  conforme a las exigencias de la violación directa.   

Pero,  aún  haciendo  abstracción  de  ese  quebranto  argumentativo  y  al  aceptar  en  favor  del  demandante que como la  réplica  gira  entorno  de  la estimación de los elementos de conocimiento, la  vía  de  censura  a  la que pretendió acudir es la causal tercera de casación  (Ley   906   de  2004,  artículo  181-3),  la  suerte  de  la  queja  no  varía  ni permite adentrase en el  análisis de fondo de la declaración de justicia.   

En  efecto, el aludido motivo extraordinario  de  impugnación  consagra la llamada, por doctrina y jurisprudencia, violación  indirecta   de   la  ley  debido  al  “manifiesto   desconocimiento   de   las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la prueba sobre la cual se ha fundado la sentencia”,  transgresión  que  a  su  vez  se  bifurca en las siguientes modalidades:   

De    una    parte,   los   errores   de   derecho   ocurridos   por  desconocimiento  de  los  requisitos  legales  para  la producción (práctica   o   incorporación)  de  las  pruebas  —falso juicio de  legalidad—,  así  como,  excepcionalmente,  por  desatención  del valor prefijado en la ley a los medios  de  prueba  —falso juicio  de   convicción—;  y  de  otra,  los  errores de hecho,  los   cuales   se   manifiestan   a   través   de   tres   modos:  falsos  juicios de identidad (por  adición, supresión o distorsión de la expresión fáctica de  un      elemento      probatorio);     falsos     juicios     de    existencia  (al   tener  como  probado  un  hecho  con  un  medio  demostrativo  que  no  aparece  incorporado  a  la  actuación  o  por omitir la  apreciación   de   uno   allegado   válidamente);  y  falso  raciocinio que guarda  relación  con  la  desviación  de los postulados que integran la sana crítica  (reglas  de la lógica, leyes de la ciencia y máximas  de   la   experiencia)  como  método  de  valoración  probatoria.   

Para el acertado desarrollo argumental de una  propuesta  con  la  que  se  aspira  a  demoler  ante  esta  sede la valoración  probatoria  del  fallo  recurrido,  era  obligación  del demandante en el cargo  examinado  precisar  en  relación con cada uno los medios de conocimiento si el  error  cometido por el juzgador de segundo grado fue de hecho o de derecho, y la  especie  correspondiente a cada una, empero, en el escrito que hace las veces de  demanda  tampoco  hay  un  ejercicio  argumental  que  permita  identificar  los  supuestos    errores    por   “falso   juicio   de  identidad”  o por “falso  raciocinio”  que  simplemente  deja  enunciados  en  abstracto, esto es, sin el menor desarrollo.   

El  único  cargo  esbozado  en el libelo se  orienta  a  confrontar  la valoración plasmada en la sentencia de segundo grado  con  su  criterio  estimativo, intentando reivindicar la mayor razonabilidad que  considera  tienen  sus premisas conclusivas, todo lo cual es extraño al recurso  de  casación,  cuyo  carácter  extraordinario no permite una nueva oportunidad  para reabrir el debate surtido en las instancias.   

En  conclusión, la inconformidad del censor  respecto  de la condena de su prohijado, se origina no en la ocurrencia efectiva  de  vicios  de  estimación probatoria, sino en la discrepancia valorativa de la  prueba  de  cargo  y  en  presupuestos  fácticos  que  considera como ciertos o  verídicos   a   partir   de  su  percepción  subjetiva  de  los  elementos  de  conocimiento,  pero  que en verdad no tienen correspondencia real y objetiva con  el contenido de los mismos.   

8. De acuerdo con lo  puntualizado,  como  en  la  demanda  estudiada  no se demostró, conforme a las  exigencias  de  la  lógica  y  argumentación  dispuestas  en  la  ley  y en la  jurisprudencia,  la  configuración de vicio alguno que deje sin efecto la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  con  la  que llega ungida a esta sede la  sentencia  de  segunda  instancia,  y que únicamente puede ser resquebrajada en  virtud  de la acreditación de yerros manifiestos y graves, con trascendencia en  la  parte  dispositiva,  incumpliendo, por contera, los requerimientos impuestos  por   el   artículo   183  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  906 de 2004), la Sala no la admitirá  de  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, por  la manifiesta carencia de fundamento de los reproches.   

Lo anterior sin perjuicio de puntualizar que  la  Corte  no  observa  configurada  violación  alguna de derechos o garantías  fundamentales  de  JEFFERSON OLIVIA LÓPEZ  con  ocasión  del trámite procesal o en el fallo impugnado, como  para  que sea necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa que le asiste  a fin de asegurar su protección.   

9.  Finalmente,  impera  señalar  que  respecto  de  la  decisión  de  inadmisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de  acuerdo  con lo establecido en el artículo 184,  inciso  segundo,  de  la Ley 906 de 2004, y como allí no se regula su trámite,  de  tiempo  atrás  la  Sala  clarificó su naturaleza y definió las reglas que  habrán    de    observarse    para    su   aplicación,   en   los   siguientes  términos:   

a. La insistencia es  un  mecanismo  especial, que sólo puede ser promovido por el demandante, dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la providencia mediante  la cual la Corte decide rechazar la demanda de casación.   

b. La solicitud de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de sus  Delegados  para  la  Casación  Penal,  ante  uno  de  los Magistrados que hayan  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda o  ante  uno  de  los Magistrados que no intervino en la discusión y no suscribió  el correspondiente auto.   

c.  Es facultativo  del  Magistrado  disidente,  del que no participó en los debates o del Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia, optar por someter  el  asunto  a  consideración  de  la  Sala  o no presentarlo para su revisión,  evento  último  en que informará de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días, y   

d. El auto a través  del  cual no se acepta la demanda de casación trae como consecuencia la firmeza  de  la  sentencia  de  segunda instancia contra la cual se formuló ese recurso,  salvo  que  la insistencia prospere y lleve a la admisión del libelo, o que sea  necesario  proveer  de oficio el restablecimiento de garantías fundamentales de  las partes o intervinientes.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.  NO   ADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta   por  el  defensor  de  JEFFERSON  OLIVIA  LÓPEZ,     de     acuerdo     con     lo    atrás  puntualizado.   

2.   Según  lo  dispuesto  en  el  artículo  184,  inciso  segundo,  de  la Ley 906 de 2004, es  facultad  del  recurrente  elevar  petición  de  insistencia  en  los términos  precisados en esta decisión.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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