36650(17-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  36650   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

   MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado Acta No 406.  

Bogotá D.C., noviembre diecisiete (17) de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

Procede la Sala a decidir de fondo el recurso  extraordinario   de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  RODRIGO  DÍAZ SENDOYA contra la sentencia  del  13  de  enero  de  2011  mediante  la  cual el Tribunal Superior de Bogotá  confirmó  el  fallo  proferido el 4 de mayo de 2010 por el Juzgado Cuarto Penal  del  Circuito  de  la  misma sede, por cuyo medio condenó al mencionado por los  delitos  de interés indebido en la celebración de contratos, cohecho por dar u  ofrecer,  estafa  agravada,  en  concurso  homogéneo  y sucesivo, y falsedad en  documento privado.   

HECHOS  

          Los   juzgadores   de  instancia  declararon  probada  la  siguiente  situación fáctica:   

          Con  ocasión de la suscripción del contrato No. 110 de fecha 20 de  marzo   de   2002   entre   el   Instituto   del   Seguro   Social  –ISS-,  y la  compañía    FRESENIUS   MEDICAL   CARE   COLOMBIA  S.A., RODRIGO DÍAZ SENDOYA,  representante   legal   de  la  empresa  contratista,  entregó   a   Guillermo   Fino  Serrano,       Presidente       de       la      referida      EPS,  una  comisión  ilegal  por  valor  superior  a  los  $40.000.000.000,  que  DÍAZ SENDOYA  consignó  en  la  cuenta  No.  165337106 del Banco de  Bogotá,  Sucursal  Avenida El Dorado de esta ciudad, abierta en forma irregular  y  a  través de la cual éste giró varios cheques a favor de algunas personas,  entre  ellas,  Laura Gómez y  Pedro      José     Herrera     Roca.   

          RODRIGO   DÍAZ   SENDOYA,   igualmente,  realizó  sucesivas  conductas  constitutivas  de  engaño  y  en  perjuicio  de  FRESENIUS  MEDICAL  CARE  COLOMBIA  S.A.,  obteniendo  provecho ilícito. Tales comportamientos consistieron  en  la  no  devolución  de  los dineros que le eran descontados por concepto de  retención  en  la  fuente;  cobro  de  honorarios  por  la  venta  de productos  Kabi   y   Hemocare;  liquidación de su salario con  base  en  la  tasa de cambio más alta del año, pago no autorizado de un bono a  su  favor  e indebida cancelación de una indemnización a un trabajador; compra  de   acciones   de   Metropolitan   Club  para  su  uso  particular;  utilización  indebida  de  gastos  de  representación  para fines personales; abusiva contratación de vuelos charter;  adquisición  de  bienes  inmuebles y muebles que ponía a su nombre pero pagaba  con  dineros  de  la  empresa;  fraudulenta apertura y manejo de la cuenta antes  reseñada;  reparto  de  comisiones  por  el pago que el ISS hizo a FRESENIUS  MEDICAL  CARE  COLOMBIA S.A. de  algunas  cuentas  atrasadas  y, finalmente, pago de extorsiones inexistentes con  dinero de la misma compañía.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Iniciada  la  investigación, se vinculó a la misma, entre otros, a  Guillermo  Fino  Serrano  y  RODRIGO DÍAZ SENDOYA. En su  oportunidad,  el  instructor  decretó el cierre de la instrucción respecto del  primero,  continuándose la actuación por separado. En el curso de esta última  se     escuchó     en    indagatoria    a    DÍAZ  SENDOYA,  a  quien  se  le  resolvió  la  situación  jurídica   mediante   decisión   del  16  de  abril  de  2005  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva por el delito de estafa, confirmada en  segunda instancia el 3 de junio ulterior.   

          Clausurada  la  instrucción, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  calificó  el  mérito del sumario el 30 de junio de  2006,    profiriendo    resolución    de    acusación    contra   RODRIGO   DÍAZ  SENDOYA,  a  título  de  determinador  en el delito de interés indebido en la celebración de contrato y  autor  en  los  punibles  de  cohecho  por  dar y ofrecer, falsedad en documento  privado,  estafa  y falsedad personal, los dos últimos en concurso homogéneo y  sucesivo.   

          Apelado  por  la  defensa, el pliego acusatorio obtuvo confirmación  de  la Unidad Delegada ante la Corte Suprema de Justicia, en decisión del 27 de  diciembre de 2006.   

El  trámite  del  juicio  correspondió  al  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  esta  ciudad,  el  cual  surtió  las  audiencias  preparatoria y pública de juzgamiento, a cuyo término dictó fallo  por  medio  del  cual  condenó  al  procesado a las penas principales de ciento  setenta  (170)  meses  de  prisión  y  quinientos  ochenta y dos (582) salarios  mínimos   legales   mensuales   de   multa,   así   como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  determinado  para  la  pena  privativa  de  la  libertad,  como  responsable   de  los  delitos  de  interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos,  cohecho  por  dar u ofrecer, estafa agravada y falsedad en documento  privado,  este  último en concurso homogéneo y sucesivo, el primero cometido a  título de determinador y los restantes en calidad de autor.   

En  la  misma  decisión,  el  juzgado  lo  absolvió  por  el  punible  de  falsedad  personal,  al  tiempo que le negó el  subrogado  de la condena de ejecución condicional y el sustituto de la prisión  domiciliaria.   

Contra la anterior determinación, la defensa  interpuso  recurso  de  apelación,  sobre  el  cual  se  pronunció el Tribunal  Superior  de  la  misma  sede  el  13 de enero del año en curso, impartiéndole  confirmación.   

En    desacuerdo    con    la  sentencia  del  ad  quem,   el  defensor  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  allegando  en  tiempo  el  libelo  correspondiente, del  cual  se  ocupó la Sala en el proveído del pasado 3  de  agosto  inadmitiendo los  cargos  primero,  segundo,  tercero,  cuarto y séptimo y admitiendo únicamente los cargos quinto y sexto.   

         Surtido   el   traslado   de  rigor,  emitió  concepto    el    Procurador    Segundo    Delegado   para   la   Casación  Penal,         quien        deprecó   casar   parcialmente   el   fallo  impugnado.   

LA DEMANDA  

          Como  quiera  que  en la decisión del pasado 3 de agosto, por medio  de  la  cual  se  calificó  la demanda, la Sala únicamente admitió los cargos  quinto  y  sexto, la síntesis de su contenido se limitará a ellos.     

          Quinto  cargo. Incongruencia entre la resolución de acusación y la  sentencia en relación con la estafa:   

          Aduce   el   defensor  de  RODRIGO  DÍAZ  SENDOYA  que  la resolución de acusación atribuyó a  su  prohijado  el  delito  de estafa sin considerar la agravación relativa a la  cuantía,  a  pesar  de  lo  cual  la  sentencia  dedujo ese fundamento de mayor  punibilidad.   

          En  su  sentir,  si  bien  en  el pliego acusatorio la Fiscalía, al  presentar  los  hechos,  señaló  que  los  mismos  son constitutivos de estafa  agravada,  se  trató  de  una  afirmación  tangencial  que,  por lo demás, no  corresponde  con  lo  decidido  en la parte resolutiva, en la cual se acusó por  “un  concurso  material  homogéneo  y  sucesivo de  estafas”.   Además,   añade,  esa  referencia  no  encuentra  respaldo  argumentativo  en  la  parte  motiva,  pues  se  limitó  a  describir  allí  las  conductas  consideradas como estafa, pero no especificó,  respecto  de  cada una de ellas, si es agravada y por qué, o en qué consistía  la agravación.   

          Evocando  sentencia  de  esta  Colegiatura  relacionada con el tema,  concluye  que  la inconsonancia advertida vulnera el debido proceso y el derecho  de  defensa,  por  cuya  razón  solicitó  casar parcialmente la sentencia para  excluir la agravación considerada en el fallo.   

          Sexto  cargo.  Incongruencia entre la resolución de acusación y la  sentencia  en  relación  con  el  delito  de  falsedad  en  documento  privado:   

          Pone  de presente que la Fiscalía acusó al procesado por el delito  de  falsedad  en  documento  privado  basado  en  los hechos relacionados con la  apertura  de  la cuenta corriente del Banco de Bogotá, en tanto le atribuyó el  punible  de  falsedad  personal  por  razón  de  la emisión y cobro de cheques  contra  esa  cuenta  bancaria.  Es  decir,  sostiene,  solamente  contempló  la  modalidad  concursal  en  lo  relacionado  con  la  segunda  de dichas conductas  ilícitas.   

          No   obstante,  señala,  en  el  fallo  de  primera  instancia,  en  decisión   no  modificada  por  el  Tribunal,  el  a  quo  absolvió  al  acusado  por  razón  del concurso  homogéneo  de  falsedad personal, pero lo condenó por el delito de falsedad en  documento privado en concurso homogéneo.   

En  su  criterio,  por  tanto,  la sentencia  vulneró  el  debido  proceso y el derecho de defensa del acusado, al incluir la  modalidad  concursal  no  contemplada  en  la  acusación  para  la  falsedad en  documento  privado.  Solicitó  de esa manera casar el fallo para corregir dicha  anomalía.   

CONCEPTO       DEL      MINISTERIO  PÚBLICO           

Sobre el quinto cargo:  

          Indica  que, contrario a lo afirmado por  el  libelista, “el funcionario instructor al momento  de  calificar  el  mérito  probatorio  del sumario cumplió a cabalidad con las  mencionadas  orientaciones  de  claridad y concreción en la formulación de las  causales  de  agravación  punitiva  que  se  pretendía  deducir  en contra del  sindicado respecto del delito de estafa”.   

Lo  anterior, por cuanto si bien en la parte  resolutiva  sólo  se hace referencia a la imputación como autor de un concurso  material  homogéneo sucesivo de estafas, en las motivaciones de la providencia,  en  el  capítulo  de “calificación jurídica” se hace referencia al delito  de  estafa agravado por la cuantía, amén de que en el cuerpo de la providencia  hizo  precisiones,  cuyo contenido trascribe, “sobre  los  hechos  constitutivos  de  los punibles de estafa ejecutados en concurso, y  expresamente     sobre     la     cuantía    de    los    mismos”.   

Por   su   parte,  prosigue,  el  juzgador  a     quo,   atendiendo   los   derroteros  de  la  providencia   calificatoria,   “de  manera  expresa  mencionó  los eventos constitutivos del punible de estafa indicando la cuantía  de  cada  uno de tales comportamientos, para finalmente condenar por el concurso  homogéneo    y    sucesivo    de   delitos   de   estafa   agravados   por   la  cuantía”.   

En  tales condiciones, culmina indicando que  como  la  agravante  fue  deducida  “tanto fáctica,  como  jurídicamente”  en la acusación y acorde con  ella  se  falló  en las dos instancias, no le asiste razón al censor y, por lo  mismo, el reparo no está llamado a prosperar.   

Sobre el sexto cargo:  

          Comienza  por  destacar que “el concurso  delictivo   requiere   ineludiblemente   no   sólo   de  la  individualización  probatoria,  sino  también  y  sobre todo, la deducción formal de un cargo por  cada uno de los hechos incriminados”.   

          Igualmente  advierte  que  en los casos de concurso no es suficiente  con  predicar  su  existencia, sino que es menester determinar con exhaustividad  “la  facticidad  y calificación de cada uno de los  hechos  que se imputan como delitos concurrentes, en razón a que la imputación  de  un  concurso  real  de delitos es también un problema de la correspondencia  con  acciones independientes que van referidas al supuesto de hecho de cada tipo  individual       en       que       adquieren      significación”.   

Lo  expuesto,  aduce,  no se verificó en el  escrito  de  acusación  porque  ninguna referencia se hizo a la estructuración  del  delito  de falsedad en documento privado ejecutado en concurso homogéneo y  sucesivo  y,  por  el  contrario,  expresó  “que se  procedía   por  el  delito  de  falsedad  en  documento  privado”.   

Y  si  bien,  continúa,  al  inicio  de  la  argumentación  se  refirió  de forma indiscriminada a la falsedad originada en  la  apertura  de  la  cuenta  bancaria  y  a  los  cheques  girados contra ella,  “seguidamente    separa   cada   uno   de   estos  comportamientos,  para concretar la falsedad en documento privado”  en  los  términos que opta por transcribir, como así también lo  expresa en su parte resolutiva.   

Contrariando  la acusación, sostiene, en el  fallo  de primer grado, confirmado por el Tribunal, se condenó al procesado por  el  concurso  homogéneo y sucesivo de delitos de falsedad en documento privado.  En   consecuencia,   considera,  la  dosificación  punitiva  realizada  por  el  a  quo  y  avalada  por  su  superior fue equivocada y trascendente.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita casar  parcialmente  el fallo impugnado “para preservar las  principios  de  congruencia  entre  acusación  y fallo, y elimine el incremento  deducido  con  ocasión  de  la concurrencia de delitos de falsedad en documento  privado”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Sobre la particular temática planteada por  el  casacionista,  y  que  parcialmente  avala la representación del Ministerio  Público,  relacionada con el principio de congruencia, también denominado como  de     correlación1,         resulta  pertinente  recordar  que  en  la  acusación  deben  ser  precisados  los  aspectos  fácticos  y jurídicos de la  conducta    punible   por   la   cual   se   procede,  parámetros  a  los  cuales  indefectiblemente  se  ha  de  sujetar el  sentenciador  a  efectos de no incurrir en vulneración de este  apotegma,  que  hace  parte  de  la noción amplia de debido proceso,  entendido como el plexo de garantías  de  que  gozan  los  diversos  sujetos  procesales  e  intervinientes  que  participan en el proceso penal en  el   marco   de   un   Estado   Social  y  Democrático  de  Derecho2.   

El  desconocimiento de este principio, mucho  se  ha  dicho por esta Sala, no sólo comporta vulneración de la estructura del  proceso,  sino  que además afecta el derecho a la defensa, por cuanto el sujeto  pasivo  de la acción penal resulta sorprendido en la sentencia con imputaciones  fácticas  y/o  jurídicas  respecto  de  las cuales no ha tenido oportunidad de  controversia.   

Por consiguiente, la incongruencia, entendida  desde  la  doble  perspectiva  de garantía y postulado estructural del proceso,  implica   que  el  fallo  debe  guardar  armonía  con  las  conductas  punibles  atribuidas    en    el    acto    de    acusación3.    

          Dicha  imputación,  de otro lado, debe ser mixta, esto es, fáctica  y  jurídica,  “porque sólo de esta manera podría  garantizarse  el  derecho  de  defensa  y el principio acusatorio, el cual tiene  entre   sus  proyecciones  esenciales  la  comunicación  de  la  acusación  al  procesado,  la  que  no puede quedar reducida a la simple notificación sobre la  existencia  del  pliego  de cargos formulado en su contra, sino que es  perentorio  informar  por  el delegado de la Fiscalía sobre la  denominación  de  las conductas imputadas en forma precisa que se le permita la  plena  comprensión en rededor de sus alcances y consecuencias, garantía que no  se  logra,  sino  a  través  de  la conexión entre las imputaciones fáctica y  jurídica”4          (subraya fuera de texto).   

La  Sala ha puntualizado en cuanto al primer  concepto,  es  decir,  al  de  imputación  fáctica, que se contrae al deber de  precisar   los   hechos   constitutivos   de   la  conducta  típica  objeto  de  investigación,  valga aclarar, el conjunto de circunstancias espacio temporales  y  modales  que la configuran; mientras el de imputación jurídica se relaciona  con  la  determinación, también clara y concreta,  del delito cometido, o  especie     delictiva     que     se     endilga5.   

De otra parte, en cuanto a las eventualidades  procesales  que  pueden  acarrear  vulneración del principio de congruencia, se  han  tenido  por tales, Vg. cuando el fallo introduce nuevas conductas punibles,  agrega  circunstancias  específicas  de  agravación  o  de  mayor punibilidad,  desconoce  las  específicas  de  atenuación  o de menor punibilidad tenidas en  cuenta  al momento de calificar o hace más gravosa la forma de intervención en  el  delito,  en  cuyo  caso  se  impone  un  nuevo  fallo que se sujete al marco  fáctico y jurídico de la acusación.   

         Sobre   la   imposibilidad  de  que  el  sentenciador  torne  más  gravosa  la  situación  de  un  acusado, se ha indicado:   

“los jueces no  pueden  derivar consecuencias adversas para el imputado o acusado, según sea el  caso,  ni  de  los  elementos  que  no  se  derivan  expresamente  de los hechos  planteados  por  la  Fiscalía  ni  de los aspectos jurídicos que no hayan sido  señalados  de  manera detallada y específica por el  acusador  so  pena de incurrir en grave irregularidad  que  deslegitima  e  ilegaliza  su proceder; dicho en forma simple: el  juez  solamente  puede  declarar la responsabilidad del acusado  atendiendo  los  limitados  y  precisos  términos  que  de  factum y de iure le  formula  la  Fiscalía,  con  lo cual le queda vedado ir más allá de los temas  sobre  los  cuales  gira  la acusación”6  (subrayas  fuera de texto).   

Ahora,  si  bien el principio de congruencia  impide  al juez, cuando dicta el fallo, modificar completamente la denominación  jurídica  de  los  hechos, ello no es óbice para degradar la conducta en favor  del  procesado;  por  ejemplo,  tomando en cuenta circunstancias que redunden en  beneficio  del  procesado,  atenuantes  específicas  o  genéricas,  o  incluso  condene  por una ilicitud más leve, siempre y cuando no se afecten los derechos  de       los       demás       intervinientes7.   

          Efectuadas  las anteriores acotaciones, necesarias para delimitar la  cobertura   del   principio  de  congruencia,  se  adentrará  la  Sala  en  los  planteamientos  contenidos  en  las  censuras  admitidas, ambas relacionadas con  el   desconocimiento de este postulado, lo cual impone la inicial revisión  de  los  términos  de  la resolución de acusación (en este caso, de primera y  segunda  instancia) para hacer de ver si en realidad no se dedujo debidamente la  circunstancia  agravante  de  la  cuantía  del  delito  de estafa y el concurso  homogéneo  de  falsedades  en  documento  privado,  tras  lo cual se entrará a  verificar  si en verdad, como lo esboza el recurrente, fueron consideradas en el  fallo  (también  de  primera y segunda instancia), en cuyo caso se aplicará el  mecanismo de enmienda pertinente.    

Como  metodología,  se  comenzará  por  la  imputación  de  la  circunstancia  agravante  de  la  cuantía  para  el delito  patrimonial  (quinto cargo) y después se analizará lo concerniente al concurso  homogéneo de falsedades en documento privado (sexto cargo).   

     

i. Imputación de la circunstancia de  agravación    punitiva    del   delito   de   estafa   correspondiente   a   la  cuantía:     

No cabe duda alguna, como así lo hace notar  el  Procurador  Delegado,  que dicha agravante fue correctamente imputada, tanto  jurídica  como  fácticamente,  en  las resoluciones de acusación de primera y  segunda instancia.   

Sobre el primer aspecto, esto es, en cuanto a  la   imputación  jurídica  de  esta  específica  circunstancia,  se  señaló  expresamente    en    el   proveído   calificatorio   de   primer   grado,   lo  siguiente:   

“la  pluralidad  de  conductas por la que  debe  responder  social  y  penalmente  el  señor RODRIGO DÍAZ SENDOYA por ser  relevantes   son:   estafa   agravada   (conducta    cometida    en    concurso   material   homogéneo   y  sucesivo      de   estafas)   por  la  reiteración  y  la  cuantía…  como se trata de una  pluralidad  de  conductas,  tipificadas  en diversos cánones del Código Penal,  DÍAZ   SENDOYA   debe   responder   ‘por  un  concurso  heterogéneo  y  sucesivo de delitos’.   En   el  acápite  calificación  jurídica   (sic)   haré  claridad      sobre      este      tópico…”8    (subrayas    fuera    de  texto).   

Pero  antes  de ese capítulo, al compendiar  los  alegatos  precalificatorios  de  los  diversos sujetos procesales, refirió  nuevamente    a   la   circunstancia   de   agravación,   en   los   siguientes  términos:   

“en lo medular y neurálgico del análisis  de  la  prueba  se  llega a la misma conclusión que hay mérito probatorio para  acusar  a  DÍAZ  SENDOYA…,  por  existir  lógica  convicción:  tanto  en la  ocurrencia  de los hechos, como en la responsabilidad de los sindicados; por eso  se  llamará  a  juicio  por  los  delitos de: estafas  agravada  (sic),     homogénea    y    sucesiva”9  (subraya  fuera  de  texto).   

Más  adelante, en el capítulo anunciado de  la  calificación  jurídica,  en  donde, además, señala las normas jurídicas  pertinentes, precisó:   

“Los   tipos   penales  endilgados…se  encuentran  consagrados  en  el libro segundo, parte especial, concretamente en:  el  título  VII,  delitos contra el patrimonio económico, capítulo III. De la  estafa,  artículo  246,  agravada  por  la cuantía,  según  voces  del  artículo  267-1…”10   (subraya  fuera de texto).   

      

Acto  seguido,  transcribió  las anteriores  preceptivas,  y  particularmente  el  numeral 1° del artículo 267 alusivo a la  circunstancia   genérica   de   agravación   del   delito  de  estafa  por  la  cuantía11.   

Luego,   al  analizar  individualmente  la  responsabilidad    de    DÍAZ   SENDOYA,  persistió  en la misma calificación incluyendo la agravante del  delito patrimonial, de la siguiente forma:   

“Como  se  viene  sosteniendo  una de las  tantas  conductas  penales  cometidas  por DÍAZ SENDOYA es el delito de estafa,  cometidas  (sic) en concurso  material  y homogéneo y sucesivo de estafas agravadas por la reiteración de la  conducta   y  cuantía  de  lo apropiado como se  demostrará  con  la  cantidad  de  dinero  ilícitamente  apropiado a FRESENIUS  MEDICAL    CARE…”12(subraya     fuera     de  texto).   

Calificación  que resultaba consecuente con  la imputación fáctica que le dio sustento, según pasa a verse:   

“La  prueba recopilada en la instrucción  indica  que DÍAZ SENDOYA se apoderó indebidamente de  dineros  de la empresa FRESENIUS MEDICAL CARE en cuantía aproximada de diez mil  millones   de   pesos   ($   10.000.000,oo)   y  los  distribuyó:  una  parte  a Guillermo fino Serrano a manera de comisiones por el  pago  de  cartera  morosa  y asegurar el pago del contrato 110 de marzo de 2002,  celebrado  entre  el  ISS  y FMC, otra parte a Claudia Hernández Mendoza, quien  colaboró  en  el  actuar  delictivo  y  el dinero restante lo conservó para su  propio beneficio personal o de terceras personas.   

Como quiera que el dinero que RODRIGO DÍAZ  SENDOYA  entregó  a  Guillermo Fino Serrano y a Claudia Hernández era parte de  una  suma  mayor  de  la  que él mismo se había apoderado en detrimento de los  intereses  económicos  de  FRESENIUS  MEDICAL  CARE  COLOMBIA, es conveniente y  oportuno  señalar  las  pruebas  que  demuestran  la  forma  como RODRIGO DÍAZ  SENDOYA  engañó  a sus superiores para despojar a la  empresa  para  la  cual  trabajaba, de una cantidad de dinero cercana a los diez  mil   millones   de   pesos   ($  10.000.000,oo),  en  actos  que  se  considera  constitutivos   del   delito   de   estafa  agravado  dada  la  cuantía  de  la  apropiación”13    (subrayas    fuera   de  texto).     

Posteriormente, el instructor discriminó uno  a  uno  los  actos  constitutivos del delito de estafa por parte de DÍAZ  SENDOYA  con  el  señalamiento  y  especificación  de  la  cuantía, así: (i) la ilícita apropiación de dineros  de FRESENIUS MEDICAL CARE, a  través  de  la  devolución  de  los  que  le  eran descontados por concepto de  retención         en        la        fuente14;  (ii)  indebido  cobro  de  honorarios   por   la   venta   de   productos  Kabi  y   Hemocare15;   (iii)  aplicación  de  la tasa más alta del año para liquidar su salario16;   (iv)  adquisición  de la acción del Metropolitan Club con dineros de la empresa para  su             uso             exclusivo17;  (v)  malversación  de los  dineros  que  le  fueron  adjudicados  para  gastos de representación con fines  personales18;   (vi)   contratación   indebida  de  vuelos  charter19;   (vii)  compra   irregular  de  un  inmueble  a  su  nombre20;   (viii)   pago   de   una  indemnización    a   Marcelo   Villalba21;  (ix) pago  no    autorizado   de   un   bono   a   su   favor22;  (x) compra de un vehículo  Toyota        de        placas        BDX-00623;  (xi) venta de la camioneta  Ford      Explorer     de     placas     CIL-09024;   (xii)   cubrimiento   de  sobregiros  de  la  cuenta  del  Banco  de  Bogotá25  y  (xiii)  apertura  de  la  cuenta   No.   16533710-6   del  Banco  de  Bogotá26.   

Queda  claro,  de  acuerdo  con  el recuento  anterior,  que  el  calificador  de  primer  grado  cumplió  a cabalidad con el  imperativo  de  imputar  de  forma  jurídica  y  fáctica  la  circunstancia de  agravación  de  la cuantía del delito de estafa, que luego ratificó el fiscal  de  segunda  instancia  al  resolver el recurso de apelación interpuesto contra  dicho  proveído,  aun  cuando  en  la  parte  resolutiva  omitiera, debido a un  lapsus o error involuntario,  referir al delito patrimonial, de la siguiente manera:   

“CONFIRMAR  la  resolución  materia  de  apelación,  por  medio  de  la cual el fiscal.. acusó a los sindicados RODRIGO  DÍAZ  SENDOYA y …, al primero a título de autor de las conductas punibles de  cohecho  por dar u ofrecer; determinador de interés indebido en la celebración  de  contrato;  autor  de  falsedad  en  documento privado y autor de un concurso  material  homogéneo  y  sucesivo  de  falsedades  personales, todos en concurso  heterogéneo    y    sucesivo    de    delitos”27.   

Sin  embargo,  este  yerro consistente en no  haber  mencionado el delito de estafa, y desde luego tampoco la agravante, en la  parte  resolutiva  del  proveído,  realmente  carece  de  incidencia  en cuanto  deviene  evidente  la  voluntad  de  confirmar la providencia impugnada también  sobre  se  aspecto  (la  imputación  del delito de estafa agravada, en concurso  material  y  homogéneo),  como así dimana de la misma expresión consignada en  la   parte  inicial  del  numeral  de  la  parte  resolutiva  que  se  viene  de  transcribir,   en   el   sentido  de  “confirmar  la  resolución  materia  de  apelación”,  y  porque a esa misma conclusión se llega tras la lectura de la  providencia,  como  se  extrae  de  los  siguientes  apartes,  empezando  por la  síntesis elaborada de la providencia impugnada:   

“Hecho  lo  que viene de precisarse, el a  quo  entra  a  la  calificación  jurídica  de  las  conductas  punibles que se  enrostrarán  a  los  sindicados,  ubicándolas  dentro del respectivo título y  capítulo,  como  señalando  la  norma del Código Penal que estima vulneradas,  conductas  que  no son otras que la estafa,  falsedad  en  documento  privado, falsedad personal, cohecho por  dar  u  ofrecer, interés indebido en la celebración de contratos, con   sus  respectivas  circunstancias  de  agravación”28    (subraya    fuera    de  texto).   

Y  luego,  cuando  aborda,  ya  en  la parte  considerativa,  el  tema  de la nulidad propuesta por uno de los recurrentes, al  señalar que:   

“Vistas  así  las  cosas,  con  meridana  claridad,  al  momento  de  leer  la  decisión,  no  sólo  los encartados sino  también  su  abogados  estuvieron  en condiciones de entender, por ejemplo, que  DÍAZ  SENDOYA y …, deberían responder en juicio el  primero,   como   autor  de  un  concurso  material  homogéneo  y  sucesivo  de  estafas…”29         (subraya            fuera           de           texto).      

También lo dejó claro con posterioridad, en  el mismo apartado, al advertir que:   

“Por  otra  parte, debe puntualizarse que  existe  concurso  material,  homogéneo  y sucesivo de  estafas  y  falsedades, entre ellas las presuntamente  cometidas  por  DÍAZ  SENDOYA en documento público y personales”30  (subraya  fuera de texto).   

De  modo  que,  la  omisión de mencionar el  delito  de  estafa  y su agravante en la parte resolutiva de esta determinación  se   debió   a   un   simple   lapsus  u omisión involuntaria del funcionario.   

En tales casos, además, lo dicho en la parte  considerativa  prevalece  o  complementa  la  resolutiva, pues al respecto tiene  sentado  la  Sala  que  la  “significación  de  lo  decidido  se  encuentra  profusamente  desarrollada  en  la parte considerativa,  motivo  por  el  cual,  ante falencias de entendimiento, claridad o yerros en la  parte  resolutiva,  se  impone  acudir  a  las  motivaciones  y  consideraciones  expuestas  para  desentrañar  el  alcance  de  un  tal proveído”31.   

De cualquier modo ha de dejarse en claro que  la  obligación  de  imputar jurídica y fácticamente un delito surge frente al  acto   complejo   de  acusación,  integrado,  si   es  el  caso,  por  las  acusaciones  de primera y segunda instancia o su variación durante la audiencia  pública           de           juzgamiento32  y  que  no  siempre  la  de  segundo  grado  se  ocupa del tema en cuanto su competencia está circunscrita a  los   asuntos   impugnados  y  a  aquellos  que  le  resulten  inescindiblemente  vinculados,  a  tenor  de  lo normado en el  artículo 204 de la Ley 600 de  2000,   bajo   cuya   égida   se  adelanta  esta  actuación.      

A  propósito  del  trámite  de  audiencia  pública,  señálese  que  en  su desarrollo el fiscal asignado insistió en la  imputación  de  la  agravante  en cuestión cuando, al concluir su exposición,  manifestó lo siguiente:   

“..no  cabe  duda  entonces que el señor  DÍAZ    SENDOYA    a   través   como   variadas   acciones   (sic)  a  (sic)  incurrido  en  delitos  los  que  en  su  momento  le  imputara   cargos   la   fiscalía   a   cargo   (sic)  de  la  investigación  en  cuanto  a  que  incurrió  en   estafa  agravada  por  la  cuantía…”33         (subraya    fuera    de    texto).    

Por   lo   expuesto   queda   demostrado,  contrariamente  al  planteamiento  contenido en el reparo objeto de estudio, que  el  fallador  de  primer  grado  no  quebrantó  el  postulado de congruencia al  deducir  la  circunstancia  de  agravación del delito de estafa contenida en el  numeral   1°   del   artículo   267   del   C.P.34,  tema  que no fue objeto de  discusión     por     el    ad    quem.        

     

i. Imputación del concurso homogéneo  de falsedades en documento privado:     

A   diferencia   de  lo  ocurrido  con  la  circunstancia  de  agravación  punitiva  del  delito  de  estafa  analizada  en  precedencia,  en  la resolución de acusación, tanto de primera como de segunda  instancia,  como  así también lo destaca el Procurador Delegado, no se imputó  jurídicamente  el  concurso  homogéneo  de  falsedades  en  documento privado,  restringiéndose  a  su mera imputación fáctica, lo cual no es suficiente para  garantizar  el  principio  de  congruencia  y  el derecho de defensa35.   

Al  respecto, comiéncese por indicar que en  la   resolución  acusatoria  de  primer  grado  cada  vez  que  se  abordó  la  calificación  jurídica  de  las conductas por las cuales se radicaba en juicio  al   procesado   RODRIGO  DÍAZ  SENDOYA,  se  hizo  hincapié en que dicha forma concursal operaba respecto  del   delito  de  falsedad  personal  –delito  por el cual el mencionado luego fue absuelto por el juzgador  de  primer  grado,  en  decisión  avalada  por  el Tribunal- sin que se hubiere  destacado    lo    mismo   frente   al   delito   de   falsedad   en   documento  privado.   

En  efecto, véase cómo en la parte inicial  de dicha providencia se señaló:   

“la  pluralidad  de  conductas por la que  debe  responder  social  y  penalmente  el  señor RODRIGO DÍAZ SENDOYA por ser  relevantes  son:…falsedad  en  documento  privado y  falsedad  personal (conducta cometida en concurso material homogéneo y sucesivo  de  falsedades  personales, por su reiteración). Como  se  trata  de  una pluralidad de conductas, tipificadas en diversos cánones del  Código     Penal,     DÍAZ     SENDOYA     debe     responder     ‘por   un   concurso  heterogéneo  y  sucesivo  de  delitos’. En  el  acápite calificación jurídica (sic) haré     claridad     sobre     este     tópico…”36  (subrayas  fuera de texto).   

Después, el instructor utilizó una fórmula  similar cuando adujo:   

“…del análisis de la prueba se llega a  la  misma conclusión que hay mérito probatorio para acusar a DÍAZ SENDOYA…,  por  existir  lógica convicción: tanto en la ocurrencia de los hechos, como en  la  responsabilidad  de  los  sindicados;  por  eso se llamará a juicio por los  delitos   de:  …falsedad  en  documento  privado  y  falsedad    personal,    homogénea   y   sucesiva37  (subraya  fuera  de texto).   

Pero  lo más concluyente al respecto es que  en   el   apartado   concerniente   al   delito   de   falsedad   en   documento  privado38,  el  instructor  no  hizo  ninguna  referencia  a  que  este reato  procedía  bajo  la  modalidad  concursal  homogénea,  como  sí lo hizo cuando  abordó  el  análisis  del  delito  de  falsedad  personal,  en  los siguientes  términos:   

“Este  último  comportamiento  de  DÍAZ  SENDOYA  se  enmarca  indudablemente  dentro  de la descripción típica que del  delito   de   falsead   personal  hace  el  artículo  296  del  Código  Penal.  En   concurso   material  homogéneo  de  falsedades  personales,   así   se   determinará   en   la   parte   resolutiva   de  este  proveído”39(subraya     fuera     de  texto).   

En correspondencia total con ese anuncio, en  la parte resolutiva, dicho funcionario declaró lo siguiente:   

“Primero.  ACUSAR   a  RODRIGO DÍAZ  SENDOYA    como    autor    de    un   concurso   material   y   homogéneo   de  estafas…autor  de  falsedad  en documento privado y  como  autor  de  un  concurso  material  homogéneo  y  sucesivo  de  falsedades  personales…”40(subraya     fuera     de  texto).   

Se sigue de lo expuesto que al considerar esa  modalidad    concursal    el    a   quo,  sin  que  de ello se ocupara el Tribunal, infringió el principio  de  congruencia  que  debe existir entre acusación y fallo y, correlativamente,  como  ya se dijo, el derecho de defensa. En esa medida, en acápite posterior se  procederá a la enmienda respectiva.   

(iii)   Casación   oficiosa:     

Son  dos  los  aspectos  sobre los cuales la  Corte  encuentra  necesaria  su  intervención  oficiosa  para  salvaguardar las  garantías   fundamentales  atendiendo  a  la  prerrogativa  que  le  otorga  el  artículo  216  de  la  Ley 600 de 2000, en cuanto constitutivas de quebranto al  principio de legalidad de la pena.   

En  primer  lugar,  porque  el  a  quo,  en  decisión  que  no  ameritó  objeción  alguna del Tribunal, al realizar el proceso de dosificación punitiva  individual  de cada una de la conductas concurrentes con el objeto de determinar  la  más  grave, conforme a lo establecido en el artículo 31 del Código Penal,  las  incrementó  por  razón  del  concurso homogéneo, particularmente así lo  hizo  en  relación  con  los delitos de estafa agravada y falsedad en documento  (en  cuanto  a  esta  última,  como ya se vio en el apartado anterior, de forma  indebida   en  tanto  dicho  concurso  no  fue  imputado  jurídicamente  en  la  acusación),  dejando  de  lado  que este aumento debe realizarse luego de tomar  como  base  de  dosificación  la pena correspondiente al delito más grave y no  antes.   

De  cualquier  forma  este  yerro no resulta  incidente,  no  sólo  porque  a  la  final  el  a quo  no  seleccionó  el  delito  más grave conforme a esa  ponderación,  en  cuyo  caso  habría  optado  por  la  estafa  agravada por la  cuantía,  pues  a  los cincuenta y cinco (55) meses le agregó veinte (20) más  por  razón  del  concurso  homogéneo para un total de setenta y cinco (75) que  superaban  los  setenta  (70)  meses  correspondientes  al  punible  de interés  indebido  en  la  celebración de contratos finalmente seleccionado como el más  grave,  sino  porque el incremento por razón del concurso lo aplicó sobre este  último  quantum por una sola  vez de acuerdo con la pauta legal.   

Sin embargo, y en segundo lugar, en este paso  también  se  equivocó, y aquí sí con efectos trascendentes, porque no acató  el    procedimiento    legal   establecido   a   continuación   en   la   misma  preceptiva.   

Ciertamente, de acuerdo con el inciso primero  del  referido  artículo  31  del  Código  Penal,  en  los casos de concurso se  establecerá   la   pena   más   grave   según   su  naturaleza,  “aumentada  hasta  en otro tanto sin que fuere superior a la suma  aritmética  de  las  que  correspondan  a  las  respectivas  conductas punibles  debidamente      dosificadas      cada      una      de     ellas”.     

          Es  decir  que  son  dos  las  pautas legales a seguir una vez se ha  determinado  cual  es  el  delito  más grave. De una parte: (i) incrementar esa  pena  “hasta  en  otro tanto” y (ii) que esa cantidad, en ningún caso puede  superar  la  suma  aritmética  que  corresponde  a  cada  una  de las conductas  concurrentes.    Sin   embargo,   el  fallador  de  primer  grado,  con  el  beneplácito  del  Tribunal,  sólo  tuvo  en cuenta el segundo hito e hizo caso  omiso del primero.   

            En   efecto,   pese   a   determinar  correctamente  la  pena  de  setenta  (70) meses de prisión para el delito más  grave  (interés  ilícito  en  la  celebración  de  contrato),  aumentó dicho  guarismo  en  cien  (100)  meses  por  razón  del  concurso de los otros hechos  punibles,  obteniendo  como  resultado  ciento  setenta  (170)  meses, cuando el  límite  impuesto  por  la  citada norma de hasta otro  tanto   solamente  lo  autorizaba  para  efectuar  un  incremento máximo de otros setenta (70) meses.   

          Lo  anterior  porque,  como  lo  tiene  pacíficamente  señalado la  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  el otro tanto  a  que  se  refiere  el artículo 31 del Código Penal  corresponde  al  doble  de  la  pena a imponer para el delito base o más grave,  atendidas las circunstancias propias del mismo. En efecto:   

“En    conclusión,    es   la   pena  individualizada  de  cada  uno  de  los  delitos  en  concurso  la que conduce a  determinar  la  base  de  construcción de la pena total a imponer, sin importar  para  el  caso  las sanciones mínimas y máximas previstas en abstracto por los  respectivos         tipos         penales”41.   

En tales condiciones, resulta evidente que el  juzgador  vulneró  el  principio de legalidad de la pena, situación que, junto  con  la  violación  del  postulado  de  incongruencia  por  imponer el concurso  homogéneo  para  el  delito  de  falsedad  en  documento  privado  no  deducido  correctamente  en  la  acusación  postulado  en  la  demanda  y  avalado por el  Ministerio Público, ameritan corrección.   

          Ahora  bien,  antes  de  implementar la correlativa restauración es  necesario  precisar  que  aun cuando el fallador aplicó ese mismo procedimiento  equivocado  para fijar la pena principal de multa, en este caso no quebrantó el  principio  de legalidad de la pena, en tanto para ello no tomó la sanción más  grave,  que  en  este  caso no correspondía al delito contra la Administración  Pública  (85  salarios  mínimos legales mensuales), como erróneamente así lo  estimó,  sino,  de  acuerdo  con  sus propios parámetros, al de la estafa (420  salarios  mínimos  legales  mensuales),  cuyo incremento a quinientos ochenta y  dos  (582) salarios mínimos, en virtud del concurso de delitos, está dentro de  las  lindes  señaladas  del  artículo  31  del  Código Penal. En ese orden de  ideas, esta pena se mantendrá incólume.   

           (iv)   Redosificación   de  la  pena:   

          Previamente  a acometer esta labor, se dejará en claro que un nuevo  proceso  de  dosificación  de  la pena con sujeción al principio de legalidad,  respetando  las  pautas  sentadas  en  el  fallo,  repara  la  vulneración  del  principio  de  incongruencia  por  la  atribución  del  concurso  homogéneo de  falsedades  en  documento  privado  no  deducida  correctamente  en el pliego de  cargos.   

En  efecto,  si  como  bien  lo  señaló el  a  quo  el delito más grave  de  los concurrentes es el de interés ilícito en la celebración de contratos,  cuya  pena  fijó  en  setenta  (70)  meses  de  prisión,  por encima de la que  corresponde,  de  acuerdo a su tasación, a la de los delitos de estafa agravada  con  una  sanción  de  cincuenta  y  cinco (55) meses (descontando los 20 meses  indebidamente  aumentados por cuenta del concurso homogéneo), cohecho por dar u  ofrecer,  establecida  en  cuarenta  (40) meses, y falsedad en documento privado  con  veinte  (20) meses (descontando los 15 meses incorrectamente aumentados por  cuenta   del   concurso   homogéneo,  tanto  porque  vulnera  el  principio  de  congruencia,  como  porque  no  era  el momento para su aplicación), es este el  monto   que   debe   incrementarse   hasta  en  otro  tanto,  esto  es,  a  lo  sumo  por otros setenta (70)  meses.   

Y precisamente bajo la consideración de que  son  múltiples  las  conductas que concurren, especialmente la gran cantidad de  estafas  en  concurso  homogéneo,  material y sucesivo y que debe suprimirse el  concurso  de  la  misma naturaleza respecto de la falsedad en documento privado,  la  Sala  estima  prudente  incrementar  dicho guarismo en cincuenta (50) meses,  para    un   total   de   imponer   a   RODRIGO  DÍAZ  SENDOYA  de ciento veinte  (120)  meses  de  prisión.   En  el  mismo  lapso  se  impone  la  pena de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

En   consecuencia,   la   Corte   casará  parcialmente    la   sentencia,   para   fijar   las   penas   en   los   montos  referidos.   

Aclárese,  eso  sí,  que la determinación  aquí  adoptada  no altera lo resuelto por las instancias en torno a lo decidido  respecto  del  subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional ni  respecto  del  sustituto  de  la  prisión  domiciliaria,  por  no satisfacer el  primero  el factor objetivo contemplado en el numeral 1° del artículo 63 y por  mantenerse   inalterables   los   argumentos   expuestos   por  el  a  quo  para  negar  el  segundo  ante el  incumplimiento  de  los  condicionamientos de orden subjetivo previstos en el 38  ibídem   que  imponen  la  necesidad de tratamiento intramural al procesado.   

             

Los  demás  pronunciamientos  del fallo, se  mantendrán incólumes.   

         Por  lo  expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE  

1.    CASAR  PARCIALMENTE  el        fallo       objeto  de  impugnación,  por razón del  cargo  sexto  de la demanda  presentada   por   el  defensor  del   procesado  RODRIGO        DÍAZ        SENDOYA.   

          2.  CASAR  OFICIOSA y parcialmente el fallo  de  segundo  grado  por  vulneración  del  principio  de  legalidad de la pena,  conforme         a         lo         expuesto         en        la        parte  motiva.          

3.  IMPONER,  como  consecuencia  de  lo  anterior,  en  contra de RODRIGO  DÍAZ  SENDOYA  las penas principales de ciento veinte  (120)  meses  de  prisión  e  inhabilitación  en  el  ejercicio  de derechos y  funciones públicas por el mismo término.   

4.  PRECISAR  que  esta  determinación  no  afecta lo resuelto por las instancias en relación con  la  pena  pecuniaria, el subrogado penal de la condena de ejecución condicional  ni            en            torno            a            la            prisión  domiciliaria.          

         5.        En lo demás, el fallo impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese  y  cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                          JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO            SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ                      

                                                                       Comisión    de  servicio   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                   AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN                     

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO               JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       Permiso   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Así,  por  ejemplo,  recibe esa denominación en “Lecciones de  Derecho  Procesal  Penal”,  Teresa  Armenta  Deu,  señalando que “la  sentencia  no  puede  condenar por un hecho punible distinto  del  que  fue  objeto  de  acusación, ni a sujeto diferente de aquel a quien se  imputó  y  posteriormente  se  acusó,  según  la  delimitación  formal de la  acusación  en  los  escritos  de calificación o acusación…”. Ed. Marcial Pons, Madrid, 2004, págs. 56-57.   

2 Cfr.  Sentencia de mayo 4 de 2011, rad. 31091.   

3  Artículo        337,        ibídem.   

4  Sentencia del 28 de febrero de 2007, rad. 26087.   

5  Sentencias  de  24  de  abril  y  29  de  octubre  de 2003, rads. 17346 y 19138,  respectivamente.     

6  Sentencia del  25 de abril de 2007, rad. 26309   

7  Sentencia del 27 de julio de 2007, rad. 26468   

8 Pág.  4   de   la   resolución   de   acusación  de  primera  instancia.     

9 Pág.  11 ibídem.   

10  Pág. 13 ib.   

11  Pág. 14 ib.   

12  Pág. 15 ib.   

13  Págs.          15-16          ib.   

14  Pág. 17 ib.   

15  Pág. 18 ib.   

16  Pág. 24 ib.   

17  Pág. 25 ib.   

18  Pág.          26          ib.   

19  Pág. 30 ib.   

20  Pág. 34 ib.   

21  Pág. 42 ib.   

22  Pág. 44 ib.   

23  Pág. 48 ib.   

24  Pág. 49 ib.   

25  Pág. 51 ib.   

26  Pág. 53 ib.   

27  Pág. 33 de la resolución acusatoria de segundo grado.   

28  Pág. 4 ib.   

29  Pág. 17 ib.   

30  Pág. 26 ib.   

31  Sentencia del 3 de abril de 2008, rad. 23682.   

32  Auto de 14 de febrero de 2002, rad. 14857.   

33  Fol. 196 del c.o. No. 18.   

34  Esta  circunstancia  de agravación fue tenida en cuenta al momento de dosificar  la   pena,  según  puede  apreciarse  en  la  pág.  33  del  fallo  de  primer  grado.     

35 En  ese  sentido,  cfr., entre muchas, decisiones de 22 de junio, rad. 36734 y de 23  de marzo, rad. 35802, ambas de 2011.   

36  Pág.  4  de  la  resolución  de  acusación  de primera instancia.     

37  Pág. 11 ibídem.   

38 A  partir    de    la    pág.    59    ib.   

39  Pág. 65 íb.   

40  Pág. 92 ib.   

41  Sentencia  del  7  de  octubre  de  1998,  rad. 10987.  En  el mismo sentido,   sentencias  del 24 de abril de 2003, rad. 18856 y del  15 de mayo de 2003, rad. 15619.     

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