36547(08-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n° 36547  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

                                                            ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

                                                       Aprobado Acta No. 193   

Bogotá,   D.C.,  ocho (8) de junio de dos mil once (2011)   

VISTOS  

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda  sustento  del  recurso  de  casación  discrecional  instaurado  por la  representante  de  la parte civil, contra la sentencia proferida el 7 de febrero  de  2011  por  el  Tribunal  Superior de Buga, mediante la cual revocó el fallo  condenatorio  dictado  el  30  de abril de 2010 por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito   de   Palmira,   para   en  su   lugar  absolver  a  ABELARDO   PRADO   PRADO  del  delito  de  homicidio  culposo,  por  el  cual  la Fiscalía General de la Nación lo había  acusado.   

LOS HECHOS  

En  la sentencia de segunda instancia, fueron  presentados de la siguiente manera:   

“…  tuvieron lugar el veintidós (22) de  diciembre  de  dos  mil  cuatro (2004) en la vía que de Cerrito conduce a Rozo,  corregimiento  la  Acequias,  aproximadamente  a las 8 y 15 minutos de la noche,  cuando   ABELARDO  PRADO  PRADO  regresaba  del  Ingenio  Providencia  hacia  el  municipio  de  Vijes,  en  una  volqueta  marca  DODGE,  de  placas             NCG-384,  punto  en  el  cual se estrelló con el camión DODGE de placas VJJ-057, el cual  era  conducido  por  el  señor  ROMARIO  DE JESUS GÓMEZ, quien, a raíz de las  lesiones    derivadas    del    impacto,   falleció   como   consecuencia   del  accidente.”1.   

El 20 de octubre de 2005, la Fiscalía Ciento  Cuarenta  y  Cuatro  Seccional  de  Palmira  profirió resolución de acusación  contra  ABELARDO PRADO PRADO  como  autor  responsable  del delito de homicidio, decisión confirmada el 24 de  agosto  de  2006  por  la  Fiscal  Segunda Delegada ante el Tribunal Superior de  Buga2.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Al amparo de la causal primera del artículo  207  de  la  ley  600  de  2000,  en  la  demanda  se  propone  un  cargo  único  por violación indirecta de  la    ley    sustancial    derivada   de   un   error   de   hecho   por   falso  raciocinio.   

Señala  la  impugnante  que  el Tribunal al  desestimar  el  dictamen  del  perito  y otros medios de prueba para en su lugar  darle  credibilidad  al testimonio de Néstor Narváez Álvarez, incurrió en un  falso razonamiento.   

Después de transcribir partes del dictamen,  su  conclusión  y  de  señalar  que  la  inspección  al cadáver y el croquis  muestran  que  la  volqueta  invadió el carril, se pregunta si es racionalmente  admisible  el testimonio del testigo, conforme con el cual el camión transitaba  de un carril a otro.   

Le  atribuye  al  Tribunal  haber omitido el  dictamen  que  le  permitía  inferir que el acusado violó el deber objetivo de  cuidado  al  conducir  con  exceso  de  velocidad,  mientras  que a la luz de la  ciencia  y la experiencia no es posible sostener lo que dijo el testigo respecto  de la forma como transitaba el vehículo conducido por la víctima.   

         

CONSIDERACIONES  

El  artículo  205  de  la  ley 600 de 2000,  normatividad  aplicable  a  este caso, prevé que la impugnación extraordinaria  procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia por los tribunales  superiores  y el tribunal penal militar, en los procesos adelantados por delitos  cuya  pena máxima prevista en la ley sea superior a ocho (8) años de prisión,  aun    cuando    se    hubiera    impuesto   como   sanción   una   medida   de  seguridad.   

Del   mismo  modo,  contempla  la  llamada  casación  discrecional  para los fallos de segunda instancia proferidos por los  juzgados  penales  del circuito, sin importar el quantum punitivo señalado para  los  delitos  investigados,  y  por los tribunales citados cuando el monto de la  pena  sea  igual  o  inferior  a  ocho  (8)  años de prisión, cuya procedencia  requiere  la  manifestación  de  que  la  intervención  de  la  Corte  se hace  necesaria  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos fundamentales.   

Conforme con ella, se tiene dicho que existe  la  obligación  del  actor  de  sustentar  en  capítulo  separado a los cargos  postulados,   en   el   desarrollo   de   la  demanda  o  en  su  motivación  y  fundamentación,  la  causa  por la cual estima indispensable el pronunciamiento  de la Corte.   

Como  el  delito  imputado  al acusado es el  homicidio  culposo,  cuya  pena máxima prevista en el artículo 108 del Código  Penal  es  prisión  de seis (6) años, procede sólo la casación discrecional,  pues  el  incremento  previsto  en la ley 890 de 2004 resulta inaplicable a este  asunto.   

A  pesar  de  que la impugnante advierte que  acude  a  la  casación  excepcional,  en ninguna parte de la demanda expresa el  motivo  o motivos que hagan necesaria la intervención de la Corte en este caso,  razón  por  la  que  tampoco  los  fundamenta,  de  modo que se desconoce si lo  pretendido  es  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la protección de los  derechos y garantías de los sujetos procesales.   

Al margen de la omisión señalada que daría  lugar  por  sí  sola  a  su inadmisión, la demanda no reúne los requisitos de  contenido  y de forma señalados en el numeral 3 del artículo 212 de la ley 600  de  2000,  porque  en el desarrollo del cargo desconoce la técnica propia de la  impugnación  extraordinaria,  que impone la obligación al actor de expresar de  manera  clara  y  precisa los fundamentos por los cuales la invoca, a través de  una debida fundamentación y argumentación lógica.   

Cuando  se  denuncia  un  error de hecho por  falso  raciocinio,  el  censor  está  obligado  a señalar lo que objetivamente  expresa  el  medio  probatorio  cuestionado,  las  inferencias  que  el juzgador  extrajo  de  él,  el  mérito  suasorio  otorgado, indicando a continuación la  regla  de  la  experiencia o el principio de la lógica o la ciencia ignorados y  cuál  de  ellas  era  la  correctamente aplicable, para finalmente demostrar la  trascendencia del error en la sentencia.   

La  proposición  de  esta  clase de reparo,  impone  el deber al actor de probar que a él se llegó mediante la trasgresión  de  las reglas de la sana crítica en la apreciación de las pruebas, sin que en  esta  sede  sea  admisible  la  discusión  de  criterios entre el fallador y el  impugnante  acerca  del  valor  probatorio  que  merece  un determinado medio de  convicción.   

Una  consideración de tal naturaleza, tiene  fundamento  en  la  doble  presunción  de  acierto y de legalidad que ampara al  fallo  de  segundo grado, en la medida que el análisis probatorio realizado por  el  juzgador prevalece sobre el que realicen los sujetos procesales, en razón a  la  libertad  relativa  de  la  cual goza en el sistema de persuasión racional,  siempre que no se aparte de las reglas de la sana crítica.   

Aunque  el  falso raciocinio inicialmente lo  hace  recaer  en el dictamen del perito, lo cierto es que la demandante equivoca  su     desarrollo     al     manifestar    que    el    Tribunal    “omitió”    tenerlo   en   cuenta,  contradicción  insalvable  porque  si  no fue apreciado o valorado no puede ser  objeto al mismo tiempo de aquella clase de error.   

Por  lo demás, no indica cuál es la ley de  la  ciencia  o la regla de la experiencia que le permita sostener que el camión  no  podía  realizar las maniobras que el testigo dijo haber visto, como tampoco  por  qué  la mayor velocidad a la que se desplazaba la volqueta fue la causante  del   accidente,  de  manera  que  las  consideraciones  hechas  en  la  demanda  corresponden  a especulaciones suyas propias de un alegato de instancia y no del  recurso extraordinario.   

Ellas  no  son  demostrativas  del  reproche  propuesto,  como tampoco ofrece debida fundamentación el interrogante formulado  acerca  de  la  admisibilidad  del  testigo  presencial del hecho, puesto que la  genérica   referencia  a  un  falso  razonamiento  atribuido  al  Tribunal  por  desestimar  el  peritaje  y  otras  pruebas,  respecto de las cuales no adelanta  labor  alguna  por  demostrar  el  alcance  otorgado  en  la  sentencia, deja en  evidencia    que    el    reparo    fue    formalmente    enunciado    pero   no  argumentado.   

Adicionalmente,  la  actora  cree cumplir su  cometido  con  la  sola  enunciación  de las pruebas que demostrarían el falso  raciocinio,  sin  adelantar  ningún  ejercicio  crítico  que razonablemente le  permitiera  demostrar  el  error  denunciado,  puesto   que  no  basta  con  referirse  a lo que se probaría o establecería con la inspección del cadáver  o  el croquis del accidente, sino que le era imperativo señalar el valor que el  Tribunal  le  dio  a  esos medios de prueba, las conclusiones que extrajo de los  mismos  y  cómo  estas  son contrarias a las leyes de la ciencia o experiencia,  que omite enunciar y desarrollar.   

Debía explicar cuál es la ley de la ciencia  o  experiencia  contrariada  por  el  Tribunal  y  cómo  la prueba técnica que  concluyó  que  el  automotor  conducido  por  el  acusado  transitaba  a  mayor  velocidad  que  el  otro  vehículo,  permitía  llegar a las conclusiones de la  recurrente  cuyas  genéricas  apreciaciones no estructuran el error denunciado,  ni  tampoco  -se  reitera-  constituyen  desarrollo  del  cargo  propuesto en la  demanda.   

En  consecuencia,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  por  las  manifiestas  falencias  de  técnica,  las  cuales  no podrá  subsanar,  corregir o enmendar en virtud del principio de limitación -artículo  216  de  la  ley  600  de  2000-  y  de  la naturaleza rogada de la impugnación  extraordinaria.   

Tampoco  dispondrá su trámite oficioso con  fundamento  en  la misma disposición, por cuanto de la revisión del proceso no  se    observa    la    afectación    o    vulneración    de   sus   garantías  fundamentales.   

En  mérito  de  lo  expuesto,   la   SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda  de   casación   discrecional  presentada  por  la  representante  de  la  parte  civil.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese  y devuélvase el expediente al  Tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                              JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ        

FERNANDO       ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                SIGIFREDO ESPINOSA  PEREZ                                                          

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                      MARIA              DEL              ROSARIO              GONZALEZ             DE  LEMOS                     

AUGUSTO           IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                     JULIO E. SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Febrero  7  de  2011,  Tribunal Superior de Buga; folios 233 y 234, cdno segunda  instancia.   

2  Folios 134 a 140, cdno segunda instancia.     

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