36304(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 36304  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta N° 225  

Bogotá,  D.C.,  seis (6) de Julio de dos mil  once (2011)   

V I S T O S  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  Juan  Gonzalo  Montoya  Gómez contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  por el Tribunal Superior de Medellín, el 18 de febrero de  2011,   mediante   la   cual   revocó   la   dictada  por  el  Juzgado  Primero  Promiscuo   Municipal  con funciones de conocimiento de Caldas (Antioquia),  el  30  de  septiembre  de  2010,  y  lo  condenó  como  autor  del  delito  de  estafa.   

H E C H O S  

El  Tribunal  los  resumió  de  la siguiente  manera:   

“El  señor  JUAN  GONZALO  MONTOYA  GÓMEZ  persuadió  al  señor FABER DE J. SÁNCHEZ YEPES para realizar unas inversiones  en   dinero   en   efectivo   bajo  el  atractivo  de  un  importante  interés,  entregándole  entonces  la  suma de $ 65.000.000,00, igualmente suscribieron un  documento       denominado       ‘CLÁUSULAS  DE  LA  COMERCIALIZADORA FOREX TIDES FINANCIAL MANAGMENT  LTDA’,  que  sirvió  de  instrumento o ardid para la estafa.   

“También  se  relata  que el señor CARLOS  ANDRÉS  FLOREZ  VILLADA  realizó  una  inversión  similar  por  la  suma de $  24.000.000,  incluso  viajó  con  el señor  MONTOYA GÓMEZ a la ciudad de  Panamá  para  conocer la empresa donde se realizaría la inversión, pero sólo  hubo evasivas, recuperando sólo $ 7.000.000”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.  Por  los  anteriores hechos, la fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  en  contra  de Juan  Gonzalo    Montoya    Gómez   por   el   delito   de  estafa.   

2.  Cumplidas las formalidades del juicio, el  titular  del  Juzgado  Primero Promiscuo Municipal con funciones de conocimiento  de  Caldas  (Antioquia),  el  30  de septiembre de 2010, dictó fallo de primera  instancia  en  el  que absolvió a Juan Gonzalo Montoya  Gómez  del  delito  imputado  en  la  resolución  de  acusación.   

3.  Apelado  el  fallo por el apoderado de la  víctima,  el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  el  18 de febrero de 2011, lo  revocó  y,  en  su  lugar,  condenó  a  Juan Gonzalo  Montoya  Gómez a las penas principales de 32 meses de  prisión  y  multa  de 66,66 salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  plazo  de  la sanción privativa de la libertad, como  autor del delito de estafa.   

Contra  la anterior decisión, el defensor de  Montoya   Gómez  presentó  demanda de casación.   

S  Í  N  T  E  S  I  S    D E  L     L I B E L O   

Al  amparo  de  la  causal  tercera según la  sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de  2004,  el  casacionista presenta un  único  cargo contra el fallo  del    Tribunal,    cuyos    argumentos    se   sintetizan   de   la   siguiente  manera:   

Luego de reseñar, en extenso, los hechos que  dieron   origen  al  proceso,  la  imputación,  “la  inobservancia   del  debido  proceso”  y  “el  desarrollo  de  la  sentencia  de segundo grado”, pasa a realizar la siguiente petición:   

“Acorde  con  el artículo 181 del Régimen  Procedimental,   numeral   3°,   es   causal   de   casación   el   manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la  cual  se  ha  fundado  la  sentencia:  Aquí  se desconocen las reglas de la  apreciación  racional  de  la  prueba  que no puede nacer de supuestos que a la  postre   se   constituyen   en   el   fundamento  de  la  sentencia  de  segunda  instancia.   

“El desconocimiento total y absoluto de las  garantías  procesales y la anormalidad del análisis de los elementos de juicio  que  terminan  con  la  revocatoria  de  la  sentencia  absolutoria  de  primera  instancia, permite el acceso a la casación en busca:   

“PRIMERO: De la revocatoria de la sentencia  de  segunda  instancia,  obra  del Tribunal Superior de Medellín, que revoca la  primera  instancia  del  Juzgado Primero Promiscuo Municipal de Caldas ( Ant. ),  mediante  la cual se absuelve a JUAN GONZALO MONTOYA GÓMEZ del cargo de estafa,  y lo condena a 32 meses de prisión.   

“SEGUNDO:  Que habida cuenta de la entidad  de  los  atropellos  al  debido  proceso  se  decrete la nulidad de lo actuado a  partir, incluso, de la etapa preliminar.   

“TERCERO: Que dado el caso de no satisfacer  los  requisitos para aceptarla, entonces se case de oficio, dadas las especiales  circunstancias   que   se  registran  en  una  transacción  para  ese  entonces  desconocida en sus aspectos interiores”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  En  el  sistema  procesal, reglado en el  Código  de Procedimiento Penal de 2004 la casación se concibe como un medio de  control  constitucional  y  legal  que procede contra las sentencias dictadas en  segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados  por  delitos  cuando afectan  derechos o garantías procesales.   

Se  puede  colegir  que  este  recurso  fue  concebido  como  control  constitucional,  dada  la función que ejerce la Corte  Suprema  de  Justicia  como Tribunal de Casación, según lo prevé el artículo  235  de  la  Carta y, por ende, guardiana de los fines primordiales contemplados  en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  para  que  la  demanda  sea  admitida  se  requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,   para   lo   cual   también   deberá   formular   y   desarrollar   los   correspondientes   cargos   y,  por  supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la Corte para lograr  algunos  de  los  fines establecidos para la casación, según lo previsto en el  artículo  180  de  esa  normatividad,  es  decir,  la  efectividad  del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de la jurisprudencia,  propósitos  que, como lo tiene dicho la Sala, son los mismos del proceso penal,  lo  que  explica  que  las  causales  de  casación tengan un diseño dirigido a  lograr esos fines.   

Por    ello,    “el    recurso   extraordinario   de   casación  no  puede  ser  interpretado  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los propósitos  del   proceso   penal   y   con   el   modelo   de  Estado  en  el  que  él  se  inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración    de   uno   o   varios   de   los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de la decisión  impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales,  la  coherencia  de los cargos que a su  amparo  pretenda   aducir,   y   la   debida fundamentación  fáctica  y  jurídica de éstos, además de la necesidad de acreditar cómo con  su  estudio  se cumplirán uno o varios de los fines de la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del  trámite sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2.  En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la existencia de los vicios y, menos, los conectó con  los  fines  que informan la casación de acuerdo con el sistema consagrado en la  Ley 906 de 2004.   

2.1  El  ataque  que  el casacionista propone  contra  el  fallo  de  segunda  instancia  lo  funda  en  la  causal  tercera de  casación,  dado  que  considera  que  el  fallador  desconoció  las  reglas de  producción   y   apreciación   de  la  prueba  sobre  la  cual  se  fundó  la  sentencia.   

Frente  a  ese  enunciado  resulta  oportuno  destacar  que  los errores en la actividad probatoria pueden tener como génesis  yerros  de  hecho o de derecho. Los primeros, relacionados con la contemplación  o  apreciación  del  medio  de  prueba,  por  cuanto  se  excluye  un  medio de  convicción  allegado  válidamente  al  juicio  oral  o, se supone o se excluye  otro,  se tergiversa su contenido material haciéndose derivar una verdad que no  emerge  del  mismo  o,  cuando se aprecia en abierta contrariedad con las reglas  que rigen a la sana crítica.   

En cambio, el error de derecho se configura en  dos  momentos,  a  saber:  cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez y,  en  el  momento en que el juzgador al valorar la probanza se aparta de la tarifa  legal de pruebas o se inventa una que no regula la ley.   

Así mismo, en el punto de la postulación de  la  censura  el  actor  debe  enseñar  a la Corte la clase del error y el falso  juicio  que  lo  determinó.  De  igual  manera, respecto a la trascendencia del  vicio,  debe  evidenciar cómo los medios de prueba de haber sido incorporados y  valorados  correctamente,  necesariamente  el fallo habría sido favorable a los  intereses que representa.   

Y, por último, también corresponde indicar a  la  Corte cómo el citado vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es,  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto   o,  que  se  excluyó  otra que sí resolvía todos los extremos de la relación  jurídico procesal.   

2.2  Sin embargo, la Corte advierte que en la  fundamentación  del  reproche  el  censor  no demuestra la clase del error y el  falso  juicio  que lo determinó, puesto que presenta una amalgama de argumentos  que  lo  conducen  a  vulnerar el principio de autonomía que rige la casación,  según  el  cual, al interior  de  un  mismo  cargo  no  se  pueden mezclar ataques correspondientes a causales  distintas,   pues   cada  una  tiene  características  y  reglas  técnicas  de  demostración  diferentes  y  producen  diversas consecuencias jurídicas, en la  medida  en  que  solicita igualmente la invalidez de lo actuado, en razón a los  múltiples  “atropellos”  que se cometieron  y que agredieron el debido proceso.   

De esa manera, el censor evidencia inseguridad  en  la formulación del reproche, máxime cuando pide a la Corte que haga uso de  la  oficiosidad,  en  orden a proteger los derechos y garantías de Montoya  Gómez, olvidando que el cargo se  postuló   por   los   senderos   de   la   infracción   indirecta  de  la  ley  sustancial.     

De  verdad  que  las hipótesis del libelista  sólo  muestran  una  inconformidad  con la providencia del Tribunal, puesto que  revocó  la  absolución  dictada  en primera instancia a favor del acusado, sin  que  se  advierta  algún  desconocimiento  por  parte de la Corporación de las  normas  jurídicas  que  informan  el  proceso de producción y aducción de los  medios de convicción en el juicio oral, público y concentrado.   

Por  tanto,  vale  reiterar  que  la  simple  discrepancia  de  criterios  frente  al  mérito dado a la unidad probatoria, no  constituye  yerro  en  orden  a ser postulado en sede casacional, a menos que se  advierta  y  demuestre  un error de apreciación probatoria, evento que aquí no  ocurrió.   

En  tales condiciones, deviene la inadmisión  de la demanda.   

Resta  señalar  que  no   se    observa   que   con   ocasión   del   fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación se violaran los derechos o las garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia  imponga   superar  los  defectos del libelo para  decidir de fondo, según lo dispone  el   inciso   3°   del   artículo  184  de   la  Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  Juan  Gonzalo  Montoya  Gómez  procede el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido las reglas que habrán de seguirse para su aplicación,2    como  sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Juan     Gonzalo     Montoya     Gómez.   

De            conformidad    con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley   906   de   2004,   es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de insistencia en los términos precisados   atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                           JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ           

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA    PÉREZ                        

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARIA     DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                      

NUBIA YOLANDA NOVA GARCIA  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *