36267(09-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso nº 36267  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  281  

Bogotá, D.C., nueve (9) de agosto de dos mil  once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  defensor  del  procesado  Lidman  Gustavo Cubillos  Roa en contra del fallo del 10 de noviembre de 2010, a  través  del  cual la Sala Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca confirmó  la   sentencia   de   primera  instancia  del  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Fusagasugá,  que  condenó  al  mencionado por el delito de homicidio agravado.   

H E C H O S  

El sentenciador de segundo grado los resumió  de la siguiente manera:   

“La  pareja  conformada por Lidman Gustavo  Cubillos  Roa y Martha Sofía Moreno Díaz (compañeros permanentes) residía en  el  inmueble  de  cuatro  plantas ubicado en la carrera 10A No. 16B –    37,    barrio    Managua,    de  Fusagasugá.   

El  28  de  septiembre  de  2003, la señora  Martha  Sofía  Moreno  Díaz  fue conducida por su compañero permanente Lidman  Gustavo  Cubillos  Roa  a  la Clínica Belén de Fusagasugá, anotándose por la  médico  cirujana  que  su  ingreso  se  produjo  “…  en mal estado general,  cianótica,  pálida,  fría,  acompañante  refiere  se  cayó  y no respira ni  responde…”  La  caída  mencionada  habría  tenido  lugar  en  el domicilio  permanente señalado.   

La señora Martha Sofía Moreno Díaz, de 35  años  de  edad, falleció en esa fecha. El deceso fue verificado por la médico  cirujana  Sandra  Yolima  Mora  M.,  quien  solicitó levantamiento por el CTI y  autopsia médico legal.   

En  el protocolo de necropsia (No. 228-2003,  Instituto  Nacional  de  Medicina Legal y Ciencias Forenses, Dirección Regional  Oriente,  Seccional  Cundinamarca, Unidad Local de Fusagasugá) se señaló como  manera     de     muerte:     violenta.     Y     como    causa:    ‘choque  neurogénico  secundario  a un  trauma  cráneo  encefálico  producido  por  mecanismo  contundente’   

El  examen médico practicado por el legista  reveló  lesiones  en:  Cara:  1.  Equímosis de 7 por 6 centímetros en región  fronto  facial,  cigomática  y  malar  izquierda.  2.  Equímosis  de  9  por 4  centímetros  en  región  malar  derecha.  3.  Equímosis  lineal  de 3 por 0,3  centímetros  en  pliegue  nasogeniano  izquierdo […] Cuello: 4. Equímosis de  2,5 por 2 centímetros en región submentoniana izquierda…   

La exploración interna arrojó: ‘Cuero    cabelludo:   con   hematoma  subgaleal  de 13 por 10 centímetros en la región temporal  izquierda, con  hematoma  temporal  de  12  por 11 centímetros en región temporal derecha, con  hematoma frontal izquierdo de 6 por 5 centímetros […].”   

         

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por los hechos  anteriormente  referidos,  el  13 de octubre de 2004, la Fiscal 3ª Seccional de  Fusagasugá,    al    calificar    el    mérito   del   sumario,   precluyó  la  actuación  seguida  contra  Lidman  Gustavo  Cubillos Roa  por  la  conducta  punible  de homicidio. Dicha determinación, tras ser apelada  por  el  representante del Ministerio Público y el apoderado de la parte civil,  fue  revocada  por la Fiscal  8ª  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Cundinamarca que, en decisión de  segundo   grado   del   11   de   mayo   de   20071,          acusó a Cubillos  Roa como autor del comportamiento punible de homicidio  agravado (artículos 103 y 104-1 del Código Penal).   

La causa fue adelantada por el Juez Penal del  Circuito   de   Fusagasugá,   el   cual,   luego   de  correr  el  traslado  del  artículo  400 de  la Ley 600 de 2000 mediante auto del 28  de    agosto   de   2007,   celebrar   la   audiencia  preparatoria  el  10  de  diciembre  siguiente  y  la  pública  del  juicio el 9 de  junio    de   2008,   el   12   de   mayo   de   2009  profirió sentencia de primer  grado,     mediante     la     cual    condenó  a Lidman  Gustavo  Cubillos  Roa a la pena principal de 300 meses  de  prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  “por  el mismo término fijado  para  la  pena  de  prisión”, como autor doloso del  delito por el que fue acusado.   

Así  mismo,  condenó al acusado al pago de  los  perjuicios  civiles  derivados  de la ejecución de la conducta punible, al  tiempo  que le negó el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución  de la pena y el sustituto de la prisión domiciliaria.    

Apelada la decisión de primera instancia por  el  defensor de Lidman Gustavo Cubillos Roa,  fue  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca en fallo de segundo grado del 10 de  noviembre             de             20102   

.   Inconforme  con  lo  resuelto,  el  defensor  del  sentenciado,  de manera oportuna, formuló y sustentó el recurso  extraordinario de casación.    

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  demandante,  con  apoyo  en la causal de  casación  que  describe el cuerpo segundo, numeral 1°, del artículo 207 de la  Ley    600    de   2000,    postula   un   cargo  único a través del cual denuncia que el sentenciador  incurrió  en  un  error  de  hecho por vía del falso  raciocinio,  por desconocimiento de las máximas de la  sana  crítica.  El  cargo  lo  desarrolla  a  través  de  dos  errores,  así:  i)   la   no  apreciación  conjunta  de  la  prueba y ii)  el  desconocimiento  de  la  valoración  probatoria  de  medios  de convicción  allegados   al   proceso.   Sus   argumentos   se   resumen   de   la  siguiente  manera:   

Primer error  

El  demandante  alega  que  el  juzgador  no  apreció  la prueba  de manera conjunta, pues aquella a favor del procesado  no   fue   tenida   en   cuenta.   Aduce   que   el   sentenciado   Lidman   Gustavo   Cubillos   Roa  siempre  explicó  las  circunstancias  que  rodearon  la muerte de su compañera; que la  menor  hija de la pareja nunca refirió un altercado entre aquellos; la empelada  doméstica  Flor Alicia Alba manifestó la forma de vida de aquellos y descartó  que  Cubillos  Roa fuera una  persona  violenta.  Todas  las anteriores pruebas, y, dice el recurrente, muchas  más,  fueron  desconocidas  por el sentenciador, el cual violó el principio de  unidad de prueba, pues solamente apreció la de cargos.    

Sostiene  que,  de  haber  sido analizada en  conjunto  todos  los  elementos  de juicio, el Tribunal habría concluido que el  acusado  no  dio  muerte a la víctima, sino que ésta recibió un golpe al caer  de su propia altura.   

Agrega  que  la  decisión, la cual califica  como  demasiado  corta,  desconoció  que  la  defensa  probó  que  los  signos  presentados  por  la  víctima  coincidían con aquellos que se presentarían si  hubiera   injerido   bebidas   alcohólicas   al   tiempo   con  el  medicamento  Metronidazol.   

El  impugnante  critica  que  el Tribunal no  advirtiera   que  el  deponente  Armando  Rodríguez,  amante  de  la  víctima,  incurriera  en  contradicciones; que la declarante Alida Hertans Cerquera Nassar  en  realidad no dijo  haber escuchado un altercado entre la pareja, como de  forma   contraria  lo  afirmó  el  a  quo;  censura  que  el  juzgador  le  diera  credibilidad  al dicho del  investigador  del  CTI  Fredy Crespo Triana sobre el hecho de que una vecina del  lugar  le  expresó  haber  escuchado  violencia  en  el  inmueble,  pues  tales  manifestaciones    no    arrojan    certeza   sobre   la   responsabilidad   del  enjuiciado.   

Por último, denuncia que el sentenciador le  concedió     credibilidad     a    ‘hechos    de   referencia’,  al  tiempo  que  no  detalló las pruebas constitutivas del hecho  indicador del indicio.   

Segundo error  

El  impugnante  reprocha  que  el  Tribunal  hubiera  desconocido  las  pruebas  mencionadas  por  la  defensa  al  apelar la  decisión  del  juez  de  la  causa.  Así, echa de menos la apreciación de los  testimonios  de  Miryam  Helena  Bermúdez,  quien  vio  al  hoy procesado en la  clínica  y  escuchó de él lo que realmente acaeció; de Alirio Bonilla, quien  refirió  haber  visto  a  la  ofendida  con  el cabello mojado y con uno de sus  pómulos  rojos;  de  Alida  Hertans  Cerquera,  quien  escuchó  la versión de  Cubillos  Roa y, además, vio  agua  regada  en  el  baño  de la alcoba del inmueble donde ocurrió el deceso.   

Así  mismo,  asegura, el juzgador pasó por  alto  que  María  Patricia  Rodríguez,  Jhon  Leonardo Sánchez Ladino, Plinio  Mendoza  Salamanca, Jaime Humberto Cubillo, Mydiam Parra Vargas, quienes dijeron  que  Lidman  Gustavo  Cubillos  Roa y Martha Sofía Moreno Díaz conformaban una  pareja  normal;  también,  alega  el censor, el fallador omitió el dicho de la  hija  de  la  pareja, de la empelada doméstica Flor Alicia Lara, la ampliación  de   algunos   testimonios   y   la   inspección   judicial  al  lugar  de  los  hechos.   

Indica  que  de  la  prueba  que  obra en la  investigación  y  de  su apreciación, según las máximas de la sana crítica,  se desprende la duda probatoria.   

Con fundamento en los anteriores argumentos,  el  recurrente  le  pide a la Corte casar la sentencia impugnada y, en su lugar,  absuelva al procesado.       

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Naturaleza  del recurso extraordinario y  deberes del impugnante   

Antes  de  ocuparse  la  Colegiatura  de los  requerimientos  de  admisibilidad  del  libelo, estima necesario recordar que su  jurisprudencia  ha  precisado  de tiempo atrás que al impugnante le es exigible  acompasar  el  discurso de sustentación del recurso extraordinario de casación  con  sus fines; es así que los reproches planteados deben encaminarse a obtener  la  efectividad  del derecho material y de las garantías debidas a las personas  que  intervienen  en  la  actuación penal, la unificación de la jurisprudencia  nacional,  o  bien  la reparación de los agravios inferidos a las partes con la  sentencia  demandada (artículo 206 de la Ley 600 de 2000), pues de lo contrario  el  escrito  habrá  de ser rechazado (artículo 213 del ordenamiento procesal).   

En  el  orden argumentativo, al censor le es  exigible  identificar  y respetar los parámetros que la ley ha establecido y la  jurisprudencia  ha  desarrollado  respecto  de  cada  una  de  las  específicas  causales  aducidas,  como  también  sus  diferentes  sentidos y modalidades. El  recurso  de  casación  no  es  una  tercera  instancia  del proceso penal ni un  escenario  encaminado  a  desaprobar  de cualquier manera, como si se tratare de  una  alegación  de  instancia,  la  interpretación probatoria y normativa  del   juzgador,  como  tampoco para reprochar cualquier clase de vicio  en el trámite de la actuación, o desconocer la realidad procesal.   

El  impugnante  extraordinario debe tener en  cuenta  que  el  deber de una correcta postulación y debida fundamentación que  le  impone  el  artículo  212  del Código de Procedimiento Penal, encuentra su  razón   de  ser  en  que,  de  una  parte,  la  sentencia  llega  a  esta  sede  extraordinaria  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad y, por  la  otra,  el recurso es de naturaleza rogada, razón por la cual le es exigible  completa   claridad   y   coherencia  en  la  presentación  del  caso  ante  la  Corporación,  la cual -según así se lo impide el principio de limitación- no  puede  corregir,  interpretar o complementar los razonamientos del censor.    

Por  el  contrario,  el  casacionista  debe  identificar  con  toda  claridad  qué error cometió el juzgador y apoyar dicho  enunciado   en  los  argumentos  que  persuadan  sobre  su  ocurrencia  y,  más  importante    aún,   debe   enseñar   a   la   Sala   la   trascendencia   del  yerro.   

2. El caso concreto  

Vistos  los  lineamientos  anteriores, desde  ahora  la  Sala  anticipa  su  conclusión  en  el  sentido  de que inadmitirá   la  demanda,  toda  vez  que  presenta  ostensibles  yerros  de  postulación y fundamentación: los primeros,  por   cuanto  dentro  del  cargo  que  orienta  por  la  vía  del  falso  raciocinio formula reproches que son  naturalmente  excluyentes  entre  sí,  y  nada  tienen  que  ver con la vía de  censura  seleccionada;  y  los segundos, en tanto que el razonamiento casacional  no  es más que la personal apreciación probatoria del impugnante, enfrentada a  la del sentenciador.   

En efecto, el demandante alega, a través del  cargo   único   formulado,   que   el   juzgador   incurrió   en  falsos  raciocinios,  equivocación que se  configura  ante  la  trasgresión  de  las  máximas  de  la sana crítica en la  apreciación  de  los  medios  de  convicción,  con trascendencia para la parte  dispositiva del fallo.    

Esta  clase  de  reproche, según así lo ha  decantado  la  jurisprudencia  de la Corte, le exige al libelista identificar la  prueba  sobre  la  que  recae  el  yerro,  respecto  de  la  cual  debe  admitir  necesariamente  que  no fue omitida ni supuesta su existencia, como también que  no  fue  tergiversada  en  su  contenido y que en su aducción se respetaron las  normas constitucionales y legales.   

De igual forma, el casacionista debe indicar  cuál  fue  la  regla  de  experiencia,  de  la  lógica  o de la ciencia que el  juzgador  aplicó  de  manera  equivocada,  por qué esta última no es válida,  cómo  fue  indebidamente  aplicada en la sentencia, cuál era la máxima que el  juzgador  estaba  obligado  a  observar  y,  por  último,  cómo queda el nuevo  panorama  probatorio  plasmado  en  la  sentencia,  luego  de la corrección del  yerro,  con  la  demostración  fehaciente de que el fundamento probatorio de la  decisión  recurrida  no  puede  mantener  lógicamente  su vigencia frente a la  equivocación   y   que,   por   lo  anterior,  el  juzgador  omitió,  excluyó  indebidamente   o  interpretó  de  forma  incorrecta  una  norma  de  contenido  sustancial.    

Nada  de  lo  anterior  hace  el  libelista:   

En  primer lugar, porque ni siquiera atina a  citar  las normas sustanciales vulneradas por el funcionario judicial, exigencia  de  elemental  cumplimiento para sustentar la vía de ataque escogida; solamente  menciona  la vulneración de los artículos 232 y 238 de la Ley 600 de 2000, las  cuales   no   tienen   la   naturaleza   de   sustanciales,  sino  procesales  o  instrumentales,  pues  no  describen  delitos,  ni  se refieren a condiciones de  punibilidad  o  a  la  responsabilidad  del  procesado,  menos  aún  establecen  condiciones  genéricas  o  específicas de agravación o atenuación punitiva o  recogen  axiomas del derecho penal como el in dubio pro  reo3.   

En segundo término, por cuanto, en lugar de  cumplir  las  exigencias  argumentativas antes descritas, lo que censura es que:  i)  el  fallador omitiera la  consideración   de   unas   pruebas,  ii)   que   no  apreciara  otras  de  determinada  forma;  iii)  que un testimonio fue tergiversado y  iv) que le concediera, a las  que califica como pruebas de referencia, un mérito que no tienen.   

Así  los  cosas,  surge  nítido  que  el  demandante  desborda  la  vía de reproche que invoca para incurrir -sin ningún  éxito,  por  demás-  en  distintas  vías  de  ataque naturalmente excluyentes  respecto  de  aquella  por  la que orienta el cargo, como son el falso juicio de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  y aún el poco común falso juicio de  convicción.   

Con un tal sustento, el demandante incurre en  violación   al   principio   de  autonomía  de  los  cargos,  al  tiempo que no demuestra una violación de  reglas  de  la  sana crítica ostensible y trascendente, sino que apenas formula  una distinta apreciación de instancia.   

El    segundo  error  que  alega  el recurrente adolece de las mismas  falencias,   pues   se   supone,   según   la   orientación  del  cargo   único  formulado,  que  debería  constituir  otro  reproche  de  falso  raciocinio.   Pero, una vez más, en  lugar  de  emprender  un  discurso encaminado a demostrar los presupuestos antes  reseñados,  el  censor  recrimina  que  el  fallador omitió los testimonios de  Miryam   Helena  Bermúdez,  Alirio  Bonilla,  Alida  Hertans  Cerquera,  María  Patricia  Rodríguez,  Jhon  Leonardo Sánchez Ladino, Plinio Mendoza Salamanca,  Jaime  Humberto  Cubillo,  Mydiam  Parra  Vargas  y  Flor  Alicia  Lara, quienes  expresaron  que  víctima  y  victimario eran una pareja normal y escucharon del  procesado  su  versión  de  los  hechos.   Una  vez más, el discurso así  enfocado  no demuestra una violación de reglas de la sana crítica, sino apenas  la  interpretación  probatoria  del  casacionista  diferente a la judicial y el  infundado  reclamo  para  que  en  esta  sede  se  les  conceda  un mérito más  conveniente a los intereses defensivos.   

Lo cierto fue que los falladores de instancia  apreciaron  todas  las  tesis  defensivas  que  el  casacionista  expuso  en sus  alegatos  de  instancia y nuevamente reitera en esta sede extraordinaria: que la  hoy  occisa  sufrió  una  caída que pudo ser determinada por la ingesta de una  bebida  alcohólica  al tiempo con el medicamento Metronidazol, que las lesiones  en  su  rostro  y  cuerpo  se  explican por el accidente casero y por los golpes  sufridos  mientras  era  auxiliada  por  el  hoy  acusado,  y la ausencia de una  discusión previa.   

Dichas hipótesis fueron desestimadas por el  juzgador,  tras  ponderar,  con  fundamento  en  la  prueba  pericial  y  en los  testimonios,  apreciados  bajo  el  tamiz  del  sentido común, que las lesiones  sufridas  por  Martha  Sofía  Moreno  Díaz  no pudieron ser el producto de una  caída  o  de  los golpes sufridos durante las operaciones de auxilio, como así  lo  afirma  el  procesado,  como  tampoco  por la ingesta simultánea de alcohol  etílico  y  un  medicamento  y,  además,  que  en  verdad existió una disputa  violenta  entre  los  miembros  de  la pareja antes del crimen, apreciaciones en  cuya  configuración  el  impugnante  no  acredita  una equivocación, y la Sala  tampoco lo encuentra.    

De igual manera, el libelista no explica qué  incidencia  tiene  para  el efecto de demostrar el falso raciocinio que denuncia  la  circunstancia  de  que  algunos  declarantes digan que víctima y victimario  conformaban     una     pareja    normal,  o  bien  que  el  hoy enjuiciado no tenía un carácter violento:  tales  argumentos  no son más que regulares argumentos de instancia, inidóneos  para  demostrar  una  equivocación  en el fundamento de la decisión impugnada.   

3. Conclusión  

Por  las  razones precedentes, los reproches  contenidos  en  la  demanda de casación formulada por el defensor del procesado  Lidman    Gustavo    Cubillos    Roa    adolecen  de  una  indebida  postulación  y fundamentación y, como  así   se  anticipó,  serán  inadmitidos.   

CASACIÓN OFICIOSA  

La  Sala  encuentra  que  el  sentenciador  incurrió  en una ostensible violación al principio de  legalidad   de  las  penas,  toda  vez  que  fijó  la  duración  de  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas  en  un  término  superior  al  legalmente  permitido.   Dicho  yerro  requiere  ser  corregido  en  esta  sede, habida  cuenta   que  la  Constitución  y  la ley le imponen a la Corte Suprema de  Justicia  el  deber  de  hacer efectivo el derecho material, tal como así lo ha  precisado  su jurisprudencia.  Por esta razón, la  Colegiatura  habrá de casar el fallo de oficio, con el  fin hacer prevalecer la garantía quebrantada.   

Surge nítido que el juez de instancia fijó  la  duración  de  la  pena  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas   “por  el  mismo término fijado para la pena de prisión”4,  tal  como así quedó plasmado en la parte dispositiva del fallo,  es  decir,  en  300  meses (o 25 años). De esta manera, el funcionario judicial  olvidó  que  el  artículo 44 de la Ley 599 de 2000 establece que la mencionada  sanción     tendrá    una    duración   no   menor  de  5  años  ni  mayor  de  20.   Basta   lo  anterior  para  hacer  evidente  la  transgresión   al  principio  de  legalidad  de  las  penas;  por  tal  razón,  la  Corporación  casará  de oficio y parcialmente el  fallo  en  este  preciso  aspecto  y,  en  consecuencia, modificará  la pena accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  a  la que fue condenado el  procesado  Lidman  Gustavo  Cubillos  Roa  y la fijará en 240 meses.   

En  todo  lo  demás,  el  fallo  impugnado  mantiene su vigencia.   

En  mérito  de  lo  expuesto, la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

         R E S U E L V E   

PRIMERO: INADMITIR  la    demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  Lidman     Gustavo     Cubillos    Roa.   

SEGUNDO:    CASAR    DE    OFICIO    Y  PARCIALMENTE  el  fallo  recurrido,  en  el sentido de  imponer   al   procesado   Lidman   Gustavo  Cubillos  Roa  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término   de   doscientos  cuarenta (240) meses.   

TERCERO:  DECLARAR  que, en lo demás, la sentencia se mantiene incólume.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                            JOSÉ  LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ               

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ             

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                      MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 (fl.  211   –  238,  cuaderno  principal)   

2 fl.  4-15, cuaderno del Tribunal.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, sentencia del 19 de junio de  2003, radicación No. 16394.   

4 (fl  238 c.o. No. 2),     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *