36209(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36209  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 331.  

Bogotá, D. C., catorce (14) de septiembre de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada   sustentación   de   la   demanda  de  casación  instaurada  por  el  representante  de  las  víctimas contra la sentencia del 1º de febrero de 2011  mediante  la cual el Tribunal Superior de Cúcuta confirmó el fallo absolutorio  proferido  el  19  de noviembre de 2010 por el Juzgado Cuarto Penal Municipal de  la  misma  sede,  a  favor de SHIRLEY MARÍA MONTERROSA  POLO,  a  quien  la  Fiscalía  General  de la Nación  había acusado por el delito de lesiones personales culposas.   

HECHOS  

          Denunció  la señora Libia María Zambrano  Leal  que  encontrándose  en  estado  de embarazo fue  atendida  para  el  parto en la Clínica Saludcoop de Cúcuta por la ginecóloga  SHIRLEY    MARÍA    MONTERROSA    POLO.  Añadió que durante el embarazo se le practicaron exámenes, con  los   cuales   se   determinó   que   el   nasciturus  tenía  un tamaño y peso mayor al promedio, pese a lo  cual   la   especialista   no   tomó   las   previsiones  necesarias,  bajo  la  consideración  de  tratarse  de  un  parto  de “bajo  riesgo”   por   haber   sido   madre  ya  en  otras  oportunidades  y  es  así  como  al  nacer,  el  niño  sufrió  fractura de su  clavícula   izquierda,   ocasionándole   una   lesión   nerviosa   denominada  “plexopatía  branquial  izquierda”  que  le  dejó  secuelas  de  carácter  permanente en su extremidad  superior.    

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  A instancias de la Fiscalía, el Juzgado  Noveno  Penal  Municipal  de  Cúcuta  con  funciones  de  control de garantías  realizó  el  21  de  abril  de 2010 audiencia preliminar, en cuyo desarrollo el  instructor   formuló  imputación  a  SHIRLEY  MARÍA  MONTERROSA  POLO  por el delito de lesiones personales  culposas.   

2.  Presentado  el escrito de acusación, el  Juez  Cuarto  Penal Municipal de la citada ciudad celebró el 2 de junio de 2010  la  respectiva  audiencia, durante la cual la Fiscalía atribuyó a la procesada  el ilícito de lesiones personales culposas.   

3. La audiencia preparatoria la llevó a cabo  el  juez  de  conocimiento el 28 de junio del precitado año y el juicio oral lo  evacuó  entre  el  27 y el 29 de septiembre siguiente, a cuyo término anunció  el  sentido  del  fallo, precisando que sería de carácter absolutorio, como en  efecto  procedió  en  la  sentencia  del 19 de noviembre de la misma anualidad.   

4.  Contra  el fallo de primera instancia se  alzó  en  apelación  el  representante  de  las  víctimas.  Por  esa vía, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó la absolución, razón por la cual el  interviniente    en    mención    acudió    al   recurso   extraordinario   de  casación.   

LA  DEMANDA   

          Un  cargo  formula  el  impugnante contra la sentencia del Tribunal,  que  apoya  en la causal tercera de casación contemplada en el artículo 181 de  la  Ley  906  de 2004. Bajo esa consideración, acusa al juzgador de incurrir en  violación  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho derivado de falso  juicio de existencia.   

          En   sustento   del   reproche,   sostiene   que   el   ad  quem  interpretó las pruebas en forma  equivocada,  por  cuanto  la  procesada  tenía  el deber legal y profesional de  evitar  el  riesgo mediante un procedimiento distinto al parto vaginal, cual era  la  cesárea,  que  no  ordenó arguyendo que como la madre ya había tenido dos  partos  anteriores no correría ningún riesgo, pero en realidad lo hizo por los  costos económicos que implicaba dicha cirugía.   

          En   esas  condiciones,  considera  que  la  galena  acusada  actuó  imprudentemente,  al  desatender  las súplicas de la parturienta, quien sentía  que   su   hijo  era  muy  grande  y  pesado,  en  cuanto  le  impedía  caminar  “y  no  le  permitía  un  parto  natural  haciendo  traumática    su   salida   por   el   canal   cervico   vaginal   (sic),  situación  que  conllevó  a  la  lesión  nerviosa  denominada  PLEXOPATIA  BRANQUIAL IZQUIERDA, que le ha dejado  secuelas  de  carácter  permanente  en  su  extremidad  superior  de  ese lado,  consistente  en  incapacidad  para la extensión y presión de la mano”.    

          Según  el  censor,  la  doctora MONTERROSA  POLO   no   tuvo  en  cuenta  el  estudio  previo  al  procedimiento  de  la  ecografía  en donde se preveía el peso del bebé, en el  cual   se   concluía   su   estado   macrosomático.  Y ciertamente, añade, al nacer el niño las sospechas  de  la  madre  se  comprobaron,  pues  pesó  4.100  gramos y su talla fue de 53  centímetros.   

          Estima  grave  e  indolente  la  apreciación  del  Tribunal  cuando  concluyó  que  la galena actuó correctamente, sin hacer entonces reparos a los  testigos  de  descargos,  los  cuales  no  guardan  armonía  con  la  realidad  fáctica  y  sí  con un falso  testimonio.  Al  respecto,  hace  también  mención a la historia clínica y al  estudio  ecográfico  en  el cual se especifica el peso del feto, así como a la  manifestación   angustiada   de   la   madre   en   cuanto   a  “sentir  a  su  bebé  en  el  vientre  de manera anormal,  eventos  que  no  se podían tener como  intrascendentes  y  no  aventurarse  a un riesgo lo que se configuraría a groso  modo en un dolo eventual…”.   

          Tampoco    considera    acertada   la   postura   del   ad  quem  de  exigir a la Fiscalía probar  científicamente   que  la  procesada  tenía  conocimiento  sobre  la  magnitud  macrosomática  del  feto,  pues  esa  certeza  la  debía  tener ésta antes de  proceder  al  parto por vía vaginal, máxime que se trataba de una especialista  ginecobstetra,   con   conocimientos   médicos  científicos  suficientes  para  entender  que  ante  las dificultades diagnósticas debía servirse de exámenes  especializados  o  de  ayudas  técnicas  para  obtener  un  resultado  certero,  incluyendo si era necesario una junta médica para valorar el caso.   

          Concluye  así  que  el  daño  causado  obedeció  a la falta de un  adecuado  y  oportuno  tratamiento,  lo cual hace responsable a la procesada del  delito  por el cual la Fiscalía la acusó. En apoyo de su criterio el libelista  cita  textualmente  sentencia proferida por el Consejo de Estado relacionada con  el  tema  de  la falla del servicio médico, tras lo cual denuncia la violación  en  este  evento  del  artículo  380  de  la  Ley  906 de 2004, en cuanto no se  estudió  la  prueba en conjunto, así como los artículos 120 y 114, inciso 2º  de  la  Ley 599 de 2000, modificado por la Ley 809 de 2004 (sic), y el 193 de la  Ley 1098 de 2006.   

          Para  finalizar,  se quejó porque los galenos al estar esclavizados  a  las  EPS  depuran  los  exámenes  para  evitar  costos,  sin  importarles el  sufrimiento  humano, situación frente a la cual demanda un precedente, tal como  aconteció  en la sentencia T-576 de 2008 de la Corte Constitucional, cuya parte  resolutiva  transcribe  y  en  la  cual  se  evidenciaron  reiteradas fallas del  servicio  médico,  solicitando  de  la Sala de Casación Penal se proceda en el  mismo  sentido  en  este  caso,  por  ser  evidente  que el fallador ignoró las  súplicas  de  la denunciante, así como “el resto de  elementos  materiales  probatorios como el dictamen de medicina legal, que es la  prueba  tipifica  (sic) de las  lesiones     causadas,     la    historia    clínica    y    los    testimonios  recepcionados”,  de  los  cuales  se  deduce  que la  implicada    incurrió    en   “culpa,   impericia,  negligencia,…    imprudencia    y    violación    de    reglamentos    y   de  protocolos”,  evocando  al respecto las definiciones  que un autor nacional ofrece de esos elementos.   

          De  esa manera, pide casar la sentencia impugnada para, en su lugar,  condenar  a  la procesada, negándole la concesión de subrogados hasta tanto no  se  hayan  indemnizado los daños, acorde con el artículo 193 de la Ley 1098 de  2006.    

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

La  demanda  de  casación,  para  que  sea  admitida  por  la  Corte, además de los presupuestos de procedencia,      oportunidad      y   legitimidad  previstos  en  la  ley,  debe   confeccionarse  de  manera  clara  y coherente, con el fin de no convertir el recurso extraordinario  en una tercera instancia.   

Los presupuestos de adecuada sustentación se  derivan  de  lo  dispuesto  en  los  artículos  183 y 184, inciso segundo de la  mencionada  Ley  904  de 2004, bajo cuya égida se ritúa el presente asunto. La  primera  de  esas  normas  exige  al  censor  presentar la demanda señalando de  manera  precisa  y concisa las causales invocadas y sus fundamentos. A su turno,  la  segunda  establece  que  no  se  seleccionará el libelo cuando, entre otros  casos,  se  prescinde  de  señalar  la causal o no se desarrollan los cargos de  sustentación.   

          Al  amparo de las mencionadas disposiciones la Sala ha expresado que  en  la  nueva  sistemática procesal penal al demandante le corresponde también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Procede,  entonces,  la Sala a examinar si el único cargo contenido  en  la  demanda instaurada por el representante de las víctimas satisface tales  requisitos.   

El  falso juicio de existencia se estructura  cuando  el juzgador omite apreciar una o varias pruebas legalmente recaudadas en  la  actuación  (existencia por omisión) o  sustenta  su  decisión  con medios probatorios no allegados a la  misma   (existencia   por  invención).  Para  su demostración, el censor debe identificar la prueba omitida  o  imaginada,  señalar  los hechos dejados de demostrar o los que se declararon  probados  indebidamente,  según  el caso y acreditar la incidencia del yerro en  el sentido de la sentencia.   

          Tal  carga  argumentativa  no fue cumplida por el actor, pues en vez  de   encaminar   la  propuesta  casacional  hacia  la  demostración  del  yerro  denunciado,  se  dedicó  a  cuestionar  el  mérito apreciativo que el Tribunal  atribuyó  a  las  pruebas  incorporadas  al  plenario, como se comprueba cuando  apenas   iniciada   la   sustentación   del  reproche  le  cuestiona  el  haber  interpretado  las pruebas en  forma    equivocada,    sin    hacer   reparo   alguno   a   los   testigos   de  descargo   

          La  desacertada forma como emprendió la sustentación del ataque se  confirma  cuando  más  adelante le reprocha al ad quem  el  hecho de tener como intrascendentes circunstancias  demostradas  a  través  de  la  historia clínica, el estudio ecográfico y las  manifestaciones  de  la madre del bebé. Con ello evidencia que su inconformidad  no  se orienta a establecer la falta de apreciación de alguna o algunas pruebas  o  a  la  suposición  de otras, sino a controvertir la valoración realizada al  conjunto  probatorio,  disentimiento  que  lo lleva, incluso, con desbordamiento  radical  del  motivo  de  casación  escogido,  a  sugerir  la  presencia de una  indebida  calificación  jurídica, en cuanto aduce que la procesada no obró en  forma   culposa,  conforme  los  términos  de  la  acusación,  sino  con  dolo  eventual.   

          Solamente  al  final  de  su disertación el libelista se aproxima a  los  confines  del  error  aducido,  en  cuanto  allí  señaló que el juzgador  ignoró  la  declaración  de  la denunciante, así como el dictamen de medicina  legal,  la  historia  clínica  y  los  “testimonios  recepcionados”,  prédica  de  la  cual  se infiere,  entonces,  que  su  intención  fue  proponer  un falso juicio de existencia por  omisión.   

          No  obstante,  aparte  de no identificar los testimonios respecto de  los  cuales  aduce  la falta de apreciación, surge claro que la afirmación del  censor  no  se  corresponde  con los fundamentos del fallo impugnado, pues allí  sí   se  tomaron  en  consideración,  dentro  de  la  valoración  del  caudal  probatorio,  los  medios  de  convicción echados de menos por el demandante. Un  vistazo al siguiente fragmento de la sentencia corrobora lo dicho:   

          “De  lo expresado por los testigos de la  Fiscalía  y  en  especial el testimonio de la propia  denunciante   (madre   del  menor),  se  concluye  que  efectivamente  el  niño…,  sufrió  al momento de nacer la lesión denominada  ‘Plexopatía izquierda Erb  Grado  Leve’,  lo  que es  corroborado  con el dictamen médico legal,  fielmente introducido al juicio de acuerdo lo ordena (sic)  la  Ley  906 de 2004, igualmente es  evidente  que  la  hoy  juzgada fue la profesional de la medicina que dirigió y  atendió el parto…   

          Probándose  igualmente,  que  durante  el  tiempo  de gestación la  madre  no presentó inconvenientes de salud ni alteraciones que indicaran algún  tipo  de irregularidad en el feto, que diera lugar a procedimiento diferente del  que  se  llevó  a  cabo,  de  ello  da fe la Historia  Clínica  registrada  a  nombre  de  la  señora LIBIA  MARÍA  ZAMBRANO LEAL, la que se aportó al juicio en debida forma, es decir que  se  actuó  conforme  los  parámetros  de  la  normatividad  arriba  mencionada  (Resolución No. 042 de 2000).   

          Igualmente,  se  evidencia  de  los  registros grabados en el juicio  oral,  que  científicamente  no se probó la manifestación del señor fiscal y  de  la  madre  del  menor,  respecto  a  que  éste tenía la condición de feto  macrosómico,  hecho  que  se  logra refutar con la declaración del Ginecólogo  Obstetra  doctor ELKIN DANIEL VERGAL PACHECO y la misma acusada, quienes apuntan  a  que  luego  de  realizados los estudios fetales, a la historia clínica, a la  valoración  por  ginecología  e indagar a la propia gestante, no se evidenció  síntoma  o  signo  que  conllevara  a  otra  forma  de  parto  vaginal, pues se  encontraban   ante   ‘una  paciente  de  cuatro  gestas,  es  decir  tres  partos  normales, altura uterina  normal’”  (subraya         la        Corte)1.     

         

          Para  la Sala, en el sustento de la demanda, en realidad, subyace la  presentación  por  parte  del  actor  de su postura personal acerca del alcance  suasorio  de  las  pruebas,  en la cual, incluso, evoca decisión del Consejo de  Estado  atinente  al  tema  de  las  fallas del servicio del Estado, que ninguna  relación  tiene con el asunto objeto de examen, visión particular que opone al  criterio  del  Tribunal,  olvidando  de esa manera que ese tipo de discrepancias  probatorias  son  ajenas  al  recurso extraordinario de casación, dada la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad que acompaña a la sentencia.     

          Los  defectos  de sustentación apreciados en el libelo, que la Sala  no  juzga del caso superarlos, conduce a la inadmisión de la demanda, como así  lo  decidirá  la Corte, como quiera que además no se evidencia vulneración de  garantías  fundamentales,  a  cuyo  restablecimiento  deba  acudirse  de manera  oficiosa.   

Se  precisará,  finalmente, que contra esta  decisión  sólo cabe el mecanismo de insistencia, conforme lo tiene establecido  el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, cuya interposición procede bajo las  reglas    fijadas   en   jurisprudencia   reiterada   de   la   Sala2.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de casación interpuesta por el presentante de  las víctimas.   

         De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,  en  los  términos  referidos  en  el  acápite   final   de   esta  determinación,  contra  la    misma    procede  la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE  LEMOS                                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JULIO            ENRIQUE            SOCHA            SALAMANCA                 

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Páginas 8 y 9 del fallo del Tribunal.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

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